lunes, 15 de junio de 2026

San Juan Francisco de Regis, confesor. — 16 de junio

 


San Juan Francisco de Regis, confesor. — 16 de junio

(+ 1640)

El fervorosísimo misionero de los pobres Juan Francisco de Regis, de la Compañía de Jesús, fue natural de una aldea de Francia llamada Fontcuberta, que está en el obispado de Narbona. Nació de padres nobles y ricos, y desde su niñez fue muy inclinado a socorrer a los pobres. Habiendo entrado en la Compañía de Jesús a los diez y nueve años de su edad, hizo tales progresos en la virtud, que le llamaban la Regla viva de san Ignacio. Bien enseñado en las letras humanas y divinas y ordenado de sacerdote fue destinado al apostólico ministerio de evangelizar a los pobres. Predicaba dos y tres veces cada día; dormía dos o tres horas en el duro suelo, su ordinario alimento era pan y agua, y en los diez últimos años de su vida jamás se desnudó el áspero cilicio con que traía afligida su carne. Partíase a sus misiones en tiempo de hielos muy rigurosos, llegándole la nieve algunas veces a la rodilla y a la cintura: pero como él estaba tan abrasado de amor de Dios y deseoso de padecer por la eterna salud de las almas, todo lo llevaba en paciencia y con alegría. Jamás fueron parte para estorbar sus intentos los rigores del frío, los vientos, los precipicios y la aspereza de las montañas. No hubo pueblo, aldea, choza ni cabaña en los obispados del Puy, Viena, Valencia y Viviers, donde no predicase la divina palabra. En Fai dio vista a dos ciegos; en Marlhes libró a un furioso endemoniado, en Montfaucon asistió con admirable caridad a los apestados y por sus oraciones cesó el contagio; y en una gran de hambre y carestía que afligió en Puy multiplicó tres veces el trigo destinado para el sustento de los pobres. Había fundado en varias principales ciudades, algunas casas de recogimiento para las mujeres arrepentidas: no es fácil decir los malos tratamientos que por esta causa padeció; porque fue calumniado, abofeteado, azotado, arrastrado y no pocas veces perseguido de muerte. Llamáronle una vez unos hombres de vida licenciosa diciendo que se querían confesar con él: mas el santo sabiendo por divina revelación que llevaban intención de matarle, les habló con tanto espíritu de Dios, que en efecto confesaron con grande sentimiento y lágrimas sus pecados. Finalmente después de haber convertido a penitencia a innumerables herejes calvinistas y pecadores, y alcanzándoles la gracia señaladísima de la perseverancia, a los cuarenta y cuatro años de edad descansó en la paz del Señor. Su muerte fue muy llorada de todos, especialmente de los pobres, de los cuales siempre iba rodeado diciendo que eran la porción más escogida del rebaño de Jesucristo.

Reflexión: El Señor ha querido ilustrar el sepulcro de san Juan Francisco de Regis con innumerables y estupendos prodigios. La aldea de Lalovesco, donde se halla, es ya una crecida población, célebre por el concurso de peregrinos que acuden de muchas provincias para hallar remedio en toda suerte de enfermedades: y el feliz suceso de tantas curaciones milagrosas que el santo está obrando, atrae peregrinos de muchas otras regiones apartadas. Al pie de aquel famoso sepulcro pueden también hallar seguramente los incrédulos, la fe y la salud de sus almas, viendo por sus ojos las maravillas que obra el Señor para acreditar la gloria de aquel gran santo.

Oración: ¡Oh Dios! que adornaste con una admirable caridad, y con una invencible paciencia a tu confesor el bienaventurado Juan Francisco, para que pudiese sufrir tantos trabajos por la salvación de las almas; concédenos benigno, que enseñados de sus ejemplos y protegidos con su intercesión, merezcamos el premio de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestra Señor. Amén.

Los santos hermanos Gervasio y Protasio, mártires. —19 de junio

 


Los santos hermanos Gervasio y Protasio, mártires. —19 de junio

(+ Siglo I)

Habiendo descubierto san Ambrosio por divina revelación los sepulcros de estos santos mártires de Milán, halló a la cabecera una escritura con estas palabras: «Yo, Filipo, siervo de Cristo, en compañía de mi hijo hurté los cuerpos de estos santos, y dentro de mi casa los sepulté. Su madre se llamó Valeria, y Vital su padre. Nacieron de un parto, y llamáronlos Gervasio y Protasio. Siendo ya difuntos sus padres, y habiendo sucedido ellos abintestato en sus bienes, vendieron la casa propia en que habían nacido y toda su hacienda, y repartieron el precio de ella a los pobres y a sus esclavos, dándoles la libertad. Diez años vacaron a solo Dios, dándose a la lección y a la oración, y al onceno, alcanzaron la corona del martirio. A esta sazón pasó por Milán el general Astasio que iba a la guerra contra los bárbaros: saliéronle al camino los sacerdotes de los ídolos, y dijéronle que si quería alcanzar victoria de sus enemigos apremiase a Gervasio y Protasio, que eran cristianos, para que sacrificasen a los dioses inmortales, los cuales estaban de ellos tan enojados, que no querían hacer a los pueblos el favor que solían con sus oráculos. Mandóles Astasio buscar y prender, y rogóles que le hiciesen placer de ofrecer con él sacrificio a los dioses, para que prosperasen su jornada y tuviese buen suceso aquella guerra: a lo que respondió Gervasio: «la victoria ¡oh Astasio! la da del cielo el Dios verdadero y no las estatuas vanas y mudas de los dioses.» Enojóse Astasio sobremanera con esta respuesta, y mandóle luego azotar y herir con plomadas fuertemente hasta que allí muriese; y con este tormento Gervasio dio su espíritu al Señor. Quitado de aquel lugar el cadáver, hizo llamar a Protasio y dijóle: «¡Desventurado y miserable! mira por ti, y no seas loco como tu hermano.» Respondió Protasio «¿Quién de los dos es miserable, tú que me temes a mí, o yo que no te temo a ti, ni hago caso de tus dioses ni de tus amenazas?» Al oír el general estas palabras mandóle moler a palos con unos bastones nudosos, y le dijo: «¿Quieres perecer como tu hermano? El santo respondió: No me enojo contigo porque mi Señor Jesucristo no abrió su boca contra los que le crucificaron: te tengo lástima y te perdono porque no sabes lo que haces.» Finalmente el general le hizo degollar, y mandó arrojar los sagrados cadáveres de los dos hermanos en un muladar. Y yo Filipo, siervo de Cristo, con mi hijo tomé de noche los cuerpos de estos santos y los llevé a mi casa y siendo Dios solo testigo los puse en un arca de piedra.»

Reflexión: Habiéndose aparecido los santos a san Ambrosio, arzobispo de Milán, convocó éste a todos los obispos comarcanos, y cavando la tierra en el lugar señalado que estaba en la iglesia de san Nábor y san Félix, hallaron el arca de piedra. La abrieron, y vieron los cuerpos de los mártires, y el fondo del sepulcro lleno de sangre, exhalando un maravilloso olor qué se extendió por toda la iglesia, e ilustrándoles el Señor con estupendos milagros, señaladamente dando vista a un ciego muy conocido en toda aquella ciudad de Milán. Roguemos al Señor que estos auténticos prodigios referidos largamente por san Ambrosio que los presenció, abran los ojos de nuestra alma para ver con mayor luz del cielo la divinidad de la fe por la cual dieron sus vidas tan ilustres mártires.

Oración: ¡Oh Dios! que cada año nos alegras con la festividad de tus bienaventurados mártires Gervasio y Protasio; asístenos con tu gracia para que nos inflamen con sus ejemplos estos santos de cuyos méritos nos alegramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 14 de junio de 2026

De la oveja perdida.

 


Lunes de la III semana después de Pentecostés.

De la oveja perdida.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la III semana después de Pentecostés.

De la oveja perdida.

