domingo, 4 de octubre de 2026

DÍA 5. LA CONFIANZA EN LA PROVIDENCIA. MES DE OCTUBRE EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

 


DÍA 5

LA CONFIANZA EN LA PROVIDENCIA

 

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

DÍA 5

LA CONFIANZA EN LA PROVIDENCIA

Jesús nace sin detrimento de la virginidad de su Madre Santísima, realizando con esto un nuevo prodigio. Así como la luz traspasa los cuerpos diáfanos sin romperlos ni mancharlos, antes, por el contrario, llenándolos de mayor brillo y esplendor, así sale Jesús del vientre de su Madre dejándola incorrupta y con mayor perfección maternal y espiritual; de tal modo que la Iglesia dice de María que fue Virgen antes del parto, en el parto y después del parto.

Mira cómo provee Dios en todas las necesidades a las almas que de corazón le sirven. Si tuvieses siempre esta gran confianza en la Providencia y te entregaras toda al servicio de Dios, Él velaría constantemente por ti y te defendería de las asechanzas de todos tus enemigos y nunca te dejaría abandonada a tus solas fuerzas.

 

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.