Lunes de la VII semana después de Pentecostés.
Del fruto de las buenas obras.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la VII semana después de Pentecostés.
Del fruto de las buenas obras.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo te ha plantado en el paraíso de su Iglesia, para que des fruto de buenas obras y tú le das de malas; y si mandó arrancar la higuera infructuosa, ¿qué hará con la espinosa? Tiende los ojos por los árboles de este paraíso, y mira cuántos frutos dan de buenas obras; unos de penitencia, otros de predicación, otros de enseñanza de los fieles, otros de misericordia y piedad, y todos de buen ejemplo y tú entre todos eres infructífero: ¿qué juicio te espera y qué sentencia dará contra ti el Señor? Tiembla de sus juicios y de la cuenta que te ha de pedir de tus obras, y ruégale con lágrimas que te dé tiempo y gracia para mejorarlas.
PUNTO II. Considera la sentencia tan rigurosa que da contra el árbol que no lleva buen fruto diciendo: todo el árbol que no llevare buen fruto será cortado y lanzado en el fuego. Medita despacio la terribilidad de este decreto, el cual está firmado de la mano de Dios y notificado a los hombres; pondera la actividad de aquel fuego, la voracidad de aquellas llamas y el tormento inacabable, porque abrasando, no consumen, y quemando siempre nunca llegan a la ceniza, sino que como una calentura ardiente abrasa en lo interior y exterior sin consumir al hombre, así su tormento es sin fin y durará para siempre: carga el peso de la consideración sobre este fuego junto con su duración, y mira por qué precio no quisieras caer en él, y pues Dios te ha dado tiempo, cultiva el árbol de tu vida, que Dios te ha encomendado para que hagas fruto de buenas y santas obras, y merezcas ser premiado del Señor.
PUNTO III. Considera que consiste la bondad de las buenas obras en que, como enseña Cristo, concuerde lo interior con lo exterior, y que sea la obra buena y la intención santa, con deseo de servirle y agradarle, y sin respeto de vanidad y loa de los hombres; porque no lleve piel de oveja en lo de fuera, y corazón de lobo en lo de dentro: examina tus obras en la presencia del Señor; pide luz para conocerlas y enmendarlas, y para que salgan de tus manos tan perfectas que sean agradables a su Divina Majestad.
PUNTO IV. Considera que, como dice el Salvador: no puede el árbol malo dar buen fruto, ni, el pecador frutos de buenas obras meritorias de la bienaventuranza; pon los ojos, en las que has hecho en el discurso de tu vida, y mira cuántas has perdido por no estar en gracia de Dios; ora tu descuido en acaudalar riquezas inmortales, teniendo tan viva codicia de las caducas y perecederas de la tierra. Saca de esta meditación un grande aprecio de la gracia de Dios, y un vivo dolor de lo que has perdido por falta de ella, y resolución firme de procurarla y conservarla a costa de cualesquiera trabajos y cuidados, reconociendo que es la raíz y el corazón del árbol bueno de quien reciben las obras su valor; clama a Dios de lo íntimo de tu alma y pídele afectuosamente que antes te aniquile que te prive de su gracia; que menos mal es no ser, que tener ser con enemistad de Dios.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones