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miércoles, 14 de octubre de 2020

QUE NO HA DE ESPERARSE HAGA DIOS MILAGROS CON EL FIN DE DARNOS GUSTO. San Juan Bautista de la Salle



MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
San Juan Bautista de la Salle
Un señor de la corte se llegó a Jesús para suplicarle que fuese a su casa con el fin de curar a un hijo suyo que estaba a la muerte. Jesús le dijo en respuesta: Vosotros, si no veis milagros y prodigios, no creéis (1). Este evangelio puede aplicarse muy bien a muchas personas que viven en comunidad; las cuales, con bastante frecuencia y muy fuera de razón, quisieran ver milagros para decidirse a obrar el bien que su deber les impone.
Primero, para tenerlos por tales, darles fe y obedecer los, aspiran a ver milagros y prodigios en sus superiores. Querrían no hallar tacha en ellos; en caso contrario, critican sus acciones, murmuran de ellos y se quejan diciendo que a los superiores les resulta muy fácil mandar. Al parecer, y por decirlo así, exigen tanta perfección en sus superiores cuanta confiesan en Jesucristo.
Y todo ello procede de que, no obedeciendo por espíritu de fe, consideran al superior únicamente como hombre, y no como ministro de Dios, cuyo lugar ocupa visiblemente para con ellos. No aciertan a distinguir en él dos clases de personas: la persona de Jesucristo, que no tiene falla, y de quien es lugarteniente el superior, y la persona de un hombre, que puede estar sujeto a muchas imperfecciones. Desconocen que, al dirigirse a este hombre como a superior, no deben considerar en él más que a Dios, que les manda sirviéndose de un hombre como instrumento.
Procurad regiros por tal sentimiento de fe; penetraos bien de él antes de ir a la presencia del superior, y sed fieles en ejercitar actos de tal virtud, sobre este particular, a fin de que le obedezcáis como a Dios mismo.
Muchos quieren ver milagros y prodigios también en sus hermanos. Desearían no tener nada que soportar en ellos, lo cual resulta imposible, porque es ley de Dios y, por consiguiente, obligatorio, que mutuamente se aguanten las personas que viven juntas, como lo atestigua san Pablo por estas palabras: Llevad las cargas, esto es los defectos, unos de otros, y así cumpliréis la ley de Jesucristo (2). Se trata, pues, de una ley de Jesucristo, la cual, por consiguiente, ha de cumplirse.
Soportarse unos a otros constituye cierta forma de caridad que cada uno está obligado a ejercer con sus hermanos, si quiere conservar la unión con ellos, mostrar por su conducta que con ellos constituye una sola sociedad y, por consiguiente, que toma parte en cuanto los demás padecen, ya que nadie puede eximirse de soportar a los otros.
Es imposible, en efecto, que dos personas vivan juntas sin ocasionarse de algún modo mutuamente molestias; y, pues damos que sufrir a los demás, está muy puesto en razón que por nuestra parte los aguantemos. Carga es ésta que Dios ha impuesto a todos los hombres, y que les facilita la salvación. De aquí viene que se haga soportable el yugo de Jesucristo, puesto que Él ayuda a llevar holgadamente las cargas y penas de la vida, que, sin su auxilio serian difíciles de tolerar.
No seáis, pues tan poco cuerdos, tan poco razonables y tan poco cristianos, que pretendáis no tener que sufrir de los hermanos cosa ninguna; exigiríais verdadera mente con ello uno de los milagros más inauditos y singulares. Luego, no intentéis tal cosa a lo largo de toda vuestra vida.
Hay, por fin, otros muchos que exigen prodigios y milagros respecto de si mismos. Desearían hacer lo todo bien y sin tacha, mas sin querer imponerse para ello la menor molestia.
Anhelarían ardientemente tener contentos a los superiores; nada les agradaría tanto como vivir estrecha mente unidos a sus hermanos; aspirarían con ansia a ser fieles observadores de la Regla, porque ven con claridad que es para ellos medio excelente de santificación, y el que Dios mismo les proporciona.
Pero, en cuanto han de hacerse violencia para llevar al cabo tan hermoso designio, pierden el resuello, por decirlo así, al primer paso que dan en el camino de la perfección. Quisieran que Dios por Si los llevara, sin que se vieran ellos obligados a andar, y ni siquiera a moverse para nada al ir de un punto a otro; lo que resultaría, ciertamente, prodigio estupendo.
Es forzoso, dice san Pablo, que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios (3). Cuando dice " es forzoso " nos da a entender bien a las claras que sería pedir a Dios milagros abrigar la esperanza de que nos llevase al cielo sin tomar el camino que necesariamente ha de conducirnos a él.
No soñéis, pues, con tal milagro; seguid la senda segura del cielo, que es la del dolor y de la puerta angosta. Esforzaos por franquearla; allí estará Jesucristo que, no lo dudéis, os tenderá la mano para facilitaros la entrada.

 

sábado, 30 de mayo de 2020

LOS APOSTOLES PERSEVERARON EN ORACIÓN . San Juan Bautista de la Salle

LOS APOSTOLES PERSEVERARON EN ORACIÓN 
MEDITACIÓN PARA EL DÍA DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle
" Los santos Apóstoles perseveraron en el retiro, entregados a la oración ".(1) desde la subida de Jesucristo al cielo hasta el presente día de Pentecostés - fiesta que los judíos celebraban para conmemorar la recepción por Moisés de la Ley antigua, en el monte Sinaí -,después de lo cual, el Espíritu Santo descendió sobre ellos y sobre cuantos estaban con ellos reunidos en una sala espaciosa " (2), para darles la Ley nueva, que es ley de gracia y de amor.
Difundióse sobre ellos y dentro de ellos a modo de viento impetuoso (3), queriendo significarnos que, así como al crear al hombre, sopló Dios sobre él - según expresión de la Escritura - un hálito de vida (4); del mismo modo, al comunicar Jesucristo a sus Discípulos. La vida nueva, con el fin de que sólo vivieran en adelante según la gracia; sopló en ellos su divino Espíritu para darles alguna impresión de esa su vida divina.
Éste es el día santo en que debe reposar también sobre vosotros el Espíritu de Dios, para poneros en condiciones de no vivir ni obrar en adelante sino movidos de su impulso. Atraedle a vosotros disponiendo debidamente para ello el corazón.
Dícese en los Hechos de los Apóstoles que aquel viento, símbolo del Espíritu de Dios que se derramó sobre los discípulos de Jesucristo, invadió toda la casa: y eso para significar lo dicho a continuación: que todos los allí reunidos fueron llenos del Espíritu Santo (5).
Recibieron a la sazón los santos Apóstoles tal abundancia de gracias, que " sus voces resonaron en toda Jerusalén " (6): no hablaban de otra cosa que de Jesucristo resucitado, y tenían continuamente en los labios las palabras de la Sagrada Escritura, que les servían como norma de conducta.
Después de verle expirar en la cruz, todos se habían dispersado y escondido por miedo a perder la vida; mas, una vez recibido el Espíritu Santo, se reúnen y congregan en el mismo lugar, y allí se alientan y estimulan a padecer por el nombre de Jesucristo; (7) y hasta se consideran felices y se congratulan por ello.
En vuestro estado, necesitáis la plenitud del Espíritu de Dios, pues no debéis vivir ni proceder en él sino conforme al espíritu y luces de la fe; y sólo el Espíritu de Dios puede poneros en tal disposición.
Añaden a continuación los Hechos de los Apóstoles que aparecieron sobre todos los discípulos allí reunidos como lenguas de fuego aisladas entre sí las cuales se posaron sobre cada uno de ellos; y que comenzaron desde entonces a hablar diversas lenguas, según la gracia que el Espíritu Santo les otorgaba (8).
¡Oh maravilla! Los poco antes tan rudos, que eran incapaces de comprender las sagradas verdades que Jesucristo les proponía, fueron en un instante iluminados de tal modo, que explicaban con claridad e increíble precisión las palabras de la Sagrada Escritura; de manera que " todos los allí presentes estaban fuera de si, dominados de profundo asombro " (9); y que en poco tiempo, se convirtieron muchos, porque, según san Pedro les dijo, " el Espíritu de Dios se había derramado sobre ellos " (10).
El empleo que vosotros ejercéis os pone en la obligación de mover los corazones; no podréis conseguirlo sino por el Espíritu de Dios. Pedidle que os conceda en este día la misma gracia que otorgó a los santos Apóstoles y que, después de llenaros de su Espíritu para vuestra santificación, os lo comunique también para promover la salvación de los otros.

SOBRE LA DISPOSICIONES PARA RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO. San Juan Bautista de la Salle


Sobre las disposiciones para recibir el Espíritu Santo
MEDITACIÓN PARA LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle

En el evangelio de este día Jesucristo nos señala tres disposiciones para recibir el Espíritu Santo, con las palabras siguientes: Si me amáis, guardad mis mandamientos, y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador para que esté siempre con vosotros (1).
La primera de tales disposiciones es amar a Dios y entregarse del todo a EL Para conseguirlo es necesario desasirse de todo lo criado, y aficionarse sólo a Dios; pues quien vive apegado al mundo y a sus bienes, se inhabilita para recibir el Espíritu de Dios, que sólo se da a quienes halla vacíos de todo lo que no es Dios.
De ahí que el mundo, como dice Jesucristo, no pueda recibir el Espíritu de Dios (2); porque el mundo sólo se aficiona a " la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida " (3).
Desasíos, pues, vosotros de todas las cosas, y no os aficionéis más que a solo Dios, si es que deseáis disponeros a recibir el Espíritu de Dios.
La segunda disposición para recibir el Espíritu Santo es guardar fielmente los mandamientos de Dios, y esmerarse en cumplir en todo su santa voluntad.
Pues, como Jesucristo asegura que " el Espíritu Santo permanecerá siempre en aquellos y con aquellos que le recibieren " (4); y que no puede complacerse sino en quienes procuran hacer siempre lo que Dios desea de ellos y conformarse en todo con su santa voluntad; síguese que nadie puede pretender recibirlo si no se dispone a cumplir en todo la voluntad de Dios.
No hay duda que vosotros habéis dejado el mundo con el fin exclusivo de consagraros totalmente a Dios y de poseer en abundancia su divino Espíritu; mas, si no ejecutáis con exactitud cuanto descubrís ser voluntad de Dios, no soñéis con alcanzarlo: poned aplicación muy esmerada en la observancia puntual de vuestras Reglas.
Nada dispone mejor a recibir el Espíritu Santo que la oración. Por eso asegura Jesucristo que nuestro Padre celestial dará su Espíritu, transido de amor y de bondad por nosotros, a todos cuantos se lo pidan (5).
Y como sabe que la plenitud del divino Espíritu se alcanza difícilmente; deseando comunicársela a sus santos Apóstoles, les asegura que El mismo rogará a su Padre por ellos (6), para que puedan recibirle con profusión.
Si queréis, pues, disponeros en la medida que Dios lo exige de vosotros, para ser henchidos del Espíritu de Dios el día de Pentecostés, día en que gustoso derrama El sus gracias, por haberse en él comunicado a los santos Apóstoles y a todos los que entonces componían la Iglesia; aplicaos atenta y fervorosamente a la oración, a fin de que podáis ser colmados de las gracias de Dios.
Y no ceséis de invocarle todos estos santos días: repetidle a menudo con la Iglesia estas sagradas palabras: " Envía tu espíritu Santo para darnos nueva vida y renovarás la faz de la tierra " (7).

domingo, 24 de noviembre de 2019

LA ABOMINACIÓN DESOLADORA SON EL PECADO Y LA RELAJACIÓN. San Juan Bautista de la Salle

