jueves, 6 de agosto de 2026

DÍA 7. LA DOCILIDAD DEL CORAZÓN DE MARÍA EN LA CASA PATERNA. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 




DÍA 7

LA DOCILIDAD DEL CORAZÓN DE MARÍA

EN LA CASA PATERNA

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA 7

LA DOCILIDAD DEL CORAZÓN DE MARÍA

 EN LA CASA PATERNA

 

Considera hasta qué punto era dócil el Corazón de aquella Niña que, desde el primer instante de su existencia, ya no se pertenecía a sí misma, sino que era toda de Dios, y que no seguía otra regla que la de cumplir en todo la voluntad divina.

Jamás ha existido criatura alguna más sumisa y obediente a Dios.

Iluminada por el Espíritu Santo, que habitaba en ella desde el principio, penetraba los pensamientos de sus santos padres y se adelantaba a sus deseos.

Durante los tres primeros años de su vida, que transcurrieron en la casa paterna, todos sus movimientos y todas sus acciones estuvieron guiados por la más perfecta obediencia.

Aquella que un día vería al mismo Hijo de Dios obedecerle y estar sujeto a ella, se ejercitaba ya desde entonces en la práctica de esta virtud, de la cual el Hijo de Dios sería el modelo perfecto y ella, después de Él, el ejemplo más acabado.

¿Qué no dirían san Joaquín y santa Ana al contemplar tan grandes y extraordinarios prodigios de obediencia en una niña tan pequeña?

Llenos de admiración y asombro, ¿qué esperanzas y qué santos presentimientos no habrán concebido acerca de su futuro?

Pero, por el contrario, ¡cuántas amarguras habrán experimentado nuestros propios padres y cuántos tristes presentimientos no habrán tenido al vernos, desde la infancia, tan indóciles, tan rebeldes, tan obstinados y tan desobedientes!

¡Ojalá nuestra conducta hubiera desmentido los temores que ellos, con razón, alimentaban!

Pero, ¡ay!, no se equivocaban.

¿No sacudí muy pronto el yugo de la santa obediencia? ¿No corrí así hacia el abismo?

¡Ah!, por compasión, Santa Virgen María, tendedme vuestra mano poderosa para sacarme de él.

 

ORACIÓN

Virgen perfecta, y de modo particular modelo de perfecta obediencia hacia tus padres, enséñame el modo de imitarte y de enriquecerme con la inocencia y la sencillez, para que, como fiel imitador de tus virtudes, pueda alcanzar la parte que me corresponde en la felicidad eterna. Amén.

 

FLOR. Ofrecer el propio corazón a María delante de una de sus imágenes, rogándole que se digne tomarlo bajo su dirección.

 

FRUTO. Practicar una obediencia sincera hacia todos los superiores y, de modo especial, hacia el propio confesor.

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.