Jueves de la XX semana después de Pentecostés
DEL PAN SUPERSUSTANCIAL QUE PEDIMOS EN LA ORACIÓN DOMINICAL.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de
nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo
firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda
reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este
rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi
guarda: interceded por mí.
Jueves de la XX semana después de Pentecostés
DEL PAN SUPERSUSTANCIAL QUE PEDIMOS EN LA ORACIÓN DOMINICAL.
PUNTO PRIMERO. Considera que, como escribe san Mateo, Cristo nos
mandó pedir el pan supersustancial todos los días, que es su santísimo Cuerpo
sacramentado en especie de pan, como dicen muchos santos citados por santo
Tomás. Sobre lo cual has de meditar, lo primero, cómo este divino manjar es
sobresustancial, porque Él solo es de sustancia para el alma y contiene la
sustancia de todos los manjares; por lo cual dijo el mismo Cristo que su carne
era el verdadero manjar y su sangre la verdadera bebida, porque las demás no lo
son como esta, en que se nos da la gracia y el Autor de la misma gracia.
Contempla el valor de este manjar, y la sustancia y la virtud que comunica al
alma, y dale muchas gracias a Dios por la merced que nos hizo en dárnosla para
nuestro consuelo y remedio; y enséñate a despreciar todos los manjares por
este, que es de sustancia y virtud sobre todos los demás.
PUNTO II. Considera por qué le llamó nuestro: lo primero,
porque le sazonó Cristo para nosotros y no para los ángeles, a quienes no hizo
la merced que a nosotros. Considera los agradecimientos que le dieran los del
cielo si les hiciera esta merced de darles su Cuerpo como a nosotros, y no seas
tú más corto en agradecérselo que ellos, y en estimar tan singular favor; lo
segundo, porque no es singular, sino merced hecha a todos igualmente. Pondera
aquí la equidad con que Cristo da tan soberano don a todos, chicos y grandes,
nobles y plebeyos, ricos y pobres, sin excluir a alguno, sin distinción ni
singularidad, comunicándoles su gracia a cada uno conforme a su devoción y a la
disposición que lleva; y que muchas veces la dará más copiosa al pobre y
humilde por ir más dispuesto que al rico y levantado porque va menos. Alaba las
maravillas de Dios y la rectitud de su justicia, y procura merecer mayores
aumentos de su gracia por tu mejor disposición.
PUNTO III. Considera que, siendo este divino pan de tan subido
valor, le llama cotidiano y nos le manda pedir cada día, como el maná que
bajaba del cielo; porque, como dice san Agustín, cada día nos hemos de preparar
para merecer recibirle, y, cuanto es de nuestra parte, purificar nuestras almas
y hacerlas dignas moradas de tan alto Señor. En figura de lo cual, todos los
días al amanecer enviaba Dios un viento blando que limpiaba la tierra donde
había de caer el maná, porque ha de estar limpia el alma de toda imperfección
para recibir este maná del cielo. Mete la mano en tu conciencia y mira si está
tan limpia que le merezcas recibir, y procura acrisolarla de cualquiera
imperfección. Toma el consejo de san Agustín y vive de tal suerte que merezcas
recibirle cada día.
PUNTO IV. Considera que nos manda Cristo pedir este divino pan
porque, como tal, nos sustenta y alimenta, y con él reparamos lo que perdemos
cada día pecando; y cada día necesitamos reparar por este celestial alimento lo
que perdemos por el pecado. Cada día irritamos la ira de Dios contra nosotros,
y cada día necesitamos ofrecerle este sacrificio para aplacarle y satisfacerle
por nuestros pecados. Cada día enfermamos en el alma, y cada día tenemos
necesidad de esta saludable medicina para curar nuestras dolencias. Contempla,
pues, los bienes y riquezas inestimables que tienes en este celestial bocado, y
estímale y venérale como debes. Ofrécele cada día a Dios en satisfacción de tus
pecados; recíbele con hacimiento de gracias para reparo de tu alma; pídele que,
como Médico celestial, te cure de tus enfermedades, y que te preserve de caídas
y te dé perseverancia en su gracia.
Si estás preparando una edición
completa del libro, puedo mantener este mismo criterio de corrección en todas
las meditaciones para que el estilo sea uniforme.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los
buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta
meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San
José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.