lunes, 4 de mayo de 2026

De la promesa del Espíritu Santo y su venida.

 


Martes de la IV semana de Pascua.

De la promesa del Espíritu Santo y su venida.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la IV semana de Pascua.

De la promesa del Espíritu Santo y su venida.

 

PUNTO PRIMERO. Promete Cristo el Espíritu Santo a sus apóstoles, para que le deseen y le pidan; y díceles que cuando venga ha de argüir al mundo de pecado; porque viene a desarraigar las espinas de los vicios, y a purificar el mundo de los pecados, y a plantar las olorosas flores de las virtudes: entra con la consideración en lo íntimo de tu alma, y mira las espinas de los vicios que han brotado por tu malicia y flojedad; y pide a Cristo que te envíe el Espíritu Santo, y al mismo Espíritu Santo que venga y te purifique, y limpie de las malezas de los vicios, y trueque tu alma en un paraíso de flores de virtudes; reconoce tu pobreza, y dile con humildad de corazón: yo, Señor, no tengo de mi cosecha sino cardos y espinas de vicios y pecados, estos brota mi alma y estos produce mi carne mal inclinada: venga vuestra divina mano y labre esta inculta tierra, y trueque este vil y espinoso campo en tierra fértil de virtudes.

 

PUNTO II. Considera de qué pecados ha de argüir el Espíritu Santo al mundo; el primero dice Cristo que ha de ser de incredulidad y poca fe, porque después de tantos milagros y maravillas, y de tanta y tan santa doctrina, no creyeron en él: mete la mano en tu pecho, y mira con atención si: te puede argüir a ti de este pecado; mira cuántas maravillas ha obrado contigo: y cómo no acabas de creerle y rendirte a su servicio, y que aunque le confiesas con la boca, le niegas con las obras, haciéndolas tales que no parece que crees sus palabras, pues no las pones por ejecución;  llora tus pecados, y pide a Dios gracia para enmendarte de ellos y servirle con perfección en adelante.

 

PUNTO III. Considera el segundo pecado de que ha de argüir el Espíritu Santo al mundo cuando venga; conviene a saber, de justicia, esto es, de la de Cristo y de su santidad, volviendo por su inocencia y mostrando que fue santo, justo, inocente e injustamente culpado y condenado, y que no hay virtud verdadera sino la que procede de él, y últimamente cómo fue recibido y honrado de su Eterno Padre en el cielo. De este argüirá y con vencerá a todo el mundo, sin que haya quien pueda responderle, de donde sacarás dos cosas: la primera que es obra del Espíritu Santo volver por la honra de Cristo. La segunda, que el Espíritu Santo vuelve por la honra de los que la ponen en sus manos, y los hace gloriosos en el mundo. Pon tu honra en las suyas y confía en su bondad, que volverá por ella, como volvió por la del Redentor del mundo.

 

PUNTO IV. Argüirá últimamente al mundo de juicio, porque se dejó vencer del demonio, a quien venció Cristo y le ató en las mazmorras del infierno; si no le hubiera vencido y atado, parece que tenían los hombres algún linaje de escusa en rendirse a sus armas y caer en los lazos de los vicios; pero habiéndole rendido y teniéndole atado, que dan inexcusables, y los convencerá de que caen y son cautivos por su malicia; mira tú también si te puede convencer de este pecado, y si te dejas vencer por tu negligencia de tan flaco enemigo; acuérdate que le venció Cristo, le desarmó y quitó las fuerzas ; y si te acometiere, cóbralas contra él y no te rindas; alza los ojos a Cristo vencedor, y pídele su favor, que él te le dará, y pon tus enemigos a tus pies vencidos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.