Sábado de la XII semana después de Pentecostés
DEL BENEFICIO DE LA JUSTIFICACIÓN.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Sábado de la XII semana después de Pentecostés
DEL BENEFICIO DE LA JUSTIFICACIÓN.
PUNTO PRIMERO. Considera la grandeza de este beneficio; y para conocer su valor, imagina delante de tus ojos dos almas: una en gracia de Dios, y otra en pecado y en desgracia suya. La primera, más hermosa y agraciada que el sol, la luna y todos los astros del cielo, y más resplandeciente que la misma luz, enriquecida de todos los dones y gracias imaginables: entendimiento, voluntad, memoria, sabiduría, ciencia, prudencia, fortaleza y todo el resto de las virtudes, sin átomo de pecado ni mancha de imperfección, amada de Dios y heredera de su gloria; y, al contrario, la que está en pecado mortal, más fea y espantable que los demonios, negra, tenebrosa, asquerosa, llagada y leprosa de pies a cabeza, poseída de los demonios, desnuda de todas las virtudes y gracias, llena de innumerables vicios, desheredada del cielo y condenada para siempre al infierno.
Pues el beneficio que Dios te hizo cuando te justificó fue sacarte del estado de la culpa y ponerte en el estado de la gracia. Mira la distancia que hay del uno al otro, y qué dieras si te hallaras en el estado del pecado por pasar al de la gracia, pues no hay cosa en este mundo a que se pueda comparar. Reconoce tan soberana merced y piensa, en el acatamiento de Dios, el empeño en que te ha puesto, y cómo has de salir de él.
PUNTO II. Considera cómo todos los hombres están en la mano de Dios, como el barro en las de su artífice, para hacer de él un vaso de honor o un vaso de contumelia, conforme a su voluntad; y que, dejando infinitas almas en pecado, determinó sacarte a ti de él y ponerte en el estado de su gracia por su mera voluntad, y hacerte heredero de su gloria. Mira la infinidad de almas que Dios ha dejado en la ceguedad de la idolatría, y las que han caído en los errores de las herejías, que nunca se arrepentirán; y los cristianos a quienes ha dejado de su mano, y corren desenfrenadamente a los vicios, añadiendo pecados a pecados; a los cuales, si diera Dios la gracia que a ti, salieran de ellos. Y esta merced, que no les hizo a ellos, te la ha hecho a ti, llamándote y levantándote del cieno de tus vicios al estado de la gracia. Reconoce tu flaqueza y lo que debes a Dios, y humíllate en su presencia, dándole gracias y pidiéndole que te tenga de su mano para que no caigas del feliz estado de la gracia en el infeliz y miserable de la culpa, y pierdas tantos bienes por un pecado.
PUNTO III. Considera cuántas veces ha multiplicado Dios en ti este beneficio; pues no solamente te sacó de la culpa que contrajiste de Adán, reduciéndote al estado de su gracia, sino que, después de haber recibido este beneficio, caíste por tu alevosía en nuevos pecados; y, mereciendo por ellos que te dejase de su mano, alargó la de su misericordia para levantarte de ellos; y te sacó muchas veces del estado de la culpa, y te hizo heredero del cielo.
Pondera cuántos beneficios hay en este beneficio; cuántas inspiraciones y auxilios te ha dado Dios; de cuántas ocasiones te ha librado; cuántas ingratitudes te ha sufrido; cuántos pecados te ha perdonado; en qué abismo de males hubieras caído si Dios te hubiera dejado de su mano. Confúndete en su presencia, y conoce que no puedes servir ni agradecer dignamente lo que debes a tan grande Señor; y pídele que te perdone, y que reciba en recompensa la sangre y méritos de Jesucristo, el cual los dio por precio de tu rescate y para suplir tus menguas. Pide juntamente a la Beatísima Virgen y a todos los santos que den millares de alabanzas a Dios, y suplan tu imposibilidad, y te alcancen gracia del Señor para no perder en adelante el estado felicísimo de su gracia.
PUNTO IV. Considera cómo, fuera de todo lo dicho, Dios te ha llamado para más alta perfección, dándote inspiraciones para que le sirvas en cosas más altas y perfectas, y acrecientes tu caudal, así de gracia en esta vida, como de gloria en la otra.
Pondera la benignidad de Dios con que recibe a los pecadores que se convierten; la piedad con que los perdona; la misericordia con que se compadece de ellos, y olvida sus pecados, y les hace mercedes como si nunca le hubieran ofendido. Pon los ojos en las que te ha hecho a ti, cuando, si usara de su justicia, te había de lanzar en el infierno; y alaba y engrandece su infinita bondad y el piélago inmenso de su misericordia, y humíllate en su acatamiento, reconociendo tu indignidad y lo infinito que le debes. Piensa una y muchas veces cómo le has de pagar, y propón firmísimamente no ofenderle por todas las cosas del mundo, y cooperar con su gracia para serle agradecido y emplearte todo en su servicio.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.