miércoles, 24 de junio de 2026

San Guillermo, abad. — 25 de junio

 


San Guillermo, abad. — 25 de junio

(+ 1142)

El venerable padre de los ermitaños del Monte-Virgen, san Guillermo nació en Vercelli de ilustre linaje, y aunque perdió en su infancia a sus padres, corrió su educación a cargo de unos parientes que le criaron noble y cristianamente. A los catorce años no cumplidos de su edad, tocado de Dios, dio libelo a todas las cosas del mundo, y en hábito de pobre peregrino, cubierto de un tosco sayal y descalzos los pies, vino a visitar el glorioso sepulcro de Santiago de Compostela. En este camino hizo jornada en la casa de un piadoso herrero que tenía devoción de hospedar a los peregrinos, y para añadir el santo mancebo nuevos rigores a su penitencia rogóle que le labrase dos cercos de hierro y luego le rodease con ellos el pecho, trabándoselos por los hombros de manera que jamás pudiesen desasirse ni caerse. Esta manera de cilicio llevó el santo todo el tiempo de su vida. Volviendo después a Italia pasó al reino de Nápoles y retiróse en lo más áspero de un monte llamado Virgiliano, que de entonces acá lleva el nombre de Monte-Virgen, donde el santo anacoreta edificó una iglesia en honra de la Virgen santísima, y echó los cimientos de su nueva religión. Era tan admirable la vida que allí hacía san Guillermo con los numerosos discípulos que se le juntaron, que no parecía sino que la Tebaida se había trasladado al Monte-Virgen. La regla viva de aquellos fervorosos monjes era el ejemplo de su santo abad, y sus constituciones los consejos del santo Evangelio. Y como se esparciese por todas partes el buen olor de sus religiosas virtudes, fue menester se edificasen en breve tiempo otros muchos monasterios. Cada día ilustraba el Señor la santidad de su siervo con nuevos dones y carismas celestiales: porque daba vista a los ciegos, oído a los sordos, habla a los mudos y salud a toda suerte de enfermos. Habiéndole llamado el rey de Sicilia, Rogerio, a su corte, le edificó un nuevo monasterio no lejos de su palacio, para tener consigo a aquel varón de Dios, y aprovecharse de sus consejos. En esta sazón unos malignos cortesanos, cuyos ojos no podían sufrir el resplandor de tan grandes virtudes, calumniaron al santo delante del príncipe, poniendo mácula en su honestidad, y echando mano de una mujer desenvuelta para que le tentase. Súpolo el siervo de Dios, y mandó encender una hoguera, en la cual se arrojó, a vista de aquella dama, con lo cual la convirtió y deshizo toda aquella trama infernal. Finalmente habiendo profetizado delante del rey y de muchos señores de la corte, que ya el Señor de los cielos le llamaba para sí, acabó su vida llena de virtudes y milagros con la preciosa muerte de los justos, y su santo cuerpo fue enterrado en un magnífico sepulcro de mármol, acreditando Dios la santidad de su siervo con numerosos prodigios.

Reflexión; Cuando el rey de Nápoles y Sicilia, Rogerio llamó a su corte a nuestro santo, le encomendó toda la familia real y le pedía su consejo en todos los graves negocios del reino. Y ¿crees tú que aprovechaban menos los consejos de un santo, para la felicidad de todo el reino, que las maniobras de políticos ambiciosos, que sólo ponen los ojos en mezquinos intereses de partidos? ¿Qué otra cosa es ese malestar general, y ese desconcierto social de que todos se lamentan, sino un resultado necesario, y un castigo bien merecido de la sacrílega locura de los hombres, que prescindiendo de la ley de Dios, pretenden gobernarse a su antojo?

Oración: Suplicámoste, Señor, que la intercesión del bienaventurado Guillermo, abad, haga nuestras preces aceptables ante tu divino acatamiento, para conseguir por su patrocinio lo que no podemos alcanzar por nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: JUAN ES SU NOMBRE


24 de junio

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Rito Romano 1962

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas.

Lc 1, 57-68

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel,  porque ha visitado y redimido a su pueblo.


TEXTOS DE LA MISA
Natividad de San Juan Bautista - 24 de junio-

COMENTARIO AL EVANGELIO

martes, 23 de junio de 2026

De la pesca que hicieron los discípulos en nombre y por mandado del Señor

 


Miércoles de la IV semana después de Pentecostés.

De la pesca que hicieron los discípulos en nombre y por mandado del Señor

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la IV semana después de Pentecostés.

De la pesca que hicieron los discípulos en nombre y por mandado del Señor

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo los discípulos aunque tan diestros en la pesca y tan ejercitados en aquel mar, trabajaron toda la noche sin prender un pez ni sacar nada, y en echando la red por la obediencia de Cristo, sacaron tan copiosa pesca que no la podían traer;  porque sepas lo que puede la obediencia, y te persuadas que vale más un lance echado por orden del superior,  que tiene el lugar de Dios, que muchos por la propia voluntad. Saca de aquí propósitos firmísimos de regirte en todo por la obediencia de tu superior, cualquiera que sea, y no por tu voluntad, y verás dichoso logro de tus acciones.

 

PUNTO II. Considera cómo echaron la red en el nombre del Señor diciendo: toda la noche hemos trabajado sin coger nada, ahora la echaremos en tu nombre; y con el de Jesús en la boca la lanzaron en la mar y cogieron tan gran pesca. Saca de aquí la rectitud de intención que debes tener en todas tus acciones, enderezándolas a la gloria de Dios, y no empezando alguna que no sea en el nombre suyo y para su santo servicio, y espera por su virtud buen logro de todas tus obras.

 

PUNTO III. Considera cómo viendo el gran lance que sacaban, llamaron a los de la otra nave, los cuales vinieron y los ayudaron, y llenaron ambas naves de la pesca que les dio el Señor; en que tienes dos documentos para tu alma: el primero contra la envidia y en favor de la fraterna caridad, dando parte de tus felicidades y de los buenos sucesos a tus hermanos, valiéndote de sus fuerzas e industria para el servicio de Dios; el segundo de ayudarlos en las ocasiones que necesitaren de ti con amor y caridad, como se ayudaron en esta ocasión los unos a los otros, y a todos hizo Dios merced, la cual puedes esperar del Señor, si los imitares tú.

 

PUNTO IV. Medita las últimas palabras que dijo Cristo a san Pedro: no quieras temer, porque de hoy en adelante has de ser pescador de hombres y no de peces, como lo has sido hasta aquí. Oye, alma mía, estas palabras como dichas a ti de la boca del Salvador, y no quieras temer de entrar en cual quiera ocupación que Dios te pusiere, por alta y dificultosa que sea, que él te dará la gracia y el talento necesario para ella; no quieras temer, teniendo a Cristo a tu lado, que él te sacará a paz y a salvo de las empresas en que entrares por su mandado; no le pierdas de vista, y no te perderá él a ti; no le dejes y no te dejará: acuérdate de lo que le pasó a un piloto con César, que pasando un brazo de mar y alterándose con los vientos se turbó, y César le animó diciendo: ne timeas, fortuna Cæsaris tecum est. No temas, que va contigo César y su dicha: ¿qué comparación hay de César al Salvador? Si la compañía de César y su dicha animaba al piloto en los riesgos conocidos, ¿cuánto más te debe animar a ti la asistencia y la gracia del Señor? No temas, que de aquí adelante has de ser pescador de hombres y los has de traer a Dios: echa la red, como dice Cristo, no el anzuelo, como advirtió san Bernardo; porque este pesca poсо у con dolor, pero la red mucho y con tanta blandura y suavidad, que estando los peces en la cárcel de la red presos, no lo sienten hasta que los sacan del agua; así has de procurar traer los hombres a Dios con la blandura, benignidad y mansedumbre de Cristo, con buena doctrina y mejor ejemplo, y cogerás una grande pesca; medita esto despacio, y ofrécete al Salvador para servirle, y pídele su gracia para cumplirlo.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones