IMPORTANCIA Y URGENCIA DE LA DEVOCIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE CRISTO.
San Gaspar del Búfalo, Santo Fundador de la Congregación de los
Misioneros de la Preciosa Sangre
El
abuso de hoy en día, mostrado hacia el precio de nuestra Redención invita con
urgencia a las almas a hacer una continua reparación al Divino Redentor por
todas las ingratitudes demostrada por las personas, esto exige también que los
amantes y devotos de Jesús se ocupen en la promoción de la perpetua adoración a
la Preciosísima Sangre de nuestro Salvador.
Mis
queridas almas, la adoración a la Preciosísima Sangre de Jesús, precio de
nuestra Redención, es el más cariñoso obsequio que podemos ofrecerle a Dios. A
través de esta adoración, nos convertimos en receptores de los tesoros de
Sabiduría y Santificación. A través de ella, somos liberados de las penas del
infierno en proporción a nuestro Amor de Jesús. A través de ella, tomamos
posesión de la Santa Gloria del Cielo: ¡en virtud de la Divina Sangre! Por lo
tanto, almas queridas, es muy justo que, por la ingratitud de tantas otras
almas, consagrar el presente mes a la Adoración de la Divina Sangre y de esta
manera restablecer la Ternura y Amor Divino en nuestros corazones.
Gracias
a la aplicación de este precio incalculable que nos redimió, las almas
pecadoras descubrirán en nuestra sagrada Religión la motivación para tener
esperanza en la Infinita Misericordia y el perdón. El penitente encontrará en
ella un estímulo para crecer en la virtud y la santidad. Por último, los justos
serán transportados a un ardiente entusiasmo por salvar el mayor número de
almas para el Señor.
Mientras
que el demonio, enemigo de todos los buenos, trata de hacer que la gente siga
teniendo lejano el recuerdo del Amor de Dios, la devoción a la Divina Sangre
nos pondrá cerca de su Divino Corazón. Si nuestra mente está siempre ocupada
con el pensamiento de los misterios de su Amor, nuestros corazones podrán estar
deseosos de aplicar este Amor, y lograr así que nuestros sentimientos
corporales estén conscientes de nuestra propia santificación y la de los demás.
Con este recuerdo del incalculable Precio de la Sangre de Jesús, por la cual
hemos sido redimidos, permanecerá esta Sangre Preciosísima como sello
imborrable en nosotros.
¡Que
grande era el deseo que Jesús tenía a lo largo de su vida mortal por derramar
su Sangre por la Redención del mundo! Igualmente fue de ardiente el deseo de
que todos se beneficiaran de Ella, que cada alma participara de sus infinitos
Dones. Por lo tanto, nos invitó a esta Fuente de la Misericordia, diciendo:
“Beban de este Cáliz”. El abrió para nosotros en su Sagrado Corazón herido
cuatro fuentes, como dice San Bernardo: una fuente de la Misericordia, una
fuente de la Paz, una fuente de Devoción y una fuente del Amor y llama a todas
las almas a saciar su sed allí. “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba” (Cfr.
Jn 7,37). Que, de hecho, fue la razón por la que instituyó los sacramentos que
son los canales por los que las riquezas de la Preciosísima Sangre se comunican
a nosotros. Esa es la razón por la que continuamente se ofrece a su Eterno
Padre arriba en el Cielo. Esa es la razón por la que desea que cada día lo
busquemos sin cesar. ¿Por qué Jesús ha despertado en los corazones de muchos de
los fieles de nuestro tiempo esta devoción? Es sin duda por la única razón de
que su Corazón, profundamente consumido por el Amor de las almas, quiere
llevarlas a las Fuentes sagradas de sus Heridas y recibir allí, a través de su
Sangre, las aguas de su Gracia.
¿Quién
podrá contar todos los planes que el Corazón de Jesús tuvo el derramamiento de
su adorabilísima Sangre? A través de Ella, tenía la intención de: aplacar la
Divina Justicia para reconciliar a las almas con su Padre, limpiar el alma de
cada pecado para que cada alma obtenga la poderosa ayuda de su Gracia; abrir
para nosotros una entrada y un lugar de estancia en el bendito Cielo.
Bienaventurados
a los que se les concede beber un poco de gota de ese Cáliz amargo, que bebió
Jesús por amor de nosotros hasta la última gota. La recompensa para nosotros en
el Cielo es grande, la vida es muy corta. Por eso, en la elevación del Cáliz,
le recomendamos nuestras almas al Padre Eterno. No debemos dejar de ofrecer el
precio de nuestra Redención por la Santa Iglesia y para la salvación eterna de
nuestras almas.
Si
las personas se arrojaran a los brazos de la Infinita Misericordia de Dios,
todo lo demás se colocaría fácilmente en su lugar, pues una vez que se
enderezan las conciencias, también lo harán todos los problemas y se encontrará
fácilmente una solución para ellos.
¡Oh
almas, vengan y límpiense en la Sangre del Cordero! Y tú, alma que esto lees,
ora e intercede por los pecadores, y ten siempre valor por los méritos de la
Sangre Preciosísima de Jesucristo, nuestro Señor.
Invito
a todas las almas a que, con entusiasmo, llenen todas las horas del año en
adoraciones a los misterios de la Sangre de Jesucristo, uniendo a estas
devociones, la reparación por los muchos pecados cometidos en contra de Jesús,
en partículas, las blasfemias, las indiferencias a su Amor, etc. El tiempo de
oración se puede realizar tanto en el hogar o en la Iglesia, arrodillado o
sentado. Cuanto más se propague esta devoción, más abundantes serán las
bendiciones de Dios.
Sí,
la Sangre de Jesucristo debe limpiar el mundo. Si insistimos en la propagación
de la devoción a su Preciosísima Sangre, vamos a ser santos. Hay que continuar
alimentando una gran confianza en Quien es la fuente de todo Bien. ¡Cuánto le
debemos a Jesús, que nos ha redimido con su Sangre!
¡Que
gran Fiesta de Amor a Jesús es la Fiesta de la Sangre Divina! Sí, vamos a amar
a Jesús sin cesar, irrevocablemente, a fin de que podamos amarlo eternamente en
el paraíso. El mirar a Jesús derramando su Sangre es un acto de religión que
nos ayuda a hacer un gran trabajo para nuestra propia salvación eterna, asó
como la de nuestro prójimo, rezando de manera especial para el éxito de las
Misiones y para el trabajo apostólico que se está promoviendo en todo el mundo
católico. Es la Divina Sangre la que aplaca al Padre Eterno, la que purifica
nuestros corazones y nos embriaga de amor a Jesús, quien nos ama y nos lava con
su Sangre.
Quitando
los primeros siglos de la Iglesia, siglos hechos de mártires, en las siguientes
épocas que registra la historia para nosotros, podemos observar cómo uno y otro
fundamento de Fe Católica fue atacado con verdadera ferocidad, como las Cosas
Sagradas son objeto de burla en una y otra parte del mundo católico. En nuestra
miserable época, la crisis en la población es de carácter general, con
indescriptible perversión de los principios básicos y con acciones tan bajas
que cada una es un insulto al acto Redentor de Dios y, a través de la malicia
humana fracasa la aplicación de los Méritos de Jesucristo que nos ha redimido
por el precio de su Sangre. Ahora, es necesario reavivar el celo apostólico y
seguir las inspiraciones del alma que son tan favorecidas por Dios para que
podamos revivir en la memoria de estas personas el inestimable precio de
nuestra Redención y el intento de mover al verdadero arrepentimiento.
Por
lo tanto, hay dos cosas que deben necesariamente ser hechas en estos tiempos en
que vivimos. El primero es encontrar una forma de aplacar al Padre Eterno, y
para esto tenemos la Divina Sangre: “Tomaré el Cáliz de salvación e invocaré el
Nombre del Señor”. Los pecadores siguen siendo terriblemente temerarios y el
Señor, en su Amor, sigue diciendo a cada uno: ¿Qué utilidad te acarreará mi
Sangre? (Cfr. Salmo 29,10). Así que no hay nadie que, a través de este sagrado
y solemne culto, procure la adoración reparadora, y predique a todos sus
glorias. En esta devoción tenemos un compendio de la fe misma, es por eso que,
en la consagración del Cáliz, decimos: “Misterio de Fe”, así, por consiguiente,
en él está la salvación de las almas.
Sólo
por medio de esta devoción, nuestro Bautismo a través del cual nuestras almas
fueron limpiadas, es revivido; también lo aplico a la Confesión y los demás
Sacramentos. Otras devociones son todas, los medios para facilitar la piedad
católica, pero esta devoción es la base, el sustento y la esencia de todas. La
devoción a la Preciosa Sangre de Jesús es tan antigua que se remonta al momento
mismo en que Adán pecó, por lo que Jesús fue llamado el Cordero inmolado desde
el principio del mundo.
Es
bien sabido que el mismo infierno tiembla a la mención de “Sangre Divina”. Al
mismo tiempo, a la ira del diablo, quien no ha dejado ni dejará a partir de
ahora de librar una guerra contra esta expresión: “Preciosísima Sangre de
Jesucristo”. De una manera particular, la devoción a la Divina Sangre debe ser
nuestro armamento en humillar al diablo. Por lo tanto, trata siempre de hacer
todo lo posible para difundir esta devoción, en nombre de las necesidades de la
Santa Madre Iglesia.
En
tu comunidad, no dejes de promover esta importante devoción, para que se
conceda la paz para la Iglesia. Si promueves esta Devoción con celo obtendrás
un gran mérito a los ojos de Dios. El amor por la Misa y el oficio de la Sangre
Divina es algo que viene de Dios y según Dios, y recuerda que la gran palabra:
“Sangre Divina” derrota a Lucifer, quien, por esto, desprecia a los que
promovemos la Gloria de la Devoción a esta Sangre Preciosísima.
Hay
también otra buena obra que es necesario promover, y es la adoración perpetua a
la Divina Sangre. Esto también es un método muy eficaz de oración por las
necesidades urgentes de la Santa Madre Iglesia. Oremos, oremos para que la
Divina Sangre limpie las conciencias de las personas.
Dios
ha reservado para sí mismo el tiempo para el fin del mundo. Pero, antes de ser
su Juez, Él hace que recordemos el Precio de la Divina Sangre por la que fuimos
redimidos, así como el desprecio que se le da por las almas indiferentes a su
Amor. Señala para nosotros la Divina Ofrenda en justificación por nuestras
faltas, y abre las puertas de la Divina e Infinita Misericordia a los pecadores
arrepentidos.
Alma
querida, si te preocupas por difundir, extender y promover cada vez más la
devoción a la Divina Sangre encontrarás paz y tranquilidad. No hay ninguna
duda: la devoción a la Divina Sangre es el armamento en la mística de nuestros
tiempos: “Ellos derrotaron al dragón por la Sangre del Cordero”. En momentos de
tentación, invocar la Divina Sangre. Promovamos el mes de la Divina Sangre a
fin de compensar los abusos que se dan hoy en día a la misma por los pecadores.
Necesitamos
el coraje de permanecer con Jesús en la cruz para defender la santidad de la
vida y la virtud de superar al infernal dragón con la Divina Sangre, por lo
tanto, la devoción a ella es capaz de alcanzarnos una mayor unión con
Jesucristo.
Un
enemigo que hay que evitar: el mundo. Un tesoro para tener custodiado y
vigilado: el alma. Un medio para lograr el triunfo sobre el enemigo y el éxito
de nuestro tesoro: la devoción a la Preciosísima Sangre.
