jueves, 2 de julio de 2026

De la perfección que nos enseñan los ángeles.

 


Viernes de la V semana después de Pentecostés.

De la perfección que nos enseñan los ángeles.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la V semana después de Pentecostés.

De la perfección que nos enseñan los ángeles.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que también los espíritus angélicos son maestros de perfección de los hombres en las acciones que sabemos de ellos; contempla lo primero la de su creación en gracia, adornados de tantas y tan excelentes virtudes, y cómo luego reconocieron a Dios por su Señor y Criador, y le dieron muchas gracias por la merced que les había hecho, humillándose en su presencia y ofreciéndose a su servicio: saca de aquí afectos de humildad y de reconocimiento a tu Dios por las mercedes que te ha hecho y dale gracias por ellas, ofreciéndote con aquellos soberanos espíritus a servirle eternamente.

 

PUNTO II. Contempla el amor tan encendido con que aman a Dios, y cómo no tienen otro empleo sino alabarle y servirle; penetra con la meditación lo interior de sus voluntades; míralas tan unidas y conformes a la de Dios, y pídele al Señor que te dé alguna parte del copioso caudal de gracia que les dio, para que puedas imitarlos, rindiendo tu entendimiento y voluntad a la suya, amándole y sirviéndole con todas tus fuerzas, con toda tu alma y con todo tu corazón

 

PUNTO III. Considera la obediencia tan exacta, pronta y puntual con que le sirven y obedecen, volando a la ejecución de sus mandatos sin resistencia ni tardanza, ni movimiento alguno en contrario, sino con indecible presteza y velocidad ¡Oh si así obedeciésemos los hombres a lo que nos manda Dios! Pídele que sea servido de rendir tus rebeldías y vencer tus repugnancias, y darte su gracia para imitar esta obediencia en servir a su Divina Majestad.

 

PUNTO IV. Considera la oración tan continuada con que alaban a Dios; pues como dice Cristo, nunca le pierden de vista, aunque bajan al mundo a los ministerios a que los envía; atiende al modo con que los ejercitan, sin mancharse con la más mínima imperfección, antes siempre bendiciendo y alabando a la Divina Majestad en cualesquiera sucesos prósperos y adversos, con igualdad de ánimo en todo lo que sucede, sin engreírse o envanecerse en lo próspero, ni descaecer o entristecerse en lo adverso: toma este dechado en la mano y aprende la perfección que en ellos resplandece, у pide a Dios que te dé espíritu para copiarle en tu alma y servirle, amarle, obedecerle, alabarle y glorificarle en todas tus acciones como sus ángeles.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

3 de julio. EL OBJETO DEL CULTO A LA PRECIOSA SANGRE. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESÚS

 


3 de julio.

EL OBJETO DEL CULTO A LA PRECIOSA SANGRE

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

 

3 de julio.

EL OBJETO DEL CULTO

A LA PRECIOSA SANGRE

 

El objeto principal del culto a la Preciosísima Sangre es la persona adorable de Jesús, el objeto secundario es su Sangre. La razón general es como para la devoción al Sagrado Corazón: la dignidad divina de Cristo, a quien pertenece esa Sangre; mientras que la razón especial para el culto de preciosa Sangre radica en el hecho de que Dios quiso que esa Sangre fuera el precio de nuestra redención.

Dios podría redimir a la humanidad incluso sin la Encarnación. Pero incluso después de decidir la Encarnación, Dios podría hacer hecho que fueran suficientes las primeras lágrimas del Niño Jesús o las pocas gotas de Sangre derramadas en el momento de la circuncisión.

La infinita Justicia, Sabiduría y Bondad que es Dios en cambio quiso que nuestra Redención estuviera condicionada al derramamiento de toda la Sangre del Hombre-Dios. Y fue en esa Preciosísima Sangre la que hizo agradables a Dios los sacrificios del Antiguo Testamento, figuras anticipatorias del verdadero Cordero que quita los pecados del mundo.

¡Ay de nosotros, si Jesús no hubiera venido a la tierra para redimirnos!

La Sangre de Cristo no sólo nos ha redimido, sino que también es la fuente de toda gracia, el precio de todo favor que nos viene de Dios.

¡Qué profunda gratitud y qué gran amor debemos sentir por este precioso tesoro del que todo nos es dado y del que podemos esperar todo bien!

 

PROPÓSITO

Meditar sobre la verdad de fe que ha sido comprado por Cristo al precio de su Sangre y que, por tanto, eres suyo y solo a él debes servir. ¿Estás viviendo para Jesucristo, o para el mundo, las criaturas y tus pasiones?

 

EJEMPLO

Francisca de la Madre de Dios, monja carmelita, un día, antes de recibir la Sagrada Comunión, se vio profundamente conmovida por estas palabras del libro de Apocalipsis: “Él nos amó y lavó nuestros pecados con su Sangre”. Inmediatamente después el Señor le dijo internamente. “He derramado mi Sangre por tus pecados y ahora vengo en la Sagrada Comunión para lavar las otras manchas que quedan en ti”. Y recibida la comunión, vio su alma cubierta con la Sangre de Jesús.

 

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO

DÍA 33. SACRIFICIO DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


DÍA TREINTA Y TRES.

