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domingo, 29 de junio de 2025

30. SU REINADO. MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

DÍA TRIGÉSIMO

El reinado del Corazón de Jesús

 

MES DE JUNIO

EN HONOR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

CON SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

 

ORACIÓN PARA COMENZAR

TODOS LOS DÍAS:

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, adoremos su majestad infinita, y digamos con humildad:

 

OFRECIMIENTO AL PADRE ETERNO.

Oración de Santa Margarita María Alacoque

 

Padre eterno, permitid  que os  ofrezca el Corazón de Jesucristo,  vuestro  Hijo muy  amado, como se ofrece Él mismo, a Vos  en sacrificio. Recibid  esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos  y actos de este Sagrado Corazón. Todos son  míos, pues Él se inmola por mí,  y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por  sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia  final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra  Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.

 

Se meditan los textos dispuestos para cada día.

 

DÍA TRIGÉSIMO

El reinado del Corazón de Jesús

 

MEDITACIÓN

Punto Primero. El gran triunfo del Corazón deífico de Jesús es, conseguir que llegue a desaparecer la criatura, para vivir Él en ella y por ella. Triunfo tan costoso, como meritorio para esta misma criatura, y tan glorioso, como poderoso por parte del divino Vencedor. Hasta ahí llegan las aspiraciones del Sagrado Corazón de Jesús, y mientras esto no tenga lugar, no están satisfechos sus deseos ¡Por eso lanza ese divino Salvador tan profundas quejas, por eso le abrasa tan devoradora sed, y cierto que más de una vez dirige de nuevo la misma queja, que en la cruz manifestó, y más de una vez hablando confiadamente a las almas, en sus amorosas y divinas comunicaciones les dice, que se abrasa, que tiene sed, y les pide con amor una gota de agua! ¡Oh! sí, el Corazón Sagrado tiene sed de corazones, y ¿quién sabe el tiempo que te está pidiendo ese refrigerio, y el que estás negándoselo tú? ¿Cuántas veces tal vez no queriendo oír la verdadera significación de sus deseos, le has dado muchas cosas, sí, pero reservando siempre para ti, aquello precisamente que te pedía con empeño? Ese afecto un tanto desmedido a la criatura esos intereses excesivos por la honra, por el aprecio, por tu estimación esos respetos humanos, siempre triunfadores ese amor propio que se insinúa aun en lo más santo no son esas otras tantas gotas de agua, con que quiere el divino Corazón de Jesús aliviar su sed mediante la posesión completa de tu corazón ¡Oh Corazón divino! ya es hora de que triunféis, ya ha llegado el momento de vuestra victoria, muera yo, para que viváis Vos.

Punto Segundo. Tanto penetró en el corazón de la Beata Margarita María esta celestial doctrina del Sagrado Corazón de Jesús; tan completamente estableció en su alma su reinado, que plenamente convencida de la necesidad de anonadarse, para que llegase Él a reinar, exclama y repite muchas veces:

«Tengo que anonadarme y perderme, para vivir pobre, desconocida y oculta en el Sagrado Corazón de mi divino Maestro, olvidada y despreciada de todas las criaturas, pues este deifico Corazón pretende reinar por medio de mi propia destrucción, y del anonadamiento de mi ser». De este modo tuvieron su cumplimiento las palabras que un día le dirigió el mismo amoroso Corazón, cuando le dijo: «Te empobreceré de tal modo, te presentaré tan miserable y abyecta a tus propios ojos, y destruiré de tal modo las aspiraciones de tu corazón, que sobre esa nada pueda yo edificar». Ved pues aquí el obrar de este divino Corazón. Durante este mes sin duda que habrá trabajado mucho en tu corazón, ojalá que haya conseguido lo que desea, es decir, tu destrucción para empezar Él a levantar su obra. Mira y considera que, sin esta, perdidos quedan los deseos de este amoroso Corazón, desatendidos sus suspiros y aumentadas sus angustias ¿Amas al Corazón deífico? Pues sacrifícale lo que te pide, que es tu corazón, pero sin reservarte ni una sola cosa para él, sino que todo sea posesión del Corazón divino. ¿Queréis mi corazón, amante Jesús mío? ¿Suspiráis por poseerle, dulce y tierno Corazón de mi Dios? Podéis en mis manos, saciar los deseos del deseado de las gentes, y rehusaré hacerlo ¡Oh no, jamás amantísimo Corazón de Jesús! ahí os lo entrego, vuestro es ya, y vuestro será para siempre. Tomad juntamente con él mi entendimiento, a fin de que Vos entendáis por mí; tomad mi memoria, para que Vos seáis quien os acordéis de tantos beneficios, hechos por Vos y recibidos por mí y tomad por último mi voluntad, para que Vos os améis en mí y por mí, y así no teniendo yo como propio ni entendimiento, ni memoria, ni voluntad lo tendré todo en Vos, pues os tendré a Vos.

 

Jaculatoria. ¡Oh Corazón deífico de mi Señor Jesucristo! todo para mayor honra y gloria vuestra, por los siglos de los siglos.

 

Aspiraciones hacia el Corazón de Jesús

«¡Oh buen Jesús, que habéis querido padecer una infinidad de oprobios y de humillaciones por mi amor! imprimid poderosamente el amor y la estimación de ellos en mi corazón, y hacedme desear su práctica. ¡Oh Corazón favorable, que halláis tanto placer en hacernos bien! concededme la gracia de llenar la deuda, que he contraído con la divina justicia. Yo soy impotente, pagad por mí. Reparad los males que he hecho, con los bienes que vos habéis hecho. Y a fin de que todo lo deba a Vos, recibidme ¡oh caritativo Corazón! a la hora de mi muerte, que será tan terrible para mí. Qué gloria os dará, Jesús mío, la pérdida de un miserable átomo. Pero será muy grande para Vos, el salvar a una tan grande pecadora. Salvadme, pues, puro amor mío, porque ansío amaros eternamente, cuésteme lo que me costase. Sí, yo os quiero amar, a pesar de todo, yo os quiero amar con todo mi corazón. Así sea».

 

PARA FINALIZAR

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Santa Margarita María de Alacoque, ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

 

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártela con tus familiares y amigos!

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

sábado, 28 de junio de 2025

29. DELICIAS. MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

DÍA VIGÉSIMO NOVENO

Las delicias de las almas enamoradas del divino Corazón de Jesús.

 

MES DE JUNIO

EN HONOR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

CON SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

 

ORACIÓN PARA COMENZAR

TODOS LOS DÍAS:

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, adoremos su majestad infinita, y digamos con humildad:

 

OFRECIMIENTO AL PADRE ETERNO.

Oración de Santa Margarita María Alacoque

 

Padre eterno, permitid  que os  ofrezca el Corazón de Jesucristo,  vuestro  Hijo muy  amado, como se ofrece Él mismo, a Vos  en sacrificio. Recibid  esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos  y actos de este Sagrado Corazón. Todos son  míos, pues Él se inmola por mí,  y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por  sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia  final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra  Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.

 

Se meditan los textos dispuestos para cada día.

 

DÍA VIGÉSIMO NOVENO

Las delicias de las almas enamoradas del divino Corazón de Jesús.

 

MEDITACIÓN

 

Punto Primero. Los goces y la suavidad divina, procedentes del Corazón deífico de Jesús son tan levantados sobre todo lo terrestre, tan purificados y ennoblecidos por su divinidad, que sólo pueden compararse, aunque como reflejo e imagen, con aquella eterna ventura, que dará al alma la vista de Dios. En efecto ¿de qué consuelo y paz no goza la calma en ese paraíso de delicias? Sin embargo, conviene reparar, en la diferencia que existe, entre este gozo purísimo, y casi puede decirse infinito, y aquél de la bienaventuranza eterna, cuyo reflejo y semejanza es. Esta diferencia, se funda en que el carácter y como el ser del primero, consiste en el padecer, y si cesara este, dejaría por ahí mismo, de existir aquel; puesto que es como su prueba; y el segundo, en el gozo sin trabajo, ni pena alguna por toda una eternidad. Que extraño es, después de esto, que las almas, que, como la Beata Margarita María, han penetrado tan adentro en este Corazón divino, exclamen en los trasportes de su amorosa locura de la cruz: «Nada es capaz de consolarme en este mundo, sino la cruz de mi divino Maestro, pero esta cruz ha da ser semejante a la suya, es decir, pesada, ignominiosa, sin dulzura, consuelo, ni alivio alguno». Estas son las delicias de las almas enamoradas del divino Corazón de Jesús.

