Por
la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor
mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te
adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para
hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre
y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Viernes
de la V semana después de Pentecostés.
De
la perfección que nos enseñan los ángeles.
PUNTO
PRIMERO. Considera que también los espíritus angélicos son maestros de perfección
de los hombres en las acciones que sabemos de ellos; contempla lo primero la de
su creación en gracia, adornados de tantas y tan excelentes virtudes, y cómo
luego reconocieron a Dios por su Señor y Criador, y le dieron muchas gracias
por la merced que les había hecho, humillándose en su presencia y ofreciéndose a
su servicio: saca de aquí afectos de humildad y de reconocimiento a tu Dios por
las mercedes que te ha hecho y dale gracias por ellas, ofreciéndote con
aquellos soberanos espíritus a servirle eternamente.
PUNTO
II. Contempla el amor tan encendido con que aman a Dios, y cómo no tienen otro
empleo sino alabarle y servirle; penetra con la meditación lo interior de sus
voluntades; míralas tan unidas y conformes a la de Dios, y pídele al Señor que
te dé alguna parte del copioso caudal de gracia que les dio, para que puedas imitarlos,
rindiendo tu entendimiento y voluntad a la suya, amándole y sirviéndole con
todas tus fuerzas, con toda tu alma y con todo tu corazón
PUNTO
III. Considera la obediencia tan exacta, pronta y puntual con que le sirven y
obedecen, volando a la ejecución de sus mandatos sin resistencia ni tardanza,
ni movimiento alguno en contrario, sino con indecible presteza y velocidad ¡Oh
si así obedeciésemos los hombres a lo que nos manda Dios! Pídele que sea
servido de rendir tus rebeldías y vencer tus repugnancias, y darte su gracia
para imitar esta obediencia en servir a su Divina Majestad.
PUNTO
IV. Considera la oración tan continuada con que alaban a Dios; pues como dice
Cristo, nunca le pierden de vista, aunque bajan al mundo a los ministerios a
que los envía; atiende al modo con que los ejercitan, sin mancharse con la más
mínima imperfección, antes siempre bendiciendo y alabando a la Divina Majestad
en cualesquiera sucesos prósperos y adversos, con igualdad de ánimo en todo lo
que sucede, sin engreírse o envanecerse en lo próspero, ni descaecer o
entristecerse en lo adverso: toma este dechado en la mano y aprende la perfección
que en ellos resplandece, у pide a Dios que te dé espíritu para copiarle en tu
alma y servirle, amarle, obedecerle, alabarle y glorificarle en todas tus
acciones como sus ángeles.
Al terminar
Te
doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones
que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra.
Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda:
interceded por mí.
Amabilísimo
Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la
eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super
abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la
contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista
de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y
vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que
conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota
infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal
indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis
pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta
convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que
me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad
en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me
comunique, se eternice en la gloria. Amen.
3
de julio.
EL
OBJETO DEL CULTO
A
LA PRECIOSA SANGRE
El
objeto principal del culto a la Preciosísima Sangre es la persona adorable de
Jesús, el objeto secundario es su Sangre. La razón general es como para la
devoción al Sagrado Corazón: la dignidad divina de Cristo, a quien pertenece
esa Sangre; mientras que la razón especial para el culto de preciosa Sangre
radica en el hecho de que Dios quiso que esa Sangre fuera el precio de nuestra
redención.
Dios
podría redimir a la humanidad incluso sin la Encarnación. Pero incluso después
de decidir la Encarnación, Dios podría hacer hecho que fueran suficientes las
primeras lágrimas del Niño Jesús o las pocas gotas de Sangre derramadas en el
momento de la circuncisión.
La
infinita Justicia, Sabiduría y Bondad que es Dios en cambio quiso que nuestra Redención
estuviera condicionada al derramamiento de toda la Sangre del Hombre-Dios. Y
fue en esa Preciosísima Sangre la que hizo agradables a Dios los sacrificios
del Antiguo Testamento, figuras anticipatorias del verdadero Cordero que quita
los pecados del mundo.
¡Ay
de nosotros, si Jesús no hubiera venido a la tierra para redimirnos!
La
Sangre de Cristo no sólo nos ha redimido, sino que también es la fuente de toda
gracia, el precio de todo favor que nos viene de Dios.
¡Qué
profunda gratitud y qué gran amor debemos sentir por este precioso tesoro del
que todo nos es dado y del que podemos esperar todo bien!
PROPÓSITO
Meditar
sobre la verdad de fe que ha sido comprado por Cristo al precio de su Sangre y
que, por tanto, eres suyo y solo a él debes servir. ¿Estás viviendo para
Jesucristo, o para el mundo, las criaturas y tus pasiones?
EJEMPLO
Francisca
de la Madre de Dios, monja carmelita, un día, antes de recibir la Sagrada
Comunión, se vio profundamente conmovida por estas palabras del libro de
Apocalipsis: “Él nos amó y lavó nuestros pecados con su Sangre”. Inmediatamente
después el Señor le dijo internamente. “He derramado mi Sangre por tus pecados
y ahora vengo en la Sagrada Comunión para lavar las otras manchas que quedan en
ti”. Y recibida la comunión, vio su alma cubierta con la Sangre de Jesús.
PARA
FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase
la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa
Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos
también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son
principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías,
la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia
y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin,
recemos:
CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES
MEDITACIONES CORRESPONDIENTES
A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA
DEL DIVINO SALVADOR.
Traducido libremente
de la obra del
P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía
de Jesús,
fundador del Apostolado de la Oración
EJERCICIO
PRÁCTICO
PARA TODOS LOS
DÍAS DEL MES.
Por la señal, etc.
Señor mío Jesucristo, etc.
ORACIÓN PARA EMPEZAR.
¡Oh Jesús!,
amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y
tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo;
concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar,
y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos.
Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.
Y pues sois mi
dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad
mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones,
enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi
cuerpo.
Haced que os
tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo
nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria
en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también
para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor
ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados!
Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened
piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía,por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa
Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo
nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis
dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y
esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra
Santísima Madre, que también lo es nuestra.
Con esta
intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que
por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el
sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre.
Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros.Amén.
DÍA
TREINTA Y TRES.
(Año treinta y
tres.)
SACRIFICIO DEL
CORAZÓN DE JESÚS.
Primer preludio.
Ver a Cristo crucificado.
Segundo. Pedir la gracia de ser víctima con Él.
Punto primero. Jesús, víctima. — Segundo. Jesús,
sacrificador. — Tercero. Ambas cosas es el cristiano.
PUNTO PRIMERO.
Jesús, víctima. Desde el primer pecado estaba la tierra bajo el peso
de la maldición, y los hombres que la habitaban debían ser sacrificados a la
justicia de Dios. Pero ni aun así podía quedar satisfecha la justicia, que
exigía una víctima de infinito precio, y por eso se ofreció al sacrificio el
Hijo de Dios. Jesucristo es, por lo tanto, en toda realidad, una víctima, y
podemos decir que el altar de su inmolación fue su Corazón sagrado, aunque
todavía es más exacto afirmar que este Corazón fue la víctima principal del
sacrificio.
En efecto: el
corazón es el que ama, el que sufre, el que quiere el bien y lo hace. Del
corazón sale la virtud o el pecado; el corazón es lo que pide Dios al hombre;
al corazón se dirigen los mandamientos que encierran el amor de Dios y del
prójimo. En fin, como el corazón es responsable de las virtudes o vicios de los
hombres, no es de extrañar que cargue con la pena del pecado, cuando él ha
sido su autor. He aquí por qué ha sido víctima de los pecados del mundo el
Corazón de Jesús, puesto que Jesucristo se hizo reo de todos ellos, y hubo de
llevar el castigo universal de todos los crímenes de la tierra. Es, pues, la
víctima del mundo. Siempre fue en la vida mortal, y sigue siéndolo en la
Eucaristía.
¡Oh alma que
padeces, acércate y mira a ese Corazón herido, y ve si puedes quejarte de tus
duelos! En vez de quejarte, glorifica al Señor y dale gracias, gozándote de
cumplir en tu carne, como dice el Apóstol, lo que falta a la Pasión de Cristo.
