XXI domingo después de Pentecostés.
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: PARÁBOLA DEL DEUDOR INJUSTO
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de
nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo
firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda
reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este
rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi
guarda: interceded por mí.
XXI domingo después de Pentecostés.
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: PARÁBOLA DEL DEUDOR INJUSTO (Matth. 18.)
Compara Cristo en el Evangelio el
reino de los cielos a un rey que se puso a cuentas con sus criados, y habiendo
perdonado a uno diez mil talentos, él no quiso perdonar a su consiervo ciento
que le debía; por lo cual, airado el rey, le mandó echar en la cárcel hasta que
pagase toda la deuda cumplidamente. De lo cual concluye el Salvador diciendo:
«De la misma manera hará vuestro Padre celestial con vosotros, si no os
perdonareis de corazón unos a otros.»
PUNTO PRIMERO. Considera la doctrina de este Evangelio, que es
confirmación y como repetición de la meditación pasada; en que nos enseña
Cristo, con esta semejanza, que no perdonará Dios en el juicio al que no
perdonare en esta vida a sus hermanos.
Pasa los ojos de la consideración
por toda esta parábola, y mira cuánto te importa ser misericordioso con tus
prójimos, perdonándoles sus deudas, para que Dios lo sea contigo, perdonándote
las tuyas; y que, si ellos no tienen con qué pagar, tampoco tienes tú con qué
satisfacer a Dios. Resuélvete, pues, a perdonarlos para que Dios te perdone.
PUNTO II. Considera cómo este rey poderoso se puso a cuentas
con sus criados, pidiéndoselas muy menudamente de todo lo que les había
entregado.
Pondera despacio que ha de llegar
aquel día en que el sumo Emperador de los cielos y de la tierra se ponga a
cuentas con todos sus criados, y la estrechura con que se las ha de pedir, y
cuán riguroso se ha de mostrar aquel día, en que no habrá apelación, como la
hubo en este, sino que se dará la sentencia final, irrevocable, y luego se
ejecutará sin dilación: en los buenos para el cielo, y en los malos para el
infierno, por siempre jamás.
Considera a cuál parte irás tú y
qué fuera de ti ahora si te llamaran a cuentas; tiembla ante los juicios de
Dios y prevente para el día de la cuenta.
PUNTO III. Considera lo que dice Cristo: que el primero de
estas cuentas fue alcanzado en diez mil talentos y no tuvo de dónde pagar.
¡Oh pecador!, ponte en el lugar de
este siervo, y mírate en el tribunal de tan gran Dios, cercado por todas partes
de acusadores que te hacen los cargos y te alcanzan mucho más que a este,
porque son más tus pecados que sus deudas.
Mira qué responderás y con qué
pagarás las deudas que debes a Dios, y cuán alcanzado te hallarás; pues, como
dice el santo Job, de mil cargos no podrás responder a uno.
Ajusta tus cuentas antes que te las
pidan; revuelve los libros de tu vida, repasa los años pasados y las partidas
antiguas y las presentes; mira la entrada y la salida, los cargos y descargos,
y ajusta bien la cuenta para que la des buena el día del juicio.
PUNTO IV. Considera lo que dice el Salvador: que, alcanzando
el rey a este siervo en la cantidad dicha, le mandó vender a él, a su mujer, a
sus hijos y todos sus bienes y hacienda, cuanto tenía y poseía, para hacerse
pago de la deuda.
En esto nos significa el rigor de
aquel juicio y la terribilidad de la sentencia, y cómo le serán confiscados al
malo todos sus bienes, en que tenía su esperanza, sin dejarle cosa alguna.
Pondera la aflicción del pecador en
este trance y cómo hallará frustradas todas sus esperanzas. Aplica aquí las
palabras de Cristo: «¿Qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si
su alma se condena?»
Vuelve sobre ti y mira que, al
pasar los puertos de esta vida, te han de confiscar cuanto hubieres ganado en
ella; y que, en las cuentas que te han de pedir, no podrás hacer pago con la
hacienda que llevares de acá, porque toda la han de vender y pasar a otros
poseedores.
Solas tus obras te han de
acompañar. La mujer, los hijos, los parientes, los amigos, los censos, las
casas, las viñas y las haciendas, todo se ha de quedar acá.
Lo cual supuesto, no seas tan necio
como este, sino toma tiempo ahora que te lo da Dios, y atesora riquezas
inmortales con muchas y santas obras, que puedan valerte en aquella ocasión.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los
buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta
meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San
José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.