jueves, 10 de septiembre de 2026

CUARTO DOLOR. EL ENCUENTRO CON SU HIJO EN LA CALLE DE LA AMARGURA. SEPTENARIO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

 


CUARTO DOLOR

EL ENCUENTRO CON SU HIJO

EN LA CALLE DE LA AMARGURA

 

SEPTENARIO

A LA VIRGEN

DE LOS DOLORES

P.  Francesco María Pecoroni

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

CUARTO DOLOR

EL ENCUENTRO CON SU HIJO

EN LA CALLE DE LA AMARGURA

 

«Jesús cargando su propia cruz, seguido por una multitud, entre ellos muchas mujeres que lloraban y se lamentaban» (Luc. 23, 26-27).

 

Considera cómo es dada contra Jesús la fatal sentencia de muerte, y cómo carga la pesadísima cruz, de quince pies de largo y ocho de ancho, sobre sus hombros, con su espalda delicadísima desgarrada por los latigazos.

Al encaminarse a la dolorosa procesión hacia el Calvario, advertida por San Juan, la Santísima Virgen se apresura a encontrarse con Él y despedirse de Él.

Pero, ¡oh, llegada fatal!, ¡oh, encuentro doloroso! ¿Y quién podrá imaginarse, ni siquiera expresarlo con palabras, el dolor y el espasmo de esta madre tan amorosa en el primer encuentro con su Hijo Jesús?

Si, según escribe Gregorio de Nicomedia, incluso antes de verlo, con la triste noticia que le dio Juan, su corazón se estremeció con inmenso dolor, ¿cómo estará ahora que lo ha visto y lo ve coronado de espinas que se hunden en sus sienes, cubierto de llagas que lo han deformado, atado con cuerdas, manchado de saliva y todo cubierto de sangre?

Ah, este es un dolor tan amargo que, traspasando todo límite, otro nombre no merece sino el de espasmo. Y por esta razón, en el mismo lugar donde sucedió este encuentro fue construido un templo bajo el título de Santa María del Espasmo, según nos cuenta Cayetano (en el opúsculo, tomo 2, «Trac. De Spas. B.M.».)

Aunque, en realidad, no sufrió espasmos ni desmayos, porque la sostuvo la gracia divina para soportar con heroica fortaleza los dolores y penas que tuvo que sentir por la pasión y muerte de su divino Hijo.

¡Pero qué visión tan compasiva! ¡Qué espectáculo doloroso! ¡Pobre Madre, pobre Hijo!

Les gustaría abrazarse, pero, debido a su debilidad, Él apenas puede sostenerse en pie; les gustaría al menos una última despedida con un beso, pero se detienen en silencio por la vehemencia del dolor. Se miran y se vuelven a mirar. ¡Pero qué visión tan dolorosa, qué tormento tan despiadado!

Cae casi exánime bajo la cruz el Hijo; la Madre se abandona atónita: «El sol y la luna se estremecieron».

¿Y tú, corazón mío, qué haces? Si ante este espectáculo no te conmueves, debes ser casi de bronce. Entrañas mías, si ante esta consideración no se quiebran, entonces son más duras que una roca.

¿Permitiré que mi Jesús desfallezca debajo de la cruz sin moverme a ayudarlo? ¿Puedo ver a mi querida Madre María permanecer oprimida por el dolor sin siquiera compadecerme?

Ah, no. Ven, Madre mía, y rompe, rompe la dureza tan fuerte de mi corazón; haz que deteste la enormidad de mis culpas. Quiero ser partícipe de los dolores y de la cruz de tu Hijo, y con mi compasión quiero aligerar tu inmenso dolor.

 

Tu Hijo tan sufrido,

por mi culpa ha padecido,

conmigo sus penas divido.

 

GRACIA QUE DEBE PEDIRSE

María Santísima, por el mérito de aquellas amargas lágrimas con las cuales acompañaste al Calvario a tu Hijo, concédeme la gracia, te suplico, de poder llevar con paciencia aquella cruz con la cual el Señor se complacerá en visitarme.

 

FRUTO A RECOGERSE

EN ESTE CUARTO DOLOR

I. Observa el sufrimiento de Jesús al cargar la pesadísima Cruz, sin quejarse, aunque tal vez esté débil, cansado y herido, y entonces avergüénzate de tu cobardía e impaciencia al soportar cualquier ligera tribulación.

II. Por compasión a la Madre, los verdugos, al verla tan afligida, cargaron la Cruz de Jesús sobre los hombros de Simón Cireneo, como escribe San Buenaventura. Y tú, al menos para no aumentar con nuevos dolores los de María, ¿no dejarás de cargar con nuevos pecados la Cruz de Jesús, haciéndola cada vez más pesada?

III. Entre los muchos que seguían a Jesús, la Santísima Virgen y algunos otros lo siguieron para compadecerse de Él y para ayudarlo. Ahora fíjate un poco a qué grupo perteneces cuando vas detrás de Jesús en las iglesias, en fiestas, en procesiones y en otros ejercicios de piedad.

 

***

Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1.    “Yo concederé la paz a sus familias.”

2.    “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”

3.    “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»

4.    “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”

5.    “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”

6.    “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.

7.    “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

***

Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.

 7 Avemarías

Bendita y alabada sea la pasión y muerte

de nuestro Señor Jesucristo,

y los Dolores de su Santísima Madre

al pie de la cruz.

 

ORACIÓN

Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.

 

Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.

 

TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html

 

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.