miércoles, 25 de marzo de 2026

EVANGELIO DE HOY: CONCEBIRÁS Y DARÁS A LUZ


25 de marzo
LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Rito Romano 1962 

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas.

Lc 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».


 
COMENTARIOS AL EVANGELIO

martes, 24 de marzo de 2026

La renovación del templo, a cuya fiesta subió Cristo a Jerusalén

 


Miércoles de la I semana de Pasión

La renovación del templo,

a cuya fiesta subió Cristo a Jerusalén

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la I semana de Pasión

La renovación del templo,

a cuya fiesta subió Cristo a Jerusalén

Jn 2, 1-11

Refiere san Juan que subió Cristo a celebrar la Pascua de la renovación del templo, y que le cercaron los judíos diciéndole que se declarase si era Cristo, a que el Redentor respondió, que sus obras daban bastante testimonio de quién era, y ellos ciegos con la luz tomaron piedras contra él, diciéndole que blasfemaba porque se hacía Hijo de Dios; a que respondió con blandura: creed a mis obras que ellas dan testimonio de quien soy.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo subió Cristo al templo a celebrar la Pascua y hallarse en la solemnidad de aquel día, aunque sabía las calumnias que le habían de oponer los judíos; para enseñarnos a frecuentar los templos y autorizar el culto divino, asistiendo a los divinos oficios y acreditando las solemnidades de la Iglesia, que se ordenan a la gloria y honra de Dios. Aprende a no dejarte vencer de las dificultades que el demonio te opone como no se dejó vencer el Salvador, sino a romperlas con valor, no por faltar al servicio de Dios.

PUNTO II. Considera que como dice san Agustín, esta fiesta de la renovación del templo fue símbolo de la renovación del alma, cuando dejadas las costumbres del viejo Adán se viste y renueva con las de Cristo, el cual subió a aquella renovación, porque siempre viene al alma que se renueva espiritualmente y hace asiento en ella. Pídele su gracia para renovar tu vida y mejorar tus costumbres, mira lo que se ha entibiado en ti el fervor y santidad y deseos de servir a Dios y renueva tus propósitos y fervores, y pídele que venga y haga morada en ti.

PUNTO III. Contempla cómo le cercaron sus enemigos, pidiéndole que se declarase con ellos, no con intención de seguirle, sino de calumniarle, y cómo a las verdades llamaron blasfemias, y pasaron hasta tomar piedras para apedrearle, de lo cual debes sacar para tu aprovechamiento que no todos los que se llegan a Cristo salen aprovechados de su presencia, sino los que se llegan a él con sana intención y verdadero deseo de su bien: duélete de ver cuántos le cercan en el templo, y cuán pocos se aprovechan, porque no van con la intención que deben; y mira si tú llegas con ella. y cómo te aprovechas de su santidad y doctrina. Lo segundo considera cómo estos tomaron ocasión de la verdad para apedrear al Salvador, y calificaron por blasfemia decirles que era Hijo de Dios: tal fue su malicia, y es hoy la de los que se vuelven contra los predicadores y contra los que les dicen la verdad: pide al Señor que te dé su gracia para apreciarla como debes, y para no cobardear en decirla por ningún temor humano.

PUNTO IV. Considera la respuesta de Cristo, que sus obras daban testimonio de quien era, y por ellas le debieran conocer y adorar como a Hijo del Altísimo. Considera las obras del Redentor y reconócele, alábale y bendícele por ellas, y vuelve los ojos a ti mismo, y mira qué testimonio dan las tuyas de ti, y si te conocerán por ellas por hijo suyo y digno de ser uno de sus discípulos, y advierte que están a la mira los cielos y la tierra, y que todos te han de reconocer por tus obras: pídele al Señor gracia para mejorarlas y hacerlas tales, que den testimonio claro de que eres hijo de Dios, y no siervo vendido de Satanás.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

DE CÓMO PILATOS ENTREGÓ A CRISTO A LOS VERDUGOS PARA QUE LE AZOTASEN

 


Miércoles de Pasión.

DE CÓMO PILATOS ENTREGÓ A CRISTO A LOS VERDUGOS PARA QUE LE AZOTASEN.

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Miércoles de Pasión.

DE CÓMO PILATOS ENTREGÓ A CRISTO A LOS VERDUGOS PARA QUE LE AZOTASEN.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo rindiéndose Pilatos como cobarde a las instancias de los sacerdotes y a las voces del pueblo, dio libertad a Barrabás y retuvo preso a Cristo: considera, pues, el gozo y los parabienes de aquel ladrón homicida, y la algazara de unos y otros viéndole con libertad, como cuando se da el victor al que ha salido con cátedra en oposición de otros, y los oprobios que dirían contra Cristo, que de esta manera trata el mundo a los buenos y honra a los malos, y después se trocará la suerte, y estos serán abatidos hasta el abismo, y aquellos ensalzados hasta el trono del Altísimo.

PUNTO II. Considera cómo el juez preguntó al pueblo qué haría de Cristo, que se llamaba Jesús, y todos a una voz respondieron que le crucificase: haz cuenta que te hallas allí presente, y que te hacen la misma pregunta, ¿qué responderás a ella? ¿qué se hará de Cristo, que se llama Jesús? Y responde que viva eternamente, que sea adorado y servido de todas las criaturas, que venga a tu corazón, que tome posesión de tu alma, que no se aparte de ti, ni tú te apartes de él eternamente.

PUNTO III. Viendo Pilatos la obstinación del pueblo, y que por ningún medio ponía en libertad a Cristo, determinó hacer en él un insigne castigo, para aplacar su ira con este medio, y así les entregó a los verdugos para que le azotasen. Contempla, alma mía, a tu dulce Esposo que le arrebatan de la presencia del juez a los ojos de su Santísima Madre, y le llevan a un lugar público, a donde solían azotar a los ladrones y malhechores, para que fuese mayor su afrenta, y que allí le desnudan de sus vestiduras y le dejan a la vergüenza a vista de todo el pueblo, para que con su desnudez cubriese la de Adán mejor que con las hojas de la higuera; mira su empacho y el tormento que le causaría aquella ignominia, y cómo luego le atan fortísimamente a la columna, y empieza aquella rigurosa y sangrienta disciplina, surcando sus delicadas carnes con los rigurosos azotes, que san Jerónimo dice fueron de nervios de toros nudosos y de cambrones y espinas, que ararían aquella tierra virgen, rasgarían sus carnes, correrían arroyos de sangre y ríos de leche de aquella piedra herida para alimento de las almas y purificación de los pecados. Ven a coger de aquel bálsamo saludable para medicinar las llagas de tus pecados. ¡Oh Señor! ¡oh Dios mío! ¿quién imaginara que azotes habían de llegar a Dios, y a vos que sois el Hijo verdadero de Dios? ¡Oh ángeles! ¿cómo sufrís tal cosa? ¡Oh Eterno Padre! ¿qué ha hecho vuestro Santísimo Hijo que descargáis tal disciplina sobre sus espaldas? ¿Yo lo pequé y él lo paga? ¿Qué repartimiento es este? ¡Oh mi Dios! y quién pudiera quitaros de esa columna y recibir los azotes por vos, bendita sea vuestra caridad, que pasa la raya de cuanto podemos imaginar.

PUNTO IV. Considera que en haciéndole una llaga sus espaldas, como eran los verdugos tan crueles, para que se verificase lo que había profetizado Isaías (1), que desde los pies a la cabeza no le había de quedar parte sana, le volvieron las espaldas a la columna, atándole segunda vez fuertemente, y empezaron de nuevo remudándose los verdugos a herirle y azotarle en el pecho y en todo el resto del cuerpo con indecible crueldad. ¡Oh Eterno Señor! ¿es ese el pecho en que descansaban vuestra Santísima Madre y el amado discípulo san Juan? ¡Oh Vírgen Piadosísima! ¿y quién dará consuelo a vuestro dolorido corazón en tan incomparable dolor y sentimiento? Está atento a toda la disciplina, contemplando las virtudes heroicas que te enseña el Salvador, y mira como acabada, según dice santa Brígida, llegó uno de los verdugos y cortó el cordel con que le tenían atado, y como estaba tan flaco y desangrado cayó en tierra en la balsa de su sangre, sin poderse sustentar, y allí de nuevo con increíble inhumanidad le dieron muchos golpes. ¡Oh dulce Jesús! ¿es este el lavatorio de rosas y flores y vinos preciosos que os han preparado para las llagas que os causaron mis pecados? ¿Qué es esto, Señor? ¿Adónde ha de llegar vuestro tormento, y qué fin ha de tener vuestra pasión? Mis ojos serán fuentes, que destilen arroyos de agua para lavar vuestras llagas, y mi corazón dará sus telas para enjugarlas: dadme licencia que llegue a vuestros pies para recoger vuestra sangre, y que lave y purifique mi corazón de las manchas de mis pecados.

(1) Isai. 1.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.