jueves, 14 de mayo de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: DESPUÉS DE HABLARLES, EL SEÑOR JESÚS FUE LLEVADO AL CIELO



LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Rito Romano 1962

Continuación del Santo Evangelio según San Marcos. 

Marcos l6, 14-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


 
 TEXTOS DE LA MISA - La Ascensión del Señor

Comentarios al Evangelio

miércoles, 13 de mayo de 2026

De la Ascensión de Cristo nuestro Señor a los cielos.


 

Solemnidad de la Ascensión.

De la Ascensión de Cristo nuestro Señor a los cielos.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Solemnidad de la Ascensión.

De la Ascensión de Cristo nuestro Señor a los cielos.

 

PUNTO PRIMERO. Considera las vivas ansias que tuvo siempre Cristo de subir a su Padre, como la piedra a su centro, y cómo se detuvo en el mundo por glorificarle en él, y convertir a los hombres y traerlos a su servicio; y últimamente creciendo los deseos con la dilación, se llegó el tiempo cuando los tenía mayores, y subió al cielo a gozar de la gloria que tenía merecida; de quien has de aprender a dilatar tus comodidades y dejar a tiempo tus consuelos, aunque sean espirituales, si con viene para el servicio de Dios y bien de los prójimos, y a esperar en la bondad del Altísimo, que pues te dio los deseos, te los cumplirá cuando fuere servido y convenga para tu bien, como cumplió los de Cristo; anímate con su ejemplo a amar a Dios y a desear su gloria; pon toda tu mente en lo eterno, confiando en su divina piedad que muy presto cumplirá tus deseos.

 

PUNTO II. Considera cómo apareció a los apóstoles y a todos sus discípulos, y los mandó ir al monte de las Olivas, que como dice san Buenaventura, distaba una milla de Jerusalén, y allí les volvió a aparecer, y se despidió de ellos con palabras ternísimas, empezando por su Santísima Madre, dándole tiernos abrazos, y luego a los demás discípulos, y a las santas mujeres que le habían acompañado y servido en el discurso de su vida, todos los cuales, como dice el Seráfico Doctor, se postraron a sus pies, y besaron sus llagas con sumo respeto y devoción, derramando muchas lágrimas de pura devoción; y estando así postrados, dice el evangelista san Lucas, que levantó las manos y les echó su bendición, como la suelen dar los padres a los hijos antes de partirse de este mundo. Hazte presente a este espectáculo, y entra con la consideración en el corazón del Salvador, y contempla cómo batallaban en él el amor de su Padre con el de sus discípulos: este le detenía en la tierra y aquel le movía al cielo; y últimamente dio un corte, y fue quedarse y partirse: quedarse con ellos sacramentado y partirse a su Padre, para prevenirles el cielo, conforme a lo cual dice san Gregorio, que en aquella hora comió con ellos y los comulgó como en la cena, para declararles que se quedaba en su compañía. Atiende otro sí al amor que los discípulos mostraron a su Maestro, y a la ternura y sentimiento de sus corazones, las ansias de acompañarle, y cómo Cristo los consolaba, prometiéndoles el Espíritu Santo dentro de breves días. Levanta el corazón al Señor y pídele que no te deje huérfano, sino que te eche su bendición como a discípulo suyo; gime, clama, ora, pide y suplica a tu Padre que te consuele en la partida como a hijo.

 

PUNTO III. Considera cómo luego se oyeron en aquel monte coros de ángeles, cantando dulcísimamente, y se sintió una fragancia celestial, y Cristo con toda aquella santa compañía de los santos padres subió triunfando poco apoco, más resplandeciente que el sol, clarificando los cielos y la tierra, a vista de la Beatísima Virgen y de toda la Iglesia, cuyos corazones se bañarían de gozo, viendo a su Redentor gloriosísimo subir con tal triunfo al cielo, abrasados de ansias y deseos de acompañarle en aquel camino; sus loores se juntarían con los canticos de los ángeles, y sus júbilos con los de los santos gloriosos que le acompañaban, y en medio del gozo se animarían con su vista a trabajar en el servicio de Dios y aumento de su Iglesia, viendo el premio que tiene preparado a los que le sirven fielmente: ven, alma mía, a este monte, hállate presente a este triunfo, y gózate de la gloria de tu Salvador con sus discípulos y dale mil loores con ellos; junta tus voces con las suyas y tus plegarias con sus peticiones: contempla el galardón que da Dios a los que dignamente le sirven, y anímate a servirle para que merezcas acompañarle en este triunfo.

 

PUNTO IV. Considera cómo encubrió una nube al Redentor cuando subió al cielo, quitándole de los ojos de sus discípulos, y cómo vinieron dos ángeles vestidos de blanco, y les dijeron cómo aquel Señor que subía al cielo volvería con la misma majestad a juzgar al mundo; en que tienes mucho que aprender. Lo primero, cómo Dios no gusta que nos demos a su contemplación sin medida, sino con la que pide la prudencia y el buen orden del espíritu; lo segundo, cómo gusta el Señor de que no olvidemos sus juicios y el rigor de su justicia en las mayores fiestas y regocijos, sino que siempre le tengamos presente, para que la misericordia y el premio nos causen amor, y la justicia y el castigo temor que nos refrene en los vicios: y no dicen cuando vendrá, porque no hay día seguro, ni quiere que le tengamos; coteja su vida con su venida, y mira lo que te importa para tu bien y salvación hacer ahora, para cuando venga después a juzgarte como juez y recto justiciero.

 

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.


DIA 14. CONSAGRADO A HONRAR LA VIDA OCULTA DE MARÍA EN NAZARET

 


DIA 14

CONSAGRADO A HONRAR

LA VIDA OCULTA DE MARÍA EN NAZARET

 

MES DE MAYO

DE

MARÍA INMACULADA

POR EL PRESBÍTERO

Don Rodolfo Vergara Antúnez

 

Por la señal de la santa cruz…

 

DIA 14

CONSAGRADO A HONRAR

LA VIDA OCULTA DE MARÍA EN NAZARET

 

Consideración

Desde su vuelta del destierro, la santa familia volvió a habitar la solitaria estancia de Nazaret en el más completo apartamiento del mundo, oculta y desconocida de los hombres. Esta época fue, sin embargo, la más venturosa de la vida de María, porque no es la más feliz la vida que «pasa con estruendo como un arroyo de invierno, sino cuando se asemeja a una corriente de agua que se desliza en plateados hilos por entre la hierba de las praderas». Pobre y humilde era su condición, continuo su trabajo y escaso su alimento; pero en cambio poseía el tesoro más preciado de la tierra, vivía al lado de su Hijo, se embebecía en su contemplación, escuchaba atenta sus palabras, recogía sus sonrisas, velaba su sueño, y eso la hacía más feliz que los príncipes y reyes en medio de los esplendores de la grandeza. Enteramente dedicada a su servicio, todo lo dejaba y todo lo olvidaba por Él, y hasta las privaciones y contratiempos le parecían placenteros, porque Jesús todo lo endulzaba con su ternura de hijo. La oración y el trabajo compartían sus días y sus noches, y sólo eran interrumpidos para recibir las lecciones de santidad y perfección que recibía de los labios de su Hijo y de su Dios. María fue la primera y más aprovechada discípula del Maestro divino. En la escuela de Nazaret se ejercitó en la práctica de las más heroicas virtudes y penetró hondamente en el conocimiento de los grandes misterios de la bondad y de la sabiduría divinas. Jamás hubo en el mundo criatura más honrada. Pobre y humilde en la apariencia, tenía, sin embargo, bajo su dominio al Criador del Cielo y de la tierra, el cual, como hijo fiel y sumiso, la obedecía con amor y con respeto. Al considerar este espectáculo, no se sabe qué admirar más, si la humildad del hijo o la grandeza y dignidad de la madre. Si ser esclavo de Dios es un honor incomparable, ¿cuánto más debería serlo el de tenerlo por súbdito y ser obedecido por Él? Así transcurrieron los años silenciosos, pero fecundos en lecciones y enseñanzas de la vida oculta de María. Treinta años de felicidad y de sosiego ocupados en el servicio de Dios y en la práctica de las más heroicas virtudes.

Grandes son las ventajas de la vida oculta y apartada del mundo. Nada hay que turbe tanto el espíritu como el tumulto atronador de los pasatiempos y diversiones del mundo. La paz huye lejos del alma que vive en medio del ir y venir de los negocios humanos y de los intereses materiales. No hay descanso ni reposo en la Babilonia donde se agitan los mundanos en busca de una felicidad, que no es más que una sombra fugitiva. La paz y el reposo sólo moran en la Jerusalén silenciosa, cuyos moradores hallan la felicidad dentro de sí mismos, en el testimonio de una conciencia pura y del deber cumplido. Sin esta condición, la felicidad es una palabra vana. Dios no hace oír su voz sino en el recogimiento y el silencio del alma que se aparta del bullicio del mundo. Sólo esas almas silenciosas y recogidas tendrán la dicha de recibir sus inspiraciones y gustar de sus consolaciones. Los ricos perfumes sólo se conservan en vasos bien cerrados; del mismo modo la gracia divina sólo fructifica en almas cerradas para las disipaciones mundanales. Es imposible servir fielmente a Dios y hacer el negocio de la propia santificación, cuando se ocupa la mayor parte del tiempo en satisfacer las multiplicadas exigencias del mundo. Es imposible no olvidar a Dios y cumplir los deberes del propio estado, cualquiera que sea, cuando se está pendiente de las caprichosas exigencias de la vanidad, que no conoce límites en sus aspiraciones. El mundo es un tirano cruel cuyos antojos son leyes imprescriptibles y cuyas veleidades no dejan tiempo para ocupaciones más serias. Quien quiera servirlo, necesita consagrarle la vida entera, descuidando por necesidad el cumplimiento de los deberes que tiene para con Dios, el prójimo y su propia santificación. De todos esos peligros se aleja el que, como María, vive sin estrépito ni disipaciones en el apartamiento del mundo.

