Miércoles de la XVIII semana después de Pentecostés
DE LOS MEDIOS QUE NOS TRAEN A DIOS Y A LA SALUD DEL ALMA.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Miércoles de la XVIII semana después de Pentecostés
DE LOS MEDIOS QUE NOS TRAEN A DIOS Y A LA SALUD DEL ALMA.
PUNTO PRIMERO. Considera que, así como cuatro hombres trajeron a Cristo este paralítico, así los cuatro novísimos traen el pecador a Dios, que son la consideración de la muerte, del juicio, del infierno y de la gloria. Éstos le mueven y traen del cieno de sus pecados a su santo servicio. Válete de ellos para salir de los tuyos y acercarte al Señor, y para traerle los pecadores y arrancarlos de sus vicios.
PUNTO II. Considera cómo Cristo, usando de su piedad, careándose con este enfermo, le perdonó sus pecados y las ofensas que contra Él había cometido, para que tú aprendieses a perdonar con facilidad las que han cometido contra ti tus enemigos. Saca de esta lección un afecto grande de caridad para perdonar tus injurias, y una confianza grande en la piedad de Dios de que te perdonará tus pecados, por muchos y graves que sean, como perdonó los de éste en poniéndose en su presencia. Ponte tú en la de Dios, y pídele con lágrimas que use de misericordia contigo como la usó con éste, y que te dé su gracia para no volver más a tus vicios.
PUNTO III. Considera cómo por la fe y ruegos de los que le trajeron sanó Cristo a este paralítico, y aprende a orar por tus prójimos, y alcanzarles la salud del Señor, el cual espera muchas veces a que le rueguen para sanarlos en el cuerpo y en el alma, como a éste. Pondera cuántos mueren en sus pecados porque no tienen quien ruegue por ellos, y cuántos están enfermos en el alma por negligencia tuya, por los cuales, si rogaras y pidieras con fe y perseverancia a Dios, les concediera la salud de sus almas, dándoles verdadero dolor y contrición de sus pecados. Pide, pues, al Señor por las necesidades de la Iglesia, y por la conversión de los pecadores, y por los obreros evangélicos, y por todos los que conoces que tienen necesidad de remedio, y Dios le dará por medio de tus oraciones.
PUNTO IV. Considera que primero sanó Cristo a este enfermo y luego le mandó caminar a su casa, en que nos enseña que primero ha de ser alcanzar la salud de nuestras almas, sanando de las llagas de los pecados por medio de la contrición y la medicina celestial de su gracia, y luego caminar a nuestra casa y morada verdadera, que es el cielo. Llora el tiempo que has estado detenido y preso en tus pecados, y oye la voz de Cristo que te dice: «Levántate y camina; levántate de la cama de tus vicios; levántate de la tibieza en que estás; levántate del amor propio que te detiene; levántate de las aficiones terrenas; desecha los grillos y cadenas que te han echado tus apetitos, y camina con diligencia al cielo por la senda de la perfección, hasta llegar a la cumbre del monte Sión, adonde gozarás de Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.»
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.