martes, 14 de julio de 2026

De Cristo nuestro Señor, significado en el racimo de uvas.

 


Miércoles de la VII semana después de Pentecostés.

De Cristo nuestro Señor, significado en el racimo de uvas.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la VII semana después de Pentecostés.

De Cristo nuestro Señor, significado en el racimo de uvas.

 

PUNTO PRIMERO. Medita san Juan Crisóstomo sobre este Evangelio, que Cristo es el racimo de uvas de quien hace aquí mención, el cual estuvo pendiente, en el árbol de la cruz, según aquello de los cantares: Racimo de uvas es mi amado para mí en las viñas de Engadí. Contempla lo que este celestial racimo padeció por ti, cómo fue cortado, llevado, pisado y exprimido con la viga de la cruz; y mira que no se coge de las espinas del mundo este racimo celestial, ni merece su dulzura quien no sabe padecer por su amor: contempla lo que padeció por ti y lo que tú debes padecer por él, y avergüénzate de ver que él tomó las espinas y la cruz, y tú los regalos y dulzuras, y el lecho regalado y los entretenimientos sensuales; y pídele perdón y la gracia para padecer por su amor.

 

PUNTO II. Considera con el mismo san Crisóstomo, que exprimió el vino de su sangre en el cáliz del altar, y te dio su santísimo cuerpo en la hostia, en que se ofreció por ti, y pondera lo que dice hoy: que no se cogen uvas de espinas, sino de buena  y fértil vid. Mira si tu alma es vid fructuosa o zarza espinosa, y conforme a esto, si mereces recibir a este Señor; dale gracias por el manjar y la bebida que te confeccionó de su cuerpo y de su sangre, y por este vino celestial que da para conforte y alegría de tu corazón, y pídele el riego de su gracia y la cultura de su mano para ser fructuosa vid de santas obras, y no zarza espinosa de pecados.

 

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que cada árbol da el fruto conforme es, y el bueno, bueno, y el malo, malo, y no se cogen de espinas uvas, ni de zarzas higos, porque cada uno cogerá lo que sembrare: ¡oh qué presto llegará el tiempo de la cosecha, y de coger en el agosto de la muerte los frutos de lo que se ha sembrado en el invierno de esta vida! Considera lo que has sembrado, y conforme a eso , si sembraste espinas cogerás espinas que atormenten para siempre, y si buenas obras, premios dulcísimos de gloria; atiende ahora que Dios te da tiempo lo que quisieras haber hecho entonces, porque no se cogen uvas de espinas, y saca de aquí sembrar santísimas obras de que puedas gozar después en el cielo.

 

PUNTO IV. Considera cómo Cristo nos comparó a la higuera a la cual echó su maldición, aunque no era tiempo de fruto porque no tenía fruto: por que como dice Orígenes, no hay tiempo en que los fieles no hayan de dar el fruto de buenas obras; todos los tiempos son de obrar y trabajar mientras se vive en este mundo ¡Oh alma mía! ¿cómo estás tan ociosa no sabiendo la hora en que vendrá el Señor a pedirte el fruto de tus obras, y el que espera en ti de su cultura y cuidados, y del riego de su sangre y el beneficio de sus santos Sacramentos? ¡Oh Señor! alentad mi corazón para que empiece a serviros con el fervor que debo, y corresponder con mis obras a vuestras mercedes, y dadme que nunca me descuide en vuestro santo servicio, más que siempre dé el fruto que vos deseáis de santas obras. 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

15 de julio. PIDE LA CONFESIÓN. MES A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


15 de julio

PIDE LA CONFESIÓN

 

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

A continuación se lee el relato tomado de la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

 

 

15 de julio

PIDE LA CONFESIÓN

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

 

Cuenta el P. Juan Bonet que un señor era esclavo del oro y de la usura y llevaba una vida desastrosa.

Cierto día, su esposa, mujer piadosa, advirtiendo tan cercana su muerte como viva y pertinaz su obstinación, le dijo con cariño:

-"¿No te he de deber siquiera el que, vistas el Santo Escapulario de la Virgen, en el que yo tengo tanta fe, a fin de que la Santísima Virgen te conceda la salud?"

A lo cual le respondió malhumorado el infeliz:

-"Todo cuanto no sea el confesarme ya sabes que te lo concedo".

Su mujer, que era devotísima de la Santísima Virgen, y que llevaba con sumo fervor su Santo Escapulario desde muy niña, viendo un rayo de luz y de esperanza en tal condescendencia, envió sin tardanza a buscar a un Padre Carmelita para que viniese a imponérselo y explicarle los privilegios vinculados a él por la Santísima Virgen.

Al punto que lo recibió y sintió sobre su pecho su amorosa caricia, lo besó con suma ternura y respeto y al punto comenzó a decir, entre humilde, confuso y contrito:

-"Confesión, Padre mío, deseo que me absolváis".

Hizo una ferviente confesión; recibió con grandes muestras de piedad los últimos Sacramentos, y el tiempo que le restó de vida lo empleó en fervorosos actos de amor a Dios y en ordenar cuanto se debía restituir de todo lo mal habido o adquirido durante su vida de comerciante, dando ejemplo, como Zaqueo, de generosidad y de grandeza de alma.

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!