martes, 24 de marzo de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: A mí el mundo me aborrece porque demuestro que sus obras son malas.

 
MARTES DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Rito Romano 1962

A mí el mundo me aborrece porque demuestro que sus obras son malas.

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Juan

Jn 7, 1-13

En aquel tiempo: Recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Le decían sus hermanos: «Sal de aquí y marcha a Judea para que también tus discípulos vean las obras que haces, pues nadie obra nada en secreto, sino que busca estar a la luz pública. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo». Y es que tampoco sus hermanos creían en él. Jesús les dice: «Mi tiempo no ha llegado todavía, el vuestro está siempre dispuesto. El mundo no puede odiaros a vosotros, a mí sí me odia porque doy testimonio contra él de que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo no se ha cumplido todavía». Después de decir estas cosas, permaneció en Galilea. Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Los judíos lo buscaban en la fiesta y decían: «¿Dónde está?», y había muchos comentarios acerca de él entre las turbas. Unos decían: «Es bueno»; otros decían: «No, sino que engaña a la gente». Pero nadie hablaba de él en público por miedo a los judíos.




COMENTARIOS:

Benedicto XVI  LA HORA DE JESÚS

SEPULTURA DE CRISTO. Santo Tomás de Aquino 

“NO PUEDE EL MUNDO ABORRECEROS A VOSOTROS, MAS A MÍ ME ABORRECE PORQUE YO DOY TESTIMONIO DE ÉL QUE SUS OBRAS SON MALAS.” Catena Aurea de Santo Tomás de Aquino 

LA HUMILDAD DEL HOMBRE DIOS. Dom Gueranger 

MARTES DE LA SEMANA DE PASIÓN. Dom Prospero Gueranger

DE LA INMENSIDAD Y PRESENCIA DE DIOS. VIERNES DE LA TERCERA SEMANA DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.

ENSEÑA CRISTO PÚBLICAMENTE EN EL TEMPLO. VIERNES DE LA DECIMONOVENA SEMANA DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.

LA HORA DE JESÚS. Homilía

JESÚS PACIENTE. Homilía

EL MUNDO ODIA A CRISTO. Homilía

EL PROFETA DANIEL, FIGURA DE LA IGLESIA. Homilía

lunes, 23 de marzo de 2026

Cristo es aborrecido por los judíos

 


Martes de la I semana de Pasión

Cristo es aborrecido por los judíos

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la I semana de Pasión

Cristo es aborrecido por los judíos

Jn 7, 1-13

Se nos propone en el Evangelio, que Cristo rehusaba subir a Jerusalén a la fiesta de la Pascua, porque los judíos trataban de matarle; pero no obstante esto subió algo encubierto, y andaban varias opiniones de su vida, diciendo unos que era bueno y otros que no, y que engañaba al pueblo.

PUNTO PRIMERO. Considera al estado que trajo la maldad de los hombres a Cristo, obligándole a andar desterrado de Jerusalén, y a privarse de la asistencia en el templo de Dios, y de autorizar sus sacrificios, como lo tenía de costumbre, con gran detrimento de los fieles y de los que habían de creer en él. Duélete mucho de ver a tu santo Maestro andar desterrado, y como dicen, a  sombra de tejados, por varias tierras, sin poder estar con seguridad en la suya; y considera cuántas veces le has desterrado de tu alma por tus pecados, y si al presente anda fuera de ella, y no le deja hacer morada y compañía contigo tu tibieza, y duélete mucho de ella y búscale con la santa Esposa; llámale y pídele que venga a tu pobre posada, y que no se destierre de ella, pues dice que todo su contento es estar con los hijos de los hombres.

PUNTO II. Considera cómo aunque Cristo se detuvo en subir al templo por la maldad de los judíos, y anduvo como retirado y escondido, después subió y se halló en la festividad de la Pascua, de lo cual debes cobrar una gran confianza en su bondad, de que vendrá a tu alma, aunque alguna vez se retire por justas causas, o por castigar tu tibieza, o por humillar tu altivez, o por despertar tu voluntad a amarle, buscarle y servirle con mayor fervor.

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que el mundo le aborrece, porque da testimonio de sus malas obras y, por el consiguiente, ama a aquellos que no dicen la verdad, sino que le lisonjean dejándose llevar de su doctrina, aplaudiendo sus obras: ¡oh desdichados de los tales, qué infeliz suceso les espera! Atiende cuánto te importa no hacerte de parte del mundo, sino seguir el partido de Cristo; que es la virtud; y vuelve los ojos a ti, y considera si te aborrece el mundo como a Cristo; y si te persigue como a él, o te aplaude y alaba; teme sus aplausos, que son indicio de que eres de su parte, y ama su aborrecimiento, que es ejecutoria de que sigues el partido del Señor, que es el camino de la vida.

PUNTO IV. Atiende a las opiniones varias que dice san Juan, andaban en el pueblo de Cristo: unos decían que era bueno y santo, otros que era malo y pecador y que engañaba al pueblo; y aprende a no hacer caso de los juicios de los hombres pues son tan errados, y consuélate con el ejemplo del Salvador si algunos sintieren mal de ti y tuvieren torcidas opiniones de tu vida; calla, sufre y disimula hasta su tiempo, ofreciéndolo al Señor como lo hizo Cristo, que él te ayudará, consolará y volverá por ti cuando convenga y fuere servido: ponte en sus manos y déjale tu casa que de ellas saldrá mejorada.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

DE CÓMO CRISTO FUÉ POSPUESTO A BARRABÁS.

 


Martes de Pasión.

DE CÓMO CRISTO FUÉ POSPUESTO A BARRABÁS. (Luc. 23).

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Martes de Pasión.

DE CÓMO CRISTO FUÉ POSPUESTO A BARRABÁS. (Luc. 23).

 

PUNTO PRIMERO. Ven alma mía al pretorio de Pilatos y a la plaza de Jerusalén, y mira con atención lo que allí pasa: tiende los ojos sobre toda aquella multitud de pueblo que se ha juntado a la voz de que tratan los sacerdotes de crucificar a Cristo: y como había ya andado algunas estaciones, era entrado el día y se había juntado numerosísimo pueblo a ver en qué paraba la causa del Salvador; y según san Buenaventura, asistió también la Beatísima Virgen con su santa compañía, aunque retirada de la turba, con el dolor y sentimiento que se puede entender, a quien debes acompañar sin perderla de vista; contempla, pues, ahora aquella plaza y pretorio llenos de gente, a los sacerdotes azorando al pueblo contra Cristo, a Pilatos en lo alto para dar la sentencia, al Salvador en lo bajo, solo, preso, atado, los ojos en el suelo y el corazón en Dios, mirándole todos sin tenerle compasión; mírale tú y compadécete de él y de su Santísima Madre, que no le puede valer, y ofrece al uno y al otro tu alma, tu vida, y todas tus cosas en rescate de su libertad.

PUNTO II. Considera cómo reconociendo Pilatos la inocencia de Cristo y no teniendo valor para soltarle por el temor que le habían puesto los judíos, tomó por medio darles a escoger entre él y Barrabás, que era un hombre facineroso, ladrón, y homicida; y puestos los dos en balanza, les dijo que escogiesen a cuál de los dos querían que diese libertad por la solemnidad de la Pascua; persuadido que Barrabás era tan mal hombre y tenía tantos ofendidos que no habría quién le pidiese, ni aun le quisiese en todo el pueblo, que verdaderamente fue una de las mayores ignominias que padeció el Salvador en su pasión; porque como dice Séneca, es grande honra competir con personas eminentes, pero con bajas y viles suma ignominia y afrenta; ¿pues cuál sería la que padeció el Salvador, que es la honra de los cielos y la tierra, poniéndole en balanzas y competencia con el más vil y facineroso malhechor que tuvo aquella edad? ¡Oh ángeles! ¿cómo no bajáis aquí a reconocer y publicar quién es este Señor, como bajasteis cuando le visteis humillado en el pesebre de Belén? Si entonces disteis nuevas a los pastores de su deidad y grandeza, ¿cómo no las dais ahora a este pueblo ciego para que no le hagan tan crecida afrenta? Pero, ¡oh buen Jesús! todas estas ignominias quisisteis padecer por mí, porque yo acertase a padecer las menores por vos. Y tú, alma mía, compadécete de tu Redentor y aprende a llevar en paciencia tus desprecios cuando te hallares comparado con los que fueren inferiores a tí, como lo es hoy tu Salvador.

PUNTO III. Considera lo que allí pasó en este caso; y fue que los sacerdotes por la enemiga que tenían con Cristo, y por salir con su intento y ver aprobada la sentencia que habían dado contra él en su concilio, persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás y no a Cristo; y habiendo entre aquellos votos tantos que habían recibido salud de sus manos y que habían oído su doctrina y visto sus milagros, de quien pudiera esperar que abogaban por él y que dieran voces al presidente pidiendo a Jesús, no hubo quien se atreviese a tomarle en boca por miedo de los sacerdotes, los cuales con toda la plebe clamaron y dijeron: a Barrabás queremos y crucifica a este, desdeñándose de nombrarle. ¡Oh cielos, cómo no perdéis el curso de vuestra carrera oyendo tan execrable maldad! ¡Oh buen Jesús! ¿este es el pueblo por quien tanto habéis hecho? ¡Oh Dios mío, cómo os ha desconocido y cómo ha caído en tan enorme yerro que os deje a vos nobleza del Padre, gloria del cielo, honra de los ángeles, vida del mundo y autor de todo lo criado, por la más vil de todas las criaturas! Aquí falta el seso y no llega el entendimiento a ponderar esta maldad; medítala tú, alma mía, y piensa y contempla qué sentiría el Salvador viéndose despreciado y pospuesto a tan vil criatura; y qué sentiría la Beatísima Vírgen oyendo aquellas voces que cada una sería un dardo que atravesaría su dolorido corazón, y toma ejemplo para llevar con paciencia si te vieres pospuesto a los que fueren inferiores a ti, pues ninguno lo será tanto como lo fue Barrabás respecto de Cristo.

PUNTO IV. Entra en cuenta contigo y considera cuántas veces te han dado a escoger a quién quieres más, a Cristo o a Barrabás, porque siempre que se ofrece alguna cosa de honra, hacienda o deleite que se opone a la voluntad y servicio de Cristo, te dan a escoger a uno de los dos, o a Cristo o al deleite; a Dios o al pecado. Mete la mano en tu pecho y examina la pasión de honra, ó venganza, ó afición desordenada, ó el vicio que reina en él, y ese es un Barrabás que se pone en balanza con Cristo, y considera que oyes la voz que te dá a escoger de los dos: mira y atiende cuánto te importa saber escoger, y a quién quieres más, a Cristo ó a ese Barrabás que reina en tu corazón, y no sigas a este ciego y depravado pueblo que quiso más a Barrabás que a Cristo; mas clama de lo íntimo de tu alma y dí con voces y lágrimas: a Jesús, a Jesús quiero y querré siempre más. ¡Oh Dios y Señor mío! a vos quiero y ser vuestro esclavo, más que a todo el mundo y más que a mí mismo, ni a todo cuanto puedo desear ni pedir fuera de vos.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.