Viernes de la XVI semana después de Pentecostés
DEL EVANGELIO DE LAS TÉMPORAS DE ESTE DÍA: CONVERSIÓN DE SANTA MARÍA MAGDALENA
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Viernes de la XVI semana después de Pentecostés
DEL EVANGELIO DE LAS TÉMPORAS DE ESTE DÍA: CONVERSIÓN DE SANTA MARÍA MAGDALENA
El Evangelio es de san Lucas, en el capítulo 7, en que refiere la conversión de santa María Magdalena, cuando, estando Cristo en el convite, se arrojó a sus pies, regándolos con lágrimas y limpiándolos con sus cabellos; de lo cual el fariseo murmuró, y el Salvador la defendió y la envió en paz, perdonándole sus pecados.
PUNTO PRIMERO. Considera que el primer paso que dio santa María Magdalena en su conversión, como dicen san Ambrosio y san Gregorio sobre este Evangelio, fue el reconocimiento de sus culpas y de la fealdad de su alma; y este la movió a buscar el remedio para que la sanase, el cual no buscara si no se mirara y conociera su necesidad.
Este paso has de dar tú en la tuya, acompañando a esta santa pecadora. Abre los ojos del alma y contempla tus pecados y la fealdad que causan en ella.
Mira cuántos has hecho en todo el discurso de tu vida y la necesidad que tienes de remedio; y busca, con María Magdalena, al Médico celestial, que es Cristo nuestro Redentor.
Arrójate a sus pies con ella, pidiéndole que sane las llagas de tu alma.
PUNTO II. Contempla a santa María Magdalena a los pies de Cristo, vestida de un saco, ceñida con una soga, llorando amargamente sus pecados, confesándolos con los ojos, con tantas palabras como lágrimas; besando los pies con la boca, ungiéndolos con el ungüento, limpiándolos con los cabellos y abrasándose el corazón en llamas de amor divino en tanto grado, que el mismo Cristo dijo que le amó mucho, y por eso le perdonó sus muchos pecados.
¡Oh, qué espejo de penitencia tienes aquí en que mirarte, si quieres alcanzar perdón de tus culpas!
Imita a esta santa penitente en el dolor y contrición de tus pecados, en las lágrimas, en los sollozos y en la humildad; confesando tus culpas a los pies del Redentor y de los que están en su lugar; en el amor fino de Dios y en emplear en servirle todos los sentidos e instrumentos que empleaste en ofenderle.
Ponte a los pies del santo Crucifijo y pídele con lágrimas que te dé la contrición, el dolor y el amor que dio a santa María Magdalena; y a la santa, que interceda con Él para que la acompañes en la penitencia y merezcas ser su consorte también en el perdón y la gracia del Señor.
PUNTO III. Considera cómo, empezando a servir a Dios santa María Magdalena, empezó juntamente a hacerle guerra el demonio por medio del fariseo, murmurando de ella y de Cristo, que la admitió en su gracia, y motejándole de falso profeta, y a ella de pública pecadora.
Considera también cómo la Magdalena calló y prosiguió su penitencia, y Cristo volvió por ella; en lo cual tienes mucho que aprender y venerar.
Persuádete de que el demonio se arma contra los siervos de Dios, y que, en declarándote por Él, has de padecer guerras y contradicciones; pero no por ellas descaezcas ni vuelvas atrás, sino prosigue tu camino, que Dios te defenderá como defendió a santa María Magdalena.
¡Oh Señor!, con tan buen Capitán y con tan poderoso Defensor no temeré a todo el mundo que se arme contra mí. Estad a mi lado, defendedme y esforzadme, que yo os ofrezco perder mil vidas antes que dejaros o volver un paso atrás en vuestro santo servicio.
PUNTO IV. Considera las mercedes que hizo Dios a esta santa; pues, fuera de defenderla y volver por su honra, como está dicho, se careó con ella, mirándola con ojos de piedad, consolándola, recibiendo sus lágrimas y penitencia, honrándola públicamente, perdonándole todos sus pecados, engrandeciendo el amor de su corazón y enviándola en paz: en paz con Dios, en paz consigo misma y en paz con los hombres y con todos sus enemigos, haciéndole espaldas y defendiéndola para que ninguno la pudiese turbar.
Mira, por una parte, el premio que da Dios a los penitentes y las honras y mercedes que les hace; y, por otra, el consuelo, gozo y tranquilidad del alma de santa María Magdalena; la alegría con que volvería a su casa, habiendo descargado el peso de sus pecados; las llamas de amor que arderían en su corazón para con Cristo; los deseos fervorosos de servirle; y cuán diferente sazón tendría en su alma que cuando seguía los antiguos gustos de sus apetitos.
¡Oh dichosa penitencia, que tal premio has tenido! ¡Oh pasos bien empleados en buscar y hallar a Cristo! ¡Oh lágrimas preciosísimas, que tanto habéis valido y merecido!
¡Oh Señor!, dadme una centella del fuego sagrado de amor que disteis a santa María Magdalena, para que yo sepa amaros y llorar mis culpas, y empezar a serviros. Miradme como la mirasteis, defendedme como la defendisteis y dadme paz en mi alma, para que la tenga con Vos, con todos y conmigo mismo, y persevere siempre en vuestro servicio.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.