lunes, 26 de octubre de 2026

DE LA RESPUESTA DE CRISTO: «DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Martes de la XXII semana después de Pentecostés

DE LA RESPUESTA DE CRISTO: «DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS».

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XXII semana después de Pentecostés

DE LA RESPUESTA DE CRISTO: «DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS».

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo nuestro Redentor, antes de dar la sentencia en lo que le preguntaron, no solamente los oyó, sino que pidió y le mostraron la moneda del César; y viendo y considerando en ella su imagen, dio la sentencia, enseñándonos a no juzgar arrebatadamente, no solo por el oído, sino, si fuera posible, probando a vista de ojos la verdad.

Acusa tu imprudencia a vista de la rectitud del Salvador, pues tan fácilmente y tan sin consideración echas el fallo a todo cuanto se te ofrece; y pide a nuestro Señor maduro consejo en todas tus resoluciones, no moviéndote levemente, sino con prudente examen y probanza de la verdad.

 

PUNTO II. Considera cómo, viendo la imagen del César en la moneda, la tuvo Cristo por del César, y mandó que se la diesen como propia suya.

¡Oh alma mía!, mira la imagen de Dios en ti esculpida y grabada desde tu nacimiento, que corre parejas con tu ser; reconoce que eres de Dios y hechura suya, y que tienes obligación a darte a Él y ser todo suyo.

Mira cómo has cumplido esta obligación hasta aquí, y cómo la has de cumplir en adelante; atiende a la imagen que te dio, y cuántas veces la has manchado y deslustrado; y llora tu ingratitud y descuido, no sea que no te reconozca Dios por suyo.

Procura, con la gracia divina, renovar esta imagen con toda perfección, con los matices de las virtudes.

Vuélvete a Dios de todo corazón, y dile con afecto de tu alma:

«Vos, Señor, que me formasteis, renovad la imagen que me disteis, pues veis mi insuficiencia y que ya no puedo nada sin vuestro favor».

 

PUNTO III. Pondera la sentencia del Salvador: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios»; esto es, a lo secular y del cuerpo, lo inexcusable para la vida; y a Dios, todo lo que tocare al aprovechamiento del alma.

Mira cuán al contrario vives, dando a los negocios del siglo y al regalo corporal todo el cuidado, el tiempo y las fuerzas; y a Dios y al bien de tu alma, nada, lo menos y lo peor.

Mira que no es menos tuya el alma que el cuerpo, y que tienes más obligación a Dios que al mundo; y que dependes más de Él que del César ni de todos los monarcas de la tierra.

¿Por qué lo haces tan mal, que todo te das al mundo y nada a Dios?

Muda la vida y muda de estilo; y date todo a Dios, pues eres suyo, y nada al mundo sino lo precisamente necesario para sustentar la vida en orden a conseguir la eterna.

 

PUNTO IV. Pondera que no le preguntaron a Cristo nada de lo que se debía a Dios, sino de lo que al César solamente; y el Redentor, tomando ocasión de su pregunta, les dijo, con la obligación que tenían al César, la que tenían también a Dios, que debe ser siempre la primera.

De aquí debes aprender a estar siempre advertido y en vela para no perder la ocasión de aprovechar a tus prójimos en todo lo que pudieres, y sacar ganancia para el alma de todo.

Pídele al Señor esta gracia, y que te la dé para aprovechar la tuya, sin dejar pasar tiempo ni ocasión que logres para gloria y honra suya.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.