martes, 17 de marzo de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me he enviado

MARTES DE LA IV SEMANA DE CUARESMA
Rito Romano 1962

Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me he enviado

Continuación del Santo Evangelio según San Juan

Jn 7, 14-31

En aquel tiempo, a mitad de la fiesta, subió Jesús al templo y se puso a enseñar. Los judíos preguntaban extrañados: «¿Cómo es este tan instruido si no ha estudiado?». Jesús entonces les contestó: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado; el que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios podrá apreciar si mi doctrina viene de Dios o si hablo en mi nombre. Quien habla en su propio nombre busca su propia gloria; en cambio, el que busca la gloria del que lo ha enviado, ese es veraz y en él no hay injusticia. ¿Acaso no os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué queréis matarme?». Respondió la gente: «Tienes un demonio, ¿quién quiere matarte?». Jesús les contestó: «He hecho una obra y todos os admiráis por ello. Moisés os dio la circuncisión —aunque no es de Moisés, sino de los patriarcas— y vosotros circuncidáis a un hombre en sábado. Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para que no se quebrante la ley de Moisés, ¿por qué os enojáis contra mí porque he curado en sábado a un hombre enteramente? No juzguéis según apariencia, sino juzgad según un juicio justo». Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora. De la gente, muchos creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿acaso hará obras mayores que las que ha hecho este?».



TEXTOS DE LA MISA Martes de la IV semana

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lunes, 16 de marzo de 2026

La autoridad de la doctrina de Cristo

 


Martes de la IV semana de Cuaresma

La autoridad de la doctrina de Cristo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la IV semana de Cuaresma

La autoridad de la doctrina de Cristo

Jn 7, 14-31

Predicando y enseñando Cristo en el templo con admiración de todos, se le opusieron los judíos motejándole de ignorante y diciendo que estaba endemoniado; a que respondió quién era y que su doctrina era de su Eterno Padre; más deslumbrados con la respuesta, le quisieron echar mano, pero no les fue permitido porque no había llegado su hora,

PUNTO PRIMERO. Considera que, predicando Cristo en el templo, se admiraban y no se convertían los que oían, en que multiplicaban su pecado; pues siendo la doctrina admirable, no se rendían con ella, pues poseídos de la envidia le querían quitar la vida; llora la dureza de los hombres y la obstinación en sus pecados, pues vemos hoy en muchos el mismo vicio que en estos, los cuales alaban los sermones que oyen por admirables pero no se convierten con ellos, sino antes se endurecen más en sus pecados; y mira que no seas tú uno de ellos: entra en cuenta contigo y considera cuántos has oído toda la vida y cuán poco te has aprovechado; pide a Dios perdón y gracia para enmendarte.

PUNTO II. Considera lo que dice el Evangelista, que se admiraban de verle tan sabio sin haber estudiado, de lo cual, como dice san Juan Crisóstomo, habían de conocer claramente su divinidad y que su doctrina era de Dios, pues no era adquirida por medios humanos como la de los hombres, sino celestial y divina, y propia de Hijo de Dios; de lo cual debes sacar una grande estima de la doctrina del Salvador, y sumo aprecio de todas sus palabras, conociendo que son de Dios, y su sabiduría, no humana, sino divina; gózate de tener tal maestro, pídele que te enseñe y que te dé luz para entender su doctrina y caminar con sus consejos al cielo.

PUNTO III. Considera aquellas palabras que dijo el Salvador a los que le contradecían: si alguno quisiere hacer mi voluntad (esto es, de mi Padre), entenderá mi doctrina; dándoles a entender, como siente san Crisóstomo, que no la entendían ellos por estar poseídos de sus vicios y no cumplir la voluntad de Dios, sino la suya: medita estas palabras y mira no oscurezca tu corazón la niebla de tus vicios y pasiones no domadas, y el amor propio contrario a la ley del espíritu y a la voluntad de Dios, y por esto no acabas de conocer sus verdades y penetrar el espíritu que encierra su santa doctrina; trabaja con la gracia divina en hacer la voluntad de Dios y en purificar tu alma de vicios, y Dios te dará luz para que limpios los ojos de tu alma puedas entender sus verdades y alcanzar su doctrina.

PUNTO IV. Considera la malicia de los judíos, que ciegos con tanta luz se despeñaron en tan horrendo pecado, como fue quitar la vida al Redentor del mundo: en este vicio caen los que toman ocasión de los sermones para volverse contra los predicadores que hablan en su nombre: ruega a Dios nuestro Señor que te tenga de su mano para no caer en semejante vicio, y no te acobardes si diciendo la verdad fueres perseguido, que Dios estará a tu lado como estuvo al de Cristo, y no permitirá a ninguno extender la mano contra ti.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

DE LA PERDICIÓN DE JUDAS

 


Martes de la IV semana de Cuaresma.

DE LA PERDICIÓN DE JUDAS

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

´

Martes de la IV semana de Cuaresma.

DE LA PERDICIÓN DE JUDAS. (Math. 26.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el Evangelista: que viendo Judas cómo el concilio había condenado a Cristo a muerte le pesó de su pecado y vino a los sacerdotes y les dijo: pequé, vendiendo la sangre del Justo; y ellos con desdén le respondieron: tú lo verás: y Judas les arrojó el dinero que le habían dado, se ahorcó de un árbol y reventó por medio. Considera el fin miserable de este desdichado, y cómo pudiendo estar hoy glorificado en los cielos y en la tierra como los demás apóstoles, está su alma en los infiernos en horribles penas, y su nombré en la tierra el más infame y aborrecido que hay en ella, que esto ganan los discípulos de Cristo que le dejan y venden por intereses y deleites temporales. Desdichada suerte la de este miserable, y no menos lamentable la de los que estando en la escuela de Cristo la truecan por la del mundo y por los bienes temporales. Señor, tenedme de vuestra mano, porque yo no me aparte de vos ni os deje un punto, y antes muera afrentosa muerte que dejaros.

PUNTO II. Considera el arrepentimiento de su corazón por el pecado cometido; y aunque no tuvo verdadera penitencia, conoció cuán mal había hecho en vender a su santo maestro, y quisiera no haberlo hecho. Mira cuánta verdad es lo que dice Orígenes, que el demonio facilita los pecados al cometerlos, escondiendo a los hombres su gravedad y haciéndoles creer que son leves los que son muy graves, y después al arrepentimiento se los pinta tal que los hace desesperar de la misericordia de Dios, como lo hizo con Judas; de lo cual debes sacar para tu provecho no fiarte de sus astucias ni dar crédito a sus palabras, sino estar siempre muy sobre aviso para no seguir su silbo ni caer en sus lazos.

PUNTO III. Considera el yerro de este desdichado en acudir a los sacerdotes del templo cuando conoció su pecado, y no al Sumo Sacerdote Cristo: Redentor nuestro, á quien tenía tan cerca, el cuál le perdonara si llegara a sus divinos pies, como perdonó a San Pedro aquella misma noche. ¡Oh miserable! y qué errado vas en acudir a quien no puede perdonarte; ahí tienes al autor de la vida, al Cordero de Dios que perdona los pecados del mundo, llégate a sus pies, que si de veras te arrepientes luego te perdonará. ¡Oh Señor! y cuál sería vuestro sentimiento viendo a vuestro apóstol que os dejaba a vos, fuente de aguas vivas, por las cenagosas de aquellos malos sacerdotes. Dadme vuestra gracia para que yo venga a vuestros divinos pies por el perdón de mis culpas, y haga de ellas digna penitencia, para merecer y recibir de vuestra poderosa mano el perdón de mis pecados.

PUNTO IV. Considera cómo arrojó Judas el dinero y no le aprovechó, porque no aprovecha lo mal ganado, y los sacerdotes lo tomaron y emplearon en un campo para sepultura de los peregrinos por ser precio de la sangre de Cristo; en que se declara que su preciosa sangre fue precio de nuestro rescate, y que permitió Cristo ser vendido para sacar de cautiverio y comprar el eterno descanso a los que peregrinamos por el mundo; de los cuales eres tú a quien tuvo entonces en su memoria; dale gracias por tan gran beneficio, y pídele que te dé sus auxilios para aprovecharte del precio inestimable de su sangre y salir de la cautividad de Satanás sin volver a sus cadenas.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.