sábado, 17 de octubre de 2026

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: PARÁBOLA DEL DEUDOR INJUSTO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE


 

XXI domingo después de Pentecostés.

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: PARÁBOLA DEL DEUDOR INJUSTO

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XXI domingo después de Pentecostés.

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: PARÁBOLA DEL DEUDOR INJUSTO (Matth. 18.)

 

Compara Cristo en el Evangelio el reino de los cielos a un rey que se puso a cuentas con sus criados, y habiendo perdonado a uno diez mil talentos, él no quiso perdonar a su consiervo ciento que le debía; por lo cual, airado el rey, le mandó echar en la cárcel hasta que pagase toda la deuda cumplidamente. De lo cual concluye el Salvador diciendo:  «De la misma manera hará vuestro Padre celestial con vosotros, si no os perdonareis de corazón unos a otros.»

 

PUNTO PRIMERO. Considera la doctrina de este Evangelio, que es confirmación y como repetición de la meditación pasada; en que nos enseña Cristo, con esta semejanza, que no perdonará Dios en el juicio al que no perdonare en esta vida a sus hermanos.

Pasa los ojos de la consideración por toda esta parábola, y mira cuánto te importa ser misericordioso con tus prójimos, perdonándoles sus deudas, para que Dios lo sea contigo, perdonándote las tuyas; y que, si ellos no tienen con qué pagar, tampoco tienes tú con qué satisfacer a Dios. Resuélvete, pues, a perdonarlos para que Dios te perdone.

 

PUNTO II. Considera cómo este rey poderoso se puso a cuentas con sus criados, pidiéndoselas muy menudamente de todo lo que les había entregado.

Pondera despacio que ha de llegar aquel día en que el sumo Emperador de los cielos y de la tierra se ponga a cuentas con todos sus criados, y la estrechura con que se las ha de pedir, y cuán riguroso se ha de mostrar aquel día, en que no habrá apelación, como la hubo en este, sino que se dará la sentencia final, irrevocable, y luego se ejecutará sin dilación: en los buenos para el cielo, y en los malos para el infierno, por siempre jamás.

Considera a cuál parte irás tú y qué fuera de ti ahora si te llamaran a cuentas; tiembla ante los juicios de Dios y prevente para el día de la cuenta.

 

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo: que el primero de estas cuentas fue alcanzado en diez mil talentos y no tuvo de dónde pagar.

¡Oh pecador!, ponte en el lugar de este siervo, y mírate en el tribunal de tan gran Dios, cercado por todas partes de acusadores que te hacen los cargos y te alcanzan mucho más que a este, porque son más tus pecados que sus deudas.

Mira qué responderás y con qué pagarás las deudas que debes a Dios, y cuán alcanzado te hallarás; pues, como dice el santo Job, de mil cargos no podrás responder a uno.

Ajusta tus cuentas antes que te las pidan; revuelve los libros de tu vida, repasa los años pasados y las partidas antiguas y las presentes; mira la entrada y la salida, los cargos y descargos, y ajusta bien la cuenta para que la des buena el día del juicio.

 

PUNTO IV. Considera lo que dice el Salvador: que, alcanzando el rey a este siervo en la cantidad dicha, le mandó vender a él, a su mujer, a sus hijos y todos sus bienes y hacienda, cuanto tenía y poseía, para hacerse pago de la deuda.

En esto nos significa el rigor de aquel juicio y la terribilidad de la sentencia, y cómo le serán confiscados al malo todos sus bienes, en que tenía su esperanza, sin dejarle cosa alguna.

Pondera la aflicción del pecador en este trance y cómo hallará frustradas todas sus esperanzas. Aplica aquí las palabras de Cristo: «¿Qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si su alma se condena?»

Vuelve sobre ti y mira que, al pasar los puertos de esta vida, te han de confiscar cuanto hubieres ganado en ella; y que, en las cuentas que te han de pedir, no podrás hacer pago con la hacienda que llevares de acá, porque toda la han de vender y pasar a otros poseedores.

Solas tus obras te han de acompañar. La mujer, los hijos, los parientes, los amigos, los censos, las casas, las viñas y las haciendas, todo se ha de quedar acá.

Lo cual supuesto, no seas tan necio como este, sino toma tiempo ahora que te lo da Dios, y atesora riquezas inmortales con muchas y santas obras, que puedan valerte en aquella ocasión.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.