Si se te ha dado un cuerpo, es para que lo inmoles; y si tienes un corazón, es
para que lo entregues a Dios, a quién pertenece tu salud, fuerzas, talento y
vida. “Nadie vive ni muere para sí,” diceSan Pablo. Estado precioso es el de víctima, pero
poco gustado de las almas.
PUNTO SEGUNDO.
Jesús sacrificador. “Nadie me puede quitar la vida, dijo el Señor, sino que yo soy el
que la dejo por mí mismo." (Juan., X.) Voluntariamente se aniquiló naciendo en un establo,
viviendo escondido en un taller y muriendo en una cruz. Al entrar en el mundo,
dijo: “Aquí estoy, Padre eterno; me ofrezco a vuestra voluntad.” Antes
de la Pasión, dijo: “Para que sepa el mundo que amo al Padre y que cumplo su
mandato, levantaos y vámonos de aquí.” (Juan., XIV.) En la cruz, le oímos exclamar antes de morir que
todo lo ha cumplido y le vemos morir víctima de su amor. Todo lo ha consagrado
a nuestra salud aquel Corazón divino, y después de haber dado a Jesucristo la
sangre con que nos había de redimir, no quiso quedarse con una gota de ella, y
por eso quiso ser herido con la lanzada, para que fuese a todos patente que Él
es la fuente de la gracia que nos salvó.
Ahora puede
decir que todo está consumado, y que en las llamas del amor se ha consumido
todo el holocausto.
PUNTO TERCERO.
Víctima y
sacrificador es el cristiano. Hay
muchas víctimas forzadas y pocas voluntarias. Todos tenemos mucho que padecer;
pero pocos recibimos los trabajos corno venidos de la mano de Dios, y
poquísimos son los que aman la cruz por asemejarse a Jesucristo, y la abrazan y
la estrechan contra su pecho, y la ponen en medio de su corazón. Estos pocos
son los que aciertan con el camino de la perfección, porque Dios no acepta sino
víctimas voluntarias, no busca sino corazones, y sólo quiere amor. Lo que no
está sazonado con amor, le es un manjar desabrido. Por lo tanto, si quieres que
sea acepta tu vida de víctima, has de ser tú el sacrificador que
voluntariamente la ha de ofrecer.
Para animarte a este
sacrificio, considera que, como el cuerpo ha perdido al alma por el pecado, así
el alma debe perder, o, mejor diré, salvar el cuerpo con la mortificación. Como
ha reinado el cuerpo sobre el alma, ha de reinar el alma sobre el cuerpo. Desde
que nacimos, se declaró esta guerra entre ambas potencias, y el último aliento
ha de ser el golpe de gracia dado a la víctima, cuando, al sucumbir el cuerpo,
ofrezca el alma a Dios el enemigo que cae y el espíritu que vuela.
Amar y padecer
es la vida del cristiano. El primer acto de ella debe ser amar a Dios sobre
todas las cosas, y ese amor debe durar hasta la muerte; y como es un amor sobre
todas las cosas, lleva consigo el sacrificio de todas ellas.
Mira, alma, y
considera si te queda algo por sacrificar al fin de este mes. Si el Corazón de
Jesús te pide algún sacrificio que no hayas hecho aún, entra dentro de ti
misma, y ve si es justo que niegues algo al que por ti nació, vivió y murió.
Pasará el sacrificio, pero sus frutos serán eternos.
ORACIÓN FINAL.
Acto
de consagración y desagravio
al
Sagrado Corazón de Jesús.
¡Oh Corazón de
Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el
ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo,
que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín
en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis
potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que
apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del
Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones,
que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que
detestaré mientras haya odio en mipecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi
corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, asícomo tú, ¡oh Corazón divino!, has querido
ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza.
Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te
amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te
blasfeman sin conocerte.Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en
vos confío.
Corazón Sacratísimo de
Jesús, ten misericordia de nosotros.
Jesús, manso y humilde de
Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.
Inmaculado Corazón de María,
sed la salvación mía.