domingo, 9 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: TODO LO HA HECHO BIEN

 
XI DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962 
 

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Marcos

Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo: Dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

 
 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

sábado, 8 de agosto de 2026

CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUNDO

 


XI domingo después de Pentecostés.

CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUNDO

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XI domingo después de Pentecostés.

CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUNDO. (Marc. 7.)

En el Evangelio refiere san Marcos cómo Cristo sanó a un endemoniado, sordo y mudo, a instancia de los que le trajeron, y algunas circunstancias de este milagro, el cual ordenó Cristo que callasen; pero ellos le publicaron, engrandeciendo a voces la virtud del Salvador.

 

PUNTO PRIMERO. Considera a Cristo nuestro Redentor discurriendo como el sol por todas partes, alumbrando el mundo con la luz de su doctrina y haciendo bien a todos, sin negar a alguno su piedad y misericordia.

Pídele con humildad que no te deje a oscuras, sino que destierre de tu alma las tinieblas de los vicios y las oscuridades y nieblas de Satanás, y tenga misericordia de ti, como la tiene de todos. Muéstrale tus llagas y pídele que te cure, y juntamente que te dé su gracia para seguir sus pisadas, haciendo bien a todos.

 

PUNTO II. Considera cómo, en llegando Cristo a aquella región, le trajeron al sordo y mudo para que le sanase, y le sanó.

Pondera la fe y diligencia de los que se movieron a traerle, venciendo con ella cualquiera dificultad y riesgo por la salud de aquel cautivo del demonio, y acusa tu negligencia en procurar la salud de tus hermanos.

Mira cuántos están en poder de Satanás, sordos y mudos, por no traerlos a Cristo; y que el Señor los espera para sanarlos, y no los sana porque no vienen a Él.

Saca de aquí deseos de traerle todos los enfermos en el cuerpo y en el alma, para que los sane, en la forma que tu estado permitiere, y rogarle y pedirle con fervorosas oraciones que se apiade de todos y use de misericordia con ellos.

 

PUNTO III. Contempla con san Jerónimo, en este hombre sordo y mudo, y, según san Mateo, ciego, el estrago que hace la culpa mortal en un alma; pues la ciega para no ver a Dios ni su perdición y el abismo profundo del infierno adonde se despeña; sorda para oír la palabra divina y todo lo que le importa para su salvación; muda para confesar sus culpas y alcanzar perdón de ellas y bendecir a Dios, teniendo ojos, oídos y lengua para todos los vicios que la llevan a su perdición.

Llora con Cristo la perdición de los pecadores; pídele que envíe predicadores apostólicos que los sanen, y que te dé ojos para verle, oídos para oírle y lengua para bendecirle y alabarle.

 

PUNTO IV. Considera la piedad y benevolencia con que Cristo luego, sin tardanza, se inclinó a los ruegos de los que le pidieron, y, mojando los dedos en su saliva, abrió los oídos y desató la lengua de este enfermo, el cual oyó y habló luego rectamente; y todos prorrumpieron en alabanzas de Dios, engrandeciendo la virtud del Salvador.

Júntate tú con ellos a bendecirle y alabarle, y pídele que te sane de todas las dolencias de tu alma, y que te dé gracia para dolerte de las de tus prójimos, y piedad para curarlos y socorrerlos en todas sus necesidades.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DÍA 9. EL CORAZÓN DE MARÍA, TEMPLO DE DIOS, RECOGIDO EN EL TEMPLO. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 9

EL CORAZÓN DE MARÍA, TEMPLO DE DIOS, RECOGIDO EN EL TEMPLO

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA 9

EL CORAZÓN DE MARÍA, TEMPLO DE DIOS, RECOGIDO EN EL TEMPLO

 

Considera nuevamente hoy a María, siendo aún una pequeña niña, introducida en el Templo, donde fijó su morada.

Su Corazón era, dentro de aquel Templo, otro templo en el que Dios habitaba. Ese Corazón era verdaderamente el Tabernáculo del Dios vivo.

Escuchemos aquí a santa María Magdalena de Pazzis, quien, arrebatada en un sublime éxtasis, se dirige así a María: «Tú eras aquel hermoso Templo, oh María, en el que debía ofrecerse el digno Sacrificio del Salvador de los hombres.»

Y poco después añade: «Vi el trono de Dios elevado sobre los más altos cielos; María, Madre de Jesús, estaba sentada en él. Aquel trono estaba rodeado de lirios y sostenido por cuatro ángeles.»

¿Cómo podremos glorificar dignamente a María por su fe tan viva e inquebrantable y por haber sido elevada por el Verbo eterno a una dignidad tan sublime?

También nosotros deberíamos ser templos del Espíritu Santo. Y, de hecho, lo fuimos desde nuestro Bautismo. Pero ¿lo somos ahora?

Pensemos seriamente en ello.

¡Ay!, ¿no me habré convertido más bien en templo del espíritu inmundo? ¿No habré expulsado de mi corazón al Espíritu Santo por medio de mis pecados?

¡Cuántas lágrimas debería derramar para purificar un corazón tan manchado!

¡Oh Espíritu Santo, venid! «Lavad nuestras manchas, regad nuestra aridez y sanad nuestras heridas.»

 

ORACIÓN

Santa Virgen, Madre de Dios, Templo del Señor, al recordar tu consagración, haz que hoy entre en una saludable confusión y en una sincera humildad por causa de mis infidelidades, de mis ingratitudes y de todos los pecados que he cometido contra los deberes de mi estado y contra la santidad de mi propia consagración. Haz también que comience verdaderamente a servir a Dios conforme a la plenitud de mis obligaciones, para que, el día de mi muerte, pueda ser presentado en el templo de su gloria y allí adorarlo contigo por toda la eternidad. Amén.

 

FLOR. Repetir con frecuencia durante este día esta jaculatoria: «Espíritu Santo, lavad nuestras manchas y perdonad nuestros pecados.»

 

FRUTO. En las tentaciones, especialmente en las de impureza, repetir con frecuencia las palabras de san Pablo: «¡Lejos de mí! ¡Que jamás llegue a convertirme en miembro del diablo!»

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.