martes, 28 de julio de 2026

De la perfección de las obras que Dios crio.

 


Miércoles de la IX semana después de Pentecostés

De la perfección de las obras que Dios crio.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la IX semana después de Pentecostés

De la perfección de las obras que Dios crio.

 

PUNTO PRIMERO. Considera el empleo que hizo Dios de su omnipotencia, que fue en comunicar su bondad a las criaturas, y darles el ser y hacer las participantes de su poder y de las infinitas perfecciones que en sí encierra; de quien has de aprender a emplear el poder que te comunicare, no en obras de vanagloria, fausto y suntuosidad de mundo, sino en hacer bien a todos, y en especial a los más pobres y menesterosos; dale muchas gracias al Señor por las mercedes que a ti en particular te ha hecho como más obligado a su servicio, y pídele su gracia para aspirar a imitarle en cuanto tus fuerzas alcanzaren a seguir su perfección.

 

PUNTO II. Considera lo que dice el sagrado texto, conviene a saber, que en acabando de criar cualquiera cosa, volvía a remirarse en ella y examinar su bondad; no porque necesitasen de la revista, ni el Señor de mirarlas para conocerlas, sino para darnos documento de examinar nuestras obras y remitirnos en ellas, procurando perfeccionarlas de la escoria que sacan de nuestras manos, hasta darles la última perfección. Saca de aquí determinación de examinar las tuyas y perfeccionarte en ellas cuánto pudieres, remirándote en la oración, confesión y comunión, en el rezo, la misa y los exámenes cuotidianos, y en los ministerios que traes entre manos, procurando que todo vaya con mucha perfección.

 

PUNTO III. Considera lo que añade el sagrado texto: que miró Dios todas las cosas juntas que hizo, y eran muy buenas. En la primera vista las halló buenas y en la segunda muy buenas, tan mejoradas y perfectas que eran muy buenas en superlativo grado; de qué dan dos razones los sagrados doctores sacadas de las mismas palabras. La primera porque las mejoró y perfeccionó con su vista, poniendo en ellas los ojos; tal es la vista de Dios. que perfecciona a los que mira: pídele que te mire y perfeccione con su vista, y purifique tu alma de todo lo que le puede causar asco, para que no aparte los ojos de ti. La segunda, porque las vio todas juntas, y la hermandad y congregación de todas le dio el realce de perfección y agrado en sus ojos, que no tenía cada una de por sí: de lo cual has de sacar para bien de tu alma, seguir en todo la comunidad y huir de la singularidad, y congregarte con buenos, que suplan con su virtud lo que a ti te falta, para que seas muy agradable en los ojos de Dios.

 

PUNTO IV. Considera cómo todas las criaturas han permanecido en la perfección que Dios las crió sino es el hombre, el cual cayó de ella en el paraíso por su pecado. Discurre brevemente por los cielos, sol, luna y estrellas, y por los cuatro elementos y las aves, peces y animales y por todas las demás, y las hallarás en aquel grado de perfección esencial en que Dios las crio; solo el hombre la perdió desde que se apartó de su santa voluntad: entra la mano en tu pecho y vuelve los ojos a ti mismo, y mira si estás en aquel grado de perfección que Dios quiere de ti, y avergüénzate en su presencia de ver que las criaturas irracionales y las insensibles te llevan la ventaja en esta parte, y tú te quedas atrás en ella, pues han conservado la perfección que Dios les dio, y tú no; y anímate a recobrarla con la gracia del Señor: pondera con san Ambrosio, que a todas las criaturas alabó Dios en criándolas sino es al hombre, porque las demás tienen su perfección en el exterior, y así en viéndolas las alabó; pero al hombre en lo interior que no se ve: de lo cual has de sacar no cuidar de la hermosura exterior sino de la interior del espíritu, que es la que te pide Dios; humíllate en su presencia, y pídele que te perfeccione con sus divinas manos, pues sabe que tú no puedes con las tuyas, ni tienes fuerzas ni virtud para ello.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

29 de julio. NO MUERE CON EL ESCAPULARIO QUIEN REPUDIA LA GRACIA. MES A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


29 de julio

NO MUERE CON EL ESCAPULARIO QUIEN REPUDIA LA GRACIA

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

29 de julio

NO MUERE CON EL ESCAPULARIO QUIEN REPUDIA LA GRACIA

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

El Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, siendo Obispo de Solsona -1950- en una Carta pastoral sobre el Santo Escapulario del Carmen, nos cuenta el siguiente prodigio:

Habían sido sentenciados a muerte, en Vinaroz, dieciséis reos. Habíase conseguido, después de muchos esfuerzos, que se confesasen catorce, negándose los otros dos incluso a escucharnos.

Pudo decirse misa aquel día en la capilla de la cárcel, antes de la ejecución. Misa a la que asistieron todos, y durante ella un P. Carmelita que, como capellán militar, residía entonces en Vinaroz, los iba preparando para la Sagrada Comunión, al mismo tiempo que los animaba con la esperanza del Cielo.

Poco después del Evangelio, pidieron confesión aquellos dos que no se habían confesado, y comulgaron los dieciséis, y a todos se les impuso el Santo Escapulario. Yo me retiré después de la misa y no fui testigo de los hechos que se desarrollaron después, pero, que me refirieron al siguiente día todos los que habían asistido a la ejecución.

Cuando esposaron a los presos y los subieron al camión, que los había de conducir al lugar donde habían de ser ejecutados, uno de ellos empezó a blasfemar horriblemente. Ni las reconvenciones de sus compañeros, ni las reflexiones que le hiciera el P. Carmelita y otro sacerdote que los acompañaba, sirvieron para otra cosa que para enfurecerle más y para que arreciara cada vez con mayor rabia en sus maldiciones y blasfemias.

Llegó, al fin, el momento de la ejecución y las últimas palabras que pronunció aquel reo fueron una blasfemia y horrible maldición: maldijo a Dios, a la Iglesia, a los sacerdotes, a los militares y hasta su mujer y a sus hijos. Y con la maldición en los labios y con la rabia más feroz reflejada en su rostro, cayó muerto instantáneamente por la descarga del piquete.

Cuando el alférez que mandaba las fuerzas se adelantó, horrorizado por el hecho, a reconocer con el médico a los ajusticiados, vio en el suelo un objeto que le llamó poderosamente la atención. Se inclinó para recogerlo, y ¿cuál no sería su asombro, y hasta su pánico, cuando vio que era un Escapulario y cuando comprobó, después, que era precisamente el de aquel que había muerto con la blasfemia y la maldición en los labios?

Nunca olvidaré jamás la cara de aquel alférez cuando, al día siguiente, vino a contarme el suceso, enseñándome el Escapulario, que no quería soltar, y repitiendo como fuera de sí:

-" He visto un milagro, señor cura, he visto un milagro".

Realmente el caso era sorprendente e inexplicable. El Escapulario estaba intacto: no había saltado, por tanto, roto por la metralla. El reo no se lo pudo quitar, porque tenía las manos esposadas. No había caído, tampoco, en la dirección del cuerpo, sino en dirección contraria; por eso lo encontró el alférez cuando se dirigía desde su puesto de mando a reconocer a los ajusticiados.

La narración del alférez, la que me hicieran por su parte el P. Carmelita y el otro sacerdote y también un seglar que se hallaba presente en la ejecución, coincidían realmente en todos los detalles.

La Santísima Virgen, nuestra Madre, no había querido que aquel que murió blasfemando muriese con el Santo Escapulario sobre su pecho.

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!