miércoles, 12 de agosto de 2026

San Juan Berchmans, confesor. — 13 de agosto

 


San Juan Berchmans, confesor. — 13 de agosto

(+ 1621)

 

El purísimo y angelical mancebo san Juan Berchmans, vivo retrato de las Reglas de la Compañía de Jesús, fue natural de Diest, en el ducado de Brabante, y nació en el día de sábado, consagrado a la Virgen santísima, con quien tuvo toda su vida muy tierna y regalada devoción. Madrugaba ya desde niño para oír muy de mañana dos o tres misas antes de ir a la escuela; y acostábase a veces muy tarde para meditar en el silencio de la noche la sagrada pasión de Jesucristo. Cuando se confesó para comulgar la vez primera, halló el confesor tan limpia su conciencia, que apenas supo de qué poderle absolver. En su vida y costumbres parecía un ángel, y por tal era tenido; y con este nombre le llamaban. Rogó a sus padres que, a pesar de su pobreza, no le estorbasen el seguir la carrera de la Iglesia, a la que Dios le llamaba: y así se concertaron con un canónigo de Malinas, que le serviría en su casa, y aprendería al mismo tiempo las letras humanas en el colegio de la Compañía. Po nía gran cuidado en imitar las acciones y ejemplos de san Luis Gonzaga; hizo, como él, voto de perpetua virginidad a gloria de la sacratísima Virgen; y con su compostura refrenaba a sus compañeros, de manera, que ninguno osaba a su vista desmandarse. Mas ¿quién podrá decir la suavísima fragancia y hermosura de sus virtudes, cuando se trasplantaron, como flores del cielo, de los eriales del siglo al paraíso de la religión? Entró Juan en la Compañía a la edad de diez y siete años, y así en el noviciado, como después en los colegios, vivió con tan grande ejemplo y opinión de santidad, que a los que habían conocido a san Luis Gonzaga, les parecía haberlo recobrado en la persona de nuestro santo mancebo. No puso con todo la perfección de su santidad en asombrosas penitencias: su grande penitencia, decía que había de ser la fiel observancia de las reglas de la Compañía, sin apartarse de la vida común; y esto cumplió tan perfectamente, que jamás pudieron sus superiores y compañeros notar cosa de que poderle avisar: y él mismo tenía escrito entre sus propósitos que antes quisiera morir que quebrantar deliberadamente cualquier regla de la Compañía por mínima que fuese. Habíase obligado con voto a defender la inmaculada Concepción de María, y como hijo de tal Madre, guardaba tan rara modestia, que por sólo ver su semblante hermosísimo y modestísimo acudían muchos a la iglesia del Colegio Romano. Nunca quiso levantar los ojos para mirar muchas cosas dignas de ser vistas que hay en Roma, y algunos que habían procurado saber de qué color los tenía, nunca lo pudieron saber. Enseñaba con gracia sin igual la doctrina a los pobres, y rogaba a los superiores que le mandasen a la misión de la China, para alumbrar a aquellos infieles y derramar si pudiese la sangre por Cristo. Mas no era la patria de este ángel la tierra, sino el cielo; y así a la edad de solo veintidós años, abrazado con el santo crucifijo, el rosario y el librito de las reglas de la Compañía, entregó su alma purísima al Creador.

Reflexión: Hallamos también escrito en el libro de los propósitos de este santo mancebo: «Aborreceré cualesquiera imperfecciones, que puedan menoscabar la castidad.» Tomen, pues, los jóvenes por ejemplar de este santísimo mancebo, el cual es especialísimo abogado contra las tentaciones sensuales.

Oración: Rogámoste, Señor, que concedas a tus siervos la gracia de saber imitar los ejemplos de aquella, inocencia y fidelidad. en tu divino servicio, con los cuales el angélico joven Juan Berchmans, te consagró la flor de su edad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 11 de agosto de 2026

DE LAS DILIGENCIAS QUE HIZO ESTE ENFERMO PARA CONSEGUIR LA SALUD DE LA MANO DEL SALVADOR

 


Miércoles de la XI semana después de Pentecostés.

DE LAS DILIGENCIAS QUE HIZO ESTE ENFERMO PARA CONSEGUIR LA SALUD DE LA MANO DEL SALVADOR

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Miércoles de la XI semana después de Pentecostés.

DE LAS DILIGENCIAS QUE HIZO ESTE ENFERMO PARA CONSEGUIR LA SALUD DE LA MANO DEL SALVADOR.

 

PUNTO PRIMERO. Considera las diligencias que hizo de su parte este sordo y mudo para alcanzar la salud de mano de Jesucristo, para que, imitándole, alcances tú la de tu alma de su misma mano.

La primera fue ponerse en sus manos, acudiendo a su piedad para que le diese salud. Lo mismo debes hacer tú, acudiendo a Dios en todas tus necesidades y no a los hombres, para que con su infinita piedad la tenga de ti y te dé salud, así en el alma como en el cuerpo, como la dio a este enfermo, usando con él de misericordia.

PUNTO II. La segunda diligencia fue valerse de padrinos y medianeros que rogaron a Cristo por él, a cuyos ruegos, inclinado, le dio salud.

Válete tú de los santos y amigos de Dios, que son los que valen con su Majestad; ponlos por intercesores en todas tus necesidades, y pídeles que le pidan y rueguen por ti, y ten firme confianza de que por su medio tendrán buen logro tus peticiones.

 

PUNTO III. La tercera diligencia fue obedecer a la voz de Dios; pues, en diciéndole el Salvador: Ephpheta, esto es, «ábrete», abrió los oídos y oyó sin más dilación; y, en tocando su lengua, la desató y habló. Esta pronta obediencia es medio muy eficaz para inclinar la piadosa misericordia de Dios a los ruegos de los que le piden.

Pondera que primero oyó y luego habló; porque primero ha de ser oír y aprender que hablar y enseñar.

Sienta plaza en la escuela de Cristo y aprende su doctrina como buen discípulo, y después podrás hablar y enseñar lo que hubieres aprendido.

 

PUNTO IV. Lo cuarto que hizo este enfermo fue hablar bien y rectamente, enseñándole el Señor, engrandeciendo él y todos los demás su virtud, su poder, su piedad y santidad. En esto se emplea la lengua que ha tocado Dios y recibido de su mano la salud.

Mira cuántas veces ha tocado la tuya, recibiéndole en la sagrada Comunión, y avergüénzate de ver cuán poco efecto ha hecho en ti y qué poca mudanza se conoce en tu lengua. Una vez que tocó la de este no cesó de engrandecerle y alabarle; y, habiendo tocado tantas la tuya, no se oye una buena palabra de tu boca.

Humíllate delante de Jesús, y pídele perdón de lo pasado y que te toque de nuevo, como tocó la lengua de este, y te comunique la gracia que a él le comunicó para bendecirle y alabarle siempre.

Y pondera con san Agustín que, aunque Cristo mandó a la gente que no le alabasen, ellos no cesaban, antes levantaban más la voz; porque no ha de cesar el agradecimiento de parte del que recibe el beneficio, aunque el que le hace no le quiera recibir.

No cese tu lengua de alabar a Dios, pues que Dios no cesa de hacerte mercedes a ti.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DÍA 12. EL CORAZÓN DE MARÍA DURANTE EL PARTO VIRGINAL. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 12

EL CORAZÓN DE MARÍA

DURANTE EL PARTO VIRGINAL

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA 12

EL CORAZÓN DE MARÍA

DURANTE EL PARTO VIRGINAL

 

Considera los sentimientos del Corazón de María en el momento en que dio a luz, en un establo y en medio de las tinieblas de la noche, a su pequeño Niño Jesús; cuando oyó sus primeros llantos y gemidos, y vio sus ojos celestiales bañados en lágrimas.

El amor, la admiración, el dolor, la compasión y los más nobles sentimientos de su alma invadieron al mismo tiempo su Corazón y lo llenaron por completo.

Su fe vivísima le hacía reconocer en aquel Niño al Hijo de Dios hecho hombre por amor a los hombres.

Al contemplar aquel inmenso amor manifestado en toda la Persona de su divino Hijo, su propio corazón quedó abrasado por el mismo fuego.

¡Qué ardor, qué incendio de amor debió encenderse entonces en aquel tierno Corazón maternal!

Las comadronas, temiendo que un exceso de ternura y de alegría pueda perjudicar a la madre que acaba de dar a luz, suelen no decirle inmediatamente si el recién nacido es un hijo varón.

Tomando esta débil comparación, imagina la ternura, la alegría y el amor del Corazón de María cuando se vio con su Hijo recién nacido entre los brazos: su Hijo y, al mismo tiempo, su Dios.

¡Qué inmensa debió de ser entonces su admiración!

Pero también, ¡qué grande fue su dolor al verlo nacer en medio de tanta pobreza, en un establo, desnudo, expuesto al rigor del invierno, temblando de frío, con los labios entreabiertos por el llanto y los gemidos, y con los ojos llenos de lágrimas a causa de nuestros pecados!

Su Corazón de Madre quedó al mismo tiempo desgarrado por el dolor y traspasado por la compasión.

¿Qué no hizo ella para cubrirlo, calentarlo, protegerlo y defenderlo del intenso frío de aquella noche de invierno?

Como pudo, lo envolvió en los pobres pañales que había llevado consigo; lo acostó en el pesebre, donde el frío era menos intenso gracias al aliento de los animales que allí se encontraban.

Y ella, junto con su esposo José, permanecía de rodillas adorándolo, contemplándolo y dando gracias a Dios.

Al contemplar esta escena, ¿qué siente nuestro corazón? ¿No merecemos acaso el amargo reproche que el Señor dirigió por medio de su profeta al pueblo endurecido de Israel: «El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su señor; pero Israel no me ha conocido»?

¡Oh Jesús mío, Dios mío, Señor y Maestro mío!, que por amor a mí quisisteis haceros Niño y nacer en un humilde establo, en medio de la pobreza, durante la noche y en el rigor del invierno: Perdonadme por haberos desconocido durante tanto tiempo.

Vengo ahora a calentaros uniendo mi corazón al Corazón de María, vuestra Madre, y al corazón de san José, a quien honráis como vuestro padre en la tierra.

Pero ¿cómo podré hacerlo si Vos mismo no encendéis en mi corazón ese fuego que habéis venido a traer del cielo? Os lo suplico: abrasadme con ese fuego divino.

 

ORACIÓN

¡Oh María, la más tierna de las madres! En memoria del inmenso gozo que llenó tu corazón cuando, en el momento del nacimiento de tu Hijo, los coros celestiales hicieron resonar en los cielos el Gloria in excelsis, te suplico que me alcances el amor de tu divino Hijo, para que lo adore con los mismos sentimientos que animaban tu Corazón en aquel momento sublime, y para que no tenga otro deseo en la tierra que conocer, amar y servir a Jesús, como tú lo conociste, lo amaste y lo serviste. Amén.

 

FLOR: Repetir con frecuencia esta jaculatoria: «Corazón de Jesús, abrasado de amor por nosotros, haced que todos los corazones ardan de amor por Vos.»

 

FRUTO: Digamos con san Francisco de Asís: «Amemos al Niño de Belén.»

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.