lunes, 9 de febrero de 2026

El fruto de la semilla.


 

Martes de Sexagésima.

El fruto de la semilla.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACIOΝ

Martes de Sexagésima.

El fruto de la semilla.

PUNTO PRIMERO. Considera aquellas palabras del Salvador en este Evangelio, que dice que el demonio viene y arrebata la semilla de la divina palabra de los corazones, porque no le den crédito ni sean salvos; en que declara la importancia de oír la divina palabra y abrigarla en el corazón que no es menor que la salvación y la diligencia que pone el enemigo en que no la oigamos, te debe hacer más diligente en oírla y conservarla. Pondera cuánto te importa dar gratos oídos a Dios y no dejarla por negligencia ni por humana persuasión, y no dejar alguno de los sermones, pues no sabes en cuál de ellos te tiene Dios librada tu salvación.

PUNTO II. Considera cómo Cristo no declaró esta parábola a los del pueblo, y la declaró a sus discípulos; porque como dice Teophilato, no da el pasto de su doctrina a los que no la logran, y así los deja secos y hambrientos como a indignos de ella, la cual declara a los que la logran y reciben como deben. Mira cuántos sermones has oído, y cuán poco has logrado en tu corazón; teme no te cierre Dios las puertas para que oyendo no entiendas, y pierdas como indigno los frutos de su divina palabra, y pídele al Señor que te dé luz y entendimiento para entenderla, como se la dio a sus santos discípulos.

PUNTO III. Considera el fruto tan copioso que dio la que se logró, pues en ella recuperó el buen labrador todo lo que perdió en las demás. Piensa despacio los frutos de merecimientos que puedes ganar en esta vida para la otra, poniendo en ejecución los consejos que Dios te da por medio de sus predicadores y de los padres espirituales que te rigen, y cuánto gozo tendrás en el tiempo de la cosecha, cuando cojas los frutos de tus trabajos, como le tienen los labradores cuando cogen sus mieses y encierran su trigo; y el dolor por no haberle logrado, si ha sido por descuido o negligencia. Considera el que tendrás tú por no haber logrado las ocasiones que te da Dios de enriquecerte con la semilla de su divina palabra, y que el tiempo y la ocasión que dejas no volverá; que ahora puedes merecer, y después no podrás acabar la carrera de esta peregrinación; y por tanto ahora que puedes merecer y ganar tan colmados frutos, date prisa y pide a Dios gracia para lograrlos como debes.

PUNTO IV. Considera cómo la semilla que se logró un día dio a treinta, otra a sesenta, y otra a ciento por uno; de suerte que hubo tres tierras, que por su malicia la perdieron, hubo otras tres que por su bondad la lograron, y en estas recompensó el labrador lo que perdió en las primeras; las cuales si no la perdieran habían de dar este fruto. Adonde has de ponderar que la que cayó en el camino perdió dar a treinta por uno, y la que entre piedras perdió dar a sesenta, y la que entre espinas a ciento, y no solo perdió el fruto, sino que crio leña con que fuese abrasada y quemada ¡Oh alma mía! si no logras la palabra de Dios aprovechándote de ella como debes, perderás el fruto, y se trocará en espinas que sirvan de leña al fuego de tu tormento; mira que al paso que te deleitas en este mundo y te entregas a las riquezas, honras y dignidades que adoras, a ese mismo es mayor tu pérdida y el tormento que dispones para padecer después; trabaja ahora en labrar y limpiar la tierra de tu corazón para que logres las inspiraciones y las palabras del Señor, y ganes ricos merecimientos a ciento por uno que goces eternamente en el cielo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

10 de febrero SANTA ESCOLÁSTICA VIRGEN #santoral #santos

Santa Escolástica, virgen. — 10 de febrero.

(+ 543)

 

Santa Escolástica fue hermana gemela del glorioso patriarca de los monjes de occidente, san Benito; y nació en una de las casas más nobles de Italia, en la provincia del ducado de Espoleto, en Umbría. Era estimada como una de las damas más hermosas y ricas de su tiempo, mas al saber que su santo hermano había fundado el monasterio de Monte Casino, determinó de imitarle en aquella vida tan religiosa y perfecta, y no lejos de aquel monasterio fundó otro para sí y para las doncellas que a su ejemplo dieron de mano a las cosas del mundo. Solo una vez al año salía santa Escolástica de su encerramiento para visitar a su hermano san Benito, y el varón de Dios la recibía con sus discípulos en una posesión vecina del monasterio. La última vez que le visitó rogó a su hermano que quisiese conversar con ella toda la noche de las cosas del cielo.

Nególe el hermano lo que pedía; y entonces bajando ella la cabeza y apoyándola sobre las manos, recogió su alma e hizo una breve oración con muchas lágrimas. Estaba el cielo sereno y estrellado, y lo mismo fue comenzar su oración, que turbarse repentinamente el aire, y venir una tan brava tempestad de relámpagos, truenos y copiosa lluvia, que ya no fue posible a su hermano y a los monjes que le acompañaban la vuelta de aquel lugar al vecino monasterio. Quejóse san Benito amorosamente con su hermana, diciendo: El Señor te perdone, hermana, lo que has hecho. Y ella replicó con santa gracia: Te pedí a ti que me hicieses el placer de quedarte, y no quisiste; lo he pedido al Señor, y mira cómo me ha oído; vete, pues, ahora, si puedes. Así pasaron toda la noche en santas y sabrosas pláticas y en amaneciendo, volvieron los hermanos a sus monasterios. Tres días después pasó de esta vida santa Escolástica, cuya alma purísima vio su hermano san Benito volar al cie lo en figura de una cándida paloma, y ordenó que enterrasen el santo cuerpo en la sepultura que para sí tenía preparada. Con lo cual no separó el sepulcro aquellos cuerpos cuyas almas tan unidas habían estado toda la vida.

 

Reflexión: El monasterio que labró santa Escolástica no lejos del de su hermano san Benito fue el origen de aquella Orden de religiosas que llegó a contar en el occidente hasta catorce mil monasterios, en los cuales tantas nobles doncellas y princesas ilustres se abrazaron con la cruz de Jesucristo. ¡Cuántas se hubieran perdido entre los lazos y seducciones del mundo, y ahora gozan con santa Escolástica de la felicidad del cielo! Porque la casa religiosa es puerto de salud, y antecámara del paraíso. A ella son llamadas por singular beneficio del Señor las almas escogidas, para que desnudándose de las riquezas, deleites y vanas libertades, se vean libres de las espinas de las culpas y congojas, que punzan a los mundanos, y ahogan la semilla de las divinas inspiraciones. En ella encuentran el verdadero tesoro de todas las virtudes, las cuales florecen en la Religión, como en jardín donde tiene sus delicias el divino Esposo de las almas. En ella gozan de la paz de Dios que sobrepuja todo sentido, y reciben prendas seguras de eterna vida y de grande y eterna gloria.

 

Oración: Oh Dios, que para mostrarnos el camino de la inocencia, hiciste volar al cielo en forma de paloma el alma de tu virgen Escolástica, concédenos por sus méritos y súplicas la gracia de llevar una vida inocente para merecer los eternos goces del paraíso. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 8 de febrero de 2026

La semilla de la palabra de Dios.


 

Lunes de Sexagésima.

La semilla de la palabra de Dios.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de Sexagésima.

La semilla de la palabra de Dios.

PUNTO PRIMERO. Este día considera las causas que hubo para que se perdiesen las tres partes de la semilla, y las que hubo para que se lograse la cuarta y diese tan copioso fruto, que restaurase la pérdida de las tres que se perdieron. La primera parte se perdió, porque cayó en el camino y la pisaron los que pasaron por él, porque se pierde la palabra de Dios en aquellos que andan en la frecuencia del pueblo y son como camino común, todos los cuales, como dice san Cirilo, pierden el jugo de la devoción y quedan secos y áridos en el espíritu; de manera que no da fruto en ellos la palabra de Dios. Mira cuanto te importa el recogimiento, y apártate de los concursos y frecuencia de los hombres, en los cuales pierdes el fruto espiritual de tu alma, la devoción interior y la paz del espíritu, y procura en adelante retirarte y esconderte, no te impidan un bien tan grande como es el logro de las inspiraciones divinas, y los avisos y consejos de su santa palabra.

PUNTO II. Considera que la segunda parte de la semilla se perdió porque cayó entre piedras y no tuvo jugo para crecer y dar fruto; porque como dice Beda, se pierde la palabra de Dios que cae en corazones de piedra, duros y rebeldes a su voz; y si alguna vez se mueven con ella a hacer algo en servicio de Dios, a cualquiera dificultad o contradicción se rinden y vuelven atrás en el bien comenzado. Entra en cuenta contigo, y mira cuánta de la semilla divina se ha malogrado en ti, por haber cobardeado a las contradicciones que se te han ofrecido; persuádete que siempre has de tener por enemigo al demonio, si tienes por amigo a Dios; y que a donde quiera que fueres te ha de hacer guerra, y que te importa la vida pelear como varón y lograr su santa palabra; y que para esto es necesario que eches raíces hondas en tu corazón, porque no la arranque cualquiera viento de tentación, y que no las podrá echar, si tu corazón es de piedra y duro a su voz. Medita despacio esta verdad, y mira qué medio has de tomar para perder la dureza, y ser blando, dócil y obediente a su palabra; pídele a nuestro Señor que te quite el corazón de piedra, y te dé uno de carne, como lo prometió a los suyos, para amarle y servirle, y ser blando y obediente a sus voces.

PUNTO III. Considera que la tercera parte de la semilla se perdió porque cayó entre espinas, que como explica el Salvador, significan los cuidados seculares, las riquezas y los deleites del mundo, los cuales ahogan la semilla de la palabra de Dios. Carga el peso de la consideración sobre esta sentencia de Cristo, y contempla cómo son espinas para el espíritu los deleites del siglo, las honras y dignidades, que tanto apetecen los hombres, y tienen tanto gozo después de haberlas alcanzado. Llora el engaño en que viven y en el que tú te hayas, estimándolas y procurándolas tan ciegamente; pues como dice san Gregorio, punzan y lastiman el alma como espinas, al paso que regalan el cuerpo; mira cuánto más te importa tu alma que tu cuerpo, y el bien espiritual que el temporal; y toma muy a pechos arrancar de tu corazón todas estas espinas, que no han dejado crecer en ti la palabra de Dios, y pídele su gracia y favor para ello de lo íntimo de tu corazón.

PUNTO IV. Considera cómo se logró la cuarta parte de la semilla, por haber caído en buena tierra, blanda, limpia y retirada de los caminos y de la frecuencia de los hombres, que como dice el Salvador, significa los que reciben su palabra en un corazón bueno y óptimo, y llevan el fruto en paciencia, esperando en la misericordia de Dios. Mira cuál es tu corazón, y si tiene las calidades que debe para lograr esta divina semilla, y qué fruto da y ha dado, y pídele a Dios que te dé su gracia para corregirte en adelante y lograr con grande acrecentamiento su divina palabra.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.