miércoles, 30 de septiembre de 2026

San Remigio, arzobispo de Reims. — 1 de octubre

 


San Remigio, arzobispo de Reims. — 1 de octubre

(+ 533)

 

San Remigio, esclarecido taumaturgo y apóstol de Francia, fue hijo de Emilio, señor de Laón, y de santa Cilinia, cuya memoria celebra la Iglesia en 21 de octubre. Hizo rápidos progresos en las letras y virtudes y para huir de los peligros del mundo se retiró al castillo de Laón. A la edad de veintidós años, por muerte de Beunado, arzobispo de Reims, fue elegido por su sucesor, dispensándole el papa la falta de años que alegaba el santo mozo para esquivar aquella dignidad. Nota san Gregorio Turonense que fue tan eminente la santidad de su vida, que era san Remigio tan venerado en Reims como san Silvestre en Roma. Ilustróle el Señor con el don de milagros: alumbró ciegos, libró endemoniados, multiplicó el vino, apagó un terrible incendio, sanó toda clase de enfermedades y resucitó algunos muertos; pero el mayor portento de san Remigio fue la conversión del rey y de casi toda la nación francesa. Hacía cinco años que reinaba Clodoveo, el cual era gentil y estaba casado con Clotilde y, aunque esta santa reina le persuadía que dejase sus ídolos y reconociese por verdadero Dios a Jesucristo, no podía salir con su intento. Mas haciendo Clodoveo la guerra a los alemanes y suevos, y hallándose en la jornada de Tolbiac muy apretado y en peligro inminente de perderse, pidió socorro y favor a Jesucristo, prometiéndole de hacerse cristiano si le daba victoria de sus enemigos. En habiendo hecho esta promesa se arrojó con el numeroso ejército de sus contrarios y lo desbarató, dejando a su mismo rey tendido en el campo y alcanzando de ellos la más completa victoria. Volvió triunfante a su reino para cumplir su palabra y, señalado el día en que había de recibir el bautismo, adornóse de telas blancas y ricas colgaduras para esta augusta ceremonia la iglesia de san Martín que estaba afuera de los muros de Reims. Las hachas y las velas, que ardían en gran número, estaban preparadas con bálsamos olorosos y suaves perfumes y el día de la Natividad del Señor, el rey, adornado de blancas vestiduras y tres mil catecúmenos de su corte y ejército, fueron bautizados por san Remigio, el cual dió a Clodoveo el nombre de Luis, siendo el primero de este nombre y el que dio principio a los cristianísimos reyes de Francia. Finalmente, habiendo san Remigio hecho innumerables bienes a aquel rebaño de Jesucristo y gobernado santísimamente su iglesia setenta y cuatro años, a los noventa y seis de su vida dio su alma al Señor, con gran sentimiento y llanto de todo el reino de Francia, que perdió tan buen padre, maestro y pastor.

 

Reflexión: No cabe duda que la conversión de Clodoveo y los Francos al catolicismo se debe en gran parte a las oraciones y ejemplos de su santo prelado y de la piadosa reina Clotilde. ¡Oh cuánto pueden las plegarias fervientes y el buen ejemplo de un celoso pastor, de una buena madre, de una esposa cristiana, de un amigo caritativo y, en general, de todos los fieles para trocar los corazones! Cuando, desatados de los lazos del cuerpo, entremos en la posesión de los bienes eternos, veremos sin duda que más conversiones han obrado la oración y la fragancia de las virtudes de los siervos de Dios, que la predicación de los varones apostólicos, pues aun ésta, por sí sola y destituida de aquélla, quedaría en gran parte frustrada.

 

Oración: Concédenos, oh Dios omnipotente, que la venerable festividad de tu confesor y pontífice el bienaventurado Remigio, nos aumente la devoción y el deseo de nuestra eterna salud. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «VENGA A NOS TU REINO». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Jueves de la XVIII semana después de Pentecostés DE LA SEGUNDA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «VENGA A NOS TU REINO».

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XVIII semana después de Pentecostés DE LA SEGUNDA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «VENGA A NOS TU REINO».

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo primero cómo Cristo es Rey; y aunque es Rey de los cielos y la tierra, pero el reino celestial es el que más aprecia y el que más estima. De éste dijo que vino a dar testimonio; de éste habló cuando empezó a predicar, y dijo que hiciesen penitencia porque se acercaba el reino de Dios; de éste dice san Lucas (1) que habló con sus discípulos cuarenta días, que conversó con ellos después de su Resurrección; y éste finalmente dijo que estaba preparado para los buenos desde el principio del mundo.

Considera, pues, a Cristo en el trono de su gloria, coronado como Rey y con el cetro de su potestad en la mano, en suma majestad, adorado y respetado de toda su corte celestial. Extiende los ojos por aquel reino amplísimo, lleno de todas las delicias, riquezas, honras y grandezas que son considerables, con eterna gloria y perpetua seguridad. Contempla su grandeza y hermosura, y gózate del premio que te espera por tus trabajos, y enciéndete en vivos deseos de alcanzarle.

 

PUNTO II. Considera que los reyes de la tierra ninguna cosa más celan que sus reinos, y ser solos en ellos, y que ninguno tenga parte en su mando, y mucho menos en su corona; pero el Rey del cielo es tan magnífico y liberal, que ninguna cosa más desea y procura que comunicar su reino y tener muchos consortes en su corona; y así nos manda que se la pidamos por el deseo anticipado que tiene de dárnosla.

¡Oh, bendito sea tal Rey, tal Señor y tal Padre, que no le parece es Rey si no tiene a sus vasallos y criados por consortes de su gloria en su reino, coronados con Él! Dale infinitas gracias por esta merced; y saca de aquí no ser escaso ni envidioso con tus prójimos, queriendo las honras para ti solo, sino dando parte a todos y gozándote de tener muchos consortes de tu felicidad.

 

PUNTO III. Considera lo que debes hacer para ganar este reino, y cuán infeliz serías si te perdieses, deseando el mismo Señor dártele. Entra en cuentas contigo, y mira cómo has vivido hasta aquí y qué obras has hecho dignas del reino de Dios, y con qué título le pedirás el día de tu cuenta. Carga la consideración en la importancia de este negocio, que es la suprema de todas cuantas puedes tener, y que, si una vez se yerra, no hay cómo ni con qué soldarle. Y resuélvete a no perdonar cuidado, ni diligencia, ni trabajo por conseguirle. Pídele a Dios que te ayude con su divina gracia, y a todos los santos que intercedan por ti y que te la alcancen; y anímate con su favor a pelear con valor hasta alcanzar esta corona.

 

PUNTO IV. Considera cómo Dios reina en los suyos por gracia, y quiere reinar en todos y en ti, y no el pecado, ni la carne, ni sus apetitos; porque aquéllos reinan con Dios en el cielo, en los cuales reina Dios en la tierra, haciendo su santa voluntad en todas las cosas, como la hacen los ángeles en su reino. Pide, pues, a Dios que venga su reino en ti y en todos ahora, porque merezcamos reinar con Él después. Reine ahora en todos y reine en ti, haciendo en todo y por todo su santa voluntad, sin dar lugar a los apetitos ni a las inclinaciones de la carne. Clama, ora, pide, insta y persevera, suplicando al Señor que reine en ti, y destierre de ti a todos sus enemigos, y no permita que seas avasallado de alguno, ni servir a otro que a su Divina Majestad.

(1) Luc. 10. Matth. 3. Act.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DÍA 1. LA HUMILDAD DE MARÍA. MES DE OCTUBRE EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

 


DÍA 1

LA HUMILDAD DE MARÍA

 

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

 

DÍA 1

LA HUMILDAD DE MARÍA

Hallábase María Santísima recogida en su aposento, pidiendo por la redención del género humano, cuando un paraninfo celestial desciende hasta Ella y la saluda con las siguientes palabras: «Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú entre las mujeres». María Santísima se llena de asombro ante esta salutación. No podía concebir que un ángel del Señor la saludara con tanta veneración y respeto, prodigándole al mismo tiempo tantos y tan grandes elogios.

Esto sucede siempre a las almas humildes, las cuales, cuanto más se confunden y anonadan, tanto más se extrañan de que Dios se acuerde de ellas para ensalzarlas ante los ojos de los hombres.

¿Te sucede a ti esto también, alma mía, cuando Dios o los mismos hombres te prodigan por cualquier medio grandes elogios? Si así no lo haces, júzgate la más desgraciada de todas las criaturas, pues te falta la virtud de la humildad. Ten presente que todo el que se ensalza en este mundo será humillado y abatido en el otro.

 

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.