lunes, 2 de marzo de 2026

Crítica a los escribas y fariseos

 


Martes de la II semana de Cuaresma

Crítica a los escribas y fariseos

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la II semana de Cuaresma

Crítica a los escribas y fariseos

Mt 23, 1-12

Dijo Cristo a sus discípulos que hiciesen lo que les ordenasen los sacerdotes que tenían la cátedra y puesto de Moisés, pero que no imitasen sus obras, porque eran contrarias a la doctrina de Dios: ellos afectan la vanidad, vosotros afectad la humildad y agradar a solo Dios; porque el que se humillare será ensalzado, y el que se ensalzare, humillado.

PUNTO PRIMERO. Considera el respeto que guardó siempre Cristo Redentor nuestro a los sacerdotes por su grande dignidad, mandando obedecerlos y respetarlos, aunque fuesen malos, porque eran sacerdotes de Dios. Toma esta lección de su boca y procura honrarlos siempre, dorando sus faltas si las tuvieren, y no atendiendo a ellas, sino a su dignidad.

PUNTO II. Considera la asistencia que Dios tiene a sus prelados, pues aunque no sean buenos, rige su lengua para que enseñen la verdad y no hagan errar a los hombres y se puedan regir con seguridad por ellos, conforme a lo que enseña Cristo, que hagamos según sus palabras. Dale gracias al Señor por esa providencia singular que tiene de sus prelados, y establece en tu corazón el consejo de Cristo de obedecer a sus palabras como a palabras de Dios, aunque sus obras no convengan con ellos.

PUNTO III. Considera lo que Cristo reprende en los malos prelados que no hacen lo que dicen, y que imponen graves cargas a los otros, y ellos no quieren llevarlas, y que buscan en sus acciones la honra del mundo y no la de Dios; escarmienta en su cabeza y mira no caigas en sus vicios porque no seas reprobado como ellos. Contempla a tus solas que linaje de infelicidad fuera, si llevando a otros al cielo con tus palabras, te condenases por tus malas obras: y toma ahora el camino de Cristo predicando y enseñando más con el ejemplo de las buenas obras, que con el ruido de las palabras, poniendo primero en ejecución cuanto enseñares a los otros.

PUNTO IV. Considera la sentencia con que remata Cristo su razonamiento: conviene a saber; que el que fuere superior en la dignidad, sea el primero en la humildad; y el que tuviere el puesto más alto, se ponga en lugar más bajo y se haga siervo de todos. Toma para ti estas palabras, como si te hallaras presente y las oyeras de boca del Salvador, y entra contigo en cuenta y mira si las cumples, y pídele gracia a Dios para ponerlas en ejecución, y servir a todos para que merezcas la gracia del Señor.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

DEL SERMÓN QUE CRISTO HIZO A SUS APÓSTOLES DESPUÉS DE LA ÚLTIMA CENA

 


Martes de la II semana de Cuaresma.

DEL SERMÓN QUE CRISTO HIZO A SUS APÓSTOLES DESPUÉS DE LA ÚLTIMA CENA

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Martes de la II semana de Cuaresma.

DEL SERMÓN QUE CRISTO HIZO A SUS APÓSTOLES DESPUÉS DE LA ÚLTIMA CENA. (Joann. 13.)

 

El seráfico doctor san Buenaventura (1) pone en este lugar la meditación del sermón que hizo Cristo a los suyos antes de salir del Cenáculo, y por ser largo le reduce a cinco puntos, los cuales pondremos aquí como el santo doctor los señala para esta meditación.

PUNTO PRIMERO. Considera el cariño que les muestra a la partida, y cómo en este último razonamiento los consuela, diciendo que será breve su ausencia, y dentro de poco tiempo volverá a consolarlos, y que nunca los dejará huérfanos; oye estas palabras y consuélate gozándote de tener Padre tan amoroso, y pídele que cumpla contigo lo que ofrece a sus discípulos.

PUNTO II. Considera cómo en este sermón que les hizo a su partida les encomendó una y muchas veces que se amasen con el vínculo de la fraterna caridad, diciéndoles que en esto serían conocidos por sus discípulos, si se amaban cordialmente unos a otros; atiende a este mandato; mira cómo se amaron los apóstoles con entrañable caridad, y cómo debes tú amar a todos tus hermanos, y pídele al Señor gracia para cumplir lo que te manda.

PUNTO III. Lo tercero que les encomendó fue la guarda de sus santos mandamientos, diciéndoles: si me amáis guardad mis mandamientos, si los guardáredes permaneceréis en mi gracia. Considera cuánto te importa esta observancia, y no traspasar alguno de los preceptos divinos, y propón en tu corazón y dale al Señor palabra de morir mil muertes antes que quebrantarlos.

PUNTO IV. Considera cómo los armó y previno en este sermón para las tribulaciones que habían de padecer, profetizándoselas primero y poniéndoles delante el fruto que habían de coger de ellas, con la semejanza del que se coge del trigo que se siembra y pudre en la tierra; y diciéndoles que se animasen a padecer, que él estaría a su lado, que a esto había venido al mundo y que su tribulación sería breve y se trocaría luego en gozo eterno. Rumia estas verdades despacio, y saca de estos panales dulzura en tus amarguras, ánimo y valor para tus peleas.

PUNTO V. Lo quinto que medita san Buenaventura es que Cristo remató el sermón levantando los ojos al cielo y pidiendo a su Eterno Padre que guardase a sus apóstoles, encomendándole la cosa que tenía más en su corazón y no solo por ellos, sino por todos los que habían de creer en él, suplicándole que los tuviese debajo de su amparo y protección, y que fuesen sus compañeros, no en las penas sino en los gozos de su eterna gloria, en cuyo número entras tú también; allí te tuvo presente y rogó por ti á su Eterno Padre. Mira lo que te amó y cuál en las médulas de su corazón te tuvo escrito, y advierte lo que le pedía a su Padre por tí, y cómo le debes pagar y agradecer tan insigne beneficio, amándole y sirviéndole con todas las fuerzas de tu alma y de tu corazón.

(1) S. Bonav. med. 75.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.