lunes, 10 de agosto de 2026

DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL MILAGRO DE LA CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUDO.

 


Lunes de la XI semana después de Pentecostés

DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL MILAGRO DE LA CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUDO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XI semana después de Pentecostés

DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL MILAGRO DE LA CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUDO.

 

PUNTO PRIMERO. Cuatro circunstancias principales intervinieron en la cura de este enfermo, que han de ser los cuatro puntos de esta meditación.

La primera, ponderó san Juan Crisóstomo, fue apartarle de la turba y retirarse con él a solas; en que nos enseña que, para conseguir la salud del alma, es necesario retirarnos de la turba y negocios exteriores que turban la quietud, y haberlas a solas con Dios; porque en el retiro hallarás lo que pierdes fuera de él.

Saca de aquí deseos de retirarte y apartarte de todo lo que te aparta de Dios, y tratar a solas con su Divina Majestad el negocio de tu salvación y la salud de tu alma.

 

PUNTO II. Considera la segunda diligencia que hizo Cristo, la cual fue meter los dedos por sus oídos y paladearle con su saliva, tocando con ella su lengua.

Los dedos de Dios significan, como dice Beda, los dones del Espíritu Santo; los oídos para oírle y la lengua para bendecirle, y todos efectos de su divina sabiduría; en cuya virtud, como dijo el mismo Cristo, obraba los milagros y todas las maravillas que hacía.

Saca de aquí grande estima de las obras del Redentor, y pídele que te comunique los dones de su divino Espíritu para conocerle, amarle, servirle, oírle y alabarle perpetuamente.

 

PUNTO III. La tercera circunstancia fue levantar los ojos al cielo y gemir con vivo sentimiento. Oró y lloró, acompañando con gemidos su oración; no porque necesitase de ellos para ser oído de su Eterno Padre, sino para darnos ejemplo y enseñarnos a orar con lágrimas y gemidos nacidos de lo interior de nuestras almas y del fuego de nuestros corazones, para que suban nuestras oraciones a Dios.

Mete la mano en tu pecho y mira cuáles son las tuyas, cuán frías y secas y mezcladas de imperfecciones; y saca de aquí deseos de enmendarte y de orar con fervor, atención y reverencia para alcanzar las mercedes del Señor.

 

PUNTO IV. Considera la cuarta circunstancia que intervino en este milagro, que fue mandar el Señor al sordo que oyese, y al mudo que hablase; y luego oyó y habló.

Bastaba el contacto de sus dedos para abrir sus oídos y el de su saliva para desatar su lengua; pero usó también de su palabra para enseñarnos la virtud de ella, y que se han de sanar los enfermos con manos y lengua, con obras y palabras.

Aprende esta lección de tu celestial Maestro, y usa más de las obras que de las palabras para sanar a tus hermanos las dolencias de sus almas, dándoles santísimos ejemplos y moviéndoles con tus obras a servir a Dios, a glorificarle y alabarle, como lo dice el Redentor.

¡Oh Maestro del cielo!, dadme vuestra gracia para que yo ejecute vuestros consejos, siga vuestras pisadas y procure la salud de mis prójimos, más con obras que con palabras, hasta conseguirla perfectamente, como Vos sanasteis a este enfermo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

EVANGELIO DEL DÍA: SI EL GRANO DE TRIGO NO MUERE, QUEDA INFECUNDO

10 de agosto
SAN LORENZO,  MÁRTIR
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Jn 12, 24-26

 TEXTOS DE LA MISA

COMENTARIOS AL EVANGELIO

DICHOSOS LO QUE ODIAN PARA CONSERVAR, POR TEMOR DE PERDER CON SU AMOR. San Agustín

10 de agosto. San Lorenzo, diácono, mártir

GLORIA DE SAN LORENZO. Dom Gueranger

10 de agosto. SAN LORENZO Y MEDITACIÓN SOBRE SU VIDA

10 DE AGOSTO SAN LORENZO DIÁCONO Y MÁRTIR

SAN LORENZO NOS ENSEÑA LA RENUNCIA. HOMILÍA

SAN LORENZO NOS HAGA VENCER EL FUEGO DE LAS PASIONES Y ABRASARNOS EN EL AMOR DE CRISTO. Homilía

SAN LORENZO Y LOS BIENES DE LA LIMOSNA. HOMILÍA

LAS PREPARACIONES. Homilía

domingo, 9 de agosto de 2026

Día 10. EL CORAZÓN DE MARÍA UNIDO AL DE SAN JOSÉ POR UN CASTO VÍNCULO EN EL MATRIMONIO. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


