Sábado de la XXI semana después de Pentecostés
DE LA PRIMERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS».
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Sábado de la XXI semana después de Pentecostés
DE LA PRIMERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS».
PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Agustín, Cristo puso el primer fundamento de la vida espiritual en la pobreza y humildad de corazón; porque esta es la primera piedra que se ha de poner en este edificio para que vaya sólido y firme, y pueda perseverar y subir hasta el cielo.
Los que cargan el edificio sobre las riquezas, dice Cristo, son semejantes a los que edifican sobre arena, que no tiene consistencia ni firmeza; y así da con miserable ruina todo el edificio en tierra.
Pondera, pues, la necesidad de esta virtud, y sobre qué fundamento has edificado hasta ahora, y qué firmeza lleva tu vida. Mira si has levantado torres de viento fundadas en vanidad y soberbia. Teme la ruina y la caída, y trata, con la gracia divina, de edificar tu vida sobre la firme piedra de la humildad y pobreza de Cristo.
PUNTO II. Considera que no son bienaventurados cualesquiera pobres, sino los pobres de espíritu; esto es, como explica san Jerónimo, los que lo son de voluntad y de grado. No los pobres que carecen de riquezas porque no las tienen, sino los que voluntariamente las dejan y las desprecian por Cristo, y tienen su corazón despegado de ellas, deseando solamente las celestiales y eternas.
Estos son verdaderamente pobres en el acatamiento de Dios; y los otros, ricos de corazón, aunque no tengan hacienda. Por lo cual dijo el Sabio:
«Hay un hombre rico que no tiene nada, y un hombre pobre que tiene muchas riquezas.»
Porque aquel está prendado de la codicia de ellas, y este tiene desasido su corazón; este es pobre de espíritu, y aquel rico.
Vuelve ahora los ojos a ti mismo y examina tu corazón. Mira si está prendado de los bienes caducos de este mundo; si los deseas y posees con afición; y si los dejas con dolor y sientes su pérdida con amargura. Todo ello es indicio manifiesto de que tu corazón está arraigado a ellos y preso de su afición.
Procura libertar tu alma y levantar tu espíritu al amor de las riquezas eternas, dejando de grado las temporales, para que merezcas entrar en el catálogo de los pobres de espíritu y alcanzar el reino de los cielos.
PUNTO III. Pondera cuán falso y engañoso, sin sustancia ni valor, es todo lo terreno respecto de lo espiritual.
Considera cómo todas las riquezas y posesiones de la tierra son como soñadas; y que, en las fidelísimas balanzas de Dios, que pesan cada cosa con su verdadero valor, no pesa más el oro que el lodo, ni la plata que la tierra, ni las perlas que las conchas en que nacen, ni las piedras preciosas que las piedras del camino.
Por el contrario, el desprecio de todas estas cosas por amor de Cristo vale infinitamente, y no tiene estimación el mérito del que las desprecia y las pisa por amor suyo.
Pasa más adelante y considera que presto dará fin esta farsa; pasará el soplo de esta vida y cesará esta niebla engañosa, que trae ciegos a los hombres con el polvo y la estimación de las riquezas y honras de este mundo.
Entonces resplandecerá la luz de la verdad, que descubrirá toda esta mentira y manifestará las cosas como son, y el verdadero valor de cada una.
Mira el engaño de los que afanaron por amontonar riquezas perecederas; cuán burlados se hallarán, frustrados sus trabajos, con las manos vacías y condenados para siempre.
Y contempla cuán gozosos estarán los que, siguiendo el consejo de Cristo, ganaron el reino de los cielos con el desprecio de las riquezas temporales.
Resuélvete de corazón a imitarlos, para que merezcas entonces reinar con Cristo en el cielo.
PUNTO IV. Considera lo que dice san Juan Crisóstomo: que los pobres son mendigos y viven de limosna, pidiendo de puerta en puerta.
Del mismo modo, en el reino de Dios son bienaventurados los que, reconociéndose pobres, conocen su necesidad y mendigan a las puertas del Señor las gracias y auxilios espirituales, que son las verdaderas riquezas del alma.
Conoce, pues, tu pobreza y la necesidad que tienes de que Dios te ayude; pues sin su gracia nada puedes.
Pídele, como pobre mendigo, limosna de sus riquísimos tesoros.
Pasa de puerta en puerta de los santos, pidiéndoles su favor y su intercesión para con Dios, y una parte de las riquezas espirituales que Él les ha concedido.
No ceses de clamar hasta conseguir estas gracias y hacerte verdaderamente rico de los bienes celestiales.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.