jueves, 8 de octubre de 2026

DE LAS PALABRAS DE CRISTO: «MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Viernes de la XIX semana después de Pentecostés

DE LAS PALABRAS DE CRISTO: «MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS».

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Viernes de la XIX semana después de Pentecostés

DE LAS PALABRAS DE CRISTO: «MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS».

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Jerónimo, acabó Cristo su sermón con estas palabras, porque no está el toque de la vida espiritual en empezar bien, sino en acabar bien. Este a quien condenó el rey por no llevar ropas de boda empezó bien, obedeciendo la voz de Dios y viniendo a su convite, del cual se excusaron otros sin razón; pero acabó mal, porque no tuvo cuidado de cumplir con su obligación y venir con las ropas decentes al convite del Señor.

Aprende en su ejemplo a no fiarte de la virtud antigua y a no descuidarte en su santo servicio, sino a perseverar hasta el fin, para que no te suceda lo que a este, y viendo a tus concurrentes ser escogidos y gozar de la mesa de Dios, tú seas desechado de ella y lanzado al infierno.

 

PUNTO II. Considera con san Juan Crisóstomo que estas palabras de Cristo las dijo por los llamados a la fe y los escogidos para el cielo: muchos son los que entran en la Iglesia y pocos los escogidos para el cielo.

Pondera esta sentencia, y llénese tu alma de temor y temblor de ser uno de los muchos, pues están allá tantos condenados que fueron acá mejores que tú. Considera cuántos hay en el infierno que no pecaron aquí la mitad de lo que tú has pecado, y Dios te ha hecho esta merced de esperarte a penitencia, la cual no concedió a ellos.

Dale infinitas gracias por esta merced incomparable, y pídele que te haga otra, que es darte su mano para salir del pecado y servirle hasta la muerte, de suerte que consigas tu salvación.

 

PUNTO III. Considera, por una parte, el infinito número de los que se condenan y los pocos que se salvan; y por otra, cuán terrible cosa es condenarse para siempre, ir a los calabozos eternos, privados de Dios y de su luz, a penar con los demonios sin alivio ni remisión; y cuán feliz suerte es la de los predestinados, que van al cielo a gozar de Dios sin fin.

Y luego da otro paso, considerando que forzosamente te ha de caber una de estas dos suertes tan diversas, y que es muy contingente que te caiga la de los muchos, y gran ventura que sea la de los pocos.

Humíllate más que el polvo de la tierra, con temblor y temor, pidiendo a Dios que te tenga de su mano y que no entres en el número de los muchos, sino que seas uno de los pocos que merecen ir a la mesa de su reino.

Pondera lo que les pasó a los apóstoles cuando Cristo les dijo que uno de ellos le había de entregar; y aunque no les remordía a los once la conciencia, todos temblaron y dijeron: «¿Por ventura seré yo?». Pues ¿qué dijeran y temieran, si muchos hubieran de cometer aquel pecado, cuando así temieron porque le había de cometer uno solo?

Pues mira qué temblor debes tener, habiendo de condenarse muchos y salvarse pocos, y cómo debes vivir siempre temiendo, gimiendo y recelando si te ha de caber tan infeliz suerte; que si a uno solo le hubiera de caber en todo el mundo, habíamos de vivir todos con grande temor.

 

PUNTO IV. Considera las causas por qué son tantos los que se condenan y tan pocos los que se salvan, las cuales se reducen a una universal, conviene a saber: porque son muchos los que viven mal y pocos los que viven bien; raros los fervorosos que sirven a Dios escogidamente, y muchos los tibios que le sirven sin fervor; muchos los ciegos con la codicia de los bienes temporales, y pocos los que tienen ojos para ver y codiciar los espirituales y eternos.

Y por esta razón son tan pocos los escogidos que sirven a Dios escogidamente, y tantos los reprobados y condenados.

Llora, pues, la ceguedad del mundo y el número tan copioso de almas que se condenan por lo que tan poco vale, que, como dice el Sabio, es infinito, porque son sin número; y clama a Dios que les dé ojos para ver su daño y mejorarse.

Y, en especial, pídele por tu alma, suplicándole que te dé luz para ver lo que te conviene, una centella de su amor para despreciar lo terreno y codiciar lo celestial, y un grande fervor para servirle escogidamente hasta el fin, de suerte que merezcas ser uno de los escogidos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.