viernes, 28 de agosto de 2026

DEL BENEFICIO DE LA DIVINA PROVIDENCIA.



Sábado de la XIII semana después de Pentecostés

DEL BENEFICIO DE LA DIVINA PROVIDENCIA.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XIII semana después de Pentecostés

DEL BENEFICIO DE LA DIVINA PROVIDENCIA.

 

PUNTO PRIMERO. Considera a Dios como Padre universal de todo lo criado, y, sentado en el trono de su gloria, emplear desde allí su sabiduría y cuidado en proveer al hombre de todo lo necesario para su cuerpo y alma, sin que le falte nada de cuanto ha menester; antes le sobre todo, sin que se halle obligado a mendigar de otra parte cosa alguna.

Verdaderamente, quien considera la grandeza de Dios omnipotente, infinitamente sabio, poderoso e independiente de toda criatura, no podrá dejar de admirarse de verle ocupado y como solícito de cosa tan baja y humilde como es el hombre; y que por su causa emplea sus cuidados en los animales de la tierra, en las aves del aire, en los peces del agua y en todas las criaturas, hasta en los mosquitos, en los gusanos, en las malvas y en las más ínfimas criaturas.

Bendito sea tan buen Dios, y todas las criaturas visibles e invisibles le alaben y bendigan por su infinita providencia. Amén.

 

PUNTO II. Considera la providencia que tiene de todas las criaturas, discurriendo en particular por cada una, dando a todas el sustento, la casa, el vestido y la industria para valerse; armas para defenderse, virtud para propagarse y conservar su linaje, atendiendo a todas y a cada cual con tanto cuidado y providencia como si estuviera sola en el mundo.

Alaba su grandeza, amor, bondad y liberalidad, y dale gracias por todo.

 

PUNTO III. Vuelve los ojos a ti mismo y considera la providencia y cuidado que ha tenido el omnipotente Dios de ti en particular, sustentándote con tanto cuidado, vistiéndote, curándote, dándote casa, oficio, honra y hacienda, y previniendo todas las cosas necesarias de que necesitabas, para que no te faltase nada.

Mira los lances de tu vida, y cuántas veces hubieras acabado desastradamente si Dios, con su infinita providencia, no te hubiera librado; y cuántas te ha proveído, sin saber tú el cómo, de lo que necesitabas, teniendo el Señor más cuidado de ti que tú mismo.

Pondera que tú no sabes el número de los cabellos que tienes en tu cabeza, y Dios los tiene contados y sabe cuántos son, y no permitirá que te falte alguno sin particular providencia y para bien tuyo.

Considera el cuidado que Dios tiene de ti, nacido del amor con que te ama, y dale gracias por todo, y disponte a servirle y a mostrarte agradecido a lo que continuamente hace por ti.

 

PUNTO IV. Considera cómo toda su providencia ordena Dios para que le sirvas, tomando de las criaturas lo que conviene para su servicio y tu aprovechamiento, y no más.

Considera la cuenta que has de dar de este insigne beneficio a tu Criador, y cómo te has aprovechado hasta aquí de él para alabarle, engrandecerle y servirle; y pídele perdón de tu ingratitud y gracia para enmendarte y para recuperar en adelante lo que has perdido hasta aquí; y a la Beatísima Virgen María y a todos los santos, que intercedan por ti y suplan con sus alabanzas lo que falta a tu corto caudal.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DÍA 29. EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO, FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 29

EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO, FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA 29

EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO, FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO

 

Santa María Magdalena de Pazzis, habiendo escuchado en uno de sus maravillosos éxtasis la última conversación secreta de Jesús con su Madre, la refiere en estos términos:

 «Nuestro Dios es grande. Grandes son los secretos que el divino Esposo de nuestras almas comunica a María. ¡Oh María!, la conversación que vuestro Hijo tuvo con Vos antes de su Pasión fue una conversación de perfecta conformidad con la voluntad de Dios, su Padre; la que tuvo después de su Resurrección fue una conversación de alegría; y esta, siendo la última, fue una conversación de gloria.

 ¿Pero cuál podía ser entonces el tema que más os interesaba, oh María? ¿Sería acaso el Verbo, Esposo de las vírgenes, rodeado de las vírgenes? Sí, sin duda; puesto que Vos erais Virgen y amabais la virginidad, vuestro mayor deleite debía consistir en hablar de las vírgenes.»

Considera ahora qué aliento y qué fortaleza debió recibir el Corazón de la Reina de las Vírgenes en una conversación tan honorable para las esposas de Jesucristo. Imagínate acompañando al divino Redentor cuando, después de este coloquio, se dirigía con su Madre y sus discípulos hacia el monte de los Olivos.

Llegados allí, después de despedirse de su Madre y de bendecirlos a todos,

 «se separó de ellos y fue elevado al cielo»,

 a la vista de todos, hasta que, ya muy alto, una nube lo ocultó de sus miradas.

¡Ah!, ¿quién puede comprender plenamente toda la alegría y el éxtasis de María al contemplar aquel glorioso triunfo de su divino Hijo y ver aquel Cuerpo formado en sus entrañas elevarse por encima del más alto de los cielos y resplandecer con un brillo mayor que el del sol?

No se saciaba de contemplarlo y mantenía sin cesar la mirada fija en aquella parte del cielo por donde ascendía aquella águila victoriosa. Pero el Corazón de María siguió a su Hijo más allá de donde alcanzaban sus ojos, hasta el mismo cielo, donde su amado Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre.

La Iglesia nos exhorta todos los días, durante la Santa Misa, a elevar nuestros corazones. «Sursum corda», nos dice; y nosotros respondemos: «Habemus ad Dominum»: «Los tenemos levantados hacia el Señor».

Pero ¿respondemos con verdad?

«Si hemos resucitado con Jesucristo —nos dice el Apóstol—, no debemos buscar las cosas de la tierra, sino las del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre.»

Y la Iglesia añade:

 «Que nuestros corazones estén donde se encuentran los verdaderos gozos.»

¡Oh Jesús mío!, elevad mi corazón; arrebatadlo hacia Vos; atraedlo a Vos mismo y mantenedlo siempre unido a vuestro Corazón y al de vuestra tierna Madre. Que ya no permanezca hundido en el fango de este miserable mundo. Concededme esta gracia, Jesús mío, por el amor con que llevasteis al cielo el Corazón de vuestra divina Madre.

 

ORACIÓN

¡Oh María, Reina de todos los Santos!, la gloria de tu divino Hijo desde el día de su Ascensión me da una idea de tu grandeza y de la excelsa dignidad que posees como su Madre; y este pensamiento me llena de reverencia. Pero, al considerar la caridad que nunca dejas de mostrar hacia los pecadores que te invocan, siento renacer mi confianza; y, acudiendo a ti con profunda humildad, te suplico que me alcances la gracia de reparar con mi fervor los años estériles que tengo que lamentar y de llegar, por una fidelidad constante en imitarte, a la gloria eterna del cielo junto con todos los Santos. Amén.

 

FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria: «Atráeme en pos de Ti, Virgen María.»

 

FRUTO. Mantener el corazón desprendido de la tierra y elevado al cielo.

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.

 

La degollación de san Juan Bautista. — 29 de agosto

 


La degollación de san Juan Bautista. — 29 de agosto

(+ 32)

 

La degollación del Precursor de Cristo san Juan Bautista a quien mandó matar el impío y sacrílego tetrarca Herodes Antipas, hijo de aquel Herodes llamado Ascalonita que mató a los inocentes, refiere el sagrado Evangelio de esta manera: «Envió Herodes a prender a Juan, y le aherrojó en la cárcel por amor de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la cual se había casado. Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano. Por eso Herodías le armaba asechanzas a Juan y deseaba quitarle la vida; pero no podía conseguirlo, porque Herodes, sabiendo que Juan era un varón justo y santo, le temía y miraba con respeto, y hacía muchas cosas por su consejo, y le oía con gusto. Mas, en fin, llegó un día favorable al designio de Herodías, en que por la fiesta del nacimiento de Herodes, convidó éste a cenar a los grandes de su corte, y a los primeros capitanes de sus tropas, y a la gente principal de Galilea. Entró la hija de Herodías, bailó, y agradó tanto a Herodes y a los convidados, que dijo el rey a la muchacha: Pídeme cuanto quisieres, que te lo daré; y añadió con juramento: Sí, te daré todo lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino. Y habiendo ella salido, dijo a su madre: ¿Qué pediré?, respondióle: La cabeza de Juan Bautista. Y volviendo al instante a toda prisa a donde estaba el rey, le hizo esta demanda: Quiero que me des en una fuente la cabeza de Juan Bautista. El rey se puso triste, mas en atención al impío juramento y a los que estaban con él a la mesa, no quiso disgustarla, sino que, enviando a un alabardero, mandó traer la cabeza de Juan en una fuente. El alabardero, pues, le cortó la cabeza en la cárcel y trájola en una fuente, y se la entregó a la muchacha, que se la dio a su madre. Lo cual sabido, vinieron sus discípulos, y cogieron su cuerpo, y le dieron sepultura. (San Marcos, cap. V, v. 17-30).

 

Reflexión: Exclama aquí san Ambrosio, diciendo: «¡Cuántas maldades en un solo crimen! ¿Quién no pensara que el ir del convite a la cárcel era para poner en libertad al profeta? ¿Qué tienen que ver las delicias del festín con las sangrientas crueldades, y el alborozo de la orgía con el luto de la muerte? Y con todo, en aquella hora es degollado el santo profeta y es presentada en un plato su sagrada cabeza. Tal plato faltaba a aquella crueldad feroz que no había podido hartarse con los otros manjares de la mesa. Mira, oh rey sin entrañas, ese espectáculo digno de tu convite. Extiende la mano, toma esa cabeza y baña tus dedos con los arroyos de esa sangre bendita: y ya que tu hambre y tu sed de fiera sangrienta no han podido saciarse con otros manjares y con otras bebidas, bebe esa sangre que derraman aún las venas de esa cabeza cortada. Mira esos ojos sin lumbre que aún son testigos de tu crimen y se apartan para no ver las liviandades de tu orgía, que no tanto los cierra la muerte como el horror de tu lujuria. Esa boca de oro, cuyo lenguaje no podías sufrir, muda está y desangrada, pero es aún para ti harto temible.» Hasta aquí son palabras de san Ambrosio, las cuales se han puesto aquí, para que se vea la horrenda maldad que puede cometer un hombre víctima de la lujuria y del respeto humano.

 

Oración: Rogámoste, Señor, que en la venerable festividad de san Juan Bautista tu precursor y mártir, alcancemos los saludables efectos de tu divina gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.