DÍA VIGÉSIMO SÉPTIMO
TRANSVERBERACIÓN DEL CORAZÓN
DE SANTA TERESA
MES DE OCTUBRE
CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE
SANTA TERESA DE JESÚS
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA VIGÉSIMO SÉPTIMO
TRANSVERBERACIÓN DEL CORAZÓN
DE SANTA TERESA
Tan grande fue el amor que la Reformadora del Carmelo tuvo a Dios Nuestro Señor, que el de ninguna criatura puede ser mayor, según hemos visto al tratar particularmente de esta virtud de la Santa.
Ahora bien: Dios, que nunca deja sin recompensa el amor de sus hijos, no había de dejar a Teresa sin ella, y así fue, pues la colmó de gracias y mercedes, entre las cuales sobresale muy particularmente la que la Iglesia conoce con el nombre de Transverberación de su santo corazón.
La Santa, en el libro de su vida, nos lo refiere de esta manera:
«Quiso el Señor viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel al lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así; no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido, que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrazan: deben ser los que llaman serafines, que los nombres no me lo dicen, más bien veo que en el Cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros, y de otros, que no la sabría decir.
Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor de Dios.
Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios.
No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja el cuerpo de participar algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé gustar a quien pensare que miento».
Tal es la Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús: un prodigio sin igual, en el que se descubre bien claramente el amor de Cristo a su sierva Teresa y el que ésta tuvo a su Celestial Esposo.
OBSEQUIO
Recemos tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patris en honor de la Transverberación del Corazón de Santa Teresa.
MÁXIMA
Use siempre el hacer muchos actos de amor, porque encienden y enternecen el alma. Haga actos también de todas las demás virtudes.
ORACIÓN
Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús, que por el grande amor que profesasteis a Dios merecisteis fuese transverberado vuestro purísimo corazón por el dardo de fuego de un abrasado serafín: yo os suplico, Santa amadísima mía, pidáis al Señor transverbere también el mío con el dardo del amor de Dios, para que así pueda luego, como Vos, gozar en el Cielo de las inefables dulzuras que Él tiene reservadas para los que le aman y le sirven. Amén.
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Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN PARA TERMINAR
Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.
Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)
Ave María Purísima, sin pecado concebida.