Sábado de la I semana de Pascua.
De la antífona que canta la Iglesia este tiempo: Regina caeli.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la I semana de Pascua.
De la antífona que canta la Iglesia este tiempo: Regina caeli.
Reina del cielo, gozaos, Aleluya.
Porque el que mereciste por Hijo, Aleluya.
Resucitó como dijo, Aleluya.
Rogad por nosotros a Dios, Aleluya.
PUNTO PRIMERO. Considera que llama la Iglesia a la Beatísima Virgen en este tiempo de la resurrección de Cristo Reina del cielo; porque aunque siempre lo fue, pero ahora más especialmente lo mostró y experimentó, estando su alma hecha un cielo de gloria y alegría, con la que tuvo en la resurrección de su Santísimo Hijo. Contempla la gloria que tendría sobre todas las criaturas; porque como había sido la que más había padecido en su pasión, así fue la que más se gozó en ella. Mira cómo todos los ángeles llegarían a darle el para bien con grande júbilo, y santa María Magdalena, y las santas mujeres que fueron al sepulcro, y todos los santos que resucitaron con Cristo, y entre ellos el glorioso patriarca san José, su esposo meritísimo, con quien tendría dulces coloquios. Gózate de su gloria y dale el para bien de ella.
PUNTO II. Considera la razón que da nuestra madre la Iglesia, que es otro título del gozo de la Virgen por ser Cristo Hijo suyo; porque a ninguno le tocaba en el mundo esta gloria tanto como a la Beatísima Virgen, porque así como por ser su Hijo el que padeció en la cruz, fue su dolor más crecido, al mismo paso fue mayor su gloria por ser su Hijo el que resucitó. Y si Jacob cuando oyó decir que su hijo José, a quien había llorado por muerto, vivía y era gobernador de Egipto, salió como de muerte a vida y se bañó su espíritu en un mar de alegría que no se puede referir, mucho mayor sin comparación fue el gozo de la Santísima Virgen, cuando no solo oyó, sino vio y gozó a su Benditísimo Hijo vivo y glorioso a quien había visto morir en la cruz; y aumenta este gozo, lo uno la grandeza del amor que le tenía, y lo otro la alteza de la benignidad y gloria á que le vio sublimado sobre todas las criaturas; y tú , alma mía, si amas como debes a tu dulce esposo, debes por todos estos títulos aumentar en ti el gozo de su gloriosa resurrección en compañía de su Santísima Madre la Virgen María nuestra Señora.
PUNTO III. Considera el tercer título que da la Iglesia de la gloria y gozo de nuestra Señora en este día, porque resucitó como la había ofrecido y cumplió su palabra tan anticipadamente, que apenas hubo empezado el tercer día cuando salió del sepulcro glorioso y triunfante de la muerte, y visitó, como dijimos, a su Madre Santísima, la cual aumentaría su gozo con la firme esperanza de resucitar también después de su muerte con semejante gloria a la de su Hijo. Pondera cómo cumple Dios su palabra, y cómo es más fiel y puntual en lo que promete que podemos ser nosotros en desearlo; y anímate con sus promesas a esperar en su bondad y a servirle ,viendo cuán diferente es de los hombres que todos son falsos y engañosos y nos faltan cuando más confiamos en su favor.
PUNTO IV. Considera el último título que señala de gozo la Iglesia, que es rogar por nosotros a Dios como abogada y patrona nuestra; porque la Santísima Virgen rogó en el tiempo de su sagrada pasión por los apóstoles y discípulos del Señor , dolorida de su flaqueza; y después en su resurrección intercedió por ellos a su Benditísimo Hijo, para que los consolase y confortase en la fe como lo hizo, de que tuvo grande gozo viéndolos reducidos en el gremio de la Iglesia; y con el celo que ardía en su pecho de la salvación del mundo, se gozaba de ver el fruto que habían de hacer en las almas con su predicación en todas partes ¡Oh Virgen Santísima! por este gozo inefable que en esta ocasión tuvisteis, os suplico que roguéis por todos, y en especial por mí como más necesitado, y pidáis a vuestro dulcísimo Hijo que nos consuele a todos y nos esfuerce y anime en la fe y constancia de su servicio, y que nos comunique una centella del gozo tan colmado que vos tuvisteis, para que paladeados con su dulzura despreciemos todas las terrenas, y solo aspiremos a las celestiales y divinas por todos los siglos de los siglos. Amen.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.