miércoles, 7 de octubre de 2026

DE LAS BODAS Y CONVITE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Jueves de la XIX semana después de Pentecostés

DE LAS BODAS Y CONVITE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XIX semana después de Pentecostés

DE LAS BODAS Y CONVITE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

 

PUNTO PRIMERO. Meditarás hoy jueves en las bodas que Dios previno y en el convite que dispuso en la mesa del altar del Santísimo Sacramento; adonde, como dice san Juan Crisóstomo, extendió la merced que hizo a la naturaleza humana en la Encarnación, haciéndose hombre; adonde se desposó con ella, uniéndose hipostáticamente la divinidad con la humanidad; y en este divinísimo Sacramento extiende y multiplica esta merced, uniéndose sacramentalmente con todos los que le reciben con lazo estrecho de amor. Y así dijo el mismo Señor que los que le recibían quedaban en Él, y Él con ellos, con estrecho vínculo de amor.

Considera cómo Cristo te entrega su santísimo Cuerpo con inexplicable amor, y cómo debes entregarte tú a Él con recíproca correspondencia, sin dejar cosa alguna de ti para ti. Pondera la grandeza de esta merced, la cual no hizo a los ángeles, ni a los arcángeles, ni a criatura alguna, y te la hizo a ti por el amor que te tuvo. Mira qué gracias le debes dar y cómo le has de amar y servir, y pídele su gracia para cumplir en todo tu obligación.

 

PUNTO II. Considera el convite que dispuso para estas bodas, no de animales o aves, como antiguamente se ofrecían en la mesa del templo, ni de panes ázimos, cuales eran los de la proposición, sino de su propio Cuerpo y Sangre, ofrecidos en sacrificio por ti y dispuestos en forma de manjar para que tú le comieses, te regalases y dieses pasto a tu alma con inefable fruto y suavidad.

Pondera las trazas de su divino amor; contempla la excelencia de esta comida, la sustancia y dulzura de este manjar, las utilidades y provecho que causa. Mira con los ojos de la fe al mismo Señor, vivo y glorioso, que se da en él, entra en tu pecho y se une contigo, comunicándote su Sangre, y con ella la vida y la gracia, las fuerzas y la salud eterna, el entendimiento y la luz, y todo cuanto puedes desear.

Exclama con admiración, ponderando la grandeza de su amor y los ardides de su caridad para ganar almas y hacerles admirables mercedes, y a la tuya en particular; y no te canses de bendecirle y alabarle por ellas y por las que siempre te hace en esta mesa, dándote en un bocado más de lo que valen el cielo y la tierra y todo lo criado, ni cuanto se puede crear.

 

PUNTO III. Considera cómo, habiendo dispuesto este convite tan espléndido, llama a todos los convidados, que son los fieles, para que le gocen, con deseo de comunicarles este soberano bien; y considera la ingratitud de tantos como se excusan con los negocios seglares, anteponiendo las delicias del mundo y los intereses terrenos a las delicias y riquezas que comunica este divino manjar.

¡Oh ingratos y desconocidos a tan soberana merced, indignos de tal favor y dignos de tan grande castigo! Dadme, Señor, gracia para que yo sea de los pocos que merecieron vuestro convite, y no de los muchos que lo dejaron por los negocios del siglo.

Considera que eres el criado del Señor, a quien mandó llamar a los convidados; y sal por las plazas y calles, por los campos y montes, y no ceses de llamar a todos para que vengan a estas bodas y gocen de este banquete que ha dispuesto y preparado el Señor.

 

PUNTO IV. Considera la atención que el Rey del cielo tiene con los que se sientan a esta mesa, y cómo mira si traen ropas de bodas, que, como dijimos, son su gracia y caridad; y el castigo que dio a uno que entró sin ellas, mandándole atar de pies y manos y lanzarle en las tinieblas exteriores, pasando del convite inmediatamente al infierno.

Considera el gusto y la sazón con que lo gozaron los demás convidados, sin que les perturbase la desgracia del condenado; porque no defrauda en esta mesa el malo el fruto del bueno, y el que llega con debida disposición saca de ella grandísimo provecho, entrándole el manjar en beneficio; y el que no la lleva come, como dice san Pablo, con el manjar de la vida el juicio y la muerte eterna.

Saca de aquí un gran temor de llegarte a esta mesa con indebida disposición, y un vivo deseo de prepararte para ella como debes. Pide al Señor que purifique tu alma y la disponga, que la acrisole de las manchas que no conoces y te haga digno de recibirle, vistiéndote de las ropas de bodas con que le recibieron dignamente los escogidos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

8. DE LA POBREZA QUE TUVO SANTA TERESA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA OCTAVO

DE LA POBREZA QUE TUVO SANTA TERESA

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA OCTAVO

DE LA POBREZA QUE TUVO SANTA TERESA

De la pobreza fue amiga en extremo nuestra bendita Santa, porque, con su preclaro talento, perfectamente comprendía que esta virtud era importantísima para el aumento de su perfección. Amábala grandemente, queriendo sólo tener lo necesario para el sustento y demás de la vida, y aun, muchas veces, lo poco que tenía lo daba a algún necesitado, diciendo que no le hacía falta alguna.

Ella deseaba que sus conventos no tuviesen rentas y que sus monjas no fuesen pesadas con demandas y súplicas a los pueblos en que vivieran, no hallando otra manera de procurarse el sustento sino por medio del trabajo manual, y evitar así a otros las molestias, e impedir también la ociosidad en los monasterios, puesto que la ociosidad, decía, es la puerta de todos los vicios.

En la Santa Regla que escribió para sus monjas, tratando de la pobreza, dice lo que sigue:

«Hace de vivir de limosna, sin ninguna renta en los conventos que estuviesen en pueblos ricos y acaudalados, donde ésta se pudiera llevar, y en los pueblos donde no se pudieran sustentar de solas limosnas pueden tener renta en común; pero en todo lo demás no haya alguna diferencia de los monasterios de rentas a los de pobreza, y mientras se pudiesen sufrir no haya demanda; mucha sea la necesidad que les haga traer demandas, sino ayúdense con la labor de sus manos, como hacía San Pablo, que el Señor les proveerá de lo necesario.

Como no quieran más y se contenten sin regalo, no les faltará para poder sustentar la vida; si con todas sus fuerzas procuran contentar al Señor, Su Majestad tendrá cuidado que no les falte su gracia».

Amemos la pobreza, imitación de Teresa; siempre ella sea nuestra inseparable compañera, y pongamos toda nuestra satisfacción en ser pobres con Cristo, si queremos reinar con Él en el Cielo.

 

OBSEQUIO

Hagamos hoy un acto de desprendimiento de todo lo que poseemos, usando en adelante todos esos bienes como si no los poseyéramos.

 

MÁXIMA

El verdadero amador de la pobreza, y el que por muchos años la haya tenido, sabe bien la riqueza que en ella está encerrada. A quien sirve al Señor no le falta lo necesario para vivir.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella extremada pobreza que siempre tuvisteis, cumpliendo con el tercero de los votos monásticos que hicisteis al profesar en la Orden Carmelitana, os suplico, Santa mía, me alcancéis del Señor gracia para imitaros en esta virtud y gozar después con Vos en el Cielo. Amén.

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.