lunes, 29 de junio de 2026

San Pablo, apóstol de las gentes. — 30 de junio

 


San Pablo, apóstol de las gentes. — 30 de junio

(+ 67)

El gloriosísimo apóstol de las gentes san Pablo fue hebreo de nación y de la tribu de Benjamín: nació en la ciudad de Tarso (como él mismo lo dice). Tuvo padres honrados y ricos, y de ellos fue enviado a Jerusalén, para que debajo del magisterio de Gamaliel, famoso letrado, fuese enseñado en la ley de Moisés. Entendiendo que los discípulos de Jesucristo eran contrarios a aquella doctrina, les comenzó a perseguir cruelísimamente; y no contentándose con haber procurado la muerte de san Esteban y de guardar los mantos de los que le apedreaban para apedréale con las manos de todos, él mismo ofreció al sumo sacerdote para perseguir a los cristianos; y con gente armada se partió para la ciudad de Damasco para traer aherrojados a todos los que hallase, hombres y mujeres que creyesen en Cristo, y hacerlos infame y cruelmente morir. Pero en el mismo camino de Damasco le apareció el Señor, y cegándole primero con su luz, le alumbró y con su voz poderosa como trueno le asombró y derribó del caballo, y de lobo le hizo cordero, y de perseguidor, defensor de su Iglesia, y vaso escogido para que llevase su santo nombre por todo el mundo, como se dijo en el día de su conversión. No se puede explicar con pocas palabras lo que este santísimo apóstol trabajó y padeció predicando el Evangelio en Damasco, en Chipre, en Panfilia, en Pisidia, en Lystra, en Jerusalén, en muchas regiones de Siria, Galacia y Macedonia, y en las populosas ciudades de Filipos, de Atenas, de Éfeso, de Corinto y de Roma, alumbrando como sol divino tantas naciones, islas y regiones que estaban asentadas en las tinieblas y sombras de la muerte. El mismo dice de sí que fue encarcelado más veces que los otros apóstoles, y que se vio lastimado con llagas sobremanera, y muchas veces en peligro de muerte. Su vida no parecía de hombre mortal, sino de hombre venido del cielo, que con verdad pudo decir: «Vivo yo, más no yo, sino Cristo vive en mí.» El fue el grande intérprete del Evangelio que sin haber aprendido nada de los demás apóstoles, fue enseñado por el mismo Dios, y descubrió a los hombres las riquezas y tesoros que están escondidos en Cristo, confirmando su predicación con divinos portentos, como decía a los fieles de Corinto: «Las señales de mi apostolado ha obrado Dios sobre vosotros, en toda paciencia, en milagros y prodigios, y en obras maravillosas.» Y escribe san Lucas, que con poner los lienzos de san Pablo sobre los enfermos y endemoniados, todos quedaban libres de sus dolencias. Después de haber estado el santo apóstol dos años preso en Roma, es fama que sembró también la semilla y doctrina del cielo por Italia y Francia y que vino a España donde predicó con gran fruto. Finalmente volviendo a Roma a los doce años del imperio de Nerón, fue degollado, en el lugar llamado de las tres fontanas, sellando con su sangre la fe de Cristo.

Reflexión: Alabemos pues y glorifiquemos a los príncipes de la Iglesia san Pedro y san Pablo; porque ellos son las lumbreras del mundo, las columnas de la fe, los fundadores del reino de Cristo, los ejemplos de los mártires, los maestros de la inocencia y los autores de la santidad, alabados del mismo Dios. Amémoslos como buenos hijos a sus padres, oigámoslos como discípulos a sus maestros, sigámoslos como oveja a sus pastores; imitémoslos como a santos, y pidámosles socorro y favor como a bienaventurados.

Oración: ¡Oh Dios! que alumbraste a los gentiles por medio de la predicación del apóstol san Pablo; suplicámoste nos concedas sea nuestro protector para contigo aquel cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: TÚ ERES PEDRO, Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA


29 de junio
SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES
Rito Romano 1962

Continuación del Santo Evangelio según san Mateo. 

 Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

 

TEXTOS DE LA MISA San Pedro y San Pablo, apóstoles. 29 de junio


COMENTARIO AL EVANGELIO   


domingo, 28 de junio de 2026

Exigencia de la perfección cristiana.

 


Lunes de la V semana después de Pentecostés.

Exigencia de la perfección cristiana.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

 

MEDITACION

Lunes de la V semana después de Pentecostés.

Exigencia de la perfección cristiana. (Matth. 5.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera que pide Cristo que sea nuestra virtud mayor que la de los escribas y fariseos, de los cuales dijo el Salvador que no hacían lo que enseñaban, echaban la carga sobre los hombros de los otros, y ellos no querían moverla con el dedo, y por esto los excluye del reino de los cielos, porque el que hiciere y enseñare, este tendrá parte en su reino; carga el peso de la consideración sobre tu vida y tus acciones, y mira si es tu virtud mayor que fue la de aquellos. Considera si haces lo que dices, y si ejecutas lo que enseñas, y si convienen tus obras con tus palabras, y si guardas la ley de Dios perfectamente; y estudia en aventajarte a esta gente, porque merezcas entrar con Cristo en su reino.

 

PUNTO II. Considera que no se contenta Cristo con que no hagas mal a tu prójimo, sino que ni te aires contra él, ni le digas mala palabra, por que cualquiera, dice, que se aíra contra su hermano será condenado en el juicio, y el que le dijere necio será condenado al infierno. Considera cuán fácil eres de lengua y cuántas palabras malas dices a tus hermanos, y teme la ira de Dios, porque se airará contra ti si tú te aíras contra ellos: pídele su gracia para tener paciencia y sufrirlos, amarlos y decirles siempre buenas palabras.

 

PUNTO III. Considera lo que advirtió san Agustín, que aquí señala tres penas a tres pecados; al que se aíra contra su prójimo la condenación en el juicio; al que le dice contumelia, condenación en el concilio que se hace de muchos jueces; y al que le dice necio, la pena del infierno; porque para cada pecado tiene Dios señalado particular y propio castigo; vuelve los ojos a ti y considera cuántos castigos y penas mereces por los pecados de tu vida, y qué tormentos te esperan por tan copioso número de malas palabras y malas obras que has dicho y hecho a tus hermanos; tiembla de los juicios de Dios, llora tus culpas en su presencia, y saca de esta meditación un firmísimo propósito de la enmienda y hacer bien a tus prójimos aunque recibas de ellos malas obras.

 

PUNTO IV. Considera cómo Cristo en este Evangelio corta todas las ocasiones de discordia para morar su ciudad de paz y mantenernos con ella; pondera cuánto la ama y con las veras que la procura establecer entre los suyos. Saca de aquí resolución firme de ayudar a sus intentos con todas tus fuerzas, procurando la paz entre todos y desterrando la discordia, enemiga de la caridad de Cristo; ora a su Divina Majestad pidiéndole que establezca la paz primero en tu alma, teniéndola con él, que si es grande malla discordia con los hombres, mucho mayor sin comparación es con Dios y luego con los hombres, y en especial con los príncipes de la Iglesia y con los prelados y las religiones; ofrécete a sus pies para servirle en esta obra hasta dar la vida por su amor.

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones