lunes, 8 de junio de 2026

Los santos Primo y Feliciano, hermanos, mártires. - 9 de junio

 


Los santos Primo y Feliciano, hermanos, mártires. - 9 de junio

(+ 287)

Los gloriosísimos mártires de Jesucristo Primo y Feliciano fueron hermanos y caballeros romanos, ilustres por la sangre, y más ilustres por la fe y confesión del Señor. Habiendo sido acusados por ser cristianos delante de los emperadores, que a la sazón eran Diocleciano y Miximiano, los sacerdotes de los ídolos dijeron a los jueces que los dioses estaban tan enojados, que no darían respuesta a cosa que les preguntasen hasta que Primo y Feliciano los reconociesen por dioses y protectores del imperio. Llevaron pues a los dos santos al templo de Hércules, y como no quisiesen sacrificar a su estatua, los azotaron con varas crudamente. Entregáronlos después a un gobernador de la ciudad Nomentana, que se llamaba Promoto, el cual los hizo apartar uno de otro para asaltar a cada uno de los dos por sí, pensando con esto poderlos más fácilmente vencer. Comenzó pues el procónsul a amonestar a Feliciano, que mirase por su vejez y no quisiese acabar su vida con tormentos atroces y penosos. A lo que respondió el venerable anciano: «Ochenta años tengo cumplidos, y ha treinta que Dios me alumbró y que me determiné a vivir para solo Cristo.» Mandóle el juez azotar cruelmente y le hizo después en clavar en un palo. El santo mártir mirando al cielo, decía: En Dios tengo puesta mi esperanza, y no temo mal ninguno que el hombre me pueda hacer. A los cuatro días hizo el juez traer a su tribunal a Primo y le dijo: «¿No sabes que tu hermano Feliciano está ya trocado y ha obedecido a los emperadores, los cuales le han honrado mucho y admitido en su palacio?» «Yo sé, respondió Primo, los tormentos que ha padecido, y que ahora está en la cárcel gozando de los regalos de Dios, y que no podrás tú apartar con los tormentos a los que Jesucristo ha unido con su amor.» Ordenó el tirano embravecido sobremanera, que moliesen a Primo con palos nudosos, y le extendiesen en el ecúleo, y abrasasen sus costados con hachas encendidas. Condenaron después a los dos santos hermanos a las fieras, y echaron a los mártires dos leones ferocísimos, los cuales se arrojaron a sus pies, como dos corderos, lamiéndolos y halagándolos, sin hacerles mal alguno. Entonces alzaron la voz los santos y dijeron al presidente: «Juez, las fieras reconocen a su Creador; ¿y tú eres tan ciego que no quieres tener por Señor al que te hizo a su imagen y semejanza?» Conmovióse con este prodigio la muchedumbre que había concurrido al espectáculo, y convirtiéronse a la fe de Jesucristo quinientas personas con sus familias. Y el tirano Promoto, atribuyendo a arte mágica aquellos portentos y cansado ya de atormentar a aquellos fortísimos caballeros de Cristo, los mandó degollar.

Reflexión: La única razón que alegaban aquellos gentiles para no convertirse al ver los prodigios de los santos mártires era decir que los obraban por arte de encantamiento y virtud diabólica. Ya no creen esto los incrédulos de nuestros días. ¿Pues cómo no se convierten al leer estas maravillas tan repetidas en los martirios de nuestros santos? ¿Cómo no las creen estando acreditadas con el testimonio de tantos autores así cristianos como paganos, que presenciaron aquellos tan públicos y asombrosos prodigios? Líbrenos el Señor por su gracia de la horrible ceguedad y dureza de corazón propia de los incrédulos; los cuales ultrajan con gravísima ofensa a la Divinidad, y son dignos de eterno castigo por desoír las voces de la gracia, y despreciar con obstinada voluntad los prodigios de la divina omnipotencia.

Oración: Concédenos, Señor, que celebremos siempre la fiesta de tus santos mártires Primo y Feliciano, y que por su intercesión merezcamos la gracia de tu protección divina. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 

domingo, 7 de junio de 2026

Del convite que nos hace Cristo en la Sagrada Comunión.

 


Martes de la II semana después de Pentecostés.

Del convite que nos hace Cristo en la Sagrada Comunión.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

MEDITACION

Martes de la II semana después de Pentecostés.

Del convite que nos hace Cristo en la Sagrada Comunión.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo por san Lucas en el Evangelio, que llamó a muchos a la cena, y todos se resumieron en tres que se escusaron, en que conocerás el sentimiento que tiene de los que no vienen a ella; pues tres le parecieron muchos, y en cada uno juzgó que le faltaban un millar. Saca de aquí el deseo que tiene el Señor de lograr este convite, y lo que siente que se escusen los hombres de llegarse a la sagrada Comunión, y procura tú cumplirle este gusto; lo primero en tu persona; disponiéndote para recibirle dignamente: lo segundo en las de tus prójimos, trayéndolos con tu ejemplo, oraciones y razones a este celestial convite.

 

PUNTO II. Considera la gran bondad y misericordia de Dios, que despreciado de los hombres, no se cansa de llamarlos y traerlos a sus delicias, y habiéndose escusado los primeros de venir a su cena, envió a sus criados a llamar a otros muchos más en número, que la viniesen a lograr ¡Oh bondad inmensa de Dios, que no cierra las puertas de su misericordia por nuestras ofensas, sino que antes las abre más y llama a más hombres a su mesa, cuando se ve despreciado y ofendido de ellos! Saca de aquí motivos de bendecir y alabar a Dios por su infinita misericordia y paciencia, y documentos para no apurar la tuya con las ofensas y la ingratitud de tus prójimos, sino serles más piadoso y liberal, cuanto menos correspondencia hallares en ellos, esperando el premio del Señor, y obrando por solo su amor y por cumplir su voluntad.

 

PUNTO III. Considera cómo en lugar de los ricos llamó a los pobres, enfermos y despreciados del mundo, porque Dios no es aceptador de personas, ni mira a lo exterior del cuerpo, sino a lo interior del alma. Pondera cómo en su acatamiento no es más el alma del noble por ser noble, ni del rico por ser rico, que la del plebeyo o pobre por serlo; sino que a cada uno estima conforme a su virtud, y muchas veces estima en más la del pobre y despreciado en el mundo, por ser más ajustado a su ley, que la del muy rico y estimado, porque no vive conforme a ella, como se vio en estos del Evangelio, que los ricos despreciaron su llamamiento y su convite, y los pobres le obedecieron y vinieron a la primera voz que les dio. Saca de aquí grande desengaño para no cegarte con el resplandor de la nobleza, ni con la opulencia de las riquezas mundanas, sino atender a la virtud, y conforme a ella hacer la estimación de los hombres; aprecia lo que Dios aprecia, y desprecia lo que Dios desprecia, y haz más caudal de la virtud interior que de la apariencia exterior, que es un poco de oropel.

 

PUNTO IV. Considera el linaje de castigo que dio a los que despreciaron su cena y no quisieron venir a ella. De verdad os digo que ninguno de ellos la gustará; porque castiga el Señor a los que le dejan, con quitarles el gusto y sabor en las cosas espirituales, permitiendo que les sean desabridas y fastidiosas, y que las dejen y se pierdan, que es uno de los mayores castigos que les puede dar. Humíllate en su presencia, y pídele que te castigue como padre, y no con este rigor de quitarte la devoción y el sabor en las cosas del cielo, y resuélvete en su presencia a no dejar la oración, ni la comunión, ni la penitencia, ni el sermón por ninguna cosa terrena, porque no te castigue Dios, quitándote el sabor en ellos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

 

De los que se excusaron de la cena.

 

 


Lunes de la II semana después de Pentecostés

De los que se excusaron de la cena.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la II semana después de Pentecostés

De los que se excusaron de la cena.

 

PUNTO PRIMERO. Considera las escusas que dieron los que no vinieron a la cena del Padre de familias, y la pena con que los castigó por ellas; el primero se escusó porque había comprado un pago o viña, y que necesitaba de verla; en que declara los hombres que se impiden de venir al convite de su celestial mesa por acudir a la hacienda, a los bienes caducos de este mundo, anteponiendo lo terreno a lo celestial, y la hacienda a la comunión y al bien de sus almas; considera cuán errados van estos, y qué burlados se hallarán cuando se vean pobres y mendigos, pasada la farsa de este mundo y perdido un bien tan grande como pudieron alcanzar, solo con venir a esta mesa y convite del Señor: llora su pérdida y escarmienta en su cabeza, y note ciegue la codicia de lo temporal por dejarlo celestial.

PUNTO II. El segundo dijo que había comprado unos bueyes y que iba a probarlos, y así no podía venir ¡Oh ceguedad de los hijos de Adán! que por unos viles animales dejáis la mesa del Altísimo: esta significa los que por la labranza y codicia de aumentarla hacienda, dejan la sagrada comunión y les parece que es bastante escusa acudir a ella para dejar a Dios, y vienen a perderlo todo: a Dios porque le dejan, y a la hacienda porque no la logran y se les deshace entre las manos: saca de aquí desengaños para tu alma y propósitos firmes de acudir primero a Dios, a los bienes espirituales y al provecho propio, confiando en el Señor que por este medio lograrás todos tus deseos mejor, y verás en tu casa los aumentos de lo espiritual y temporal.

 

PUNTO III. Considera la tercera escusa que dio el que dijo que se había casado y que no podía venir, en que declaró el Redentor el impedimento de muchos, que dejan la sagrada comunión por las mujeres y por sus vicios carnales, que es el mayor contrario que tiene este manjar: considera la pureza que requiere de alma y cuerpo, pues para darles Melchisedech a los soldados de David los panes de la proposición, que eran sombra de este pan, les pidió castidad y pureza aun de sus propias mujeres, y los hombres sensuales se entregan de manera a los apetitos desordenados de su carne, que no dudan dejar por ellos este celestial manjar y privarse del alimento de la vida ¡Oh ceguedad lamentable y digna de ser llorada con lágrimas de sangre! Que truequen los hombres la muerte por la vida, el manjar de los ángeles por el de los brutos animales, y el gusto celestial por el sensual: llora la perdición de tantos como arrastra este vicio, y pide a Dios que te tenga de su mano para que no te venza como a flaco; aparta las ocasiones de caer en él, y estudia con sumo cuidado de alcanzar y conservar la pureza de tu alma y cuerpo, para que seas digno de llegar a esta mesa celestial

 

PUNTO IV. Considera lo que dice el Evangelio, que se airó el Padre de familias contra los que se escusaron, porque delante de Dios no hay escusa fingida que valga; él conoce las intenciones y que pudieron estos, sin perder sus haciendas, ni sus casamientos, emplearse en su servicio: mira cuantas veces te ha llamado a ti, y cuántas te has escusado de venir a servirle con menos causa que estos, y teme su indignación, y que no te castigue con el rigor que a ellos, privándote de su mesa y dando a otros su manjar; desprecia todo lo terreno por alcanzar lo celestial; deja el mundo por merecer este divino manjar, olvida los festines de los hombres y la mesa del mundo por la de Cristo y por el convite de este cuerpo, en que hallarás todos los sabores y deleites que puedes desear.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones