sábado, 14 de febrero de 2026

La pasión de Cristo nuestro Redentor

 


Domingo de Quincuagésima

La pasión de Cristo nuestro Redentor

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Domingo de Quincuagésima

La pasión de Cristo nuestro Redentor

Lc 18, 31-43

Trata el Evangelio, cómo subiendo Cristo a Jerusalén profetizó a sus discípulos su Pasión, y sanó a un ciego mendigo que le pidió vista en el camino, el cual le fue siguiendo y glorificando a Dios.

PUNTO PRIMERO. Considera punto por punto la memoria que hace Cristo de toda su Pasión, diciendo que ha de ser vendido, preso y entregado a los príncipes de los sacerdotes; mofado, escupido, azotado, y últimamente muerto afrentosa mente; y luego carga el peso de la consideración en la alegría con que sube a padecer, y como dice san Crisóstomo, declaró con este hecho, que murió porque quiso espontánea y voluntariamente por los hombres, y en particular por ti, y tú rehúsas el padecer cosas más leves por él. Córrete de lo poco que le amas y de ver cuán lejos estás de seguirle y de imitarle; y pondera que cuando subió otra vez a Jerusalén lloró amargamente, mirando como presente la destrucción que le amenazaba de allí a muchos años, y ahora mirando tan próxima su Pasión no llora ni muestra sentimiento porque la padece gozosamente por ti.

PUNTO II. Pondera aquella palabra de Cristo: El hijo del hombre será entregado, no dice quién lo ha de entregar, no porque lo ignorase, sino porque era uno de sus discípulos y predicador, y calló su pecado mirando por su honra; enseñándonos en esto a mirar por la de nuestros prójimos, y dar bien por mal a los que nos ofendieren hasta la muerte ¡Oh Señor, y qué gran virtud es esta! Dadme vuestra mano para que yo os imite en ella callando siempre los defectos de mis prójimos, y retornando bien por mal a todos mis enemigos.

PUNTO III. Considera cómo Cristo haciendo memoria de su Pasión, la hizo también del premio que había de recibir por ella, diciendo: Y al tercer día resucitará. Encadenando lo uno con lo otro paraque supiésemos que el día del padecer es la víspera del gozar, y que está encadenada la gloria con la paciencia, y la honra con la deshonra padecida por su amor. Acuérdate en tus trabajos del premio que puedes merecer por ellos, y la corona que tiene Dios preparada a los que llevan su cruz, y cuán presto vendrá y te verás glorioso y honrado, anímate con su esperanza a lleva con alegría por amor de Jesús.

PUNTO IV. Considera que, tratando Cristo de su Pasión, dio vista al pobre ciego que se la pidió en el camino, para que supiésemos que la memoria de su Pasión da vista y luz al alma, y sana de la ceguedad del mundo ¡Oh alma mía! si meditases despacio lo que tu Redentor hizo, dijo, obró y padeció en su Pasión, y qué luz alcanzarías para salir de la ceguedad en que vives codiciando las honras del mundo, amando y procurando lo perecedero, estimando lo que no tiene valor, y dejándote llevar de los apetitos ciegos de la carne. Toma esta hiel amarga de la Pasión de Jesús y pon la sobre tus ojos mirándola y meditándola despacio, y te dará vista mejor que la dió la hiel del pez al santo Tobías. Considera cómo recibe las deshonras y desprecia las honras, cómo calla y no admite el valimiento del presidente; cómo pudiendo no se defiende ni permite a las legiones de los ángeles que le defiendan, cómo abraza los dolores, las bofetadas, las espina , los azotes, los clavos y la cruz, y lo demás que intervino en su Pasión, para sanar la ceguedad del mundo y la tuya, que en todo procuras lo contrario; y pide a Cristo con este ciego que te dé ojos y luz para ver y conocer el valor de lo eterno y el engaño delo temporal, y amar aquello y despreciar esto.

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

15 de febrero SANTOS FAUSTINO Y JOVITA MÁRTIRES #santoral #santos

Los santos Faustino y Jovita, mártires. — 15 de febrero.

(+ 122)

Estos dos fortísimos mártires del Señor fueron hermanos muy ilustres por sangre y naturales de Brescia, ciudad principal de Lombardía. A Faustino, que era el mayor, ordenó de sacerdote el obispo Apolonio, y a Jovita, de diácono. Comenzaron los dos hermanos a ejercitar sus oficios con grande edificación de los fieles y acrecentamiento de la fe cristiana: lo cual sabido por el emperador Adriano, dio orden a Itálico, ministro suyo, que los prendiese, y obligase con halagos o por fuerza a renegar de Cristo. Hízolo así Itálico: pero hallándoles muy firmes en su propósito, no quiso pasar adelante hasta que el mismo emperador, que había de ir a Francia, pasase por Brescia, por ser los santos personas tan ilustres y emparentadas. Vino, pues, Adriano, y los mandó llevar al templo del Sol para que lo adorasen; mas los dos santos hicieron oración al Dios del cielo, y luego la estatua del Sol, que resplandecía con muchísimos rayos de oro fino, se paró tan negra como el hollín: y como los sacerdotes del ídolo pusiesen en ella las manos para limpiarla, cayó, se deshizo y se convirtió en ceniza. Embravecióse el emperador con este suceso, y condenó a los dos santos a las fieras; pero los leones, osos y leopardos se amansaron como ovejas a sus pies y se los lamían. Después de esto mandó Adriano echar los santos al fuego, y ellos estaban en medio de las llamas como en una cama regalada, alabando y cantando himnos al Señor. Echáronles de nuevo en la cárcel para que allí pereciesen de hambre y sed; pero vinieron los ángeles del cielo a confortar y alegrar a los esforzados guerreros del Señor. Atáronles después boca arriba y echáronles plomo derretido con unos embudos por la boca, les aplicaron a los costados planchas encendidas, les echaron estopa, resina, aceite, encendieron un gran fuego alrededor de ellos, y el mismo fuego perdió su fuerza, y no fue parte sino para que muchísimos gentiles, espantados de tantos prodigios, se convirtiesen y se proclamasen cristianos. Finalmente, el emperador, no sabiendo ya qué hacer y teniendo por afrenta ser vencido de los santos mártires, los entregó a Antíoco, gobernador, el cual, después de haber probado en vano todo linaje de suplicios, los mandó degollar fuera de la ciudad, y junto a la puerta de ella que va a Cremona.

Reflexión: Preguntará alguno de los que leen estos asombrosos prodigios frecuentes en los martirios de los santos: ¿Cómo no se convertían todos los gentiles que estaban presentes y aun el mismo emperador, teniendo a los ojos tan claros argumentos de la virtud divina? Sabemos que atribuían esos milagros a las malas artes de los demonios, pues llamaban a los santos con el nombre de grandes hechiceros, pero la causa principal de su obstinación era la perversidad de su vida. Decía Tertuliano al emperador de Roma: «Si los cristianos pudiesen vivir como los cesares, o los cesares no hubiesen de vivir como cristianos, a estas horas todos hubieran ya abrazado la fe de Cristo.» (Tertul. Apolog.) Y la misma razón movía a los demás a perseverar en los errores y vicios de la gentilidad, y ésta ha sido, es y será siempre la causa principal de la enemistad que tienen todos los impíos, herejes y malvados con la verdad católica.

Oración: Señor Dios, por cuyo amor despreciaron los bienaventurados mártires Faustino y Jovita, hermanos, las honras del siglo que les ofrecían, concédenos que por su ejemplo, estimemos en poco las mismas honras y lleguemos por su intercesión a la verdadera honra y gloria del Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

TERCER DOMINGO DE SAN JOSÉ EN HONOR DE SUS DOLORES Y GOZOS

TERCER DOMINGO

Sobre los dolores y gozos de San José

en la Circuncisión del Niño Jesús

 

EJERCICIOS DE LOS SIETE DOMINGOS

consagrados a honrar

los Dolores y Gozos de San José

 

Por la señal de la santa Cruz…

 

ACTO DE CONTRICION

Oración inicial para cada Domingo

Dios y Señor mío, en quien creo y espero y a quien amo sobre todas las cosas; al pensar en lo mucho que habéis hecho por mí y lo ingrato que he sido a vuestros favores, mi corazón se confunde y me obliga a exclamar: Piedad, Señor, para este hijo rebelde, perdonadle sus extravíos, que le pesa de haberos ofendido, y desea antes morir que volver a pecar. Confieso que soy indigno de esta gracia, pero os lo pido por los méritos de vuestro Padre nutricio, San José.

Vos, glorioso San José, Abogado mío, recibidme bajo vuestra protección y dadme el favor necesario para emplear bien este rato en obsequio vuestro y utilidad de mi alma. Amén.

 

A continuación, se lee la meditación propuesta para cada domingo.

 

TERCER DOMINGO

Al prepararnos para recibir a Jesús Sacramentado, saludad a San José y pedidle su bendición. Al comulgar, esforzaos en entrar en sus santas disposiciones, cuando vio correr la sangre del Salvador y ofrecer la comunión por la conversión de los enemigos de la Iglesia. Aplicad la indulgencia por las almas que tuvieron mucha devoción a la preciosa sangre de Jesucristo.

 

MEDITACIÓN TERCER DOMINGO

Sobre los dolores y gozos de San José

en la Circuncisión del Niño Jesús

1.El Mesías que venía a dar cumplimiento a toda ley, quiso por humildad someterse a la ceremonia tan dolorosa de la circuncisión. San José, según la opinión de muchos fue su ministro. ¡Cuánto debió costar a él mismo esa ceremonia! Es cierto que todos los Israelitas veían a sus hijos sometidos a la misma ley, más por grande que fuese el amor que le profesaban no podía compararse al que José sentía por Jesús, a quien amaba como a su hijo y como a su Dios.

Por otra parte, este santo Patriarca sabía perfectamente que bajo las debilidades de la infancia, el Salvador gozaba de la plenitud de la razón; que se somete voluntariamente a todo lo que de Él se exigía; que sentía a la vez el deseo y el temor del sufrimiento y que esta operación sangrienta no es para Él sino el preludio y como ensayo de los suplicios que le estaban reservados en el Calvario. Los gritos del Divino Niño y las angustias de su pobre Madre desgarraban el corazón de José; sin embargo, lleno de un valor sobrenatural y de una me fe más admirable que la de Abraham, el augusto Esposo de María, penetrando los designios de su Divino Hijo, ofrece al Padre Eterno la preciosa Sangre que acaba de ser derramada por nuestra salud y de la cual una sola gota hubiera bastado para rescatar mil mundos.

2. José, al terminar su sublime misterio, dio al Hijo de Dios el nombre adorable de Jesús, según la orden que había recibido del Cielo mismo. ¿Quién podrá expresar con que confianza y con qué amor pronunció José de primero este nombre de salud dado a nuestro Divino Libertador? Este nombre de Jesús, que debía ser nuestro consuelo en la peregrinación de esta vida, y nuestra esperanza al llegar a la hora de la muerte. Este nombre adorable que José se complacía en invocar con frecuencia era más dulce a su boca que exquisita miel, más suave a su oído que arrolladora melodía. El nombre de Jesús debe ser el principio y fin de todas nuestras acciones; frecuente por la invocación, frecuente y piadoso este nombre adorable por el fin, porque no debemos poner la mirada en otro bien, en otro objeto, que su gloria.

Fieles servidores del mejor de los amos, a ejemplo de San José, complaceos en repetir este nombre, que es superior a todo nombre, y recibiréis alivio en vuestras penas, consuelo en vuestras aflicciones. Como José invocad al nombre de Jesús con fe en su poder, con confianza en su amor; porque el Salvador mismo nos ha dicho: “Todo lo que pidiereis a mi Padre en mi nombre os será concedido” (Juan 14). Decidle como aquel hombre privado de la vista: “Jesús, Hijo de David, tened piedad de mí”, o como los diez leprosos: “Jesús, nuestro dueño, tened piedad de nosotros”, y experimentaréis bien pronto su favor y ayuda. Acordaos que era “en nombre de Jesús” que los Apóstoles obraban milagros. “En nombre de Jesús levántate y anda” dijo San Pedro al paralítico. En las tentaciones que el demonio os suscite, invocad el santo nombre de Jesús, nombre poderoso en el infierno, puesto que espanta a todos los demonios. Este nombre sagrado hace temblar a los ángeles rebeldes porque les recuerda Aquel cuyo poder destruyó el imperio que tenían sobre los hombres.

¡Oh nombre sagrado de Jesús! Verdaderamente eres un aceite derramado para curar nuestras llagas y comunicar la salud a nuestras almas, porque ¿quién puede pensar en este nombre divino sin representarse al mismo tiempo el modelo perfecto y el conjunto de todas las virtudes en el más eminente grado en la persona de Jesús? Poned, pues vuestro santo nombre en nuestras almas, en nuestros espíritus, en nuestros corazones y en nuestros labios. Señor Jesús, concédenos por este nombre la gracia de servirte, la fuerza de imitaros y aprender de Vos a obedecer, a sufrir y a humillarnos.

 

EJEMPLO

Una distinguida señora de Bélgica escribió a una amiga suya, participándole el favor que acababa de recibir de San José. Una persona ya entrada en años, por la cual ella se interesaba mucho, vivía en completo olvido de sus deberes religiosos, de suerte que hacía más de treinta y cinco años que no había recibido ningún sacramento ni practicado acto alguno de devoción. Ni las instancias reiteradas de varios amigos influyentes, ni los avisos providenciales enviados a esta oveja descarriada fueron bastantes para ablandar su corazón empedernido. Cayó enferma esta infeliz. Entonces fue cuando la caritativa señora alarmada por el estado crítico de su querido anciano, buscaba medios para que no se perdiese aquella alma que tanto había costado al Divino Redentor, acordándose del gran poder del patriarca San José -de quien era muy devota- para socorro de los moribundos, le suplicó que viniese en su ayuda, y llena de fervor le prometió hacer la devoción de los Siete Domingos, en memoria de sus dolores y gozos, esperando le alcanzase la conversión del enfermo que ella tanto deseaba. ¡Cosa admirable! Ya el primer domingo, San José empezó su obra: fue un sacerdote a visitar al enfermo, este le recibió muy bien y le insinuó que quería confesarse; hizo una confesión entera y muy dolorosa; y pidió le administrasen los demás sacramentos al día siguiente. A pesar de su extrema debilidad, el buen anciano recibió de rodillas en la cama a su Dios, a quien había olvidado por tan largo tiempo y desde entonces no cesó de demostrar la alegría de que estaba llena su alma. Había perdido la fe, pero la recobró y con ella una eterna gloria. Ojalá este nuevo favor, obtenido por medio de la devoción de los Siete Domingos, mueva a otras buenas almas a practicarla, para conseguir la conversión de aquellas personas por las cuales se interesan.

 

Récense los dolores y gozos.

 

EJERCICIOS DE LOS 7 DOLORES Y GOZOS

DE SAN JOSÉ

Este ejercicio consiste en hacer memoria de los 7 dolores y gozos de san José, con su Padrenuestro, avemaría y gloria en cada uno de ellos. Se puede hacer cualquier día del año, pero tradicionalmente se rezan estos dolores y gozos durante 7 domingos consecutivos como preparación a la fiesta del Santo del 19 de marzo, comenzando 7 domingos antes de la fiesta.

La Iglesia ha concedido Indulgencias a esta devoción: 1ª.- 300 días de indulgencia cada domingo, rezando durante siete domingos consecutivos en el curso del año, a elección de los fieles, los siete gozos y siete dolores de san José, y el séptimo domingo se puede ganar además una indulgencia plenaria. (Gregorio XVI, 22 de enero de 1836).  2ª.- Indulgencia plenaria en cada domingo, aplicable a las almas del purgatorio. Los que no saben leer o no tienen la deprecación de los siete dolores y gozos, pueden ganar esta indulgencia rezando en los siete domingos siete Padrenuestros con Avemaría y Glorias. (Pio IX, 1 de febrero y 22 de marzo de 1847).  Otra fórmula más breve pág. 48.

 

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Oh castísimo Esposo de María!, me compadezco de las terribles angustias que padeciste cuando creíste deber separarte de tu Esposa Inmaculada, y te doy el parabién por la alegría inefable que te causó saber de boca de un ángel el misterio de la Encarnación. Por este dolor y alegría te pido consueles nuestras almas en vida y muerte, obteniéndonos la gracia de vivir como cristianos y morir santamente en los brazos de Jesús y de María. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

SEGUNDO DOLOR Y GOZO

¡Oh felicísimo Patriarca, que fuiste elevado a la dignidad de padre putativo del Verbo encarnado!, te compadezco por el dolor que sentiste viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza y desamparo; y te felicito por el gozo que tuvisteis al oír la suave melodía con que los ángeles celebraron el nacimiento, cantando “Gloria a Dios en las alturas”. Por este dolor y gozo, te pido nos concedas oír, al salir de este mundo, los cánticos celestiales de los ángeles en la gloria. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

TERCER DOLOR Y GOZO

¡Oh modelo perfecto de conformidad con la voluntad divina!, te compadezco por el dolor que sentiste al ver que el Niño Dios derramaba su sangre en la circuncisión; y me gozo del consuelo que experimentaste al oírle llamar Jesús. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances que podamos vencer nuestras pasiones en esta vida y morir invocando el dulcísimo nombre de Jesús. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

CUARTO DOLOR Y GOZO

¡Oh fidelísimo Santo, a quien fueron confiados los misterios de nuestra redención!, te compadezco por el dolor que te causó la profecía con que Simeón anunció lo que habían de padecer Jesús y María; y me gozo del consuelo que te dio el mismo Simeón profetizando la multitud de almas que se habían de salvar por la Pasión del Salvador. Te suplico por este dolor y gozo, nos alcances ser del número de los que se han de salvar por los méritos de Cristo y por la intercesión de su Madre. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

QUINTO DOLOR Y GOZO

¡Oh Custodio vigilante del Hijo de Dios humanado!, me compadezco de lo mucho que padeciste en la huida a Egipto, de las grandes fatigas de aquella larga peregrinación y de lo que te costó el poder atender a la subsistencia de la Sagrada Familia en el destierro; pero me gozo de tu alegría al ver caer los ídolos por el suelo cuando el Salvador entraba en Egipto. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances que huyendo de las ocasiones de pecar, veamos caer los ídolos de los afectos terrenos y no vivamos sino para Jesús y María, hasta ofrecerle nuestro último suspiro. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria

 

SEXTO DOLOR Y GOZO

¡Oh glorioso San José, ángel de la tierra que viste con admiración al Rey del Cielo sujeto a tus disposiciones!, si tu consuelo, al volverte de Egipto, fue alterado con el temor al Rey Arquélao, tranquilizado después por el Ángel, viviste alegre con Jesús y María en Nazaret. Por este dolor y gozo, alcánzanos a tus devotos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de tranquilidad de conciencia, vivamos seguros con Jesús y María y muramos teniéndolos a nuestro lado. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria  

 

SEPTIMO DOLOR Y GOZO

¡Oh modelo de santidad, glorioso San José! Te compadezco por el dolor que sentiste al perder al Niño Dios sin poderle hallar en tres días, y te doy el parabién por la alegría con que lo encontraste en el templo. Por este dolor y gozo, te pido nos alcances la gracia de no perder jamás a Jesús por el pecado; y si por desgracia lo llegamos a perder, sírvanos tu intercesión por las lágrimas de la penitencia, y podamos vivir unidos con Él hasta el último aliento de nuestra vida. Padre Nuestro y Avemaría y Gloria.

 

ANTIFONA. Tenía Jesús al empezar su vida pública cerca de treinta años y aún se le tenía por hijo de José.

 

V. ¡Oh San José!, Ruega por nosotros.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

ORACIÓN

Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir al bienaventurado San José por esposo de tu Madre, te rogamos, nos concedas que merezcamos tener en los cielos por intercesor a quien en la tierra veneramos por protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos, Amén.

 

Por el santo Padre, por su persona e intenciones para ganar las indulgencias concedidas a esta devoción.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.