martes, 8 de septiembre de 2026

LA RESURRECCIÓN DEL PECADOR A LA VIDA DE LA GRACIA

 


Miércoles de la XV semana después de Pentecostés

DE LA RESURRECCIÓN DEL PECADOR A LA VIDA DE LA GRACIA

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Miércoles de la XV semana después de Pentecostés

DE LA RESURRECCIÓN DEL PECADOR A LA VIDA DE LA GRACIA

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el venerable Beda, citado por santo Tomás (1), que así como en este difunto se representó, como en un espejo, la muerte del pecador a la vida de la gracia, así en su resurrección se dibujó la del pecador de la muerte del pecado a la vida espiritual del alma.

Considera, pues, que el primer paso para la resurrección de este mancebo fueron las lágrimas de los que le lloraban. Por las lágrimas empezó su restauración, por las cuales se movió Cristo a piedad de él; y por las lágrimas ha de empezar la resurrección del pecador y la restauración de la gracia perdida, llorando con verdadera contrición sus pecados y con propósitos firmes de enmendarse.

Considera los tuyos y las ofensas que has hecho contra Dios; mírate difunto en el alma y contempla el estrago que han hecho en ti. Llora con amargura tu muerte en la presencia de Dios, y Él tendrá misericordia de ti y te restituirá la vida, dándote la gracia que perdiste.

PUNTO II. Considera cómo toda la dicha de este difunto estuvo en encontrarse con Cristo cuando le sacaban a enterrar, y toda la del pecador está en encontrarse con Él cuando está muerta su alma.

¡Oh, si te pusieses en su presencia y dejases que te mirase con los ojos de su piedad! Pero ¿cómo le buscará quien tantas veces ha huido de Él y se ha apartado de la vida para entregarse a la muerte?

¡Oh, vida de mi alma! ¡Qué ciego he andado cuando he huido de Vos! ¿Adónde pude ir apartándome de Vos?

Salisteis al encuentro de este difunto para darle vida; salid al encuentro de este pecador, más que difunto y ya hediondo con la podredumbre de los pecados, para darme la vida. No os dé en rostro mi fealdad y mal olor, como no os lo dio el de Lázaro, muerto ya de cuatro días; mucho más tiempo hace que lo estoy yo, pero mayor es vuestra misericordia que mis pecados.

Tened, Señor, misericordia de mí; tocadme y detenedme antes que me sepulten en el infierno.

 

PUNTO III. Considera cómo Cristo tocó y llamó a este difunto y con su voz le resucitó. Así toca Dios y llama al pecador para que resucite de la muerte de sus vicios.

Mete la mano en tu pecho; considera cuántos toques te ha dado Dios al corazón para que vuelvas en ti, y cuántas voces para que despiertes y salgas del sueño de los pecados en que estás sumido; y cuán obstinado y rebelde has estado a sus inspiraciones, y más que sordo a sus voces, volviéndote contra tu Criador.

Despierta, que ya es tiempo de oír su voz. Podrá ser que te cite de remate y que, si ahora no le oyes y obedeces, no te llame más.

Pondera que los muertos obedecen a su voz y vuelven de la muerte a la vida con ella. No seas tú más duro que los muertos, ni más sordo que los difuntos. Oye que te llama y te dice, como a este: «A ti te digo: levántate».

Levántate de los vicios en que estás; levántate de las malas costumbres; levántate de los regalos; levántate del olvido de Dios y de tu salvación; levántate al conocimiento de Dios, a la oración y a la penitencia; levántate a la nueva vida que Dios te quiere dar.

Ríndete a sus pies y di con Samuel (1): «Hablad, Señor, porque vuestro siervo oye». Tocad mi corazón y dadme una voz, que yo ofrezco humildemente obedecerla luego en todo lo que me mandareis.

 

PUNTO IV. Considera cómo luego se levantó y habló este difunto; y lo que diría serían alabanzas de Cristo, que le había resucitado, muestras claras, como dice santo Tomás, de su resurrección.

Las mismas te pide Dios a ti: que des la tuya espiritual, levantándote de los vicios y dejando las ocasiones de pecar; empezando las alabanzas de Dios y desatando la lengua para confesar tus culpas; comenzando una vida nueva, como la empieza el que resucita de la muerte.

Medita esto con atención y considera cuánto te importa. Dispón todas tus acciones en la presencia de Dios, ordenándolas a su servicio y al bien de tu alma, que Él te ayudará y lograrás los frutos de su gracia y de tu resurrección.

(1) Santo Tomás, Catena Aurea; cf. 1 Samuel 3.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

9. LA HUMILDAD, VIRTUD DIFICULTOSA DE HALLAR Y MÁS DE CONSERVAR. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DÍA 9

LA HUMILDAD, VIRTUD DIFICULTOSA DE HALLAR Y MÁS DE CONSERVAR

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 9

LA HUMILDAD, VIRTUD DIFICULTOSA DE HALLAR Y MÁS DE CONSERVAR

La humildad de san Pablo le hizo estimar sus cárceles, cadenas, trabajos y desprecios, diciendo: «Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos». El que era considerado desecho de los hombres fue subido y levantado sobre los encumbrados cielos cuando Dios le subió allá. Así se entiende que las deshonras pueden ser para el justo un camino hacia la verdadera grandeza.

Cristo Jesús no quiso admitir el título de rey de los judíos hasta que se vio desnudo, clavado y coronado de espinas en la cruz. Porque los humildes son reyes cuando están cargados de injurias y afrentas, cuando les quitan la vida y la honra. Entonces dejan el corazón libre para que en él quepa la corona que solo se da al verdadero humilde.

Como los reinos y títulos son de este mundo, Dios quiere que los justos vayan libres de ellos, pues les quiere dar una honra verdadera que no se acaba. Mientras viven en este mundo, los quiere desnudos antes que mal vestidos con las glorias y alabanzas que el mundo les ofrece. La verdadera recomendación del justo no está en recomendarse a sí mismo, sino en que sea Dios quien lo recomiende.

Por eso, si la humildad es opuesta a la majestad y grandeza del mundo, uno será verdaderamente humilde cuanto menos fuere honrado, menos estimado y levantado, y cuanto más pobre y desprendido de las cosas de la tierra. La humildad no se conserva con las alabanzas, las riquezas o los honores, sino en el desprecio de sí mismo, en las afrentas y en el desprendimiento de todo aquello que puede alimentar la soberbia.

La humildad es una virtud dificultosa de hallar y más dificultosa de conservar. Por eso el alma humilde debe guardarla en lo secreto, sin querer mostrarla ni buscar reconocimiento. Su alimento son aquellas cosas que el mundo desprecia: las injurias, los desprecios y los últimos lugares. Allí la humildad se conserva y crece.

Dios nos dé verdadero conocimiento de estas verdades para que busquemos la humildad por el camino que se debe y entendamos que, aunque es virtud dificultosa de hallar y más dificultosa de conservar, los premios que trae consigo son grandes. A los humildes Dios ya no quiere tenerlos en la tierra, porque toda la tierra no basta para premiar al verdadero humilde. Solo Dios puede llenar los grandes y profundos vacíos que se hallan en un corazón humilde.

 

JACULATORIA: Señor, tú eres mi lámpara; Dios mío, tú alumbras mis tinieblas

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.