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viernes, 17 de abril de 2026

DÍA 18. Jesús obedece a San José. Cómo se debe mandar, con espíritu de fe y de humildad

 


PREPARACIÓN

PARA LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ

el próximo 1 de mayo de 2026 con la obra:

“GLORIAS Y VIRTUDES

DE SAN JOSÉ”

 del R. P. HUGUET

 

 

 

DÍA 18

Jesús obedece a San José.

Cómo se debe mandar, con espíritu de fe y de humildad

 

 

Dios hace la voluntad de los que le temen.

Salmo144, 19

 

Hay cargos tan importantes en las casas de los reyes, que sólo son ejercidos por los príncipes de sangre real o por hombres de gran mérito, dignos de toda confianza: también en la casa de Dios hay oficios tan sublimes, empleos tan importantes, que no pueden ser ocupados más que por santos, superiores en méritos y en gracia a todos los demás hombres. Tal es la dignidad de María y de José. Ser la Madre de Dios es la primera de las dignidades; ser el padre adoptivo de Dios es la segunda.

Para ser la Madre del Hijo de Dios, es menester acercarse a la grandeza de Dios en cuanto le es posible a una criatura. Para ser el tutor, el jefe; en una palabra, para tener autoridad sobre el Rey del cielo y de la tierra, precisa tener una dignidad superior a la de los ángeles cuanto el Señor es superior a sus siervos.

Que los hombres ocupen el lugar de Dios al gobernar a los súbditos, es una gran cosa; pero que un hombre ocupe el lugar de Dios para gobernar a un Dios, es algo que sobrepasa a todas las grandezas. Que los Sumos Pontífices sean los Vicarios de Jesucristo, los depositarios, los dispensadores de sus tesoros, es cosa muy grande; pero que José sea el gobernador, el Custodio de Jesucristo, es maravilla incomparable.

San José tiene el lugar de Dios, y está revestido de su autoridad para gobernar a su propio Hijo, de manera que el Eterno Padre lo hace partícipe de su propia voluntad. El poder soberano del Padre no comenzó sino con la Encarnación, antes de la cual el Verbo era igual al Padre. Es cierto que desde toda la eternidad le ha engendrado y le es en todo igual; le reconoce como a su Padre, pero no por su Soberano. Este origen divino no indica el carácter de imperio por parte del Padre, ni dependencia por parte del Hijo. Pero cuando el Verbo se unió a nuestra naturaleza, entonces se hizo súbdito del Padre y le reconoció como a su Soberano y a su Dios, y se convirtió, por así decirlo, en súbdito y siervo de José, a quien el Padre Eterno hizo partícipe de la nueva autoridad que adquiría sobre su Hijo por el misterio de la Encarnación.

Después de esto, ¿podremos no creer que San José fuera, después de María, el más grande en dignidad entre todos los santos, cuando vemos a Dios confiarle el más divino de todos los oficios?... «Los príncipes pueden engañarse a veces en su elección, pero es imposible que Dios elija a una persona indigna», dice Santo Tomás. En efecto, la elección de Dios es un acto de su voluntad omnipotente, que hace cuanto a Él le place; y cuando elige a uno para una misión, sabe hacerlo digno con su santa gracia.

¡Qué gloria, por lo tanto, significa para José el haber sido elegido para padre del Hijo único de Dios!

Se confunde nuestro pensamiento al considerar que la Sabiduría infinita está sometida a una débil criatura, que el Hijo del Padre Eterno se pone bajo la dependencia de un pobre obrero. Es José quien hace de carpintero al gran Arquitecto del mundo, a Aquel que todo lo ha creado y todo lo conserva.

Toda la grandeza de los demás santos, durante su vida en este mundo, consistió en no tener más voluntad que la de Dios, y en haber hallado el secreto de reinar sirviendo a Dios; pero la de José es más admirable aún, pues se diría que Dios no tiene con él sino una misma voluntad. Toda la grandeza de los demás santos —dice San Agustín— consiste en haber vivido bajo Jesucristo; más la de José, en haber vivido por Jesucristo y sobre Jesucristo: Pro Christo et supra Christum; de haber sido destinado a asistir en esta tierra a la persona del Hijo de Dios y mandarle como señor.

Ventura inefable fue para vosotros, oh Apóstoles de Jesucristo, el haber sido elegidos para gobernar y dirigir la Iglesia, que es su cuerpo místico; pero ¿no es acaso gloria mayor la de San José, a quien se encargó de tomar bajo su cuidado su cuerpo natural y su santa humanidad?… Y para vosotros, ángeles del cielo, es una grande recompensa la de poder seguir al Cordero doquiera vaya; pero ¿puede compararse vuestro privilegio al de San José, el cual no sigue al Cordero de Dios, sino que le guía y le lleva adonde a él le place; conduce en sus brazos al que sostiene el universo, y da órdenes a Jesús, a cuyo solo nombre se arrodillan el cielo, la tierra y los abismos?

Nos maravilla que Josué haya podido detener el sol, a pesar de que no fue el hombre quien mandó al astro, sino que Dios accedió a la oración de su criatura; pero aquí estamos ante un extraño trueque de autoridad y dependencia, pues es la criatura quien ordena al Creador, y es Dios quien recibe órdenes de un hombre: Oboediente Deo voci hominis. Una sola vez tuvo Josué el poder de parar el sol, mientras que José es el encargado de regular el Sol de justicia durante muchos años. Et erat subditus illis. Jesús obedecía verdaderamente tanto a María como a José; pero puede decirse que obedecía más a este, por cuanto era el jefe de la familia, y María misma, que mandaba a Jesús, obedecía también a su casto esposo.

Es José quien particularmente ordena y dirige todos los actos de Jesús; él es quien le oculta o le da a conocer, según lo exijan las circunstancias; es él quien descubre los rayos de ese Sol naciente, o bien le esconde apenas le descubren; y es él, en fin, quien señala a ese Niño divino el trabajo o empleo que le place, y eso durante treinta años, mientras que Jesús dedicó tan sólo tres años a los intereses de su Padre celestial.

Pero si la gloria del que ejerce autoridad sobre otros consiste, no tanto en poder dar órdenes, cuanto en verlas aceptadas con sumisión y ejecutadas con premura, fuerza es confesar que la gloria de San José no fue tanto la de mandar a Jesús, sino el ver a aquel Hijo adorable seguir fielmente sus menores indicaciones, con tanta sumisión como si hubiera sido incapaz de gobernarse por sí mismo. San Basilio escribe que el divino Salvador trabajaba todo el día, para obedecer a José. San Justino mártir asegura que el Verbo encarnado servía de ayudante en el taller de San José, cuanto las fuerzas de su humanidad podían soportar.

No obstante el homenaje que José rendía continuamente en su alma a la divina persona de Jesucristo, conservaba y ejercía externamente toda la autoridad que le había sido dada. Le mandaba, pues, con toda la circunspección, con todos los miramientos, dulzura y humildad, pensando en la infinita distancia que había entre él y Jesús, y arrobado de admiración viendo a un Dios abajado hasta el punto de obedecer a una criatura. Jesús obedecía por amor a Dios, su Padre, y le glorificaba con su sumisión. José mandaba a Jesús, porque ocupaba sobre la tierra el lugar de Dios, cuyos derechos ejercía sobre un Dios anonadado por su amor. ¡Qué virtud, qué muerte a sí mismo, qué sublimidad de gracia le eran necesarias para dar órdenes a Jesús en una forma digna de Él, y que mereciera la aprobación divina! ¡Qué admirable espectáculo a los ojos del Eterno Padre y de los espíritus celestiales!… La inteligencia humana se confunde, y no sabe qué pensar de tales cosas.

¡Qué grande es San José cuando manda a Jesús como a Hijo!… No precisamente porque ese Hijo es Dios, sino porque dándole órdenes práctica las virtudes más admirables; porque no le manda sino para obedecer él mismo con eso a la voluntad de Dios, pues nunca fue más humilde, ni más anonadado a sus propios ojos, que ejercitando semejante autoridad; porque seguía los movimientos de la gracia, y moría cada vez más a sí mismo ejerciendo esta autoridad que jamás consideró como propia, sino que siempre refería a Dios.

Pero dejemos estos razonamientos: admiremos e imitemos todo lo que nos sea posible. Dios merece que un Dios, para honrarle, se anonade hasta hacerse obediente a una criatura, que es nada delante de Él. Y yo, que soy esa nada, ¿sentiré repugnancia en obedecer a los hombres a quienes Dios reviste de su autoridad? ¿Qué orgullo podrá subsistir ante el ejemplo de Jesús, sabiendo que fue expresamente para nuestra lección que quiso dárnoslo?

Si Jesús me enseña a obedecer, San José me enseña a mandar; lección tal vez más difícil que la de la obediencia. Mandando, siempre que esté obligado a hacerlo, debo pensar que no tengo para ello más títulos que los que Dios me confiere; que el derecho que ejerzo es de Dios y no mío, y en consecuencia, es menester que lo ejerza con entera dependencia de la gracia, no dando oído a mi amor propio ni a mis caprichos. Es necesario que lo ejercite con dulzura, con caridad, con las mayores atenciones y respeto a la delicadeza de mis inferiores; que lo haga, en fin, sin perjuicio de la humildad, que no debe perderse jamás de vista, y menos cuando se ejerce la autoridad. Es mil veces más ventajoso obedecer que mandar, y no sabremos mandar nunca, si antes no hemos aprendido a obedecer: tanto para mandar como para obedecer, todas las virtudes nos son necesarias, pero particularmente lo son la dulzura y la humildad.

 

MÁXIMAS DE VIDA ESPIRITUAL

 

Nadie está seguro en los primeros puestos, si no sabe amar los últimos (Imitación).

Es necesario tener una humildad noble y generosa, no hacer nada para obtener alabanzas, y omitir todo aquello que no merezca ser alabado (Santa Teresa de Jesús).

Nadie manda sin riesgo, si no sabe obedecer (Imitación).

 

AFECTOS

Bienaventurado José, elegido por Dios para el más sublime oficio a que puede ser llamado un pobre mortal, dignaos ofrecerme vos mismo a la Santísima Trinidad, con la que habéis tenido relaciones tan íntimas y tan gloriosas. Representante del Padre Eterno, depositario de su autoridad sobre su Hijo único, ofrecedle mi memoria, a fin de que la santifique con el continuo recuerdo de su presencia. Padre del Verbo encarnado, vos que le habéis nutrido y dirigido sobre la tierra, presentadle mi inteligencia, a fin de que la ilumine con su luz divina. Hombre según el Corazón de Dios, que habéis sido siempre fiel a las inspiraciones del Espíritu Santo, presentadle mi voluntad, a fin de que la inflame en su santo amor. Así sea.

 

PRÁCTICA

Prepararse con una piadosa novena a las fiestas de San José.

 

lunes, 9 de marzo de 2026

BREVE NOVENA A SAN JOSÉ

 


NOVENA A SAN JOSÉ

Los textos de la presente novena son extractados de forma resumida de la obra “EL DEVOTO JOSEFINO” de san Enrique de Ossó.

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en presencia de Dios, pidiendo el auxilio de la Virgen María y del Ángel Custodio, recita esta oración al Glorioso San José:

 

Oración a san José

¡Oh! Glorioso Patriarca San José, heme aquí, postrado de rodillas ante vuestra presencia, para pediros vuestra protección.

Desde ya os elijo como a mi padre, protector y guía. Bajo vuestro amparo pongo mi cuerpo y mi alma, propiedad, vida y salud. Aceptadme como hijo vuestro. Preservadme de todos los peligros, asechanzas y lazos del enemigo. Asistidme en todo momento y ante todo en la hora de mi muerte. Amén.


Se lee lo propio de cada día.

 

ORACIONES PARA TERMINAR

 

Pídase la gracia que se desea alcanzar en esta novena por intercesión de san José.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

Oración final para todos los días del Papa San Pío X

San José, nos acercamos a ti con confianza a pedir tu protección. Reconocemos en ti a un poderoso intercesor ante Dios. Te pedimos nos ayudes a nosotros, pecadores, a obtener del Señor toda la gracia y misericordia que necesitamos para trabajar celosamente por el Reino de Dios, y servir a nuestro prójimo en todas sus necesidades. Amén.

***

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, en vos descanse en paz el alma mía.

 

 

 

 

 

DÍA 1

HONREMOS A SAN JOSÉ.

AMEMOS A SAN JOSÉ.

CONFIEMOS EN SAN JOSÉ.

 

MEDITACIÓN

Punto primero. Amemos a san José, porque es el santo más amado de Dios.  San José, es el santo más honrado y amado de Dios y el más digno de nuestro amor. Considera cuánto ama Dios hecho hombre al Santo bendito, pues le llama padre y como tal, le besa, le acaricia, le obedece y le regala. Fuego divino y abrasador, abrazado y colgado del cuello de su padre san José. ¡Oh quién pudiese amarte y abrazarte como lo hizo Jesús!

 

Punto segundo. Confiemos en san José. La confianza en los santos se debe al poder de su intercesión. Y ¿quién tuvo y tiene mayor poder de intercesión con Dios que san José?

¿Qué no podrá, pues, el Santo bendito en favor de sus devotos? Ningún santo en el cielo puede llamar hijo al Rey de la gloria, como san José; ningún santo puede llamar esposa a María, reina de cielos y tierra, como san José. ¿Qué no podemos esperar, pues, del poder de intercesión de san José? Todo lo podemos y debemos esperar.

 

DÍA 2

CRISTO JESÚS,

MODELO DE DEVOCIÓN A SAN JOSÉ.

 

MEDITACIÓN

Punto primero. Jesús siempre respetó y veneró a San José como a su padre, tributándole los mismos obsequios de respeto, cariño y amor que si fuese su padre natural. Se deja llevar donde él quiere, hace las labores que él quiere, trabaja, descansa, crece y vive bajo la tutela y la obediencia de san José. ¿Cómo no imitar tan divinos ejemplos? ¡Oh excelso patriarca! Admitidme en el número de vuestros devotos siervos, pues quiero honraros como a mi padre, abogado y protector.

 

Punto segundo. Jesús, modelo de devoción a san José por su amor. Ningún santo ha habido jamás ni puede haber, que haya recibido, por espacio de treinta años, pruebas más tiernas, más fervientes, más delicadas, más repetidas de amor de parte de Cristo Jesús, que el glorioso san José. 

Jesús comía con san José; lo miraba con amor y piedad; hablaba familiarmente con él, le trataba como padre… ¿Quién tuvo más ocasiones de mostrarle su amor a san José que el buen Jesús?

 

DÍA 3

MARÍA INMACULADA

MODELO DE DEVOCIÓN A SAN JOSÉ.

 

MEDITACIÓN

Punto primero. La devoción consiste en el respeto y amor que se tributa a algún santo. La gloria de ser escogido san José por esposo de la Virgen María, es la fuente y raíz de sus glorias y privilegios.

 

Punto segundo. El amor se muestra en querer bien a quien se ama, y el amor de las buenas mujeres para sus maridos suele ser grande, porque son dos corazones en una carne; y como ninguna fue tan santa y perfecta como María, ninguna se le igualó en el amor a su esposo.

Y si María amaba a Jesús más que a sí misma, ¿cuánto agradecería la Virgen los trabajos y sudores que pasó san José para salvar y sustentar a su hijo Jesús? ¡Oh qué hermoso modelo de devoción a san José es María! Imitémosle.

DÍA 4

LOS SANTOS,

MODELOS DE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ.

 

MEDITACIÓN.

Punto primero. Todos los santos son santos porque creen, esperan, aman y adoran a Cristo Jesús. No se puede ser santo sin conformarse a la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es que todos los predestinados sean conformes a la imagen de Cristo Jesús: y ¿cómo imitar a Jesús sin conocer su vida y doctrina? ¿Cómo pensar, como observa santa Teresa de Jesús, en el buen Jesús, sobre todo en su nacimiento, infancia y adolescencia, sin pensar en san José, maestro, tutor, guardián y padre nutricio de Jesús?

 

Punto segundo. San Agustín dice estas palabras en loor del Santo: “El ministerio apostólico es bajo Jesús y por Jesús; más el ministerio de san José es por Jesús y sobre Jesús”. ¿Puede decirse más en elogio del santo en menos palabras? Bendice, alaba, ensalza y engrandece y glorifica a san José, y serás un día glorificado en el cielo con Él.

 

DÍA 5

LOS NIÑOS,

MODELO DE DEVOCIÓN A SAN JOSÉ

 

MEDITACIÓN

Punto primero. La devoción a san José encierra tesoros inmensos de ternura, cariño y amor. San José acompañando y ayudando y socorriendo al Niño Dios en sus primeros años, ofrece verdaderamente meditaciones profundas que rebosan de ternura y amor. ¿Quién no se embelesa, encanta y extasía ante la imagen del santo patriarca, fugitivo a Egipto con el Niño Jesús, dormidito en paz algunas veces en sus brazos, envuelto en su pobre capa otras, descansando y jugueteando con él? 

 

Punto segundo. Los niños cristianos, han de correr tras el glorioso san José, que lleva en sus brazos ese imán divino de las almas, ese lirio celestial que es Jesús.

Recordémosle a San José, que por nuestra salud Dios nos lo envió, que ruegue por nosotros, interceda por nosotros, y nos salve eternamente.

 

DÍA 6

SAN JOSÉ,

MAESTRO Y MODELO DE LA ORACIÓN

 

MEDITACIÓN

Punto primero. ¿Qué es oración? Oración es levantar la mirada a Dios, estarse con Dios, amarlo en el silencio y dejarse llenar de sus dones. No hay cosa más necesaria ni más fácil que la oración. El que ora se salva, y el que no ora se condena. Y así como el cuerpo sin alma queda muerto, el soldado desarmado fácilmente es vencido, y los peces fuera del agua se mueren; así también nuestra alma, batida con tanta artillería de tentaciones, sin la oración está en peligro de ser saqueada, de ahogarse y perder el aliento del espíritu.

 

Punto segundo. Oración de san José. ¿Cuál no debía ser la oración de san José, que a solas y en compañía de María gozaba de la presencia del Rey de la gloria, y era este su Hijo, obediente a su voz por espacio de treinta años?

No dejes la oración, aunque no sea más que por un cuarto de hora, pues con esto tienes seguro el cielo. Si no dejas la oración, aunque tengas caídas y recaídas, ten por cierto que llegará al puerto de salvación.

Imita a san José, acude a su escuela, si no tienes maestro que te enseñe oración, y el Santo te enseñará, y no errarás el camino, como asegura su devota santa Teresa de Jesús.

 

DÍA 7

SAN JOSÉ,

MODELO Y MAESTRO DE HUMILDAD.

 

MEDITACIÓN

Punto primero. ¿Qué es la humildad? La humildad, dicen los santos, es una virtud que nos inclina a reconocer interior y exteriormente nuestra propia pequeñez y pobreza. Humildad es amar a Dios por encima de todas las cosas, reconocer que todo lo bueno que tenemos lo hemos recibido de Dios y que debemos ponerlo al servicio de los demás.

El hombre humilde abraza la humillación y se la ofrece a Jesús, que fue el más humilde de los hombres.   

 

Punto segundo. Como no hay Santo igual en virtud a san José, tampoco lo hay que le aventaje ni iguale en humildad. Por su humildad mereció ser elegido esposo de María; por su humildad ocultó los tesoros divinos de Jesús y de María, apareciendo a los ojos del pueblo como un humilde y modesto carpintero. Sufrió los desaires y menosprecios de sus parientes en Belén al ir a empadronarse con María su esposa, y no hallar un rinconcito siquiera para albergarse. Y como la humildad es la verdad, daba gracias al Padre eterno por todos los carismas y gracias que le había regalado, y se movía a amar más y más a Jesús y a María.

¡Oh, glorioso y humilde san José! Concédeme la gracia de la verdadera humildad.

 

DÍA 8

SAN JOSÉ,

MODELO Y MAESTRO DE OBEDIENCIA

 

MEDITACIÓN

Punto primero. La obediencia es una virtud por la cual el hombre hace todo lo que Dios manda y quiere. Darle a Dios nuestro corazón y nuestra persona es el mayor sacrificio que podemos ofrecerle.

 

Punto segundo. San José despreció todo lo mundano, tuvo siempre sujeto al demonio y siempre sometió su voluntad a la de Dios.

Mándale el Señor por un ángel que tome al Niño recién nacido y a María y salga de Judea y vaya de noche con precipitada fuga a Egipto, y que se mantenga allí desterrado hasta nueva orden; y obedece prontamente, sin quejarse ni murmurar, ni replicar. –Mándale el ángel que vuelva a su patria, y habite Nazaret, y ejecuta enseguida su orden. -Ordénale el eterno Padre, al confiarle el cuidado de su Hijo Jesucristo, que mande a su Hijo como padre, y cumple san José esta obediencia en los treinta años que vivió en su compañía.

¿Cuál es tu obediencia? ¿Cómo cumples los mandamientos de la ley de Dios? ¿Cómo cumples tus obligaciones? Sin esto es imposible vivir feliz, agradar a Dios y salvar tu alma. ¿Cuántos años estará Jesús a la puerta de tu corazón llamando?

 

DÍA 9

SAN JOSÉ,

MAESTRO Y MODELO DE CARIDAD.

 

MEDITACIÓN

Punto primero. ¿Qué es caridad? La caridad es la reina y madre de todas las virtudes, la que les da vida y mérito para la eternidad. El que más ame a Dios será más amado y glorificado en el cielo, porque el premio se da al amor. La caridad ama a Dios con amor de benevolencia, procurándole su mayor honra y gloria, pues, aunque Dios no tiene necesidad de nuestros bienes, no obstante, quiere de sus criaturas esta gloria y honra exterior. Amar a Dios es temerle, reverenciarle y confiar en Él. Darle gracias por sus dones, obedecerle y tener paciencia en los trabajos que nos enviare.

 

Punto segundo. San José fue padre adoptivo y tutor de Jesucristo, Hijo de Dios; por lo que tuvo un trato y comunicación familiar y casera con Jesús y María por treinta años ¡Cuántas veces y qué de abrazos no daría Jesús a san José, ya cuando niño, ya cuando mayorcito y en todo tiempo!... ¡Qué de veces le saludaría y le llamaría amorosamente padre y se colgaría de su cuello, mostrándole tiernísimo amor e infundiéndole inmensa gracia!...

Dios Padre le dio a San José un corazón de padre para con su Hijo, el más hermoso de los hijos de los hombres, y estos eran motivos sobrehumanos que encendían y aquilataban más y más el amor de san José a su Dios.

Miremos en san José, no solo el amor a Dios, sino también el amor al prójimo. Amar al prójimo es aconsejarle bien y socorrerle, es sufrirle. ¡Oh!, no hallarás otro Santo que más haya sufrido que san José del prójimo. ¡Y con qué paciencia y mansedumbre! Amar al prójimo es perdonarle, es edificarle con nuestras palabras, y sobre todo con nuestros buenos ejemplos. San José bendito, ayúdanos a amar al prójimo como Cristo lo ama.