domingo, 22 de marzo de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: QUIEN ES DIOS, ESCUCHA LAS PALABRAS DE DIOS.

 

 I DOMINGO DE PASIÓN

  Rito Romano 1962

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Juan

Juan 8, 46-59

En aquel tiempo: Decía Jesús a las turbas de los judíos: ¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios». Le respondieron los judíos: «¿No decimos bien nosotros que eres samaritano y que tienes un demonio?». Contestó Jesús: «Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre y vosotros me deshonráis a mí. Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.


COMENTARIO AL EVANGELIO

sábado, 21 de marzo de 2026

La santidad de Cristo

 


I domingo de Pasión

La santidad de Cristo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

I domingo de Pasión

La santidad de Cristo

Jn 8, 46-59

El Evangelio contiene una pregunta que hizo Cristo en abono suyo a los sacerdotes de la ley, a la cual no respondieron; antes tomaron ocasión de baldonarle, y pasaron tan adelante que quisieron apedrearle; pero el Señor los dejó y se fue del templo.

PUNTO PRIMERO. Considera que siendo Cristo la misma santidad se purifica en la opinión de los hombres de la mancha de pecado, y solo él pudo decirle: ¿quién de vosotros me argüirá de pecado? para que entiendas cuán grave mal es el pecado, pues ni la sombra de él permitió Cristo en su opinión, ni tú la debes permitir en la tuya, cuando menos en tu alma: atiende a las palabras de Cristo y mira si podrás tú decirlas y ponerte a examen de tus enemigos; purifica tu alma de cualquiera pecado; pide al Señor tu gracia para no caer en él, y antes morir mil veces que ofenderle.

PUNTO II. Medita las palabras del Redentor y tómalas como dichas a ti: si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios oye las palabras de Dios, y el que no , no: mira tú conciencia y cuántas verdades te ha dicho Cristo al corazón y cuán pocas has obrado, olvidándolas y despreciándolas como si no las creyeras: pondera para bien tuyo el sentimiento que tendrá el Señor de ti por haberle despreciado y héchote sordo a sus verdades, pídele perdón y dispón tu alma para recibir sus verdades y mostrar que las das crédito poniéndolas por obra, y para decirlas con valor siempre que importare para su santo servicio.

PUNTO III. Considera el efecto que hicieron en estos malos sacerdotes las verdades de Cristo; pues se volvieron contra él, llamándole samaritano y endemoniado, y tomaron piedras para apedrearle ¡Oh malicia grande de los hombres, que volvéis emponzoña la triaca, y las palabras de vida en tósigo de muerte! Escarmienta en su cabeza y ruega a Dios que no sea la malicia de tu corazón como la de estos, que saque ponzoña de las palabras de vida, y que no te vuelvas contra quien te avisa o reprende tus pecados como se volvían estos contra Cristo; sino que aprovechándote de sus palabras obren en ti efectos de vida eterna.

PUNTO IV. Considera con san Gregorio la mansedumbre de Cristo, que siendo maldecido no retornó maldiciones; y siendo afrentado sufrió sus baldones y respondió con igual mansedumbre y humildad: yo no tengo demonio, sino honro y glorifico a mi Padre, y queriendo apedrearle no se defendió ni los ofendió, sino dejólos en el templo quitando la ocasión a sus enemigos de cometer aquel pecado ¡Oh manso Cordero! bendito seáis mil veces por vuestra grande humildad y paciencia: dadme gracia para que yo la imite y sepa ser manso y humilde de corazón, callado y sufrido en mis injurias como vos lo sois en las vuestras.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

CÓMO HERODES REMITIÓ A CRISTO A PILATOS.

 


I domingo de Pasión

CÓMO HERODES REMITIÓ A CRISTO A PILATOS.

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

I domingo de Pasión

CÓMO HERODES REMITIÓ A CRISTO A PILATOS.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo habiendo despreciado Herodes a Cristo por loco, le remitió a Pilatos vestido con la loba, o vestidura blanca, la cual era larga y cumplida y le cubría los pies; y cómo el Salvador llevaba atadas las manos, no podía alzarla, y así era lance forzoso pisarla muchas veces y tropezar y caer, unas en el lodo, otras en las piedras, lastimándose las sienes y enlodándose la cara, de que los verdugos que le llevaban se reían, y aprovechándose de la ocasión le daban empellones para que cayese, y le arrastraban y hacían malos tratamientos, como dice san Buenaventura, corriendo la voz de que Herodes le había calificado por loco, todo el pueblo le silbaba y gritaba llamándole loco, insensato, y le tiraban el lodo y la basura de las calles. ¡Oh alma mía! y cuánto tienes que meditar y que llorar en este paso; mira lo que han causado tus pecados; por tus locuras es tenido y maltratado como loco el Salvador de los sabios, tu dulce esposo; por los afeites de tu rostro es afeado con inmundicias el suyo; por tus honras está atado tan ignominiosamente. ¡Oh Señor, y quién no hubiera nacido por no haberos ofendido! ¡Oh mi Dios! y quien lo padeciera por vos; yo pequé, y vos hacéis la penitencia por mí: bendito seáis por siempre jamás. Amen.

PUNTO II. Considera que si, como dice san Buenaventura y se cree piadosamente, la Reina del cielo con su santa compañía anduvo estas estaciones con Cristo, ¿cuál sería su dolor y sentimiento viéndole tratar tan ignominiosamente? ¿cuáles sus ansias y deseos de limpiarle el rostro con la tela de su corazón? Los pies de los pobres peregrinos no permitía Abraham que tuviesen una pinta de lodo sin lavárselos: ¿cómo se permite tal lodo y tal inmundicia en el rostro del Salvador, que es el espejo en que se miran los ángeles y toda la corte celestial? Arroyos de lágrimas correrían de los ojos de Santa María Magdalena para lavarle de aquellas manchas, como los derramó poco antes para lavarle los pies; y tú, alma mía, síguele hasta la Cruz y llégate con reverencia, y ya que no merezcas llegar a su rostro, inclínate a sus pies y ofrécele tu corazón y tu vida, y las niñas de tus ojos para llorar y dolerte de sus dolores y afrentas con eterna compasión.

PUNTO III. Considera cómo Cristo vive en los suyos y toma por propias las afrentas que les hacen, y que aquellos le mofan como Herodes y su palacio que hacen burla y maltratan como a locos o faltos de prudencia a sus siervos, como son los sacerdotes, religiosos y ermitaños, y a los que se esmeran en su culto; por tanto atiende no caigas en tal pecado, mas pide al Señor por su infinita paciencia y bondad que te tenga de su mano para no ofenderle en sus siervos, antes honrarle y servirle en ellos como a su propia persona.

PUNTO IV. Considera lo que dice el Evangelista, que desde aquella hora se reconciliaron y fueron amigos Herodes y Pilatos, que hasta entonces estaban enemistados. Contempla cómo el Salvador siempre fue ángel de paz, pues hasta en su pasión la puso entre sus enemigos, y la pide y quiere siempre en sus amigos: gózate de tener un Señor tan pacífico y tan bueno; y pídele que pues entre todos pone paz, la ponga entre Dios y el mundo, y entre ti y tu Criador, y que acabe las guerras y enemistades que sembró el primer Adán con su pecado y nos reconcilie a todos con nuestro Dios.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.