domingo, 21 de junio de 2026

San Paulino, obispo de Nola. — 22 de junio

 


San Paulino, obispo de Nola. — 22 de junio

(+ 431)

El santísimo obispo de Nola san Paulino fue de nación francés, y nació de padres muy nobles y ricos en la ciudad de Burdeos. Tuvo por maestro a Ausonio Galo, excelente poeta y muy estimado en aquellos tiempos; y llegado a la edad competente, se casó con una señora muy principal llamada Terasia, y como todos tenían en él puestos los ojos así por su sangre como por sus letras, riquezas v loables costumbres, llegó a ser cónsul y prefecto de la ciudad de Roma. No tuvo hijos de su mujer y así propusieron los dos esposos, tocados de Dios, vivir como hermanos, y se vinieron a España y es tuvieron algún tiempo en Barcelona, donde por aclamación del pueblo, el obispo Lampio, contra la voluntad del santo, que quería servir a la Iglesia de sacristán, le ordenó de sacerdote, como el mismo santo lo refiere en sus escritos. Habiendo repartido a los pobres todos sus bienes, se retiró con su esposa a un campo de la ciudad de Nola, donde vivían en hábito y profesión de monjes; mas como ya la fama de sus virtudes se hubiese extendido por toda aquella tierra, en muriendo el obispo de Nola, le compelieron a aceptar el gobierno de aquella Iglesia, donde edificó a todos no menos con sus admirables ejemplos, que con su celestial doctrina. Envióle a llamar al emperador Honorio para un concilio que se juntaba sobre ciertos negocios tocantes a la quietud de la Iglesia, llamándole santo y venerable padre y verdadero siervo de Dios. Cuando Alarico rey de los Godos tomó a Roma y la saqueó, vino también a Nola y prendió al santo obispo. Dice san Agustín, que entonces se alegró el santo de no ser atormentado por el oro y la plata, porque todos sus tesoros tenía en el cielo; y habiendo saqueado después los vándalos la iglesia, procuró san Paulino desentrañarse y allegar lo que pudo para redimir a los cautivos. Y dice san Gregorio papa, que en esta sazón vino a san Paulino una pobre viuda a pedirle limosna para rescatar un hijo que los vándalos se habían llevado a África, y estaba en poder del yerno del rey. A la cual respondió el santo que ya no tenía cosa que darle, sino a sí mismo, y en efecto pasó a África, y se entregó al yerno del rey por el hijo de aquella viuda, haciendo todo el tiempo de su cautiverio oficio de hortelano, hasta que el rey de los vándalos sabiendo que Paulino era obispo, le mandó a su tierra cargado de dones y acompañado de los cautivos que pertenecían a su obispado. Finalmente después de haber gobernado largos años como santísimo pastor aquel rebaño de Cristo, fue consolado en su dichoso tránsito por los gloriosos santos Jenaro y Martín, que se le aparecieron y acompañaron su santa alma a los cielos.

Reflexión: En el libro inmortal que nos ha dejado san Paulino sobre las Delicias de la antigua piedad cristiana, recomienda encarecidamente la caridad y misericordia, que es el principal mandamiento de la Ley evangélica, y la virtud que nos hace más semejantes al divino modelo Jesucristo. Por esta causa no dudó el santo en venderse por esclavo a trueque de rescatar al hijo de aquella viuda. ¡Oh, si prendiese el fuego de la caridad de Cristo en todos los corazones! ¿Habría por ventura en el mundo una sola familia menesterosa, un solo enfermo, una sola viuda, un solo huérfano, un solo pobre, que no hallase amparo y refugio bajo el manto de la caridad?

Oración: Concédenos, oh Dios omnipotente, que la venerable festividad de tu confesor y pontífice san Paulino acreciente en nosotros la devoción y el deseo de nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: No temas, desde ahora serás pescador de hombres.

 

IV DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962

EVANGELIO  

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas   

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


TEXTOS DE LA MISA IV domingo después de Pentecostés


COMENTARIOS AL EVANGELIO 

sábado, 20 de junio de 2026

La pesca milagrosa

 


 IV domingo después de Pentecostés

La pesca milagrosa. (Luc. 5.)

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

IV domingo después de Pentecostés

La pesca milagrosa. (Luc. 5.)

 

Refiere san Lucas que concurriendo mucha gente a oír la doctrina del Salvador, subió en la nave de san Pedro y les predicó, y luego se hizo a la vela con los discípulos, los cuales echaron la red por su mandado y cogieron grande muchedumbre de peces con tanta admiración suya, que san Pedro se echó a sus pies confesándose por pecador; Cristo le levantó y animó, y todos le siguieron.

PUNTO PRIMERO. Considera la sed y fervor de la turba en venir a oír la palabra de Dios; pues no solo en la tierra, sino en el agua y en todas partes le seguían, dejando sus casas y familias y todas sus comodidades, por recibir de la boca de Cristo el manjar sólido y sustancial de sus almas: aprende tú de estos hombres a buscar el de la tuya, y confúndete en la presencia de Dios con su ejemplo, viendo cuán poca sed tienes de los bienes del alma y cuánta de los del cuerpo; con la facilidad que dejas aquellos y con las ansias que buscas estos, y pide a Dios gracia para enmendarte.

 

PUNTO II. Considera la liberal benignidad del Salvador, con que recibía y apacentaba los que venían a él: pues en la tierra y en el mar y en todas partes los predicaba y enseñaba, y repartía el pasto del cielo; pondera la sed y ansias que tenia del bien de sus almas, y pídele que la tenga de la tuya; acude con toda confianza a su escuela, que él te enseñará el camino del cielo, si quieres aprenderle; y toma documento de su ejemplo para no negarte a tus prójimos en ninguna cosa, antes acudirles a todas, sin perdonar a trabajo ni a cuidado, cuando te necesitaren para el bien de sus almas.

 

PUNTO III. Considera cómo en predicando a la turba se hizo a la vela con sus discípulos y se remontó en alta mar, y les mandó echar las redes y cogieron una muchedumbre grande de peces: en que tienes mucho que ponderar; lo primero, que a la turba enseñó a la orilla del agua y a los discípulos en alta mar; porque como dice san Gregorio, pide diferente pasto la gente espiritual que la ordinaria, y así se retira Cristo a lo alto con sus discípulos para darles más alta doctrina y más levantados documentos: pídele al Señor que te enseñe según tu capacidad, y que te dé luz y discreción para enseñar a otros y dar a cada uno el pasto conforme a su necesidad; lo segundo, pondera que les mandó echar las redes, enseñándolos que los quería para pescadores, no de peces, sino de hombres, como luego se explicó; para lo mismo te quiere a ti, considera si ejecutas su santa voluntad, y si te ocupas en ganar a tus hermanos o en tus propias ganancias y adelantamientos temporales. Abre los ojos del alma y considera otro sí que les mandó echar la red a la mano derecha del navío, y de esta manera cogieron tan copiosa pesca; la mano derecha es la de los bienes y riquezas espirituales: la izquierda la de los temporales: atiende a qué mano has echado la red hasta ahora, y si has obedecido el mandato de Cristo, y mira qué has cogido de todos tus trabajos, y hallarás que nada, porque todo es nada; llora tus engaños pasados y la pérdida que has tenido: toma luz en la doctrina de Cristo, echa la red en adelante a la mano derecha, dedicando todos tus cuidados al servicio de Dios y a los bienes espirituales y cogerás una copiosísima pesca de riquezas in mortales.

 

PUNTO IV. Considera la humildad de san Pedro, pues cuando echó mayor lance y cogió mayor fruto de sus fatigas, no le atribuyó a su industria sino a la gracia del Señor, y cuando se halló más rico fue más humilde, arrojándose a sus pies y pidiéndole que se retirase de él porque era gran pecador ¡Oh gran virtud del santo apóstol! oh documento celestial para no envanecernos con el fruto que hacemos y con las virtudes que vemos en nuestras manos, sino humillarnos más, como se humillan a la tierra los árboles cuando tienen más fruto: entra en cuenta contigo y mira la vanidad de tu corazón, pues con cualquiera obra que haces te engríes y envaneces, como si la hubieras hecho por tu virtud y no por la de Dios; aprende a humillarte, pues tienes tanto de qué, y arrójate con san Pedro a los pies de Cristo, y dile: apartaos de mí, Señor, que soy el más vil pecador del mundo; apartaos, porque no os ofenda el mal olor de mis pecados, ni os toque el contagio de mis culpas; apartaos de mí, que no merezco yo estar a par de vos; pero no os apartéis porque no me acabe de perder, sino que como médico soberano llegaos al más enfermo que soy yo, curad mis llagas y tened misericordia de mí: llegaos a mí y remediad mis males, porque soy el mayor pecador, y pues bajasteis del cielo a buscar a los pecadores: Miserere mei, miserere mei Deus, secundum magnam misericordiam tuam.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones