miércoles, 14 de octubre de 2026

EL PAN SUPERSUSTANCIAL QUE PEDIMOS EN LA ORACIÓN DOMINICAL. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Jueves de la XX semana después de Pentecostés

DEL PAN SUPERSUSTANCIAL QUE PEDIMOS EN LA ORACIÓN DOMINICAL.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XX semana después de Pentecostés

DEL PAN SUPERSUSTANCIAL QUE PEDIMOS EN LA ORACIÓN DOMINICAL.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, como escribe san Mateo, Cristo nos mandó pedir el pan supersustancial todos los días, que es su santísimo Cuerpo sacramentado en especie de pan, como dicen muchos santos citados por santo Tomás. Sobre lo cual has de meditar, lo primero, cómo este divino manjar es sobresustancial, porque Él solo es de sustancia para el alma y contiene la sustancia de todos los manjares; por lo cual dijo el mismo Cristo que su carne era el verdadero manjar y su sangre la verdadera bebida, porque las demás no lo son como esta, en que se nos da la gracia y el Autor de la misma gracia. Contempla el valor de este manjar, y la sustancia y la virtud que comunica al alma, y dale muchas gracias a Dios por la merced que nos hizo en dárnosla para nuestro consuelo y remedio; y enséñate a despreciar todos los manjares por este, que es de sustancia y virtud sobre todos los demás.

 

PUNTO II. Considera por qué le llamó nuestro: lo primero, porque le sazonó Cristo para nosotros y no para los ángeles, a quienes no hizo la merced que a nosotros. Considera los agradecimientos que le dieran los del cielo si les hiciera esta merced de darles su Cuerpo como a nosotros, y no seas tú más corto en agradecérselo que ellos, y en estimar tan singular favor; lo segundo, porque no es singular, sino merced hecha a todos igualmente. Pondera aquí la equidad con que Cristo da tan soberano don a todos, chicos y grandes, nobles y plebeyos, ricos y pobres, sin excluir a alguno, sin distinción ni singularidad, comunicándoles su gracia a cada uno conforme a su devoción y a la disposición que lleva; y que muchas veces la dará más copiosa al pobre y humilde por ir más dispuesto que al rico y levantado porque va menos. Alaba las maravillas de Dios y la rectitud de su justicia, y procura merecer mayores aumentos de su gracia por tu mejor disposición.

 

PUNTO III. Considera que, siendo este divino pan de tan subido valor, le llama cotidiano y nos le manda pedir cada día, como el maná que bajaba del cielo; porque, como dice san Agustín, cada día nos hemos de preparar para merecer recibirle, y, cuanto es de nuestra parte, purificar nuestras almas y hacerlas dignas moradas de tan alto Señor. En figura de lo cual, todos los días al amanecer enviaba Dios un viento blando que limpiaba la tierra donde había de caer el maná, porque ha de estar limpia el alma de toda imperfección para recibir este maná del cielo. Mete la mano en tu conciencia y mira si está tan limpia que le merezcas recibir, y procura acrisolarla de cualquiera imperfección. Toma el consejo de san Agustín y vive de tal suerte que merezcas recibirle cada día.

 

PUNTO IV. Considera que nos manda Cristo pedir este divino pan porque, como tal, nos sustenta y alimenta, y con él reparamos lo que perdemos cada día pecando; y cada día necesitamos reparar por este celestial alimento lo que perdemos por el pecado. Cada día irritamos la ira de Dios contra nosotros, y cada día necesitamos ofrecerle este sacrificio para aplacarle y satisfacerle por nuestros pecados. Cada día enfermamos en el alma, y cada día tenemos necesidad de esta saludable medicina para curar nuestras dolencias. Contempla, pues, los bienes y riquezas inestimables que tienes en este celestial bocado, y estímale y venérale como debes. Ofrécele cada día a Dios en satisfacción de tus pecados; recíbele con hacimiento de gracias para reparo de tu alma; pídele que, como Médico celestial, te cure de tus enfermedades, y que te preserve de caídas y te dé perseverancia en su gracia.

Si estás preparando una edición completa del libro, puedo mantener este mismo criterio de corrección en todas las meditaciones para que el estilo sea uniforme.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.