miércoles, 11 de febrero de 2026

La sagrada Eucaristía


 

Jueves de Sexagésima

La sagrada Eucaristía

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

MEDITACION

Jueves de Sexagésima

La sagrada Eucaristía

PUNTO PRIMERO. Considera que, como enseña san Agustín, este grano y semilla que vino a sembrar Cristo en la tierra, es el grano de trigo de su Santísimo Cuerpo Sacramentado, que sembrado en nuestros corazones es semilla de gloria eterna; porque al que le recibe como debe le da vida eterna. Da muchas gracias al Señor por tan incomparable beneficio como hizo al género humano, у a ti en particular, a quien tenía en la memoria cuando instituyó este Santísimo Sacramento; y gózate de tal favor, el cual no hizo a los ángeles ni a otra alguna criatura por el singular amor que tuvo a los hombres, y pídele que te haga digno de servirle.

PUNTO II. Considera cómo de aquella semilla se perdió mucha parte y otra se logró con gran fruto, no por culpa del sembrador ni de la semilla, sino de la tierra mal dispuesta, como advirtió santo Tomás; y de la misma manera sucede en este grano de trigo que cayó del cielo, que aun que es semilla de vida eterna, pero no toda se logra sino que mucha se pierde por falta de los que la reciben con gran detrimento de sus almas. Llora amargamente una pérdida tan grande y mírate a ti, y considera cuántas veces ha sido sembrada en la tierra de tu corazón, y cuántas se ha perdido el fruto por tu culpa; atiende al fruto que has sacado, y por él conocerás lo que has perdido de aumentos espirituales, y llora sobre ti, pidiendo a Cristo perdón y proponiendo la enmienda en adelante.

PUNTO III. Considera las causas porque se perdió aquella semilla del Evangelio; que fueron frecuencia de la gente que la pisó, dureza de la tierra en que cayó, espinas y malezas que la ahogaron al nacer, y el remedio estuvo en limpiar la tierra de las espinas, y regarla para enternecerla, y guardarla de los que pasaban para que no la pisasen. Lo mismo pasa en esta semilla celestial del Santísimo Sacramento, que se pierde su fruto por la frecuencia de los hombres y tumulto de negocios en que se ocupan los que le reciben; y por la dureza del corazón seco, y como piedra, sin jugo de devoción, y por las malezas de las espinas de los pecados que brotan de nuestra mala inclinación, y así el remedio es el que da el apóstol san Pablo; conviene a saber, labrar la tierra de nuestros corazones limpiándola de todo vicio, y purificándola de cualquiera resabio de mala inclinación o pecado por venial que sea, y regarla con el riego de la oración y meditación con que se alcanza la ternura de corazón y la devoción y afectos amorosos con Dios nuestro Señor, y retirarse de los hombres en silencio y soledad, despidiendo todos los negocios terrenos que divierten y perturban el alma, y no dejan arraigar y crecer esta semilla divina en nuestras almas; entra con la consideración en la tuya y mira despacio, discurriendo por lo dicho, qué te impide para no sacar el fruto que pudieras de las comuniones que recibes, y pídele a Dios gracia para labrar tu espíritu y disponerte como debes para recibir a este Señor y lograr los frutos que logran sus escogidos.

PUNTO IV. Considera cómo la parte de semilla que se logró, no dio igual fruto aunque era de igual virtud; porque una parte dio a treinta, otra a sesenta y otra a ciento por uno, en que denota la diferencia de frutos que da este grano celestial sacramentado en los que le reciben; porque aunque de su cosecha es siempre el mismo y de la misma virtud; pero por la diferencia de los que le reciben, da diferentes frutos, conforme a su disposición, en unos menos y en otros más, y va tan gran diferencia, que como dice san Buenaventura, vale más una comunión hecha con fervor que muchas tibiamente y con poca disposición; y si todo el mundo se pusiera en una balanza y en otra cualquiera parte del fruto que pierde el que le recibe tibiamente, pesará más este que todo el mundo junto ¿ Oh alma mía, a dónde estás que no consideras esto y lo mucho que has perdido y pierdes en cada comunión? Si lloras las pérdidas de la honra y de la hacienda, y más la de la salud del cuerpo; por qué no lloras con lágrimas de sangre tan grandes pérdidas de tu espíritu, y pones todo el esfuerzo posible en recuperarlas? Mira lo que dice san Lucas, que Cristo clamaba al referir las pérdidas de la semilla, por el vivo dolor que le causaban en su alma ¡Qué clamores dará por los frutos que tu pierdes en la sagrada comunión cada día! Oh sembrador divino, enjugad las lágrimas que a mí me pesa de las pérdidas pasadas, y propongo firmemente la enmienda en adelante y procurar recuperarlas en las comuniones que hiciere, dándome vos vuestra gracia.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

12 de febrero SANTA EULALIA VIRGEN Y MÁRTIR #santoral #santos

Santa Eulalia, virgen y mártir. — 12 de febrero.

(+ 304)

Al tiempo que el presidente Daciano entró en Barcelona para hacer carnicería de los cristianos, vivía retirada en una heredad de sus nobles padres una santa doncella de edad de trece años, llamada Eulalia, virgen hermosísima, y abrasada del amor de Jesucristo, a quien ya había consagrado su pureza virginal. Vino a su noticia la crueldad de Daciano, y fue combatida en su corazón de dos contrarios afectos: de tristeza y alegría; de tristeza, porque temía que algunos cristianos flacos no desmayasen en la fe por temor de tan rigurosos tormentos; de alegría, porque deseaba morir por Cristo y juzgaba que era llegado el tiempo en que Dios le quería hacer tan gran merced. Y con este fervor y deseo del martirio, movida del Señor, se salió secretamente de casa de sus padres y se fue al tribunal del juez para reprenderle de la tiranía y crueldad que usaba con los cristianos. Asombróse Daciano al ver una niña como aquella, y oír su reprensión; pero volviendo luego en su acuerdo juzgó que se hallaba ya en uno de aquellos trances, más difíciles en que los mismos niños cristianos habían puesto, debajo de sus pies todo el orgullo y poderío de los tiranos de Roma. No contestó, pues, con blandas palabras, como merecía la hermosa y tierna Eulalia, si no con grandes y fieras amenazas. ¿Quién eres tú, le dice, que así te atreves a menospreciar las leyes de los emperadores? Respondió la valerosa y candorosa niña: Yo soy Eulalia, sierva de Jesucristo Hijo de Dios, al cual se debe toda reverencia y adoración, y no a los ídolos vanos. Rugió de coraje el presidente, y quería ver decapitada de un solo golpe a la que así hablaba, pero no le estaba bien tomar venganza en aquella débil criatura, y ordenó, que atadas las manos fuese conducida a la cárcel para ver si podían rendirla allí con un cruel castigo de azotes. Desnudan, pues, el cuerpo virginal de aquella blanca paloma de Jesucristo, y con bárbara crueldad descargan sobre ella repetidos y fieros golpes hasta dejarla toda bañada en sangre. Pero Eulalia ni se queja ni da un solo gemido, ni muda siquiera el semblante apacible y sereno. Tienden luego aquel santo cuerpecito en el potro y lo atormentan con uñas de hierro, con hachas ardientes, con aceite hirviendo, con plomo derretido y con cal viva. Pusiéronla después en una cruz, y aun en este ignominioso suplicio prevaleció la santa virgen y dejó confusos a los verdugos y al tirano. Finalmente, después de haber sido paseada por la ciudad para espantar con su vista a los cristianos, fue degollada en el campo, donde los cristianos la hallaron por la noche cubierta de nieve, y la sepultaron honoríficamente.

Reflexión: Dígame quienquiera que esto leyere, ¿de dónde le vino a la santa niña tan maravillosa e invencible constancia? Las niñas tiemblan, las niñas se estremecen a la sola vista o imaginación de tales horrores. Claro está: pertenecen al sexo débil y son lo más débil de su sexo. Confiese, pues, todo hombre de sano juicio, que aquí hay un prodigio estupendo de la virtud de Cristo, el cual escogió a una flaca criatura como Eulalia, para hacer ostentación de su fortaleza soberana contra los más poderosos enemigos de su santo Nombre.

Oración: Suplicámoste, Señor, nos concedas el perdón de nuestros pecados por la intercesión de la bienaventurada virgen y mártir Eulalia, que tanto te agradó, así por el mérito de su castidad, como por la ostentación de tu infinito poder. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 10 de febrero de 2026

El temor de Dios


 

Miércoles de Sexagésima

El temor de Dios

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACIOΝ

Miércoles de Sexagésima

El temor de Dios

PUNTO PRIMERO. Considera cómo el temor santo de Dios es don del Espíritu Santo, y uno de los mayores frenos que puede tener el alma para no ofenderle, y espuela para fervorizarse en su servicio conforme aquello del Eclesiástico (1): El que teme a Dios, no deja nada por hacer, y en otra parte: El que teme a Dios, nada teme y nada le acobarda, porque él es su esperanza (1), como dice David: El temor de Dios es santo, porque hace santos y (2) permanece por los siglos de los siglos, el principio de la sabiduría, y por donde han de empezar todos los que han de servir a Dios; porque el que teme a Dios obrará bien y le irá bien en el fin y remate de la vida. Porque el temor de Dios es gloria y glorificación, alegría y exaltación. Medita todas estas prerrogativas del santo temor de Dios, y enciende tu corazón en vivos deseos de alcanzarle y poseerle; y pídele a Dios que te la dé y gracia para conservarle y mantenerte siempre en él.

PUNTO II. Considera cómo de las cuatro partes de la semilla se perdieron tres; en que nos enseña Cristo que son tres veces más los que se condenan que los que se salvan; porque son muchos más los dones y gracias divinas que se malograron en los hombres, que las que se logran. Considera cuantas mercedes has recibido de Dios, así de voces que te ha dado para la perfección, como de auxilios y gracias para obrar bien, y cuán pocas has logrado, y que ni la cuarta, ni la octava, ni la veintena parte han dado fruto en tu alma, ¿pues qué será de ti en el día del juicio, y qué cuenta darás de los tesoros divinos que Dios te ha encomendado? Tiembla de sus juicios y llora tus descuidos y los yerros de la vida pasada, y empieza desde ahora a mejorar tu partido, a temer a Dios, y a recuperar lo perdido.

PUNTO III. Considera el rigor de la justicia de Dios, y que siendo tan misericordioso se compadece con su piedad tener tanto número de almas en el infierno, y condenarse la mayor parte de los hombres, y atormentarlos con penas tan rigurosas que no hay entendimiento criado que las pueda comprender, y mira si se compadecerá también con su misericordia tu condenación si no te ajustares a su santa ley. Pondera cuántos hay en el infierno que no han pecado la mitad que tú, y tiembla en la presencia de Dios de tus maldades, y dale gracias por las misericordias que te ha hecho en no lanzarte en los infiernos, y empieza desde luego a servirle con fervor y con temor de ofenderle.

PUNTO IV. Considera el amor que Dios te tiene sobre todo cuanto se puede decir, y las mercedes que te ha hecho y que siempre te hace sin cesar, y la correspondencia que debes a tal Señor, y enciéndase tu corazón en vivos deseos de servirle y amarle intensísimamente, y de este amor brote en  tu alma un temor filial de ofenderle, deseando y proponiendo firmísimamente de morir mil muertes antes que cometer la menor ofensa contra su Divina Majestad, por ser quien es, y por el amor que te tiene y los beneficios que recibes de su mano. Ofrécete a sus pies y pídele que engendre este amor y temor filial en ti, como le tienen sus escogidos, y que no mirando a tus pecados, te escriba en el número de sus hijos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.