martes, 30 de junio de 2026

1 de julio . CONVIERTE A UN "PEZ GORDO". MES DE JULIO EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


1 de julio

CONVIERTE A UN "PEZ GORDO"

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

1 de julio

CONVIERTE A UN "PEZ GORDO"

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

Sucedió por 1955 en la Prefectura Apostólica de Urabá (Colombia). El protagonista el mismo Prefecto, Padre Arteaga.

Como en todas las partes donde hay gente de color, que no faltan unos cuantos blancos que lejos de edificarlos con sus buenos ejemplos constituyen la piedra de escándalo en toda la comarca.

Uno de estos pajarracos hallábase por entonces gravemente enfermo. Una buena persona le informó al Ilmo. Señor Prefecto de ello, trasladándose de inmediato a la casa del moribundo, quien lo recibió con la más fría indiferencia. No obstante, el Padre le amonestó con tiernas y amorosas palabras a fin de que volviera los ojos al Dios misericordioso en sus últimos momentos; más, despreciando al coloso misionero, el insulso zascandil, tuvo que dejarlo, retirándose silencioso, llevando en el corazón inmensa amargura y al salir de aquella casa dejó en las manos de la señora un Escapulario de la Santísima. Virgen del Carmen para que disimuladamente lo colocara debajo de la almohada del enfermo sin que éste se diera cuenta, y les dijo: -"Hasta luego"; y así fue.

Nos acostamos bastante tarde, como dando tiempo a una llamada de aquella casa del diabólico agonizante, hasta que, pasada la medianoche, golpearon la puerta gritando:

-"Padre, que el enfermo le llama, que corra".

Inmediatamente salió con los mensajeros y cuál sería su sorpresa cuando llegó junto al lecho del moribundo diciéndole éste espontáneamente:

-"Padre, quiero confesarme …".

Un alma más salvada con sólo la invaluable reliquia del Santo Escapulario; este sacramental movió el corazón cuando ya estaba al borde del abismo.

Se confesó, recibió la unción de enfermos privándose tan sólo del Santo Viático por carecer de la Iglesia la pobre población.

Momentos más tarde aquellos ojos se cerraron para siempre, pero su alma se encaminaba a la gloria eterna gracias a la Madre bondadosa del Carmen".

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

 

San Galo, obispo de Arverna. — 1 de julio

 


San Galo, obispo de Arverna. — 1 de julio

(+ 550)

El venerable obispo san Galo nació en Arverna, ciudad de Francia. Desde su tierna edad resplandeció en él la gracia de Dios; y cuando entendió que su padre quería casarle con una muy ilustre dama, se fue al monasterio cremonense que estaba a seis millas de Arverna y suplicó al abad le recibiese en su compañía y cortase el cabello. Conocida por el abad su gran nobleza, le dijo que era menester dar cuenta de todo a su padre, que era uno de los primeros senadores del reino, y envió a avisarle de lo que pasaba; el cual luego que oyó tal nueva se entristeció, diciendo: «Él es mi primogénito querido, y por eso deseaba casarle; pero si Dios lo quiere para su servicio, hágase su voluntad.» Con esta licencia el abad ordenó al santo mancebo de primera tonsura y le recibió en el monasterio. Tenía tal dulzura y suavidad en la voz cuando cantaba los divinos oficios, que enamoraba a todos. Llevóle consigo a su palacio el obispo de Arverna san Quinciano, para enseñarle en las letras y virtudes ; y el mismo rey Teodorico y la reina le tuvieron en la corte en lugar de hijo. Habiendo un día ido el santo mozo en compañía del rey a la ciudad de Agripina donde había un templo lleno de abominaciones gentílicas, y se hacían cosas indignas de referirse, encendió en él una grande hoguera con que todo lo abrasó. Por este tiempo murió el santo obispo Quinciano, y aunque Galo no era más que diácono, con universal aplauso fue ordenado de sacerdote y aclamado por obispo. Era amado de toda la ciudad por su afabilidad, humildad y paciencia. Un día, cierto enemigo suyo le hirió en la cabeza y le dijo mil afrentas y baldones, y el santo se estuvo tan sosegado y sin hablar palabra como si fuera de mármol, y como después le pidiese perdón su enemigo y se le postrase a los pies, el siervo de Dios le abrazó cariñosamente. Habiéndose prendido fuego en la ciudad de Arverna, y no viendo el santo prelado remedio humano a tanto incendio, acudió al templo y puesto en oración, tomó el libro de los Evangelios y abriéndole salió a vista del fuego, el cual al punto quedó del todo apagado. Tuvo revelación del día de su muerte, que sería pasados tres días, e hizo juntar a todo el pueblo, y con entrañas piadosas de padre les dio la santa Comunión y su bendición a todos, y el día tercero que era domingo dio su santísima alma al Señor a la edad de setenta y cinco años. Estando el sagrado cadáver en el féretro puesto en medio de la iglesia, a vista de todo el mundo se volvió del otro lado para estar mirando al altar, acreditando el Señor la santidad de su siervo con otros muchos prodigios.

Reflexión: Fue tan grande el sentimiento que hizo toda la ciudad de Arverna en la muerte de su santo obispo Galo, que por las calles no se oía otra cosa que llantos y gemidos, diciendo: «¡Ay de nosotros! y ¡cuándo mereceremos tener otro tan santo obispo!» Y las mujeres todas iban vestidas de luto y tan llorosas como si hubieran perdido sus maridos, y de la misma suerte los hombres como si hubieran perdido sus mujeres. Roguemos al Señor que dé a su Iglesia santos obispos y celosísimos pastores de su rebaño; pero no dejemos de amarles y venerarles aunque no resplandezcan por extraordinarias virtudes, considerando que están revestidos de verdadera autoridad, y como dice el apóstol, «puestos por el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios.»

Oración: Concédenos, oh Dios omnipotente, que la venerable solemnidad del bienaventurado Galo, tu pontífice y confesor, acreciente en nosotros el afecto de la devoción, y la esperanza de nuestra eterna salud. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.