domingo, 6 de septiembre de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: Resurrección del hijo de la viuda de Naín


XV DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962

EVANGELIO 

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas 7, 11-16

En aquel tiempo: Iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

TEXTOS DE LA MISA XV domingo despues de Pentecostés

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines LA SANTA IGLESIA SE REGOCIJA AL VER LOS HOMBRES QUE CADA DÍA RESUCITAN ESPIRITUALMENTE. San Agustín
TRES MUERTOS RESUCITADOS POR JESUCRISTO. San Agustín 

 SOPORTARÉ RESIGNADO MIS SUFRIMIENTOS, PARA QUE SE ME CONCEDA LA GLORIA FUTURA. San Jerónimo

EL AYUNO. San León, Papa

LA MUERTE DE LOS MUNDANOS. San Alfonso María de Ligorio

 LA MUERTE ESPIRITUAL Y LOS MEDIOS PARA SALIR DE ELLA. San Juan Bautista de la Salle

MANCEBO, A TI DIGO, LEVÁNTATE. Catena Aurea de santo Tomás de Aquino

DÉCIMO QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Dom Gueranger

Jesús a las puertas de Naím. Fray Justo Pérez de Urbel

ES RESUCITADO EL HIJO DE LA VIUDA.

Juan Pablo II ¡LEVÁNTATE!
Benedicto XVI  LA MIRADA DE JESÚS
 CREO EN DIOS OMNIPOTENTE. Homilía

NUESTRA VIDA ES UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS. Homilía

LA HERMANA MUERTE. SU LECCIÓN. Homilía

El deber de educar a los hijos para no llorar su muerte espiritual. P. William Mora

JESUCRISTO ES EL SEÑOR DE LA VIDA. HOMILÍA

NO NOS CANSEMOS DE HACER EL BIEN. Homilía

LOS PADRES HAN DE CORREGIR A SUS HIJOS SI NO QUIEREN VER SU MUERTE. Homilía

SIN JESÚS, TODO ES TINIEBLAS, OSCURIDAD, MUERTE. Homilía

ANTE EL DRAMA DE LA VIUDA, APARECE LA COMPASIÓN DEL HOMBRE DIOS.

Sembremos para el espíritu y cosecharemos para la vida. Homilía

sábado, 5 de septiembre de 2026

LA VIUDA DE NAÍM.

 


XV domingo decimoquinto después de Pentecostés.
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO DE LA VIUDA DE NAÍM. (Luc. 7.)

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XV domingo decimoquinto después de Pentecostés.
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO DE LA VIUDA DE NAÍM. (Luc. 7.)

 

Refiere el Evangelio cómo Cristo resucitó al hijo de una viuda, que llevaban a enterrar en la ciudad de Naím, con igual consuelo suyo y admiración de la ciudad, que prorrumpió en alabanzas y loores del Salvador.

 

PUNTO PRIMERO. Contempla la imagen que te pone el Evangelio delante de los ojos en este difunto: mozo, rico, bien emparentado, único de su madre, amado como tal, heredero de su casa, y amortajado en unas andas, que le sacan a enterrar y dejarle con los demás muertos en una triste sepultura. Contempla en todo esto lo que pasa para el pobre y el rico, el grande y el chico, el noble y el plebeyo, el viejo y el mozo, sin que le valgan las fuerzas, ni las riquezas, ni los parientes, ni los pocos años; porque la muerte a nadie respeta, ni hay hora segura, y tan presto echa mano del mozo en la flor de su edad como del viejo que está blanco con los años, como la mies madura para la hoz. Esta verdad publicó Dios desde el principio del mundo, en el cual, de las cuatro primeras personas que hubo en él, murió primero Abel, que era el menor, para enseñar que el morir no va por antigüedad, y que ni el mozo por mozo, ni el viejo por viejo podían tener seguridad. Lo cual supuesto, mírate en este espejo, y vuelve los ojos a ti mismo, y mira qué será de ti, y que es infalible morir, y no sabes cuándo ni en qué parte o lugar; y por esto te conviene estar apercibido en todo tiempo y lugar.

 

PUNTO II. Medita lo que dice san Lucas de este mozo que llevaban a enterrar; mírale helado, yerto, amortajado, sin vida, en unas andas, en hombros de cuatro que le lloran y llevan a sepultar, dejando acá cuanto tenía, sin sacar de todas sus riquezas más que una pobre mortaja. Y considera que lo mismo ha de pasar por ti dentro de muy breve tiempo; que has de morir, y te han de amortajar y llevar en unas andas, clamoreando las campanas, llorando tus amigos, cantando los clérigos el oficio de difuntos, y te han de sepultar en un hoyo hediondo, y cubrirte de tierra como a los demás difuntos, dejando en este mundo todo cuanto poseyeres y hubieres adquirido. Mírate despacio allí enterrado, y que todos se vuelven a sus casas a repartir tu hacienda y lucirse con ella; y reconoce la vanidad del mundo y el engaño de los mortales en la estima de sí mismos y en lo que paran todos; y desprécialo todo por amor de Cristo y el bien de tu alma.

 

PUNTO III. Mira cómo le acompañaba su madre, y mucha gente de la ciudad hasta la sepultura, porque no les daban licencia para más; y el alma iba sola, acompañada de sus obras, al tribunal de Dios. Contempla lo que pasa, y cómo las honras de este mundo y todas sus amistades no pasan de la sepultura, y que cuando tú mueras los más amigos tratarán con más veras de sepultarte y sacarte de casa brevemente, y llevarte en compañía de los otros muertos, y dejarte allí a que te pudras; y tu alma ha de ir sola por aquellas regiones no conocidas, acompañada de sus obras: las buenas para salvarte, y las malas para condenarte. Mira, pecador, lo que quisieras haber hecho entonces; y pues Dios te da tiempo, prevénte para lo porvenir y no esperes a entonces, cuando será imposible, y solo te valdrá lo que hubieres hecho ahora. Saca esta conclusión, y haz lo que quisieras haber hecho cuando mueras.

 

PUNTO IV. Considera cómo, viendo Cristo las lágrimas de la madre, le dijo que no llorase, porque le había de resucitar y se había de trocar en breve tiempo su llanto en gozo y alegría. Toma esta lección y no te desconsueles por las pérdidas temporales, que tan presto se pueden restaurar. Ven a Cristo y él te consolará. Guarda las lágrimas para llorar tus pecados y los del pueblo, y pídele a Dios con ellas que ponga remedio a tantos males, y resucite los difuntos en el alma con la virtud de su voz y la fuerza de su gracia, y él te consolará.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

6. EL PREMIO DE LA HUMILDAD. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DÍA 6
EL PREMIO DE LA HUMILDAD

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 6
EL PREMIO DE LA HUMILDAD

A la humildad, yo no le hallo premio en la tierra. Antes, por el propio caso que lo tenga, deja de ser o, por lo menos, peligra. No trato de los premios secretos y encubiertos que Dios comunica al espíritu verdaderamente humilde, porque Dios, que conoce la naturaleza de las cosas y cuáles son aquellas con quien mejor se conservan unas con otras, le provee de premios y compañía no solo con quien no deje de ser humilde, sino con quien crezca y se aumente.

Uno de estos premios es el que Cristo nos dice por san Mateo, dando gracias a su Padre, porque “a los humildes les descubre y revela sus misterios, y los esconde de los encumbrados y levantados del mundo”. ¡Quién dijera que ignorancia y soberbia se hallarían juntos! Pues eso hace el demonio: que, siendo un hombre tan ignorante en las cosas de Dios que a la más pequeña no le dé alcance, con todo eso se enorgullece e hincha. Y, al contrario, Dios junta humildad y tanto y tan alto conocimiento como tienen de sus grandezas los humildes.

Para que la humildad se conserve y aumente, Dios pone en el alma el conocimiento de sus misterios. La sabiduría del cielo no es viento como el de la tierra, que levanta al liviano y lo sube y pone donde a vueltas de cabeza hallaremos que no está ni es lo que era. La sabiduría de Dios, como no solo trae consigo la información del entendimiento sino la afición de la voluntad, no consiste en puros conceptos, sino en el conocimiento de la cosa que se conoce y en la misma cosa que se da a conocer.

La sabiduría que Dios da a los verdaderos humildes se diferencia de las que se aprenden en el mundo. Dios tiene modos con los que producir una noticia tan cierta y clara que el alma queda satisfecha acerca de las cosas que de su poder y grandeza Su Majestad le descubre. Por eso Cristo llama a esta ciencia revelación: “se las has revelado a los pequeños”.

Fuera del bien de los bienaventurados, hay otro acá en la tierra que gozan los humildes, con quien Dios trata con particular amistad. Lo que saben, dicen, hablan e informan, parece que lo palpan, lo huelen, les sabe y lo ven. Y como esta sabiduría viene acompañada de tantas cosas y de tanto ser y entidad, es grave y pesa; y, como el alma donde se sujeta es humilde, más la humilla y menos lugar y fuerzas le quedan para enorgullecerse y levantarse. Por eso el Espíritu Santo tantas veces en la Escritura la comparó al oro, que entre los metales es el más pesado.

El ejemplo ordinario es el de los árboles. El olmo, el álamo y el ciprés, que no echan fruta, se empinan y encumbran por lo alto. Al contrario, los árboles que cargan mucho fruto se quedan bajos a orilla de la tierra, para que la misma tierra les dé ayuda para sustentar la carga. De esa misma suerte, los letrados sin fruto todo lo echan en crecer y levantarse en alto, desvanecerse y enorgullecerse. Por el contrario, el alma santa, a quien Dios informa y llena de sabiduría del cielo, humilde queda y, con ese conocimiento, más se baja y abate para que la tierra y bajeza de la que fue formado le ayude a sustentar tanto peso.

¡Quién viera o mereciera gozar de este sumo bien para saberlo por experiencia!

 

JACULATORIA: Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas.

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.