lunes, 31 de agosto de 2026

San Gil, abad. — 1 de septiembre

 


San Gil, abad. — 1 de septiembre

(+ 720)

 

El maravilloso abad san Gil, fue griego de nación, natural de Atenas, y de sangre real. Aplicóse desde niño a las letras y virtudes, y era muy inclinado a las obras de misericordia. Yendo cierto día a la iglesia, vio un pobre enfermo que estaba echado en el suelo y le pedía limosna; y san Gil, desnudándose la túnica cubrió con ella la desnudez del pobre, y en vistiéndosela, le dio juntamente la salud. Muertos sus padres, repartió a los pobres su crecido patrimonio; y no parece sino que Dios quiso pagárselo con el don de milagros, porque obró tantos, que divulgándose en Grecia la fama de su santidad, se embarcó a donde no fuese conocido ni estimado. Mas seguíale la gracia de los prodigios, y así en el mar sosegó con su oración una gran borrasca. Llegado a Arles, donde era obispo san Cesáreo, estuvo dos años con él en santa compañía, y habiendo pasado después el Ródano, obró muchos milagros en las regiones vecinas. Honrábanle por tantos prodigios las gentes del país; y él por huir de la alabanza de los hombres, entróse por la parte en que el Ródano va a morir en el mar, y halló una grande espesura, y en ella una cueva muy solitaria, y no lejos de aquel lugar una fuente de agua clara y abundante. Allí puso el santo su asiento; y todos los días venía a san Gil una cierva como enviada de la mano de Dios, para que con su leche se sustentase. Habiendo salido una vez el rey de Francia a caza hacia aquella parte, la cierva acosada por los perros, con gran ligereza vino a guarecerse en la cueva del santo anacoreta, y por la oración del santo, se volvieron los perros atrás para sus amos: y como otro día viniese el rey con más cazadores, y no osasen los perros llegarse a aquella gruta, un ballestero tiró desatinadamente una saeta que hirió al santo. Rompiendo luego por las malezas el rey con su gente, halló a san Gil en hábito de monje, de muy venerable aspecto, puesto en oración, sin moverse ni turbarse, corriendo sangre de la herida, y la cierva rendida a sus pies. Admiróse en gran manera el rey de lo que estaba viendo, y pidiendo perdón al santo, mandó que le curasen luego la herida: pero resistiólo él, diciendo que no consentiría jamás que le quitasen aquella ocasión de nuevos merecimientos. Con esto quedó tan edificado el rey que le construyó allí un monasterio, en el cual vivió san Gil algunos años, ordenado ya de sacerdote, con muchos discípulos que se le juntaron, a quienes gobernó con prudencia del cielo, hasta que llegando el día de su muerte, les echó su paternal bendición, y fue a gozar de Dios, a quien tan santamente había servido.

 

Reflexión: Preguntarás por ventura ¿en qué se ocupaban los discípulos del santo abad Gil y tantos otros monjes de los antiguos monasterios? En la contemplación de las cosas celestiales, en el canto de los salmos, en trabajos manuales, en el cultivo de las tierras, en abrir caminos por los desiertos, y formar poco a poco centros de poblaciones en medio de las soledades; en evangelizar a pueblos rudos o bárbaros, y en socorrerles como ángeles de los pobres. Siempre verás alrededor de un antiguo monasterio, algunas poblaciones que se formaron debajo de la protección y jurisdicción paternal de los monjes. Ahora están bajo el yugo del Estado o de amos a las veces harto codiciosos y egoístas.

 

Oración: Rogámoste, Señor, que la intercesión del bienaventurado abad san Gil nos recomiende en tu divino acata miento, para alcanzar por su patrocinio lo eme no podemos impetrar por nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

1. DEBEMOS DAR BUEN EJEMPLO. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DIA 1

DEBEMOS DAR BUEN EJEMPLO

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 1

DEBEMOS DAR BUEN EJEMPLO

Una de las mayores mortificaciones que encuentra el justo en el camino de la perfección es tener que vivir entre los hombres y satisfacer sus juicios y pareceres. Aunque en todas nuestras obras hemos de buscar principalmente a Dios y su mayor honra, también tenemos obligación de ayudar a los hombres y de procurar su edificación, siempre que esto no contradiga la ley de Dios.

Cristo nos manda que nuestra luz resplandezca delante de los hombres, para que, viendo nuestras buenas obras, glorifiquen al Padre celestial. Sin embargo, los juicios de los hombres son limitados y sus gustos muy diferentes. Unos alabarán nuestras obras, otros las criticarán y otros las despreciarán. Así sucedió también con Cristo: unos lo alababan, otros lo vituperaban y otros lo perseguían.

Por eso, el justo no debe inquietarse demasiado por lo que el mundo diga de él. Cada árbol da su fruto según su especie: el naranjo da naranjas agrias y la palma dátiles dulces. No puede cada árbol acomodar su fruto al gusto de todos. Lo importante es que dé el fruto que Dios le ha concedido.

De la misma manera, el justo debe obrar sencilla y fielmente según la gracia que ha recibido. No toda el agua que derraman las nubes aprovecha, ni toda la luz del sol es recibida de la misma manera. Hay hombres que, por sus propios prejuicios y malas disposiciones, convierten en amargo lo que se les ofrece para su bien.

Así lo hizo Cristo muchas veces. Cuando quisieron apedrearlo, pasó por medio de ellos y siguió su camino. El siervo de Dios ha de aprender también a no detenerse ante las piedras que le arrojan las lenguas de los hombres. Debe hacer con prudencia lo que esté de su parte y después confiar en Dios, que sabe defender al justo y hacer callar a los malvados.

Satanás procura servirse precisamente de los juicios y opiniones de los hombres para apartarnos de Dios. Puede hacernos trabajar tanto por conservar nuestro buen nombre y satisfacer a todos, que terminemos sin fuerzas para atender a Dios y a nuestra propia alma.

Por eso hemos de dar al mundo lo que verdaderamente le debemos: nuestro buen ejemplo, nuestras palabras santas y una vida ordenada y caritativa. Pero debemos darlo sin perder por ello el recogimiento y la unión con Dios. Si el prójimo se encuentra en verdadera necesidad espiritual y no hay otro que pueda ayudarle, entonces debemos dejar incluso nuestros ejercicios ordinarios para acudir en su auxilio. Esto no es abandonar a Dios, sino dejar a Dios por Dios.

La verdadera caridad sabe distinguir cuándo debemos recogernos con Dios y cuándo debemos salir de nosotros mismos para ayudar al prójimo.

 

JACULATORIA: “Ad maiorem Dei gloriam.”  “Todo a mayor gloria de Dios.”

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

DE LA TIRANÍA DEL DEMONIO, A QUIEN SIRVEN LOS DEL MUNDO.

 


Martes de la XIV semana después de Pentecostés

DE LA TIRANÍA DEL DEMONIO, A QUIEN SIRVEN LOS DEL MUNDO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XIV semana después de Pentecostés

DE LA TIRANÍA DEL DEMONIO, A QUIEN SIRVEN LOS DEL MUNDO.

 

PUNTO PRIMERO. De dos señores hace Cristo mención en el Evangelio. El primero y verdadero es Dios, de quien dijimos en la meditación antecedente. El segundo es el demonio, como dice san Agustín, príncipe de este mundo y gobernador de sus tinieblas, cuya tiranía, como dice el santo, es durísima y su señorío insoportable.

Considera lo primero quién es este señor, y hallarás que es la criatura más vil, más baja, más pobre, despreciada e infame; tosca, sin fuerzas, ni saber ni poder, sin luz y sin virtud, ni esperanzas de poderla tener; condenada a eterna muerte y a perpetuas prisiones en los calabozos del infierno; padre de mentiras y engaños, con que ciega y despeña a todos los que le sirven.

Pide a Dios luz para conocer sus astucias, y que te tenga de su mano para que no te engañe y despeñe en tu perdición; y que la dé también a todos los hombres para que le conozcan y desprecien, y no caigan en sus lazos.

 

PUNTO II. Considera la carga tan pesada de sus mandatos y la intolerabilidad de su gobierno, sin piedad ni misericordia; todo rigor, fatiga y cansancio, porque, como tirano, solo pretende el mal de los hombres y su perdición.

Y por esto dice Dios por su profeta (1), que nunca los malos tienen paz; porque, aunque digan: Paz, paz, siempre padecen la guerra de su mala conciencia y la carga pesada de sus pecados.

Mira lo que padecen los que codician las riquezas por mares y tierras, por soles y aires, por agua y por fuego, desterrados de sus casas sin gozar un día de descanso.

Pon los ojos en los ambiciosos, que por el viento de la honra andan atravesados perpetuamente de cuidados y carcomidos de envidia de ver medrados a los otros; y de esta manera discurre por todos los vicios, y hallarás que todos son carga pesadísima para sus amadores.

Este es el gobierno del demonio, y estos sus preceptos y mandamientos. Ruega al Señor que te libre de carga tan pesada.

 

PUNTO III. Considera la necesidad que padecen sus siervos, la esclavitud en que viven sujetos a sus deseos.

Los ricos, dice David (2), tuvieron hambre y necesidad; pero los que buscan al Señor no carecen de todo bien. Y si los muy ricos padecen de esta manera, ¿qué padecerán los demás?

Acuérdate del hijo pródigo, que salió rico y honrado de la casa de su padre, y a pocos lances que asentó plaza en la de este tirano, se halló pobre, mendigo y desheredado, cargado de miserias y afligido de la necesidad.

Así son todos los que sirven y se sujetan a su tiranía con miserable consejo. No lo tomes tú de él más; aconséjate con Dios; conoce la tiranía de Satanás, su gobierno y su rigor, y huye de ella, y acógete a la casa de Dios.

Mira al pródigo de quien hablamos, el cual en casa de su padre halló la honra, el descanso y la abundancia que había perdido fuera de ella. Lo mismo te sucederá a ti y a todos los que volvieren a la casa de Dios.

 

PUNTO IV. Considera el premio con que paga últimamente este tirano a sus criados, dando mayores tormentos en el infierno a los que en esta vida le sirvieron con mayor firmeza.

Su reino es el del abismo; sus coronas, los carbones ardiendo; su paraíso, los calabozos tenebrosos; sus músicas, los aullidos espantosos; sus banquetes, hiel y vinagre; y sus bebidas, azufre ardiendo. Sus camas, de puntas y espinas entre víboras y serpientes; sus descansos, eternos tormentos que nunca se han de mitigar.

Con este galardón premia a sus criados este señor cruelísimo. ¿Cómo es posible que haya quien le sirva en el mundo?

¡Oh ceguedad grande de los que sirven a tal señor y dejan de servir a Dios!

Carga el peso de la consideración en lo dicho, y pídele a Dios con todo el afecto de tu alma que desengañe a los mortales y envíe predicadores que les den luz para no despeñarse en tan horribles tinieblas; y que los tenga de su mano para no servir a tan tirano señor, sino que, despreciadas sus astucias y conocidos sus engaños, sirvan al verdadero y sumo Dios de todo su corazón; al cual ofrécete tú de todo el tuyo para amarle y servirle eternamente, sin fin.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

domingo, 30 de agosto de 2026

DEL VERDADERO SEÑOR A QUIEN DEBEMOS SERVIR, QUE ES DIOS NUESTRO PADRE.

 


Lunes de la XIV semana después de Pentecostés

DEL VERDADERO SEÑOR A QUIEN DEBEMOS SERVIR, QUE ES DIOS NUESTRO PADRE.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XIV semana después de Pentecostés

DEL VERDADERO SEÑOR A QUIEN DEBEMOS SERVIR, QUE ES DIOS NUESTRO PADRE.

