viernes, 29 de mayo de 2026

San Fernando, rey de Castilla y de León. — 30 de mayo.

 


San Fernando, rey de Castilla y de León. — 30 de mayo.

(+ 1252)

El gloriosísimo rey san Fernando fue hijo de don Alfonso IX rey de León y de doña Berenguela, la cual le crió a sus pechos, y así con la leche parece que mamó sus santas virtudes. Jamás dejó de obedecerla como a madre; y como algunos de los ricos hombres murmurasen de que después de ser rey estuviese tan rendido a su madre, dijo el santo: «En dejando de ser hijo, dejaré de serle obediente.» Poseía en altísimo grado todas las prendas reales, y con sus virtudes tenía tan ganados a sus vasallos, que era más rey de sus corazones que de las ciudades de su reino. Tomó en sus manos la espada para hacer guerra a los moros que tiranizaban gran parte de España; pacificó los reinos de Castilla y de León, hizo tributarios a los reinos de Valencia y de Granada, conquistó los de Murcia, Córdoba, Jaén y Sevilla, y varios, príncipes de África solicitaron su amistad con decentes partidos. En treinta y cinco años que peleó se contaron siempre sus batallas por sus victorias y sus empresas por sus triunfos. Nunca desnudé la espada (decía él) ni cerqué ciudad ni castillo, ni salí a empresa, que no fuese mi único motivo el dilatar la fe de Cristo; y por la mayor gloria y servicio de Dios no rehusaba ningún trabajo de la guerra, como si fuera soldado particular, hasta dormir en el duro suelo, y hacer las centinelas por su turno con los demás soldados en el sitio de Sevilla. Cuidaba mucho del alivio de sus vasallos, y no quería imponer nuevos tributos; y cuando se lo aconsejaban sus ministros con el buen pretexto de hacer guerra a los moros, respondía: «Más temo las maldiciones de una viejecilla pobre de mi reino, que a todos los moros del África. Ganada la ciudad de Sevilla, dispuso una solemnísima procesión de toda la gente lucida del ejército, de la nobleza, del clero y de los obispos, viniendo al fin la venerable efigie de nuestro Señora de los Reyes en un carro triunfal de plata. Los templos y oratorios que edificó a la Virgen santísima pasaron de dos mil. Finalmente, después de un gloriosísimo reinado, conociendo el santo Monarca que se llegaba su fin, antes de que lo mandasen los médicos, se confesó para morir y pidió la sagrada Eucaristía, la cual recibió arrojándose de la cama y postrándose sobre la tierra con una sogra al cuello. Despidióse después de la reina Juana y de sus hijos, pidió humildemente a los circunstantes que si tenían alguna queja de él, le perdonasen; y respondiendo que no tenían ninguna que perdonar, alzó ambas manos al cielo diciendo: «Desnudo nací del vientre de mi madre a la tierra y desnudo vuelvo a ella.» Mandó luego que cantasen el Te Deum, y en el segundo verso que dice, «a ti Eterno Padre venera toda la tierra,» inclinó la cabeza y entregó su espíritu a Dios.

Reflexión: Dicen los historiadores: «Cuando murió el rey don Fernando todo el reino hizo un gran sentimiento: los hombres se mesaban las barbas y las mujeres principales se arrancaban los cabellos, y sin atender al decoro de sus personas, salían por las calles llorando y poblando de clamores el aire. Todos lloraban y decían: Ojalá no hubiese nacido, o no hubiese muerto el príncipe. Y hasta el mismo Alhamar mandó cien moros con achas encendidas a sus exequias.» No nos olvidemos pues de rogar incesantemente en nuestras oraciones al Señor que nos dé reyes o gobenadores como san Fernando, que merezcan las bendiciones y no las maldiciones de sus pueblos.

Oración: Oh Dios, que concediste al bienaventurado Fernando, tu confesor, que pelease tus batallas y que venciese a los enemigos de tu fe, concédenos por su intercesión la victoria de nuestros enemigos corporales y espirituales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: "HOMBRE; TUS PECADOS SON PERDONADOS"

 


VIERNES DE TÉMPORAS EN LA OCTAVA DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962
 

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas

Lc 5, 17-26

En aquel tiempo: Un día estaba él enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones. En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados». Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”». Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».

TEXTOS DE LA MISA Viernes de las Témporas de Pentecostés

COMENTARIOS

jueves, 28 de mayo de 2026

De los fines para que vino el Espíritu Santo.

 


Viernes de la octava de Pentecostés.

De los fines para que vino el Espíritu Santo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la octava de Pentecostés.

De los fines para que vino el Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. El primer fin que tuvo el Espíritu Santo para venir a los hombres, fue para serles padre en lugar de Cristo, y consolarlos y abrigarlos, ampararlos y defenderlos como a hijos, según la promesa de Cristo tantas veces repetida, en que les ofreció, consolándolos por su partida, que les había de enviar el Divino Espíritu, el cual supliese sus veces y les fuese padre, consuelo y amparo, como él lo había sido viviendo en el mundo, de lo cual has de sacar afectos de mucho gozo de tener tal padre, que no se ausente de ti, sino que esté siempre contigo, y tal defensor y consolador como el Espíritu Santo. Contempla despacio este don, y atiende a lo que le debes y a serle reconocido como a padre en todas tus necesidades, y a que te consuele en todas tus tristezas, y a que te defienda en todas tus contradicciones, y no recurras a las criaturas con ellas, dejando al Criador, porque no te deje a ti si tú le dejas a él.

 

PUNTO II. El segundo fin a que vino el Espíritu Santo, fue a enseñar a los hombres y ser maestro suyo, conforme a lo que dijo Cristo antes de su partida: cuando venga el Espíritu Santo, que os enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y refrescará la memoria de lo que habéis oído de mí. De donde has de sacar la conformidad que hay entre Cristo y el Espíritu Santo en la doctrina, pues no discrepa entre sí en una sola palabra: pídele esta gracia de no contradecir a los otros, sino convenir en todo lo que digan y enseñaren, que es virtud del Espíritu Santo, y reconoce el Maestro tan soberano que tienes, y asienta plaza en su escuela: hazte su discípulo, consúltale tus dudas, no aprendas de otro , pídele que te enseñe, oye su voz y sigue la luz que te diere, y acertarás en todo.

 

PUNTO III. Vino también el Espíritu Santo para desterrar los pecados del mundo, como lo profetizó Cristo a su partida diciendo: cuando venga el Espíritu consolador, argüirá al mundo de pecado y le convencerá, y con su luz desterrará las tinieblas. ¡Oh Espíritu Santísimo! alumbra mi corazón y destierra de mi alma todas las tinieblas de los pecados de mi vida pasada, y no me permitas caer otra vez en ellos: por esta causa apareció en forma de paloma sobre Cristo en el Jordán, porque la paloma no tiene hiel, ni el Espíritu Santo la permite de pecado: pondera la pureza que pide en el alma a donde ha de morar, y purifica la tuya de todo género de culpas, para que more en ella.

 

PUNTO IV. Otro fin del Espíritu Santo fue confirmar en gracia a los apóstoles, para el ministerio que los había escogido; y así dice san Lucas, que se sentó sobre cada uno, porque vino de asiento, y no de paso como sobre otros; esta es una gracia singularísima de Dios, y cuanto es de tu parte debes hacer diligencia para merecerla y alcanzarla; dale gracias al Espíritu Santo por haberla concedido a los apóstoles, y pídele con lágrimas que haga asiento en tu alma, que no pase de paso, sino que la tenga por morada suya; y procura de tu parte agradarle, detenerle y obligarle con pureza de conciencia, con oraciones humildes, con gemidos y santas obras; mira despacio si hay algo en ti que le desagrade, y quítalo con presteza, y adorna tu casa con todo lo que entendieres que puede agradarle.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.