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miércoles, 24 de noviembre de 2021
NOVENAS A LA INMACULADA
NOVENA A LA INMACULADA. P. Ribera (díptico)
sábado, 7 de diciembre de 2019
NOVENA A LA INMACULADA. DIA NOVENO. San Enrique de Ossó
NOVENA A LA INMACULADA. DIA NOVENO.
San Enrique de Ossó
Después del Rezo del
Santo Rosario, se comienza tres avemarías en honor a la Inmaculada Concepción.
Después de la meditación se termina con la consagración Bendita sea tu pureza y
un canto.
MEDITACIÓN DÍA 9º
Composición de lugar. Represéntate aquel grande portento de
que nos habla san Juan, esto es, a una mujer vestida del sol, calzada de la
luna y coronada su cabeza con corona de doce estrellas.
Petición. Dame, Dios mío, gracia eficaz para
admirar, amar e imitar como debo a María en su Inmaculada Concepción.
Punto primero. María a sus hijos. –No es contrario, hijo mío, sino muy
conforme a la mente del inspirado evangelista san Juan el entender o significar
por las doce estrellas con que aparecí coronada, las doce tribus de Israel o la
plenitud de la santa Iglesia de Jesucristo; porque así como los apóstoles
fueron mi primer honor y corona, y los primeros defensores y propagadores de mi
honor, así toda la Iglesia es como el mejor trofeo de mis conquistas, y toda la
Iglesia se esmera en defender mi honor, en propagar mi culto en todo el mundo.
Yo, hijo mío, con mi sacrificio, más costoso que el de Abraham, compré el
derecho de Madre de todos los redimidos. Yo os compré con la sangre de mi Hijo,
y con los dolores del Calvario os di a luz para hacerme con todos los fieles
una corona de hijitos, más numerosos que las estrellas del cielo y las arenas
del mar. La Iglesia, hijo mío, nació en mi seno con Jesús fundador y cabeza de
ella: tomó nueva vida en el Calvario con mis dolores, y se engrandeció y se
mantiene bajo el calor y sombra de mis alas maternales. Mi habitación fue
siempre desde el primer instante de mi Concepción Inmaculada, en la plenitud de
los santos (Eccl. XXIV), y yo sostengo a los santos en su plenitud, esto es, les
doy virtud para que no caigan, los méritos para que no perezcan, la fortaleza
para que perseveren; reprimo a los demonios para que no les dañen, y desarmo a
mi divino Hijo para que no los castigue. Con el calor que me presta mi amor
maternal coopero, hijo mío, a que nazcan en la Iglesia los fieles y sean
miembros vivos de Jesucristo mi hijo. Por eso la Iglesia siempre ha defendido
mi honor desde los apóstoles al Concilio de Éfeso, desde el Concilio de Éfeso
hasta el inmortal Pio IX, que definió el dogma de mi Concepción Inmaculada.
Toda la Iglesia y todo el mundo, hijo mío, están llenos de mis glorias y me
llaman su Madre, su señora, su Reina, su Inmaculada. El que me honra, tendrá la
vida eterna (Eccl. XXIV); no lo olvides, hijo mío, y esfuérzate con todo ahínco
para ser mi corona por toda la eternidad, por la fiel correspondencia a la
gracia que yo te alcanzo. Óyeme.
Punto segundo. Los hijos de María a su
Madre. –¡Cuán hermosa
aparecéis a mi alma ¡oh María! al contemplaros coronada con la esplendente corona
de los doce apóstoles y con la corona con que os coronan todos los justos que
ha habido y habrá en la Iglesia de Dios vuestro Hijo! ¡Cuán bella y agraciada
sois ¡oh María Inmaculada! al admiraros calzada de la luna, como Reina, señora,
protectora y ornamento de toda la Iglesia católica! ¡Cuán exaltada sobre todos
los ángeles y los hombres, aparecéis a mis ojos ¡oh María! al contemplaros ya
en el primer instante de vuestra Concepción Inmaculada, vestida del Sol de
justicia, envuelta y abismada en medio de sus infinitos resplandores de gloria,
de lumbre, de gracia y de caridad! Bien se vislumbran en este portento, Madre
querida, los designios amorosos de toda la Trinidad Beatísima. El poder del
Padre al aparecer vos como un grande portento o prodigio que solo pudo obrar su
omnipotencia. La sabiduría del Hijo con la lumbre de la fe, de la sabiduría y
de la gracia; y el amor del Espíritu Santo en ese fuego, luz y calor inmensos
que os presta el Sol divino al vestiros con sus galas. Enemistades perpetuas,
cabales y eternas debía haber necesariamente entre la serpiente infernal y vos
desde el primer instante. Porque ¿qué tiene que ver la luz con las tinieblas?
¿Qué amistad podía haber entre el asqueroso negrillo, reptil ponzoñoso e
inmundo que se arrastra por el cieno y por el suelo y que solo vive en la
región del desamor y de las tinieblas, con vos, que andáis sobre las alas de
los purísimos serafines, pues sois su Reina y estáis siempre vestida del sol y
aparecéis como brillante aurora para ahuyentar las tinieblas del mundo? Si
venís a derrocar su imperio y a lanzar al infierno a Satanás con toda su
caterva de espíritus inmundos, y vuestro inmaculado pie los pisara y aplastara
su cabeza y su poderío, ¿qué os pueden hacer? Si Dios está siempre con vos,
¿qué podrá todo el infierno contra vos? nada, sino salir descalabrado siempre.
Loor, pues y bendición, y claridad, y alabanza sempiterna sea a tu Concepción
Inmaculada ¡oh María! Triunfaste perpetuamente, perfectamente, completamente
del poder de Luzbel, y en vano, retorciéndose en su derrota, tratará de armar
asechanzas a tu calcañar, pues solo le servirá para su mayor vergüenza y
exterminio. Gloria, pues ¡oh María! a tu Concepción Inmaculada. Permíteme que
venga a celebrarla en el cielo un día. Amén.
Jaculatoria. ¡Oh María Inmaculada! Ya que soy todo
vuestro, guardadme y defendedme como cosa y propiedad vuestra.
Obsequio. Rezaré doce Avemarías, con la
Coronilla de las doce estrellas.
viernes, 6 de diciembre de 2019
NOVENA A LA INMACULADA. DIA OCTAVO. San Enrique de Ossó
NOVENA A LA INMACULADA. DIA OCTAVO. San Enrique de Ossó
Después del Rezo del
Santo Rosario, se comienza tres avemarías en honor a la Inmaculada Concepción.
Después de la meditación se termina con la consagración Bendita sea tu pureza y
un canto.
MEDITACIÓN DÍA 8º
Composición de lugar. Represéntate aquel grande portento de
que nos habla san Juan, esto es, a una mujer vestida del sol, calzada de la
luna y coronada su cabeza con corona de doce estrellas.
Petición. Dame, Dios mío, gracia eficaz para
admirar, amar e imitar como debo a María en su Inmaculada Concepción.
Punto primero. María a sus hijos. –Pondera, hijo mío, que no solo aparecí
como portento grande en mi Concepción, vestida del sol y calzada de la luna,
sino también orlada mi cabeza con brillante corona de doce estrellas, que
representan los doce apóstoles y la plenitud de todos los fieles de la Iglesia.
Los santos apóstoles, hijo mío, fueron mi principal gozo, y mi corona, el más
insigne trofeo de mi triunfo sobre Satán. Mi hijo Jesús, al abandonar este
mundo, quiso encomendarme al apóstol san Juan como Madre suya, y al tomarme
Juan como cosa suya quiso, digo, que representase principalmente a los doce
apóstoles. Por esto Juan bebió en el pecho de mi Hijo y en mis lecciones
maternales los conceptos más sublimes de su divino evangelio; así como san
Lucas, como secretario, aprendió de mis labios la tierna historia de la
infancia de Jesús que narra en su evangelio. Todos los apóstoles acudían a mí,
después de la muerte de mi Hijo y de su Ascensión a los cielos, como a la silla
inmaculada de la Sabiduría, como a la maestra de la Iglesia, como al cetro de
la verdadera fe, como a la confidente de Jesús y partícipe de sus secretos,
como a la Madre de Jesús. Por esto los apóstoles, hijo mío, fueron los
principales defensores y propagadores de mis glorias, de mis prerrogativas.
