domingo, 18 de octubre de 2026

LA PACIENCIA Y BENIGNIDAD DE DIOS PARA CON LOS PECADORES. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Lunes de la XXI semana después de Pentecostés

DE LA PACIENCIA Y BENIGNIDAD DE DIOS PARA CON LOS PECADORES

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XXI semana después de Pentecostés

DE LA PACIENCIA Y BENIGNIDAD DE DIOS PARA CON LOS PECADORES.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo, hallándose alcanzado en las cuentas este siervo, se arrojó a los pies de su rey, pidiéndole con lágrimas que le diese espera, y le pagaría la deuda.

Este solo medio te queda para tu remedio en las deudas que debes a Dios, imposibilitado de pagarle: arrojarte a sus pies y pedirle con lágrimas de verdadera contrición que alargue los plazos, te espere a penitencia y te dé tiempo para satisfacer por tus pecados y pagarle lo que le debes.

Híncate de rodillas y pídele con este siervo:

«Señor, tened paciencia; esperadme como esperáis a tantos, que yo prometo la enmienda y serviros de manera que pueda, con vuestra gracia, satisfacer vuestras deudas.»

 

PUNTO II- Considera cómo mandó el rey confiscarle todos los bienes temporales, la mujer, los hijos y la hacienda para cobrar su deuda; con que nos enseña Cristo que Dios nos confisca los bienes de la tierra para que le paguemos los que le debemos espirituales y del cielo.

La pérdida de los parientes que nos quita, la de la salud, la de la honra y la de la hacienda son prendas que nos saca Dios para que abramos los ojos y le paguemos las deudas que le debemos por nuestros pecados, hasta que nos cite de remate y nos embargue a nosotros mismos.

¡Oh alma mía!, atiende a tu particular y mira las voces que te ha dado Dios y las prendas que te ha sacado, y saca cada día por las deudas que le debes y no le pagas. Mira que se van abreviando los plazos y que muy presto te citará de remate y mandará venderte a ti mismo y entregarte a los tormentos, hasta que pagues en tu persona el más mínimo cuadrante.

Despierta y no esperes a más plazos, sino procura desde luego satisfacer a tu Rey y hacer cuenta con pago.

 

PUNTO III. Considera la benignidad del rey, que sin más intercesores que sus lágrimas le dio espera y tuvo paciencia con él; y pondera que no solamente le esperó como pedía, sino que le perdonó todo el débito, cosa tan grande que no se atrevió a pedirla.

En esto declara la infinita piedad de Dios para con los pecadores, que no solamente los espera a penitencia, sino que les perdona liberalísimamente todo cuanto le han ofendido.

Bendito sea tan buen Dios, tan liberal, tan piadoso y misericordioso por siempre jamás. Amén.

Saca de aquí una grande confianza en Dios y un propósito firme de amarle y servirle eternamente.

Contempla la paciencia con que sufre y espera a tantos pecadores como hoy le están ofendiendo en el mundo, y la que ha tenido y tiene en sufrirte a ti, y en esperarte tantos años a penitencia, y nunca acabas de venir y rendirte a su servicio.

Llora tu obstinación y rebeldía, rompe las cadenas que te tienen y no le hagas esperar más tu conversión, no sea que irrites con la dilación su ira y venga sobre ti su indignación.

 

PUNTO IV. Pondera, últimamente, que este rey dilató la cuenta para que, multiplicándose la deuda del criado, campease más su liberalidad, dándole mayor perdón.

En esto se descubre la liberalidad de Dios, que espera a los pecadores muchos años, sabiendo que se multiplican sus ofensas, para darles mayor perdón y ostentar más su piedad.

De lo cual has de sacar dos cosas.

La primera es alabar y engrandecer la benignidad y misericordia de Dios, que tiene por caso de menos valer ser vencido de nuestras ofensas, y por timbre perdonar más, y a más que le hayan ofendido.

La segunda, no desmayar por muchos que sean tus pecados; antes cobra nueva confianza en su piedad, de que la tendrá de ti, y no solo te perdonará, sino que te recibirá en su gracia y te hará muchas mercedes por su infinita bondad, que sea alabada y ensalzada por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

19. DEVOCIÓN QUE TUVO SANTA TERESA A SU SEÑOR Y PADRE SAN JOSÉ. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA DÉCIMO NOVENO

DEVOCIÓN QUE TUVO SANTA TERESA

A SU SEÑOR Y PADRE SAN JOSÉ

 

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA DÉCIMO NOVENO

DEVOCIÓN QUE TUVO SANTA TERESA

A SU SEÑOR Y PADRE SAN JOSÉ

Bien conocida es de todo el mundo la gran devoción que Santa Teresa de Jesús profesó desde los primeros años de su vida al glorioso San José, a quien eligió por Padre, Abogado, Protector y Maestro de su espíritu.

Seguramente no ha habido jamás criatura más devotísima del excelso Patriarca que la insigne Virgen avilesa. Repárense todos sus escritos, y en particular el libro de su vida, y en ellos se verá confirmada la verdad que antecede, pues todos ellos están llenos de párrafos en que descubre de modo bien patente su gran devoción por San José, y la fe tan grande que siempre tuvo en su intercesión poderosa.

La Santa comprendía perfectamente que San José, en su calidad de Padre nutricio de Jesucristo Nuestro Señor, no tiene necesidad de impetrar en su Sacratísimo Corazón, sino que puede imperar en él, como dice la Iglesia: Non impetrat, sed imperat, y así lo tenía como Abogado de gran valía y el mejor que puede elegirse después de María Santísima.

Siempre y con gran fe se encomendaba a este bendito Santo, y aconsejaba a todos hicieran lo mismo, hallando en él remedio para todas sus necesidades, con más bien de lo que solía pedirlo, como ella misma lo asegura; agregando que no recuerda haberle pedido cosa alguna que la haya dejado de hacer, y, por el contrario, que son muchísimos los peligros de que la libró, así de alma como de cuerpo; y por último encarga a todos que, aunque tengan muchos Santos por Abogados, sea siempre el primero el glorioso San José, que alcanza mucho de Dios, como puede probarlo quien dudare de ello, y por experiencia verá el gran bien que se consigue encomendándose a este Santo y teniéndole particular devoción.

Prueba inequívoca de la gran devoción de Teresa al Sagrado Esposo de la Virgen Santísima, y la más terminante, es sin duda la de que, a casi todos los monasterios que fundó, puso bajo la advocación de San José.

Imitemos a la Santa en esta devoción que tan provechosa es para las almas que aspiran a la perfección.

 

OBSEQUIO

Rezar siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en honor de los siete dolores y gozos de San José.

 

MÁXIMA

Aunque tenga muchos Santos por Abogados, séalo en primer lugar el glorioso San José, que él alcanza mucho de Dios.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por la protección que, en toda vuestra vida, y particularmente en la hora de vuestro tránsito a los Cielos, os dispensó el bendito San José, suplicoos me alcancéis de Dios una gran devoción a tan excelso Patriarca, para que, como Vos, pueda merecer su patrocinio así en la vida como en la muerte. Amén.

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.