domingo, 13 de septiembre de 2026

EVANGELIO DEL DOMINGO Y COMENTARIOS: CURACIÓN EN SÁBADO DE UN HOMBRE HIDRÓPICO Y PARÁBOLA SOBRE LOS PUESTOS EN LOS BANQUETES. EL QUE SE ENSALZA SERÁ HUMILLADO Y EL QUE SE HUMILLE SERÁ ENALTECIDO


XVI DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962 
 
EVANGELIO  

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas  14, 1-11

En aquel tiempo: Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía, y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?». Y no pudieron replicar a esto. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».




COMENTARIO AL EVANGELIO 
LECCIÓN DE HUMILDAD ACOMPAÑADA DE MISERICORDIA
DE LA DESHONESTIDAD. San Alfonso María de Ligorio

SOBRE LOS BENEFICIOS DEL AYUNO. San Ambrosio

DAÑOS DEL ORGULLO Y MEDIOS PARA ACABAR CON ÉL. Santo Tomás de Villanueva
 
LA OBLIGACIÓN DE EDUCAR AL PRÓJIMO. San Juan Bautista de la Salle

LA INVITACIÓN A LAS BODAS. Dom Gueranger

DECIMOSEXTO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES. Dom Prospero Gueranger

AQUÉL QUE SE ENSALZA HUMILLADO SERÁ: Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENSALZADO. Catena aurea de santo Tomás de Aquino

 SANA EL SEÑOR A UN HIDRÓPICO.

 ENSEÑA CRISTO A LOS FARISEOS A NO SER AMBICIOSOS.

EL BANQUETE DEL FARISEO. Fray Justo Pérez de Urbel

Benedicto XVI  EL VALOR UNIVERSAL DE CRISTO

LA HUMILDAD Y LAS VIRTUDES. Homilía

JESUCRISTO, MEDICO DE NUESTROS CUERPOS Y NUESTRAS ALMAS. Homilía

AVANZAR EN LA HUMILDAD Y EN LA PRÁCTICA DEL BIEN. Homilía

HUMILDAD ANTE DIOS Y ANTE EL PRÓJIMO. Homilía

EN LA ESCUELA DEL DIVINO MAESTRO, TODOS SOMOS APRENDICES. Homilía

HUMILDAD Y RESTO DE VIRTUDES. HOMILÍA

LA HUMILDAD, CAMINO PARA SENTARSE AL BANQUETE DE BODAS. HOMILÍA

SIEMPRE HEMOS DE HACER EL BIEN A IMITACIÓN DE CRISTO. Homilía

LA HUMILDAD DE LA VIRGEN MARÍA. Homilía

RECUERDA EL SÁBADO, PARA SANTIFICARLO. Homilía del XVI domingo después de Pentecostés 

HUMILDAD VS SOBERBIA. Homilía del XVI domingo después de Pentecostés

sábado, 12 de septiembre de 2026

CURACIÓN DEL HOMBRE HIDRÓPICO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HOMBRE HIDRÓPICO

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XVI domingo después de pentecostés.

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HOMBRE HIDRÓPICO

(Lucas 14)

Trata el sagrado Evangelio cómo, siendo Cristo convidado por un fariseo, sanó a un hidrópico que se le puso delante; y cómo, con buenas razones, confundió sus calumnias. Últimamente exhortó a la humildad, persuadiendo a todos a que tomasen el último lugar en los convites, para ser levantados al primero con honra, y no abatidos del más alto al más bajo con deshonra; porque todos los que se ensalzaren serán humillados, y los que se humillaren serán ensalzados.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la suma bondad de Cristo nuestro Redentor, a quien los fariseos convidaban para ver si podían cogerle en alguna palabra o acción menos ajustada; y Él iba a sus convites con ánimo de ganar sus almas y repartirles el pan del cielo, como lo hizo en este convite.

Alaba y engrandece su bondad, y mira con la paciencia y sufrimiento con que venció la perfidia de los fariseos. Aprende a ser manso y humilde de corazón, para vencer con sufrimiento las calumnias y persecuciones de tus enemigos.

Pídele que te dé su gracia para ejecutar y cumplir lo que te enseña.

 

PUNTO II. Considera cuán atentos estaban los fariseos, observando las palabras y obras del Salvador con ánimo de calumniarle; y avergüénzate de ver cuán descuidado eres tú en mirarlas y contemplarlas para tu salvación.

Levanta los ojos al cielo y mira con la atención con que los ángeles le contemplan para alabarle, bendecirle y darle gracias por todas sus obras y palabras; y aprende a contemplarlas con suma atención y reverencia, para bendecirle e imitarle.

Mira la modestia y gravedad de sus acciones, y la moderación de sus palabras, y cómo no sale alguna de su boca que no sea debida.

Mira y considera su templanza en la comida y la bebida, y cómo, recibiendo el pan de la tierra, les reparte el del cielo.

Pídele que te dé alguna parte con que seas participante de su convite para el bien de tu alma.

 

PUNTO III. Considera cómo se puso el pobre hidrópico en su presencia, mostrándole su enfermedad y pidiéndole, y hallando remedio para su dolencia.

¡Oh pecador!, aprende a buscar al Médico de tu alma, y a presentarte en su acatamiento, y descubrirle tus llagas, y a pedirle con humildad y silencio que te dé salud.

Confía en su piedad, que la tendrá de ti y te la dará.

Mira que, si no la has alcanzado hasta ahora, es porque no le has buscado ni manifestado las llagas de tu conciencia.

Búscale como este hidrópico, y te sanará como a él.

 

PUNTO IV. Contempla la piedad con que Cristo extendió la mano y tomó la del hidrópico, y al punto le dio salud.

Saca dos cosas de esta meditación.

La primera, extender la mano a los pobres enfermos con piedad y misericordia, y compadecerte de ellos, haciéndoles limosna y curando sus enfermedades, como Cristo extendió la suya y sanó a este enfermo.

La segunda, pedir al Señor con humildad que extienda su mano y te cure de todas las dolencias de tu alma, y dé remedio a todas tus enfermedades, y que te tenga de su mano para que no vuelvas a caer en ellas en adelante.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

DÍA 13. LAS PALABRAS DEL HUMILDE DESCUBREN A DIOS. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 

DÍA 13

LAS PALABRAS DEL HUMILDE DESCUBREN A DIOS

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 13

LAS PALABRAS DEL HUMILDE DESCUBREN A DIOS

El humilde puede parecer un poco de tierra, pero puede ser también ríos caudalosos y mares anchos que no se agotan, porque habla de Dios, y Dios no tiene fin. Por eso el Espíritu Santo descendió en lenguas de fuego, dando a entender que al humilde no le basta una lengua para explicar lo que él no es, lo que Dios es y los bienes que de su mano recibe.

Las lenguas de los humildes son como cauces que se llenan en el abismo y mar grande de la sabiduría de Dios. Son lenguas de fuego porque, cuando el humilde habla de Dios, no hay quien lo detenga. Si le faltan palabras para hablar de sí, tiene mil lenguas para tratar de Dios. Si no tiene lengua para mentir diciendo de sí lo que no es, tiene abundancia de palabras para decir y descubrir lo que es Dios.

Así, una de las mayores muestras de humildad es ver al humilde mudo, sin lengua y palabras para sí, y lengua y palabras para Dios. Desapareciendo él en sí mismo, solo encuentra a Dios en sí. Como decía san Pablo: «No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí».

Pero el humilde también habla con su vida y con su espíritu. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. Es como el grano de trigo que, arrojado y sepultado en la tierra, nace, vive, crece, reverdece y se multiplica. Las palabras del humilde no se quedan en el sonido: entran en el alma y descubren quién es Dios y quién es el humilde que las siembra.

La eficacia de sus palabras no está en la persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu. No se trata de multiplicar razones humanas, sino de la virtud y espíritu que Dios comunica a las palabras. Son como flechas en manos poderosas: van derechas, hieren y derriban. Los santos apóstoles vencían no tanto con retóricas y razones, sino con espíritu y virtud.

San Pablo habla de una «sabiduría divina, misteriosa, escondida», que se conoce y aprovecha entre los perfectos, entre los humildes que la meditan y buscan en ella los misterios que Dios tiene encerrados. No es la sabiduría de la tierra ni de los príncipes de este mundo, que puede destruir y herir a quienes la poseen.

La sabiduría del mundo es como una ropa que se pone sobre un enfermo: puede cubrir el mal exterior, pero no cura el frío que está metido en los huesos y en las entrañas. Así ocurre con quien tiene buena apariencia exterior, pero lleva dentro codicias, deshonestidades y presunciones. La ciencia del mundo, si no entra en el corazón, no cura las enfermedades secretas del alma.

En cambio, la sabiduría que viene de Dios tiene alma, virtud y espíritu. Penetra en el interior, echa fuera las enfermedades secretas y vuelve al justo fervoroso, encendido, hecho fuego y llama. Es agua viva, fuente que salta hacia la vida eterna. A quien se comunica esta sabiduría se le abren los tesoros de la ciencia y sabiduría de Dios.

Esta ciencia no admite presunciones ni soberbias. Anda junta y pegada con el mismo Dios y satisface al que la posee. Y tiene una doble acción: descubre a Dios y su grandeza, y nos humilla mostrando nuestra bajeza.

Por eso, el verdadero humilde tiene palabras para decir quién es Dios, pero le faltan palabras para descubrirse a sí mismo.

 

JACULATORIA: Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine: así quedaré limpio e inocente del gran pecado. Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío. (Salmo 19, 14-15)

 

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

SEXTO DOLOR. EL DESCENDICIMIENTO Y LA PIEDAD. SEPTENARIO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

 


SEXTO DOLOR

EL DESCENDICIMIENTO Y  LA PIEDAD

SEPTENARIO

A LA VIRGEN

DE LOS DOLORES

P.  Francesco María Pecoroni

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

SEXTO DOLOR

EL DESCENDICIMIENTO Y LA PIEDAD

 

«Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia. Y había muchas mujeres allí, ministrando a Él» (Mat. 27, 59).

 

Considera cuán vehemente y áspero debió ser el dolor de María cuando, bajado Jesús de la Cruz, así lacerado, herido, ensangrentado y muerto, fue puesto por José y Nicodemo en sus brazos.

Fue un milagro, le dijo un ángel a Santa Brígida (Lib. 2, Revel.), que allí ella no muriese de tanto dolor.

Apenas recibe en sus brazos el querido cuerpo, lo aprieta con fuerza contra su pecho, coloca su rostro entre las espinas, cuenta una por una las profundas heridas, une su cara a la de su Hijo, se tiñe las manos con su sangre y lo besa. ¡Y tantas veces lo besa, lo besa con tantas lágrimas, que, al multiplicar los besos, al inundarlo de lágrimas, al crecer juntos el amor y el dolor, vencida por la vehemencia de esto y abrumada por la inmensidad de aquello, vacila y casi se desmaya!

Dice San Bernardo: «Cum de Cruce Corpus eius fuisset depositum, prae doloris vehementia, et amoris immensitate quasi exanimis facta est». (Tract. De Lament. Virg.).

¿Qué compasión no debió conmover el corazón de Juan y de las dos Marías dolientes ante tan lloroso y triste espectáculo de una Madre casi fallecida, con un Hijo muerto en sus brazos?

Lloraban estos, dice el ya citado San Bernardo, tan amargamente que sus lenguas enmudecieron y no podían, por el gran dolor, emitir palabra para consolarla: «Omnes Virgines compatientes dolorem, sic amarissime flebant, ut nullae earum possent ad plenum verba formare».

¿Y yo qué haré? ¿Inmóvil como una roca, no daré ni siquiera una señal de compasión? Si no lloro por este dolor, quizás el más amargo de todos, entonces ¿cuándo lloraré?

Oh Virgen atormentadísima y afligidísima, si tu Hijo mostró en ti su omnipotencia al no dejarte morir, muestra tú en mí tu ternura al hacerme llorar.

Sí, llorar quiero, pero que el objeto de mis lágrimas sean siempre tus terribles Dolores y mis graves pecados, que han sido los causantes de tus sufrimientos.

Concédeme, Madre, ir contigo

a llorar ante el Crucifijo,

mientras aún yo esté vivo.

 

GRACIA QUE DEBE PEDIRSE

Santísima y afligidísima Virgen, por este inconsolable Dolor tuyo, concédeme, te lo ruego, este consuelo: que en el último día de mi vida yo sea digno de recibir a Jesús Sacramentado en mi corazón, a fin de obtener la perfecta posesión del Cielo.

 

FRUTO A RECOGERSE

EN ESTE SEXTO DOLOR

I. José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero le seguía ocultamente mientras predicaba y obraba milagros, tan pronto como lo vio muerto y abandonado por todos, se declaró abiertamente su seguidor y fue a pedirle a Pilatos que le permitiera enterrarlo. Reflexiona, entonces, que cuando se trata de darte a conocer como seguidor de Cristo haciendo obras de piedad, no debes tener en cuenta los respetos humanos; antes bien, debes mostrarte más animado por servir a Dios cuando los obstáculos que se oponen a ti son mayores.

II. ¿Qué consuelo habría sentido el lacerado Cuerpo de Jesús, si hubiera podido hacerlo, cuando, bajado de la Cruz, fue puesto en los brazos de la Santísima Virgen? Ahora, ¿qué consuelo habría sido el Suyo cuando lo recibiste en tu pecho? Ah, contigo tal vez habría caído en una cruz más dura que aquella de la cual lo descendieron.

III. Jesús, así muerto, quiso ser colocado en el pecho y en los brazos de su Santísima Madre para hacerte entender que, si quieres disfrutar de las gracias que con su muerte ha conseguido para ti, debes recurrir a la Santísima Virgen de los Dolores, que lo lleva entre sus brazos y en su seno.

 

***

Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1.    “Yo concederé la paz a sus familias.”

2.    “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”

3.    “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»

4.    “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”

5.    “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”

6.    “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.

7.    “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

***

Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.

 7 Avemarías

Bendita y alabada sea la pasión y muerte

de nuestro Señor Jesucristo,

y los Dolores de su Santísima Madre

al pie de la cruz.

 

ORACIÓN

Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.

 

Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.

 

TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html

 

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.