viernes, 6 de marzo de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: Os será quitado el reino de Dios y dado a las gentes que rinda frutos de buenas obras


VIERNES DE LA II DE CUARESMA
Rito Romano 1962

Os será quitado el reino de Dios y dado a las gentes
que rinda frutos de buenas obras

Continuación del Santo Evangelio según San Mateo

Mt 21, 33-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos y a los príncipes de los sacerdotes esta parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

 
TEXTOS DE LA MISA  -Viernes de la II semana

COMENTARIOS:

jueves, 5 de marzo de 2026

De la parábola de la viña



Viernes de la II semana de Cuaresma

De la parábola de la viña

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la II semana de Cuaresma

De la parábola de la viña

Mt 21, 33-46

Dijo Cristo a los fariseos: un padre de familias plantó una viña y la arrendó a los labradores, y a su tiempo envió a pedirles el fruto; pero ellos como ingratos en lugar de la paga hicieron malos tratamientos a sus criados, y últimamente mataron a su hijo para quedarse con la viña. Qué hará, pues, el padre de familias sino castigar a estos arrendadores y dará a otros su viña, que le paguen los frutos a su tiempo. Lo primero, pues, hará Dios con los ingratos a sus beneficios, privándoles de su reino y dándosele a otros que le sean agradecidos.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Dios te ha entregado la viña de tú alma para que la labres y cultives con santas obras y la plantes y adornes con muchas virtudes y tú la tienes llena de cardos y espinas de vicios, y malas costumbres, y procura darte prisa a limpiarla y cultivarla no te suceda lo que a Adán, que por no cultivar el Paraíso que Dios le entregó, perdió su gracia y con ella todos los bienes que le había dado; trabaja y cultiva la viña de tu alma, porque no caigas en la indignación de Dios y pierdas su gracia y amistad.

PUNTO II. Considera que no te la dio dada, sino alquilada, como a estos arrendadores, y así que ha de haber día de cuenta cuando te la pida de los frutos de ella. Da una vista a todo el discurso de tu vida, mira cuántos años hace que tienes en tu poder esta viña con las fuentes y riego de tantos sacramentos, y con la cultura de tantos obreros evangélicos que te ayudan a cultivarla, y con la lluvia de tantos auxilios y gracias e inspiraciones divinas, y qué frutos has dado hasta ahora, y qué cuenta darás cuando el Señor te la pida; y procura ajustarla de manera que no te alcance en ella y puedas conseguir la vida eterna.

PUNTO III. Considera la ingratitud de estos arrendadores, y no extrañes si la tuvieren contigo los hombres que tan grande la tuvieron con Dios; y luego considera la paciencia de los criados y últimamente la del propio hijo a quien envió por los frutos, y recibiendo tantas injurias, no se defendieron sino que las llevaron con paciencia por amor de Dios; y aprende a sufrir por él, como él sufrió por ti, si acaso te vieres maltratado y deshonrado por su causa y por hacer lo que te mandare; que no es mayor el siervo que el Señor, ni el Profeta que el que le envió; y si a Cristo maltrataron porque les predicó la verdad, no será mucho que te maltraten a ti porque haces las cosas de su servicio. Ofrécete de voluntad a padecer y morir por su amor si fuere menester.

PUNTO IV. Carga la consideración en la conclusión de esta parábola y en la tremenda sentencia con que remata el Salvador: os quitará a vos otros el reino de Dios, y lo dará a las gentes que den el fruto a su tiempo. Esta es la pena debida a los ingratos; abre los ojos y mira no te caiga a ti y te quite Dios los sacramentos y las inspiraciones, y los auxilios y gracias que te da, y con ellas el reino de Dios porque no obras como debes, y se las dé a otros que le den el fruto que pretende ¡Oh Señor!, no me castiguéis tan rigurosamente, que alcéis la mano de mí y me neguéis vuestras gracias; yo conozco que no las merezco, pero haced como quien sois y tened misericordia de mí: dadme treguas y tiempo y vuestro favor para que yo me enmiende y os sirva y recupere lo perdido hasta aquí, y merezca ser uno de los obreros de vuestra viña, para serviros perpetuamente.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.


