sábado, 25 de julio de 2026

Llanto de Cristo sobre Jerusalén

 


IX domingo después de Pentecostés.

Llanto de Cristo sobre Jerusalén

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

IX domingo después de Pentecostés.

Llanto de Cristo sobre Jerusalén. (Luc. 19.)

 

Refiere san Lucas, cómo subiendo Cristo a Jerusalén y mirando la ciudad lloró su futura destrucción que en sus ojos estaba presente, y entrando en el templo echó de él a los que le profanaban con sus tratos y ventas.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que subiendo con triunfo Cristo a Jerusalén en medio de las aclamaciones del pueblo, lloró amargamente su futura destrucción, en que verás qué poco se le pegaban al corazón las honras del mundo, y cómo toda su mente tenía en lo espiritual y divino, en la gloria de Dios y en el bien de las almas, cuya perdición lloró en medio de sus aplausos, moviéndole más el deseo de nuestro bien, que su propio interés ¡Oh Padre, verdaderamente Padre de sus hijos! Atiende cuánto le debes, pues no puede tomar gusto en todos los del mundo si no es con interés tuyo, el cual tiene más por suyo que sus mayores honras. De lo cual has de sacar no tener tú otro interés más que su gloria y honra, ni otro gusto más que el suyo, ni tomar contento en todo lo que el mundo adora si no se junta con el servicio de Dios ¡Oh alma mía, si acertases a aprender esta filosofía celestial y pusieses todo tu corazón en Dios y en los bienes eternos y le despegases de los caducos de la tierra, qué paz alcanzarías y cuánto te amaría el Señor! Pídele gracia para amarle con todas tus fuerzas, y no tener otro empleo sino su gloria y honra y su divina voluntad.

 

PUNTO II. Considera el sentimiento tan vivo del corazón del Salvador mirando como presente la calamidad que amenazaba a aquella noble ciudad, pues le sacó arroyos de lágrimas que corrieron de sus ojos; no las dejes caer en tierra; coge aquellas preciosas margaritas y lava con ellas tu corazón. Cristo las derrama para lavar con aquella agua los pecados de Jerusalén; mira que también tenía presentes los tuyos; pídele que te lave y purifique de las manchas que padeces: consuela al Señor que llora, con un pequé verdadero nacido de entrañable contrición de tus pecados, que es el mayor consuelo que le puedes dar: llora tus culpas y las de todo el pueblo: llora con quien llora y compadécete de tu Redentor.

 

PUNTO III. Medita los motivos que tuvo Cristo en su llanto, de los cuales el primero fue no соnocerle y recibir su doctrina en el día que visitó a Jerusalén viendo su ceguedad y tinieblas en medio de tanta luz. Vuelve los ojos a ti mismo y mira si llora por ti ¡Oh cuántas veces le das ocasión de llanto visitándote con sus inspiraciones y con las voces que da a tu corazón, y por medio de sus predicadores y prelados y de los que te dan luz con sus ejemplos para salir de las tinieblas de las culpas y entrar en la luz de Dios; y tú desprecias su visita y te haces sordo a sus voces, más duro y empedernido que estuvo a su predicación Jerusalén. Mira que llora Dios por ti, enjúgale las lágrimas y no le des más ocasión de sentimiento; sal de la ceguedad en que vives y conviértete a Dios.

 

PUNTO IV. El segundo motivo es la calamidad que amenazaba a aquella noble ciudad, la cual había de ser arruinada sin quedar piedra de todos sus edificios, y compadeciéndose el Redentor de su ruina, en tanto grado que derramó arroyos de lágrimas de lo íntimo de su corazón. Pondera en este paso cuánto más digna es de lágrimas la perdición de un alma redimida con la sangre de Cristo, que la de una ciudad material; y si el Salvador llora la ruina de Jerusalén, ¿cuánto más llorará la de tu alma, a quien amenaza mucha mayor calamidad por tus vicios y pecados? Cristo lloraba cuando Jerusalén reía; y tú te ríes cuando Cristo te llora. Deten el paso y llora tu perdición, llora tu ceguedad, y mira que es tal, que le cuesta lágrimas al Redentor; arrójate a sus pies y pídele perdón, duélete de tus culpas con verdadera contrición y darás fin a su llanto, principio a su gozo, gloria a los ángeles y remedio a tu perdición.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

26 de julio. AL CONTACTO CON EL ESCAPULARIO, RESUCITA AL NIÑO. MES A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


26 de julio

AL CONTACTO CON EL ESCAPULARIO, RESUCITA AL NIÑO

 

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

26 de julio

AL CONTACTO CON EL ESCAPULARIO, RESUCITA AL NIÑO

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

El P. Pedro Moraga de Guevara, religioso carmelita de Murcia, refiere que, en la expresada ciudad, vivía un matrimonio muy devoto de nuestra Madre del Carmen, el cual tenía a su servicio a una pobre mujer, viuda con varios hijos, a los cuales amaban extraordinariamente sus amos por no tener ellos ningún hijo.

Aconteció que, enfermando gravemente el menor de ellos, de unos cuatro añitos, desahuciado por completo de los médicos, al fin expiró en el día de la Santísima Virgen. Trajeron luego del convento un hábito de los que suelen usarse para los acólitos, y con él amortajaron al angelito.

Luego que le vio amortajado la señora, afligióse grandemente, y, haciendo grandes lamentaciones a nuestra Madre del Carmen, entre sollozos y lágrimas, le ofrecía la criatura, al par que le ponía sobre su pecho el Santo Escapulario que ella solía traer consigo.

Continuando la buena señora en sus sollozos y lamentaciones, con el niño en su regazo, notaron todos los allí presentes cómo a poco empezó el niño a volver en sí y a llorar.

Admirados todos y llorando de emoción y júbilo ante tanta maravilla, volaron presurosos a la iglesia vecina, y, postrados de hinojos, dieron gracias a Dios nuestro Señor, que, por la intercesión de su Madre y al contacto de su Escapulario, se había dignado obrar semejante portento.

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!