Sábado de la I semana de Cuaresma.
DE LO QUE CRISTO DIJO A SUS DISCÍPULOS DESPUÉS DEL LAVATORIO DE LOS PIES.
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Sábado de la I semana de Cuaresma.
DE LO QUE CRISTO DIJO A SUS DISCÍPULOS DESPUÉS DEL LAVATORIO DE LOS PIES.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo nuestro Señor, en acabando aquel humilde ejercicio de lavar los pies a sus discípulos, tomó sus vestiduras y se las volvió a poner y a sentarse con ellos, y a darles santos documentos, declarándoles la razón porque les había lavado los pies. Aquí ¡oh alma mía! tienes maestro que te enseña el camino de la salvación y perfección; mira cuán de asiento tomó el enseñarte, y toma tú también de asiento aprender su doctrina: entra en el cenáculo y oye sus palabras, y mira sus ejemplos; rumia y repasa una y muchas veces la lección que te da, para que se quede más impresa en tu corazón.
PUNTO II. Considera las primeras palabras que les dijo, que fueron: ¿Sabéis lo que he hecho con vosotros? en que declara que no todos penetran los misterios que hay encerrados en su vida, sino aquellos a quienes Su Magestad fuere digno de declararlos. ¡Oh Señor! habladme en el corazón y dadme luz para que yo entienda y penetre lo mucho que hay encerrado en todas las obras y palabras y acciones de vuestra vida, para que enderece la mía en vuestro servicio, y no pierda por ignorancia lo que tanto me importa, etc.
PUNTO III. Considera el resto de aquella lección: vosotros me llamáis maestro y Señor, y decís bien, porque de verdad lo soy; y si yo siendo vuestro Señor y maestro os he lavado los pies, vosotros debéis lavarlos unos a otros a mi ejemplo e imitación. Medita cada palabra y atiende al sentimiento y gravedad con que las dice el Salvador; llamaisme maestro y Señor, y no basta confesarle con la boca si no lo decís con las obras, porque no será escogido ni tenido por de mi rebaño el que me llama Señor, Señor, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo: ni el que me llama maestro, y oye mi doctrina, sino el que la pone en ejecución. Mete la mano en tu pecho y mira si la ejecutas tú, y cuántos años há que estás en su escuela, y lo que has aprovechado en ella. Guárdate no te despida por inútil y mal acostumbrado, porque desacreditas su casa; pasa adelante y rumia aquellas palabras: y decís bien, porque lo soy en realidad de verdad. Cristo es tu maestro, no busques otro, que serás engañado: Cristo es tu Señor, no sirvas a otro porque te perderás. ¡Oh rey de gloria! ¡Oh Señor y maestro del cielo! Vos sois el mío, no quiero otro sino a vos, ni permitáis que yo le tenga jamás, etc.
PUNTO IV. Considera últimamente aquellas palabras del Salvador. Ejemplo os he dado para que como yo lo he hecho con vosotros así vosotros lo hagáis unos con otros, las cuales no se han de limitar a sola esta acción de lavar los pies, sino extenderlas a toda la vida de Cristo Nuestro Señor, que fue un dechado para los hombres de bien obrar y una guía para no errar el camino de la salvación. Ponte delante este espejo y mírate en él despacio, y corrige tus faltas y adorna tu alma, y mira una por una las obras de Cristo, y cómo las imitastes hasta aquí y las has de imitar en adelante, y en especial esta de tan profunda humildad, abatiéndote a los pies de todos por imitar al Salvador y seguir el ejemplo que nos dió postrándose a los de sus discípulos. Esta es la vía que lleva a los hombres a la vida y por donde debes caminar si quieres llegar al cielo.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.