viernes, 30 de octubre de 2026

DE LA TERCERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE SERÁN CONSOLADOS». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Sábado de la XXII semana después de Pentecostés

DE LA TERCERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE SERÁN CONSOLADOS».

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XXII semana después de Pentecostés

DE LA TERCERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE SERÁN CONSOLADOS».

 

PUNTO PRIMERO. Pondera lo primero que en estas palabras condenó Cristo las risas, los deleites, los festines y entretenimientos del mundo, a los cuales no está vinculada la vida eterna que Dios promete a los que lloran, sino la muerte eterna, según aquello del santo Job (1): «Pasan sus días con alegría y bajan en un punto al infierno».

Y lo que dice Cristo (2): «¡Ay de vosotros que reís ahora, porque lloraréis y gemiréis después!»

Porque, así como al día se sigue la noche y a la noche el día, de la misma manera a las delicias de este mundo se sigue la triste noche en el otro, y a la penitencia y lágrimas la luz alegre de perpetua alegría.

Pondera, pues, cuánta es la ceguedad de los mortales, que por gozar aquí de un soplo de alegría soñada pierden la verdadera y eterna que promete Dios para siempre a los que aquí lloran y se afligen con penitencia; y la prudencia de los buenos, que, dando de mano a los deleites sensuales en esta miserable vida, granjean en la otra los eternos.

¡Oh felices los que aquí lloran, porque serán consolados eternamente; e infelices los que aquí ríen, porque gemirán sin consuelo y llorarán sin fin en el infierno para siempre!

Piensa, medita y considera cuán gran yerro es el de los malos, y cuánto acierto el de los buenos; y resuélvete a seguir a estos y no a aquellos, porque merezcas ser consolado eternamente.

 

PUNTO II. Considera el valor de las lágrimas, que, puestas en balanza, pesan tanto como el cielo, pues vinculó Dios a ellas la bienaventuranza, diciendo: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados»; adonde has de ponderar, con san Agustín y san Crisóstomo, que todo su valor tienen en la penitencia.

Porque el llanto nacido de verdadera contrición anega y borra los pecados, y alcanza el perdón y la gracia del Señor, que es la semilla de la bienaventuranza; y derramadas por los bienes temporales, son perdidas y no aprovechan nada.

Pondera esta verdad, y no derrames perlas de tan subido valor por tan bajo precio; mas estímalas como merecen, y pide a nuestro Señor que te dé este don de lágrimas y la verdadera contrición de tus pecados, para que merezcas el perdón y con él su divina gracia.

 

PUNTO III. Considera las causas que hay de llorar: los muchos pecados que se cometen en el mundo; las infidelidades, las herejías, las sectas falsas contra la verdadera religión; las guerras entre los cristianos; los pecados entre los fieles, que habían de servir más a Dios; el descuido de los pastores y predicadores en despertar al mundo y mirar por el rebaño del Señor; la infinidad de almas que se condenan por esta causa; el infierno poblado y el cielo desierto.

Llora y gime en el acatamiento de Dios, y pídele con instancia y perseverancia que ponga fin a tantos males, y envíe ministros que miren por el bien de la Iglesia y la salud de las almas; y por la tuya en primer lugar, que es tu primera obligación.

 

PUNTO IV. Considera qué consuelo es el que promete aquí el Redentor a los que lloran; porque, en primer lugar, los consolará con el perdón de los pecados, como consoló a santa María Magdalena, que es la primera consolación; y, en segundo lugar, con la esperanza de la vida eterna y de alcanzar lo que piden, como consoló al santo Simeón, que lloraba por la salud de Israel.

En tercer lugar los consolará, dándoles por las lágrimas una interior alegría y un gozo inefable con que alivie su tristeza y consuele su aflicción.

Y, últimamente, serán consolados, como dice san Agustín, en la gloria, trocando Dios su llanto en alegría, y sus lágrimas en perpetuas aleluyas y cánticos celestiales.

Allí, dice san Juan, limpiará Dios las lágrimas de los ojos de los bienaventurados (1), y no se oirá más llanto, ni gemido, ni clamor, porque todo será un gozo continuado, y una alegría y gloria perpetua sin alguna intermisión.

Contempla la grandeza de su premio, y cuánto se gozan hoy los que le han alcanzado; y esfuérzate a merecerle con la gracia del Señor.

Pídele que te la dé para llorar tus pecados y los de todos los hombres, y esperar de su mano la consolación celestial.

