viernes, 16 de octubre de 2026

LAS SEGUNDAS PALABRAS DE LA QUINTA PETICIÓN: «ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


 Sábado de la XX semana después de Pentecostés

LAS SEGUNDAS PALABRAS DE LA QUINTA PETICIÓN: «ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES».

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XX semana después de Pentecostés

DE LAS SEGUNDAS PALABRAS DE LA QUINTA PETICIÓN: «ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES».

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo primero que pedimos a Dios que nos perdone, con esta condición: que nosotros perdonemos a los que nos ofenden; y si no se cumple, no alcanzaremos lo que pedimos. Pondera, pues, cuánto te importa que Dios te perdone, y qué será de ti si no te quiere perdonar; y luego considera que no te perdonará las ofensas que le has hecho si tú no perdonas a tus prójimos las que han cometido contra ti. Y, por tanto, arrodillado a sus pies, di de todo tu corazón:

«Señor: yo perdono de toda voluntad a todos mis enemigos y a cuantos han levantado las manos contra mí, y os suplico que les hagáis merced a la medida que me han ofendido, porque me perdonéis a mí las ofensas que he cometido contra vos. Yo los perdono porque me perdonéis. Perdonadme, Señor, mis deudas, como yo perdono a mis deudores.»

 

PUNTO II. Considera que nos acuerda Dios las deudas que le debemos, y quiere que se las paguemos en nuestros prójimos, perdonándoles sus deudas por las que debemos a Dios; y si no lo hiciéremos así, siempre quedaremos deudores a su Divina Majestad, y reos y condenados a pagar con eternos tormentos. ¡Oh alma mía! Vuelve los ojos a ti misma y considera cuántas y cuáles son las deudas que debes a tu Dios, que en número exceden a los átomos del sol, y su gravedad es tal, que en cuanto miran al ofendido no puede ser mayor. Coteja luego con ellas las ofensas de tus prójimos, de que tienes tanta queja, y mira cuán nada son en su comparación, y que Dios te perdona a ti infinito porque tú perdones una niñería a tus hermanos; y resuélvete a perdonarlos, y da al Señor millares de gracias porque te hizo tan fácil el perdón.

 

PUNTO III. Considera que nos manda Cristo pedir perdón de nuestras deudas a su Eterno Padre, porque si no las perdona, no tenemos caudal para pagarlas; en que debes reconocer tu pobreza y la imposibilidad en que te hallas para satisfacer a un Señor tan grande por deudas tan crecidas como tiene contra ti. Humíllate en su acatamiento, y, reconociendo tu pobreza, pide al Salvador del mundo una gota de su sangre preciosísima para satisfacer tus deudas; pídele que, pues tiene los tesoros infinitos del cielo, te saque de este empeño y pague a su Eterno Padre por ti.

¡Oh Dueño de mi alma! ¡Oh Señor liberalísimo! Apiadaos de este pobre miserable; sacadme de este cautiverio; pagad, Señor, lo que no puedo pagar, y tened misericordia de mí.

 

PUNTO IV. Considera, últimamente, a qué grado de confianza nos levanta el Salvador en esta petición, que nos dice que pidamos a Dios que nos imite en el perdón. El apóstol san Pablo nos exhorta que imitemos a Dios, diciendo: «Imitad a Dios como hijos carísimos» (Efes. 5); y el mismo Cristo dijo: «Sed perfectos, como lo es vuestro Padre celestial» (Mt. 5). Pero en esta oración nos manda trocar las manos, y que pidamos a Dios que nos imite a nosotros, perdonando nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

De donde has de conocer la infinita bondad de Dios, que cosa tan importante como es el perdón de nuestros pecados, en que interesamos la vida eterna, la puso en nuestras manos, dándonos facultad de alcanzarle, perdonando a nuestros hermanos. Dale infinitas gracias por esta merced; ármate de caridad para con tus prójimos, y pide a Dios con toda confianza que cumpla su palabra y que te perdone tus deudas, como tú perdonas las que te deben tus hermanos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

17. DE LA SABIDURÍA DE SANTA TERESA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA DÉCIMO SÉPTIMO

DE LA SABIDURÍA DE SANTA TERESA

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA DÉCIMO SÉPTIMO

DE LA SABIDURÍA DE SANTA TERESA

Es Santa Teresa de Jesús una de las criaturas con quien más pródigamente se ha mostrado el Espíritu Santo, pues derramó sobre ella gran copia de celestial sabiduría, de esa que no se aprende en las aulas, sino que es un don puramente gratuito que Dios reparte entre sus fieles siervos, como, cuando y en la medida que le place.

La mejor prueba que existe de la gran sabiduría de Teresa la tenemos en que es la única mujer que ha merecido el glorioso título de Doctora mística de la Iglesia, honor que sólo se ha dispensado, por otra parte, a muy pocos de los más grandes e insignes Santos que veneramos en los altares.

La Sagrada Rota dice de ella que ha sido dada por Dios al mundo para iluminarle con su doctrina y alimentarle con su piedad, y que es maestra que aventaja a todos los Padres de la Iglesia, en método, extensión, claridad y precisión en la enseñanza de la teología mística, y, por último, que es la más Santa de las sabias y la más sabia de las Santas.

Todos los Sumos Pontífices han alabado y ensalzado grandemente a Santa Teresa. Gregorio XV decía que era la nueva Débora de la gracia y la Maestra de los sabios. Clemente XIV la llamaba prodigio de ciencia y santidad. Pío IX, que se entusiasmaba hablando de Teresa, decía que era el milagro de su sexo y asombro del orbe, como reformadora y legisladora que había sido de hombres y mujeres, cosa nunca vista en la Iglesia Católica. Por último, el sabio Pontífice reinante, León XIII, la ha calificado de lumbrera nueva e insigne de la Iglesia.

Santa Teresa, diremos, por último, no sólo recibía de Dios el inapreciable don de la sabiduría celestial, sino que también fue honrada por Nuestro Señor con la ciencia infusa, o sea el conocimiento completo de las ciencias teológicas y filosóficas, así como la interpretación de las Sagradas Escrituras, en todas las cuales estaba muy versada, a pesar de no haberse dedicado jamás al estudio de ellas.

 

OBSEQUIO

Leer en este día algún capítulo de las obras de la Santa Madre, para nutrir el alma con su celestial doctrina.

 

MÁXIMA

Si el demonio nos ve con una grande determinación de antes perder la vida y el descanso, y todo lo que nos ofrece, que tornar atrás en el camino de la virtud, muy presto nos dejará.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella admirable sabiduría que el Espíritu Santo quiso concederos, os suplico me alcancéis del Señor luz para conocer en todas las cosas su santísima voluntad, y fuerzas para cumplirla, a fin de que pueda merecer el gozar con Vos en el Cielo. Amén.

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

DÍA 17. JESÚS LLEVA LA CRUZ. MES DE OCTUBRE EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

 


DÍA 17

JESÚS LLEVA LA CRUZ

 

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

 

DÍA 17

JESÚS LLEVA LA CRUZ

Considera, alma mía, la crueldad que usaron con Jesús sus enemigos, haciéndole llevar sobre los hombros el instrumento de su suplicio. No usaron de esta crueldad con los dos ladrones que debían ser crucificados con Él. ¡Como si Jesús fuera más criminal que todos ellos!

Mas, ¡ah!, que los dos ladrones pagaban solo por sus pecados propios y Jesús satisfacía a la Justicia Divina por los pecados de todo el mundo. ¡Cuánto debía pesar, por lo tanto, esta cruz sobre los hombros de nuestro Divino Redentor!

No le aumentes, pues, el peso, alma mía, cometiendo nuevos pecados, sino, antes al contrario, acude a la penitencia y a la mortificación.

 

 

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.