martes, 8 de septiembre de 2026

EVANGELIO DEL DÍA. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.


8 de septiembre

NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Forma Extraordinaria del RIto Romano

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías,  Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia. Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

  Mateo 1, 1-16

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

ORACIÓN A LA CONCEPCIÓN Y NATIVIDAD DE LA VIRGEN. Oración de San Juan Damasceno

OH VIRGEN NACIENTE. ORACIÓN A LA VIRGEN DEL PAPA SAN JUAN PABLO II

EL ALBA ES MARÍA, MEDIANERA ENTRE LA NOCHE Y EL SOL. San Juan de Ávila

JACOB ENGENDRÓ A JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA, DE LA CUAL NACIÓ JESÚS, QUE ES LLAMADO EL CRISTO. Catena aurea de santo Tomás de Aquino

8 DE SEPTIEMBRE. LA NATIVIDAD DE MARÍA

 8 de septiembre. NATIVIDAD DE LA VIRGEN Y MEDITACIÓN 

Sermón de San Juan Damasceno. Sobre la Natividad de la Virgen María.

NATIVIDAD DE MARIA SANTÍSIMA, NUESTRA SEÑORA

EVA LLORÓ, MARÍA SE LLENÓ DE JÚBILO. San Agustín

EL MISTERIO DE MARÍA Y PLEGARIA A LA VIRGEN NIÑA. Dom Gueranger

LA NATIVDAD DE LA VIRGEN. MEDITACIÓN 10. Ildefonso Rodríguez

LA NATIVIDAD DE MARÍA (2). MEDITACIÓN 11. Ildefonso Rodríguez

LA NATIVIDAD DE MARÍA (3). MEDITACIÓN 12. ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Predicación . Natividad De La Virgen

POR TU NACIMIENTO, OH VIRGEN, QUE RENAZCAMOS A LA VIDA. Homilía

La Natividad de María es la aurora que anuncia el Sol de Justicia. Homilía

NATIVIDAD DE LA VIRGEN: GRAN MISTERIO. Homilía 

LA HUMILDAD DE LA VIRGEN MARÍA. Homilía

EL PRIMER INSTANTE DEL INMACULADO CORAZÓN


lunes, 7 de septiembre de 2026

DE LA MUERTE DEL ALMA.

 


Martes de la XV semana después de Pentecostés

DE LA MUERTE DEL ALMA.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XV semana después de Pentecostés

DE LA MUERTE DEL ALMA.

 

PUNTO PRIMERO. Considera en este mozo difunto que llevaban a enterrar fuera de la ciudad la persona de un pecador en él representada, el cual en un cuerpo vivo trae un alma difunta a la gracia del Señor; y, como dice san Juan en su Apocalipsis (1), tiene nombre de vivo y está difunto. El cuerpo es el ataúd en que lleva el alma muerta, arrastrado de sus apetitos que le llevan a enterrar a la sepultura del infierno. Pondera la fealdad de un difunto, sin operación de vida: ni tiene ojos para ver, ni manos para obrar, ni oídos para oír, ni pies para dar un paso. Así el alma del pecador es fea y abominable a los ojos de Dios y de sus ángeles; y el pecador tan sin vida, que ni tiene ojos para ver su daño, ni manos para obra buena, ni oídos para oír a Dios, ni pies para buscar y diligenciar su salvación; y es llevado como muerto de la fuerza de sus apetitos. ¡Oh miserable estado y digno de ser llorado con lágrimas de sangre! Contempla su ceguedad y desventura, y el fin y sepultura tan horrible adonde le llevan; y pide a Dios que te tenga de su mano para que no caigas en la muerte del alma, y que despierte y dé vida a todos los caídos en ella.

(1) Apoc. 3.

PUNTO II. Considera cómo el cuerpo difunto, fuera de no tener acción de vida, se corrompe y hierve de gusanos en faltándole esta, y causa tan mal olor que le sacan y entierran porque no inficione la ciudad. Todo lo cual sucede al pecador en el alma cuando queda muerta por el pecado, que luego hierve de gusanos de vicios, y con la corrupción de las costumbres da tan mal olor de mal ejemplo y escándalo con su vida, que ordena Dios le saquen de este mundo porque no inficione a los demás con el contagio de sus vicios. Carga la consideración en los que has conocido, y contempla sus desordenadas vidas, los escándalos que causaron y los fines desastrados que tuvieron; y saca de esta meditación grande aborrecimiento del pecado, y deseos de evitarle en ti y en todos los que pudieres, porque no vengan a tan miserable estado. Llora los escándalos que has dado con tu mala vida, y dale gracias a Dios porque te ha sufrido y dado tiempo de penitencia; y pídele fervorosamente gracia para corregirla en adelante.

 

PUNTO III. Considera la amargura con que esta madre lloraba la muerte de su hijo por el mucho amor que le tenía, en quien estaba representada la Iglesia, que como madre piadosa llora a sus hijos difuntos en el alma, porque han perdido la vida de la gracia. Considera su ceguedad, pues llorándolos la Iglesia, solo ellos no se lloran a sí mismos; antes, como sordos y ciegos, ríen cuando habían de llorar, y se despeñan en nuevos vicios cuando habían de hacer penitencia de los cometidos. ¡Oh locos, y qué burlados os hallaréis al fin de la jornada; y cómo entonces lloraréis amarguísimamente las risas que ahora tomáis, sin fruto ni remedio, porque no le tendréis! Vuelve los ojos a ti mismo y considera cuántas veces te ha llorado la Iglesia como a hijo difunto cuando tú reías descuidado en tus vicios. Vuelve sobre ti y llora tu ceguedad, y pide a Dios que te perdone y que te dé gracia para nunca más pecar y tener amor a tus prójimos. Acompaña al llanto de tu madre la Iglesia, gimiendo, llorando y clamando al Señor por ellos, y ten confianza, que así como se apiadó de este por las lágrimas de su madre, se apiadará de los pecadores por las lágrimas de los que intercedieren por ellos.

 

PUNTO IV. Considera últimamente la sepultura adonde llevan a los difuntos en el alma, que es el infierno; y pondera que, si es horrible cosa sepultar a un hombre vivo con los muertos, adonde con su hedor y podredumbre se consuma y acabe la vida, ¿cuánto más horrible cosa es sepultarle vivo en el infierno, en horribles llamas, entre víboras y serpientes, en fuego que siempre atormenta y nunca consume, juntando en uno la vida con la muerte? Acuérdate de aquel rico del Evangelio que vestía púrpura y comía espléndidamente, y al remate de la vida dice Cristo (1): que murió el rico y fue sepultado en el infierno; que tal sepulcro está dispuesto para los muertos en el alma. A él los llevan sus deleites y sus desordenados apetitos. Medita en este paradero, en sus tormentos, atormentadores y compañeros, y en la duración, que es eterna, sin remisión ni alivio; y vive con temor de ir a tal sepultura y de rematar tu vida en tan horribles tormentos. Y pues el remedio es volver a la vida de la gracia, pídele a Cristo que te restituya a ella, como restituyó al hijo de esta viuda a la del cuerpo.

(1) Luc. 16.  1

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

8. LA HUMILDAD NO BUSCA PREMIOS EN LA TIERRA. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DÍA 8

LA HUMILDAD NO BUSCA PREMIOS EN LA TIERRA

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 8

LA HUMILDAD NO BUSCA PREMIOS EN LA TIERRA.

La humildad es una virtud muy delicada, pues pocas veces sale libre y entera con los premios y pagas que ofrece el mundo. No hay nieve tan fácil de derretir ni licor que tan pronto se corrompa como la humildad, particularmente cuando no tomó posada en un corazón muy bien pulido. Por eso es necesario que esté bien guardada y que no salga fuera, donde todo es carne, codicia o soberbia.

El verdadero humilde tiene mucho cuidado de conservarla. Como las abejas, que guardan su fruto dentro de la colmena, el humilde labra en su corazón fruto para Dios y procura poner tierra en todas las partes de su persona donde el conocimiento pone los ojos. Pero, con todas estas cautelas, puede caer y perderse, porque dentro de nosotros hay un principio de perdición heredado de nuestros primeros padres, un pensamiento altivo que, como zángano, come, desbarata y desperdicia lo que el alma humilde ha labrado en mucho tiempo. También el demonio, mundo y carne saben dar una humareda con que echan fuera los pensamientos humildes.

Según esto, la humildad es para uno y no para jugar al descubierto con ella ni para salir fuera. Como animalillo pequeño y delicado, no puede resistir las inclemencias del cielo. Así también el corazón humilde, conociendo su flaqueza, vuelve los ojos al cielo de donde le ha de venir socorro y tiende sus alas en la tierra para que no se las lleve el viento de la presunción y soberbia.

Por eso mal hace quien pide muestras de humildad, puesto que la humildad está escondida y tapada, retirada en los rincones más desechados y ocultos de la casa. Es como la buena sierva y esclava que sirve a todos los de la casa; y cuando quiere salir de paseo, ya no es esclava ni sierva, sino señora. La Virgen, siendo la más humilde de todas las criaturas, dijo: «He aquí la esclava del Señor». Aunque fue escogida por Reina y Madre de Dios, se llamó sierva y esclava para no perder la humildad.

La humildad no busca premios, honras ni grandezas en la tierra. Cristo mismo, cuando le quisieron hacer rey y lo alababan como gran profeta, se escondió y huyó. La humildad en la tierra no quiere ser coronada con rosas y flores, sino con espinas y abrojos; tiene y quiere por premios las afrentas y las injurias. Como la rosa entre espinas, que aunque las espinas la punzan y hieren, son las que la guardan y defienden, así las injurias y afrentas conservan y aumentan la humildad.

El que de veras desea ser humilde no se aflige por la injuria ni considera que no es merecedor de aquel trato. Estimarse por encima de los demás es soberbia. La verdadera humildad consiste en una verdadera desestimación y desprecio de uno mismo. Por eso el justo está enfrentado con que lo alaben, honren y pongan en lugares privilegiados, pues sabe lo poco que vale para ello y estima los últimos lugares, considerando que a cada cosa se le da el lugar que merece.

 

JACULATORIA: Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos.

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.