XXII domingo después de Pentecostés
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: EL TRIBUTO DEL CÉSAR
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
XXII domingo después de Pentecostés
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: EL TRIBUTO DEL CÉSAR (Matth. 22.)
Escribe el sagrado evangelista cómo se juntaron los fariseos con los ministros de Herodes y vinieron a Cristo con designio de cogerle alguna palabra en que poder acusarle. Preguntáronle para esto si era lícito pagar el tributo al César; y, mirando la moneda y en ella la imagen del César, respondió el Salvador: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.»
PUNTO PRIMERO. Considera cómo se unieron para el mal los que estaban discordes para el bien, y cuán propio es de los malos agavillarse contra los buenos. Mira sus intentos, que, como dice el Sabio (1), siempre tiran al engaño, y sus pies caminan a la perdición. Guárdate de aliarte con ellos; deja sus intentos, y no entres en sus juntas ni tomes sus consejos, que siempre son dañosos y enderezados al mal. Pide a Dios que te libre de ellos.
PUNTO II. Considera la resolución que sacaron de su consejo, que fue armar un lazo a Cristo para cogerle en palabras; de lo cual has de sacar la circunspección y cuidado que has de tener en tus palabras, y no fiarte de cualquiera, pues no sabes con la intención que te habla, ni el lazo que te arma en las razones que te dice.
Pon freno a tu lengua y pesa tus palabras; véndelas caras, y aprende de Cristo a no hablar cosa que pueda ofender a nadie.
PUNTO III. Considera cómo le arman el lazo debajo del cebo de la lisonja, alabándole y engrandeciéndole por insigne Maestro de verdadera y sana doctrina, y diciendo que no se ahorraba con nadie, y otras cosas a este tono, para traerle a su intento y derribarle, si pudiesen.
Conoce por este lazo cuán pernicioso vicio es la lisonja y la ambición de la propia alabanza, y pídele al Señor que te libre de ella. Cierra tus oídos con espinas, como dice el Sabio (2), y no des asenso a sirenas que con dulces palabras pretenden lisonjearte y derribarte.
Oye de mejor gana la verdad que punza que la mentira que deleita, y di con David (3): «Corríjame el justo con misericordia y repréndame; mas el aceite de los pecadores no ungirá mi cabeza.»
Saca esta verdad de esta meditación: oír de buena gana la reprensión de los buenos y no dar oídos a las lisonjas de los malos; porque estas te condenarán y aquellas te salvarán.
PUNTO IV. Considera cómo penetró Cristo su malicia y la intención dañada con que le preguntaban. Pondera la paciencia con que los sufrió, sin darles en rostro su maldad ni responderles palabra desabrida, y la prudencia con que deshizo sus lazos, mandándoles que diesen al César lo que es del César y juntamente a Dios lo que es de Dios.
Aprende paciencia y prudencia del Maestro del mundo, y a responder con mansedumbre a las injurias de tus enemigos, y a quebrantar su furor con blandura; porque, como dice el Espíritu Santo (1): «La respuesta blanda quebranta la ira, y la dura enciende el furor.»
Pide esta gracia al Señor que te enseñó, y que te tenga de su mano, para no romper en impaciencias ni moverte a venganza en los agravios e injurias, sino a humildad y mansedumbre, a ejemplo del Salvador.
(1) Proverbios 1.
(2) Eclesiástico 28.
(3) Salmo 140
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.