El
abuso de hoy en día, mostrado hacia el precio de nuestra Redención invita con
urgencia a las almas a hacer una continua reparación al Divino Redentor por
todas las ingratitudes demostrada por las personas, esto exige también que los
amantes y devotos de Jesús se ocupen en la promoción de la perpetua adoración a
la Preciosísima Sangre de nuestro Salvador.
Mis
queridas almas, la adoración a la Preciosísima Sangre de Jesús, precio de
nuestra Redención, es el más cariñoso obsequio que podemos ofrecerle a Dios. A
través de esta adoración, nos convertimos en receptores de los tesoros de
Sabiduría y Santificación. A través de ella, somos liberados de las penas del
infierno en proporción a nuestro Amor de Jesús. A través de ella, tomamos
posesión de la Santa Gloria del Cielo: ¡en virtud de la Divina Sangre! Por lo
tanto, almas queridas, es muy justo que, por la ingratitud de tantas otras
almas, consagrar el presente mes a la Adoración de la Divina Sangre y de esta
manera restablecer la Ternura y Amor Divino en nuestros corazones.
Gracias
a la aplicación de este precio incalculable que nos redimió, las almas
pecadoras descubrirán en nuestra sagrada Religión la motivación para tener
esperanza en la Infinita Misericordia y el perdón. El penitente encontrará en
ella un estímulo para crecer en la virtud y la santidad. Por último, los justos
serán transportados a un ardiente entusiasmo por salvar el mayor número de
almas para el Señor.
Mientras
que el demonio, enemigo de todos los buenos, trata de hacer que la gente siga
teniendo lejano el recuerdo del Amor de Dios, la devoción a la Divina Sangre
nos pondrá cerca de su Divino Corazón. Si nuestra mente está siempre ocupada
con el pensamiento de los misterios de su Amor, nuestros corazones podrán estar
deseosos de aplicar este Amor, y lograr así que nuestros sentimientos
corporales estén conscientes de nuestra propia santificación y la de los demás.
Con este recuerdo del incalculable Precio de la Sangre de Jesús, por la cual
hemos sido redimidos, permanecerá esta Sangre Preciosísima como sello
imborrable en nosotros.
¡Que
grande era el deseo que Jesús tenía a lo largo de su vida mortal por derramar
su Sangre por la Redención del mundo! Igualmente fue de ardiente el deseo de
que todos se beneficiaran de Ella, que cada alma participara de sus infinitos
Dones. Por lo tanto, nos invitó a esta Fuente de la Misericordia, diciendo:
“Beban de este Cáliz”. El abrió para nosotros en su Sagrado Corazón herido
cuatro fuentes, como dice San Bernardo: una fuente de la Misericordia, una
fuente de la Paz, una fuente de Devoción y una fuente del Amor y llama a todas
las almas a saciar su sed allí. “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba” (Cfr.
Jn 7,37). Que, de hecho, fue la razón por la que instituyó los sacramentos que
son los canales por los que las riquezas de la Preciosísima Sangre se comunican
a nosotros. Esa es la razón por la que continuamente se ofrece a su Eterno
Padre arriba en el Cielo. Esa es la razón por la que desea que cada día lo
busquemos sin cesar. ¿Por qué Jesús ha despertado en los corazones de muchos de
los fieles de nuestro tiempo esta devoción? Es sin duda por la única razón de
que su Corazón, profundamente consumido por el Amor de las almas, quiere
llevarlas a las Fuentes sagradas de sus Heridas y recibir allí, a través de su
Sangre, las aguas de su Gracia.
¿Quién
podrá contar todos los planes que el Corazón de Jesús tuvo el derramamiento de
su adorabilísima Sangre? A través de Ella, tenía la intención de: aplacar la
Divina Justicia para reconciliar a las almas con su Padre, limpiar el alma de
cada pecado para que cada alma obtenga la poderosa ayuda de su Gracia; abrir
para nosotros una entrada y un lugar de estancia en el bendito Cielo.
