miércoles, 1 de julio de 2026

2 de julio. TESTIMONIO DE SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIERE. MES DE JULIO EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


2 de julio

TESTIMONIO DE SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIERE

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

2 de julio

TESTIMONIO DE SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIERE

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

 

San Claudio de la Colombiere, S.J. fue devotísimo del Santo Escapulario. Decía: "Si todas las gracias que sobre vosotros derrama a manos llenas la Santísima Virgen no logran convertiros; si sois sordos a tantas voces y ciegos a tanta luz; si os obstináis en morir impenitentes... no lo dudéis: moriréis como réprobos.

Sí, hermanos míos, moriréis en las garras de la impenitencia final; pero en este caso ES IMPOSIBLE QUE PODÁIS MORIR VESTIDOS CON EL SANTO ESCAPULARIO. Porque si María Santísima no logra por vuestra criminal obstinación arrancaros del lodazal de vuestras culpas, Ella arbitrará algún medio para despojaros entonces de su santa librea.

Vosotros mismos, ¡oídlo bien!, vosotros mismos, con vuestras propias manos os arrancaréis el Santo Escapulario del Carmen antes de morir con él en las garras de la impenitencia.

Sucedió así a aquel desgraciado suicida que se arrojó desesperadamente al agua para morir ahogado. Llevaba al cuello el Santo Escapulario del Carmen y le era imposible sumergirse. En vano se esforzaba el infeliz en descender al profundo de las aguas; las mismas aguas le sostenían a flote contra su voluntad.

Admirado de aquel prodigio que tanto brillaba en medio de las negras sombras de la desesperación, se persuadió que el Santo Escapulario era el talismán divino que le cerraba la boca del infierno.

A pesar de lo cual el desdichado cerró los ojos a tanta luz y los oídos a aquella voz tan elocuente, y arrancó de su cuerpo el Santo Escapulario. Y haciendo luego, por cuarta o quinta vez, un esfuerzo para ahogarse, las mismas aguas que antes se habían cerrado para sostenerlo a flote, entonces se abrieron para tragárselo.

El suicida logró morir pecando; pero no pudo morir hasta que se despojó del Escapulario del Carmelo. "Santa librea de salvación, con la cual nadie puede morir sin morir en gracia".

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

 

 

La Visitación de Nuestra Señora. — 2 de julio

 


La Visitación de Nuestra Señora. — 2 de julio

 

La devotísima fiesta de la Visitación de la santísima Virgen instituyó el papa Urbano VI y la publicó el papa Bonifacio IX el año del Señor 1389, tomando por medianera a la Virgen sacratísima para que remediase el cisma peligrosísimo que a la sazón afligía la Iglesia. Y el sagrado evangelista san Lucas refiere aquel paso tan devoto de la vida de nuestra Señora por estas palabras: «En aquellos días partió María y se fue presurosa a la montañas de Judea a una ciudad de la tribu de Judá: y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Elisabeth. Y aconteció que en oyendo Elisabeth la salutación de María, la criatura que traía en su seno dio saltos de placer; y su madre Elisabeth se sintió llena del Espíritu Santo; y exclamando en alta voz dijo a María: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí tan grande bien, que venga a visitarme la Madre de mi Señor? Pues lo mismo ha sido llegar a mis oídos la voz de tu salutación, que dar saltos de júbilo el infante que tengo en mis entrañas. ¡Bienaventurada tú, que has creído! porque sin falta se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor. Entonces la Virgen llena de un altísimo es píritu de profecía, tornó a Dios estas sus alabanzas y dijo: Engrandece el alma mía al Señor; y mi espíritu está transportado de gozo en Dios, Salvador mío. Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes Aquel que es todopoderoso, Aquel, cuyo nombre es santo, y cuya misericordia se extiende de generación en generación sobre todos los que le temen: Hizo ostentación del poder de su brazo, desconcertó las tramas de los soberbios y los altivos pensamientos de su corazón, derribó del trono a los poderosos, y encumbró a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos dejó vacíos. Acordándose de su misericordia, recibió debajo de su protección a Israel su siervo, conforme a la promesa que hizo a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes por todos los siglos. Detúvose la Virgen María en compañía de Elisabeth como unos tres meses; y tornóse después a su casa.» (Evangelio de san Lucas, I, 39-56).

Reflexión: ¡Qué admirable es la visitación de la Virgen a su prima santa Elisabeth! ¡Verdaderamente está toda llena de prodigios! Elisabeth trae en su seno al infante Precursor del Mesías: María tiene en sus purísimas entrañas al Hijo de Dios. Salúdanse las dos santas madres, y al instante se reconocen con todos sus dones y excelencias; y la presencia del Verbo eterno encerrado en la Virgen sacratísima como en su precioso relicario santifica al niño Juan en el seno de su madre. Veneremos pues nosotros a ejemplo de santa Elisabeth a tan excelsa Madre y a su divino Hijo Jesús; y rezando cada día el santo Rosario, pronunciemos con singular devoción aquellas palabras del Ave María: Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. Y siempre que recibamos a su divino Hijo Jesús sacramentado en la sagrada Comunión, exclamemos diciendo: ¿De dónde a mí que mi Dios y mi Señor se haya dignado visitarme? Porque si con esta humildad le recibimos supliremos en parte nuestra indignidad, y mereceremos la gracia de aquel Señor que derriba a los poderosos y ensalza a los humildes.

Oración: Suplicámoste, Señor, que concedas a tus siervos el don de tu celeste gracia, para que aquellos, a los cuales fue principio de salud eterna el sacratísimo parto de la bienaventurada Virgen María, reciban en la votiva solemnidad de su Visitación acrecentamiento de paz y espirituales gozos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



IMPORTANCIA Y URGENCIA DE LA DEVOCIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO. San Gaspar del Búfalo

 


IMPORTANCIA Y URGENCIA DE LA DEVOCIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO.

San Gaspar del Búfalo, Santo Fundador de la Congregación de los Misioneros de la Preciosa Sangre

 

El abuso de hoy en día, mostrado hacia el precio de nuestra Redención invita con urgencia a las almas a hacer una continua reparación al Divino Redentor por todas las ingratitudes demostrada por las personas, esto exige también que los amantes y devotos de Jesús se ocupen en la promoción de la perpetua adoración a la Preciosísima Sangre de nuestro Salvador.

Mis queridas almas, la adoración a la Preciosísima Sangre de Jesús, precio de nuestra Redención, es el más cariñoso obsequio que podemos ofrecerle a Dios. A través de esta adoración, nos convertimos en receptores de los tesoros de Sabiduría y Santificación. A través de ella, somos liberados de las penas del infierno en proporción a nuestro Amor de Jesús. A través de ella, tomamos posesión de la Santa Gloria del Cielo: ¡en virtud de la Divina Sangre! Por lo tanto, almas queridas, es muy justo que, por la ingratitud de tantas otras almas, consagrar el presente mes a la Adoración de la Divina Sangre y de esta manera restablecer la Ternura y Amor Divino en nuestros corazones.

Gracias a la aplicación de este precio incalculable que nos redimió, las almas pecadoras descubrirán en nuestra sagrada Religión la motivación para tener esperanza en la Infinita Misericordia y el perdón. El penitente encontrará en ella un estímulo para crecer en la virtud y la santidad. Por último, los justos serán transportados a un ardiente entusiasmo por salvar el mayor número de almas para el Señor.

Mientras que el demonio, enemigo de todos los buenos, trata de hacer que la gente siga teniendo lejano el recuerdo del Amor de Dios, la devoción a la Divina Sangre nos pondrá cerca de su Divino Corazón. Si nuestra mente está siempre ocupada con el pensamiento de los misterios de su Amor, nuestros corazones podrán estar deseosos de aplicar este Amor, y lograr así que nuestros sentimientos corporales estén conscientes de nuestra propia santificación y la de los demás. Con este recuerdo del incalculable Precio de la Sangre de Jesús, por la cual hemos sido redimidos, permanecerá esta Sangre Preciosísima como sello imborrable en nosotros.

¡Que grande era el deseo que Jesús tenía a lo largo de su vida mortal por derramar su Sangre por la Redención del mundo! Igualmente fue de ardiente el deseo de que todos se beneficiaran de Ella, que cada alma participara de sus infinitos Dones. Por lo tanto, nos invitó a esta Fuente de la Misericordia, diciendo: “Beban de este Cáliz”. El abrió para nosotros en su Sagrado Corazón herido cuatro fuentes, como dice San Bernardo: una fuente de la Misericordia, una fuente de la Paz, una fuente de Devoción y una fuente del Amor y llama a todas las almas a saciar su sed allí. “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba” (Cfr. Jn 7,37). Que, de hecho, fue la razón por la que instituyó los sacramentos que son los canales por los que las riquezas de la Preciosísima Sangre se comunican a nosotros. Esa es la razón por la que continuamente se ofrece a su Eterno Padre arriba en el Cielo. Esa es la razón por la que desea que cada día lo busquemos sin cesar. ¿Por qué Jesús ha despertado en los corazones de muchos de los fieles de nuestro tiempo esta devoción? Es sin duda por la única razón de que su Corazón, profundamente consumido por el Amor de las almas, quiere llevarlas a las Fuentes sagradas de sus Heridas y recibir allí, a través de su Sangre, las aguas de su Gracia.

¿Quién podrá contar todos los planes que el Corazón de Jesús tuvo el derramamiento de su adorabilísima Sangre? A través de Ella, tenía la intención de: aplacar la Divina Justicia para reconciliar a las almas con su Padre, limpiar el alma de cada pecado para que cada alma obtenga la poderosa ayuda de su Gracia; abrir para nosotros una entrada y un lugar de estancia en el bendito Cielo.

Bienaventurados a los que se les concede beber un poco de gota de ese Cáliz amargo, que bebió Jesús por amor de nosotros hasta la última gota. La recompensa para nosotros en el Cielo es grande, la vida es muy corta. Por eso, en la elevación del Cáliz, le recomendamos nuestras almas al Padre Eterno. No debemos dejar de ofrecer el precio de nuestra Redención por la Santa Iglesia y para la salvación eterna de nuestras almas.

Si las personas se arrojaran a los brazos de la Infinita Misericordia de Dios, todo lo demás se colocaría fácilmente en su lugar, pues una vez que se enderezan las conciencias, también lo harán todos los problemas y se encontrará fácilmente una solución para ellos.

¡Oh almas, vengan y límpiense en la Sangre del Cordero! Y tú, alma que esto lees, ora e intercede por los pecadores, y ten siempre valor por los méritos de la Sangre Preciosísima de Jesucristo, nuestro Señor.

Invito a todas las almas a que, con entusiasmo, llenen todas las horas del año en adoraciones a los misterios de la Sangre de Jesucristo, uniendo a estas devociones, la reparación por los muchos pecados cometidos en contra de Jesús, en partículas, las blasfemias, las indiferencias a su Amor, etc. El tiempo de oración se puede realizar tanto en el hogar o en la Iglesia, arrodillado o sentado. Cuanto más se propague esta devoción, más abundantes serán las bendiciones de Dios.

Sí, la Sangre de Jesucristo debe limpiar el mundo. Si insistimos en la propagación de la devoción a su Preciosísima Sangre, vamos a ser santos. Hay que continuar alimentando una gran confianza en Quien es la fuente de todo Bien. ¡Cuánto le debemos a Jesús, que nos ha redimido con su Sangre!

¡Que gran Fiesta de Amor a Jesús es la Fiesta de la Sangre Divina! Sí, vamos a amar a Jesús sin cesar, irrevocablemente, a fin de que podamos amarlo eternamente en el paraíso. El mirar a Jesús derramando su Sangre es un acto de religión que nos ayuda a hacer un gran trabajo para nuestra propia salvación eterna, asó como la de nuestro prójimo, rezando de manera especial para el éxito de las Misiones y para el trabajo apostólico que se está promoviendo en todo el mundo católico. Es la Divina Sangre la que aplaca al Padre Eterno, la que purifica nuestros corazones y nos embriaga de amor a Jesús, quien nos ama y nos lava con su Sangre.