¡Ojalá, que sean también las tuyas! ¡Ojalá, que sólo te consideres dichoso, cuando el amoroso Jesús te enclave fuertemente en su Cruz!

Punto Segundo. La señal más evidente del amor, que nos tiene el deifico Corazón de Jesús, es asemejarnos a su dolorido y contristado Corazón. Fiel testigo de esta verdad es la Beata Margarita María. Escuchemos de su misma boca el presente que le hizo su divino Esposo, como prenda de su acendrado amor: «Yendo un día a comulgar, dice, se me representó, la sagrada forma, resplandeciente como un sol, cuyos rayos me ofuscaban. Nuestro Señor estaba en medio de ella, teniendo en sus manos sagradas una corona de espinas, y colocándomela sobre la cabeza, me dijo: «Recibe, hija mía, esta corona, como señal de la que pronto te ofreceré, para hacerte más semejante a mí». No comprendí al pronto la significación de todo aquello, pero dos terribles golpes, que recibí poco después en la cabeza, me lo dieron a entender; desde entonces tengo la cabeza, como rodeada de punzantes espinas, llenándome de consuelo, el que sólo con la vida, cesará el dolor que me causan. Confieso, que tengo mayor reconocimiento a mi divino Salvador por esta gracia, que si me hubiera dado las diademas de los mayores monarcas de la tierra». Y cómo no puesto que el Rey de los cielos no escogió otra, sino la de los dolores y afrentas el día de su gran victoria Alma cristiana, ¿participas tú también de esas delicias purísimas, que ofrece a los suyos el Corazón Sagrado? ¿O eres acaso de aquellas, que a semejanza del pueblo infiel, exclamen: Dura es esta doctrina, y ni hay quien pueda seguirla?

¡Oh, Corazón divino de Jesús! corona de rosas, rodeada de espinas sí, pero cuyas picaduras dulcificas con el bálsamo precioso de tu sangre: en contraposición a las coronas y rosas emponzoñadas, que al parecer sin espinas ofrece el mundo ¡Oh, Jesús! corona por corona, escojo la tuya de espinas, pues no ignoro, que ellas se trasformarán en rosas, que nunca se han de marchitar.

 

Jaculatoria. Corazón amante de Jesús, haced que sólo descanse el mío, cuando os posea a Vos, que sois su centro, su amor, y su felicidad.

 

Oración al herido Corazón de Jesucristo

¡Oh amoroso Corazón de nuestro Señor Jesucristo! ¡Oh Corazón, que ablandáis los corazones más duros que la piedra; ¡que abrasáis los espíritus más fríos que el hielo, y enternecéis las entrañas más impenetrables que el diamante! Herid, pues, amable Salvador mío, herid mi corazón con vuestras. sagradas llagas, y embriagad mi alma con vuestra sangre, de tal suerte, que de cualquier lado que me vuelva, no pueda ver más que a mi divino Crucificado, y que cuanto mire, lo vea todo teñido con vuestra preciosa sangre ¡Oh mi buen Jesús! no halle reposo, hasta haberos encontrado a Vos, que sois mi centro, mi amor, mi felicidad.

¡Oh Corazón divino! que nos habéis probado vuestro amor sobre la cruz hasta el exceso, y vuestra misericordia, dejando abriesen vuestro Corazón para dar entrada a los nuestros, recibidlos ahora, abrazadlos con los lazos de vuestra ardiente caridad, para que se consuman por la vehemencia de vuestro amor.

 

PARA FINALIZAR

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Santa Margarita María de Alacoque, ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

 

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártela con tus familiares y amigos!

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.