Ebion, Cerinto, Valentino, Saturnino, Basilides, fueron condenados por sus
errores, y fueron los apóstoles los primeros en enseñar el catecismo de mis
glorias como de Virgen Inmaculada y Madre, de la cual nació Jesús, Hijo de
Dios. Los indios, de boca de santo Tomás; los españoles, de boca de san Jaime;
los griegos, por la de san Juan, san Pedro y san Pablo; los italianos por la de
san Pedro, san Pablo y Bernabé, y así todas las naciones aprendieron mis
glorias, mis privilegios, mis gracias por medio de los apóstoles. En toda la
tierra resonó la voz de los apóstoles, y hasta los más remotos confines del
globo se hizo sentir su palabra, que anunciaba la verdad de mis glorias, de mis
privilegios y de mis gracias. Los apóstoles, hijo mío, sembraron por todas
partes la semilla de mi devoción, plantaron y cultivaron las raíces de esta
devoción que después creció inmensamente y esparció sus ramas hasta cubrir con
su benéfica sombra todo el orbe, cumpliéndose aquellas palabras de los sagrados
libros, esto es, que yo, María, soy como el terebinto que extendió sus ramas
por todas partes, produciendo frutos de honor y de honestidad. Imita a los
apóstoles, hijo mío, en propagar mi devoción y mis glorias, y vendrás a verme
en el cielo.
Punto segundo. Los hijos de María a su
Madre. –Verdaderamente,
Madre Inmaculada, son los apóstoles las doce esplendentes estrellas de vuestra
bella corona, no solo en el primer instante de vuestra Concepción sin mancha,
sino también en el último instante de vuestra vida, cuando los contemplo
rodeando vuestro lecho en el momento de vuestra muerte y de vuestra sepultura
para dar testimonio de vuestra gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos.
Como fueron vuestro gozo y corona para proclamar las grandezas de vuestra
Concepción Inmaculada, lo fueron así mismo a vuestra muerte por otro prodigio
inaudito, para significarnos cuánto debemos honraros y amaros. Sea también yo
¡oh Virgen Inmaculada! una estrella de vuestra corona por mis virtudes y sobre
todo por la pureza perfecta de cuerpo y alma, que es la virtud predilecta de
Jesús y de vos. Yo me congratulo, Virgen sagrada, con vos, por el honor y
gloria que os dieron los apóstoles por todo el mundo, y os pido me hagáis
partícipe de su celo por vuestra gloria, para que yo también propague vuestras
glorias, según mis fuerzas y la gracia que recibo de vos. Purificad mis labios,
alumbrad mi mente, santificad mi alma y llenad de celo mi corazón y de pureza
mi espíritu para que pueda dignamente alabaros y salir victorioso de todas las
tentaciones de mis enemigos, en especial de los que combaten la pureza de mi
cuerpo y alma. Mirad a la Iglesia que plantaron y regaron los apóstoles con su
sangre, cuán ferozmente es perseguida de vuestros enemigos, que la quieren
poner por el suelo. Mirad cómo son perseguidos, calumniados y despreciados los
sucesores de los apóstoles, los obispos, sacerdotes, y más que todos, el sumo
pontífice, vicario de Jesucristo, propagadores todos de vuestras glorias. Yo
los recomiendo fervorosamente a todos, ¡Madre querida! a vuestro amor y defensa
maternal. ¡Oh María! vos que destruisteis todas las herejías y quebrantasteis
la cabeza del dragón infernal en el primer instante de vuestra Concepción sin
mancha, arrojad al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos, y
salvadnos, que perecemos.
Jaculatoria. ¡Oh Inmaculada María! Mírame con
compasión, no me dejes, Madre mía.
Obsequio. Rezaré al dar las horas el Avemaría, con la oración
Bendita sea tu pureza.
jueves, 5 de diciembre de 2019
NOVENA A LA INMACULADA. DIA SÉPTIMO. San Enrique de Ossó
NOVENA A LA INMACULADA. DIA SÉPTIMO.
San Enrique de Ossó
Después del Rezo del
Santo Rosario, se comienza tres avemarías en honor a la Inmaculada Concepción.
Después de la meditación se termina con la consagración Bendita sea tu pureza y
un canto.
MEDITACIÓN DÍA 7º
Composición de lugar. Represéntate aquel grande portento de
que nos habla san Juan, esto es, a una mujer vestida del sol, calzada de la
luna y coronada su cabeza con corona de doce estrellas.
Petición. Dame, Dios mío, gracia eficaz para
admirar, amar e imitar como debo a María en su Inmaculada Concepción.
Punto primero. María a sus hijos. –Considera, hijo mío, que yo, María,
aparecí en mi Concepción Inmaculada como el más estupendo milagro de sobre la
tierra, el espectáculo más admirable entre todas las cosas admirables; el
portento que enaltece a toda la humana naturaleza y sobrepuja a todos los
serafines: un prodigio inaudito, una incomprensible novedad. Después de Dios,
hijo mío, soy superior a todos, más pura y más bella que todos los serafines.
Templo, trono y cielo de la divinidad; gloria, decoro y ornamento de toda la
Iglesia, porque yo soy sola Inmaculada. Porque si los santos apóstoles,
doctores, vírgenes y mártires la honran a pesar de ser concebidos en pecado,
¿cuánto más la he de honrar yo con mi Inmaculada Concepción, pues soy la Reina
de todos ellos? Bastaría yo sola, hijo mío, para hacer a la Iglesia admirable,
fuerte y gloriosa. Bastaría yo sola, que soy el primero y más noble miembro de
toda la Iglesia, para hacerla honorable, amable y admirable por siempre y por
todo el mundo. Mas no solo, hijo mío, soy la gloria de Jerusalén, la
honorificencia de todo el pueblo fiel, sino que soy también la alegría y el
esfuerzo de Israel. Yo soy Virgen poderosa, causa de vuestra alegría, auxilio
de los cristianos, refugio de pecadores, vida, dulzura, fortaleza y esperanza
de los débiles, porque triunfé del demonio en mi primer instante y siempre. Yo
soy la Madre divina que engendró el gozo principal, Cristo Jesús, y lo nutrió y
lo introdujo con gloria en el mundo. Nada hay en mí de austero, hijo mío, nada
que infunda temor. Soy toda suave, toda amable, y como mansa y fecunda ovejita,
a todos suministro lana, leche y miel. Soy toda llena de piedad, de gracia, de
mansedumbre, de misericordia, de ternura y de amor. Fui concebida Inmaculada
para ser con el tiempo digna Madre de Dios y de los hombres. Por mí, hijo mío,
se regocija el cielo, se alegran los ángeles, son vencidos los demonios,
destruidas las herejías y los hombres reconciliados con Dios. Por mí toda
criatura viene al conocimiento de la verdad, y la Iglesia ha sido establecida
por todo el mundo. Yo soy vuestro alivio, vuestra guía, vuestra fortaleza,
vuestro consuelo, vuestra vida, dulzura y esperanza. ¡Cuántos títulos, hijo
mío, para moverte a invocarme con toda confianza y amor!
Punto segundo. Los hijos de María a su
Madre. –Permitidme ¡oh
Madre amada! que exclame fuera de mí con la Iglesia santa: Toda hermosa sois
¡oh María! y mancha original no hay en vos. Vos sois la gloria de Jerusalén, la
alegría de Israel, el honor de nuestro pueblo, la abogada de los pecadores. ¡Oh
María! Virgen prudentísima, Madre clementísima, ruega por nosotros, intercede
por nosotros con vuestro Hijo y Señor mío Jesucristo, y presérvanos de todo mal
y de todo pecado, y sintamos vuestra eficaz protección todos los que os
proclamamos Inmaculada. ¡Oh Madre de la eterna vida! ¡Cuán felices somos los
hijos de la Iglesia! ¡Cuán honrados y ennoblecidos por teneros a vos por Madre!
Yo quiero honraros como la gloria de la Iglesia más preclara, y quiero honrar a
la Iglesia porque posee por su Reina y su Madre a vos ¡oh María Inmaculada!
¡Con cuánto gozo clamaré en vida y en la hora de la muerte, con cuánto consuelo
y confianza de mi alma, con mi amada Madre, y vuestra privilegiada hija santa
Teresa de Jesús! “En fin, Señor, soy hijo de la Iglesia. En fin, Señor, soy
hijo de María” ¡Cuán dulce cosa será morir con este gozo! Haced, Madre querida,
que me haga digno hijo de vos con mis obras, que os honre a vos y a la Iglesia
con mi conducta cristiana, conforme en todo con la ley de Dios. ¡Oh señora mía
y Madre mía! Confirmadme en el bien con vuestra fortaleza, honradme con vuestra
gloria, consoladme con vuestra bondad. Dignaos que yo os alabe, honre,
glorifique y ensalce con mis santas obras. Hacedme puro y santo y digno hijo
vuestro. Yo me ofrezco a vos en vida y por toda la eternidad.
Confortad, Madre
poderosísima, a la Iglesia en todas sus grandes tribulaciones y persecuciones.
Coronadla con la gloria del triunfo sobre sus enemigos, que lo son de la verdad
y de la virtud. Consolad al sumo pontífice que tanto os ama, y todos reconozcan
que sois vos, ¡oh María Inmaculada! la gloria, el honor, la fortaleza y el gozo
de la Iglesia católica, que confía en vos. Amén.
Jaculatoria. ¡Oh María Inmaculada! no cese jamás de
amaros mi corazón y de alabaros mi lengua. Bendita seas.
Obsequio. Llevaré día y noche el escapulario de
la Inmaculada Concepción, y en las tentaciones lo apretaré contra mi corazón,
diciéndole: vuestro soy ¡oh María! salvadme.
miércoles, 4 de diciembre de 2019
NOVENA A LA INMACULADA. DIA SEXTO. San Enrique de Ossó
NOVENA A LA INMACULADA. DIA SEXTO. San
Enrique de Ossó
Después del Rezo del
Santo Rosario, se comienza tres avemarías en honor a la Inmaculada Concepción.
Después de la meditación se termina con la consagración Bendita sea tu pureza y
un canto.
MEDITACIÓN DÍA 6º
Composición de lugar. Represéntate aquel grande portento de
que nos habla san Juan, esto es, a una mujer vestida del sol, calzada de la
luna y coronada su cabeza con corona de doce estrellas.
Petición. Dame, Dios mío, gracia eficaz para
admirar, amar e imitar como debo a María en su Inmaculada Concepción.
Punto primero. María a sus hijos. –El evangelista san Juan, hijo mío, al
revelaros las grandezas del nuevo portento de mi Inmaculada Concepción, no solo
me presentó vestida del sol, sino calzada de la luna, o con la luna debajo de
mis pies. La luna en este lugar significa a la Iglesia, y el estar la luna
debajo de mis pies, quiere decir que yo soy la Reina de la Iglesia, la Madre,
la fortaleza y salud de la Iglesia. Sí, hijo mío, yo soy la Reina de la
Iglesia, porque fui elegida por Dios la primogénita entre todos los santos. El
primer escogido fue Jesús Hombre-Dios, el segundo fui yo, María, Madre de Dios.
Jesús, mi Hijo, es la causa eficaz de la elección de todos los hombres, y yo,
su Madre, soy la mediadora entre los hombres y Dios, la corredentora del mundo,
el modelo y forma de todos los elegidos. Ninguna salud se obró en el mundo sin
Jesucristo; ninguna se obró sin mí, Madre de Jesucristo. Por eso soy la
primogénita antes que todas las criaturas. Yo soy Reina de todos los escogidos,
de todos los santos, de toda la Iglesia. Porque soy la Madre de Jesucristo,
porque lo soy del que es Rey de la Iglesia, que la ha conquistado derramando su
sangre, sangre que yo le ofrecí al vestirse de la humana naturaleza. Mi hijo
Jesús es Rey de la gloria, es Rey de la misericordia, de la Iglesia, y yo su
Madre, lo soy también. Mas no solo soy Reina de la Iglesia, sino su Madre.
Madre de los justos, porque lo soy de Jesús, primer justo, sol de justicia y
autor de toda santidad. Estos son mis hijos muy amados, todos los justos, en
quienes tengo mis complacencias, a quienes amo como a la niña de mis ojos; los
justos son los que forman las delicias de mi corazón maternal. Soy también
Madre compasiva de los pobrecitos pecadores, sobre todo de los que se quieren
enmendar y salir de su mala vida. Soy Madre de los herejes y de los infieles,
porque, como nueva Eva, soy Madre por la gracia de todos los hombres; así como
Jesús, nuevo Adán, es el Padre de todos. La Iglesia, hijo mío, comenzó a
propagarse por mí, se extendió por mí y venció todos los errores y herejías por
mí; y así sucederá hasta el fin de los siglos. Ora, pues, hijo mío, para que
todos participen de mi amor maternal y se salven eternamente.
Punto segundo. Los hijos de María a su
Madre. –¡Cuántas
gracias se descubren, Madre querida, ya en vuestra purísima Concepción! Como
venís al mundo para ser la salud del mundo con Jesús vuestro Hijo, por eso
aparecéis ya en el primer instante con todas las gracias que corresponden a
vuestra altísima dignidad. El Hijo eterno de Dios, que había de ser vuestro hijo
en el tiempo, os preparó con todos los dones que convenían al desempeño de
vuestra dignidad inefable. ¡Cuánto me gozo, Madre querida, de estar con toda la
Iglesia bajo vuestro maternal imperio! ¿Qué puedo temer? Elegida antes que
todas las criaturas, y la más perfecta entre todos los santos, yo os ruego me
hagáis el más fiel de vuestros súbditos y que nunca os haga traición por el
pecado. ¡Oh Madre Inmaculada! Yo me postro a vuestros pies e imploro vuestra
clemencia para mi alma pecadora y para todos los pecadores. Convertidnos y
purificad la santa Madre Iglesia de las manchas de sus hijos pecadores.
¡Cuántos millones hay de herejes, cismáticos e infieles, Madre de misericordia,
que no conocen a Jesús ni a vos! Enviadles un rayo de luz del cielo que los convierta
y vivan, y haya un solo redil y un solo pastor bajo el vicario de vuestro hijo
Jesús el romano pontífice. Dad la paz, la libertad y exaltación a la santa
Iglesia, ya que vos sois su Reina, y humillad a los enemigos de nuestra santa
fe. Yo ya sé y confieso que las puertas del infierno no prevalecerán contra
ella, según la palabra infalible de vuestro Hijo Jesucristo, porque los cielos
y la tierra pasarán, mas sus palabras no faltarán. Mas también sé que muchos se
pierden con los escándalos y perniciosos ejemplos, y que vuestra Iglesia sufre
persecución en sus miembros, y más que todo en su cabeza visible el romano
pontífice. Haced, pues, que destruidas todas las adversidades y errores, seamos
consumados en la unidad, y Cristo venza, Cristo reine, Cristo impere por medio
de su Iglesia en todo el mundo, por el reinado de su conocimiento y amor en
todas las almas. Amén.
Jaculatoria. Alcanzadme ¡oh María! la
perseverancia y el aumento en el amor de Dios y de vos.
Obsequio. Ayunaré las vigilias de las grandes festividades de
la Virgen, y mortificaré, por María, mi vista en el día de hoy.
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