SACRIFICIO DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

 DÍA TREINTA Y TRES.

(Año treinta y tres.)

SACRIFICIO DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Primer preludio. Ver a Cristo crucificado.

Segundo. Pedir la gracia de ser víctima con Él.

Punto primero. Jesús, víctima. — Segundo. Jesús, sacrificador. — Tercero. Ambas cosas es el cristiano.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Jesús, víctima. Desde el primer pecado estaba la tierra bajo el peso de la maldición, y los hombres que la habitaban debían ser sacrificados a la justicia de Dios. Pero ni aun así podía quedar satisfecha la justicia, que exigía una víctima de infinito precio, y por eso se ofreció al sacrificio el Hijo de Dios. Jesucristo es, por lo tanto, en toda realidad, una víctima, y podemos decir que el altar de su inmolación fue su Corazón sagrado, aunque todavía es más exacto afirmar que este Corazón fue la víctima principal del sacrificio.

En efecto: el corazón es el que ama, el que sufre, el que quiere el bien y lo hace. Del corazón sale la virtud o el pecado; el corazón es lo que pide Dios al hombre; al corazón se dirigen los mandamientos que encierran el amor de Dios y del prójimo. En fin, como el corazón es responsable de las virtudes o vicios de los hombres, no es de extrañar que car­gue con la pena del pecado, cuando él ha sido su autor. He aquí por qué ha sido víctima de los pecados del mundo el Corazón de Jesús, puesto que Jesucristo se hizo reo de todos ellos, y hubo de llevar el castigo universal de todos los crímenes de la tierra. Es, pues, la víctima del mundo. Siempre fue en la vida mortal, y sigue siéndolo en la Eucaristía.

¡Oh alma que padeces, acércate y mira a ese Corazón herido, y ve si puedes quejarte de tus duelos! En vez de quejarte, glorifica al Señor y dale gracias, gozándote de cumplir en tu carne, como dice el Apóstol, lo que falta a la Pasión de Cristo. Si se te ha dado un cuerpo, es para que lo inmoles; y si tienes un corazón, es para que lo entregues a Dios, a quién pertenece tu salud, fuerzas, talento y vida. “Nadie vive ni muere para sí,” dice San Pablo. Estado precioso es el de víctima, pero poco gustado de las almas.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Jesús sacrificador. Nadie me puede quitar la vida, dijo el Señor, sino que yo soy el que la dejo por mí mismo." (Juan., X.) Voluntariamente se aniquiló naciendo en un establo, viviendo escondido en un taller y muriendo en una cruz. Al entrar en el mundo, dijo: “Aquí estoy, Padre eterno; me ofrezco a vuestra voluntad.” Antes de la Pasión, dijo: “Para que sepa el mundo que amo al Padre y que cumplo su mandato, levantaos y vámonos de aquí.” (Juan., XIV.) En la cruz, le oímos exclamar antes de morir que todo lo ha cumplido y le vemos morir víctima de su amor. Todo lo ha consagrado a nuestra salud aquel Corazón divino, y después de haber dado a Jesucristo la sangre con que nos había de redimir, no quiso quedarse con una gota de ella, y por eso quiso ser herido con la lanzada, para que fuese a todos patente que Él es la fuente de la gracia que nos salvó.

Ahora puede decir que todo está consumado, y que en las llamas del amor se ha consumido todo el holocausto.

 

PUNTO TERCERO.

 

Víctima y sacrificador es el cristiano. Hay muchas víctimas forzadas y pocas voluntarias. Todos tenemos mucho que padecer; pero pocos recibimos los trabajos corno venidos de la mano de Dios, y poquísimos son los que aman la cruz por asemejarse a Jesucristo, y la abrazan y la estrechan contra su pecho, y la ponen en medio de su corazón. Estos pocos son los que aciertan con el camino de la perfección, porque Dios no acepta sino víctimas voluntarias, no busca sino corazones, y sólo quiere amor. Lo que no está sazonado con amor, le es un manjar desabrido. Por lo tanto, si quieres que sea acepta tu vida de víctima, has de ser tú el sacrificador que voluntariamente la ha de ofrecer.

Para animarte a este sacrificio, considera que, como el cuerpo ha perdido al alma por el pecado, así el alma debe perder, o, mejor diré, salvar el cuerpo con la mortificación. Como ha reinado el cuerpo sobre el alma, ha de reinar el alma sobre el cuerpo. Desde que nacimos, se declaró esta guerra entre ambas potencias, y el último aliento ha de ser el golpe de gracia dado a la víctima, cuando, al sucumbir el cuerpo, ofrezca el alma a Dios el enemigo que cae y el espíritu que vuela.

Amar y padecer es la vida del cristiano. El primer acto de ella debe ser amar a Dios sobre todas las cosas, y ese amor debe durar hasta la muerte; y como es un amor sobre todas las cosas, lleva consigo el sacrificio de todas ellas.

Mira, alma, y considera si te queda algo por sacrificar al fin de este mes. Si el Corazón de Jesús te pide algún sacrificio que no hayas hecho aún, entra dentro de ti misma, y ve si es justo que niegues algo al que por ti nació, vivió y murió. Pasará el sacrificio, pero sus frutos serán eternos.

 

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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