domingo, 31 de mayo de 2026

San Iñigo, abad de Oña. — 1 de junio

 


San Iñigo, abad de Oña. — 1 de junio

(+ 1071)

San Iñigo, decoroso ornamento del orden de san Benito, nació en Calatayud, ciudad antiquísima y muy noble de la corona de Aragón. Sus padres fueron muzárabes, esto es, cristianos mezclados con los árabes, los cuales dieron a Iñigo una educación conforme a las piadosas máximas del Evangelio. Llegado el ilustre joven a edad competente, dejó su patria, sus padres y sus cuantiosos bienes, y se retiró a los montes Pirineos, donde pasó algún tiempo en la contemplación de las grandezas divinas; mas llegando a su noticia la santidad de los monjes que vivían en el célebre monasterio de san Juan de la Peña, establecido en lo alto de las montañas de Jaca, resolvió abrazar la regla de san Benito. Hecha ya su solemne profesión, cuando era amado y venerado de todos los monjes por sus «eminentes virtudes, alcanzó licencia del esclarecido abad, llamado Paterno, para retirarse a un espantoso desierto de las montañas de Aragón, donde resucitó con sus austeridades las imágenes de penitencia que se leen de los solitarios de la Tebaida, de la Nitria y de la Siria; y donde atraía a gran número de gentes que se aprovechaban de sus saludables instrucciones. Mas habiendo fallecido por este tiempo el primer abad del monasterio de Oña, llamado García, y deseando el rey Sancho nombrar un digno sucesor del difunto, envió tres veces embajadores al santo para que aceptase aquel cargo, y aun pasó el mismo rey personalmente al desierto y logró al fin rendirle y traerle consigo a aquel monasterio. En su gobierno practicó con grande eminencia todas las virtudes del más perfecto prelado, a los pobres oprimidos pagaba sus créditos, buscábales para mantenerlos y vestirlos, libró a muchos presos de las cárceles, redimió cautivos y obró esclarecidos milagros. Cuando le acometió su última enfermedad en un pueblo llamado Solduengo y tomó al anochecer el camino para Oña a fin de consolar a sus hijos, se le aparecieron dos ángeles en figura de dos hermosísimos niños vestidos de blanco con sus hachas encendidas, los cuales le acompañaron hasta el monasterio. En la hora de su muerte se llenó el ámbito de su celda de un resplandor celestial y se oyó una voz que dijo: Ven, alma dichosa, a gozar de la bienaventuranza de tu Señor. Celebráronse con gran pompa sus funerales, y no solo los cristianos, sino también los judíos y los moros concurrieron a sus exequias y rasgaron sus vestiduras con grandes muestras de sentimiento.

Reflexión: El abad Juan, sucesor del santo, decía de él en su oración fúnebre estas palabras: «Hemos visto, hermanos, llenos de espiritual consuelo, y entre lágrimas y sollozos como ha sido arrebatado el justo de esta vida. No habrá lugar tan remoto en el mundo, al que no haya conmovido el tránsito de nuestro santísimo padre Iñigo, ni sitio tan ajeno de religión cristiana, donde no se llore su muerte. Llora la Iglesia de haber perdido tal sacerdote, pero se alegra el paraíso habiendo recibido tan gran santo: lloran los pueblos, pero se alegran los ángeles, gimen las provincias, pero triunfan los coros celestiales en la recepción de aquel varón santísimo, que deseaba diariamente volar a ella cuando decía: ¡Cuan amables son, Señor Dios de las virtudes, tus tabernáculos! (Ps. 83). ¡Ojalá que nuestra muerte sea también la muerte de los justos, llorada de los buenos y celebrada de los ángeles! ¡Oh, cuan prudentes y dignos de toda alabanza son los hombres que considerando como negocio principal del hombre el negocio de la virtud, emplean su vida en obrar el bien y edificar a sus semejantes!

Oración: Háganos, Señor, agradables a ti, como te lo pedimos, la intercesión de san Iñigo abad, para que por su patrocinio alcancemos lo que no podemos esperar de nuestros propios méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: ID, PUES, Y HACED DISCÍPULOS A TODOS LOS PUEBLOS, BAUTIZÁNDOLOS EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Rito Romano 1962

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Mateo

Mt 28, 18-20

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».


TEXTOS DE LA MISA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
 
COMENTARIOS AL EVANGELIO 

sábado, 30 de mayo de 2026

De la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo

 


FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

De la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

De la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la incomprensible majestad de Dios, que siendo uno en esencia es trino en las personas; sube con admiración al trono de su gloria a admirar su grandeza, venerar su poder, y estimar su santidad y la suma perfección de su deidad. Contempla aquel principio sin principio, y aquel ser de sí mismo sin depender de otro, y aquella omnipotencia inapeable: mírale adorado y venerado, temido, amado y obedecido de los serafines y querubines, y de todos los coros de los ángeles; y cúbrete el rostro como ellos en su acatamiento, confesando que no alcanzas su grandeza, ni puedes comprender su infinidad; póstrate a sus pies, venerándole, respetándole, amándole y temiéndole como ellos, y tiembla de su poder, y no ceses de alabarle, y disponerte para obedecerle como los ángeles del cielo.

 

PUNTO II. Considera cómo el Padre no procede de otro, y cómo el Hijo procede del Padre por vía del entendimiento, mirándose y entendiéndose, y sacando una imagen en todo semejante a sí mismo; y cómo el Espíritu Santo procede de ambos, amándose íntimamente, y siendo lazo y vínculo entre los dos. Contempla este soberano misterio, y pide al Señor te dé fe de cosa tan alta, y humíllate en su acatamiento, reconociendo tu cortedad y que no tienes capacidad ni virtud para conocer lo que es.

 

PUNTO III. Considera cómo siendo tres personas distintas son entre sí iguales, sin que haya en ellas primera ni postrera, mayor ni menor, ni diferencia de voluntades, sino unánimes y conformes, unidas y enlazadas con el vínculo de perpetua caridad. Alaba a Dios por tan inefable misterio y por tan inaccesible santidad, y procura imitar sus virtudes, teniendo caridad y paz con todos, huyendo la división de voluntades y las mayorías, excepciones o singularidades entre los demás.

 

PUNTO IV. Considera cómo aunque son en todo iguales las tres divinas Personas, con todo eso se atribuyen a cada una singulares prerrogativas y atributos; al Padre la omnipotencia y creación; al Hijo la sabiduría y redención; al Espíritu Santo el amor y la santificación. Levanta el corazón a la Santísima Trinidad; contempla sus perfecciones, los atributos, eminencias y propiedades de cada una de las tres Personas. Alaba al Señor por ellas; gózate de su soberana excelencia y perfección, y mira cuánto les debes; da gracias al Eterno Padre porque te crio y juntamente todas las cosas, para que le sirvieses; y al Hijo porque te redimió haciéndose hombre por ti; al Espíritu Santo porque te santificó, comunicándote abundantísimamente su gracia: pídeles perdón de tu desagradecimiento y su favor en adelante para reconocerlas, y servir las mercedes que recibes de su mano.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.