Miércoles
de la XX semana después de Pentecostés
DE LA CAUTELA EN NO VOLVER A LA ENFERMEDAD DEL PECADO.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de
nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo
firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda
reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este
rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi
guarda: interceded por mí.
Miércoles de la XX semana después de Pentecostés
DE LA CAUTELA EN NO VOLVER A LA ENFERMEDAD DEL PECADO.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el Evangelista, que vino Cristo
a Cafarnaúm, que era la ciudad más espiritual y quieta en que habitaba y donde
era mejor recibido; y en ella estaba enfermo el hijo del Régulo. Porque no hay
ciudad tan sana y bien regida donde no haya enfermedades y riesgos de perder la
salud; y lo mismo sucede en la del alma, que no hay religión tan santa ni
compañía tan buena donde no haya faltas y nos podamos perder, si no hay mucha
cautela y cuidado de no caer en pecados. El ángel pecó en el cielo, Adán en el
paraíso, los de Israel en el desierto, sustentados con el maná del cielo, y
Judas en el colegio apostólico, alimentado con la leche de la doctrina de
Cristo. ¡Oh Señor, y cuánta es nuestra flaqueza! Tenedme de vuestra mano para
que no me despeñe en vicios y pecados. ¿Qué será de mí si vos no me defendéis?
Saca de aquí un gran temor de caer en los vicios y una cautela grande en tus
acciones, y no asegurarte en ningún lugar, por bueno que sea, considerando que
en todos puedes pecar.
PUNTO II. Considera que, como dice san Juan Crisóstomo, Cristo
se vino de Caná, donde convirtió el agua en vino, a la ciudad de Cafarnaúm,
porque no estimaron aquel milagro ni creyeron más que sus discípulos en él; y
dejó por indignos de su doctrina y milagros a los que no se movieron por ellos.
¡Oh alma mía! Mira cuántos ha hecho por ti, y cuán duro ha sido tu corazón,
pues no le das el crédito que debes, ni acabas de rendirte a su servicio. Teme
no te deje y se ausente, y vaya, como el sol, a otro hemisferio a llevarles su
luz, dejándote en las tinieblas de la noche. ¡Oh Señor! No miréis a mi
incredulidad y a mi dureza, ni me dejéis en mis pecados. Dadme gracia para que
yo estime vuestras maravillas y reciba vuestra doctrina, y me aproveche de ella
como debo, para que merezca ser visitado y asistido de vos.
PUNTO III. Considera lo que pasó a este Régulo con Cristo, el
cual, como advirtió Beda, al principio llegó con poca fe, no creyendo que podía
sanar a su hijo si no iba a su casa; y luego la tuvo mayor, creyendo las
palabras de Cristo cuando le dijo que su hijo vivía y era sano; últimamente,
viendo el milagro, creció su fe de manera que creyó firmísimamente, y con él
toda su casa. En esto has de aprender los progresos que logran en sus almas los
que tratan con Dios, y cómo poco a poco los mueve con su familiaridad a la
perfección. Saca de aquí una resolución firme de darte a la oración y al trato
familiar con Dios, y no desmayes si no sintieres luego el aprovechamiento de tu
alma; persevera en la oración y espera en el Señor, que Él te premiará y te
dará viva fe y aprovechamiento en el espíritu, como se la dio a este Régulo el
tiempo que trató con él.
PUNTO IV. Considera, últimamente, cómo Cristo le dio la vida,
porque es Vida, y la da a los que le siguen: de gracia en esta vida y de gloria
en la otra. Esta es la verdadera salud y la vida verdadera que has de buscar.
Cristo te la ha de dar, que es la verdadera Vida. Abrázate con sus pies como
santa María Magdalena, y di con la santa Esposa: «Tenerle he y no le dejaré
hasta que me introduzca en la casa de mi padre y en la de mi madre que me
engendró» (Cant. 3). ¡Oh Rey del cielo, salud y vida de las almas! Sedlo de la
mía y dádmela de vuestra mano; y pues a todos sanáis, no me dejéis a mí
enfermo. Dadme salud y vida en el alma, para que viva vida vuestra en esta vida
por vuestra gracia, y en la futura de vuestra gloria por todos los siglos de
los siglos. Amén.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los
buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta
meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San
José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.