lunes, 10 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: SI EL GRANO DE TRIGO NO MUERE, QUEDA INFECUNDO

10 de agosto
SAN LORENZO,  MÁRTIR
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Jn 12, 24-26

 TEXTOS DE LA MISA

COMENTARIOS AL EVANGELIO

DICHOSOS LO QUE ODIAN PARA CONSERVAR, POR TEMOR DE PERDER CON SU AMOR. San Agustín

10 de agosto. San Lorenzo, diácono, mártir

GLORIA DE SAN LORENZO. Dom Gueranger

10 de agosto. SAN LORENZO Y MEDITACIÓN SOBRE SU VIDA

10 DE AGOSTO SAN LORENZO DIÁCONO Y MÁRTIR

SAN LORENZO NOS ENSEÑA LA RENUNCIA. HOMILÍA

SAN LORENZO NOS HAGA VENCER EL FUEGO DE LAS PASIONES Y ABRASARNOS EN EL AMOR DE CRISTO. Homilía

SAN LORENZO Y LOS BIENES DE LA LIMOSNA. HOMILÍA

LAS PREPARACIONES. Homilía

domingo, 9 de agosto de 2026

Día 10. EL CORAZÓN DE MARÍA UNIDO AL DE SAN JOSÉ POR UN CASTO VÍNCULO EN EL MATRIMONIO. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


Día 10

EL CORAZÓN DE MARÍA UNIDO AL DE SAN JOSÉ POR UN CASTO VÍNCULO EN EL MATRIMONIO

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Día 10

EL CORAZÓN DE MARÍA UNIDO AL DE SAN JOSÉ POR UN CASTO VÍNCULO EN EL MATRIMONIO

 

María, predestinada a concebir y dar a luz al Verbo eterno, debía ser al mismo tiempo Virgen y Madre; y este misterio debía permanecer oculto al príncipe de las tinieblas, como enseñan san Ignacio Mártir y san Jerónimo. Por ello, esta Santísima Virgen debía tener, como las demás mujeres, un esposo.

Así, un hombre fue señalado a los sacerdotes como digno de una esposa tan excelsa mediante signos maravillosos que, según algunos Santos Padres, consistieron en una vara que floreció en su mano y una paloma que descendió del cielo y se posó sobre su cabeza.

Lo que la Santísima Virgen había guardado hasta entonces en lo más secreto de su corazón, es decir, su voto de perpetua virginidad, tuvo que ser manifestado a José en el momento de los desposorios.

José hizo también el mismo voto.

Así, aquellos dos corazones fueron los primeros en quedar unidos por un doble vínculo: el de una castidad inviolable y el de un matrimonio indisoluble.

¡Cuántas bendiciones derramó Dios sobre un matrimonio sin precedente, preparado por Él mismo!

La Esposa llegó a parecerse de manera admirable al Padre eterno. Como fue revelado a santa María Magdalena de Pazzi en uno de sus éxtasis: «El Padre eterno, que no cesa jamás de engendrar al Verbo, concedió a María el poder de engendrar en nuestra carne mortal a ese mismo Verbo que Él engendra eternamente.»

Así, María lo engendró verdaderamente según la naturaleza humana, porque Dios quiso manifestar de este modo a su criatura la inmensidad de su amor.

Por eso, así como el Padre eterno es al mismo tiempo Virgen (es decir, absolutamente puro) y Padre, María es también Virgen y Madre del mismo Hijo.

¡Y cuánto debía parecerse a María y al Padre eterno aquel a quien el mismo Padre eligió para representarlo en la tierra y ser el compañero inseparable y el fiel custodio de la Santísima Virgen!

San José recibió gracias abundantísimas. Entre ellas sobresale esta, verdaderamente admirable: «Una llama de amor paternal descendió a su corazón desde el mismo seno de Dios Padre.»

En estos dos corazones encontramos dos amores únicos, que ninguna otra criatura ha poseído jamás: el amor maternal del Corazón de María; y el amor paternal del corazón de san José. Ambos amores estaban totalmente dirigidos hacia la Persona del Hijo de Dios.

Que los esposos aprendan de un ejemplo tan sublime a santificar su unión y a hacerse dignos de las bendiciones del cielo.

Y quienes no están llamados al matrimonio, afiáncense cada vez más en el amor a la santa castidad.

El divino Retoño que floreció sobre el lirio de María fue fruto de esa virtud.

¿Y nosotros? ¿Qué estima hemos tenido por esta hermosa virtud?

¡Ay!, con demasiada frecuencia la hemos despreciado y la hemos perdido «por un puñado de cebada», es decir, por un placer brutal; «por un pedazo de pan», es decir, por una miserable ganancia.

¡Virgen Inmaculada!

¡Castísimo Esposo de María!

¡Venid en mi ayuda y socorredme!

 

ORACIÓN

¡Oh María! Te invoco y te venero como la más pura de todas las criaturas. Socórreme en todas las ocasiones en que pueda verme expuesto a las tentaciones de la carne y al peligro de sucumbir a ellas. No permitas que mi alma sea jamás manchada por el más leve pecado de impureza; y haz que, después de haber conservado con todo el cuidado posible la delicada flor de la castidad, pueda morir revestido de la vestidura nupcial, para ser admitido a las bodas del Cordero sin mancha. Amén.

 

FLOR. Repetir con frecuencia: «Virgen purísima, Virgen castísima, rogad por mí.»

 

FRUTO. Conservar escrupulosamente la pureza, evitar todo lo que pueda ponerla en peligro y vigilar cuidadosamente los propios sentidos.

 

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.

San Lorenzo, diácono y mártir. — 10 de agosto

 


San Lorenzo, diácono y mártir. — 10 de agosto

(+ 258)

 

El gloriosísimo y fortísimo mártir san Lorenzo, nació en Huesca del reino de Aragón: su padre llamado Orencio y su madre, Paciencia, fueron santos, y de ellos celebra festividad la iglesia de Huesca. Hízole el papa san Sixto, segundo de este nombre, arcediano, o primero de los diáconos de la iglesia romana. Por este tiempo anduvo muy brava la persecución del emperador Valeriano: y en ella fue preso san Sixto y llevado a la cárcel. Salióle al camino san Lorenzo y le dijo: «¿A dónde vas, oh padre, sin tu hijo? ¿A dónde vas, oh sacerdote, sin tu diácono?» Respondióle el venerable pontífice: «A ti, hijo mío, como a más joven, te aguardan más rigurosos suplicios, y más gloriosa victoria: anda a repartir a los pobres los tesoros de la Iglesia; porque presto me seguirás como hijo al padre, y como diácono al sacerdote.» Cumplió san Lorenzo enteramente la voluntad del pontífice, y gastó toda la noche en visitar a los pobres y repartirles el tesoro de la Iglesia, y el día siguiente volvió a san Sixto, y viendo que ya le llevaban a degollar, corrió a él y con voz alta y llorosa le dijo: «No me desampares, padre santo: ya cumplí tu mandamiento y distribuí los tesoros que me encargaste.» Oyeron los ministros de justicia estas palabras, y, a la voz de los tesoros, echaron mano de Lorenzo, y dieron noticia de lo que habían oído al emperador, el cual se holgó de ello esperando hartar su codicia. Preguntóle, pues, por los tesoros de la Iglesia; y el santo con una sabiduría y sagacidad divina le respondió, que se los traería. Y juntando el santo diácono un buen número de ciegos, mancos y pobres, a quienes había socorrido, se vino con ellos al emperador y díjole: Estos son los tesoros de la Iglesia. No se puede fácilmente creer la saña que recibió el tirano, viendo así frustradas sus esperanzas: mandóle luego azotar y rasgar sus carnes con escorpiones; y echando de ver que no se quejaba ni daba un solo gemido, antes se reía del tirano y de los tormentos, embravecióse más y exclamó: «Tú eres un mago; pero yo te juro por los dioses inmortales que has de padecer tan graves penas que ningún hombre hasta hoy las padeció.» A lo cual respondió Lorenzo: «En nombre de Jesucristo te aseguro que no las temo.» Mandóle pues atormentar toda la noche con varios suplicios, y finalmente asarle en un lecho de hierro a manera de parrillas, en las cuales no mostró el santo ningún sentimiento de dolor; sino que estando asada una parte de su cuerpo, habló al tirano y le dijo: «Ya está asada la mitad de mi cuerpo; manda que me vuelvan de la otra parte, y que me echen la sal.» Y mientras el tirano con los ojos encarnizados y dando bramidos de rabia y furor mandaba a los sayones que atizasen el fuego, el fortísimo mártir, levantados los ojos al cielo, decía: «Recibid, Señor, este sacrificio, en olor de suavidad»; y dando gracias al Señor, expiró.

Reflexión: Este es el martirio de san Lorenzo, gloria de España, y tan ilustre en toda la cristiandad, después del protomártir san Esteban, que como dice san Agustín, «alumbró con sus resplandores el universo mundo.» ¿Quién no se animará con tal ejemplo a servir a Jesucristo con viva fe, segura esperanza y encendida caridad, sin temer el fuego y crisol de la tribulación por donde se llega al eterno descanso y refrigerio?

Oración: Concédenos, oh Dios todopoderoso, que se apaguen en nosotros las llamas de nuestros vicios; pues concediste al bienaventurado san Lorenzo que venciese el fuego de sus tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.