domingo, 22 de febrero de 2026

DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO FIGURADO EN EL CORDERO LEGAL

 


Lunes de la I de Cuaresma.

DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO FIGURADO EN EL CORDERO LEGAL.

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Lunes de la I de Cuaresma.

DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO FIGURADO EN EL CORDERO LEGAL.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que Cristo nuestro Señor es el Cordero inmaculado que quita los pecados del mundo, y su sangre santísima nos redimió de la cautividad de Egipto, en que estábamos por el pecado, y que así como a la salida ordenó Dios que los de Israel comiesen aquel Cordero, para que tuviesen ánimo y esfuerzo para dejar a Egipto y sus idolatrías; de la misma manera y con más alto intento ordenó el Señor que sus fieles recibiesen este Cordero inmaculado y sacramentado, en que les da gracia para salir del Egipto de la culpa y de las idolatrías de los pecados. Comíanle asado, para significar el fuego de amor que nos tuvo el Salvador, con que nos sazonó este divinísimo manjar. Dale muchas gracias por merced tan incomparable, y convida a todas las criaturas a que te ayuden a dárselas, y mira cuántas veces le has recibido, y si has salido de Egipto, o te estás en tus idolatrías y pecados, y disponte para salir de ellos con la gracia que te comunica.

PUNTO II. Considera que mandaba Dios comer aquel Cordero ceñidos los lomos, por el cíngulo de la castidad con que nos debemos llegar a recibir el Cordero inmaculado en la mesa del Altar; y con pan sin levadura, porque como dijo san Pablo (1), no ha de llegar ninguno con la levadura avinagrada del pecado, sino con pura conciencia y limpia de toda mácula; y calzado, porque ha de estar lejos de todas las ocasiones de caer, resguardado de pecado. Entra la mano en tu pecho, y considera si está tu conciencia limpia y con resolución de nunca más pecar, y de apartarte de todo lo que te puede apartar de Dios nuestro Señor, para recibirle dignamente.

PUNTO III. Mandaba Dios que se comiese aquel Cordero con lechugas amargas, porque si se ha de comer este con las amarguras de la penitencia, mortificación y contrición de los pecados, no se viene, como dice san Gerónimo, de delicias a delicias, ni de los festines del mundo a los de Dios, sino de la penitencia y mortificación de la carne, del ayuno, del silicio, de la disciplina y las vigilias, y del silencio y oración: estas disposiciones han de preceder en el alma para este convite; y con estas lechugas amargas se ha de comer este manjar; y por tanto medita en tu corazón si las tienes tú, y procura disponerte con ellas para recibirle como debes.

PUNTO IV. Considera que mandaba Dios que estuviesen en aquella mesa con báculos en las manos, que eran sombra de la cruz de Cristo; porque como enseña el apóstol san Pablo, siempre que nos llegamos a esta mesa renovamos la memoria de su Pasión: esta has de tener presente, y meditarla para recibir dignamente el Cordero inmaculado, que se ofrece por la salud del mundo y por la tuya propia; entra dentro de tí mismo y toma el báculo de tu cruz, imítale pendiente de él, derramando su preciosa sangre y ofreciéndose por tu salud al Eterno Padre, y que lo mismo hace ahora en el Altar místicamente, y rompe en afectos de agradecimiento por tan incomparable merced, y de amor por quien así te amó, y de compasión por lo que padece, y de imitación ofreciéndole tu alma y vida en sacrificio, como él se ofrece por ti.

(1) 1. Cor. 1.

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.

 

 

El juicio final

 


Lunes de la I semana de Cuaresma

El juicio final

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la I semana de Cuaresma

El juicio final

Mt 25, 31-46

Dice Cristo que ha de venir a juzgar al mundo con grande poder, y que pondrá a los buenos a su diestra, y a los malos a su mano siniestra; examinará las causas, dará final sentencia llamando a los buenos para el cielo, y lanzando a los malos en el infierno.

PUNTO PRIMERO. Considera que ha de haber día de cuenta en que la ha de pedir Dios a todos los hombres de sus vidas, y a ti también como a uno de ellos. Considera cuál la dieras si ahora te la pidiera, y cuál la quisieras dar entonces delante de aquel senado de cielos y tierra, y ángeles y hombres que han de estar a la mira oyendo tus cargos y descargos, y tú esperando la final sentencia, de que no hay ni habrá apelación, súplica, ni réplica, ni dilación; y haz luego lo que quisieras haber hecho entonces sin dar nuevos plazos de dilación a tu enmienda, pues ninguno tienes seguro en esta vida.

PUNTO II. Considera la majestad con que vendrá el Salvador acompañado de sus ángeles y de toda la corte celestial, y cómo plantará su tribunal en lo alto de aquel campo, y concurrirán allí todas las gentes a dar cuenta de sus vidas, acompañados de sus obras solamente, sin riquezas, ni parientes, ni criados, ni amigos. Pon los ojos en los buenos, tan gozosos y alegres, y en los malos tan tristes y desventurados, perdidos todos sus haberes, y llorando amarguísimamente su desdicha sin remedio para enmendarla;  pondera despacio cómo pasó como un sueño la farsa de esta vida, y cómo empieza la verdadera; y mira de qué gremio quisieras ser de los dos, porque forzosamente has de ser del uno o del otro; y dispón tu vida de manera que pertenezcas al de los buenos y predestinados, y no al de los malos y condenados para siempre.

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que en llegando ha de apartar los buenos de los malos, como el pastor aparta los corderos del cabrito; y como dice san Pablo, los buenos subirán resplandecientes por el aire, y se pondrán al lado derecho de Cristo, y los malos quedarán en la tierra a su mano siniestra, como reprobados. Asómate a aquel lugar ahora con la consideración, y mira despacio lo que pasa, y considera el gozo de los unos y la envidia de los otros; lo que sentirá el hijo ver subir a su padre y él quedarse reprobado, la mujer a su marido, el hermano al hermano, y el amigo al amigo. Contempla el llanto y rabia que tendrán por no poderlos seguir, y clama a Dios de todo tu corazón, pidiéndole su gracia para alcanzar buena suerte y no caer en la desdichadísima de los condenados.

PUNTO IV. Carga toda la consideración en la sentencia que dará a los unos y a los otros, a los buenos llamándolos a reinar en su compañía en el cielo porque usaron con él de misericordia cuando la tuvieron de sus pobres; y a los malos, lanzando los con los demonios en el infierno porque no la tuvieron,  a penar eternamente. Mucho tienes que pensar en la gloria de los unos y en la pena de los otros, y sobre todo en la duración, que no ha de ser por diez o veinte años, como los destierros de acá, sino para mientras Dios fuere Dios, por una eternidad sin fin, ni término, ni remate, sino que siempre queda más y más que gozará los buenos, y que padecer a los malos: ahonda en este abismo sin suelo y en este camino sin paradero, y vuelve a Dios con suma admiración y di: ¡Oh Señor, cómo hay quién os ofenda, siendo esto como es verdad! Locos están los mortales pues no lo consideran, y loco he estado yo siempre que no lo he pensado; dadme vuestra gracia para que vuelva en mi acuerdo y no cese de serviros, amaros y glorificaros sin fin, para que merezca vivir eternamente con vos en el cielo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.