Miércoles de la XVII semana después de Pentecostés
DEL BENEFICIO DE LA PERSEVERANCIA EN EL SERVICIO DE DIOS
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Miércoles de la XVII semana después de Pentecostés
DEL BENEFICIO DE LA PERSEVERANCIA EN EL SERVICIO DE DIOS.
PUNTO PRIMERO. Considera la importancia de este beneficio, y por ella rastrearás la grandeza de él; porque, como dice el Salvador (3), de él depende toda nuestra dicha y nuestra salvación; por cuanto el que no perseverare no alcanzará la salvación. Considera que, como dice san Gerónimo, no está el punto en empezar bien, sino acabar bien y con felicidad la jornada. ¿Qué importa salir con buen viento y navegar al principio con bonanza, si no llega a tomar el puerto la nave ni los que van en ella? Pondera esto mucho, y cuánta merced ha hecho Dios a los que ha dado perseverancia en su servicio hasta conducirlos al puerto de la bienaventuranza, pues pueden decir con David (1): «Tuvísteme de tu mano, y enderezásteme según tu voluntad, y recibísteme en tu gloria.»
PUNTO II. Considera las mercedes que Dios te ha hecho para darte perseverancia hasta aquí; las ocasiones de perderte de que te ha librado; las tentaciones del demonio de que te ha sacado vencedor; las inspiraciones santas que te ha dado; los maestros y padres espirituales que te enseñan a conseguir lo que te importa; los buenos amigos que te acompañan y te libran de los malos; los ejemplos de los buenos con que te ha movido; los Sacramentos con que te ha alimentado, y la gracia con que te ha conservado. Mira cuánto debes a Dios, y cómo le has de agradecer la merced que te ha hecho hasta aquí, y esta gracia de la perseverancia, en que están encerradas tantas gracias; y pídele que la continúe y te tenga de su mano por toda la vida en adelante.
PUNTO III. Considera cuántos han empezado bien y han acabado mal. Vuelve los ojos a los que empezaron contigo el camino del cielo, y a muchos de que tienes noticia que empezaron con mucha virtud, y al mejor tiempo se despeñaron en vicios y acabaron su vida en ellos, y perdieron la corona que les tenía Dios preparada en el cielo, y ya otros la poseen y ellos están en el infierno. Y mira qué fuera de ti si Dios te hubiera dejado como ellos, pues no es menor tu flaqueza y es mayor tu malicia que la suya, y hubieras sido peor que ellos. Reconoce este favor por singularísimo beneficio de su divina mano, y dale muchas gracias por él, humillándote en su presencia y reconociéndote todo por hechura suya y efecto de su divina gracia; y pídele juntamente que te ampare para que no caigas en inmensos pecados.
PUNTO IV. Considera cómo aun te puedes perder en el camino comenzado y faltar en la perseverancia, de la cual pende tu salvación, y condenarte, como muchos que en un tiempo sirvieron más a Dios que tú le has servido, y últimamente se condenaron, porque no perseveraron en el camino comenzado. Carga la consideración en lo que debes hacer en adelante para perseverar. Mira los bajíos que hay en que te puedes perder; los mares de ocasiones y tentaciones en que te puedes anegar; los medios que debes usar para no descaecer en la virtud; y ármate de paciencia, constancia, oración y meditación, con mucha humildad, para llevar tu cruz hasta morir en compañía del Señor. Ofrécete de corazón a su servicio, y pídele con grande afecto su gracia para acompañarle siempre y no dejarle jamás.
(1) Psalm. 72.
(3) Matth. 24.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.