sábado, 14 de marzo de 2026

15 de marzo San Raimundo de Fitero

 


San Raimundo de Fitero. — 15 de marzo.

(+ 1163.)

El bienaventurado abad san Raimundo, honor de España, gloria de la reforma del Cister, y esclarecido fundador de la sagrada y militar Orden de caballería de Calatrava, nació de padres ilustres en la ciudad de Tarazona del reino de Aragón. Llamóle el Señor al célebre monasterio de Scala Dei situado en la Gascuña, donde profesó el instituto de la reforma del Cister con tan grande ejemplo de virtud, que los venerables maestros de la Orden le enviaron con el santo monje Durando a fundar el magnífico monasterio de Santa María de Fitero. Murió en esta sazón Alfonso VII, llamado comúnmente el Emperador de España, el cual peleando siempre las batallas del Señor, había abatido el orgullo de los agarenos, y cedido la villa y fortaleza de Calatrava a los caballeros Templarios: los cuales no pudiendo ya resistir a las fuerzas muy superiores de los infieles, hicieron dimisión de la plaza al rey don Sancho el Deseado. Entonces fue cuando por instinto de Dios el abad san Raimundo con el monje Diego Velázquez, se ofreció al rey para defender aquella ciudad y fortaleza; y aceptó el monarca aquel ofrecimiento con general aplauso de las cortes. Llenóse de júbilo todo el reino, y disponiéndose ya a la empresa el esforzado abad, siguiéronle con extremado contento los próceres, y no quedó alguno que no le ayudase con soldados, armas, caballos y dinero. El arzobispo don Ridrigo puso en su mano crecidos caudales, y publicó muchas indulgencias en favor de los que se alistasen en sus banderas. Juntóse pues un ejército de veinte mil combatientes, y poniéndose al frente de todos el santo abad, dirigióse a Calatrava, donde consoló a los afligidos habitantes, fortaleció la plaza de todos modos, y rechazó a los árabes valerosamente poniéndolos en tan precipitada fuga que perdieron del todo las esperanzas de volverla a conquistar. No satisfecho san Raimundo con esta retirada de los moros, quiso además escarmentarlos, y aunque se hallaba ya viejo tomó el bastón de general, y se puso cota de malla, morrión, y demás fornituras militares, y embistió a los enemigos en su mismo campo, los derrotó, los venció y los arrojó hasta de sus más inexpugnables fortalezas. Creció prodigiosamente su ejército triunfante, y el número de fieles que le prestaban su ayuda: de los cuales hizo dos congregaciones religiosas, una de la reforma del Cister, y otra de solos militares con el mismo hábito de la Orden: las cuales fueron aprobadas por Alejandro III, y favorecidas de otros muchos Pontífices y reyes católicos, con grande acrecentamiento de la religión cristiana. Finalmente, habiendo triunfado san Raimundo de los enemigos de la fe, se retiró de Calatrava para morir en un pueblo de su dominio, y añadir a sus innumerables triunfos, la corona inmortal de la gloria.

Reflexión: ¿Dónde se hallará valor semejante al que infunde en los corazones la religión cristiana? ¿Por ventura hay causa más santa y sublime que la causa de la verdad, de la fe, de la virtud, del cielo y de la gloria de Dios? «En efecto —dice el mismo infame Voltaire— un ejército de hombres que abrigan tales sentimientos es invencible.» Por el contrario, escribe el otro jefe de la moderna impiedad, Rousseau: «La irreligión y en general el espíritu filosófico, pone en los ánimos un desordenado amor de la vida, los deprime, los afemina y ablanda, y hace que todas las pasiones del hombre no sirvan más que a sus propios intereses y comodidades.» (Emile, I, 3.)

Oración: Señor Dios nuestro, que concediste al bienaventurado abad Raimundo pelear tus batallas, y vencer a los enemigos de la fe; concédenos por su intercesión que nos veamos libres de los enemigos del alma y del cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SÉPTIMO DOMINGO DE SAN JOSÉ EN HONOR DE SUS DOLORES Y GOZOS

SEPTIMO DOMINGO

Sobre los dolores y gozos de San José,

cuando después de haber perdido al Niño Jesús,

lo encontró en el templo.

 

EJERCICIOS DE LOS SIETE DOMINGOS

consagrados a honrar

los Dolores y Gozos de San José

 

Por la señal de la santa Cruz…

 

ACTO DE CONTRICION

Oración inicial para cada Domingo

Dios y Señor mío, en quien creo y espero y a quien amo sobre todas las cosas; al pensar en lo mucho que habéis hecho por mí y lo ingrato que he sido a vuestros favores, mi corazón se confunde y me obliga a exclamar: Piedad, Señor, para este hijo rebelde, perdonadle sus extravíos, que le pesa de haberos ofendido, y desea antes morir que volver a pecar. Confieso que soy indigno de esta gracia, pero os lo pido por los méritos de vuestro Padre nutricio, San José.

Vos, glorioso San José, Abogado mío, recibidme bajo vuestra protección y dadme el favor necesario para emplear bien este rato en obsequio vuestro y utilidad de mi alma. Amén.

 

A continuación, se lee la meditación propuesta para cada domingo.

 

SEPTIMO DOMINGO

En la comunión consagraos a San José, y proponeos hacer todos los años esta devoción de los Siete Domingos. Aplicad el fruto de la indulgencia a las almas del Purgatorio que han sido fieles en practicarla.

 

MEDITACIÓN SEPTIMO DOMINGO

Sobre los dolores y gozos de San José,

cuando después de haber perdido al Niño Jesús,

lo encontró en el templo.

 

1. ¿Quién puede formarse una idea del acervo dolor que sintió el corazón de José cuando al regresar del Templo de Jerusalén, se apercibió que Jesús, a quien creía con su Madre, los había dejado? En su profundísima humildad, este Santo Patriarca se acusaba de esta pérdida y se preocupaba amargamente de esta desgracia. La excesiva aflicción de María aumentaba aún más la suya y, sin un milagro de la providencia, él no hubiera resistido a esta cruel prueba. Mil temores se unían a sus angustias, y se decía de continuo: ¿Qué habrá sido de mí querido Niño? ¿Quién le habrá cogido durante la noche? ¿No estará sufriendo las más penosas privaciones? ¡Ah! Sin duda Él sufre, tiene hambre, está sin abrigo; tal vez, poco satisfecho de mis servicios ha ido a juntarse en el desierto con Juan su precursor. Orígenes, en su homilía de la Octava de la Epifanía, asegura que San José, en esta ocasión, sufrió más que todos los mártires. Pero, oh prodigio de santidad, de prudencia, de fortaleza y perfección. En una pena tan inaudita, en una aflicción tan extrema, José no murmura ni se queja, no pierde la paz del alma; y ningún movimiento de impaciencia y de tristeza desordenada viene a turbar su espíritu. El Divino Maestro, movido de tanta virtud, queriendo recompensar a José, que tan ardiente y puro amor sentía por él, le inspiró que fuese a buscarle en el Templo con María.

2. Grande e inmensa fue la alegría que experimentó José al encontrar al Divino Hijo; no se cansaba de contemplar sus acciones adorables, con una ternura que le hacía derramar abundantes lágrimas. Él repetía con David, su antepasado: “Vos habéis trocado mi duelo en gozo y cubierto mi corazón de alegría.” Aprendamos de este Santo Patriarca a mirar la pérdida de Jesús como el más grande de todos los males; y después de haber compartido con él la pena extrema que sintió en aquella circunstancia, participemos de su alegría y de su felicidad por haber encontrado a Jesús, el tesoro, su amor y su vida.

Glorioso San José; si yo fuera bastante desgraciado para perder a Jesús por culpa mía, haced, os lo ruego encarecidamente, que le busque con tanto fervor como Vos, a fin de que habiéndome reconciliado con Él por una sincera penitencia, le conserve en el tiempo y en la eternidad.

EJEMPLO

El siguiente ejemplo podrá servir de norma a los que han de tomar estado de matrimonio, mayormente en nuestros días en que solo se atiende a los intereses, a los cuidados exteriores; cuando de su acuerdo depende el bienestar en la presente vida y la salvación eterna.

Un joven noble, hijo de padres virtuosos, que nada omitieron para formarle un corazón sólidamente piadoso, después de haber rogado mucho a Dios para conocer bien su vocación, se persuadió de que no era llamado al sacerdocio. No obstante, continuó haciendo con mucho fervor sus devociones particulares, confesando y comulgando cada semana y siendo exacto en todas estas santas prácticas. Aunque pertenecía a una distinguida familia relacionada con la alta sociedad, se apartó siempre de aquellas diversiones peligrosas en las que muchos jóvenes atolondrados comprometen su porvenir tomando por compañera una joven, prendado de sus dotes exteriores, tan fáciles de perder. Bien convencido de que los buenos matrimonios están ya inscritos en el cielo, este excelente joven no se olvidaba cada día de rogar a San José que le hiciese encontrar una compañera de una piedad sólida y a prueba de seducciones del siglo. Cierto día, con motivo de una buena obra que llevaba entre manos, tuvo que avistarse con una respetable señora que con sus dos hijas vivían muy cristianamente. Al verlas experimentó cierto presentimiento de ser una de aquellas jóvenes la destinada por Dios para compartir con ella su suerte; en consecuencia, la pidió a su madre la cual constándole las buenas prendas que adornaban a aquel joven, dio gustosa su consentimiento. La señorita confesó después sencillamente, que desde mucho tiempo hacía la misma súplica, y que al entrar aquel joven presintió a la vez que Dios se lo enviaba para su apoyo. Pero fue el caso, que repugnándole muchísimo al padre de la señorita, tener que desprenderse de su hija, e interponiendo toda clase de obstáculos, para vencerlos y conocer la voluntad de Dios en asunto de tanta trascendencia, determinaron todos empezar la devoción de los Siete Domingos en honor de San José, a últimos de mayo de 1866.

El favor de este glorioso Patriarca no se hizo esperar, pues en el siguiente agosto, se celebró el casamiento con gran contento de ambas partes; lo que prueba que el cielo se complace en bendecir aquellos desposorios para cuyo acierto han pedido luz y gracia, en especial si ha mediado la eficaz intercesión de aquel santo a quien Jesucristo se complació en estar sujeto sobre la tierra.

 

Récense los dolores y gozos.

 

EJERCICIOS DE LOS 7 DOLORES Y GOZOS

DE SAN JOSÉ

Este ejercicio consiste en hacer memoria de los 7 dolores y gozos de san José, con su Padrenuestro, avemaría y gloria en cada uno de ellos. Se puede hacer cualquier día del año, pero tradicionalmente se rezan estos dolores y gozos durante 7 domingos consecutivos como preparación a la fiesta del Santo del 19 de marzo, comenzando 7 domingos antes de la fiesta.

La Iglesia ha concedido Indulgencias a esta devoción: 1ª.- 300 días de indulgencia cada domingo, rezando durante siete domingos consecutivos en el curso del año, a elección de los fieles, los siete gozos y siete dolores de san José, y el séptimo domingo se puede ganar además una indulgencia plenaria. (Gregorio XVI, 22 de enero de 1836).  2ª.- Indulgencia plenaria en cada domingo, aplicable a las almas del purgatorio. Los que no saben leer o no tienen la deprecación de los siete dolores y gozos, pueden ganar esta indulgencia rezando en los siete domingos siete Padrenuestros con Avemaría y Glorias. (Pio IX, 1 de febrero y 22 de marzo de 1847).  Otra fórmula más breve pág. 48.

 

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Oh castísimo Esposo de María!, me compadezco de las terribles angustias que padeciste cuando creíste deber separarte de tu Esposa Inmaculada, y te doy el parabién por la alegría inefable que te causó saber de boca de un ángel el misterio de la Encarnación. Por este dolor y alegría te pido consueles nuestras almas en vida y muerte, obteniéndonos la gracia de vivir como cristianos y morir santamente en los brazos de Jesús y de María. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

SEGUNDO DOLOR Y GOZO

¡Oh felicísimo Patriarca, que fuiste elevado a la dignidad de padre putativo del Verbo encarnado!, te compadezco por el dolor que sentiste viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza y desamparo; y te felicito por el gozo que tuvisteis al oír la suave melodía con que los ángeles celebraron el nacimiento, cantando “Gloria a Dios en las alturas”. Por este dolor y gozo, te pido nos concedas oír, al salir de este mundo, los cánticos celestiales de los ángeles en la gloria. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

TERCER DOLOR Y GOZO

¡Oh modelo perfecto de conformidad con la voluntad divina!, te compadezco por el dolor que sentiste al ver que el Niño Dios derramaba su sangre en la circuncisión; y me gozo del consuelo que experimentaste al oírle llamar Jesús. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances que podamos vencer nuestras pasiones en esta vida y morir invocando el dulcísimo nombre de Jesús. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

CUARTO DOLOR Y GOZO

¡Oh fidelísimo Santo, a quien fueron confiados los misterios de nuestra redención!, te compadezco por el dolor que te causó la profecía con que Simeón anunció lo que habían de padecer Jesús y María; y me gozo del consuelo que te dio el mismo Simeón profetizando la multitud de almas que se habían de salvar por la Pasión del Salvador. Te suplico por este dolor y gozo, nos alcances ser del número de los que se han de salvar por los méritos de Cristo y por la intercesión de su Madre. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

QUINTO DOLOR Y GOZO

¡Oh Custodio vigilante del Hijo de Dios humanado!, me compadezco de lo mucho que padeciste en la huida a Egipto, de las grandes fatigas de aquella larga peregrinación y de lo que te costó el poder atender a la subsistencia de la Sagrada Familia en el destierro; pero me gozo de tu alegría al ver caer los ídolos por el suelo cuando el Salvador entraba en Egipto. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances que huyendo de las ocasiones de pecar, veamos caer los ídolos de los afectos terrenos y no vivamos sino para Jesús y María, hasta ofrecerle nuestro último suspiro. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

SEXTO DOLOR Y GOZO

¡Oh glorioso San José, ángel de la tierra que viste con admiración al Rey del Cielo sujeto a tus disposiciones!, si tu consuelo, al volverte de Egipto, fue alterado con el temor al Rey Arquélao, tranquilizado después por el Ángel, viviste alegre con Jesús y María en Nazaret. Por este dolor y gozo, alcánzanos a tus devotos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de tranquilidad de conciencia, vivamos seguros con Jesús y María y muramos teniéndolos a nuestro lado. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria  

 

SEPTIMO DOLOR Y GOZO

¡Oh modelo de santidad, glorioso San José! Te compadezco por el dolor que sentiste al perder al Niño Dios sin poderle hallar en tres días, y te doy el parabién por la alegría con que lo encontraste en el templo. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances la gracia de no perder jamás a Jesús por el pecado; y si por desgracia lo llegamos a perder, sírvanos tu intercesión por las lágrimas de la penitencia, y podamos vivir unidos con Él hasta el último aliento de nuestra vida. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

ANTIFONA. Tenía Jesús al empezar su vida pública cerca de treinta años y aún se le tenía por hijo de José.

 

V. ¡Oh San José!, Ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

ORACIÓN

Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Madre, te rogamos, nos concedas que merezcamos tener en los cielos por intercesor a quien en la tierra veneramos por protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos, Amén.

 

Por el santo Padre, por su persona e intenciones para ganar las indulgencias concedidas a esta devoción.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.