sábado, 13 de junio de 2026

San Basilio Magno, doctor de la iglesia y obispo. — 14 de junio

 


San Basilio Magno, doctor de la iglesia y obispo. — 14 de junio

(+ 379)

Toda la antigüedad ha dado a san Basilio el título de Magno, porque en él, todas las cosas fueron grandes: grande su ingenio, grande su elocuencia, grande sus milagros. Nació en Cesárea de Capadocia y fue hijo de san Basilio y de santa Emilia, nieto de santa Macrinia, hermano de san Gregorio Niseno, de san Pedro de Sebaste y de santa Macrina la joven. Aprendió las letras humanas primero en Cesárea y después en Constantinopla y en Atenas, que era a la sazón madre de todas las ciencias; donde trabó muy estrecha y cordial amistad con Gregorio Nazianzeno, porque eran los dos muy parecidos no menos en el ingenio que en la virtud. Allí alcanzó fama de varón sapientísimo en todo género de letras, y las enseñó con grande aplauso. Convirtió a Eubulo su maestro; y los dos fueron a Jerusalén a visitar los santos lugares, y bautizarse en el Jordán. Al tiempo que Máximo, obispo de Jerusalén. bautizaba a Basilio, bajó una llamarada de fuego del cielo y de ella salió una paloma que tocó con sus alas las aguas, y luego voló a lo alto, dejando llenos de admiración y temor a los que estaban presentes. Ordenado de presbítero en Cesárea, se retiró por no ser compelido a aceptar la dignidad de obispo, a un desierto del Ponto, y allí vivió algunos años en compañía de san Gregorio Nazianzeno, con un género de vida tan admirable que más parecían ángeles que hombres. Mas como en tiempo del emperador Valente, arriano, la herejía como furioso incendio abrasase todo el Oriente, y en Cesárea hiciese grandes estragos, salió el santo de su yermo para oponerse a los herejes. En esta sazón murió el obispo de Cesárea; y todo el clero y pueblo aclamó por su pastor a san Basilio. En una hambre cruelísima que sucedió, vendió el santo todas sus posesiones, y predicó de la limosna en los templos, plazas, calles y casas de los ricos, con que alivió aquella extremada necesidad. Edificó para los pobres un hospital tan insigne y suntuoso, que se podía contar entre las maravillas del mundo, como escribe el Nazianzeno. Habiendo rogado a Dios que atajase los pasos del emperador Juliano el Apóstata, que intentaba matarle y destruir toda la Iglesia de Cristo, fue aquel impío tirano muerto en la guerra de Persia: y queriendo el emperador Valente desterrar al santo, al tiempo de firmar el decreto, la silla en que estaba se quebró, la pluma no dio tinta, aunque la mudó tres veces, y el brazo comenzó a temblarle como si estuviera tocado de perlesía. Entonces se rindió y rasgó el decreto. La penitencia de san Basilio era más admirable que imitable, y estaba tan flaco que no parecía tener más que la piel y los huesos. Finalmente después de haber gobernado santísimamente su Iglesia ocho años, obrado estupendos milagros y escrito admirables libros, murió a los cincuenta y un años de su edad.

Reflexión: Las alabanzas que dan a san Basilio los santos doctores Gregorio Nazianzeno, Gregorio Niseno, Efrén y otros, son tantas y con tan grande encarecimiento, que ellas solas bastan para entender la estimación y veneración con que hemos de honrarle e imitarle. Sigamos pues los ejemplos y doctrinas de este gran doctor de la Iglesia tan lleno de espíritu de Dios, y andaremos seguros por el camino de nuestra eterna salud sabiendo de cierto que agradamos a nuestro Señor, el cual para nuestra enseñanza le hizo tan sabio y tan santo.

Oración: Suplicámoste, Señor, que oigas las oraciones que te ofrecemos en la solemne fiesta de tu bienaventurado siervo y confesor Basilio, librándonos de nuestros pecados por la intercesión y méritos del que te sirvió con tanta fidelidad Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 12 de junio de 2026

Para dar gracias después de haber comulgado.

 


Sábado de la II semana después de Pentecostés.

Para dar gracias después de haber comulgado.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la II semana después de Pentecostés.

Para dar gracias después de haber comulgado.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas , que recibió Zaqueo al Redentor en su casa, gaudens, con inexplicable gozo y alegría por ver en ella al Salvador del mundo y tener ocasión de servir y regalar al que no se tenía por digno de mirar: este es el primer paso que has de dar después de haber comulgado, gozarte con el Señor y lograr el tiempo que le tienes en tu casa; mírale glorioso, acompañado de los ángeles y serafines, cortejado y alabado de toda la corte celestial, y gózate de ver en tu pobre casa a tan soberano Señor.

 

PUNTO II. Considera lo que dice san Lucas, que Zaqueo estuvo en pie con suma reverencia en la presencia del Salvador, dándole gracias por la merced que le había hecho, y ofreciéndose a su servicio; lo mismo debes hacer tú, derribándote a sus pies y dándole gracias por haberse dignado devenir a tu pobre casa; y suplicándole que te haga nuevas mercedes; dale las gracias y alabanzas que le dan los cortesanos del cielo y todas las criaturas, deseando hacerte lenguas para bendecirle y alabarle eternamente.

 

PUNTO III. Zaqueo dio cuenta al Señor de los empleos de su vida, y es de creer que no sería relación seca solamente, sino pidiéndole consejo y dirección y gracia para encaminar sus pasos al cielo: esto mismo debes hacer tú, manifestándole a Cristo todas tus acciones y deseos y los designios de tu vida, pidiéndole luz para acertar en ella, y gracia para ejecutar su mandado, y para no desquiciar un punto de su voluntad; muéstrale todas tus llagas, como a médico de tu alma, y pídele que te las cure: confiésale tus faltas, como á Juez, y pídele que te perdone: declárale tus necesidades como a rey, y suplícale que te las socorra; preséntate en su acatamiento como a Pastor a quien busca la oveja perdida; llora tus yerros pasados y ruégale que te lleve a su aprisco y que te recoja en su rebaño: mira sus llagas, regálate con ellas, y dale gracias por lo que ha padecido por ti; pídele que te abrigue en ellas, en las cuales hallarás seguridad, suavidad, esfuerzo, espíritu y devoción.

 

PUNTO IV. Considera lo que le dijo Cristo a Zaqueo, que aquel día había recibido salud toda su casa por ser hijo de Abrahán; en que declara que le hizo merced a él por ser hijo de Abrahán, y a su casa por los merecimientos suyos; porque hace Dios merced a muchos por los que con devoción le reciben en su casa: aquí te enseña tácitamente a pedirle por los de la tuya: no seas corto, pues tienes a Cristo por huésped en tu casa; abre la boca y pídele que te haga mercedes a ti y a todos los tuyos y a cuantos tienes encomendados: pídele por las necesidades de la Iglesia y por los pecados de todo el mundo; por los fieles e infieles; y pues:  dijo que vino a salvar los que se habían perdido, pídele que no te olvide y que traiga a su servicio los que andan descaminados fuera de él; y ya que tú no lo merezcas, se mueva por los méritos de tus Padres espirituales, y de la Beatísima Virgen, y de todos los santos a concederte lo que pides.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

 

DÍA 13. RECOGIMIENTO DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


 DÍA TRECE.

RECOGIMIENTO DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

 DÍA TRECE.

(Año trece.)

RECOGIMIENTO DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Primer preludio. Ver a Jesús silencioso y recogido.

Segundo. Pedir la virtud del recogimiento para oír la voz de Dios.

Punto primero. — Despego de las criaturas. — Segundo. Unión con Dios.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Despego de las criaturas. Al vicio de la disipación se opone la virtud del recogimiento que comprende dos cosas: el despego de las criaturas y la unión con Dios.

Ambas cosas hallamos en el Corazón de Jesús. Por lo que toca a la primera, hemos de considerar que el hombre por el pecado se ha vuelto esclavo de sus sentidos, y por éstos se ve sujeto a todo lo que le rodea. Alucinado por las cosas visibles, cuya imagen se pinta en su fantasía, y arrastrado por la imaginación, que le lleva de lo pasado a lo porvenir sin darle tregua, rara vez está presente a sí mismo, y más rara vez a Dios. Acosada el alma por la necesidad de un bien que en sí misma no encuentra, sale por las puertas de los sentidos en su busca; y en fuerza de la misma necesidad, deja abierta las puertas a todo el que quiera entrar, por ver si le lleva algún consuelo o algún placer.

De esta suerte andan errantes sus facultades, se disipan, se pierden, se fatigan inútilmente. El entendimiento es juguete de todas las aberraciones, y el corazón de todos los engaños, hasta el punto de no conocerse el alma a sí misma ni saberse gobernar, pues vive fuera de sí. En vano le habla Dios al corazón, porque no le oye; verificándose lo del Profeta, que “está desolada la tierra porque nadie piensa con el corazón.” (Jerem, XII.)

Esto es lo que pasa en el mundo, alma mía, y esto es lo que pasa en ti. Por el contrario, contempla al Corazón de Jesús. En medio de este mar agitado, dueño como es de su espíritu, de sus pensamientos, deseos, afectos y sentidos, libre e independiente de cuanto le rodea, rige y gobierna su nave con la mayor tranquilidad. Cerrados sus ojos a la vanidad, y sujetas al imperio del alma, no se abren sino con su licencia. No habla sino cuando y como conviene; no oye sino lo que debe oír, y no se ocupa sino en lo que conviene que haga.

Este santo dominio de sí mismo y recogimiento de los sentidos, lo tenía en el seno de su Madre, y lo conservó después de nacido, en la infancia como en la edad adulta, en la vida oculta como en la pública, y lo perpetúa en el Sacramento. Poco entendido es este recogimiento y poco practicado este silencio. Pocos son los que a la sombra del altar y en el secreto de su corazón saben desprenderse de los objetos visibles y contentarse con Dios.

“Alma vaga e inconstante, ¿hasta cuándo andarás disipada en busca de humanas delicias?” (Jeremías, XXXV.)

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Unión con Dios. La segunda parte del recogimiento es la unión con Dios. En este feliz estado, sujeto el hombre interior y exterior al imperio de una voluntad recta y bien ordenada, se aplica a lo que entiende ser del servicio divino. Obedecen los sentidos a la razón, y las fuerzas todas del alma están en movimiento para caminar al último fin de la criatura racional, sin que se les atraviese ninguna potencia contraria para detenerlas.

De aquí sacarás que la vida, actividad y energía del alma está toda en el espíritu de recogimiento; y que el alma más recogida en sí misma es la más poderosa; como, por el contrario, el espíritu derramado y distraído es débil e impotente.

Además, unida el alma por el recogimiento interior con Dios, que es el Bien sumo y el único ser que puede hacernos felices, llega a gozar desde aquí toda la paz y bienaventuranza de que es capaz en esta vida. Ven acá, pobre infeliz que te espantas de la sole­dad, y no puedes estar en silencio unas pocas horas, ven al Corazón de Jesús, acércate al altar, mira ese tabernáculo, morada estrecha y mezquina habitación de tu Dios, que pasa en ella el día y la noche, los meses, los años y los siglos. ¿No ves que silencio guarda en su retiro? No habla con los hombres; pero habla con Dios su Padre, y, también sabe hablar al corazón de quien le visita con fe y con amor, aunque no oigan su voz los oídos del cuerpo.

Aprende de este Señor a conversar con Dios, en vez de disiparte con el trato de los hombres. Ama el retiro de tu casa y aposento, y trabaja allí en presencia de tu Señor, en vez de perder tiempo en visitas inútiles. Aprende a contemplar, no los objetos que afectan los sentidos, sino las cosas espirituales y divinas. Acostúmbrate a escuchar la voz de Dios, y no el ruido vano del mundo.

Toma ejemplo del Salvador. ¡Dichosa el alma que lo sigue, porque evita así un montón de faltas y gana muchos méritos, practica grandes virtudes y goza una paz y dicha inalterable! ¡Dichoso el que pone su felicidad en pensar en Dios sólo, y se desentiende de cuidados inútiles del mundo!

¿Te parece que el trato con Dios te ha de cansar y aburrir a la larga? Semejante temor es injurioso a Dios. “No es desapacible su conversación, ni causa tedio su trato," dice el Sabio. (Sab, III.) Experiméntalo, y lo verás.

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan, te amaré por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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