Bienaventurados
a los que se les concede beber un poco de gota de ese Cáliz amargo, que bebió
Jesús por amor de nosotros hasta la última gota. La recompensa para nosotros en
el Cielo es grande, la vida es muy corta. Por eso, en la elevación del Cáliz,
le recomendamos nuestras almas al Padre Eterno. No debemos dejar de ofrecer el
precio de nuestra Redención por la Santa Iglesia y para la salvación eterna de
nuestras almas.
Si
las personas se arrojaran a los brazos de la Infinita Misericordia de Dios,
todo lo demás se colocaría fácilmente en su lugar, pues una vez que se
enderezan las conciencias, también lo harán todos los problemas y se encontrará
fácilmente una solución para ellos.
¡Oh
almas, vengan y límpiense en la Sangre del Cordero! Y tú, alma que esto lees,
ora e intercede por los pecadores, y ten siempre valor por los méritos de la
Sangre Preciosísima de Jesucristo, nuestro Señor.
Invito
a todas las almas a que, con entusiasmo, llenen todas las horas del año en
adoraciones a los misterios de la Sangre de Jesucristo, uniendo a estas
devociones, la reparación por los muchos pecados cometidos en contra de Jesús,
en partículas, las blasfemias, las indiferencias a su Amor, etc. El tiempo de
oración se puede realizar tanto en el hogar o en la Iglesia, arrodillado o
sentado. Cuanto más se propague esta devoción, más abundantes serán las
bendiciones de Dios.
Sí,
la Sangre de Jesucristo debe limpiar el mundo. Si insistimos en la propagación
de la devoción a su Preciosísima Sangre, vamos a ser santos. Hay que continuar
alimentando una gran confianza en Quien es la fuente de todo Bien. ¡Cuánto le
debemos a Jesús, que nos ha redimido con su Sangre!
¡Que
gran Fiesta de Amor a Jesús es la Fiesta de la Sangre Divina! Sí, vamos a amar
a Jesús sin cesar, irrevocablemente, a fin de que podamos amarlo eternamente en
el paraíso. El mirar a Jesús derramando su Sangre es un acto de religión que
nos ayuda a hacer un gran trabajo para nuestra propia salvación eterna, asó
como la de nuestro prójimo, rezando de manera especial para el éxito de las
Misiones y para el trabajo apostólico que se está promoviendo en todo el mundo
católico. Es la Divina Sangre la que aplaca al Padre Eterno, la que purifica
nuestros corazones y nos embriaga de amor a Jesús, quien nos ama y nos lava con
su Sangre.
Quitando
los primeros siglos de la Iglesia, siglos hechos de mártires, en las siguientes
épocas que registra la historia para nosotros, podemos observar cómo uno y otro
fundamento de Fe Católica fue atacado con verdadera ferocidad, como las Cosas
Sagradas son objeto de burla en una y otra parte del mundo católico. En nuestra
miserable época, la crisis en la población es de carácter general, con
indescriptible perversión de los principios básicos y con acciones tan bajas
que cada una es un insulto al acto Redentor de Dios y, a través de la malicia
humana fracasa la aplicación de los Méritos de Jesucristo que nos ha redimido
por el precio de su Sangre. Ahora, es necesario reavivar el celo apostólico y
seguir las inspiraciones del alma que son tan favorecidas por Dios para que
podamos revivir en la memoria de estas personas el inestimable precio de
nuestra Redención y el intento de mover al verdadero arrepentimiento.
Por
lo tanto, hay dos cosas que deben necesariamente ser hechas en estos tiempos en
que vivimos. El primero es encontrar una forma de aplacar al Padre Eterno, y
para esto tenemos la Divina Sangre: “Tomaré el Cáliz de salvación e invocaré el
Nombre del Señor”. Los pecadores siguen siendo terriblemente temerarios y el
Señor, en su Amor, sigue diciendo a cada uno: ¿Qué utilidad te acarreará mi
Sangre? (Cfr. Salmo 29,10). Así que no hay nadie que, a través de este sagrado
y solemne culto, procure la adoración reparadora, y predique a todos sus
glorias. En esta devoción tenemos un compendio de la fe misma, es por eso que,
en la consagración del Cáliz, decimos: “Misterio de Fe”, así, por consiguiente,
en él está la salvación de las almas.
Sólo
por medio de esta devoción, nuestro Bautismo a través del cual nuestras almas
fueron limpiadas, es revivido; también lo aplico a la Confesión y los demás
Sacramentos. Otras devociones son todas, los medios para facilitar la piedad
católica, pero esta devoción es la base, el sustento y la esencia de todas. La
devoción a la Preciosa Sangre de Jesús es tan antigua que se remonta al momento
mismo en que Adán pecó, por lo que Jesús fue llamado el Cordero inmolado desde
el principio del mundo.
Es
bien sabido que el mismo infierno tiembla a la mención de “Sangre Divina”. Al
mismo tiempo, a la ira del diablo, quien no ha dejado ni dejará a partir de
ahora de librar una guerra contra esta expresión: “Preciosísima Sangre de
Jesucristo”. De una manera particular, la devoción a la Divina Sangre debe ser
nuestro armamento en humillar al diablo. Por lo tanto, trata siempre de hacer
todo lo posible para difundir esta devoción, en nombre de las necesidades de la
Santa Madre Iglesia.
En
tu comunidad, no dejes de promover esta importante devoción, para que se
conceda la paz para la Iglesia. Si promueves esta Devoción con celo obtendrás
un gran mérito a los ojos de Dios. El amor por la Misa y el oficio de la Sangre
Divina es algo que viene de Dios y según Dios, y recuerda que la gran palabra:
“Sangre Divina” derrota a Lucifer, quien, por esto, desprecia a los que
promovemos la Gloria de la Devoción a esta Sangre Preciosísima.
Hay
también otra buena obra que es necesario promover, y es la adoración perpetua a
la Divina Sangre. Esto también es un método muy eficaz de oración por las
necesidades urgentes de la Santa Madre Iglesia. Oremos, oremos para que la
Divina Sangre limpie las conciencias de las personas.
Dios
ha reservado para sí mismo el tiempo para el fin del mundo. Pero, antes de ser
su Juez, Él hace que recordemos el Precio de la Divina Sangre por la que fuimos
redimidos, así como el desprecio que se le da por las almas indiferentes a su
Amor. Señala para nosotros la Divina Ofrenda en justificación por nuestras
faltas, y abre las puertas de la Divina e Infinita Misericordia a los pecadores
arrepentidos.
Alma
querida, si te preocupas por difundir, extender y promover cada vez más la
devoción a la Divina Sangre encontrarás paz y tranquilidad. No hay ninguna
duda: la devoción a la Divina Sangre es el armamento en la mística de nuestros
tiempos: “Ellos derrotaron al dragón por la Sangre del Cordero”. En momentos de
tentación, invocar la Divina Sangre. Promovamos el mes de la Divina Sangre a
fin de compensar los abusos que se dan hoy en día a la misma por los pecadores.
Necesitamos
el coraje de permanecer con Jesús en la cruz para defender la santidad de la
vida y la virtud de superar al infernal dragón con la Divina Sangre, por lo
tanto, la devoción a ella es capaz de alcanzarnos una mayor unión con
Jesucristo.
Un
enemigo que hay que evitar: el mundo. Un tesoro para tener custodiado y
vigilado: el alma. Un medio para lograr el triunfo sobre el enemigo y el éxito
de nuestro tesoro: la devoción a la Preciosísima Sangre.