viernes, 23 de octubre de 2026

LA PRIMERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Sábado de la XXI semana después de Pentecostés

DE LA PRIMERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS».

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XXI semana después de Pentecostés

DE LA PRIMERA BIENAVENTURANZA: «BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS».

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Agustín, Cristo puso el primer fundamento de la vida espiritual en la pobreza y humildad de corazón; porque esta es la primera piedra que se ha de poner en este edificio para que vaya sólido y firme, y pueda perseverar y subir hasta el cielo.

Los que cargan el edificio sobre las riquezas, dice Cristo, son semejantes a los que edifican sobre arena, que no tiene consistencia ni firmeza; y así da con miserable ruina todo el edificio en tierra.

Pondera, pues, la necesidad de esta virtud, y sobre qué fundamento has edificado hasta ahora, y qué firmeza lleva tu vida. Mira si has levantado torres de viento fundadas en vanidad y soberbia. Teme la ruina y la caída, y trata, con la gracia divina, de edificar tu vida sobre la firme piedra de la humildad y pobreza de Cristo.

 

PUNTO II. Considera que no son bienaventurados cualesquiera pobres, sino los pobres de espíritu; esto es, como explica san Jerónimo, los que lo son de voluntad y de grado. No los pobres que carecen de riquezas porque no las tienen, sino los que voluntariamente las dejan y las desprecian por Cristo, y tienen su corazón despegado de ellas, deseando solamente las celestiales y eternas.

Estos son verdaderamente pobres en el acatamiento de Dios; y los otros, ricos de corazón, aunque no tengan hacienda. Por lo cual dijo el Sabio:

«Hay un hombre rico que no tiene nada, y un hombre pobre que tiene muchas riquezas.»

Porque aquel está prendado de la codicia de ellas, y este tiene desasido su corazón; este es pobre de espíritu, y aquel rico.

Vuelve ahora los ojos a ti mismo y examina tu corazón. Mira si está prendado de los bienes caducos de este mundo; si los deseas y posees con afición; y si los dejas con dolor y sientes su pérdida con amargura. Todo ello es indicio manifiesto de que tu corazón está arraigado a ellos y preso de su afición.

Procura libertar tu alma y levantar tu espíritu al amor de las riquezas eternas, dejando de grado las temporales, para que merezcas entrar en el catálogo de los pobres de espíritu y alcanzar el reino de los cielos.

 

PUNTO III. Pondera cuán falso y engañoso, sin sustancia ni valor, es todo lo terreno respecto de lo espiritual.

Considera cómo todas las riquezas y posesiones de la tierra son como soñadas; y que, en las fidelísimas balanzas de Dios, que pesan cada cosa con su verdadero valor, no pesa más el oro que el lodo, ni la plata que la tierra, ni las perlas que las conchas en que nacen, ni las piedras preciosas que las piedras del camino.

Por el contrario, el desprecio de todas estas cosas por amor de Cristo vale infinitamente, y no tiene estimación el mérito del que las desprecia y las pisa por amor suyo.

Pasa más adelante y considera que presto dará fin esta farsa; pasará el soplo de esta vida y cesará esta niebla engañosa, que trae ciegos a los hombres con el polvo y la estimación de las riquezas y honras de este mundo.

Entonces resplandecerá la luz de la verdad, que descubrirá toda esta mentira y manifestará las cosas como son, y el verdadero valor de cada una.

Mira el engaño de los que afanaron por amontonar riquezas perecederas; cuán burlados se hallarán, frustrados sus trabajos, con las manos vacías y condenados para siempre.

Y contempla cuán gozosos estarán los que, siguiendo el consejo de Cristo, ganaron el reino de los cielos con el desprecio de las riquezas temporales.

Resuélvete de corazón a imitarlos, para que merezcas entonces reinar con Cristo en el cielo.

 

PUNTO IV. Considera lo que dice san Juan Crisóstomo: que los pobres son mendigos y viven de limosna, pidiendo de puerta en puerta.

Del mismo modo, en el reino de Dios son bienaventurados los que, reconociéndose pobres, conocen su necesidad y mendigan a las puertas del Señor las gracias y auxilios espirituales, que son las verdaderas riquezas del alma.

Conoce, pues, tu pobreza y la necesidad que tienes de que Dios te ayude; pues sin su gracia nada puedes.

Pídele, como pobre mendigo, limosna de sus riquísimos tesoros.

Pasa de puerta en puerta de los santos, pidiéndoles su favor y su intercesión para con Dios, y una parte de las riquezas espirituales que Él les ha concedido.

No ceses de clamar hasta conseguir estas gracias y hacerte verdaderamente rico de los bienes celestiales.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

24. DE CUÁN AGRADECIDA FUE SANTA TERESA CON QUIEN LA FAVORECÍA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA VIGÉSIMO CUARTO

DE CUÁN AGRADECIDA FUE SANTA TERESA

CON QUIEN LA FAVORECÍA

 

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA VIGÉSIMO CUARTO

DE CUÁN AGRADECIDA FUE SANTA TERESA

CON QUIEN LA FAVORECÍA

Entre las virtudes que en grado heroico tuvo la Santa Madre Teresa de Jesús, sobresalió mucho la del agradecimiento, y así debía de ser, porque, la que fue tan humilde, lógico era que fuese agradecida a Dios y a las criaturas.

El agradecimiento fue lo que más la ayudó para su aprovechamiento espiritual; porque, cuando consideraba lo que a Dios debía y lo mal que, según ella, correspondía a los beneficios divinos, se deshacía en lágrimas y se afligía grandemente.

Tratando de esta virtud, decía la Santa que, si de suyo el alma es agradecida y amorosa, más la hace tornar a Dios la memoria de las mercedes recibidas que todos los castigos del Infierno.

Tan agradecida fue para los que la hacían algún bien, que llegó hasta el caso de estar rogando muchos años por un hombre que la dio un vaso de agua, yendo de camino a una de sus fundaciones.

En uno de sus monasterios había un clérigo que confesaba a sus monjas, y que, por otra parte, les era contrario y las perjudicaba en algunas cosas. La priora dio cuenta a la Santa de lo que pasaba, pareciéndola que convenía despedirle, a lo cual respondió Teresa:

«Por amor de Nuestro Señor le pido, hija, que sufra y calle, y no traten de que echen de ahí a ese Padre, por más trabajos y pesadumbres que con él tengan, como no sea cosa que llegue a ofensa de Dios; porque me acuerdo que cuando nos quisieron engañar con una casa que nos vendían, él nos desengañó, y nunca se me puede olvidar el bien que en esto nos hizo, y del trabajo que nos libra; y siempre me pareció siervo de Dios y bien intencionado. Bien veo que no es perfección en mí esto que tengo de ser agradecida; debe ser natural, que con una sardina que me dan me sobornarán».

Estas palabras de la Santa Madre indican bien claramente, como vemos, cuán agradecidísima fue con quien la favorecía.

 

OBSEQUIO

Demos hoy una limosna, ofreciéndola a Nuestro Señor en agradecimiento a los beneficios recibidos.

 

MÁXIMA

Haga siempre lo que le dicen los de casa, si no es contra obediencia, y respóndales con humildad y blandura.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por el agradecimiento tan grande que profesasteis a Dios, y por el que tuvisteis siempre con todos los que os favorecían, os suplico, Santa mía, me alcancéis del Señor la virtud del agradecimiento, que es una de las que más le agradan, y así merezca gozar en vuestra compañía de su presencia divina en los Cielos. Amén.

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.