domingo, 5 de julio de 2026

Del convite que hizo Cristo en el desierto

 


Lunes de la VI semana después de Pentecostés.

Del convite que hizo Cristo en el desierto

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la VI semana después de Pentecostés.

Del convite que hizo Cristo en el desierto.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo esperó Cristo tres días para socorrer la necesidad de los que le seguían; porque quiere que nosotros reconozcamos nuestra necesidad y la que tenemos de él para ayudarnos y socorrernos en ella: entra dentro de ti, reconoce tu flaqueza, y cuán poco puedes y vales por ti mismo, y cómo en todo y para todo necesitas del favor de Dios; ríndete a sus pies con humildad, y él te ayudará y favorecerá con su gracia para que puedas por ella lo que no puedes por ti.

 

PUNTO II. Considera que les hizo el convite en el desierto, adonde no tenían qué comer, ni de qué valerse en aquella necesidad, porque el Señor acude con su providencia a los que dejan los manjares y delicias del mundo, y en las más destituidas ocasiones, y cuando están imposibilitados de todo remedio humano, de lo cual has de sacar dos afectos: el uno de dejar todas las delicias del mundo por gozar las de Dios y hacerte digno de su mesa y convite, el cual no da a los que están consolados con sus regalos y delicias terrenas: el otro de confianza sabiendo que espera a la mayor necesidad y al trance más apretado para ostentar su providencia y hacer alarde de su liberalidad, acudiendo con sus dones cuando faltan los hombres.

 

PUNTO III. Considera la calidad del manjar de este convite, que fue pan de cebada y unos pocos de peces, atendiendo el Señor, no al regalo, sino a la necesidad, a lo preciso, y no a lo superfluo, para el sustento de los hombres ¡Oh qué lección te da de huir las superfluidades en la comida y el vestido, y en las alhajas y menaje y en todo lo demás! poco basta para sustentarte, toma del rio de este mundo lo preciso y necesario, y deja pasar lo demás; acuérdate que reprobó Dios a los soldados de Gedeon que se echaban de pechos a beber, y escogió a los que alargando la mano tomaban el agua necesaria y dejaban pasar la demás; porque reprueba para el cielo a los que se apechugan con los vientos de este mundo, echándose de pechos a ellos, y escoge para su reino a los que con moderación alargan la mano a lo necesario para la vida y dejan lo demás: pídele a Dios esta gracia para no dejar entregarse tu corazón a lo temporal, ni aceptar más que lo necesario para conseguir lo eterno.

 

PUNTO IV. Considera el gusto que hallaron aquellos convidados en aquel pan de cebada y la hartura; pues dice el Evangelista que comieron a pasto, hasta satisfacerse cumplidísimamente y no querer más, porque sabe Dios dar más gusto y dulzura y mayor satisfacción en los manjares de penitencia, que puede dar el mundo en todos sus regalos y manjares delicados; de lo cual has de sacar grande amor a la penitencia, al ayuno, a las asperezas y manjares groseros por amor de Cristo,  aceptándolos con mucha voluntad y fiándote de él, que sabrá darte más gusto y más salud en ellos, que en todos los sabrosos y delicados del siglo ¡Oh Señor! dadme esta gracia, que todo el mundo me sea amargo por vos, y dulce la penitencia y la mortificación, y el pan de cebada que me viniere de vuestra mano.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

6 de julio. LA PRECIOSA SANGRE, EL ALMA DEL SACRIFICIO. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

 


6 de julio

LA PRECIOSA SANGRE,

EL ALMA DEL SACRIFICIO

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

 

6 de julio

LA PRECIOSA SANGRE,

EL ALMA DEL SACRIFICIO

 

No hay nada más necesario que el espíritu de sacrificio para quienes se esfuerzan, como es deber de todo hombre, por la perfección personal. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24).

Si la vida cristiana consistiera sólo en oración y prácticas devocionales, sería fácil y agradable; pero la santidad también se nutre del espíritu de sacrificio, y es precisamente de esto de lo que el hombre más rehúye.

Pues bien, la devoción que más que ninguna otra nos inspira el espíritu de sacrificio, que nos anima a llevar la cruz y a someternos plenamente a la voluntad de Dios, es la devoción a la Preciosa Sangre.

Si contemplamos con devoción a Jesús crucificado, con la sangre goteando de sus heridas, si pensamos en su cabeza coronada de espinas, su cuerpo torturado por terribles azotes, su costado abierto, ¿cómo tendremos el valor de rechazar el sufrimiento? Sentiremos nuestros corazones tan reconfortados y agradecidos que podremos regocijarnos en nuestro sufrimiento, y nos será fácil beber de ese cáliz un poco de la amargura que Jesús bebió antes que nosotros, mucho más que nosotros y por nosotros.

«Si la tentación de rebelarse ruge en nuestro interior, la Sangre de Jesús, dice San Juan Crisóstomo, será la medicina celestial que nos dará paz». ¡Y qué alivio interior sentiremos al considerar que en su Sangre ha transformado nuestros sufrimientos en fuente de mérito, otorgándoles un valor infinito, de modo que un breve sufrimiento nos produce gozo eterno!

 

 

PROPÓSITO

Contemplar un crucifijo durante un tiempo meditando en las llagas del Divino Salvador y besarlo con devoción.

 

EJEMPLO

En la vida de la Venerable Ana de Jesús, compañera de Santa Teresa, leemos que una vez, durante la Comunión, sintió su boca llena de la dulcísima Sangre que brotaba de la Hostia. En otra ocasión, tuvo una visión de la alegría que un número incalculable de almas bienaventuradas en el cielo han encontrado gracias a esa Sangre. También es notable el caso de la misteriosa sed de Santa Clara de Rimini, una sed que solo se sació con la Sangre de Jesús recibida en la Sagrada Comunión.

 

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO

San Goar, presbítero y confesor. — 6 de julio

 


San Goar, presbítero y confesor. — 6 de julio

(+ 575)

El ejemplarísimo presbítero san Goar fue francés de nación, de la provincia de Gascuña: su padre se llamó Jorge y su madre Valeria, personas por sangre ilustres. Desde niño fue muy bien inclinado, de amable aspecto, humilde, honesto y dado a todas las obras de virtud. Habiéndose ordenado de presbítero, determinó dar de mano a todas las cosas de la tierra, y se fue a un lugar del obispado de Tréveris, que se llamaba Wochara, donde hizo una iglesia con licencia del obispo Félix y colocó en ella algunas reliquias de los santos. En este lugar vivió muchos años, dándose a la oración, ayunos y penitencia, y a ejercitar la hospitalidad con los pobres y peregrinos. Había aún muchos gentiles en aquella tierra, los cuales con la vida tan ejemplar y con la predicación y milagros del santo presbítero se convirtieron a la fe. Echaba los demonios de los cuerpos, daba vista a los ciegos, pies a los cojos, y sanaba a muchos dolientes de varias enfermedades. Dos criados del obispo, que se llamaba Rústico, le acusaron delante de su amo, diciéndole que era hipócrita y embustero, e interpretando muy mal las honestas acciones y obras de caridad que hacía, albergando a los peregrinos. Mas cuando el obispo mandó venir al santo delante de sí, y vio que un niño de pecho de solos tres días habló volviendo por la honra del varón de Dios, quedó tan corrido y confuso de haber sido tan fácil en creer lo que falsamente le habían dicho, que echándose a los pies del santo se encomendó con lágrimas en sus oraciones. Llegó la fama de virtud al rey Sigiberto, el cual tomó todos los medios que pudo para persuadir al venerable presbítero que aceptase el obispado de Tréveris, porque quería dar con ello satisfacción a todo el pueblo que lo deseaba y se lo suplicaba. Mas no pudo el príncipe acabar con el santo que recibiese aquella dignidad; y habiéndole dado veinte días de término para recogerse y hacer oración sobre ello, se encerró el siervo de Dios en su celda, y postrado en el suelo delante del acatamiento del Señor, llorando arroyos de lágrimas le suplicó afectuosamente que no permitiese que el rey saliese con su pretensión. Oyóle el Señor, enviándole una tan excelente calentura que le fatigó siete años gravemente y de manera que no pudo ya salir de su retiro, ni ver más al rey. Finalmente, labrada aquella bendita alma del siervo de Dios, y purificada como el oro con tan larga y penosa dolencia, acabó el curso de su peregrinación y pasó a recibir el premio de sus heroicas virtudes en el eterno descanso. El sagrado cuerpo fue sepultado en la misma iglesia que había edificado el piadosísimo varón para honrar las reliquias de los santos.

Reflexión: Si los santos honran con tanta reverencia las reliquias de los santos, ¿no es razón que nosotros pobres pecadores, las honremos con la misma veneración y acatamiento? Son ellos grandes amigos de Dios, príncipes del cielo, cortesanos del palacio divino, abogados e intercesores nuestros, que tiene muchas gracias y cabida con la divina Majestad; y esas sagradas reliquias de sus cuerpos son honradas de Dios, con soberanos prodigios, y han de resucitar con todas las dotes de gloria y participar de la eterna felicidad de sus almas. Adorémoslas pues con mucha devoción, pidiendo a los santos que nos alcancen por sus méritos la gracia de gozar en cuerpo y alma de su gloriosa compañía.

Oración: Oye, Señor, favorablemente las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu confesor, el bienaventurado Goar, para que los que no confiamos en nuestra justicia, seamos favorecidos por los merecimientos de aquel santo, que fue tan agradable a tus divinos ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.