domingo, 12 de julio de 2026

13 de julio. CONFÍA EN LA PROTECCIÓN DE MARÍA. MES DE JULIO EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


13 de julio

CONFÍA EN LA PROTECCIÓN DE MARÍA

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

13 de julio

CONFÍA EN LA PROTECCIÓN DE MARÍA

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

Un testigo presencial refirió este hecho: Al tercer día de la batalla de Lenef, habiendo recibido orden de recuperar el campo y visitar a los heridos, ordenando que con las precauciones necesarias fuesen conducidos al hospital de sangre más próximo, observé que entre ellos había un soldado a quien se le veía por la guerrera entreabierta el Santo Escapulario pendiente del cuello, el cual pedía con vivas ansias un sacerdote para confesarse.

Acerquéme a él y vi con estupor y asombro que, entre otras varias heridas graves, tenía un sablazo en la cabeza y que un balazo le había atravesado la frente, de tal modo que por los dos lados se le veían los sesos. Viéndole en tan deplorable estado, dije a los que me seguían:

-"Ved ahí un hombre muerto que es menester dejarle en el campo".

El desgraciado soldado, para quien no habían pasado desapercibidas mis palabras, suplicó encarecidamente le colocasen en el carro de los heridos y que le dejasen confesar con el primer sacerdote que encontraran al paso, y que después, si querían, le dejasen en el campo o en cualquier otro sitio.

Accedióse a tan justa cuanto piadosa petición, y, a poco de caminar, hallóse a punto un sacerdote, con quien confesó el moribundo, con gran presencia de espíritu, dando muestras de un sincero dolor y arrepentimiento. Después de haber tenido la dicha de recibir la absolución sacramental, levantó su mirada al cielo y exhaló el último aliento, mientras murmuraban sus labios el dulcísimo Nombre de María.

Humanamente hablando, parecía un imposible el que aquel soldado hubiese podido sobrevivir, después de la terrible herida que recibiera en la cabeza, y todos los circunstantes estuvieron acordes y conformes en que el haber continuado viviendo hasta el instante de recibir la absolución era debido, sin ningún género de dudas, a la singular y milagrosa protección que le dispensara María por medio de su bendito Escapulario de la Virgen del Carmen, que vestía.

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

San Eugenio, obispo de Cartago. — 13 de julio

 


San Eugenio, obispo de Cartago. — 13 de julio

(+ 505)

 

El prudentísimo y pacientísimo san Eugenio, obispo de Cartago, era un caballero seglar de esta ciudad muy estimado por su celo, discreción y piedad cristiana, cuando por voz común de todos sus conciudadanos, fue elegido y ordenado sacerdote y obispo de aquella iglesia en tiempo del cruel Hunerico, rey de los Vándalos, los cuales se habían hecho dueños y señores del África. Y aunque el santo prelado gozó de paz en los primeros tiempos de su gobierno, y era respetado de los herejes, y tan amado de los católicos, que dieran por él la hacienda y la vida, no tardó el rey Hunerico, que profesaba la secta de los arríanos, en perseguir de muerte a los fieles, y a sus venerables pastores. Y para dar algún color a su perfidia, obligó a todos los obispos a jurar que deseaban que después de su muerte le sucediese su hijo en el trono. No dudaron algunos en jurarlo, juzgando que podían con ello contentar al rey, y otros no prestaron aquel juramento, pensando que era contrario a la ley de justicia; pero el bárbaro monarca los condenó a todos, alegando que los primeros habían sido infieles a Dios, que manda no jurar; y los segundos se habían mostrado rebeldes a su príncipe. Poco después dio orden para que la persecución se hiciese general. Los sacerdotes de Cartago fueron azotados con látigos y varas, las vírgenes consagradas a Dios cruelmente atormentadas, muriendo muchas de ellas en el potro, y los obispos, y todo el clero, y muchos seglares y señores católicos fueron desterrados en número de unas cinco mil personas. Cuando el pueblo vio tan maltratados a aquellos venerables sacerdotes y al santísimo obispo Eugenio, que con ellos iba desterrado, les seguía con los ojos llenos de lágrimas, diciendo: ¿Cómo nos dejáis así desamparados para ir vosotros al martirio? ¿quién bautizará a nuestros hijos?, ¿quién nos administrará la penitencia y la comunión?, ¿quién nos enterrará después de muertos y ofrecerá por nosotros el divino sacrificio? Habiendo fallecido ya aquel cruel rey de los Vándalos, tornó el varón de Dios a su diócesis, pero fue desterrado de nuevo por Trasimundo a las Galias, y haciendo vida solitaria cerca de allí escribió algunos libros contra los errores de los herejes, hasta que consumido de trabajos descansó en el Señor. También murió en el destierro todo el clero de Cartago, compuesto de unos quinientos sacerdotes y diáconos y de muchos niños que eran cantores de aquella iglesia, y con ellos el santo arcediano llamado Salutario, y Murita, que era el segundo de aquellos sagrados ministros, los cuales habiendo sido puestos por los herejes tres veces en el tormento, perseveraron constantes en la verdadera fe de la iglesia católica y merecieron la corona inmortal de confesores de Jesucristo.

Reflexión: ¿Has reparado sin duda en el castigo que dio el bárbaro Hunerico así a los que trataron de contentarle a él, como a los que sólo quisieron contentar y estar bien con Dios? Cumplamos pues las obligaciones de conciencia sin respetos humanos, porque hasta los malos echan a mala parte lo que se hace por complacerles contra la conciencia, y violando la ley del retorno vuelven mal por bien. Mas Dios, es fidelísimo, y si hacemos su santidad voluntad, aun a costa de las persecuciones de los malvados, no seremos confundidos, sino más dignos del respeto y admiración de los hombres, y de la alabanza y gran recompensa de Dios. “Bienaventurados, dice Jesucristo, los que padecen por la justicia, porque es grande su galardón en el reino de los cielos”.

Oración: Dígnate, Señor, oír nuestras oraciones en la solemnidad de tu bienaventurado confesor y pontífice Eugenio, y perdona nuestros pecados, por los méritos e intercesión de este santo que te sirvió tan dignamente. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 

EVANGELIO DEL DOMINGO: TODO ÁRBOL SANO DA FRUTOS BUENOS

VII DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Mateo

Mateo 7, 15-21

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.


TEXTOS DE LA MISA VII domingo después de Pentecostés

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines ALGO HEMOS DE PONER DE NUESTRA PARTE. San Hilario

LA HIPOCRESIA. Santo Tomas de Villanueva
 
NO TENÍA FRUTOS, PORQUE NO ESTABA EN EL CAMINO, SINO JUNTO AL CAMINO. San Jerónimo 

GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS. Catena Aurea de Santo Tomás de Aquino

PROCURA ADQUIRIR LA SABIDURÍA… San Jerónimo

CUANTO IMPORTA LA BUENA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS. SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO 

DEL GUARDARSE DE LOS PROFETAS FALSOS.

LOS DISCÍPULOS DE LA SABIDURÍA. Dom Gueranguer

SÉPTIMO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES. Dom Gueranger

LOS FALSOS PROFETAS. Fray Justo Pérez de Urbel

Benedicto XVI ARBOLES ROBUSTOS
 
LOS FALSOS PROFETAS. Homilía del VII domingo después de Pentecostés en la Iglesia del Salvador
SOMOS PROFETAS POR EL BAUTISMO. Homilía

LA HIPOCRESÍA
HACER LA VOLUNTAD DE DIOS. Homilía

ANTE LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL DEMOS FRUTOS AGRADABLES A DIOS. Homilía

POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS. Homilía

EL SANTO ESCAPULARIO. Homilía