domingo, 7 de junio de 2026

San Medardo, obispo de Noyón. — 8 de junio

 


San Medardo, obispo de Noyón. — 8 de junio

(+ 545)

Uno de los más ilustres prelados de la iglesia de Francia en el VI siglo, fue el caritativo obispo san Medardo, el cual nació en Salentiaco, posesión muy rica de sus padres, que estaba en la región de Noyón. Desde sus tiernos años fue tan amador de los pobres, que les daba su misma comida y vestido, y un día hasta les dio el caballo de que tenía harta necesidad. Riñeron unos labradores sobre el linde y término de unas tierras que tenían y convinieron en ajustarlo allí con las armas y las vidas: Medardo que lo supo, se fue con ellos, y viendo una piedra, puso el pie sobre ella, y dijo: «Esta piedra es el mojón y término de esta porfía»; y quitando el pie, vieron todos que había quedado estampado en la piedra, con cuya maravilla quedaron en paz. Entregáronle después sus padres al obispo de Vermandois para que con su doctrina se adelantase en letras y virtud; y habiendo sido ordenado de misa acrecentó su fervor: afligía su carne con abstinencias, dejando de comer para hartar a los hambrientos, sanaba endemoniados, y curaba todas las enfermedades, por lo cual cuantos a él venían, hacían a la letra lo que les decía y aconsejaba, como si se lo dijera un ángel del cielo. Murió el obispo de Vermandois, y luego se oyó la voz común que aclamaba por su obispo a Medardo, y aunque el santo rehusó mucho aquella dignidad, al fin, vencido de los ruegos y lágrimas de todo el pueblo, hubo de aceptarla. Habiendo después fallecido el obispo de Tournay, eligieron también al mismo santo, y el rey pidió al pontífice que uniese las dos iglesias para que el siervo de Dios las gobernase, y así lo hizo, aunque por causa de las irrupciones de los Vándalos tuvo que trasladar el santo la sede a Noyón. Eran los de Tournay muy bárbaros e indómitos, de malas costumbres y obstinados en sus pecados e idolatrías; mas al fin pudo tanto el santísimo obispo con sus suaves y dulces razones, que a todos los bautizó e hizo buenos cristianos. Y después de haber ganado para Jesucristo innumerables almas, con su predicación y con los grandes milagros que hacía, a los quince años de su gobierno descansó en la paz del Señor. Los que estaban presentes vieron muchas luminarias del cielo delante del santo cuerpo, que duraron por espacio de dos horas. Y cuando condujeron el sagrado cadáver a Soissóns, el mismo rey con otros caballeros llevó las andas sobre sus hombros y le hizo labrar un magnífico sepulcro, el cual fue muy célebre y glorioso por los señalados prodigios que obró el Señor por medio de su santo. 

Reflexión: Tal es la honra que merece la santidad aun acá en la tierra. Los pueblos y los reyes la veneran, y con universal aplauso la ensalzan sobre todas las demás grandezas del mundo. No se conceden semejantes obsequios a la opulencia, a la sabiduría, a las dignidades y placeres mundanos; porque todos entienden que estas cosas pueden hallarse hasta en un hombre malvado y digno de todo vituperio. Sólo la virtud hace al hombre verdaderamente grande. Pues ¿por qué no hemos de amarla y codiciarla y preferirla a todas las demás cosas? ¿No es ella, como dice el Sabio, incomparablemente más estimable que el oro, y las piedras preciosas? ¿No es el mayor tesoro que podemos hallar sobre la tierra, y el único caudal que podemos llevarnos a la eternidad, y el único bien que nos honra en esta vida y que nos hará dignos de eterna gloria?

Oración: Concédenos, Señor, que la venerable festividad del bienaventurado Medardo, tu confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de la devoción y el deseo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DOMINGO: VENID, QUE EL BANQUETE YA ESTÁ PREPARADO


II DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

  Rito Romano 1962

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas

 Lucas 14, 16-24

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos esta parábola: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».


TEXTOS DE LA MISA  -II domingo después de Pentecostés

COMENTARIOS

sábado, 6 de junio de 2026

De la cena grande.

 

II domingo después de Pentecostés.

De la cena grande.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

II domingo después de Pentecostés.

De la cena grande.

 

El Evangelio nos representa a los ojos una grande cena que hizo un padre de familias, y habiéndose escusado los que estaban convidados, hizo llamar a los pobres, ciegos, cojos y mancos para que la gozasen, y privó de ella a los que no quisieron venir.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que como dice san Agustín, este padre de familias es el mismo Cristo, el cual ordenó la cena grande del Santísimo Sacramento para sustento de las almas, y convidó a muchos; porque la franquea liberalísimamente a todos cuantos quieren venir a ella y gozar de su convite. Pondera el amor que muestra a los hombres en prepararles esta cena y celestial convite; la liberalidad que ostenta, no cerrando la puerta a alguno, antes clamando y convidando a todos, venid y comed, amigos. Mira el cuidado y providencia que tiene de los suyos, pues cuando ellos están más descuidados, les está preparando festines y convites; y saca de todo esto grandes afectos de amor con quien así te ama, y de confianza con quien anda tan prevenido y solicito en tu bien; de agradecimiento a quien tan liberal es contigo, y de piedad para con tus prójimos, siendo liberal con ellos a ejemplo de Cristo.

 

PUNTO II. Considera lo que dice el Salvador, que hizo una grande cena, y no preparó más que un plato y en este un solo bocado; pero tal que vale por todos los manjares del cielo y de la tierra. Contempla la grandeza y valor de este bocado, y la excelencia y sustancia de este manjar, el cual no es menos que el cuerpo y sangre del mismo Señor que le da, y así le llama verdadero manjar, porque lo es y los demás no; pues ninguno sustenta al alma y conserva la verdadera vida, que es la espiritual, sino este: admírate de la sabiduría del Altísimo y de las trazas de su infinita caridad, que tales las dio para hacer bien al hombre: mira cuánto te da en un bocado, y cómo te debes preparar para ser digno de recibirle, y en los empeños que te pone de corresponder con servicios a quien tal merced te hace; exclama con admiración de la sabiduría y amor de Dios, arrójate a sus pies, dándole mil gracias por él y ofreciéndote a su santo servicio.

 

PUNTO III. Considera la ingratitud y desconocimiento de los hombres, que convidándolos el Señor, no a la cruz y penitencia como otras veces, ni a los trabajos que trae la observancia de su ley, sino a un suave y dulce convite, se escusan de venir a él, como se escusaron de venir a esta cena los del Evangelio, dejando este celestial manjar por los desabridos y sin sustancia del mundo; llora su ceguedad en el acatamiento del Señor, pídele dos cosas; la primera que te tenga de su mano y no te permita caer en ella; la segunda que tenga piedad de ellos, y les envíe tales predicadores y maestros, que con la luz de su doctrina los alumbren y desengañen, y los traigan a su mesa y por ella a su servicio.

 

PUNTO IV. Considera cómo llamó el padre de familias a los pobres en lugar de los ricos, y llenó sus mesas de convidados que lograron su cena, entrando muchos en lugar de cada uno de los que se escusaron: a donde has de ponderar, cómo siempre se cumplen las trazas y decretos de Dios, y que para cada uno que le falta, le sobran muchos que suplan su lugar; y corresponde tú a la vocación de Dios y cumple su voluntad, porque no entre otro en tu lugar que reciba tu corona; mira cuánto pierdes si le pierdes, y qué poca necesidad tiene Dios de ti, pues le sobran millares mejores que tú a quienes poner en tu lugar, y darles el premio que tiene preparado para ti.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones