DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HOMBRE HIDRÓPICO
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
XVI domingo después de pentecostés.
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HOMBRE HIDRÓPICO
(Lucas 14)
Trata el sagrado Evangelio cómo, siendo Cristo convidado por un fariseo, sanó a un hidrópico que se le puso delante; y cómo, con buenas razones, confundió sus calumnias. Últimamente exhortó a la humildad, persuadiendo a todos a que tomasen el último lugar en los convites, para ser levantados al primero con honra, y no abatidos del más alto al más bajo con deshonra; porque todos los que se ensalzaren serán humillados, y los que se humillaren serán ensalzados.
PUNTO PRIMERO. Considera la suma bondad de Cristo nuestro Redentor, a quien los fariseos convidaban para ver si podían cogerle en alguna palabra o acción menos ajustada; y Él iba a sus convites con ánimo de ganar sus almas y repartirles el pan del cielo, como lo hizo en este convite.
Alaba y engrandece su bondad, y mira con la paciencia y sufrimiento con que venció la perfidia de los fariseos. Aprende a ser manso y humilde de corazón, para vencer con sufrimiento las calumnias y persecuciones de tus enemigos.
Pídele que te dé su gracia para ejecutar y cumplir lo que te enseña.
PUNTO II. Considera cuán atentos estaban los fariseos, observando las palabras y obras del Salvador con ánimo de calumniarle; y avergüénzate de ver cuán descuidado eres tú en mirarlas y contemplarlas para tu salvación.
Levanta los ojos al cielo y mira con la atención con que los ángeles le contemplan para alabarle, bendecirle y darle gracias por todas sus obras y palabras; y aprende a contemplarlas con suma atención y reverencia, para bendecirle e imitarle.
Mira la modestia y gravedad de sus acciones, y la moderación de sus palabras, y cómo no sale alguna de su boca que no sea debida.
Mira y considera su templanza en la comida y la bebida, y cómo, recibiendo el pan de la tierra, les reparte el del cielo.
Pídele que te dé alguna parte con que seas participante de su convite para el bien de tu alma.
PUNTO III. Considera cómo se puso el pobre hidrópico en su presencia, mostrándole su enfermedad y pidiéndole, y hallando remedio para su dolencia.
¡Oh pecador!, aprende a buscar al Médico de tu alma, y a presentarte en su acatamiento, y descubrirle tus llagas, y a pedirle con humildad y silencio que te dé salud.
Confía en su piedad, que la tendrá de ti y te la dará.
Mira que, si no la has alcanzado hasta ahora, es porque no le has buscado ni manifestado las llagas de tu conciencia.
Búscale como este hidrópico, y te sanará como a él.
PUNTO IV. Contempla la piedad con que Cristo extendió la mano y tomó la del hidrópico, y al punto le dio salud.
Saca dos cosas de esta meditación.
La primera, extender la mano a los pobres enfermos con piedad y misericordia, y compadecerte de ellos, haciéndoles limosna y curando sus enfermedades, como Cristo extendió la suya y sanó a este enfermo.
La segunda, pedir al Señor con humildad que extienda su mano y te cure de todas las dolencias de tu alma, y dé remedio a todas tus enfermedades, y que te tenga de su mano para que no vuelvas a caer en ellas en adelante.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.