DÍA CUARTO
LA PENA DEL DAÑO
NOVENA
EN SUFRAGIO DE
LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO
Tomada del devocionario Áncora de Salvación,
compilado y publicado por el Padre José Mach, SJ, en 1860.
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, a quien amo y quisiera haber siempre amado sobre todas las cosas; me pesa, sí, una y mil veces me pesa de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, bondad infinita. Pésame también porque merecí las terribles penas del Purgatorio, y ¡ay!, tal vez las eternas llamas del Infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh, tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme bien, enmendar la vida y perseverar hasta la muerte! Os lo pido por esas benditas Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima y por los dolores de vuestra afligidísima Madre. Amén.
DÍA CUARTO
MEDITACIÓN
LA PENA DEL DAÑO
PUNTO PRIMERO. Por horrorosos que sean los tormentos que padecen las Ánimas en el Purgatorio, por espantosas que sean las llamas en que se abrasan, no igualarán jamás la pena vivísima que sienten al verse privadas de la clara visión de Dios.
En efecto, aquellas constituyen la pena de sentido; esta, la de daño. Aquellas son limitadas; esta, infinita. Aquellas privan a las almas de un bien accidental, cual es el deleite; por esta carecen de un bien esencial a la bienaventuranza, en el cual consiste la felicidad del hombre: la posesión beatífica de Dios.
Ahora no comprendemos esta pena; pero ella es atroz, incomprensible, infinita.
¡Ah, pobres Ánimas! Vosotras conocéis a Dios, no con un conocimiento oscuro, como nosotros, sino con una luz clara y perfectísima. Veis que es el centro de vuestra felicidad, que contiene todas las perfecciones posibles en grado infinito. Sabéis que, si cayera en el Infierno una sola gota de aquel océano infinito de delicias que encierra en sí, bastaría para extinguir aquellas llamas y hacer del Infierno el paraíso más delicioso.
Comprendéis todo esto perfectísimamente y así os lanzáis hacia aquel Bien infinito con más fuerza que una enorme peña desgajada de la montaña se precipita a lo profundo del valle; ¡y, no obstante, no lo podéis abrazar ni poseer! ¡Qué pena! ¡Qué tormento!
Absalón, privado solamente durante dos años de la amable vista de su padre David, vive desconsoladísimo. Nada le alegra: ni las riquezas, ni los amigos, ni las delicias. Continuamente suspira por verle, hasta llegar a elegir la muerte antes que verse más tiempo privado de su presencia, siendo su padre un simple mortal. ¿Qué será, pues, para vosotras veros privadas de Dios y, con Él, de todo bien, de todo consuelo y felicidad?
Preciso fuera sentirlo para formarse una idea cabal y completa de un estado tan horriblemente angustioso.
Medita un poco sobre lo dicho.
PUNTO SEGUNDO. Si tan horribles penas sienten las Ánimas al verse privadas del hermosísimo rostro de Dios, ¿cuál debería ser tu desconsuelo, oh pecador, que vives privado de su gracia y amistad?
Las almas benditas del Purgatorio no poseen aún a Dios, es verdad; pero están seguras de poseerlo un día, porque son amigas, hijas y esposas suyas muy queridas.
Pero tú, infeliz, sabes que, viviendo como vives, no poseerás jamás a Dios. Sabes que, desde el momento en que te rebelaste contra Él, perdiste su gracia y, con ella, la rica herencia de la Gloria.
¡Ah! ¿Cómo dices: «Padre nuestro, que estás en los cielos»? Te engañas: Dios ya no es tu padre, ni tu señor, ni tu rey. ¿Sabes quién es tu padre y señor? ¡Ay de ti! Es el demonio: «Vos ex patre diabolo estis». A él te entregaste pecando; él es tu compañero inseparable y tú eres su esclavo.
Si Dios rompiera el hilo delgado de tu vida, ¡ay!, el demonio se apoderaría de ti y arrastraría su presa al fuego del Infierno.
¡Ay! ¿Crees esto, pecador, y, no obstante, duermes tranquilo? Dios todopoderoso es tu enemigo; tiene firmada contra ti la sentencia de condenación eterna. ¡Y tú, lejos de borrarla con una buena confesión, juegas, ríes, te diviertes y pasas días, meses, años y la vida entera en el pecado!
