Jueves de la octava de Pascua.
De lo que hicieron los Apóstoles en recibiendo el Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la octava de Pascua.
De lo que hicieron los Apóstoles en recibiendo el Espíritu Santo.
PUNTO PRIMERO. Dice san Lucas que en recibiendo los Apóstoles el Espíritu Santo empezaron a hablar varias lenguas, conforme el espíritu movía la de cada uno; adonde has de ponderar lo primero, que los hombres y las mujeres recibieron el Espíritu Santo, y los hombres solos predicaron y las mujeres callaron y se estuvieron recogidas, porque a cada uno dio gracia para vivir santamente conforme a su estado y profesión; y como dice san Pablo, aunque el espíritu es el mismo en todos, pero no causa en todos el mismo efecto, sino que divide sus dones y gracias según el estado de cada uno, y así obró recogimiento y silencio en las mujeres, y predicación en los hombres: atiende a tu estado y profesión, y pide al Espíritu Santo que te dé sus dones para cumplir con tu obligación, y no te engañe el mal espíritu pensando que es del Espíritu Santo lo que no te toca por tu profesión.
PUNTO II. Considera la ciencia y sabiduría y el fervor de espíritu que infundió en aquellos pobres pescadores, y cómo salieron luego con esfuerzo y resolución a predicar al pueblo, y hablaban en varias lenguas con admiración del mundo. Bendice al Señor que tales obras hace en un momento y cobra grande aliento en el Dios que te conforta, en el cual todo lo puedes, reconociendo la facilidad con que hace a los ignorantes sabios, y a los pecadores predicadores; y espera en el Señor que te dará su espíritu y los alientos necesarios para lo que te mandare y en un momento te enseñará y fortalecerá para cumplir cuanto te ordenare, por arduo que sea, como enseñó y fortaleció a los Apóstoles para cosas tan grandes y tan superiores a sus fuerzas,
PUNTO III. Considera lo que dice san Lucas, que oyendo el pueblo la repentina predicación de los Apóstoles, hicieron al principio burla de ellos y los motejaron de ebrios y locos, y que obraba en ellos el vino que habían bebido (tal es el juicio de los hombres) mas no por eso dejaron de proseguir en su predicación y ministerio. De esta meditación has de sacar lo primero ánimo y resolución para sufrir los oprobios de los hombres por amor de Dios, como los sufrieron los Apóstoles; y lo segundo una persuasión cierta a que las obras de Dios traen consigo el lustre de las contradicciones y murmuraciones de los hombres, y que no las debes dejar por eso, sino perseverar en ellas como lo hicieron los santos Apóstoles, fortalecidos y en señados con la virtud del Espíritu Santo el cual no te faltará si tú no le faltas.
PUNTO IV. Considera el fin y remate de esta acción, y fue que san Pedro, como caudillo de aquella milicia del cielo, volvió por todos con la verdad, e hizo un sermón al pueblo con tanto fervor de espíritu que convirtió cinco mil personas a la fe de Jesucristo: tal fruto hacen los que predican con lengua del Espíritu Santo: a donde debes aprender a callar y no defenderte cuando te culparen otros, fiando en Dios, el cual te defenderá como defendió a los Apóstoles por medio de san Pedro y los sacó de esta calumnia con mucha ganancia, así espiritual de merecimiento para con Dios, come de honra temporal para con los hombres: aprende también los frutos que se cogen de la predicación con espíritu, y pide a Dios que te le dé, y al divino Espíritu que te enseñe como enseñó a los discípulos del Señor.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.