Lunes de la I de Cuaresma.
DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO FIGURADO EN EL CORDERO LEGAL.
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Lunes de la I de Cuaresma.
DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO FIGURADO EN EL CORDERO LEGAL.
PUNTO PRIMERO. Considera que Cristo nuestro Señor es el Cordero inmaculado que quita los pecados del mundo, y su sangre santísima nos redimió de la cautividad de Egipto, en que estábamos por el pecado, y que así como a la salida ordenó Dios que los de Israel comiesen aquel Cordero, para que tuviesen ánimo y esfuerzo para dejar a Egipto y sus idolatrías; de la misma manera y con más alto intento ordenó el Señor que sus fieles recibiesen este Cordero inmaculado y sacramentado, en que les da gracia para salir del Egipto de la culpa y de las idolatrías de los pecados. Comíanle asado, para significar el fuego de amor que nos tuvo el Salvador, con que nos sazonó este divinísimo manjar. Dale muchas gracias por merced tan incomparable, y convida a todas las criaturas a que te ayuden a dárselas, y mira cuántas veces le has recibido, y si has salido de Egipto, o te estás en tus idolatrías y pecados, y disponte para salir de ellos con la gracia que te comunica.
PUNTO II. Considera que mandaba Dios comer aquel Cordero ceñidos los lomos, por el cíngulo de la castidad con que nos debemos llegar a recibir el Cordero inmaculado en la mesa del Altar; y con pan sin levadura, porque como dijo san Pablo (1), no ha de llegar ninguno con la levadura avinagrada del pecado, sino con pura conciencia y limpia de toda mácula; y calzado, porque ha de estar lejos de todas las ocasiones de caer, resguardado de pecado. Entra la mano en tu pecho, y considera si está tu conciencia limpia y con resolución de nunca más pecar, y de apartarte de todo lo que te puede apartar de Dios nuestro Señor, para recibirle dignamente.
PUNTO III. Mandaba Dios que se comiese aquel Cordero con lechugas amargas, porque si se ha de comer este con las amarguras de la penitencia, mortificación y contrición de los pecados, no se viene, como dice san Gerónimo, de delicias a delicias, ni de los festines del mundo a los de Dios, sino de la penitencia y mortificación de la carne, del ayuno, del silicio, de la disciplina y las vigilias, y del silencio y oración: estas disposiciones han de preceder en el alma para este convite; y con estas lechugas amargas se ha de comer este manjar; y por tanto medita en tu corazón si las tienes tú, y procura disponerte con ellas para recibirle como debes.
PUNTO IV. Considera que mandaba Dios que estuviesen en aquella mesa con báculos en las manos, que eran sombra de la cruz de Cristo; porque como enseña el apóstol san Pablo, siempre que nos llegamos a esta mesa renovamos la memoria de su Pasión: esta has de tener presente, y meditarla para recibir dignamente el Cordero inmaculado, que se ofrece por la salud del mundo y por la tuya propia; entra dentro de tí mismo y toma el báculo de tu cruz, imítale pendiente de él, derramando su preciosa sangre y ofreciéndose por tu salud al Eterno Padre, y que lo mismo hace ahora en el Altar místicamente, y rompe en afectos de agradecimiento por tan incomparable merced, y de amor por quien así te amó, y de compasión por lo que padece, y de imitación ofreciéndole tu alma y vida en sacrificio, como él se ofrece por ti.
(1) 1. Cor. 1.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.