Jueves de la XIV semana después de Pentecostés.
DE LA PROVIDENCIA QUE DIOS TIENE DE LOS QUE CONFÍAN EN SU BONDAD.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Jueves de la XIV semana después de Pentecostés.
DE LA PROVIDENCIA QUE DIOS TIENE DE LOS QUE CONFÍAN EN SU BONDAD.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que Cristo dijo: que no seamos solícitos del vestido, ni de la comida, ni de las cosas temporales, por cuanto nuestro Padre celestial sabe nuestras necesidades y cuida de prevenirlas para que nada nos falte.
Adonde has de ponderar que le llama Padre nuestro, porque ninguno hay tan amoroso para con sus hijos, ni tan solícito y cuidadoso de lo que necesitan, ni tan prevenido en proveerlos para que no les falte nada, como lo es Dios para con los suyos; porque los ama más que ellos se pueden amar a sí mismos, y cuida de todas sus cosas con mayor solicitud que ellos la pueden tener de sus cosas; y así solo les pide que cuiden de servirle, y él cuidará de sustentarlos.
¡Oh divino Señor! ¡Padre amoroso! Bendito seáis, que tantas mercedes nos hacéis. Gózome, Señor y Dios mío, de tener tal Padre, con que no tengo más que desear. Dadme gracia para que yo sea vuestro hijo en amaros y serviros como tengo obligación.
PUNTO II. Considera cómo Dios sustenta y cuida de todas las criaturas por ti. Mira la hermosura de las aves y la belleza de los campos matizados de flores, y la claridad de las fuentes, y la grandeza de los cielos variados de estrellas, y el resplandor del sol y de la luna, y la hermosura de todas las criaturas; y pasa luego a contemplar las celestiales, de que todo esto es un rasguño y una como sombra no más; y piensa y considera cuáles serán las del cielo, si tales son las de la tierra, y que Dios ha preparado con su infinita providencia todo esto para ti, para que lo goces y le alabes eternamente. Todo pertenece a su providencia y al cuidado que tiene de ti. Dale muchas gracias por ello, y ofrécete de nuevo a su servicio con mucho agradecimiento.
PUNTO III. Considera lo que Dios pretende con tan prevenida providencia, que es lo que dice Cristo en su Evangelio; conviene a saber, que descuides de lo temporal y pongas toda tu confianza en él; no porque lo hayas de dejar totalmente, esperando a sustentarte por milagro, sino, como dice san Jerónimo, dejando la solicitud y el demasiado cuidado que siempre anda mezclado con desconfianza, y poniéndola en la providencia de Dios.
Él cuida de ti, porque tú cuides de su servicio; él te provee de lo temporal, porque tú busques lo espiritual; y él te da lo más, que es el alma, y los auxilios y gracias para ir al cielo, para que fíes en su piedad que te dará lo menos, que es lo terreno, sin que te falte nada. Confía en el Señor y todo te sobrará.
Esta resolución, pues, debes sacar de esta meditación: descarga todos tus cuidados en Dios, y confía firmísimamente en su piedad como en amoroso y solícito Padre tuyo, que siempre te amparará; y, como dice santa Teresa de Jesús, los señores del mundo se afrentan de que anden ansiados y desconfiados los que los sirven de lo que han de comer, y mucho más se afrentará Dios de ver desconfiados a sus siervos, temiendo que les ha de faltar lo necesario para servirle.
PUNTO IV. Considera últimamente lo que concluye el Salvador, diciendo: Buscad en primer lugar el reino de Dios y su justicia, y todo esto se os añadirá.
Donde has de ponderar que no se contenta Cristo con que deseen el reino de Dios y su justicia, esto es, su gracia, que los hace justos y santos, sino que sea con diligencia, con más solicitud y cuidado que los mundanos buscan y diligencian las riquezas.
Carga la consideración en el cuidado que ponen, y en los pasos que dan los hombres del siglo por alcanzar los bienes caducos de este mundo; y mira que te pide el Señor más cuidado y diligencia en buscar los espirituales del alma; y con esto te enriquecerás de ambos, porque te dará los espirituales y, de más a más, los temporales.
Mira en qué has empleado tus cuidados hasta aquí, y qué fruto has sacado de ellos, y en qué los has de emplear en adelante. Considera que eres peregrino sobre la tierra, adonde no tienes ciudad permanente, ni es aquí el lugar de tu morada. En la celestial Jerusalén te espera de asiento; allí has de vivir para siempre, que aquí has de estar muy poco. Pasa de paso por todo lo de acá, que con poco tienes harto, y no te ha de faltar, si confías en Dios como está dicho, y buscas su reino y su gracia en primer lugar.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.