¡Oh deplorable ceguedad! ¡Oh insensibilidad mayor que la de un bruto irracional!
Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.
EJEMPLO
Refieren varios autores, entre ellos fray José de Jesús María, OCD, y el padre Pedro de Moncada, SJ, que, estando un religioso carmelita descalzo en oración, se le apareció un difunto con semblante muy triste y todo el cuerpo rodeado de llamas.
—¿Quién eres tú? ¿Qué es lo que quieres? —preguntó el religioso.
—Soy el pintor que murió días pasados y dejé cuanto había ganado para obras piadosas —respondió.
—¿Y cómo padeces tanto, habiendo llevado una vida tan ejemplar? —volvió a preguntarle el religioso.
—¡Ay! —contestó el difunto—. En el tribunal del supremo Juez se levantaron contra mí muchas almas: unas que padecían terribles penas en el Purgatorio y otras que ardían en el Infierno, a causa de una pintura obscena que hice a instancias de un caballero. Por fortuna mía, se presentaron también muchos santos, cuyas imágenes pinté, y dijeron para defenderme que había hecho aquella pintura inmodesta en mi juventud, que después me había arrepentido y cooperado a la salvación de muchas almas pintando imágenes de santos; y, por último, que había empleado en limosnas y obras de piedad lo que había ganado a fuerza de muchos sudores.
Oyendo el Juez soberano estas disculpas y viendo que los santos interponían sus méritos, me perdonó las penas del Infierno, pero me condenó a estar en el Purgatorio mientras dure aquella pintura.
Avisa, pues, al caballero N. N. que la eche al fuego, ¡y ay de él si no lo hace! Y, en prueba de que es verdad lo que digo, sepa que dentro de poco tiempo morirán sus dos hijos.
Creyó, en efecto, el caballero en la visión y arrojó al fuego la imagen escandalosa. Antes de dos meses murieron sus dos hijos, y él reparó con rigurosa penitencia los daños ocasionados en las almas. Además, en satisfacción, hizo pintar cuadros de la Pasión de Cristo, de la Virgen y de otros santos, con lo cual pudo salir libre el pintor.
ORACIÓN A JESÚS
TRATADO COMO LOCO
Y PROPUESTO A BARRABÁS
¿Qué decíais, oh Ángeles del cielo, cuando visteis a la Majestad y Sabiduría infinita tan vilmente despreciada en casa de Herodes y en el pretorio de Pilatos?
¿Cómo? ¡Vos, oh Jesús mío, vestido de ropa blanca y tenido por loco! ¡Vos, Rey de los cielos y de la tierra, conducido así por las calles de Jerusalén, cargado de oprobios e ignominias! ¡Vos, el Hijo de Dios, pospuesto al más vil facineroso!
Pero ¡ay de mí! ¡Yo también os he tratado de necio, prefiriendo las locas máximas del mundo a vuestra ley sapientísima! ¡Yo también, ingrato, os he abandonado y pospuesto a un vil interés, a un sucio deleite, a un puntillo de honra, por un miserable «qué dirán»!
¡Ay! Merecía estar por siempre privado de vuestra presencia amabilísima; pero, ya que por mí sufristeis escarnios tan crueles, tened compasión de mí y de las pobres Ánimas del Purgatorio.
Sí, Jesús mío: por esas vuestras ignominias, curad mi loca vanidad y soberbia; por aquel grito tremendo que oísteis en casa del juez, cuando todos gritaban a una voz: «¡Crucificadle, crucificadle!», haced que yo crucifique mis pasiones, para que, junto con las Ánimas del Purgatorio, logre un día alabaros eternamente en la Gloria. Amén.
OBSEQUIO: Mañana, en sufragio de las benditas Ánimas y en satisfacción de las palabras altivas que hubiéremos dicho, besar tres veces la tierra. Quien quiera humillarse aún más podrá hacer con la lengua una pequeña cruz en el suelo.
RESPONSO POR NUESTROS DIFUNTOS
V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V. Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Padre nuestro… (se recita en silencio)
V. Libra, Señor, su (sus) alma (almas)
R. De las penas del infierno.
V. Descanse (-n) en paz.
R. Amén.
V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.
Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, especialmente por las almas de nuestros familiares, amigos y bienhechores (pueden nombrarse por su nombre propio), para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para ellos luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.
V. Por la misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María las almas de los fieles difuntos descansen en paz.
R. Amén.