Por
la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor
mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te
adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para
hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre
y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves
de la IV semana después de Pentecostés.
Del
propio aprovechamiento.
PUNTO
PRIMERO. Considera en el fervor de la gente que concurría a oír a Cristo y
aprovecharse de su doctrina, el que tú debes tener en aprovecharte en su
servicio según tu vocación: entra en cuenta contigo, y considera los medios y
ocasiones que te ha dado para aprovechar en su servicio y cuán mal los has
logrado; llora tu tibieza y ruega a Dios que te dé su santo espíritu para servirle
con fervor.
PUNTO
II. Considera aquellas palabras de Cristo: duc in altum, sube más alto,
hazte a la vela, deja la tierra y remóntate en alta mar; las cuales te dice a ti
el Señor, amonestándote que subas a mayor perfección, y que te remontes de las
pasiones terrenas y de todo lo que el mundo adora, y subas a lo alto del
espíritu y a la cumbre de la perfección, y no estés siempre en el aula de
mínimos, sino sube a la de mayores: corta los lazos de las aficiones del mundo,
que te detienen para no aprovechar, y extiende las velas de tu corazón al
viento favorable del Espíritu Santo; y aliéntate y corre a la cumbre de la
santidad, y a vivir con Dios y á solo Dios: ofrécete desde luego con aliento a
lo más arduo y perfecto, que Dios te ayudará y aprovecharás mucho en poco
tiempo.
PUNTO
III. Medita aquellas palabras que dijeron los apóstoles a Cristo: Maestro, por
toda la noche trabajando nada hemos cogido; y piensa en qué has gastado tus
fuerzas y tus trabajos; y cuán poco has aprovechado en el servicio de Dios,
pues con razón puedes decir: trabajando tantos años nada he cogido; y anímate
viendo tu pobreza a emplear tus fuerzas con más fruto en adelante; examina las
causas de tus desmedras, y llóralas en el acatamiento de Dios, y pídele perdón
de tu negligencia, y gracia para recuperar en adelante lo que has perdido hasta
aquí en la vida pasada.
PUNTO
IV. Considera el lance tan copioso que echaron los discípulos por la obediencia
de Cristo, y cómo llamaron a sus compañeros para que les ayudasen en la pesca,
y vinieron y los ayudaron, y llenaron ambas naves de peces, logrando tan dichosamente
sus trabajos: pondera el fruto que se coge de trabajar en compañía de buenos, y
de sus exhortaciones, ejemplos y buenos trabajos, y saca de aquí deseos de
acompañarte con ellos, y ayudarte de sus consejos y ejemplos, y fervorizarte
con emulación a servir a Dios: mira las ganancias y aprovechamiento de otros
que en poco tiempo te llevan tanta ventaja, y anímate con el favor divino a
servirle tú más y aventajarte a todos.
Al terminar
Te
doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones
que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra.
Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda:
interceded por mí.
CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES
MEDITACIONES CORRESPONDIENTES
A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA
DEL DIVINO SALVADOR.
Traducido libremente
de la obra del
P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía
de Jesús,
fundador del Apostolado de la Oración
EJERCICIO
PRÁCTICO
PARA TODOS LOS
DÍAS DEL MES.
Por la señal, etc.
Señor mío Jesucristo, etc.
ORACIÓN PARA EMPEZAR.
¡Oh Jesús!,
amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y
tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo;
concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar,
y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos.
Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.
Y pues sois mi
dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad
mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones,
enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi
cuerpo.
Haced que os
tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo
nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria
en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también
para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor
ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados!
Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened
piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía,por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa
Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo
nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis
dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y
esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra
Santísima Madre, que también lo es nuestra.
Con esta
intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que
por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el
sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre.
Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros.Amén.
DÍA
VEINTICINCO
(Año
veinticinco.)
VIDA ACTIVA
DEL CORAZÓN DE JESÚS.
Primer preludio.
Jesús en Nazaret orando por los hombres.
Segundo. Pedir el celo de Jesucristo y su fervor.
Punto primero. Vida activa en el mundo. Segundo. Vida activa
en el Sacramento. — Tercero. Vida activa en sus miembros.
PUNTO PRIMERO.
Vida activa en
el mundo. Nada más humilde que
Jesucristo en su vida mortal, en la que puede siempre llamarse el Dios
escondido, el Dios aniquilado, y tal como describió un Profeta cuando dijo: “Le
hemos visto, y no tenía aspecto de nada. Su semblante estaba como escondido y
menospreciado, por lo que no hicimos ningún caso de él” (Is., LIII).
Nace como un
pobre, vive desconocido en tierra extraña los primeros años, y los demás como
un pobre artesano en su tierra. A pesar de sus milagros y de su santidad y
elocuencia divina, saca escaso fruto. A las afrentas de la Pasión se sigue la
humillación del sepulcro, y no cuenta, al salir de este mundo, sino con un
puñado, de discípulos, cuya fe, si no está perdida del todo, se halla muy
quebrantada y vacilante.
¿Es ésta, Señor,
la misión divina que os confió el Padre celestial? Con un solo sermón convierte
San Pedro a cinco mil personas. Roma oye su voz y cree en su palabra. Los demás
Apóstoles conquistan naciones enteras. San Pablo trabaja más que todos, como
Apóstol de gentiles.
Y
vos, ¿qué habéis hecho, Señor?
Levantemos el
velo, y no nos dejemos engañar por las apariencias. ¿Quién obra por los
Apóstoles y en los Apóstoles? ¿Quién convierte las almas y las salva por su
ministerio? ¿Quién es el motor secreto que da impulso a los obreros
evangélicos? El Corazón de Jesús. De allí sale todo. Si ves los frutos
maravillosos del grande árbol que cubre al mundo bajo su sombra, baja a ver la
raíz que le da vida. Como en el orden natural está todo en movimiento en virtud
de una causa secreta y desconocida, que mueve y dirige en su movimiento los
cuerpos celestes, así en el orden moral todo obedece a un motor conocido de
nosotros, que es el Corazón de Jesús.
PUNTO SEGUNDO.
Vida, activa, en
el Sacramento. Continúa el
mismo prodigio, y de una manera más estupenda aún. Si tiendes la mirada por la
Iglesia, que ocupa la redondez del orbe, y admiras el celo con que atiende a la
salud de las almas todas y de cada una en particular, preguntarás tal vez: ¿De
dónde salen esos rayos de luz que alumbran al mundo? ¿De dónde esos ríos de
gracias, que por mil canales llevan vida y fecundidad a los miembros de
Jesucristo? ¿Quién dirige este movimiento? ¿Dónde se forma la sangre preciosa
que conserva en los miembros el vigor?
A
estas preguntas no se puede responder, sinoque el Corazón de Jesús esel Autor detodo, y que, colocado en la Eucaristía como en su
trono, puede llamarse el alma de la Iglesia, que da a su cuerpo santidad, gracia
y virtudes. Desde allí dirige todo el movimiento de las operaciones divinas en
las almas. Allí se reforma la sangre, que vivifica los miembros del cuerpo
místico. Es la causa primera de todo acto bueno. Nada se hace en orden a la
salvación eterna de la que no sea obra suya. Su acción se extiende a todos los
hombres de todos los tiempos y lugares.
¿Entiendes esta
verdad? ¿Acudes a Jesús en busca de luz, vida y santificación, y de las
virtudes que te faltan?
PUNTO TERCERO.
Vida activa en
sus miembros. Esta divina actividad la
comunica Jesús a los fieles. Si participan de sus humillaciones, también han de
tener parte en su poder y grandeza. Por eso vemos que unas almas oscuras y
desconocidas o despreciadas del mundo son las que, con sus oraciones,
penitencias y sacrificios, alcanzan las gracias que concede Dios al mundo, y
desarman el brazo de su justicia. Estas almas humildes y fervorosas ejercen
poderoso influjo en la Iglesia, como que de ellas se sirve Dios para comunicar
sus dones a los demás miembros de ella. A impulso de la caridad que las abrasa,
oran sin cesar y trabajan cuanto pueden en bien de sus prójimos. Sin cesar oran
y trabajan, porque aman sin cesar y no puede dejarlas ociosas el amor; y
porque aman mucho, hacen mucho, según la expresión del Kempis.
Si quieres tener
la dicha de estas almas, en tu mano está, pues no te negará esta gracia el
Corazón de Jesús. Mas ten entendido que del interior sale todo el mérito de las
obras que tanto nos maravillan en los Santos. Sé fiel en cosas pequeñas; haz
bien lo que haces de ordinario, y con eso harás mucho para Dios, para el
prójimo y para ti.
Obra
con intención pura y buen consejo y dirección; y con eso estás seguro de que
obras para Dios.
ORACIÓN FINAL.
Acto
de consagración y desagravio
al
Sagrado Corazón de Jesús.
¡Oh Corazón de
Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el
ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo,
que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín
en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis
potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que
apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del
Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones,
que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré
mientras haya odio en mipecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi
corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, asícomo tú, ¡oh Corazón divino!, has querido
ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza.
Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te
amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te
blasfeman sin conocerte.Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en
vos confío.
Corazón Sacratísimo de
Jesús, ten misericordia de nosotros.
Jesús, manso y humilde de
Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.
Inmaculado Corazón de María,
sed la salvación mía.