Jueves después de ceniza
El centurión que vino a Cristo
a pedirle salud para su hijo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves después de ceniza
El centurión que vino a Cristo
a pedirle salud para su hijo.
Mt 8, 5-13
Dice el Sagrado texto que vino a Cristo un centurión y le dijo: que su hijo estaba enfermo y Cristo se ofreció a ir a sanarle; más él no teniéndose por digno de que entrase en su casa, dijo que con una palabra suya le podría sanar; y Cristo, alabando su fe, le sanó en aquella hora.
PUNTO PRIMERO. Considera el cuidado y diligencia que puso este centurión en la salud de su hijo, pues siendo tan noble, rico y poderoso no dudó devenir en persona a rogarle a Cristo por él y echarse a sus pies pidiéndole que le sanase; y córrete de ver lo uno, la poca piedad que tienes tú para con los tuyos, y lo otro la negligencia y descuido que tienes con tu propia alma, que es la joya más preciosa de tu casa, y la que más te importa, y puede ser que sea de la que más descuidas; enferma está de la dolencia de muchos pecados y malos siniestros y torcidas costumbres, y dándote voces, no las oyes ni te mueves a venir a Cristo y pedirle con este centurión que la sane. Toma su ejemplo y busca el médico de tu alma, arrójate a sus pies y pídele que te sane, y no desistas de tu petición hasta alcanzar esta merced del Señor.
PUNTO II. Considera la piedad de Cristo y la presteza en conceder liberalísimamente lo que pedía; pues en diciendo el centurión que su hijo estaba enfermo, sin más dilación respondió: Yo iré y le curaré; aprende por una parte a no dilatar a los necesitados la misericordia que pudieres hacerles, socorriendo con presteza sus necesidades: y por otra a confiar en la bondad de Dios, y acudir a él con toda confianza en tus necesidades, pues tienes un Señor tan pronto y liberal, que no habrás echado la palabra de la boca, cuando te conceda lo que le pidieres.
PUNTO III. Considera la humildad de este centurión que no se tuvo por digno de que Cristo entrase en su casa, y la fe tan viva, pues creyó que desde allí le podía sanar con sola una palabra, y así lo dijo al Señor, el cual, admirado de su fe, levantó la voz delante de todo el pueblo y le alabó con palabras de mucha estimación. Vuelve los ojos a ti y mira cuál es tu fe, y si la alabará o vituperará Cristo quejándose de la poca que tienes, y cuán muerta está en tu corazón. Advierte cuántas mercedes pierdes de su mano por falta de ella, y pide a Dios que te la dé y que te haga digno de su gracia como este centurión.
PUNTO IV. Considera al hijo de este centurión muriéndose, y que en el punto que Cristo habló una palabra, ausente de él con el cuerpo aunque presente en el alma, se halló sanó. Pondera por una parte cuán fácil es a Dios dar salud a los enfermos, y que a su poder no hay cosa imposible; y cobra grande confianza en su piedad de que alcanzarás lo que le pidieres si te dispusieres para merecerlo; y mira por otra parte el gozo de toda aquella casa y en especial del hijo y el padre por la salud recibida; y levanta el espíritu y considera cuánto mayor será el gozo que tendrán los ángeles por la salud espiritual de un alma que vuelve del pecado a la gracia, y el que debes tú tener de la tuya, y ponte a los pies del Salvador y pídele con instancia que tenga piedad de ti y no te deje enfermo dando salud a los demás.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.