DE LA ORACIÓN DE CRISTO EN EL HUERTO

 


Viernes de la II semana de Cuaresma.

DE LA ORACIÓN DE CRISTO EN EL HUERTO

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Viernes de la II semana de Cuaresma.

DE LA ORACIÓN DE CRISTO EN EL HUERTO. (Math. 26).

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo retirado de sus discípulos en la espesura de aquellos árboles oró a su Eterno Padre con suma reverencia, así exterior como interior; porque como dice el Evangelista, cosió su rostro con la tierra, adorando y reverenciando la suma Majestad del Altísimo; y en lo interior con grande atención, respeto y reverencia, empezó su oración, resignándose todo en la voluntad de su Padre, y suplicándole que no se hiciese lo que él pedía, sino lo que fuese su gusto y voluntad. Padre, dice, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la vuestra. Mucho tienes aquí que contemplar y aprender a orar a Dios con toda reverencia de cuerpo y alma, y con toda humildad y resignación en la divina voluntad. Contempla lo que tu Redentor hace y dice, piensa, pide y recibe en este huerto, y toma y aprende tan alta lección en cosa que tanto te importa, como es saber orar a la Majestad de Dios.

PUNTO II. Considera cómo se levantó de la oración y vino a los discípulos, y los exhortó a orar y velar, para no caer en la tentación, y de los discípulos volvió a la oración segunda y tercera vez; en que debes aprender el cuidado que Cristo tiene de ti, y el que tú debes tener de los tuyos, y cómo has de encadenar la acción con la contemplación, ocupándote de tal suerte en lo uno, que no te impídalo otro, acudiendo de la oración al trabajo y negocios exteriores, y de estos volviendo sin destemplarte a la oración: pídele a Cristo esta gracia para ejecutar lo que te enseña.

PUNTO III. Considera la perseverancia de Cristo en la oración, porque no siendo oído la primera ni la segunda vez, volvió la tercera a repetir la misma oración, clamando con ansias de su corazón a su Eterno Padre. Aprende la lección que te da aquí de paciencia, esperanza, confianza y perseverancia, y no desmayes en tus peticiones, si no fueres luego oído; mas confía en el Señor y persevera a sus puertas, y verás buen logro de tu oración.

PUNTO IV. Entra con la consideración en lo interior del corazón de Cristo, y mira qué piensa, qué medita y por quién pide a su Padre, y hallarás, como dice san Buenaventura (1), que no pide por sí, sino por ti y por todos los mortales, a quien tenía presentes, y mirando sus pecados y los tuyos, que eran el cáliz amargo que había de beber, amargándole la perdición humana y el pecado que cometían en su muerte los que se la daban, que no se habían de aprovechar de ella, sino cegarse más y endurecerse en sus pecados, clamó al Padre, pidiéndole que se ordenase la salvación del mundo, de manera que no bebiese cáliz  tan amargo, pero que no se hiciese su voluntad sino la suya. Tus pecados, ¡oh alma mía! son los que le amargan, le congojan y le hacen sudar sangre y padecer agonía: ¡qué dolor debes tener por haberle dado tal amargura! ¡Oh Señor, quién no hubiera nacido, por no haberos ofendido! ¡Oh quién reventara antes que pecara! ¡Pésame sobre cuanto puedo decir, de haber cometido la menor cosa contra vos! ¡Oh mi Dios! orad por mí, que vuestra oración es toda mi confianza, y en ella espero alcanzar el perdón que merezco: pues oráis por vuestros enemigos, y yo soy el mayor de todos, no os olvidéis de mí.

(1) San Buenav. medit. 75.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis