Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.
DÍA 11
ORACIÓN EN LAS TRIBULACIONES
Apenas había terminado Jesús la última cena con sus discípulos, se levantó de la mesa y salió del Cenáculo, encaminándose al Huerto de los Olivos, donde acostumbraba hacer oración. No quiere Jesús que en momento tan solemne le falte el apoyo de esta sagrada áncora. Con esto nos daba ejemplo, para que le imitásemos acudiendo a la oración cuando nos vemos rodeados de grandes tribulaciones.
Mas, ¿lo practicas tú así, alma mía, cuando te hallas afligida y atribulada? ¿Te acuerdas de acudir a Dios para que te quite la tribulación o te dé paciencia y resignación para llevarla?
Con frecuencia te desesperas o buscas solo consuelos humanos, que en muchas ocasiones solo sirven para hacerte más desgraciada.
***
La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.
Avemaría (x3)
Oración Final
Reina del Santísimo Rosario,
esperanza de los cristianos,
Madre de Misericordia,
dulzura de mi vida.
A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HIJO DEL RÉGULO
MEDITACIONES
DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA
FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros
enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás
aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón
de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía
Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
XX domingo después de Pentecostés
DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HIJO DEL RÉGULO (Joann. 4.)
Refiere el evangelista un milagro que hizo
Cristo, dando salud al hijo de un régulo, que estaba en el extremo de la vida,
a instancia de su padre; con lo cual él y toda su casa recibieron la fe del
Salvador.
PUNTO PRIMERO. Considera
cómo, por medio de la enfermedad del hijo, trajo Dios a su fe y conocimiento al
padre, al hijo y a toda su familia.
Pondera aquí las trazas de la divina Providencia
y los medios que usa para el bien espiritual de las almas, trayéndolas por
gravísimas enfermedades y trabajos a su servicio.
Adora y venera sus juicios, y recibe con todo
rendimiento los trabajos y enfermedades que te enviare, persuadiéndote de que
por ellos te prepara Dios grandes bienes que ahora no conoces; como levantó a
José para gobernador de todo Egipto por medio de la persecución de sus hermanos
y de los muchos trabajos que pasó.
Humíllate a su voluntad, y toma los trabajos que
te enviare como mercedes de su divina mano, con todo rendimiento y humildad.
PUNTO II. Considera
a este hijo del régulo: mozo, rico, próspero, noble, regalado, amado de sus
padres, solazado de sus parientes y servido de sus criados; y, con todo,
enfermo en una cama de ardentísimas fiebres, en el extremo de la vida, sin que
todo lo dicho ni la asistencia de los médicos le pudiesen dar salud.
Contempla la fragilidad humana y qué poco vale
todo cuanto el mundo adora, pues nada le pudo valer; y cómo toda la felicidad
de este siglo estriba sobre tan flaco fundamento.
Pídele a Dios luz para conocer su voluntad,
despreciar todo lo terreno y no apreciar sino lo celestial y eterno, que nunca
se ha de acabar.
PUNTO III. Considera
cómo, en sabiendo el régulo que Cristo había llegado a la ciudad, fue a pedirle
por la salud de su hijo.
Aprende tú a cuidar de los que están a tu cargo
y Dios te ha encomendado, procurando su salud espiritual y el bien de sus almas
con toda diligencia y cuidado, y pidiendo al Señor por ellos con más fe que
este régulo pidió al Salvador por la salud de su hijo.
PUNTO IV. Considera
la benignidad del Salvador y su grande virtud, con que luego, desde allí, dio
salud al hijo enfermo en su casa.
El régulo le pidió que fuese a ella para verle y
sanarle; y Cristo hizo más de lo que le pidió, dándole salud sin dilación desde
aquel lugar, con sola su palabra.
Exclama con afecto de admiración, engrandeciendo
y ensalzando la virtud inmensa del Señor y la fuerza de su palabra, que así
como con ella dio ser a las cosas que no le tenían, así también reparó con ella
las que se iban a perder.
Póstrate a sus pies y pídele que diga una
palabra sobre ti, repare las quiebras de tu vida, sane tus enfermedades y te dé
lumbre de fe, como a este régulo, para que le conozcas y le sirvas en adelante
como tienes obligación.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos
propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta
meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San
José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
En
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA UNDÉCIMO
DE LA FORTALEZA Y
GRANDEZA
DE SANTA TERESA
El
verdadero testimonio de la fortaleza y grandeza de ánimo con que el Señor dotó
a Santa Teresa de Jesús, lo tenemos en las obras tan heroicas y admirables que
emprendió con su reforma y fundaciones. Fue Teresa el fiel retrato de la mujer
fuerte descrita por Salomón, porque unió la grandeza de ánimo y la fortaleza de
corazón; fue, en una palabra, lo que generalmente se llama una mujer varonil,
pues era de admirar en su sexo tan gran fortaleza como pudiera tener el más
atrevido guerrero.
Ella,
que tan bien se conocía, nos lo asegura por estas palabras: «Yo no soy nada
mujer, pues tengo recio corazón». Al emprender Teresa sus fundaciones, no
contaba con apoyo alguno; antes, al contrario, se presentaron desde el primer
momento grandes dificultades, que a cualquiera otra mujer la hubieran hecho
desistir de su propósito; y, sin embargo, ella, porque sabía era la voluntad de
Dios que se hiciese la reforma, poniendo en Él su confianza, las iba allanando
y venciendo.
Si
no tenía dinero para fundar, no por eso desmayaba; trabajaba y lo encontraba,
porque nunca han faltado almas en que se hallan unidas la piedad y la
generosidad. Ella decía con San Pablo: «Todas las cosas puedo, en virtud de
aquel Señor que me conforta»; y así era verdaderamente, porque todo lo lograba,
por muy difícil e imposible que pareciese a los ojos de los demás; con lo cual
llegó a adquirir tan gran fama en esto, que comúnmente solían llamarla: «Teresa
de Jesús, la Omnipotente».
Tanto
en las cosas materiales como en las espirituales fue animosa y fuerte, logrando
vencerse a sí misma y a las tentaciones, por lo que pudo ir, en cumplimiento de
la divina palabra, en pos de Jesucristo. Resistamos, con gran fortaleza e
imitación de nuestra amada Santa, nuestras propias pasiones y las tentaciones
con que fuésemos molestados por el enemigo.
OBSEQUIO
Recemos
un Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri para que Nuestro Señor, por los
méritos de Teresa, nos conceda la gracia de resistir a los enemigos de nuestra
alma y nuestras propias y malignas inclinaciones.
MÁXIMA
Quiere
el Señor y es amigo de almas animosas, como vayan con humildad y ninguna
confianza en que ninguna de éstas queda baja en el camino de la virtud. Tened,
pues, gran confianza, que Dios ayuda a los fuertes.
ORACIÓN
Gloriosa
Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella admirable fortaleza y grandeza de
ánimo con que fuisteis dotada, suplícoos me alcancéis del Señor este don, para
que con él pueda defenderme de mis pasiones y de las tentaciones del Infierno,
y así poder ir en pos de Él hasta la bienaventuranza eterna. Amén.
***
Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de
santa Teresa de Jesús.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN
PARA TERMINAR
Santa
Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os
dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias
y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada;
libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la
divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora,
cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos,
gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia
aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.