Lunes de la XXI semana después de Pentecostés
DE LA PACIENCIA Y BENIGNIDAD DE DIOS PARA CON LOS PECADORES
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la XXI semana después de Pentecostés
DE LA PACIENCIA Y BENIGNIDAD DE DIOS PARA CON LOS PECADORES.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo, hallándose alcanzado en las cuentas este siervo, se arrojó a los pies de su rey, pidiéndole con lágrimas que le diese espera, y le pagaría la deuda.
Este solo medio te queda para tu remedio en las deudas que debes a Dios, imposibilitado de pagarle: arrojarte a sus pies y pedirle con lágrimas de verdadera contrición que alargue los plazos, te espere a penitencia y te dé tiempo para satisfacer por tus pecados y pagarle lo que le debes.
Híncate de rodillas y pídele con este siervo:
«Señor, tened paciencia; esperadme como esperáis a tantos, que yo prometo la enmienda y serviros de manera que pueda, con vuestra gracia, satisfacer vuestras deudas.»
PUNTO II- Considera cómo mandó el rey confiscarle todos los bienes temporales, la mujer, los hijos y la hacienda para cobrar su deuda; con que nos enseña Cristo que Dios nos confisca los bienes de la tierra para que le paguemos los que le debemos espirituales y del cielo.
La pérdida de los parientes que nos quita, la de la salud, la de la honra y la de la hacienda son prendas que nos saca Dios para que abramos los ojos y le paguemos las deudas que le debemos por nuestros pecados, hasta que nos cite de remate y nos embargue a nosotros mismos.
¡Oh alma mía!, atiende a tu particular y mira las voces que te ha dado Dios y las prendas que te ha sacado, y saca cada día por las deudas que le debes y no le pagas. Mira que se van abreviando los plazos y que muy presto te citará de remate y mandará venderte a ti mismo y entregarte a los tormentos, hasta que pagues en tu persona el más mínimo cuadrante.
Despierta y no esperes a más plazos, sino procura desde luego satisfacer a tu Rey y hacer cuenta con pago.
PUNTO III. Considera la benignidad del rey, que sin más intercesores que sus lágrimas le dio espera y tuvo paciencia con él; y pondera que no solamente le esperó como pedía, sino que le perdonó todo el débito, cosa tan grande que no se atrevió a pedirla.
En esto declara la infinita piedad de Dios para con los pecadores, que no solamente los espera a penitencia, sino que les perdona liberalísimamente todo cuanto le han ofendido.
Bendito sea tan buen Dios, tan liberal, tan piadoso y misericordioso por siempre jamás. Amén.
Saca de aquí una grande confianza en Dios y un propósito firme de amarle y servirle eternamente.
Contempla la paciencia con que sufre y espera a tantos pecadores como hoy le están ofendiendo en el mundo, y la que ha tenido y tiene en sufrirte a ti, y en esperarte tantos años a penitencia, y nunca acabas de venir y rendirte a su servicio.
Llora tu obstinación y rebeldía, rompe las cadenas que te tienen y no le hagas esperar más tu conversión, no sea que irrites con la dilación su ira y venga sobre ti su indignación.
PUNTO IV. Pondera, últimamente, que este rey dilató la cuenta para que, multiplicándose la deuda del criado, campease más su liberalidad, dándole mayor perdón.
En esto se descubre la liberalidad de Dios, que espera a los pecadores muchos años, sabiendo que se multiplican sus ofensas, para darles mayor perdón y ostentar más su piedad.
De lo cual has de sacar dos cosas.
La primera es alabar y engrandecer la benignidad y misericordia de Dios, que tiene por caso de menos valer ser vencido de nuestras ofensas, y por timbre perdonar más, y a más que le hayan ofendido.
La segunda, no desmayar por muchos que sean tus pecados; antes cobra nueva confianza en su piedad, de que la tendrá de ti, y no solo te perdonará, sino que te recibirá en su gracia y te hará muchas mercedes por su infinita bondad, que sea alabada y ensalzada por todos los siglos de los siglos. Amén.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.