 


Ejemplo
María, Estrella del mar

Por los años de 1541 el Obispo de Panamá se embarcó, en viaje para España, reclamado por asuntos de su ministerio, en una flota que llevaba el mismo rumbo. Un cielo sin nubes, brisas bonancibles y un mar sereno presagiaban un viaje felicísimo en los primeros días. Pero estos signos de bonanza no duraron mucho tiempo: señales evidentes de tormenta aparecieron en el cielo y no tardó en desencadenarse una terrible tempestad que puso en inminente riesgo a los antes alegres navegantes. Espantados pasajeros y tripulantes por lo recio del temporal, llegaron a perder toda esperanza humana de salvación. Conociendo el venerable Prelado la gravedad de la situación, se revistió de sus ornamentos pontificales y se subió sobre cubierta para exhortar a todos los que allí estaban para que implorasen la protección de la Estrella de los mares y se arrepintiesen de sus culpas. Todos entonaron de rodillas las Letanías Lauretanas con el fervor que inspira la inminencia del peligro: y confundíanse los ecos de la flébil plegaria y los sollozos de los afligidos navegantes con los bramidos de las agitadas olas que se precipitaban sobre los navíos como fieras enfurecidas.

Terminada la invocación, divisaron con espanto una ola gigantesca que crecía a medida que se aproximaba; y al verla llegar, un solo grito de ¡María! ¡Sálvanos que perecemos!… se arrancó de todos los labios. Y, ¡oh prodigio!, aquel monte de agua que amenazaba concluir con el navío, convirtióse repentinamente en mansa ola, que vomitó de entre su nevada espuma, un bulto como de una caja de madera que iba golpeando el costado derecho del bastimento. Bien pronto aparecieron en el cielo señales de bonanza, disipáronse las nubes y el sol brilló en el cielo límpido y sobre un mar sereno

Atraídos por la curiosidad, recogieron los marineros el bulto que flotaba al lado del navío; ¡y cuál no fue su sorpresa al ver que aquella caja contenía una preciosa imagen de María con su Hijo Santísimo en los brazos!… Aquellos felices navegantes no hallaban expresiones de gratitud que correspondiesen a sus sentimientos, considerando que la Santísima Virgen, no solamente los había salvado de una muerte segura, sino que además les daba un nuevo signo de su amor, enviándoles de una manera tan prodigiosa una imagen suya, haciendo mensajeras de este don a las mismas olas que momentos antes los amenazaban con el naufragio y la muerte.

Esta imagen fue trasladada con gran veneración a Valladolid por el afortunado Obispo, donde se le venera bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario en Medina de Rioseco.

María jamás desoye las súplicas de los hijos que la invocan en el peligro.

 

Jaculatoria

Gloriosa Reina del cielo
Sé en la aflicción mi consuelo.

 

Oración

¡Oh María! Vos que durante treinta años no os separasteis ni un solo momento de Jesús vuestro Hijo, viviendo íntimamente unida a Él y enteramente consagrada a su servicio en el albergue apartado de Nazaret, otorgadme la gracia de comprender las dulzuras divinas de la unión con Dios. Que Jesús viva conmigo bajo los velos de la fe, como vivió con Vos bajo las sombras de la vida oculta y retirada del mundo; que viva en mí por la unión amorosa de mi corazón con el suyo, como vivió en Vos no formando sino un solo corazón y una sola alma; que yo no sepa en adelante amar, ni desear, ni gustar nada fuera de Dios; que Él sea siempre mi vida, mi fuerza, el corazón de mi corazón y el alma de mi alma, de modo que pueda exclamar con el apóstol: «Yo vivo, pero no soy yo quien vivo; es Cristo el que vive en mí». Haced, Señora mía, que muera en mí el amor desordenado a las criaturas y que, desocupado de todo afecto a los honores, riquezas y pasatiempos del mundo, pueda consagrar a Dios, el dueño legítimo de mi alma, todos los instantes de mi vida en el apartamiento de la vida oculta, sin que desee ni aspire a otra cosa que a servirlo, agradarlo, y gozarlo en esta vida para embriagarme después en el cielo en las inefables delicias de la eterna bienaventuranza. Amén.

3 avemarías

 

Prácticas espirituales

1. Recitar el oficio parvo de la Virgen uniéndose a las alabanzas con que los ángeles la glorifican en el cielo.

2. Saludar a María con el Ángelus por la mañana, a mediodía y por la tarde.

3. Abstenerse, por amor a María, de toda palabra de murmuración o de crítica.