sábado, 3 de octubre de 2026

LAS BODAS DEL HIJO DEL REY. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: LAS BODAS DEL HIJO DEL REY

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

 

XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: LAS BODAS DEL HIJO DEL REY

(Matth. 22.)

El Evangelio es de san Mateo en el cap. 22, adonde escribe una parábola o semejanza del reino de los cielos que predicó Cristo, diciendo que era semejante a un rey que celebró a su hijo las bodas; y no queriendo venir los convidados a ellas, hizo llamar a los pobres y desvalidos, los cuales vinieron luego y llenaron las mesas del convite; mas, entrando el rey a verlos, halló a uno sin ropas de bodas, y luego le mandó atar de pies y manos y lanzar en las tinieblas exteriores.

Concluye Cristo diciendo que son muchos los llamados y pocos los escogidos.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo, si Dios te llama, es a convite y a bodas y fiestas alegres, porque no hay alegría como la que tiene la buena conciencia, la cual, como dice el Espíritu Santo (1), es un dulce y continuo convite; y, por el contrario, la mala, una pena y hambre perpetua. Los ricos, como dice David (2), padecen hambre, y a los justos nunca les falta el pan.

Saca de aquí afectos y deseos de seguir a Dios, y obedecer a sus voces con todo el fervor de tu corazón, esperando en su bondad que te dará el consuelo y alegría que comunica a los que le sirven.

 

PUNTO II. Considera cómo Cristo compara el reino del cielo a un hombre rey, porque tiene la humanidad de hombre y la severidad de rey: como hombre es manso y fácil en perdonar, y como rey severo y resuelto a castigar.

Pon los ojos en lo que pasa hoy en el Evangelio, adonde como hombre hizo convite y fiestas a los suyos, y los convidó a regalos; y como rey castigó a los rebeldes, y los abrasó con todas sus posesiones; a los pobres regaló, y al que vino sin ropas de bodas le condenó a las tinieblas y llamas exteriores.

Saca de esta meditación dos cosas: la primera, amarle por la piedad y temerle por la severidad; confiar en su clemencia, y temblar de su justicia, y andar siempre enfrenado para no ofenderle, y confiado de alcanzar misericordia de su benignidad. La segunda es imitarle, usando de la blandura con los buenos y del rigor con los malos a quien no aprovechare la piedad; porque ni ha de ser todo blandura ni todo rigor, sino mezclar ambas cosas, mostrándose ya hombre, ya rey, haciéndose amar y temer cuando convenga, como Dios. Pídele su gracia, y Él te dará luz y prudencia para acertar en todo conforme a tu buena intención.

 

PUNTO III. Considera cómo este rey envió a sus criados a llamar a los convidados, y no queriendo venir, los envió segunda vez, y fueron maltratados, aunque no perdieron el premio de su obediencia; en que te da Cristo enseñanza de no cansarte, ni desmayar en llamar a tus hermanos para traerlos a Dios, aunque no quieran venir y no reciban tus palabras, ni parezca que haces fruto; porque no es pequeño hacer la causa de Dios y obedecer a su mandato.

Llama y da voces, insta y persevera, como dice el Apóstol (1), que Dios obrará con su palabra cuando fuere servido, y no perderás el mérito de tu obediencia; antes será mayor en el cielo cuanto menos le tuvieres en la tierra.

 

PUNTO IV. Contempla a este rey en medio de este convite, mirando y examinando a los convidados y los manjares que comían, el modo cómo se portaban y el servicio de los criados, sin descuidar con ellos, aunque los tenía tan fieles.

Saca de aquí el cuidado que debes tener de las personas y cargos que Dios te ha encomendado, no fiando la carga a hombros ajenos, sino llevándola sobre los propios tuyos y visitando por tu persona tu ganado, de que te han de pedir estrecha cuenta.

¡Oh Señor! Dadme gracia, fuerzas y solicitud, para que yo la tenga de las cosas de vuestro servicio y de los que me habéis encargado, para que yo cuide de ellos, como Vos cuidáis de mí, y como tengo obligación, sin perdonar a desvelo ni trabajo por cumplir mi obligación.

(1) Prov. 1.
(2) Psalm. 35.
(1) 2. ad Timoth., cap. 4.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.