domingo, 12 de julio de 2026

Del fruto de las buenas obras.

 


Lunes de la VII semana después de Pentecostés.

Del fruto de las buenas obras.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la VII semana después de Pentecostés.

Del fruto de las buenas obras.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo te ha plantado en el paraíso de su Iglesia, para que des fruto de buenas obras y tú le das de malas; y si mandó arrancar la higuera infructuosa, ¿qué hará con la espinosa? Tiende los ojos por los árboles de este paraíso, y mira cuántos frutos dan de buenas obras; unos de penitencia, otros de predicación, otros de enseñanza de los fieles, otros de misericordia y piedad, y todos de buen ejemplo y tú entre todos eres infructífero: ¿qué juicio te espera y qué sentencia dará contra ti el Señor? Tiembla de sus juicios y de la cuenta que te ha de pedir de tus obras, y ruégale con lágrimas que te dé tiempo y gracia para mejorarlas.

 

PUNTO II. Considera la sentencia tan rigurosa que da contra el árbol que no lleva buen fruto diciendo: todo el árbol que no llevare buen fruto será cortado y lanzado en el fuego. Medita despacio la terribilidad de este decreto, el cual está firmado de la mano de Dios y notificado a los hombres; pondera la actividad de aquel fuego, la voracidad de aquellas llamas y el tormento inacabable, porque abrasando, no consumen, y quemando siempre nunca llegan a la ceniza, sino que como una calentura ardiente abrasa en lo interior y exterior sin consumir al hombre, así su tormento es sin fin y durará para siempre: carga el peso de la consideración sobre este fuego junto con su duración, y mira por qué precio no quisieras caer en él, y pues Dios te ha dado tiempo, cultiva el árbol de tu vida, que Dios te ha encomendado para que hagas fruto de buenas y santas obras, y merezcas ser premiado del Señor.

 

PUNTO III. Considera que consiste la bondad de las buenas obras en que, como enseña Cristo, concuerde lo interior con lo exterior, y que sea la obra buena y la intención santa, con deseo de servirle y agradarle, y sin respeto de vanidad y loa de los hombres; porque no lleve piel de oveja en lo de fuera, y corazón de lobo en lo de dentro: examina tus obras en la presencia del Señor; pide luz para conocerlas y enmendarlas, y para que salgan de tus manos tan perfectas que sean agradables a su Divina Majestad.

 

PUNTO IV. Considera que, como dice el Salvador: no puede el árbol malo dar buen fruto, ni, el pecador frutos de buenas obras meritorias de la bienaventuranza; pon los ojos, en las que has hecho en el discurso de tu vida, y mira cuántas has perdido por no estar en gracia de Dios; ora tu descuido en acaudalar riquezas inmortales, teniendo tan viva codicia de las caducas y perecederas de la tierra. Saca de esta meditación un grande aprecio de la gracia de Dios, y un vivo dolor de lo que has perdido por falta de ella, y resolución firme de procurarla y conservarla a costa de cualesquiera trabajos y cuidados, reconociendo que es la raíz y el corazón del árbol bueno de quien reciben las obras su valor; clama a Dios de lo íntimo de tu alma y pídele afectuosamente que antes te aniquile que te prive de su gracia; que menos mal es no ser, que tener ser con enemistad de Dios. 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

13 de julio. LA PRECIOSÍMA SANGRE DE LA CIRCUNCISIÓN. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

 


13 de julio

LA PRECIOSÍMA SANGRE DE LA CIRCUNCISIÓN

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

13 de julio

LA PRECIOSÍMA SANGRE DE LA CIRCUNCISIÓN

Jesús derramó las primeras gotas de su sangre ocho días después de su nacimiento, cuando, según la ley judía, fue circuncidado y recibió el nombre de Jesús, que significa Salvador. Tan solo unas gotas, ¡pero qué elocuentes y preciosas!

Jesús anhelaba derramar su sangre por nosotros y, por lo tanto, se sometió al rito impuesto por Dios a los hijos de Abraham como señal de la alianza.

Esa primera sangre derramada nos revela que Jesús deseaba unirse íntimamente a nosotros y establecer un pacto de amor para nuestra salvación eterna.

Esas primeras gotas de sangre fueron derramadas en obediencia a ese rito, sagrado para todos los judíos. Como enseña la Sagrada Escritura, el primer pecado cometido por el hombre en el paraíso terrenal fue un pecado de desobediencia; las primeras gotas de sangre fueron derramadas por Jesús en obediencia a la ley de Dios, para expiar el pecado de rebelión cometido por nuestros primeros padres.

¡Qué admirable reparación y qué lección para nosotros, que a menudo nos rebelamos contra Dios! Aprendamos a valorar la obediencia a Dios como condición indispensable para que los méritos de Jesús se apliquen a nuestras almas.

 

PROPÓSITO

Recitar las alabanzas de desagravio.

¾  Bendito sea Dios.

¾  Bendito sea su Santo Nombre.

¾  Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre.

¾  Bendito sea el Nombre de Jesús.

¾  Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

¾  Bendito sea su Preciosísima Sangre.

¾  Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

¾  Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.

¾  Bendita sea la Incomparable Madre de Dios la Santísima Virgen María.

¾  Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

¾  Bendita sea su gloriosa Asunción.

¾  Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.

¾  Bendito sea su Inmaculado Corazón.

¾  Bendito sea San José su casto esposo.

¾  Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén.

 

EJEMPLO

En éxtasis, Santa María Magdalena de Pazzis vio aparecer ante Dios a los santos patronos de Florencia, junto con muchos otros santos. Cada uno de ellos suplicó al Señor que perdonara los pecados de los florentinos, pero Dios pareció no escuchar sus oraciones. El Señor respondió a las súplicas de los ángeles guardianes con la misma negativa.

Luego vio a las almas buenas de la tierra presentarse ante Dios y unir a sus oraciones la ofrenda de la Preciosa Sangre derramada por Jesús por la humanidad. Al mismo tiempo, escuchó las palabras de Cristo resonar: «Pedid y se os dará». Solo entonces Dios se compadeció y concedió lo que las oraciones del cielo y la tierra por sí solas no podían obtener.

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO