jueves, 26 de marzo de 2026

San Juan, ermitaño. - 27 de marzo.

 


San Juan, ermitaño. - 27 de marzo.

(+ 718.)

Nació el glorioso san Juan ermitaño en Licópolis de la Tebaida, de padres muy escasos en bienes de fortuna, y luego que tuvo edad aprendió el oficio de carpintero; mas el Señor, que quería labrarle, le llamó a la soledad, para hacer de él uno de los varones más santos del desierto de Egipto. Hízose discípulo de un santo anciano, el cual descubriendo en aquel mancebo una humildad y obediencia extraordinarias, en breve tiempo le hizo adelantar mucho en el camino de la perfección. Un año entero estuvo regando por obediencia un palo seco, dos veces al día, y procurando mover de su asiento un gran peñasco que muchos hombres no pudieran mover: y el Señor recompensó su ciega obediencia, concediéndole después el don de milagros y profecía. Muerto su santo maestro, pasó Juan cinco años en diversos monasterios, y luego se fue a una montaña desierta y abriendo en la peña una celdilla, se encerró en ella, y por espacio de cuarenta años llevó en este linaje de sepultura una vida de ángel, saboreando anticipadamente las delicias del cielo. No había hombre más apacible y agradable en el trato que el santo anacoreta. Jamás permitió que ninguna mujer se llegase a la ventanilla de su celda: se hizo tan notorio su alto don de profecía, que de las provincias más apartadas venían a consultarle como a un oráculo del cielo. ¿Quién no se maravillará de ver a sus pies al general del ejército romano pidiéndole consejo, y oyendo de los labios del santo: «Confía, hijo, en el Dios de los ejércitos, porque con tus escasas fuerzas, vencerás»? Y en efecto, la ilustre victoria que alcanzó de los bárbaros etíopes, acreditó la verdad del vaticinio. Consultóle también el gran Teodosio sobre el suceso de la guerra con Máximo; y pronosticóle Juan el glorioso triunfo que había de alcanzar de aquel tirano. Cuatro años después mandó el emperador a Eutropio su ministro para saber el éxito de otra campaña; y el santo respondió: Ve, y di al emperador que vencerá, pero que sobrevivirá poco tiempo a la victoria. Todo lo cual sucedió como el santo profeta lo dijo. Finalmente, después de una larga vida de noventa años llena de profecías y milagros, sabiendo por divina revelación el día y hora de su muerte, pidió que en tres días nadie le llamase, y pasándolos en oración, entregó su bienaventurado espíritu en las manos del Creador; y el día siguiente fue, hallado su sagrado cadáver puesto de rodillas, y fue sepultado con la pompa y veneración que su santidad merecía, llamándose comúnmente el profeta de Egipto.

Reflexión: Visitó Paladio al santo y apacible anacoreta, el cual le dijo que sería obispo y que había de padecer grandes trabajos: «Yo, añadió el santo, cuarenta y ocho años ha que no pongo los pies fuera de mi celda, y porque en todo este tiempo no he visto mujer ni moneda alguna, no he sentido ni aun el más leve disgusto.» Brevísimo atajo para llegar a una vida llena de divina consolación, reprimir la codicia del dinero y los deleites sensuales. Estas son las dos raíces principales de todos los sinsabores de la vida del hombre. El corazón de los malos es como un mar que hierve siempre en tormenta; y es porque está devorado o por la sed de riquezas o por el deseo de goces sensuales. Reprimámoslos, que vendrá sobre nosotros la paz y la alegría que sobre puja a todo sentido y de la cual gozan aun en esta vida los hombres mortificados.

Oración: Oye, Señor las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu siervo el bienaventurado Juan, para que los que no confiamos en nuestros méritos seamos ayudados por los de aquel que tanto te agradó. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: Le son perdonados sus muchos pecados porque ha amado mucho.


JUEVES DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Rito Romano 1962

Le son perdonados sus muchos pecados porque ha amado mucho.

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas

Lc 7, 36-50

En aquel tiempo: Un fariseo le rogaba que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora». Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él contestó: «Dímelo, Maestro». «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?». Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente». Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco». Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».



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miércoles, 25 de marzo de 2026

La conversión de santa María Magdalena



Jueves de la I semana de Pasión

La conversión de santa María Magdalena

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

 



MEDITACION

Jueves de la I semana de Pasión

La conversión de santa María Magdalena

Lc 7, 36-50

El Evangelio dice, que sabiendo santa María Magdalena que Cristo era convidado a comer de un fariseo, vino a buscarle y se arrojó a sus pies lavándolos con sus lágrimas, y limpiándolos con sus cabellos, y ungiéndolos con un ungüento oloroso; de lo cual juzgó mal el fariseo y murmuró de ambos en su corazón: pero Cristo defendió a la pecadora arrepentida, y le perdonó sus pecados, y envió en paz a su casa.

PUNTO PRIMERO. Entra en casa de este fariseo con la consideración, y contempla tres convites que se celebran en ella. El primero del fariseo que convidó a Cristo a comer los manjares del cuerpo; pero el Salvador le admitió por darle a él, y santa María Magdalena los del alma; que con esta intención se han de admitir los convites. El segundo es de santa María Magdalena que convida a Cristo y le da por manjar su corazón, sazonado con el fuego de su amor y el arrepentimiento de sus pecados, y por bebida copiosas lágrimas derramadas de las fuentes de sus ojos, y aprende a convidar a Cristo y a rogarle que venga a tu pobre casa, y ofrécele tu corazón con el de santa María Magdalena, sazonado con el fuego de la verdadera contrición y dolor de los pecados. El tercero convite es el que hace Cristo a los dos, retornándoles el manjar de vida y el sustento del alma al fariseo corrigiendo sus yerros y curándole las llagas de su conciencia, y a santa María Magdalena perdonándole sus pecados y enriqueciéndola de tesoros espirituales y dándoles a ambos el pasto de su celestial doctrina. Medita estos tres convites; hállate presente a ellos y saca de cada uno el sustento y provecho de tu alma.

PUNTO II. Considera a santa María Magdalena a los pies del Salvador llorando y callando por la vehemencia del amor y dolor de sus pecados, como dice san Lorenzo Justiniano, y ungiendo con oloroso ungüento los pies de Cristo, limpiándolos con sus cabellos y cosiendo su boca con sus plantas: entra en su pecho y contempla su corazón abrasado en amor y en dolor de haber ofendido a Dios; oye lo que dice, porque callando habla , y enmudecida da voces con las niñas de sus ojos y los arroyos de lágrimas que derrama; mira qué grato servicio hace a Cristo, y acompáñala en su llanto; arrójate a los pies del Salvador callando y llorando, que él admitirá tu contrición y te hará las mercedes que hizo a esta santa pecadora.

PUNTO III. Considera cómo el fariseo sintió mal de Cristo porque se dejaba tocar de esta pecadora, y de ella porque le tocaba condenando en su corazón a los dos, y cómo penetró Cristo lo que juzgaba en su corazón, y le reprendió suavemente volviendo por la honra de los dos, a donde tienes mucho que aprender; lo primero a no murmurar de los servicios que se hacen a Dios, ni de las personas espirituales que se rigen por fines superiores que no se pueden condenar: lo segundo a tener paciencia si te vieres murmurado por las buenas obras que hicieres como santa María Magdalena; persuadiéndote que de todo hay quien diga mal: lo tercero en dejar a Dios tu causa, que él volverá por ella como Cristo volvió por esta santa pecadora: lo cuarto advierte que Dios mira y penetra lo íntimo de tu corazón, y que no se le esconde nada y trata las cosas interiores de tu alma como quien obra en la presencia de Dios.

PUNTO IV. Considera cómo Cristo se volvió a mirar a santa María Magdalena, y premiando su humildad y arrepentimiento, le dijo que le perdonaba sus pecados y que se partiese en paz ¡Oh alma mía! y qué tesoro tienes aquí en que cavar y sacar oro finísimo para enriquecerte de bienes celestiales. Volvió Cristo el rostro a santa María Magdalena y luego le perdonó sus pecados, y con el perdón le comunicó la paz y tranquilidad de su alma; estos son los grados por dónde viene al espíritu la santidad; lo primero mirarle Dios; lo segundo perdonarle y luego darle la paz, que no puede tenerla el que está poseído de sus pecados. Ponte con Magdalena a los pies de Cristo, que por ventura has pecado más que ella, pídele que vuelva los ojos a mirarte y te perdone tus pecados ¡Oh buen Jesús! miradme a mí y tened misericordia de mí; no os dé en rostro la fealdad de mis culpas, más venza vuestra piedad la grandeza de mis pecados; miradme y perdonadme como a esta santa pecadora, que a mí me pesa de haberos ofendido y quisiera tener sus lágrimas y contrición para dolerme y lavarme de mis culpas ¡Oh Señor! Y qué paz y gozo inexplicable disteis a su alma con aquella palabra, tus pecados son perdonados, vete en paz. Óigala yo, Señor, de vuestra boca y dad paz a este pecador, que si vos no me la dais nunca la podré alcanzar.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.




DE LAS VIRTUDES QUE CRISTO NOS ENSEÑÓ AMARRADO A LA COLUMNA

 

 


Jueves de Pasión

DE LAS VIRTUDES QUE CRISTO NOS ENSEÑÓ AMARRADO A LA COLUMNA.

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Jueves de Pasión

DE LAS VIRTUDES QUE CRISTO NOS ENSEÑÓ AMARRADO A LA COLUMNA.

 

PUNTO PRIMERO. No pases de corrida por el pretorio de Pilatos, mas detén el paso y contempla con atención, no ya en la imagen del Salvador, sino en su propia persona amarrado por tí a la columna, y hecho una llaga de los pies a la cabeza con el rigor de los azotes; oye la lección que te lee, no solo de paciencia, sino de otras muchas virtudes que te enseña callando, hablando por tantas bocas cuantas son las llagas que están repartidas por su cuerpo santísimo; lo primero te enseña a macerar tu carne con ayunos, disciplinas y asperezas; porque si el Salvador, que no hizo pecado ni se oyó de su boca palabra de imperfección, hace tal penitencia por los ajenos, ¿cuál es razón que la hagas tú por los propios tuyos? Y como dice san Ignacio nuestro padre, cuando no hubiera otro fruto mas que imitar a Cristo y hacerse una imagen suya, era de sumo interés para disciplinarnos y hacer grande penitencia por su amor.

PUNTO II. Considera cómo Cristo se desnudo y padeció aquel empacho a vista de todo el pueblo por nuestro amor, enseñándonos a padecer cualquiera empacho y vergüenza por el suyo, desnudando nuestras conciencias al superior y confesor, y manifestándole todas nuestras culpas para alcanzar perdón de ellas.

PUNTO III. Considera cómo recibió Cristo este castigo, que era propio de ladrones y homicidas, sin despegar su boca ni replicar, o apelar por sí ni por interpuesta persona, siendo tan inocente; para darnos ejemplo de llevar los castigos que nos dieren nuestros superiores por nuestras culpas, de cualquiera manera que sean, con silencio y paciencia a ejemplo suyo, y como recetados de la mano de Dios que ve y sabe lo que pasa.

PUNTO IV. Contempla a Cristo desnudo, Ilagado, preso y sin amparo; y entra dentro de ti, y mira qué dieras por alcanzar tal dicha que te fuera concedido poderle curar, lavarle, vestirle y consolarle; y considera que todo esto puedes hacer en sus pobres, curando a los llagados, vistiendo a los desnudos, libertando a los presos y consolando a los afligidos; porque él dice (1): lo que con uno de estos mínimos hicisteis, conmigo lo hicisteis. Toma, pues, esta lección, y movido de compasión duélete del Salvador y procura curarle, vestirle y darle libertad en sus pobres.

(1) Math. 21.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.