jueves, 12 de febrero de 2026

La pasión de Cristo nuestro Señor, conforme a la doctrina del Evangelio


 

Viernes de Sexagésima.

La pasión de Cristo nuestro Señor,

conforme a la doctrina del Evangelio.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de Sexagésima.

La pasión de Cristo nuestro Señor,

conforme a la doctrina del Evangelio.

PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Hilario, Cristo es el grano y la semilla molido en su sagrada pasión con tantos y tan dolorosos tormentos por nuestro amor. Da una vista con el entendimiento a todo lo que padeció y muévete a compasión y agradecimiento de este divino Señor, considerando lo que debes hacer tú en recompensa de tan grande amor y tan crecidos beneficios como te hizo padeciendo por ti.

PUNTO II. Considera que, como dice San Gregorio, fue sembrado y como plantado en su sepulcro, y de allí brotó con tan copiosos frutos de su sagrada pasión. Plántale en tu corazón y dale lugar en él meditando lo que padeció en su pasión. Mira aquella espiga de la tierra de promisión del cielo que se levanta de la tierra en la arista de su cruz, coronada de espinas, blanca y rubia con el tinte de su sangre, sazonada para la mies, mira cómo llega la muerte, y la siega con su hoz y la sepulta en la tierra, de donde brota hermosa y lozana más que las que vio Faraón para el sustento de todo el género humano, y toma aliento en tus trabajos y tribulaciones; y si te vieres sepultado y hollado, sufre con paciencia a ejemplo de nuestro Salvador que si fueres su compañero en la cruz, también lo serás en la corona.

PUNTO III. Considera que así como aquella se milla en unas tierras se logró y en otras no, lo mismo sucedió y sucede hoy a esta semilla celestial de la pasión del Señor, que como dice san Pablo, unos se escandalizan de ella y otros ignoran su virtud, porque no la meditan ni penetran su valor; y en otros como en tierra buena da frutos colmadísimos de santidad, paciencia, mortificación y penitencia y de otras muchas virtudes como se ve en los mártires y en los monjes y religiosos y en las personas espirituales que meditan en Cristo crucificado y se alientan con su ejemplo a su imitación. Ponte delante la imagen del santo Crucifijo, mírate en su espejo y anímate con su ejemplo a mirarle en tanto número de virtudes como ostentó en su sagrada pasión. Siembra este grano celestial en tu corazón y abrígale con la meditación. Limpia la tierra de tu alma de todas las malezas y espinas de vicios, para que dé en ti colmados frutos de merecimientos de gloria.

PUNTO IV. Considera lo que dice el Salvador que la semilla que cayó en buena tierra y dio a ciento por uno, son los que reciben su palabra y dan fruto en paciencia, porque sin ella no le podrán dar; luego la paciencia te queda como medio necesario, para que dé en ti fruto la palabra de Dios. Toma tu cruz y camina en pos de Jesús; sufre con paciencia imitando su pasión si quieres llevar frutos de merecimientos al cielo. Contémplale clavado en la cruz, y alcanzarás valor para sufrir y merecer.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

13 de febrero SANTA CATALINA DE RICCI #santoral #santos

Santa Catalina de Ricci. — 13 de febrero.

(+ 1590)

La extática y gloriosa virgen santa Catalina de Ricci nació en la ciudad de Florencia de la noble familia de Ricci. Pusiéronle en el baustimo el nombre de Alejandra, que después mudó en el de Catalina cuando se hizo religiosa. Así que llegó la santa niña a la edad de diez años, la confió su padre a la dirección de una tía suya paterna, religiosa del monasterio de San Pedro de Monticelli, situado en los arrabales de Florencia, donde se aficionó tanto a la oración, que aun en el tiempo en que las otras niñas se recreaban, ella tenía todo su placer en estarse arrodillada delante de una imagen de Cristo crucificado, con admirables deseos de participar del amargo cáliz de su Pasión. Trece años tenía, cuando vistió el hábito religioso de santo Domingo en el monasterio de San Vicente de Prato, donde satisfizo sus de seos de padecer por su divino Esposo clavado en la cruz: porque fue acometida de una gravísima enfermedad, con calentura cotidiana y con agudos dolores que padecía en todo el cuerpo, cuya dolencia degeneró en una hidropesía, y en mal de piedra, acompañado de asma. Sufrió la santa con perfectísima resignación este conjunto de males, sin recibir ningún alivio de las medicinas que le recetaban los médicos; y al cabo de dos años se le agravaron de suerte, que estuvo muchas semanas sin poder dormir un solo momento. En este estado, se le apareció en la vigilia de la Santísima Trinidad un santo de la Orden de santo Domingo, todo resplandeciente, el cual la hizo la señal de la cruz sobre el estómago, y la dejó repentinamente sana y curada de todos sus males; pudiendo desde aquel día practicar los más arduos ejercicios de caridad y de penitencia, y llevar sobre sus desnudas carnes una cadena de hierro y un áspero cilicio. Favorecióla el Señor con muchas visiones celestiales, éxtasis y raptos tan estupendos, que a veces quedaba totalmente elevada de la tierra y suspendida en el aire por largo tiempo. Fue también enriquecida del don de profecía, de discreción de espíritus y de milagros; por lo que su nombre y su santidad fue conocida y celebrada con universal aplauso, no sólo en Toscana, sino también en toda Italia y en otras regiones. Finalmente, a los sesenta y ocho años de su vida maravillosa, de los cuales empleó cuarenta y dos en el gobierno de su monasterio, entregó su alma purísima al celestial Esposo el día 2 de febrero, en que se celebra la fiesta de la Purificación de la Virgen nuestra Señora; y el Señor acreditó la santidad de su sierva con grandes y manifiestos prodigios.

Reflexión: Mucho padeció y mucho gozó la preciosa virgen santa Catalina abrazada siempre con la cruz de Cristo. Desde que el Hijo de Dios murió por nuestro amor en la cruz, la mayor prueba de amor que podemos darle, es padecer por su amor. Pero tiene también el árbol de la cruz frutos sabrosísimos, y de mayor suavidad y dulzura que todos los gustos y regalos del mundo. Son gustos espirituales, de los cuales el mundo no tiene noticia: son placeres soberanos y sabores del paraíso, con que Dios suele regalar a sus escogidos, y hacerles aun en esta vida los hombres más felices de la tierra.

Oración: ¡Oh Jesucristo Señor nuestro! que inflamando en tu amor a la bienaventurada virgen Catalina, la hiciste ilustre por la contemplación de tu Pasión y muerte; concédenos por su intercesión que haciendo piadosa memoria de los misterios de tu Pasión, merezcamos alcanzar los frutos de ella. Amén.

miércoles, 11 de febrero de 2026

La sagrada Eucaristía


 

Jueves de Sexagésima

La sagrada Eucaristía

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

MEDITACION

Jueves de Sexagésima

La sagrada Eucaristía

PUNTO PRIMERO. Considera que, como enseña san Agustín, este grano y semilla que vino a sembrar Cristo en la tierra, es el grano de trigo de su Santísimo Cuerpo Sacramentado, que sembrado en nuestros corazones es semilla de gloria eterna; porque al que le recibe como debe le da vida eterna. Da muchas gracias al Señor por tan incomparable beneficio como hizo al género humano, у a ti en particular, a quien tenía en la memoria cuando instituyó este Santísimo Sacramento; y gózate de tal favor, el cual no hizo a los ángeles ni a otra alguna criatura por el singular amor que tuvo a los hombres, y pídele que te haga digno de servirle.

PUNTO II. Considera cómo de aquella semilla se perdió mucha parte y otra se logró con gran fruto, no por culpa del sembrador ni de la semilla, sino de la tierra mal dispuesta, como advirtió santo Tomás; y de la misma manera sucede en este grano de trigo que cayó del cielo, que aun que es semilla de vida eterna, pero no toda se logra sino que mucha se pierde por falta de los que la reciben con gran detrimento de sus almas. Llora amargamente una pérdida tan grande y mírate a ti, y considera cuántas veces ha sido sembrada en la tierra de tu corazón, y cuántas se ha perdido el fruto por tu culpa; atiende al fruto que has sacado, y por él conocerás lo que has perdido de aumentos espirituales, y llora sobre ti, pidiendo a Cristo perdón y proponiendo la enmienda en adelante.

PUNTO III. Considera las causas porque se perdió aquella semilla del Evangelio; que fueron frecuencia de la gente que la pisó, dureza de la tierra en que cayó, espinas y malezas que la ahogaron al nacer, y el remedio estuvo en limpiar la tierra de las espinas, y regarla para enternecerla, y guardarla de los que pasaban para que no la pisasen. Lo mismo pasa en esta semilla celestial del Santísimo Sacramento, que se pierde su fruto por la frecuencia de los hombres y tumulto de negocios en que se ocupan los que le reciben; y por la dureza del corazón seco, y como piedra, sin jugo de devoción, y por las malezas de las espinas de los pecados que brotan de nuestra mala inclinación, y así el remedio es el que da el apóstol san Pablo; conviene a saber, labrar la tierra de nuestros corazones limpiándola de todo vicio, y purificándola de cualquiera resabio de mala inclinación o pecado por venial que sea, y regarla con el riego de la oración y meditación con que se alcanza la ternura de corazón y la devoción y afectos amorosos con Dios nuestro Señor, y retirarse de los hombres en silencio y soledad, despidiendo todos los negocios terrenos que divierten y perturban el alma, y no dejan arraigar y crecer esta semilla divina en nuestras almas; entra con la consideración en la tuya y mira despacio, discurriendo por lo dicho, qué te impide para no sacar el fruto que pudieras de las comuniones que recibes, y pídele a Dios gracia para labrar tu espíritu y disponerte como debes para recibir a este Señor y lograr los frutos que logran sus escogidos.

PUNTO IV. Considera cómo la parte de semilla que se logró, no dio igual fruto aunque era de igual virtud; porque una parte dio a treinta, otra a sesenta y otra a ciento por uno, en que denota la diferencia de frutos que da este grano celestial sacramentado en los que le reciben; porque aunque de su cosecha es siempre el mismo y de la misma virtud; pero por la diferencia de los que le reciben, da diferentes frutos, conforme a su disposición, en unos menos y en otros más, y va tan gran diferencia, que como dice san Buenaventura, vale más una comunión hecha con fervor que muchas tibiamente y con poca disposición; y si todo el mundo se pusiera en una balanza y en otra cualquiera parte del fruto que pierde el que le recibe tibiamente, pesará más este que todo el mundo junto ¿ Oh alma mía, a dónde estás que no consideras esto y lo mucho que has perdido y pierdes en cada comunión? Si lloras las pérdidas de la honra y de la hacienda, y más la de la salud del cuerpo; por qué no lloras con lágrimas de sangre tan grandes pérdidas de tu espíritu, y pones todo el esfuerzo posible en recuperarlas? Mira lo que dice san Lucas, que Cristo clamaba al referir las pérdidas de la semilla, por el vivo dolor que le causaban en su alma ¡Qué clamores dará por los frutos que tu pierdes en la sagrada comunión cada día! Oh sembrador divino, enjugad las lágrimas que a mí me pesa de las pérdidas pasadas, y propongo firmemente la enmienda en adelante y procurar recuperarlas en las comuniones que hiciere, dándome vos vuestra gracia.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.