 

PUNTO PRIMERO. Considera quién y cuál es el Señor a quien Cristo nos exhorta a que sirvamos, que es Dios nuestro Criador, noble sobre todo cuanto se puede imaginar, poderoso, rico, afable, amoroso, discreto, manso y dadivoso; y con todas las gracias que se pueden desear en un príncipe soberano, todas en sumo grado y con sumo agrado para con todos sus criados, a quien ama como Padre.

Pues si los hombres del mundo tienen por suma dicha entrar a servir a los príncipes de la tierra y alcanzar puestos y oficios honrados en sus palacios, ¿cuánto más debes tú estimar y procurar entrar a servir a Dios y tener puesto en su casa y emplearte en su servicio?

Pídele que te admita en él, y ten por suma dicha que quiera servirse de ti.

 

PUNTO II. Considera lo que manda este Señor a los suyos, y cuán leve y fácil carga de llevar son sus mandamientos; pues antes alivian el trabajo que le agravan, conforme a lo que el mismo Señor dice: Venid a mí los que os halláis fatigados y cargados; tomad el yugo de mi ley sobre vosotros; aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

Porque sus mandamientos, como dice san Agustín, son como las alas del ave, que no la cargan, sino antes la alivian y la hacen ligera.

Dios pone el hombro para ayudar a los suyos a llevar la carga de sus preceptos y consejos; y, llevándola Él, quedan ellos descargados. En una balanza pone el precepto, y en la otra la gracia y los auxilios para llevarle; y así es dulce y suave su gobierno, y gustoso su servicio, sin fatigas ni desvelos, sin los cuidados que padecen los que sirven como esclavos a los señores del mundo.

 

PUNTO III. Considera el premio y galardón que da este Señor a los suyos; porque no es como los señores del mundo, que pagan muchos años de servicio con despedir a sus criados por un disgusto, y muchas veces les consumen sus haciendas en sus gustos.

Pero Dios paga con galardones eternos pocos días de servicio en esta vida. Ama y cuida de sus siervos como de hijos, dándoles todo lo que necesitan liberalísimamente, como lo dice en su Evangelio; y después de esta vida les da los premios eternos de su gloria, coronándolos en ella como a reyes, que tales son los que le sirven.

Contempla estas verdades y llora la ceguedad de los hombres, que buscan con tanta afición servir a los reyes de la tierra y no se acuerdan de servir al Rey del cielo, siendo aquel servicio tan difícil y este tan fácil; aquel tan penoso y este tan gustoso; aquel tan vano y este tan sólido; aquel sin premio, y este con eterno galardón.

Pídele a Dios que les abra los ojos para que conozcan la verdad, y en especial los tuyos, para que no te ciegue el oropel que brilla en este mundo, ni te turbe ni te engañe su apariencia, para dejar por los hombres caducos y perecederos al Emperador divino y celestial, que galardona a los suyos con premios inmortales.

 

PUNTO IV. Considera otra calidad de este Señor, y es que no admite compañía, ni permite ser amado con otro de los suyos. Dios pide todo el corazón, sin que se divida en las criaturas; por lo cual dice el Salvador que no podemos servir a Dios y a las riquezas, porque no admite consorcio, ni que se divida su amor.

Pondera que, entrando el Arca del Testamento en el templo de los filisteos, cayó hecho pedazos en el suelo su ídolo Dagón; porque nuestro Dios es celoso, que no permite amor de ídolos, de honras, riquezas o deleites, ni de aficiones terrenas, sino que pide ser amado con todas las fuerzas de nuestro corazón.

Y por tanto entra en el templo de tu alma y purifícale de todas las aficiones del mundo; derriba los ídolos que hasta aquí has adorado; no quieras ni ames más que a este Señor.

Pídele que sea tuyo y que tú quieras ser suyo, y servirle a Él solo, haciendo en todo su divina voluntad, como le sirven los ángeles eternamente en el cielo.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.