Quitando los primeros siglos de la Iglesia, siglos hechos de mártires, en las siguientes épocas que registra la historia para nosotros, podemos observar cómo uno y otro fundamento de Fe Católica fue atacado con verdadera ferocidad, como las Cosas Sagradas son objeto de burla en una y otra parte del mundo católico. En nuestra miserable época, la crisis en la población es de carácter general, con indescriptible perversión de los principios básicos y con acciones tan bajas que cada una es un insulto al acto Redentor de Dios y, a través de la malicia humana fracasa la aplicación de los Méritos de Jesucristo que nos ha redimido por el precio de su Sangre. Ahora, es necesario reavivar el celo apostólico y seguir las inspiraciones del alma que son tan favorecidas por Dios para que podamos revivir en la memoria de estas personas el inestimable precio de nuestra Redención y el intento de mover al verdadero arrepentimiento.

Por lo tanto, hay dos cosas que deben necesariamente ser hechas en estos tiempos en que vivimos. El primero es encontrar una forma de aplacar al Padre Eterno, y para esto tenemos la Divina Sangre: “Tomaré el Cáliz de salvación e invocaré el Nombre del Señor”. Los pecadores siguen siendo terriblemente temerarios y el Señor, en su Amor, sigue diciendo a cada uno: ¿Qué utilidad te acarreará mi Sangre? (Cfr. Salmo 29,10). Así que no hay nadie que, a través de este sagrado y solemne culto, procure la adoración reparadora, y predique a todos sus glorias. En esta devoción tenemos un compendio de la fe misma, es por eso que, en la consagración del Cáliz, decimos: “Misterio de Fe”, así, por consiguiente, en él está la salvación de las almas.

Sólo por medio de esta devoción, nuestro Bautismo a través del cual nuestras almas fueron limpiadas, es revivido; también lo aplico a la Confesión y los demás Sacramentos. Otras devociones son todas, los medios para facilitar la piedad católica, pero esta devoción es la base, el sustento y la esencia de todas. La devoción a la Preciosa Sangre de Jesús es tan antigua que se remonta al momento mismo en que Adán pecó, por lo que Jesús fue llamado el Cordero inmolado desde el principio del mundo.

Es bien sabido que el mismo infierno tiembla a la mención de “Sangre Divina”. Al mismo tiempo, a la ira del diablo, quien no ha dejado ni dejará a partir de ahora de librar una guerra contra esta expresión: “Preciosísima Sangre de Jesucristo”. De una manera particular, la devoción a la Divina Sangre debe ser nuestro armamento en humillar al diablo. Por lo tanto, trata siempre de hacer todo lo posible para difundir esta devoción, en nombre de las necesidades de la Santa Madre Iglesia.

En tu comunidad, no dejes de promover esta importante devoción, para que se conceda la paz para la Iglesia. Si promueves esta Devoción con celo obtendrás un gran mérito a los ojos de Dios. El amor por la Misa y el oficio de la Sangre Divina es algo que viene de Dios y según Dios, y recuerda que la gran palabra: “Sangre Divina” derrota a Lucifer, quien, por esto, desprecia a los que promovemos la Gloria de la Devoción a esta Sangre Preciosísima.

Hay también otra buena obra que es necesario promover, y es la adoración perpetua a la Divina Sangre. Esto también es un método muy eficaz de oración por las necesidades urgentes de la Santa Madre Iglesia. Oremos, oremos para que la Divina Sangre limpie las conciencias de las personas.

Dios ha reservado para sí mismo el tiempo para el fin del mundo. Pero, antes de ser su Juez, Él hace que recordemos el Precio de la Divina Sangre por la que fuimos redimidos, así como el desprecio que se le da por las almas indiferentes a su Amor. Señala para nosotros la Divina Ofrenda en justificación por nuestras faltas, y abre las puertas de la Divina e Infinita Misericordia a los pecadores arrepentidos.

