XI domingo después de Pentecostés.
CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUNDO
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
XI domingo después de Pentecostés.
CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUNDO. (Marc. 7.)
En el Evangelio refiere san Marcos cómo Cristo sanó a un endemoniado, sordo y mudo, a instancia de los que le trajeron, y algunas circunstancias de este milagro, el cual ordenó Cristo que callasen; pero ellos le publicaron, engrandeciendo a voces la virtud del Salvador.
PUNTO PRIMERO. Considera a Cristo nuestro Redentor discurriendo como el sol por todas partes, alumbrando el mundo con la luz de su doctrina y haciendo bien a todos, sin negar a alguno su piedad y misericordia.
Pídele con humildad que no te deje a oscuras, sino que destierre de tu alma las tinieblas de los vicios y las oscuridades y nieblas de Satanás, y tenga misericordia de ti, como la tiene de todos. Muéstrale tus llagas y pídele que te cure, y juntamente que te dé su gracia para seguir sus pisadas, haciendo bien a todos.
PUNTO II. Considera cómo, en llegando Cristo a aquella región, le trajeron al sordo y mudo para que le sanase, y le sanó.
Pondera la fe y diligencia de los que se movieron a traerle, venciendo con ella cualquiera dificultad y riesgo por la salud de aquel cautivo del demonio, y acusa tu negligencia en procurar la salud de tus hermanos.
Mira cuántos están en poder de Satanás, sordos y mudos, por no traerlos a Cristo; y que el Señor los espera para sanarlos, y no los sana porque no vienen a Él.
Saca de aquí deseos de traerle todos los enfermos en el cuerpo y en el alma, para que los sane, en la forma que tu estado permitiere, y rogarle y pedirle con fervorosas oraciones que se apiade de todos y use de misericordia con ellos.
PUNTO III. Contempla con san Jerónimo, en este hombre sordo y mudo, y, según san Mateo, ciego, el estrago que hace la culpa mortal en un alma; pues la ciega para no ver a Dios ni su perdición y el abismo profundo del infierno adonde se despeña; sorda para oír la palabra divina y todo lo que le importa para su salvación; muda para confesar sus culpas y alcanzar perdón de ellas y bendecir a Dios, teniendo ojos, oídos y lengua para todos los vicios que la llevan a su perdición.
Llora con Cristo la perdición de los pecadores; pídele que envíe predicadores apostólicos que los sanen, y que te dé ojos para verle, oídos para oírle y lengua para bendecirle y alabarle.
PUNTO IV. Considera la piedad y benevolencia con que Cristo luego, sin tardanza, se inclinó a los ruegos de los que le pidieron, y, mojando los dedos en su saliva, abrió los oídos y desató la lengua de este enfermo, el cual oyó y habló luego rectamente; y todos prorrumpieron en alabanzas de Dios, engrandeciendo la virtud del Salvador.
Júntate tú con ellos a bendecirle y alabarle, y pídele que te sane de todas las dolencias de tu alma, y que te dé gracia para dolerte de las de tus prójimos, y piedad para curarlos y socorrerlos en todas sus necesidades.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.