Sábado de la Septuagésima.
De nuestra Señora,
Madre de la familia de la Iglesia.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la Septuagésima.
De nuestra Señora,
Madre de la familia de la Iglesia.
PUNTO PRIMERO. Considera que así como Cristo es el Padre, la Santísima Virgen es la Madre de la familia de la Iglesia, de la cual eres tú, y así la debes mirar como Madre tuya. Alégrate de tener tal Madre y que lo sea de todos los fieles, y que los mire como hijos propios suyos, y en particular a ti, y pídele que sea Madre tuya, y que como tal te abrigue, ampare, enseñe y defienda de todos tus enemigos visibles e invisibles, así del alma como del cuerpo.
PUNTO II. Considera cómo vela nuestra Señora sobre la familia de la Iglesia, saliendo a todas horas a llamar a los hombres a su servicio; a unos al amanecer de la razón; a otros cuando mayores, y a otros cuando viejos y después de haber caído en pecados, trayéndolos por su devoción a su Hijo para que los perdone y aliste entre sus escogidos. Dale gracias por esta vigilancia que tiene sobre todos, y por la que ha tenido y tiene contigo mismo. Acuérdate de los beneficios que has recibido de su mano, y ofrécete de nuevo a su servicio, estando siempre muy atento a su voz para hacer lo que te mandare cómo fiel siervo suyo.
PUNTO III. Considera cómo también tiene cuidado del premio de los obreros de la viña del Señor, el cual solicita en el cielo con su Benditísimo Hijo, y que se les dé el galardón merecido, y siempre aboga por ellos y gózate de tener tal medianera, y ruégale que pues se acuerda de todos no se olvide de ti, aunque no lo merece tu tibieza, pero que usando de su piedad la tenga de ti pecador delante de su Hijo.
PUNTO IV. Considera que eres siervo de esta Señora, y qué te ha llamado y traído a que trabajes en su viña, por lo cual no debes estar ocioso sino siempre alentado y ocupado en cosas de su servicio, y pues el siervo no trabaja para sí sino para su señor, ofrécele todas tus obras a la Beatísima Virgen como a Señora tuya, procurando en ellas, no tu loa y estimación, sino su gloria y su honra y su servicio; dile con entrañable afecto de tu corazón, aquí os ofrezco, Señora, cuanto soy y cuanto obrare, como indigno siervo vuestro, mis pensamientos, obras y deseos, mis palabras y todos mis trabajos, y las acciones de mi vida ofrezco a vuestros pies, y os suplico los recibáis y a mí por vuestro esclavo, y me tengáis de vuestra mano para que nunca os olvide ni me aparte un momento de vuestro santo servicio.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.