Alma querida, si te preocupas por difundir, extender y promover cada vez más la devoción a la Divina Sangre encontrarás paz y tranquilidad. No hay ninguna duda: la devoción a la Divina Sangre es el armamento en la mística de nuestros tiempos: “Ellos derrotaron al dragón por la Sangre del Cordero”. En momentos de tentación, invocar la Divina Sangre. Promovamos el mes de la Divina Sangre a fin de compensar los abusos que se dan hoy en día a la misma por los pecadores.

Necesitamos el coraje de permanecer con Jesús en la cruz para defender la santidad de la vida y la virtud de superar al infernal dragón con la Divina Sangre, por lo tanto, la devoción a ella es capaz de alcanzarnos una mayor unión con Jesucristo.

Un enemigo que hay que evitar: el mundo. Un tesoro para tener custodiado y vigilado: el alma. Un medio para lograr el triunfo sobre el enemigo y el éxito de nuestro tesoro: la devoción a la Preciosísima Sangre.

 

El abuso de hoy en día, mostrado hacia el precio de nuestra Redención invita con urgencia a las almas a hacer una continua reparación al Divino Redentor por todas las ingratitudes demostrada por las personas, esto exige también que los amantes y devotos de Jesús se ocupen en la promoción de la perpetua adoración a la Preciosísima Sangre de nuestro Salvador.

Mis queridas almas, la adoración a la Preciosísima Sangre de Jesús, precio de nuestra Redención, es el más cariñoso obsequio que podemos ofrecerle a Dios. A través de esta adoración, nos convertimos en receptores de los tesoros de Sabiduría y Santificación. A través de ella, somos liberados de las penas del infierno en proporción a nuestro Amor de Jesús. A través de ella, tomamos posesión de la Santa Gloria del Cielo: ¡en virtud de la Divina Sangre! Por lo tanto, almas queridas, es muy justo que, por la ingratitud de tantas otras almas, consagrar el presente mes a la Adoración de la Divina Sangre y de esta manera restablecer la Ternura y Amor Divino en nuestros corazones.

Gracias a la aplicación de este precio incalculable que nos redimió, las almas pecadoras descubrirán en nuestra sagrada Religión la motivación para tener esperanza en la Infinita Misericordia y el perdón. El penitente encontrará en ella un estímulo para crecer en la virtud y la santidad. Por último, los justos serán transportados a un ardiente entusiasmo por salvar el mayor número de almas para el Señor.

Mientras que el demonio, enemigo de todos los buenos, trata de hacer que la gente siga teniendo lejano el recuerdo del Amor de Dios, la devoción a la Divina Sangre nos pondrá cerca de su Divino Corazón. Si nuestra mente está siempre ocupada con el pensamiento de los misterios de su Amor, nuestros corazones podrán estar deseosos de aplicar este Amor, y lograr así que nuestros sentimientos corporales estén conscientes de nuestra propia santificación y la de los demás. Con este recuerdo del incalculable Precio de la Sangre de Jesús, por la cual hemos sido redimidos, permanecerá esta Sangre Preciosísima como sello imborrable en nosotros.

¡Que grande era el deseo que Jesús tenía a lo largo de su vida mortal por derramar su Sangre por la Redención del mundo! Igualmente fue de ardiente el deseo de que todos se beneficiaran de Ella, que cada alma participara de sus infinitos Dones. Por lo tanto, nos invitó a esta Fuente de la Misericordia, diciendo: “Beban de este Cáliz”. El abrió para nosotros en su Sagrado Corazón herido cuatro fuentes, como dice San Bernardo: una fuente de la Misericordia, una fuente de la Paz, una fuente de Devoción y una fuente del Amor y llama a todas las almas a saciar su sed allí. “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba” (Cfr. Jn 7,37). Que, de hecho, fue la razón por la que instituyó los sacramentos que son los canales por los que las riquezas de la Preciosísima Sangre se comunican a nosotros. Esa es la razón por la que continuamente se ofrece a su Eterno Padre arriba en el Cielo. Esa es la razón por la que desea que cada día lo busquemos sin cesar. ¿Por qué Jesús ha despertado en los corazones de muchos de los fieles de nuestro tiempo esta devoción? Es sin duda por la única razón de que su Corazón, profundamente consumido por el Amor de las almas, quiere llevarlas a las Fuentes sagradas de sus Heridas y recibir allí, a través de su Sangre, las aguas de su Gracia.

¿Quién podrá contar todos los planes que el Corazón de Jesús tuvo el derramamiento de su adorabilísima Sangre? A través de Ella, tenía la intención de: aplacar la Divina Justicia para reconciliar a las almas con su Padre, limpiar el alma de cada pecado para que cada alma obtenga la poderosa ayuda de su Gracia; abrir para nosotros una entrada y un lugar de estancia en el bendito Cielo.

Bienaventurados a los que se les concede beber un poco de gota de ese Cáliz amargo, que bebió Jesús por amor de nosotros hasta la última gota. La recompensa para nosotros en el Cielo es grande, la vida es muy corta. Por eso, en la elevación del Cáliz, le recomendamos nuestras almas al Padre Eterno. No debemos dejar de ofrecer el precio de nuestra Redención por la Santa Iglesia y para la salvación eterna de nuestras almas.

Si las personas se arrojaran a los brazos de la Infinita Misericordia de Dios, todo lo demás se colocaría fácilmente en su lugar, pues una vez que se enderezan las conciencias, también lo harán todos los problemas y se encontrará fácilmente una solución para ellos.

¡Oh almas, vengan y límpiense en la Sangre del Cordero! Y tú, alma que esto lees, ora e intercede por los pecadores, y ten siempre valor por los méritos de la Sangre Preciosísima de Jesucristo, nuestro Señor.

Invito a todas las almas a que, con entusiasmo, llenen todas las horas del año en adoraciones a los misterios de la Sangre de Jesucristo, uniendo a estas devociones, la reparación por los muchos pecados cometidos en contra de Jesús, en partículas, las blasfemias, las indiferencias a su Amor, etc. El tiempo de oración se puede realizar tanto en el hogar o en la Iglesia, arrodillado o sentado. Cuanto más se propague esta devoción, más abundantes serán las bendiciones de Dios.

Sí, la Sangre de Jesucristo debe limpiar el mundo. Si insistimos en la propagación de la devoción a su Preciosísima Sangre, vamos a ser santos. Hay que continuar alimentando una gran confianza en Quien es la fuente de todo Bien. ¡Cuánto le debemos a Jesús, que nos ha redimido con su Sangre!

¡Que gran Fiesta de Amor a Jesús es la Fiesta de la Sangre Divina! Sí, vamos a amar a Jesús sin cesar, irrevocablemente, a fin de que podamos amarlo eternamente en el paraíso. El mirar a Jesús derramando su Sangre es un acto de religión que nos ayuda a hacer un gran trabajo para nuestra propia salvación eterna, asó como la de nuestro prójimo, rezando de manera especial para el éxito de las Misiones y para el trabajo apostólico que se está promoviendo en todo el mundo católico. Es la Divina Sangre la que aplaca al Padre Eterno, la que purifica nuestros corazones y nos embriaga de amor a Jesús, quien nos ama y nos lava con su Sangre.

Quitando los primeros siglos de la Iglesia, siglos hechos de mártires, en las siguientes épocas que registra la historia para nosotros, podemos observar cómo uno y otro fundamento de Fe Católica fue atacado con verdadera ferocidad, como las Cosas Sagradas son objeto de burla en una y otra parte del mundo católico. En nuestra miserable época, la crisis en la población es de carácter general, con indescriptible perversión de los principios básicos y con acciones tan bajas que cada una es un insulto al acto Redentor de Dios y, a través de la malicia humana fracasa la aplicación de los Méritos de Jesucristo que nos ha redimido por el precio de su Sangre. Ahora, es necesario reavivar el celo apostólico y seguir las inspiraciones del alma que son tan favorecidas por Dios para que podamos revivir en la memoria de estas personas el inestimable precio de nuestra Redención y el intento de mover al verdadero arrepentimiento.

Por lo tanto, hay dos cosas que deben necesariamente ser hechas en estos tiempos en que vivimos. El primero es encontrar una forma de aplacar al Padre Eterno, y para esto tenemos la Divina Sangre: “Tomaré el Cáliz de salvación e invocaré el Nombre del Señor”. Los pecadores siguen siendo terriblemente temerarios y el Señor, en su Amor, sigue diciendo a cada uno: ¿Qué utilidad te acarreará mi Sangre? (Cfr. Salmo 29,10). Así que no hay nadie que, a través de este sagrado y solemne culto, procure la adoración reparadora, y predique a todos sus glorias. En esta devoción tenemos un compendio de la fe misma, es por eso que, en la consagración del Cáliz, decimos: “Misterio de Fe”, así, por consiguiente, en él está la salvación de las almas.

Sólo por medio de esta devoción, nuestro Bautismo a través del cual nuestras almas fueron limpiadas, es revivido; también lo aplico a la Confesión y los demás Sacramentos. Otras devociones son todas, los medios para facilitar la piedad católica, pero esta devoción es la base, el sustento y la esencia de todas. La devoción a la Preciosa Sangre de Jesús es tan antigua que se remonta al momento mismo en que Adán pecó, por lo que Jesús fue llamado el Cordero inmolado desde el principio del mundo.

Es bien sabido que el mismo infierno tiembla a la mención de “Sangre Divina”. Al mismo tiempo, a la ira del diablo, quien no ha dejado ni dejará a partir de ahora de librar una guerra contra esta expresión: “Preciosísima Sangre de Jesucristo”. De una manera particular, la devoción a la Divina Sangre debe ser nuestro armamento en humillar al diablo. Por lo tanto, trata siempre de hacer todo lo posible para difundir esta devoción, en nombre de las necesidades de la Santa Madre Iglesia.

En tu comunidad, no dejes de promover esta importante devoción, para que se conceda la paz para la Iglesia. Si promueves esta Devoción con celo obtendrás un gran mérito a los ojos de Dios. El amor por la Misa y el oficio de la Sangre Divina es algo que viene de Dios y según Dios, y recuerda que la gran palabra: “Sangre Divina” derrota a Lucifer, quien, por esto, desprecia a los que promovemos la Gloria de la Devoción a esta Sangre Preciosísima.

Hay también otra buena obra que es necesario promover, y es la adoración perpetua a la Divina Sangre. Esto también es un método muy eficaz de oración por las necesidades urgentes de la Santa Madre Iglesia. Oremos, oremos para que la Divina Sangre limpie las conciencias de las personas.

Dios ha reservado para sí mismo el tiempo para el fin del mundo. Pero, antes de ser su Juez, Él hace que recordemos el Precio de la Divina Sangre por la que fuimos redimidos, así como el desprecio que se le da por las almas indiferentes a su Amor. Señala para nosotros la Divina Ofrenda en justificación por nuestras faltas, y abre las puertas de la Divina e Infinita Misericordia a los pecadores arrepentidos.

Alma querida, si te preocupas por difundir, extender y promover cada vez más la devoción a la Divina Sangre encontrarás paz y tranquilidad. No hay ninguna duda: la devoción a la Divina Sangre es el armamento en la mística de nuestros tiempos: “Ellos derrotaron al dragón por la Sangre del Cordero”. En momentos de tentación, invocar la Divina Sangre. Promovamos el mes de la Divina Sangre a fin de compensar los abusos que se dan hoy en día a la misma por los pecadores.

Necesitamos el coraje de permanecer con Jesús en la cruz para defender la santidad de la vida y la virtud de superar al infernal dragón con la Divina Sangre, por lo tanto, la devoción a ella es capaz de alcanzarnos una mayor unión con Jesucristo.

Un enemigo que hay que evitar: el mundo. Un tesoro para tener custodiado y vigilado: el alma. Un medio para lograr el triunfo sobre el enemigo y el éxito de nuestro tesoro: la devoción a la Preciosísima Sangre.