DÍA VIGÉSIMO
TIERNÍSIMA DEVOCIÓN DE SANTA TERESA A LA SACRATÍSIMA VIRGEN MARÍA
MES DE OCTUBRE
CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE
SANTA TERESA DE JESÚS
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA VIGÉSIMO
TIERNÍSIMA DEVOCIÓN DE SANTA TERESA A LA SACRATÍSIMA VIRGEN MARÍA
Desde sus primeros años tuvo Santa Teresa un gran amor a la Purísima Madre de Dios. Cuando murió su madre, como ella dice, afligida fuese a postrar ante una imagen de Nuestra Señora, y con muchas lágrimas suplicóle fuese su Madre de allí en adelante, lo que le valió mucho.
Así fue efectivamente; pues la Santísima Virgen, no sólo la libró de las malas semillas que en la infancia suelen brotar espontáneamente en el corazón humano, para producir más tarde frutos horribles de vicios y malas inclinaciones, sino que sembró en su tierno corazón, como en fértil tierra, la buena semilla de la fe y demás virtudes cristianas que produjeron a su tiempo opimos y sazonados frutos de santidad.
Teresa, agradecida a la protección dispensada por tan buena Madre, cuando tuvo edad competente correspondió a ella vistiendo el hábito de la Orden del Monte Carmelo, que es la Orden predilecta de María, emprendiendo la gloriosa Reforma de la misma, que tan célebre la ha hecho en todo el mundo católico.
Entre las muchas distinciones con que fue honrada por la Santísima Virgen, merece citarse la que recibió un día de la Asunción, cuando estaba orando en la Iglesia de Santo Tomás de Ávila. Se le apareció la Señora acompañada del glorioso Patriarca San José, y vio que la vestían una capa blanquísima y que le ponían al cuello un collar de oro finísimo, con una cruz de piedras preciosas, en señal de que estaba ya purificada de toda culpa y como recompensa a la gran devoción y amor que profesaba a San José, que tan grato le era.
La Virgen Santísima le agregó que, tanto ella como su Santo Esposo, velarían por ella y no la abandonarían mientras viviese; y que, por último, en la hora de su muerte la asistirían y consolarían hasta llevarla al Cielo a gozar del premio que la tenían allí reservado.
Esta merced, y otras muchas que podían referirse, son evidentes pruebas del gran amor que profesó Santa Teresa a la Sacratísima Virgen, y de lo muy agradables que le fueron a la Señora los obsequios tributados por su dilectísima sierva.
OBSEQUIO
Recemos hoy tres Salves a la Santísima Virgen pidiéndole su protección.
MÁXIMA
Agrada mucho a Dios cualquier obsequio que se haga para honrar a su Madre María Santísima.
ORACIÓN
Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquel tierno amor y ferviente devoción que desde vuestros primeros años hasta la muerte profesasteis a la Sacratísima Madre de Dios, os suplico me alcancéis del Señor que yo la ame también con toda mi alma y con todas mis fuerzas, a fin de que merezca su protección todos los días de mi vida, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.
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Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN PARA TERMINAR
Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.
Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)
Ave María Purísima, sin pecado concebida.