viernes, 9 de octubre de 2026

DE LA CUARTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Sábado de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA CUARTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY»

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA CUARTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY».

 

PUNTO PRIMERO. Considera, lo primero, que nos manda Cristo pedir el manjar y mantenimiento del cuerpo, para que advirtiésemos que nos viene de la mano de Dios, y que Él nos sustenta como Padre amoroso y solícito de sus hijos, según aquello de David (1): «Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das el manjar a su tiempo; abres tú la mano y llenas a todos de bendición.»

De lo cual has de sacar afectos de agradecimiento al Señor que te sustenta, y juntamente de confianza de que nunca te faltará, pues tienes Padre tan benigno, tan próvido y tan solícito para con sus hijos; pues, si los de la tierra tienen por caso de menos valer que les falte a los suyos, mucho más se preciará el del cielo de que sus hijos tengan todo lo necesario cumplidamente.

(1) Psalm. 103.

 

PUNTO II. Considera que nos manda pedir pan y no otros manjares, porque el pan es el alimento necesario para la vida, conforme a lo que dijo el Eclesiástico (1): «El fundamento de la vida del hombre es el pan y el agua»; el pan para manjar y el agua para bebida.

Y no quiere el Señor que pidamos lo superfluo que sirve para el regalo, sino solamente lo necesario, que sirve para el sustento; en que nos encomienda la templanza y destierra la gula y la superfluidad en las comidas.

Repasa en tu memoria la sentencia del apóstol san Pablo (2): «Teniendo alimento y con qué cubrirnos, estemos contentos.»

Y saca de aquí resolución de contentarte con lo necesario solamente, y desterrar la gula, la embriaguez y la diversidad de manjares y bebidas de tu mesa, que no sirven sino de incentivos de lujuria; y asimismo la pompa de los vestidos, que engendra soberbia y vanidad.

(1) Eccli. 39.
(2) 1 Tim. 6.

 

PUNTO III. Considera que nos manda decir «nuestro», porque ha de ser común y para todos el pan que Dios te diere; y debes considerar que no te lo da para ti solo, sino también para tus prójimos.

Con ellos has de partir como buen hermano, sustentándolos en cuanto pudieres, so pena de que te quitará Dios el pan y lo dará a ellos.

Considera si lo haces así y si cumples tu obligación; y con qué cara pedirás a Dios que nos dé el pan, si, concediéndotelo, no cumples con tu petición, pues le pides para todos y te lo apropias a ti solo.

Si ves a tu hermano en necesidad y le cierras las puertas de tu corazón, no teniendo misericordia de él, ¿cómo hay en ti caridad?

Y si tú cierras las puertas de la misericordia a tus prójimos, Dios cerrará también las suyas para ti.

Piensa en esto en el acatamiento de Dios, y saca resolución de usar de misericordia con tus prójimos en cuanto diere lugar tu posibilidad.

 

PUNTO IV. Considera el resto de la petición, en que nos manda Cristo pedir el pan para hoy no más; cada día para cada día, por muchas razones.

La primera, porque estuviésemos siempre pendientes de la divina Providencia, esperando de su mano el sustento necesario para la vida.

La segunda, porque avivásemos la confianza, esperando con viva fe que el que nos da hoy la comida nos la dará mañana, y que no faltará a su providencia si no falta nuestra confianza. Y así dijo Cristo por san Lucas (1): «No queráis estar solícitos de lo que comeréis mañana.» El mismo Dios tenéis mañana que hoy, el cual os sustentará de la misma manera que os sustenta hoy.

La tercera, porque el día de mañana es incierto, y ¿qué sabes tú si amanecerás mañana? Cada día le has de tener por último, y vivir como si en él hubieras de morir.

Y no quiere el Señor que pidamos más que para hoy, sin asegurarnos de vivir mañana; en figura de lo cual todos los días enviaba Dios el maná a los hijos de Israel en el desierto, y si alguno lo guardaba para el día siguiente se le podría de gusanos, porque los quería Dios muy confiados y dependientes de su providencia.

Medita estas verdades y pide a Dios que te dé la confianza que debes tener en su piedad, memoria de tu fin y gracia para vivir conforme a su voluntad.

(1) Luc. 12.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

10. DE LOS GRANDES TRABAJOS QUE PADECIÓ SANTA TERESA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA DÉCIMO

DE LOS GRANDES TRABAJOS

QUE PADECIÓ SANTA TERESA

 

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA DÉCIMO

DE LOS GRANDES TRABAJOS

QUE PADECIÓ SANTA TERESA

Muchas y muy grandes fueron las tribulaciones que padeció durante su vida la gloriosa Santa Teresa de Jesús, como ella misma nos lo refiere. Sus deseos de padecer por Dios no tuvieron límites, y ya desde sus primeros años nos ofrece una prueba de ello, cuando salió de su casa acompañada de su hermanito para ir a tierra de moros, como ella dice, para que allí los descabezasen por amor de Dios; mas, como Nuestro Señor dispone las cosas para su mayor gloria y bien de las almas, no quiso aceptar el sacrificio de tan tierna niña, haciendo que un tío suyo los encontrase fuera de la ciudad y los llevase a su casa paterna; porque la reservaba para una gran empresa, la de la Reforma de la Orden Carmelita, por medio de la cual habían de lograr su salvación tantas almas de uno y otro sexo que se acogerían a ella como a puerto de seguridad.

El padecer la hacía agradable esta vida; en él encontraba la segura nave que la había de conducir a la salvación; el padecer era su pensamiento constante, su más vehemente deseo y su único consuelo; el padecer era lo que le daba verdadero contento y satisfacción. Jamás cesó de pedir a Dios trabajos y padecimientos de todo género, pues decía siempre que para nada era buena esta vida sino para padecer, y que para nada era breve y corta sino para trabajar.

Nunca se cansaba de sufrir, y eso que tuvo muchas y muy grandes tribulaciones, ya con sus enfermedades, ya con su Reforma y fundaciones.

Estando la Santa en Ávila, en sus últimos años, ofreciósele uno de los trabajos más grandes que tuvo en su vida; y cuando lo estaba relatando a una amiga suya que la fue a ver, alzó los ojos al Cielo y dijo: «¡Con este trabajo, Señor, me pagáis todos los que me habéis dado en mi vida!»,

quedando luego con gran consuelo y alegría.

El lema de Teresa fue siempre, en una palabra, padecer o morir, y así solía exclamar fuertemente: «Señor, o morir o padecer: no os pido otra cosa para mí».

Tal era el amor de Teresa a los padecimientos y trabajos. Imitemos, en cuanto nos sea posible, su amor a las tribulaciones, y así seremos confortados como ella.

 

OBSEQUIO

Repetir con frecuencia en este día las palabras de la Santa: «Señor, o morir o padecer».

 

MÁXIMA

Creed que a quien Dios más ama da mayores trabajos, y a estos responde el amor. Este es el camino de la verdad. No ha de ser más el siervo que el Señor.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús, que cifrasteis toda vuestra dicha en padecer y sufrir: yo os suplico que, a vuestra imitación, no solamente lleve con paciencia las tribulaciones y trabajos de esta vida, sino que llegue, como Vos, a amarlos y desearlos por amor de Dios. Amén.

 

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.