(1) Apoc. 21.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

31. DE LA GRAN DEVOCIÓN QUE EN ESPAÑA Y EN TODAS PARTES SE TIENE A SANTA TERESA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA TRIGÉSIMO PRIMERO

DE LA GRAN DEVOCIÓN QUE EN ESPAÑA

Y EN TODAS PARTES SE TIENE A SANTA TERESA

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA TRIGÉSIMO PRIMERO

DE LA GRAN DEVOCIÓN QUE EN ESPAÑA

Y EN TODAS PARTES SE TIENE A SANTA TERESA

Si grande había sido la devoción que se tributaba a Santa Teresa de Jesús antes de ser incluida por la Iglesia en el catálogo de los Santos, imponderable fue el desarrollo que tomó desde su solemne canonización verificada en Roma por el Sumo Pontífice Gregorio XV, en el año de 1622.

Inmenso fue el júbilo que hubo en España con tal motivo, y como señales de él se celebraron solemnísimas fiestas religiosas y profanas en todo el Reino.

Los Reyes, Príncipes y Grandes de España visitaron su glorioso sepulcro en Alba de Tormes y se emprendieron numerosas peregrinaciones a los lugares donde nació y murió la insigne Virgen Carmelitana.

Muchos Soberanos y Príncipes de Europa pusieron el nombre de Teresa a las hijas que el Cielo les diera y enviaron ricos presentes al convento de Alba, donde está el santo cuerpo.

Los libros escritos por la Santa se hicieron tan populares, que apenas había persona de mediana instrucción que dejase de leerlos, y así hubo necesidad de traducirlos a todos los idiomas para que nadie se privase de admirar tanta sabiduría y galanura de estilo en medio de tanta sencillez y celestial doctrina.

El Rey Don Felipe IV, gran devoto de Santa Teresa, agradecido a la protección dispensada por la Santa a las armas españolas en Amberes, Bélgica, y en la recuperación de la ciudad del Salvador, en América, de acuerdo con las Cortes del Reino declaró solemnemente a Santa Teresa de Jesús Compatrona de las Españas, y, a fin de dar más valor y firmeza a esta declaración, solicitó del Sumo Pontífice Urbano VIII que la confirmase, a lo cual accedió benignamente Su Santidad por un Breve de 21 de julio de 1627, en el que se confirma la elección de Santa Teresa por Patrona de estos Reinos, sin perjuicio del antiguo patronato que sobre los mismos ya entonces existía del ínclito Apóstol Santiago.

En el año de 1812, cuando, con motivo de la invasión francesa en nuestra patria, hubo de retirarse a Cádiz el Rey Don Fernando VII, las Cortes allí reunidas, ante aquellas tristes y azarosas circunstancias, imploraron la protección de Santa Teresa de Jesús, reconociéndola como Patrona y Tutelar del Reino.

 

OBSEQUIO

Hagamos hoy, como último día del mes, el Acto de Consagración que va al final de estos Ejercicios, el cual fue compuesto por San Alfonso María de Ligorio, gran devoto de la Santa Madre.

 

MÁXIMA

En tiempo de tristeza y turbación no deje las buenas obras que solía hacer de oración y penitencia, porque el demonio procurará inquietarle para que las deje; antes tenga más que solía, y verá cuán presto el Señor le favorece.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por el amor y devoción tan grande que siempre os han profesado los españoles y, por el aumento que en estos últimos tiempos ha tenido vuestro culto, os suplico, Santa mía, amparéis benigna a esta vuestra católica España, la libréis de toda clase de males e infortunios y hagáis que todos nosotros, vuestros devotos, os amemos más y más cada día, para que algún día merezcamos gozar con Vos de la eterna bienaventuranza. Amén.

 

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

 

ACTO DE CONSAGRACIÓN

A SANTA TERESA DE JESÚS

PARA EL ÚLTIMO DÍA DEL MES DE OCTUBRE

¡Oh Seráfica Virgen, amada esposa del Divino Verbo, Santa Teresa de Jesús!

Yo, N..., aunque indigno de ser siervo vuestro, animado, sin embargo, de vuestra bondad y del deseo de serviros, os elijo hoy, en la presencia de la Santísima Trinidad, de mi Ángel Custodio y de toda la Corte Celestial, por mi particular Madre, Maestra y Abogada, después de María Santísima, y propongo firmemente querer siempre serviros y hacer cuanto me sea posible para que seáis servida y honrada por todos.

Os suplico, pues, Seráfica Santa mía, por la sangre de vuestro Divino Esposo derramada por mí, que me recibáis en el número de vuestros devotos para perpetuo siervo vuestro.

Favorecedme en mis angustias y alcanzadme gracias para imitar desde hoy en adelante vuestras virtudes, caminando por el verdadero camino de la perfección cristiana.

Asistidme de un modo particular en la oración, y alcanzadme del Señor este don tan glorioso, que en vos fue tan grande, para que, amando y contemplando al Sumo Bien, no ofenda, ni aun ligeramente, con mis pensamientos, palabras y obras, vuestros ojos ni los de mi Dios.

Aceptad esta pequeña ofrenda en señal de mi servidumbre, asistiéndome en la vida, y particularmente en la hora de mi muerte.

Amén.