Jueves de la Septuagésima
La vocación del Salvador a seguirle,
a imitación del capitán en la guerra
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la Septuagésima
La vocación del Salvador a seguirle,
a imitación del capitán en la guerra
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo vino a conquistar al mundo y hacer guerra al infierno y libertar de su tiranía a los hombres, para lo cual junta sus ejércitos y los llama y convoca para esta guerra; y por los filos contrarios el demonio, oponiéndose a Cristo, forma campos y ejércitos para resistir a Cristo y oponerse a sus intentos; y mira a cuál de los dos has de seguir, porque es lance forzoso que sigas a uno solo, y no puedes a ambos; y si sigues a Cristo has de renunciar en todo a Satanás y su milicia.
PUNTO II. Considera junto a Babilonia, ciudad de confusión en un monte alto y pedregoso, a Lucifer en una como cátedra de fuego, humo, nieblas y oscuridad, con su bandera en la mano y a todos sus ministros en su presencia, a los cuales hace un razonamiento con grandes voces y orgullo, ordenándoles y persuadiéndoles que vayan por el mundo y pongan lazos a los hombres, cebándolos con riquezas , honras y deleites para hacerlos caer en vicios y despeñarlos por este medio en el infierno. Pondera aquí que usa de cátedra y bandera porque no hay honra que no afecte y quiere hacer a todas manos, y no hay medio que no intente para nuestra perdición, está en monte por su soberbia, pedregoso por su dureza y sequedad y por la esterilidad de todo buen deseo y pensamiento, y echando fuego por su crueldad, y humo por la oscuridad que causa en las almas de quien se apodera. Rumia esta verdad y conocerás por ella las calidades de mal espíritu porque no te engañen sus astucias y caigas en sus lazos.
PUNTO III. Considera en el campo Damasceno o en el de Jerusalén, que es ciudad de paz, a Cristo Nuestro Señor en un valle humilde, pero florido y ameno, con una bandera blanca en la mano, ya los ángeles y discípulos suyos en su presencia, a los cuales con voz mansa y rostro sereno exhorta a que vayan por el mundo y prediquen a todos los hombres el camino verdadero de la vida, exhortando los a la pobreza y desprecio de la hacienda, y a la mortificación, dando de mano a los deleites sensuales; y a la humildad, despreciando las honras de este siglo por adquirir las eternas. Y así el camino de la vida está en estas tres virtudes, pobreza, mortificación y humildad, como el de la muerte en los vicios contrarios, de codicia desordenada, deleites sensuales y soberbia. Pondera todo lo dicho, y en especial la humildad mansedumbre de Cristo y sus palabras y consejos y pide a Dios que te dé luz para conocer su voz y su espíritu, para seguirle y obedecerle en todo.
PUNTO IV. Medita los razonamientos de ambos capitanes, y los intentos que tienen y el fin de sus empresas y el premio de sus victorias, óyelos a ambos y mira a cual has seguido hasta aquí, y a cual debes seguir en adelante, oye las voces que te da Dios para que le sigas, y a los ángeles y ministros que te ha enviado, y te han hablado de su parte y te hablan cada día, y no te hagas sordo a sus voces; más resuélvete con fervor a seguirle y servirle el breve tiempo de esta vida, dando de mano a todo lo que el mundo adora, porque después merezcas gozar de su corona en el reino de la gloria.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.