Miércoles de la XIX semana después de Pentecostés
DE LOS DESPOSORIOS DE CRISTO CON EL ALMA.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Miércoles de la XIX semana después de Pentecostés
DE LOS DESPOSORIOS DE CRISTO CON EL ALMA.
PUNTO PRIMERO. Considera con Orígenes, citado por santo Tomás, que estas bodas de que habla Cristo en el Evangelio son las que el Eterno Padre previno y celebró de su Santísimo Hijo Jesucristo con el alma del justo, y en particular con la tuya, a quien se dignó tomar por esposa suya. A estas convida a todas las criaturas del cielo y de la tierra para que vengan a celebrarlas; tanto es el gozo que tiene de la unión y conformidad de tu alma con su Santísimo Hijo.
Pondera, lo primero acerca de esto, quién se desposa y con quién; porque el desposado es Dios, Hijo del Eterno Padre, y con quien se desposa es con tu alma, criatura suya, hechura suya y esclava suya, a quien crió para que le sirviese. Y es tanta su benignidad y amor, que no dudó levantarla de tan bajo y vil estado al más alto y excelente, que es el de ser esposa suya.
Pondera la merced que hiciera un rey de la tierra a una esclava herrada y vil de su casa si la tomara por esposa, y de esclava la levantara a ser reina y señora de todos; y qué agradecimiento debiera tener aquella a quien tan señalada merced había hecho. Pues esta es la que Dios te ha hecho a ti, que, habiendo nacido con el sello de esclavo de la culpa, esclavo herrado por el pecado, ha tomado a tu alma por esposa y la ha llevado del estado de esclava al de reina y señora por ser esposa suya.
Mira qué agradecimiento le debes y cómo has de servir a quien tal merced te ha hecho; dale infinitas gracias y pide a todas las criaturas del cielo y de la tierra que vengan a dárselas y suplan lo que a ti te falta.
PUNTO II. Considera la entrega que hay en las bodas y la obligación que nace del vínculo del matrimonio; y que, por el que tu alma celebra con Cristo, ya no has de ser tuyo, sino todo suyo, sin reservar cosa alguna de ti para ti.
De Dios ha de ser tu alma, tu entendimiento, tu memoria, tu voluntad, tus potencias y todos tus apetitos, sin amar, ni querer, ni poseer, ni tener cosa alguna de la tierra sino a Dios. Suyo ha de ser tu corazón, y en Él se ha de emplear todo, sin dividirse en cosa criada; porque no es fiel esposa la que ama a otro que a su esposo, a quien se entregó.
¡Oh alma mía!, considera la merced que Dios te ha hecho y la obligación en que te ha puesto, y cuán mal la cumples. Arrójate a sus pies como adúltera y desconocida para tan alta Majestad, y pídele con lágrimas perdón de los yerros pasados; y ofrécete a servirle más que esclava, con todas tus fuerzas y de todo tu corazón, entregándote toda a su divino amor.
PUNTO III. Considera la vestidura nupcial que te pide Dios para estas bodas; que, si la pidió a los convidados, mucho más se requiere en la desposada, que aquí hace el papel principal. Esta ha de ser, como dijimos, la caridad y las costumbres del nuevo Adán, Cristo, desnudándote de las del viejo hombre, en quien todos pecamos.
Carga el peso de la consideración en la mudanza de trato y costumbres que tienen las personas que se desposan con los reyes, y mira la mudanza que pide el Rey del cielo en ti, habiéndote sublimado a esposa suya.
Ya no es justo que vivas conforme a los fueros de la carne, sino a los del espíritu; ni que sigas tus apetitos y las inclinaciones aviesas del pecado, sino las buenas y santas, como esposa de Cristo. Tu Esposo es celestial, y tu conversación ha de ser en el cielo, y tus deseos han de estar en las cosas de arriba, sin abatirte a las vilezas de la tierra.
¡Oh alma mía!, entra en cuenta contigo y mira cómo has de vivir y de qué porte de vida te has de vestir para no disgustar a tu Esposo celestial, que cuanto tiene de amoroso tanto tiene de celoso, y no quiere que mires ni trates sino con Él.
PUNTO IV. Considera lo que dice en el Evangelio el Salvador: que para estas bodas mató los becerros y las aves, y apercibió todo lo necesario, sin que faltase nada: «Todo —dice— está apercibido». En que, según san Crisóstomo, quiso decir que de su parte no falta nada al alma para servirle; porque Él te da su gracia y sus auxilios para todo lo que te manda.
Y de la nuestra debemos degollar, en sacrificio a Dios, los becerros de nuestras pasiones y las aves de nuestros pensamientos y deseos, que vuelan por el aire y beben el viento de la vanidad del siglo.
Toma esta lección; y pues Dios te hace la merced, de su parte, de prevenirte con su gracia y fortalecerte con sus auxilios para que le sirvas sin que te falte nada, corresponde de la tuya, degollando para estas bodas los apetitos sensuales y todos los deseos desordenados de la carne.
Con ello darás gloria a Dios y gozo a los ángeles y santos, que celebran tus bodas con fiestas y cánticos celestiales, y te coronarán como reina desposada con el Rey de la gloria.
Levanta los ojos de la tierra y mira la fiesta que hacen en el cielo por un alma que se desposa con Cristo por el vínculo de la caridad, y la que se hará por ti si aciertas a merecer desposarte con Dios.
¡Oh Señor! ¿Cuándo merecí yo tal honra? ¿Cuándo merecí ser vuestra esclava? ¿Cuánto más vuestra esposa? Mil gracias os doy por tan insigne merced. Recibidme por vuestra esclava y dadme gracia para que ame solo a Vos y no me aparte un punto de vuestra voluntad.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.