Día 10

EL CORAZÓN DE MARÍA UNIDO AL DE SAN JOSÉ POR UN CASTO VÍNCULO EN EL MATRIMONIO

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Día 10

EL CORAZÓN DE MARÍA UNIDO AL DE SAN JOSÉ POR UN CASTO VÍNCULO EN EL MATRIMONIO

 

María, predestinada a concebir y dar a luz al Verbo eterno, debía ser al mismo tiempo Virgen y Madre; y este misterio debía permanecer oculto al príncipe de las tinieblas, como enseñan san Ignacio Mártir y san Jerónimo. Por ello, esta Santísima Virgen debía tener, como las demás mujeres, un esposo.

Así, un hombre fue señalado a los sacerdotes como digno de una esposa tan excelsa mediante signos maravillosos que, según algunos Santos Padres, consistieron en una vara que floreció en su mano y una paloma que descendió del cielo y se posó sobre su cabeza.

Lo que la Santísima Virgen había guardado hasta entonces en lo más secreto de su corazón, es decir, su voto de perpetua virginidad, tuvo que ser manifestado a José en el momento de los desposorios.

José hizo también el mismo voto.

Así, aquellos dos corazones fueron los primeros en quedar unidos por un doble vínculo: el de una castidad inviolable y el de un matrimonio indisoluble.

¡Cuántas bendiciones derramó Dios sobre un matrimonio sin precedente, preparado por Él mismo!

La Esposa llegó a parecerse de manera admirable al Padre eterno. Como fue revelado a santa María Magdalena de Pazzi en uno de sus éxtasis: «El Padre eterno, que no cesa jamás de engendrar al Verbo, concedió a María el poder de engendrar en nuestra carne mortal a ese mismo Verbo que Él engendra eternamente.»

Así, María lo engendró verdaderamente según la naturaleza humana, porque Dios quiso manifestar de este modo a su criatura la inmensidad de su amor.

Por eso, así como el Padre eterno es al mismo tiempo Virgen (es decir, absolutamente puro) y Padre, María es también Virgen y Madre del mismo Hijo.

¡Y cuánto debía parecerse a María y al Padre eterno aquel a quien el mismo Padre eligió para representarlo en la tierra y ser el compañero inseparable y el fiel custodio de la Santísima Virgen!

San José recibió gracias abundantísimas. Entre ellas sobresale esta, verdaderamente admirable: «Una llama de amor paternal descendió a su corazón desde el mismo seno de Dios Padre.»

En estos dos corazones encontramos dos amores únicos, que ninguna otra criatura ha poseído jamás: el amor maternal del Corazón de María; y el amor paternal del corazón de san José. Ambos amores estaban totalmente dirigidos hacia la Persona del Hijo de Dios.

Que los esposos aprendan de un ejemplo tan sublime a santificar su unión y a hacerse dignos de las bendiciones del cielo.

Y quienes no están llamados al matrimonio, afiáncense cada vez más en el amor a la santa castidad.

El divino Retoño que floreció sobre el lirio de María fue fruto de esa virtud.

¿Y nosotros? ¿Qué estima hemos tenido por esta hermosa virtud?

¡Ay!, con demasiada frecuencia la hemos despreciado y la hemos perdido «por un puñado de cebada», es decir, por un placer brutal; «por un pedazo de pan», es decir, por una miserable ganancia.

¡Virgen Inmaculada!

¡Castísimo Esposo de María!

¡Venid en mi ayuda y socorredme!

 

ORACIÓN

¡Oh María! Te invoco y te venero como la más pura de todas las criaturas. Socórreme en todas las ocasiones en que pueda verme expuesto a las tentaciones de la carne y al peligro de sucumbir a ellas. No permitas que mi alma sea jamás manchada por el más leve pecado de impureza; y haz que, después de haber conservado con todo el cuidado posible la delicada flor de la castidad, pueda morir revestido de la vestidura nupcial, para ser admitido a las bodas del Cordero sin mancha. Amén.

 

FLOR. Repetir con frecuencia: «Virgen purísima, Virgen castísima, rogad por mí.»

 

FRUTO. Conservar escrupulosamente la pureza, evitar todo lo que pueda ponerla en peligro y vigilar cuidadosamente los propios sentidos.

 

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.