Lunes de la XIX semana después de Pentecostés
DE LA VOCACIÓN DE DIOS A SU IGLESIA Y SERVICIO.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la XIX semana después de Pentecostés
DE LA VOCACIÓN DE DIOS A SU IGLESIA Y SERVICIO.
PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Gregorio sobre este Evangelio, estas bodas de que habla aquí Cristo es su Iglesia, a la cual llamó a los de su pueblo; y, no queriendo venir, llamó a los gentiles, los cuales le obedecieron y llenaron su Iglesia, y poblaron el reino de los cielos.
Considera la merced que Dios te ha hecho en llamarte a ella, y en traerte a su conocimiento, y no dejarte en las tinieblas de la infidelidad como a otros innumerables. Dale muchas gracias por ello, y mira cómo le has de servir por este tan señalado beneficio.
PUNTO II. Considera la vocación de esta gente y su rebeldía, haciéndose sordos a sus voces y maltratando a sus criados, y el castigo que les vino por su delito. Mira cuántas voces te ha dado Dios, y cuántas inspiraciones has muerto en tu alma, haciéndote sordo y desentendido; y ruega a la Divina Majestad que te perdone y no descargue sobre ti su ira, como lo mereces, sino que te espere a penitencia, haciéndola en adelante de los pecados cometidos y ofreciéndote con fervor a su santo servicio.
PUNTO III. Considera cómo mandó llamar el rey a los pobres y despreciados, y llenar de ellos sus mesas, los cuales obedecieron sin excusas y gozaron de su convite; de lo cual has de sacar dos cosas.
La primera, que Dios no es aceptador de personas, ni mira a la corteza exterior de lo que brilla en los ojos del mundo, ahora sea la riqueza, ahora la nobleza o el entendimiento o ciencia de este siglo, sino a la virtud interior y a la guarda de sus mandamientos; por lo cual antepuso los pobres que le obedecieron a los ricos que no quisieron venir, honrándose más con aquéllos que con éstos.
¡Oh, cuántos pobres humildes son estimados y regalados de Dios por su virtud, los cuales son despreciados del mundo! Y, al contrario, ¡cuántos ricos son muy venerados en el siglo, y son despreciados de Dios por altivos, soberbios y desobedientes a su voz!
Aprende a quién has de estimar, y mira de cuál número eres en el catálogo de Dios.
La segunda es que, si tú no vinieres a su llamamiento, no le faltarán a Dios muchos que vengan en tu lugar a gozar de sus bodas. Abre los ojos y mira los que vinieron en lugar de los que faltaron, y hallarás que fueron muchos más de los que estaban convidados; y tiembla en adelante de hacerte sordo a la voz de Dios, porque no reciba otro tu corona.
PUNTO IV. Considera cómo los que no quisieron venir perdieron las bodas y juntamente las posesiones y riquezas, porque las dejaron; por cuanto los que dejan a Dios por el mundo lo pierden todo, y ni gozan uno ni otro; y los que le obedecen, despreciando al mundo por su servicio, lo logran todo.
Tiende los ojos por el mundo; mira qué raros son los que cuidan de lo eterno, y cuán sordos tienen los negocios terrenos a los hombres para oír la voz de Dios, que los llama a las bodas celestiales. Llora su ceguedad, pues tan presto lo han de perder todo, y no seas tú de los muchos que siguen sus apetitos, sino de los pocos que anhelan a lo eterno, que nunca se ha de acabar. Oye a Dios, sigue su llamamiento, no te aprisione ni detenga lo temporal, y Dios te dará lo temporal y lo eterno.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.