viernes, 10 de julio de 2026

11 de julio. DESEA RECIBIR LOS SACRAMENTOS. MES DE JULIO EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


11 de julio

DESEA RECIBIR LOS SACRAMENTOS

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

11 de julio

DESEA RECIBIR LOS SACRAMENTOS

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

Una suscriptora de REINO DE CRISTO escribía emocionada ("RC" julio 1977): "Fui con una hermana mía a ver a una amiga que vive en una barriada. Después de estar llamando varias veces en su puerta y no contestar, la vecina me dijo:

- "No está; pero pasen a mi casa".

Aun cuando apenas conocíamos a la familia, pasamos y estuvimos saludando y preguntando cómo estaban todos. La mujer nos dijo que su madre estaba muriendo.

Como no queríamos perder la ocasión, para nuestro juicio final, del "estuve enfermo y me visitasteis", le pedimos permiso para entrar a la habitación de la enferma. En seguida nos pasó. La encontramos gravísima, sin conocimiento. Tenía en una mesa una pequeña imagen de la Virgen del Carmen.

La hija nos contó: Parece milagroso; toda su vida ha sido muy devota de la Virgen del Carmen, sin embargo, la iglesia ni la pisaba, ni oía Misa, ni recibía los sacramentos. Pero al sentirse indispuesta, que no parecía nada grave, dijo:

"Me encuentro muy mal, quisiera recibir los sacramentos, aunque tengo miedo, porque el párroco me va a regañar por no haber ido nunca a la iglesia".

Tratamos de convencerla que como no estaba tan mal, cuando estuviera buena, ella misma fuera a la iglesia, pero ella insistía en que moriría.

Entonces llamamos a una vecina muy buena. Cuando la vio, tampoco la encontró mal. No obstante, como deseaba tanto recibir los sacramentos, nunca estaban de más.

Avisó al párroco, que vino rápido; estuvo muy amable con ella y le administró los sacramentos hasta la Unción de enfermos. Los recibió dándose perfecta cuenta.

A poco de marcharse el párroco, perdió el conocimiento y está en esa especie de letargo en que la ven; el médico dice morirá muy pronto.

Nos hemos enterado de que así sucedió".

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

San Pío I, papa y mártir. — 11 de julio

 


San Pío I, papa y mártir. — 11 de julio

(+ 167)

 

San Pío, primero de este nombre, glorioso pontífice y mártir de Cristo, fue natural de la ciudad de Aquileya e hijo de Rufino, el cual después de haberle instruido en la fe cristiana, le envió a Roma para que saliese bien enseñado en las letras humanas y divinas. Es opinión de muchos que el papa Higinio le consagró después por obispo, y repartió con él la solicitud pastoral de toda la Iglesia. Habiendo aquel santo pontífice alcanzado la gloriosa palma del martirio, vacó la Sede apostólica solos tres días, porque era muy crecido en Roma el número de los saltos, (que así se llamaban los fieles) los cuales después de emplear aquellos tres días en ayunos, vigilias y oraciones, eligieron por voz común a san Pío, y le nombraron vicario de nuestro Señor en la tierra. Ordenó muchas cosas de grande utilidad para la santa Iglesia: Señaló las penitencias que habían de hacer los sacerdotes que fuesen negligentes en administrar el santísimo Sacramento, mandó que fuesen inviolables las heredades de las iglesias y que no se consagrasen las vírgenes que profesan perpetua continencia hasta tener veinticinco años. Hizo un decreto por el cual mandaba que la santa Pascua se celebra se siempre en domingo como lo habían instituido los apóstoles; consagró en Roma las Termas Novacianas a honor de santa Potenciana; anatematizó a los infernales heresiarcas Valentín y Marción, y escribió varias epístolas, en las cuales resplandece la santidad y celo de este venerable pontífice. En una de ellas que escribió a Justo (a lo que parece obispo de Viena), le dice: «Ten cuidado de los cuerpos de los santos mártires, como de miembros de Cristo, que así le tuvieron los apóstoles del cuerpo de san Esteban. Visita a los santos que están en las cárceles, para que ninguno se entibie en la fe. Los clérigos y diáconos te respeten y reverencien, no como a mayor sino como a ministro de Jesucristo. Todo el pueblo descanse, y sea amparado y defendido con tu santidad. Quiero que sepas, compañero dulcísimo, que Dios me ha revelado que tengo de acabar presto los días de mi peregrinación: sólo te ruego que estés firme en la unión de la Iglesia, y que no te olvides de mí. Todo el senado y compañía de los sacerdotes y ministros de Cristo que está en Roma, te saluda, y yo saludo a todo el colegio de los hermanos en el Señor, que están contigo.» Todo esto es de san Pío, el cual después de haber acrecentado mucho la Iglesia de Dios con su celestial espíritu y gobierno, fue delatado, y cargado de cadenas, y muerto por la fe de nuestro Señor Jesucristo, como tantos otros pontífices de los primeros siglos de la Iglesia.

Reflexión: Para que veas la reverencia que has de tener al santísimo Sacramento, lee las graves penas que puso san Pío a los sacerdotes que por su negligencia derramasen alguna parte del vino consagrado: «Si cayere, dice, la sangre de Cristo en el suelo, hagan penitencia por espacio de cuarenta días; si en los corporales, por tres: si penetró hasta el primer mantel, por cuatro; por nueve si llegó al segundo; y por veinte si caló hasta el tercero. En cualquier parte donde cayere, séquese todo lo que hubiese mojado; si esto no se pudiese, lávese con cuidado o raígase; y recogiendo todo lo lavado o raído, quémese y échense las cenizas en la piscina.» Considera pues con qué devoción y pureza de alma y cuerpo, se ha de recibir este divino sacramento, que con tanto cuidado se ha de tratar.

Oración: Atiende, oh Dios todopoderoso, a nuestra flaqueza, y alívianos del peso de nuestros pecados, por la intercesión de tu bienaventurado mártir y pontífice Pío. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.