domingo, 27 de septiembre de 2026

DE LA ENFERMEDAD DEL ALMA Y SU REMEDIO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Lunes de la XVIII semana después de Pentecostés .

DE LA ENFERMEDAD DEL ALMA Y SU REMEDIO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XVIII semana después de Pentecostés .

DE LA ENFERMEDAD DEL ALMA Y SU REMEDIO.

 

PUNTO PRIMERO. Contempla en el espejo de este enfermo, sin poderse mover en una cama, a quien traen en hombros de cuatro sanos por su debilidad, a tu alma enferma por el pecado en el lecho de tu cuerpo, sin fuerzas ni virtud para hacer obra buena ni digna de la bienaventuranza; y que no puede venir a Cristo, si no es traída como en hombros ajenos por su divina gracia. Y clama de lo íntimo de tu corazón, pidiendo a Dios que tenga misericordia de ti, como la tuvo de este enfermo, y que, pues vino a curar las dolencias de la culpa, cure las tuyas y te dé entera salud.

 

PUNTO II. Considera cómo, pidiéndole a Cristo los que le trajeron este enfermo la salud del cuerpo, en primer lugar le dio la del alma, diciendo: «Confía, hijo, que tus pecados son perdonados», enseñándonos dos cosas: la primera, buscar la salud del alma en primer lugar que la del cuerpo, y los bienes espirituales antes que los corporales, como más preciosos e importantes; la segunda, que la enfermedad del cuerpo tiene su raíz en la del alma, y curada ésta se alcanza la salud de aquélla. Y por esta causa hay muchos enfermos a quien no aprovechan las medicinas corporales, porque no ponen la segur a la raíz, ni toman el agua de su principio, empezando la cura por la enfermedad de los pecados, de donde nace la que padecen en el cuerpo.

Toma estas dos lecciones del Maestro de la vida, si quieres alcanzarla para ti y para los tuyos: empieza por lo espiritual, y conseguirás juntamente lo temporal; busca en primer lugar lo eterno y la salud del alma, y Dios te dará la del cuerpo y los bienes espirituales y temporales también, como los dio a este enfermo.

 

PUNTO III. Considera cómo le dio a este enfermo entera salud con su palabra, mandándole que se levantase sano de la cama, y luego se halló libre de la enfermedad que le afligía; en que nos enseñó la virtud de su palabra, no solamente para dar salud al cuerpo, sino mucho más al alma, cuya medicina instituyó en el sacramento de la penitencia, en el cual es curada de todas las dolencias de sus pecados por virtud de las palabras del sacerdote, aplicándole los merecimientos de su sangre preciosísima. Esta potestad soberana dejó en el mundo a los hombres para medicinar las almas y darlas entera salud, como se la dio a este enfermo. Dale infinitas gracias por tan señalada merced como te hizo a ti y a todos en dar a su Iglesia tan fácil y suave medicamento, y tan eficaz para alcanzar la salud espiritual y recuperar la vida del alma; y saca de aquí nueva estimación de este santo sacramento y propósito de frecuentarle, y exclama con este pueblo diciendo: «Bendito sea Dios, que dio tal potestad a los hombres.»

 

PUNTO IV. Considera cómo, en sanando Cristo a este enfermo, le mandó tomar su cama y retirarse a su casa, en que nos dio otra lección y medicina para la salud del alma, que es quitar las ocasiones de las culpas y retirarse al recogimiento, en el cual se halla la seguridad y los bienes espirituales que se pierden fuera de él. Oye las palabras del Salvador como dichas a ti mismo: «Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.» Levántate del cieno de tus vicios, en que ha tantos años que estás sepultado; toma tu lecho, quita las ocasiones en que estás preso y sin aliento para cosa buena, y retírate al recogimiento, y recuperarás la salud que has perdido en la vida pasada. Éste es un régimen y una medicina saludable, cuya virtud han experimentado con grande usura de su espíritu todos los que la han usado. Ruega a Dios que te dé fuerza para experimentarla tú, y pondera que le manda Cristo tomar a peso su cama y llevarla como cruz sobre sus hombros, en testimonio de su entera salud, porque lo es manifiesto de haberla alcanzado en el alma, cuando nos pesa de los vicios pasados y nos son cruz las delicias en que antes nos deleitábamos.

¡Oh Señor!, dadme esta gracia para que yo alcance perfecta salud; que sean para mí carga pesada mis pecados, en que antes descansaba; que me pese sumamente lo que antes me deleitaba; y que sean cruz dolorosa los gustos y las delicias en que me saboreaba, y solo me deleite y descanse vuestra cruz y vuestro amor, y emplearme en vuestro servicio.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DÍA 28. CRISTO, MAESTRO DE HUMILDAD. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 




DÍA 28

CRISTO, MAESTRO DE HUMILDAD

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 28

CRISTO, MAESTRO DE HUMILDAD

Dos o tres principios tiene la humildad: el conocimiento de Dios, conocimiento de sí propio y conocimiento de que lo poco o mucho que en él hay nace de la majestad y grandeza de Dios, que, usando de su misericordia, quiso comunicar algo de la infinidad de perfecciones que en él hay.

¿Qué hombre, pregunto yo, habría en el mundo que, teniendo solo mil ducados de hacienda, quisiese jactarse de su riqueza delante de otro que esos mil ducados se los regalaría como limosna, o que le debe más de cien mil de renta? ¿Pues qué, si junto con eso este hombre fuese su criado, siervo o esclavo?

Por cualquier parte que la mires, todo lo que él tenía en orden a gloriarse ante los demás le hará llegar a lo más bajo que él se hubiese imaginado.

No le vaya a suceder lo que le pasó al cantinero: un hombre que hizo fortuna aumentando agua al vino que vendía puso un día su bolsa de dinero a la orilla del río. Un villano, creyendo que era un pedazo de carne, se lanzó sobre ella y, al darse cuenta de que no era el manjar que había imaginado, la dejó caer en el río; y así, que con el agua había amasado una fortuna, el agua se llevó lo que era suyo.

Es seria cosa que, siendo el hombre un poco de agua vertida que corre al abismo de la nada, como dijo la sabia mujer a David: «como el agua que se derrama», quiera venderse por vino y, sabiendo su poquedad y nada, con toda su soberbia y presunción pretenda venderse por vino puro.

Esto lo da bien a entender el santo rey David: «Señor, tú me sondeas y me conoces». Tú, Señor, conociste muy bien lo que yo era antes que fuese rey, que era un pobre pastorcillo. Tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso. No solo conociste lo que yo era y lo mucho a que me has levantado, sino también mis sendas, mis pensamientos, mis inclinaciones y movimientos.

En los versos siguientes David va desmenuzando el conocimiento que Dios tiene de él: de sus palabras, de sus pensamientos y de todo lo que en el hombre se puede imaginar, viejo o nuevo, presente o pasado, antiguo o por venir.

Así como es propio de un alma humilde que, viéndose cargada de bienes recibidos de parte de Dios y delante de tan gran Majestad, busca desesperadamente rincones donde esconderse, deseando únicamente desaparecer en un abismo de la nada, así David dice: «¿A dónde iré lejos de tu Espíritu?» «Si subo al cielo, allí estás tú; si me tiendo en el Abismo, estás presente». «También allí me llevaría tu mano y me sostendría tu derecha».

No habrá lugar donde esconderse de Dios, porque su mano derecha es bien larga y con ella nos tomará y hará retornar. Ni las tinieblas podrán ocultarnos, porque «las tinieblas no serían oscuras para ti y la noche será clara como el día».

 

JACULATORIA. Los sacó de las sombrías tinieblas, arrancó sus cadenas. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. (Salmo 107, 14-15).

 

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.