 

PUNTO PRIMERO. El bienaventurado san Gregorio dice que esta oveja perdida es el hombre que perdió el cielo por el pecado; las noventa y nueve, los coros de los ángeles, que no necesitan de penitencia; el Pastor es Cristo que dejó a los ángeles y bajó a este desierto a buscar al hombre y reducirle a los apriscos del cielo; sobre lo cual pondera lo primero la piedad inmensa de Dios, que sin necesitar de ti para cosa alguna, dejó los cielos y bajó a la tierra, y se entregó a tantas incomodidades, y padeció tantos trabajos por reducirte a su gloria. Exclama y di con todo el afecto de tu corazón: bendito seáis, Señor, por tan grande piedad; alaben os los ángeles y todas las criaturas por la misericordia que habéis usado conmigo, indignísimo de recibirla; dadme gracia para que sea agradecido a tan grande merced; carga el peso de la consideración en el empeño en que te ha puesto, y mira despacio la obligación en que le estás, y cómo y en qué le has de servir.

 

PUNTO II. Considera los riesgos de una oveja que se aparta del rebaño, deja a su pastor y anda por el desierto descarriada, para dará cada paso en los dientes de las fieras que la despedacen, y a riesgo de caer en despeñaderos y pantanos y acabar con la vida; y luego vuelve los ojos a ti mismo, y considera los riesgos en que caes cuando te apartas de Dios y dejas el rebañó de los buenos; cuán errado andas y sin camino, a pique de caer a cada pasó en mil despeñaderos, y de dar en las manos de los lobos infernales por los muchos pecados que cometes; abre los ojos y resuélvete en este punto a padecer millares de trabajos, incomodidades, mortificaciones y afrentas, pobreza y desprecios y todos los trabajos del mundo, antes que dejar a Dios. Pídele que no te deje, ni aparte los ojos de ti, ni permita desviarte un punto de su rebaño y de los que viven debajo de su protección en su santo servicio.

 

PUNTO III. Pon los ojos en el buen pastor que anda por el desierto buscando la oveja perdida, a costa de soles, cansancios, aires, sudores y fatigas; todas las cuales da por bien empleadas cuando la halla, y la toma con gozo, la pone sobre sus hombros y la trae con alegría, haciéndosele dulces los trabajos y gustosa la carga, por hallar la oveja perdida; y luego carga la consideración en el cuidado que tiene Cristo Señor nuestro en buscarte; mira cuantas fatigas le has costado, los regates que le has dado cuando iba en pos de ti; los caminos, los sudores, las espinas, la sangre que ha derramado por ti, y luego el gozo de su alma cuando te halló en el desierto y te puso sobre los hombros para traerte a su aprisco, que es el rebaño escogido de los ángeles del cielo. Vuelve sobre ti, y llora las fatigas que has causado a este Señor, y venle a buscar porque no se fatigue más en buscarte a ti; la cruz llevó sobre un hombro y la oveja perdida en ambos; más fatiga le has dado que su cruz, porque siente más la pérdida de un alma que se aparta de él por el pecado, que todos los dolores que padeció en el cuerpo en su pasión; no le fatigues más con tus pecados, redúcete a su rebaño, llora, gime y pídele perdón de toda tu vida pasada, y gracia para nunca más pecar.

 

PUNTO IV. Considera lo que dice Cristo, que hay más gozo en el cielo por un pecador que hace penitencia, que por noventa y nueve justos que no necesitan de ella. Mira lo que estima Dios un pecador que se convierte, y da este gozo a Dios y a sus ángeles. Lo primero haciendo tú penitencia de tus pecados; lo segundo buscando los pecadores y reduciéndolos al rebaño del Señor a costa de cualesquiera fatigas, estimándolas como gustosas por traer las almas a Dios y sacarlas del cieno de sus vicios; contempla tu buen Pastor por campos y riscos, por páramos y desiertos, por zarzas y espinas, fatigado y sudando, buscando la oveja perdida. Compadécete de él y ayúdale a buscarla, y no le dejes ir solo: camina en su compañía, deja las comodidades por el bien de tus hermanos, y no las noventa y nueve, como Cristo por una perdida, sino una por noventa y nueve perdidas que puedes traer a su servicio; pues sin duda es mayor el número de los pecadores perdidos, que de los justos que le sirven: acuérdate de lo mucho que debes a los ángeles y págales con este servicio, dándoles tantos buenos días cuantos pecadores trajeres a Dios

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones