domingo, 15 de febrero de 2026

La vista que dio Cristo al ciego mendigo

 


Lunes de Quincuagésima

La vista que dio Cristo al ciego mendigo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de Quincuagésima

La vista que dio Cristo al ciego mendigo

Lc 18, 31-43

PUNTO PRIMERO. Considera cómo este ciego fue símbolo del pecador, pobre de las riquezas verdaderas, mendigo de las criaturas, pidiendo a las puertas de ellas, sentado y descuidado de su salvación en el descanso de sus vicios junto al camino, porque a vista del verdadero que lleva al cielo, anda descaminado por despeñaderos y a riesgo de caer a cada paso y dar consigo en el infierno. Vuelve los ojos a ti mismo y considera el estado en que te puso el pecado, y llora y gime tu miseria, y cóbrale el aborrecimiento que debes tenerle. Mírate ciego, pobre, mendigo, sin luz ni providencia, descuidado y sin camino en la ceguedad de tus vicios, siguiendo desenfrenadamente tus desordenados apetitos, y clama al Señor con este ciego pidiéndole vista y salud: Jesu, Fili David, miserere mei.

PUNTO II. Considera cómo el ciego clamaba a Jesús, y los que pasaban le impedían y denostaban, mas no por eso desistió de sus clamores hasta conseguir su petición; en que te enseña a clamar a Dios en tus necesidades, y cuánto impide el tropel de las cosas temporales que pasan con el tiempo, y los cuidados exteriores que divierten el alma de la oración y no la dejan clamar a Dios; pero tú a imitación de este ciego debes no rendirte, sino perseverar clamando y orando hasta conseguir tu petición.

PUNTO III. Considera cómo Cristo se paró a las voces del ciego y ordenó a sus discípulos que se le trajesen y le sanó; en que tienes mucho que aprender. Lo primero, cómo la oración del pobre detuvo a Cristo, en que conocerás la fuerza de la oración que detiene a Dios en su camino y le hace parar a socorrer nuestras necesidades, y clama en las tuyas y dile con el ciego: Jesús, Hijo de David, tened misericordia de mí, y no le dejes pasar sin que te oiga y remedie como lo hizo con este ciego.  Lo segundo, aprende del Salvador a detener te cuando oyeres la voz del pobre, y no pases sin remediarle en la manera que pudieres sus necesidades. Lo tercero, advierte cuán fácilmente pudiera Cristo llegarse al ciego, y no lo hizo sino mandó a los apóstoles que se le trajesen, porque supiésemos que es oficio de apóstoles traer los ciegos a Dios; y que les manda a sus discípulos, y a ti si eres uno de ellos, que le traigas todos los ciegos en el alma que pudieres, para que los de vista. Considera cuántos lo están, porque tú no se los traes, y que son muchos los que ciegos con sus pasiones se despeñan en el abismo por no darles tú la mano ni traerlos al conocimiento de Dios. Duélete de tu poca caridad y procura en adelante el bien de tus prójimos amándolos como a ti, y haciendo el oficio con ellos que quisieras que hicieran contigo.

PUNTO IV. Considera cómo en dando Cristo vista al ciego, él le siguió dándole mil gracias, y toda la gente glorificó a Dios; adonde conviene meditar dos cosas. La primera, el agradecimiento de este ciego, no solo de palabra alabando a Dios, sino de obra siguiéndole como discípulo con los demás de su escuela: así debes darle tú gracias, por las mercedes que te hace, no solo de palabra engrandeciendo su bondad, sino también de obra sirviéndole y siguiéndole y haciéndote su discípulo, que para eso te da ojos para que le sigas y le sirvas adonde quiera que fuere. Lo segundo, pondera que todos los que antes le impedían clamar a Cristo, después le ayudaron a darle gracias y alabanzas por la merced que le hizo. Si tienes valor para perseverar en llamar a Dios sin rendirte a las contradicciones de los hombres sentirás su divino favor, y que los mismos que te contradicen se trocarán en un punto y te ayudarán a bendecir a Dios. Contempla el gozo de este ciego cuando se halló con vista y la alegría de su alma, cuando vio la luz del cielo y con ella a Cristo , el cual se la dió en el cuerpo y en el alma para conocerle, confesarle, seguirle y servirle. ¡Oh dichoso ciego, que en un punto alcanzaste tanto bien! ¡Oh piadoso Señor, que así oyes a quien te llama! No cierres los oídos a mis clamores. Ten, Señor, misericordia de mí, y dame vista para que te conozca, ame, siga, y sirva eternamente. Amen.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

16 de febrero SAN ONÉSIMO OBISPO Y MÁRTIR #santoral #santos

San Onésimo, obispo y mártir. – 16 de febrero

(+ 95)

El glorioso san Onésimo antes de convertirse era esclavo de un ciudadano principal de Colosa llamado Filemón, el cual había abrazado la fe de Jesucristo, oyendo la predicación del apóstol san Pablo. Habiendo, pues, Onésimo cometido un robo en la casa de su señor, huyó de ella y vino a parar a Roma, donde fue a visitar a san Pablo, que a la sazón se hallaba encarcelado y cargado de cadenas. El santo apóstol le convirtió a la fe, y habiéndole bautizado, le envió luego a la casa de su señor, con una carta de recomendación, en la cual con singular encarecimiento le pedía gracia para su esclavo, y le rogaba que no le recibiese ya como a un esclavo, sino como a un hijo, a quien había engendrado en Jesucristo. Perdonóle Filemón, concedióle la libertad, y le remitió al santo apóstol. Quedó Onésimo tan aficionado a san Pablo, que no podía apartarse de su lado, sirviéndole en todas las cosas que había menester. Llevó junto con Tíquico la carta del santo apóstol a los colosenses, ayudóle como fidelísimo ministro del Evangelio, y trabajó con tan encendido celo en la conversión de los gentiles, y en cultivar con santas palabras y ejemplos aquella nueva y reciente viña del Señor, que viéndole san Pablo lleno del Espíritu de Jesucristo, le impuso las manos y le ordenó obispo de Éfeso. En este sagrado oficio y dignidad resplandecieron de tal manera sus virtudes cristianas, que no parecía sino un acabado modelo de perfección enteramente en todo conforme a los consejos evangélicos y a la pintura que hace san Pablo de un santo obispo en sus epístolas canónicas.

Por lo cual, el santo prelado de Jerusalén llamado Ignacio, celebra con gran elogio la piedad y celo de Onésimo. Finalmente, después de haber extendido y santificado su Iglesia de Éfeso, en tiempo del emperador Domiciano, fue llevado preso a Roma, donde selló con su sangre, como los apóstoles, la doctrina que predicaba, muriendo apedreado por amor de Jesucristo. Los cristianos enterraron su precioso cadáver en la misma ciudad, y más tarde fue trasladado a su iglesia de Éfeso.

Reflexión: Quien hubiere leído con atención la vida de este santo, recuerde que Onésimo fue el primero de los esclavos redimidos por nuestra santísima Religión cristiana, la cual, dando a los hombres claro conocimiento de su dignidad, y elevándolos por la gracia de Jesucristo a una excelencia sobre natural, protestó desde el principio contra la servidumbre de los esclavos, que en las naciones gentiles formaban casi las dos terceras partes de los hombres. Si lees la carta que san Pablo escribió a Filemón recomendándole a Onésimo, se te llenarán de lágrimas los ojos. «Te ruego, le dice, por mi hijo Onésimo, a quien yo he engendrado en mis prisiones. Recíbelo como a mis entrañas, no ya como a esclavo, si no como a hermano carísimo, y si me tienes por amigo, recíbelo como a mí.» Este es verdadero y divino amor a la libertad humana, no el de los modernos liberales que se contentan con dar rienda suelta al libertinaje, y para contener luego en ciertos límites y desenfreno, sustituyen a la antigua tiranía, el aparato de la fuerza bruta, que humilla la dignidad de la especie humana y empobrece y aniquila a las naciones. Gracias a esta moderna libertad, ya es menester casi tanta vigilancia en las calles y plazas como en las cárceles y presidios.

Oración: ¡Oh Dios omnipotente! Vuelve los ojos de tu misericordia sobre nuestra debilidad y miseria, y pues sentimos el peso de nuestras malas obras, te suplicamos que nos ayude la gloriosa intercesión de tu bienaventurado mártir y pontífice Onésimo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DOMINGO: SEÑOR, QUE TENGA VISTA.

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA
Rito Romano 1962

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas 18, 31-43

En aquel tiempo: Tomando Jesús consigo a los Doce, les dijo: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo escrito por los profetas, pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido, y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará». Pero ellos no entendieron nada de esto, este lenguaje era misterioso para ellos y no comprendieron lo que les decía. Cuando se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.


TEXTOS DE LA MISA 


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