jueves, 12 de marzo de 2026

13 de marzo Santa Eufrasia, virgen

 


Santa Eufrasia, virgen. — 13 de marzo.

(+ 450.)

La gloriosa virgen santa Eufrasia, llamada también Eufrosina, nació en Constantinopla. Era su padre Antígono, senador, hombre muy virtuoso, de alto entendimiento, y muy amado del emperador Teodosio el Menor; y su madre, una señora de alto linaje rica y en todo igual a su esposo. Murió Antígono, y quedando la hija sin padre, el emperador procuró que un caballero, senador principal, se desposase con la niña Eufrasia que a la sazón era de cinco años. Hízose el contrato y recibió las arras, y difiriéronse las bodas hasta tener edad. Mas como el senador le pareciese largo el plazo, tentó de casarse con la madre viuda que era moza; mas ella para que no le tratasen de este negocio, se pasó con su hija y casa a Egipto donde tenía posesiones y haciendas. Visitó la inferior Tebaida con grande consuelo suyo, por ver a los santos ermitaños que allí vivían, y al cabo paró en un monasterio de ciento treinta monjas, que servían al Señor con grande perfección. Quiso quedarse allí la niña Eufrasia que a la sazón tenía siete años, y diciéndole la abadesa que ninguna mujer podía que darse en el monasterio que no se hubiese ofrecido a Jesucristo con voto perpetuo, luego la santa niña se llegó a un crucifijo, y abrazándose con él y besándole, pronunció estas palabras: «Yo me prometo a Jesucristo con voto perpetuo para religiosa de este convento.» Esto dijo con tan gran resolución y espíritu del cielo, como se vio después por las obras de su vida admirable. Comía una vez al día como las monjas, y su comida era pan y legumbres; su dormir era en el suelo sobre un cilicio ancho de un codo y tres de largo; andaba vestida de cilicio, barría la casa, sacaba agua del pozo, y para ejercitar la obediencia ciega trasladaba una buena cantidad de piedra de una parte a otra volviéndola al fin al primer lugar, pasando a veces una semana entera sin probar bocado. Mas el demonio, viendo sus altos intentos, le hizo cruda guerra, ya con tentaciones interiores, ya con asechanzas exteriores para lisiarla o matarla: porque un día que ella estaba sacando agua del pozo, la tomó y la echó con el cántaro que tenía, dentro del pozo, donde estuvo cabeza abajo hasta que las monjas acudieron y la sacaron, y ella sonriéndose dijo al maligno espíritu: ¡Vive Jesucristo, que no me vencerás! Otro día la echó de un terrado abajo, y teniéndola por muerta, ella se levantó sana y sin lesión alguna: otra vez estando en la cocina, al tiempo que más hervía la olla, la tomó el demonio y se la echó encima, y pareciéndolas a las hermanas que la había abrasado, ella dijo que no había más pena que si fuera agua fría. Curó a un niño mudo, sordo y paralítico, haciéndole la señal de la Cruz, y finalmente, después de una vida llena de méritos y prodigios entregó su alma al Creador a la edad de treinta años.

Reflexión: Por ventura te has maravillado, viendo que la santa y virginal Eufrasia era tan perseguida de los demonios: pero recuerda como salía siempre victoriosa de sus tentaciones, y milagrosamente ilesa de sus malos tratamientos. Esos malignos espíritus combaten con mayor saña a los justos que a los pecadores; porque ¿a dónde irá el ladrón a robar, sino donde hay tesoros? ¿Y a qué navío acometen los piratas, sino al que anda cargado de oro, plata y piedras preciosas? A los justos saltea el demonio para despojarles del tesoro de sus virtudes; que en los pecadores nada halla que robar.

Oración: Señor Dios, que por la virtud de la santa Cruz triunfaste en la bienaventurada Eufrasia de los engaños del mundo y de las furias del infierno; concédenos la gracia de perseverar firmes en las adversidades por el amor de Cristo, el cual contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: Todos los que tenían dolencias se los traían y él los curaba.

 

JUEVES DE LA III SEMANA DE CUARESMA

Rito Romano 1962

Todos los que tenían dolencias se los traían y él los curaba.

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas

Lc 4, 38-44

En aquel tiempo: Al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella. Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. Pero él les dijo: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de Judea.

 

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miércoles, 11 de marzo de 2026

La salud que dio Cristo a la suegra de san Pedro

 


Jueves de la III semana de Cuaresma

La salud que dio Cristo a la suegra de san Pedro

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la III semana de Cuaresma

La salud que dio Cristo a la suegra de san Pedro

Lc 4, 38-44

Salió Cristo de la Sinagoga y entró en casade san Pedro, cuya suegra estaba enferma; intercedieron por ella los discípulos a Cristo, el cual mandó a la calentura que la dejase, y quedó tan sana que se levantó y los sirvió a la mesa: corrió la voz del milagro y trajeron al Salvador los enfermos y endemoniados de la ciudad, y dióles salud a todos.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo habiendo Cristo enseñado su celestial doctrina a la Sinagoga y no habiéndola recibido, la dejó como a dura e ingrata a sus beneficios, y vino a la casa de san Pedro, que es la Iglesia, y dio la salud a todos los enfermos que hubo en ella. Mira y atiende cuántas mercedes te ha hecho el Señor, y cuántas voces te ha dado, y cuánta luz de doctrina, y cuán mal te has aprovechado de ella, retornándole ofensas por beneficios, como aquella ingrata Sinagoga, y teme no te castigue como a ella, dejándote olvidado, y se pase a la casa de los pobres agradecidos, como san Pedro, y les haga las mercedes que tenía prevenidas para ti; clama y gime tus ofensas pasadas, y pide al Señor que no te deje ni olvide, sino que te espere a penitencia, ofreciéndole la enmienda en lo que te restade vida.

PUNTO II. Considera cómo aunque Cristo vio a la suegra de san Pedro enferma con ardientes ca lenturas, no se movió a sanarla hasta que se lo rogaron sus discípulos, a cuya instancia le dio tan perfecta salud, que se halló fuerte y convalecida, y esto no porque le faltase voluntad al Salvador de sanarla, sino porque quiso que tuviesen parte en esta obra de piedad sus discípulos, y porque supiésemos que aunque conoce nuestras necesidades, espera los ruegos y las oraciones de los buenos para sacarnos de ellas; de lo cual has de sacar dos cosas: la primera es rogar siempre al Señor por las necesidades de tus prójimos, para que los socorra y remedie; la segunda valerte de sus intercesiones en las tuyas para que tenga piedad de ti y te saque de ellas, confiando que como sanó a esta mujer de la enfermedad que padecía por los ruegos de sus discípulos, también se compadecerá de ti por los ruegos de sus siervos, y te hará mercedes.

PUNTO III. Considera cómo luego sin dilación, en hallándose sana esta santa mujer, se levantó y sirvió a la mesa Cristo y a sus discípulos, mostrando su agradecimiento, empleando la salud que Dios le había dado en su santo servicio; para esto te la da a ti, y los talentos que de su mano has recibido. Mira con atención si los empleas en el servicio de Dios o del mundo, y en buscar tus comodidades, intereses y adelantamientos y las vanidades del siglo; vuelve sobre ti y atiende a tu obligación, y ofrécete a tu Dios, dedicándote todo a su servicio con verdadero afecto de servirle.

PUNTO IV. Considera cómo no se limitó la caridad del Salvador a la suegra de san Pedro, sino que se alargó a todos los pobres enfermos y endemoniados de la ciudad; y aprende lo primero a no limitar la tuya a solos los amigos, parientes y conocidos, sino extenderla a todos, y en especial a los más pobres y desamparados; y lo segundo, conociendo tu necesidad y las dolencias de tu alma, suplícale al Señor que venga a tu pobre casa, y que te sane de ellas, como sanó a la suegra de san Pedro.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.