Lunes de la VIII semana después de Pentecostés.
De la inconstancia del mundo y fragilidad de la vida.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la VIII semana después de Pentecostés.
De la inconstancia del mundo y fragilidad de la vida.
PUNTO PRIMERO. Considera que se compara Cristo a un hombre rico, porque verdaderamente lo es de las riquezas espirituales y verdaderas, que todas las del mundo son falsas y aparentes no más. Considera el valor de las de Cristo, su duración y su firmeza, el engaño de las terrenas y su fragilidad, y resuélvete a buscar aquellas con todo conato de tu alma y a despreciar estas.
PUNTO II. Considera la inconstancia del mundo en el ejemplo de este mayordomo, el cual hallándose en prosperidad, riqueza y valimiento con su señor, en un momento dio una vuelta la rueda y cayó de su estado, y se halló pobre, desvalido, desamparado y perseguido de los que le infamaron con su señor. Mírate en este espejo y contempla la inconstancia de los bienes de fortuna, de las honras del mundo, y saca de aquí no fiarte de ellas, ni dejarte llevar de su aparente resplandor, sino fijar tus deseos y tu corazón en Dios y en los bienes eternos, que son constantes y permanentes para siempre.
PUNTO III. Considera cómo sus propios domésticos y por ventura sus amigos le infamaron a este mayordomo para con su señor, fruta que corre en todos tiempos. Considera cuán poco hay que fiar en ellos, y toma a Dios y a sus santos por amigos, que siempre te serán fieles y nunca te desampararán. Pondera otro sí cómo este mayordomo no se volvió contra sus consiervos, ni se quejó de los que dijeron mal de él: ¡grande ejemplo de paciencia! Saca de aquí propósitos de tenerla en las ocasiones que traes entre manos, y con los que te persiguen y murmuran, y pídele al Señor gracia para callar y sufrir y retornarles bien por mal, como nos lo enseñó Cristo.
PUNTO IV. Considera las palabras con que cierra Cristo la parábola: ganad con las riquezas de este siglo amigos, para que cuando salgáis de este mundo os reciban en los tabernáculos eternos. Pondera cuales son estos tabernáculos en que habitan los del cielo, caréalos con las casas y moradas de la tierra, y hallarás que los palacios más suntuosos del mundo son menos que cuevas de animales y chozas pajizas de mendigos respecto de aquellos tabernáculos; mira qué locura y ceguedad es la del mundo, que por cosas tan viles trueca palacios tan preciosos y moradas eternas de inexplicable valor, hermosura, grandeza, deleite y comodidad y sobre todo eternos, que nunca se han de acabar: cava en esta duración, y no te dejes engañar de lo vano y aparente de este mundo, sino resuélvete a despreciarlo como vil y perecedero, por ganar los palacios inmortales de la celestial Jerusalén.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones