DÍA 5
DURACIÓN DE LAS PENAS DEL PURGATORIO
DEVOCIÓN
A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Mes de noviembre santificado
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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DÍA 5
DURACIÓN DE LAS PENAS DEL PURGATORIO
«¡Ay de mí, que se prolonga mi destierro!» Salmo 119, 5
A veces nos hacemos ilusiones. Imaginamos que Dios no puede hacer sufrir durante mucho tiempo y con tanta crueldad a unas almas que ya son amigas suyas. Nos figuramos que esas llamas devoradoras, precisamente por su intensidad, deben purificar pronto el alma de las manchas leves que todavía la ensucian.
Pero esto es un error del que el demonio se sirve, primero, para que sintamos menos horror al pecado venial y nos abstengamos de hacer penitencia por las faltas pasadas; y, después, para que olvidemos rápidamente a las pobres almas retenidas en las llamas expiatorias.
Podemos considerar la duración de los sufrimientos del purgatorio de dos maneras diferentes: en primer lugar, como un determinado espacio de tiempo y, en segundo lugar, como una duración que parece prolongarse debido a la extraordinaria intensidad de los sufrimientos.
En cuanto al espacio de tiempo, he aquí las palabras del cardenal Belarmino, cuya autoridad tiene un peso considerable en teología: «Es cierto que las penas del purgatorio pueden durar más de diez y más de veinte años; me atrevo incluso a decir que más de cien y más de mil».
Prueba su afirmación mediante varios pasajes de los santos Padres y revelaciones consideradas muy dignas de crédito, según las cuales algunas almas están condenadas a arder en el purgatorio hasta el día del juicio.
Esta opinión sorprende menos cuando pensamos que quienes se han hecho culpables de varios pecados mortales han merecido, por cada uno de ellos, las penas eternas del infierno. Ahora bien, el purgatorio viene a ser como una compensación y una conmutación de las penas del infierno.
También respalda esta opinión, admitida por teólogos doctos, la costumbre inmemorial de toda la Iglesia, que permite fundar misas perpetuas, celebra aniversarios por personas fallecidas hace cien o doscientos años y continúa ofreciendo estas oraciones sin establecer nunca un plazo para ellas.
Por otra parte, aunque los sufrimientos del purgatorio fueran breves en sí mismos, siempre parecerían muy largos a causa de su intensidad. En efecto, ¿quién podrá decirnos cómo experimentan el transcurso del tiempo quienes sufren en la otra vida?
Para nosotros, la duración no consiste simplemente en el tiempo que pasa, sino en el tiempo que sentimos pasar; y la lentitud con que transcurre aumenta para quien sufre en proporción a su dolor.
Esto es lo que hace que, para las almas del purgatorio, los minutos contengan largos días, los días parezcan largos años y los años se conviertan en siglos.
No nos dejemos, pues, engañar por ilusiones tranquilizadoras. No nos imaginemos con demasiada facilidad que ya hemos expiado suficientemente nuestras faltas pasadas. No tratemos nunca más a la ligera el pecado venial y no nos cansemos de orar por el descanso de las almas que nos son queridas.
Escuchemos a cada una de ellas decirnos: «¡Desdichado de mí, que se prolonga mi destierro! Tened piedad de mí, al menos vosotros, mis amigos» (Job 19, 21).
RAMILLETE ESPIRITUAL
«Un solo día en este lugar de expiación puede compararse con mil días de tormentos terrestres». San Agustín
EJEMPLO
LA DURACIÓN DE LOS SUFRIMIENTOS
Un día, un religioso se apareció después de su muerte a uno de sus hermanos y le reveló que tres días pasados en el purgatorio le habían parecido más largos que tres mil años.
Un hombre que despreciaba los tormentos del purgatorio vio aparecer a dos jóvenes que lo precipitaron allí de repente. Después de un cuarto de hora de sufrimiento, gritaba:
—¡Sacadme de aquí, sacadme! ¡Hace años que estoy sufriendo aquí!
Así, estos prisioneros del purgatorio, mucho más que los prisioneros de la tierra, cuentan aquellas largas horas que tardan tanto en pasar y que el sufrimiento parece volver interminables.
RESPONSO POR NUESTROS DIFUNTOS
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Padre nuestro… (se recita en silencio)
V. Libra, Señor, sus almas.
R. De las penas del infierno.
V. Descansen en paz.
R. Amén.
V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.
V. El Señor esté con vosotros
R. Y con tu espíritu.
Oremos. OH DIOS, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito.
Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio. Amén.
V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para ellos luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.