domingo, 4 de octubre de 2026

DE LA VOCACIÓN DE DIOS A SU IGLESIA Y SERVICIO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Lunes de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA VOCACIÓN DE DIOS A SU IGLESIA Y SERVICIO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA VOCACIÓN DE DIOS A SU IGLESIA Y SERVICIO.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Gregorio sobre este Evangelio, estas bodas de que habla aquí Cristo es su Iglesia, a la cual llamó a los de su pueblo; y, no queriendo venir, llamó a los gentiles, los cuales le obedecieron y llenaron su Iglesia, y poblaron el reino de los cielos.

Considera la merced que Dios te ha hecho en llamarte a ella, y en traerte a su conocimiento, y no dejarte en las tinieblas de la infidelidad como a otros innumerables. Dale muchas gracias por ello, y mira cómo le has de servir por este tan señalado beneficio.

 

PUNTO II. Considera la vocación de esta gente y su rebeldía, haciéndose sordos a sus voces y maltratando a sus criados, y el castigo que les vino por su delito. Mira cuántas voces te ha dado Dios, y cuántas inspiraciones has muerto en tu alma, haciéndote sordo y desentendido; y ruega a la Divina Majestad que te perdone y no descargue sobre ti su ira, como lo mereces, sino que te espere a penitencia, haciéndola en adelante de los pecados cometidos y ofreciéndote con fervor a su santo servicio.

 

PUNTO III. Considera cómo mandó llamar el rey a los pobres y despreciados, y llenar de ellos sus mesas, los cuales obedecieron sin excusas y gozaron de su convite; de lo cual has de sacar dos cosas.

La primera, que Dios no es aceptador de personas, ni mira a la corteza exterior de lo que brilla en los ojos del mundo, ahora sea la riqueza, ahora la nobleza o el entendimiento o ciencia de este siglo, sino a la virtud interior y a la guarda de sus mandamientos; por lo cual antepuso los pobres que le obedecieron a los ricos que no quisieron venir, honrándose más con aquéllos que con éstos.

¡Oh, cuántos pobres humildes son estimados y regalados de Dios por su virtud, los cuales son despreciados del mundo! Y, al contrario, ¡cuántos ricos son muy venerados en el siglo, y son despreciados de Dios por altivos, soberbios y desobedientes a su voz!

Aprende a quién has de estimar, y mira de cuál número eres en el catálogo de Dios.

La segunda es que, si tú no vinieres a su llamamiento, no le faltarán a Dios muchos que vengan en tu lugar a gozar de sus bodas. Abre los ojos y mira los que vinieron en lugar de los que faltaron, y hallarás que fueron muchos más de los que estaban convidados; y tiembla en adelante de hacerte sordo a la voz de Dios, porque no reciba otro tu corona.

 

PUNTO IV. Considera cómo los que no quisieron venir perdieron las bodas y juntamente las posesiones y riquezas, porque las dejaron; por cuanto los que dejan a Dios por el mundo lo pierden todo, y ni gozan uno ni otro; y los que le obedecen, despreciando al mundo por su servicio, lo logran todo.

Tiende los ojos por el mundo; mira qué raros son los que cuidan de lo eterno, y cuán sordos tienen los negocios terrenos a los hombres para oír la voz de Dios, que los llama a las bodas celestiales. Llora su ceguedad, pues tan presto lo han de perder todo, y no seas tú de los muchos que siguen sus apetitos, sino de los pocos que anhelan a lo eterno, que nunca se ha de acabar. Oye a Dios, sigue su llamamiento, no te aprisione ni detenga lo temporal, y Dios te dará lo temporal y lo eterno.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.