La abominación desoladora en el lugar santo son el pecado y la relajación en las comunidades
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO CUARTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle 
Dice hoy Jesucristo en el evangelio que cuando se establezca la abominación desoladora en el lugar santo, los que moren en Judea huyan a los montes (1).
Nadie puede poner en duda que las comunidades sean lugar santo, y es legitimo asegurar de aquellas en que se sirve fielmente a Dios lo que Jacob dice en el Génesis: que allí el Señor mora verdaderamente, y que son casa de Dios y puerta del cielo (2).
Efectivamente: si se considera su institución y su fin, puede aplicarse a la comunidad lo que se afirma del templo construido por Salomón: Dios ha escogido para Sí esta morada y la ha santificado, a fin de que su Nombre sea bendecido en ella por siempre (3).
En las comunidades se invoca a Dios con frecuencia, y los que en ellas viven, sólo allí permanecen o deben permanecer congregados, para procurar su salvación mediante la santificación de sus almas. Precisamente gracias a eso se convierte la comunidad en puerta del cielo, pues pone en el camino que al cielo conduce y prepara para entrar en él.
Tal es el primer fin que debisteis pretender cuando ingresasteis en la comunidad, y el que en ella debe manteneros. Para eso dejasteis el mundo y os sujetáis ahora a tanta diversidad de ejercicios piadosos. ¡Cuán poco juiciosos os habríais mostrado si hubieseis venido a ella con otro intento; pues, según dice el Real Profeta: Es muy conveniente, y hasta justo, que la santidad se halle en la casa del Señor (4). Como Dios es infinitamente santo, está muy puesto en razón que quienes habitan en ella sean santos y participen de la santidad de Dios.
¿Habéis venido a esta casa como a la casa del Señor? Al ingresar en ella ¿lo hicisteis con el fin de santificaros? Vuestro principal empeño ¿es tomar en ella los medios para llegar a santos? Ponderad a menudo lo que escribe san Euquerio, obispo de Lión: que " la permanencia en alguna morada santa es fuente, o de suprema perfección, o de absoluta condenación ".
Con razón podría aplicarse a algunos que viven en comunidad lo que, al entrar en el Templo, dijo Jesucristo a quienes en él vendían y compraban: Mi casa es casa de oración, mas vosotros la tenéis convertida en cueva de ladrones (5). Porque, habiendo debido venir sólo a ella para dedicarse a la oración y demás ejercicios piadosos, descuidan todas esas acciones santas; permiten a las cosas exteriores y profanas que ocupen su mente; toman el espíritu del mundo; caen pronto en la relajación, y tras ella, muchas veces, si no cambian de conducta, en pecados considerables.
De ellos puede afirmarse que introducen la abominación desoladora en el lugar santo. ¿No son, acaso, abominación el desconcierto y el pecado en casas donde sólo debiera imperar el Espíritu de Dios? Y cuando personas que no debían respirar mas que a Dios ni pensar sino en agradarle por haberse consagrado a su servicio; descuidan éste, o en absoluto renuncian a él por tedio o para dar gusto a sus inclinaciones y aun a sus pasiones desordenadas; ¿qué desolación no introducen entonces en las comunidades, puesto que allí donde Dios falta, es imposible que reinen la unión y la paz?
Los que así proceden son propiamente ladrones, según se expresa el Señor en el evangelio; pues roban el pan que comen y ocupan el lugar de otros que vivirían según el espíritu y las reglas de la comunidad.
Guardaos de incurrir en tal desdicha.
Pese al relajamiento de ciertas comunidades, Dios cuenta siempre en ellas con algunos servidores fieles que conservan el espíritu: se reserva siempre algunos en ellas que no doblan la rodilla delante de Baal, como le dijo a Elías (6). Es decir, que se ponen en guardia contra el espíritu del mundo y observan lo mejor que pueden las reglas y prácticas de su comunidad.
Estos mantienen todavía en ella el temor del Señor, y son causa de que Dios no la destruya como destruyó a Sodoma y Gomorra, que habrían evitado los terribles efectos de su ira si, como aseguró Dios a Abrahán, se hubieran hallado en ella diez justos (7).
A ellos dice Jesucristo en el evangelio de hoy que huyan a los montes; esto es, que se alejen de la compañía de los otros, para no participar de sus desórdenes y para no contaminarse con sus malos ejemplos. Es necesario también que se eleven hasta Dios por la oración.
Pedidle que mantenga siempre su Espíritu Santo en vuestra comunidad, y suplicadle a menudo con David: No nos arrojes, Dios mío, de tu presencia ni retires de nosotros tu Santo Espíritu (8).

EVANGELIO DEL DOMINGO: SABED QUE ÉL ESTÁ CERCA, A LA PUERTA

  ÚLTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo (el que lee que entienda), entonces los que vivan en Judea huyan a los montes, el que esté en la azotea no baje a recoger nada en casa y el que esté en el campo no vuelva a recoger el manto. ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Orad para que la huida no suceda en invierno o en sábado. Porque habrá una gran tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber. Y si no se acortan aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. Y si alguno entonces os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis, porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos. Os he prevenido. Si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “En los aposentos”, no les creáis. Pues como el relámpago aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre. Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres.
Inmediatamente después de la angustia de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán. Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre. Todas las razas del mundo harán duelo y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. Enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta y reunirán a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo al otro del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis todas estas cosas, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Mt 24, 15-35
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines TRATAR DE COMPRENDER
NO PAGUEMOS EL BIEN CON EL MAL. San Cesáreo de Arles
SANTA TERESA DE JESÚS: EL JUCIO FINAL
 Benedicto XVI  TODO PASA, PERO CRISTO NO
“MUÉSTRATE, PUES, AMIGO Y DEFENSOR DE LOS HOMBRES QUE SALVASTE.” Homilía

domingo, 17 de noviembre de 2019

RENUNCIAR AL ESPÍRITU DEL MUNDO. San Juan Bautista de la Salle


RENUNCIAR AL ESPÍRITU DEL MUNDO
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO TERCERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉ 
San Juan Bautista de la Salle   
Llegado Jesús a la casa de un príncipe de la sinagoga con el fin de resucitar a la hija de éste, mandó salir fuera al tropel de gente que allí se encontraba, y dijo: La niña no está muerta sino dormida (1).
Puede afirmarse también de muchos que han dejado el mundo para vivir en comunidad, que no están muertos, sino sólo dormidos; porque, si efectivamente dejaron el siglo, no han renunciado de todo punto a él, como lo manifiestan a las claras con su conducta.
En primer lugar, no están muertos sus sentidos. Es muy cierto que algunos se muestran recatados delante de sus superiores y, otros, en presencia de sus hermanos cuando están en casa o durante los ejercicios de piedad; pero, si salen a la calle, han de enterarse de cuanto en ella ocurre.
Los hay que parecen más comedidos; pero ¿sucede algo fuera de lo corriente?, luego levantan la vista para mirarlo; o bien, cuando van de viaje, se apartan del camino, si a mano viene, para satisfacer la curiosidad y ver lo interesante que puedan hallar a su paso, como iglesias y edificios hermosos, o amenos jardines.
Otros parecen muy mortificados en la mesa: toman indistintamente cuanto se les coloca delante, sin quejar se de nada; pero, si han de ponerse en camino, se las arreglan para comer lo mejor que encuentran y, si caen enfermos, cuesta lo suyo complacerlos.
Los sentidos de todos éstos no han muerto; están sólo adormecidos; por eso se despiertan con suma facilidad. No imitéis a los israelitas quienes, salidos de Egipto por señalado favor de Dios, se olvidaron pronto de los males que allí pasaron, y echaban de menos las cebollas que comían en aquel país.
Sus pasiones tampoco están muertas. Algunos soportan cuanto les dicen en las calles para humillarlos; pero se disgustan si en casa los reprenden o avisan sus faltas, o se los humilla en alguna ocasión. Otros se niegan a tolerar cosa alguna, tanto dentro como fuera de casa: refunfuñan, vuelven la cabeza o hacen otros gestos que dan a conocer su disgusto, y aun amenazan.
Otros soportan lo que les venga de sus superiores, y cumplen puntual y exteriormente las penitencias que les imponen; pero, si alguno de sus hermanos les dice una palabra áspera o les molesta lo más mínimo, inmediatamente los veréis incomodados. En el ejercicio de su empleo, algunas veces se enojan con los escolares y los golpean con la mano, lo que acarrea muchas veces malas consecuencias difíciles de remediar.
Las pasiones de todas esas personas no han muerto; duermen tan sólo por algún tiempo, después del cual se despiertan, en unos con mucho vigor; en otros, con alguna mayor moderación; en éstos, más a menudo; en aquéllos, más rara vez.
Vosotros, con todo, no debisteis dejar el mundo sino para dar muerte completa a las pasiones; sin lo cual nunca tendréis verdadera virtud. Aplicaos a ello decididamente y con todo el empeño de que sois capaces.
Muchos, aunque han dejado el mundo, no han muerto absolutamente a cuanto hay en él; ya que, para estar de todo en todo muertos al siglo, nada en él ha de parecer bello ni bueno. A pesar de eso, los hay que se hallan muy a gusto en compañía de los mundanos, y cuando no pueden andar entre ellos, suplen su falta, o platicando del mundo, o solicitando gustosos noticias de él, u ocupándose de sus cosas.
Otros se complacen en usar o, al menos, ambicionan tener ciertos vestidos, ropas, telas, sombreros, medias, zapatos, etc. que se parecen a los llevados por los seglares y, si no pueden hacerse con ellos, adoptan un no sé qué en la manera de vestir o en sus modales, que deja transparentar los aires mundanos.
Otros leen con frecuencia libros buenos; mas leerían de buena gana los que tratasen, no de cosas prohibidas, pero si curiosas. Hasta podría acontecer que, no obstante tenerlo prohibido los superiores, hubiese algunos tan descomedidos que leyeran periódicos, usaran tabaco y aun se lo proporcionaran por medios ilícitos.
Nada de esto conviene de ningún modo a personas que se consagraron a Dios renunciando a todo comercio con el mundo y eligieron un estado que les compromete a llevar vida observante en el seno de su comunidad.
Y aun cuando estas personas se apliquen a los ejercicios piadosos que en la comunidad se practican, y al desempeño de sus funciones; puede afirmarse con razón, dado su modo de vivir, que no han muerto al mundo, sino que sólo están como adormilados en relación con la vida mundana.
Eso no obstante, sólo para morir y para renunciar a cuanto los mundanos practican, se abraza la vida de comunidad. Pensadlo bien y, en lo sucesivo, no viváis en ella sino con esa persuasión y con ese propósito (*).

EVANGELIO DEL DOMINGO: ANIMO HIJA TU FE TE HA CURADO

XXIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, se acercó un personaje que se postró ante y le dijo; Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá. Jesús se levantó y lo acompañaba con sus discípulos. Entonces una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto. Porque se decía: Con sólo tocar su manto, me curaré. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado. Y desde aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y cuando vio a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo; ¡Fuera! La niña no está muerta, sino dormida. Y se reían de Él. Cuando echaron a la gente, entró Él, tomó la niña de la mano, y ella se levantó. Y se divulgó la noticia por toda aquella región.
Mt 9, 18-26
COMENTARIO AL EVANGELIO
 EL OCTAVO MILAGRO. San Jerónimo
TOCAR A CRISTO, REMEDIO DE LAS PASIONES. San Ambrosio
QUE VUESTROS HIJOS NO PIERDAN EL FRUTO DEL BAUTISMO. San Juan María Vianney
JESÚS VINO A SANAR EL CORAZÓN DEL HOMBRE
EL TRANSFORMARÁ NUESTRA CONDICIÓN HUMILDE. Homilía
¿QUIENES SON LA HIJA DE JAIRO Y LA HEMORROISA? Reflexión

domingo, 10 de noviembre de 2019

NO OBRAR POR RESPETO HUMANO. San Juan Bautista de la Salle


 NO OBRAR POR RESPETO HUMANO 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO SEGUNDO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle
 Los fariseos y los herodianos, según refiere el evangelio de hoy, al acercarse a Jesucristo le alabaron porque enseñaba el camino de Dios con verdad, sin dársele nada de nadie, y sin consideración a la calidad de las personas (1).
Los que viven en comunidad son quienes han de seguir particularmente este proceder del Señor. Pues, habiendo renunciado al mundo, deben obrar siempre con la mira puesta en Dios, sin hacer caso de cuanto puedan decir los demás.
En primer término, deben imitar esa conducta de Jesucristo los superiores. Como son los únicos con quienes se relacionan tanto los de dentro como los de fuera, son también los más expuestos a la censura ajena en su modo de proceder.
Los que, dentro de casa, viven ansiosos de libertad juzgan, a veces, que el superior es harto puntual y exigente. Si es cuerdo y grave, dirán que es serio en demasía; si tiene exterior afable y atrayente, que es expansivo y acomodaticio en exceso; si reprende a menudo y no tolera nada, que es demasiado brusco; si disimula ciertas faltas en algunos, que permite la total relajación: si procede bien a juicio de unos, obrará mal según otros; de forma que ninguna de sus acciones se verá libre de reproche.
Lo único que el superior debe hacer a este respecto es no inquietarse por lo que digan de él; aunque ha de velar sobre si para no hacer cosa alguna que pueda dar mal ejemplo o esté en oposición a los deberes de su ministerio, y para no tener afición particular con ninguno, y poder presentarse como modelo de todos por la pie dad y la observancia.
Los inferiores deben, a su vez, obrar igual mente sin respetos humanos, por ser ésa una de las cosas que en mayor grado vician las acciones de los hombres. Dios los ha creado exclusivamente para El; no quiere, por tanto, que los mueva a obrar la consideración de criatura alguna. De modo que toda acción ejecutada por un fin creado, la considera Dios como injuriosa para Él, y de ninguna forma tendrá en cuenta el bien aparente que de ella pudiera seguirse
Si ocurriere, pues, que alguno de los hermanos faltase a la regularidad, no le imitéis por respeto humano: la ley y la voluntad de Dios han de servirnos de regla; no el ejemplo de los otros ni la estimación natural y humana que ellos nos merezcan. Si obráis con el fin de agradar a los hombres, no recibiréis otra recompensa por ello sino la bien ruin, efímera y pasajera que podrán daros los hombres.
Sobre todo, nada obréis ni omitáis por complacer a los mundanos, pues de ellos habla el Apóstol cuando afirma: Si pretendiera agradar a los hombres, no seria siervo de Jesucristo (2). A su vez, dice Jesucristo: Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, por eso el mundo os aborrece (3).
Puesto que es necesario, según Jesucristo y según san Pablo, despreocuparse de agradar a los mundanos, y aun de ser aborrecido por ellos; nada debéis hacer con la intención de complacerles; máxime que los procederes e intenciones de la gente del mundo son diametral mente opuestos a los que vosotros debéis adoptar. Cuando, pues, os asalten pensamientos de respeto humano, traed a la memoria estas palabras de san Pablo: Si pretendiera agradar a los hombres, no sería yo siervo de Jesucristo.
Ni basta abstenerse de obrar con el fin de agradar a los hombres. Es necesario que " se proceda en todo con la única mira de tener contento a Dios y serle grato " (4), como dice el Apóstol - " haciendo todas las cosas de manera digna de Dios " (5); y que, con este fin, " caminéis por los senderos de Dios, de modo que, según enseña en otra parte san Pablo, los sigáis de continuo y progreséis en ellos de día en día "; porque, añade, la voluntad de Dios es que seáis santos y puros (6); esto es, que vuestras obras sean sin mancha, por no proponeros otro fin en ellas que a Dios.
Este será el auténtico y más seguro medio de andar por las veredas de Dios y de adelantar en ellas de continuo. Porque, así como en la otra vida ha de ser Dios el fin y término de todas vuestras acciones, así debe serlo ya también en la presente. Sobre todo en vuestro estado, que exige de vuestra parte mucha perfección; pues, como dice el Apóstol: No os llamó Dios a la impureza; o sea, a realizar obras indignas de vuestro estado, a causa de estar contaminadas y corrompidas por el mal fin que les imprimáis al hacerlas; sino que os llamó Dios para ser santos " (7).
Quien no se esmera, pues, por obrar con la mira puesta en Dios, no menosprecia a algún hombre, sino a Dios mismo.

EVANGELIO DEL DOMINGO: DAD PUES AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS.

XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo: Fueron los fariseos y se confabularon para sorprender a Jesús en lo que hablase. Para lo cual le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz y que ense­ñas el camino de Dios según, la verdad, y sin consideración a quienquiera que sea, porque no miras a la calidad de las personas. Dinos, pues, ¿qué te parece, es lícito pagar tributo al César, o no? Mas Jesús, conociendo su perversidad, repuso: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos te ofrecieron un denario. Les dijo entonces Jesús: ¿De quién es esta figura e inscripción? Y al responderle ellos: Del César, dijo entonces Jesús: Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Mc 22,15-21

COMENTARIOS AL EVANGELIO

 Homilía de maitines DEBEMOS DAR A DIOS TAMBIÉN LOS QUE LE PERTENECE. San Hilario

NADA MÁS JUSTO NI MÁS RAZONABLE. San Juan María Vianney
EL HOMBRE DESCONOCE SU VALOR. Santo Tomás de Villanueva
DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS. Homilía

domingo, 3 de noviembre de 2019

SOPORTAR CON PACIENCIA LOS DEFECTOS DEL PRÓJIMO. San Juan Bautista de la Salle



De la obligación que tienen los que viven en comunidad de soportar las faltas de sus hermanos. 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO PRIMERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle
Cierto señor perdonó una deuda de diez mil talentos a uno de sus criados, que le rogó esperase un poco para pagársela; mas luego, quedó muy sorprendido al saber que este mismo servidor había encarcelado a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, a pesar de haberle éste pedido con insistencia que le diese tan sólo tiempo para pagarle. ¡Criado inicuo!, le dijo entonces su señor, ¿no era justo que tuvieses compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? (1).
Dios os ha perdonado una deuda muy crecida, y espera en justa retribución que perdonéis vosotros aquello poquito de que, tal vez, los hermanos pudieran seros deudores.
No es posible que vivan juntas varias personas sin que hayan de soportarse entre sí. El uno será de temperamento atrabiliario, el otro de humor tornadizo; éste tendrá modales poco delicados; aquél, genio difícil, y el de más allá, excesiva condescendencia; quién manifestará con excesiva facilidad lo que piensa; aquél se mostrará en extremo reservado y cauteloso; éste será fácil a la critica
Raro será que tales diferencias de condición, e índoles tan distintas no acarreen dificultades entre los hermanos; de modo que, si la gracia no acude con su ayuda, resulta casi imposible que se avengan unos con otros, y que la caridad no sufra gravísimo detrimento.
El medio de mantener la unión en el seno de la comunidad, no obstante esa diversidad de humores, es soportar caritativamente a cada uno sus faltas, y estar dispuesto a excusar a los otros como queremos que ellos nos disculpen. A eso necesariamente se obligan los que se deciden a vivir en comunidad.
Recapacitad bien sobre ello en el día de hoy, y en todo el resto de vuestra vida.
La caridad que se nos exige supone en nosotros paciencia a toda prueba. Todos tienen sus defectos, que los acompañan por doquier. Sólo, pues, disimulándoselos mutuamente pueden subsistir la paz y la unión en las sociedades mejor concertadas. Por eso dice san Pablo que " la caridad lo soporta todo " (2); y para convencernos de que no se engaña al decirlo ni lo afirma a la ligera, lo reitera por dos veces.
Dirá alguno: yo aguantaría gustoso esto de mi hermano, mas aquello no puedo resolverme a sufrirlo; o acaso: mi natural es demasiado opuesto al suyo. Por el hecho de no querer tolerar esto o aquello en vuestro hermano, renunciáis a amarle y vivir en unión con él; ya que la caridad todo lo soporta.
¡Pensadlo bien! Si pretendéis haber venido a la comunidad sin veros en la precisión de tolerar las faltas de vuestros hermanos, vivís engañados y os engañasteis al ingresar en ella. Tomad medidas a este respecto para lo venidero y durante toda vuestra vida.
Lo que os debe mover también a sobrellevar las faltas de los hermanos, es la obligación que de hacerlo os ha impuesto Dios. Cuando os llamó el Señor a la vida de comunidad cargó sobre vosotros un fardo difícil de llevar. ¿Qué fardo es ése? Son las faltas de los demás. Por pesada que resulte, san Pablo quiere que llevemos esa carga, si queremos cumplir la ley de Jesucristo (3).
¿Habéis oído bien esa lección? ¿La comprendéis bien? ¡Pues a practicarla!
Dios mismo os da ejemplo: Él os ha aguantado tantas cosas en lo pasado, y todavía os tolera muchas otras todos los días. Le habéis ofendido con muchas culpas, a pesar de serle deudores de tantas gracias; con todo, si acudís a Él, " os lo remitirá todo; aunque sólo a condición, dice, de que perdonéis también a vuestros hermanos ", y que no guardéis resentimiento alguno por todas las molestias que os hayan inferido o puedan causaros en adelante (4). Esto os asegura en el evangelio del presente día, y constituye tanto su preludio como su conclusión.
Si, pues, no queréis tolerar nada en los hermanos, Dios no tolerará nada en vosotros, y os castigará de manera terrible por las ofensas cometidas contra Él. Si por el contrario lo sobrelleváis todo en vuestros hermanos, Dios os perdonará cuanto le hayáis ofendido. Os medirá, según dice en otra parte, con la misma medida con que vosotros midiereis a los demás (5).

EVANGELIO DEL DOMINGO: PARÁBOLA DEL DEUDOR INJUSTO

EVANGELIO DEL DOMINGO
XXI DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Mt 18, 23-35
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines. ¡TERRIBLE SENTENCIA! San Jerónimo
TODO SE NOS CONVIERTE EN MOTIVO DE PREMIO. San Juan Crisóstomo
Benedicto XVI LA OFENSA SOLO SE PUEDE SUPERAR CON EL PERDÓN

sábado, 2 de noviembre de 2019

EVANGELIO DEL DÍA: LOS MUERTOS OIRÁN LA VOZ DEL HIJO DE DIOS


2 de noviembre
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
 En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “En verdad, en verdad os aseguro que llega la hora, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No os asombréis: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio”.
Jn 5, 25-29.-

 
COMENTARIOS AL EVANGELIO
EL SEPELIO Y LAS ORACIONES COMO TESTIMONIO DE FE
LA RESURRECCIÓN DE LOS CUERPOS. San Agustín
CUANTO MÁS DIFERÍS DEJAR EL PECADO, EN MAYOR IMPOSIBILIDAD OS PONÉIS DE SALIR DE ÉL. San Juan María Vianney
EL BIEN Y EL MAL QUE CADA UNO REALIZA TAMBIÉN AFECTA SIEMPRE A LOS DEMÁS. Benedicto XVI

ROGAR POR LOS DIFUNTOS. San Juan Bautista de la Salle


2 de noviembre
MEDITACIÓN PARA LA CONMEMORACIÓN DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO 
 San Juan Bautista de la Salle 
 
Pensamiento santo y saludable es rogar por los difuntos para que sean absueltos de sus pecados (1): eso dice Judas en el libro segundo de los Macabeos, capítulo doce. Y es, de hecho, una de las mejores y más santas instrucciones que podamos recibir, porque nos impele a poner en práctica aquello que de más provecho puede resultar para las almas del purgatorio; las cuales, no pudiendo valerse a sí mismas, ni proporcionarse el alivio que necesitan para verse libres de sus penas; requieren para ello la ayuda de las oraciones y obras buenas de quienes son aún viadores.
¡Qué situación tan dura para estas almas hallarse de tenidas entre llamas devoradoras, por no haber satisfecho en vida la pena que merecieron algunos pecados de poca importancia, o por no haber expiado plenamente los que les hicieron perder la gracia santificante!
Esa es la razón de que estas ánimas santas, aun acatando en su penosa situación el divino beneplácito, imploren insistentemente las oraciones de los vivos, que pueden obtenerles, muchas veces con facilidad, lo que a ellas les resulta imposible, pues no está Dios dispuesto a aceptar nada de cuanto bueno hicieren en expiación de sus pecados, ya que les concedió tiempo suficiente en vida para satisfacer por ellos.
Apiadaos de la situación en que se hallan las benditas ánimas; las cuales, aunque sin inquietud, suspiran por su rescate, a fin de poder gozar lo antes posible de Dios: esto esperan de su infinita bondad con firme y segura confianza, tan pronto como tengan la suerte de ser liberadas de sus penas.
Tenemos cierta como obligación de rogar a menudo a Dios por las benditas almas que padecen en el purgatorio.
En primer lugar, porque Dios, que las ha entregado a los rigores de su divina justicia, durante el tiempo que le pluguiere, según la gravedad de las culpas y el escaso interés que durante la vida manifestaron en hacer penitencia; no les ha dejado, después de la muerte, otro refrigerio que los sufragios de los fieles aún viadores. Estos, con sus oraciones, ayunos, penitencias, limosnas, el santo sacrificio de la misa, o cualquiera otra satisfacción, pueden acudir en su socorro.
En segundo lugar, porque estamos unidos exteriormente a las almas del purgatorio como miembros, unos y otros, de la Iglesia y de Jesucristo; e [interiormente] en virtud de la gracia santificante, que asimismo nos es común en Jesucristo: doble lazo de unión que debe inspirarnos sentimientos de lástima hacia esas almas dolientes.
Pero lo que mejor nos descubre la obligación en que estamos de tomar parte en los dolores de estos justos afligidos, y lo que más ha de animarnos a socorrerlos por todos los medios que tenemos a mano, es que la Iglesia nuestra madre común, no perdona recurso alguno para inspirarnos ese celo en favor de sus hijos pacientes, por los que se muestra llena de ternura.
Debemos, por tanto, unirnos a la Iglesia, como miembros suyos que somos, para presentar a Dios nuestras preces y el sacrificio de la santa misa; a fin de que, aunados así con ella y con todos los fieles, que son sus miembros y forman un solo cuerpo, consigamos fácilmente de Dios, en virtud de unión tan estrecha y por la abundancia de tantas oraciones y sufragios, la pronta libertad de unas almas que tanto padecen. Ellas, por su parte, una vez en el cielo, podrán alcanzarnos muchas gracias con su intercesión, de modo que también nos otros consigamos su felicidad.
Penetraos, pues, del espíritu que anima a la Iglesia en este día, y uníos a todas las plegarias y sacrificios que ofrecerá ella al Señor por el socorro de las almas del purgatorio. Implorad en su favor la divina misericordia, con todo el fervor e insistencia que os fuere posible; así podréis honraros de ser miembros dignos de la Iglesia y cooperadores de Jesucristo (2) en la redención de esas almas cautivas.

viernes, 1 de noviembre de 2019

LA FELICIDAD DE LOS SANTOS. San Juan Bautista de la Salle



MEDITACIÓN PARA LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
San Juan Bautista de la Salle
1 de noviembre

La felicidad de los Santos es cosa tan excelente y tan por encima de las ideas humanas, que san Pablo, al hablar de ella dice: Ni ojo alguno vio, ni oído oyó ni pasó al hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para aquellos que le aman. Es, dice, la sabiduría recóndita de Dios, la cual preparó antes de los siglos para gloria nuestra (1).
Efectivamente, la sabiduría eterna, que está en sí misma llena de gloria y de majestad, y que constituye todo el esplendor y felicidad de los santos, permanece oculta para nosotros en esta vida, y solo mediante la fe podemos conocerla. Únicamente en la Gloria nos será dable contemplar a Dios sin velo y a cara descubierta:
Sabemos, sí, dice san Juan, que cuando se manifieste claramente Jesucristo, seremos semejantes a El en la gloria, porque le veremos como El es (2). ¡Qué ventura para los Santos ser semejantes a Dios por la participación de su naturaleza y de sus divinas perfecciones! (3).
Allí está verdaderamente Dios en sus Santos por cierta sagrada comunicación de lo grande que hay en Él. Y los Santos están en Dios, porque el ser de ellos se halla totalmente penetrado de Dios, en forma que no pueden pensar sino en Él ni amar más que a Él.
Rendid, pues, en este día tributo de honor a los Santos; pero sea en Dios, porque en El es donde los hallaréis a todos. Admirad cuán sin medida es la felicidad que gozan en el cielo y cuán deslumbrante es la gloria que reciben. Y pedidles que os obtengan de Dios la gracia de entrar a la parte con ellos en su posesión, después de la muerte.
Por mucha que sea vuestra esperanza de participar en la gloria de los Santos, quedaría sin efecto alguno, si no trabajaseis por llegar a ser santos, utilizando los medios a que ellos acudieron para conseguirlo.
Ellos, dice san Pablo, sostuvieron recios combates en las diferentes aflicciones que padecieron: sirvieron, explica, de espectáculo al mundo por las injurias y malos tratamientos llevaron con alegría el ser despojados de sus bienes, considerando que tenían un patrimonio más excelente y duradero (4).
En otra parte añade: Sufrieron asimismo escarnios y azotes, además de cadenas y cárceles. Fueron unos apedreados, otros aserrados o muertos a filo de espada; otros anduvieron errantes de acá para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra; desamparados, angustiados, maltratados; otros, al fin, de los cuales el mundo no era digno, yendo perdidos por las soledades, por los montes, y recogiéndose en las cuevas y en los antros de la tierra (5).
Ninguno de estos Santos, aun atormentados de diversas maneras, quiso redimir la vida presente, para asegurar así otra mejor en la resurrección (6).
Todo lo que precede es de san Pablo, el cual, valiéndose de expresiones admirables, describe los distintos medios de que los Santos se sirvieron para conseguir la gloria que poseen. Y continúa: Ya que estamos rodeados de tan grande nube de testigos, descarguémonos de todo el peso que nos tiene ligados y nos impide elevar nos al cielo. Corramos mediante la paciencia por la senda que se nos propone (7), la sola que nos conduce a la felicidad de los Santos; pues, como termina el mismo Apóstol, únicamente las aflicciones nos producen el peso eterno de gloria que nos está destinado en la otra vida (8).
Suspirad, pues, a diario por los padecimientos, como hicieron muchos Santos, esperando y anhelando ser revestidos un día, como ellos, de la inmortalidad en la gloria.
Lo que animó a los Santos a padecer hasta tales extremos por gozar más tarde la bienaventurada eternidad, fue el ejemplo del Salvador. Como dice san Pablo: Estaban persuadidos de que habían de llevar siempre en su cuerpo la mortificación de Jesucristo, a fin de que la vida de Jesús se manifestase también en sus cuerpos mortales (9); y de que resucitará también a sus elegidos quien resucitó a Jesús, y hará que estén todos en su presencia (10).
Fundados en esa misma confianza, dice asimismo el Apóstol, que preferían ser separados del cuerpo para gozar de la vista del Señor (11). Por eso, toda su ambición era serle agradables, pues estaban convencidos de que así como aquellos que Dios tiene predestinados deben ser conformes a la imagen de su Hijo, y tomarle por modelo de su vida (12); así todos también comparecerán ante el tribunal de Jesucristo para que cada uno reciba el galardón debido a las buenas o malas obras que haya hecho, mientras ha estado revestido de su cuerpo (13).
Ved por qué los Santos, mientras moraban en su cuerpo mortal como en tienda de campaña, gemían agobia dos debajo de su pesantez, pues querían que la vida absorbiese lo que había de mortalidad en ellos (14).
Tomad, pues, a Jesucristo por modelo, y suspirad, como hicieron los Santos, por la felicidad de que al presente gozan en el cielo, no poniendo, como enseña san Pablo, vuestra mira en las cosas visibles, sino en las invisibles, porque las que se ven son transitorias, mas las que no se ven son eternas (15).

EVANGELIO DEL DÍA: BIENAVENTURADOS


1 de noviembre
 Solemnidad de Todos los Santos
Forma Extraordinaria del Rito Romano 
En aquel tiempo: Viendo Jesús a las turbas, subióse a un monte y como se hubo sentado, se le acercaron sus discípulos. Abriendo entonces su boca, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los manos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os ultrajen y os persgan y digan todo mal contra vosotros por mi causa. Gozaos entonces y alborozaos, porque es grande vuestra recompensa en los cielos. 
Mateo 5, 1-12

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines POR MEDIO DE SU HIJO DIO PRECEPTOS MAYORES San Agustín
HAY QUE CONSIDERAR CON MUCHA DILIGENCIA ESTE NÚMERO DE LAS SENTENCIAS. San Agustín
LOS QUE GUARDAN LOS MANDAMIENTOS DE DIOS, ESTÁN MÁS PRÓXIMOS AL VERBO Y SON LLAMADOS PARA QUE SE APROXIMEN TODAVÍA MÁS. Orígenes
LA PUREZA: SIN ELLA NADIE VERÁ A DIOS. San Juan María Vianney
EN LOS SANTOS VEMOS LA VICTORIA DEL AMOR benedicto XVI
LOS SANTOS Y LA INTERPRETACIÓN DE LA ESCRITURA Reflexión diaria acerca de la Palabra de Dios.

domingo, 27 de octubre de 2019

EVANGELIO DEL DOMINGO: TU LO DICES; SOY REY.

EVANGELIO DEL DOMINGO
ULTIMO DOMINGO DE OCTUBRE
SOLEMNIDAD DE CRISTO REY
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo, entrando otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».  Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».  Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
Jn 18, 33-37
 
 COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines SE HIZO REY PARA CONDUCIRNOS A SU REINO
JESUCRISTO REY DE LA CREACION ENTERA. Beato Columba Marmión
LA CRUZ: TRONO DE LA REALEZA DE JESÚS Benedicto XVI
CRISTO ES REY PORQUE RIGE LAS ALMAS. San Agustín
EL MISMO QUE ES LLAMADO REY DE LOS JUDÍOS EN LA TIERRA, ES EL SEÑOR DE LOS ÁNGELES EN EL CIELO. San Agustín
PENSAMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS: LA HERENCIA DE CRISTO REY
TU REINO NO ESTÁ LEJOS. Oración del Padre Pío a Cristo Rey
¡LA HUMILDAD DE TODO UN DIOS! San Juan María Vianney
SÍ. SOY REY. Homilía de la fiesta de Cristo Rey
TRABAJEMOS POR EL REINADO DE CRISTO. Homilía en la Solemnidad de Cristo Rey
MIRA QUE VIENE TU REY. Exhortación en el Domingo de Ramos

ROSARIO EN HONOR A CRISTO REY -triptico-