lunes, 1 de junio de 2026

Santa Ana de Jesús de Paredes. — 2 de junio

 


Santa Ana de Jesús de Paredes. — 2 de junio

(+ 1645)

La inocentísima y penitente virgen, beata María Ana de Jesús, nació de esclarecido linaje en la ciudad de Quito de la América meridional. Casi desde la cuna tomó el camino de la perfección, y se dio tanta prisa a correr por él, que al empezar, pudo parecer que acababa. Apenas tenía diez años, hizo ya los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, que suelen hacerse en la profesión religiosa. Como oyese un día las alabanzas de aquellos tres santos mártires de la Compañía de Jesús, que en el Japón habían sido crucificados y alanceados por la fe que predicaban, encendiéndose la santa niña en vivos deseos de ganar almas a Cristo y derramar su sangre en esta demanda, dejó secretamente, como santa Teresa de Jesús, la casa de sus padres y se puso en camino para ir a la conversión de los pueblos bárbaros e idólatras: mas no pudiendo llevar a cabo su intento, se hizo en una pieza muy retirada de su casa su yermo y soledad, donde apartada de todas las cosas del mundo, pudiese vivir para solo Dios. Allí imitó la vida asperísima y penitente que leemos de los admirables anacoretas de la Tebaida. Llevaba hincada en la cabeza una corona de punzantes espinas, ceñía su delicado cuerpo con áspero silicio, poníase piedrecillas en los zapatos, tomaba su breve descanso sobre una cruz sembrada de espinas, y afligía varias veces así de día como de noche todos los miembros de su cuerpo con inauditas invenciones de tormentos. Eran tan extraordinarios y maravillosos sus ayunos que pasaba a veces ocho y diez días sin comer más de una onza de pan duro. A pesar de este extremado rigor que usaba consigo, era tan blanda y afable con los demás, que fácilmente rendía los corazones de cuantos trataba, y los ganaba para Jesucristo; y así redujo a vida honesta y virtuosa a muchos pecadores de toda condición y estado que se hallaban encenagados en los vicios, o muy apartados del camino de su salvación. Las consolaciones y soberanos favores que recibía en su íntimo trato con Dios, no son para declararse con palabras humanas. Viéronla levantada de la tierra y brillando su rostro con una luz del cielo: tuvo excelente don de profecía y discreción de espíritu, curó a muchos enfermos, y resucitó a una mujer difunta. Finalmente habiéndose ofrecido al Señor para satisfacer con su muerte por los pecados del pueblo afligido a la sazón por la pestilencia que hacía en Quito grandes estragos, a la edad de veintiséis años entregó su alma al celestial Esposo. Una maravilla del cielo se vio momentos después de espirar la purísima doncella: y fue que de su sangre cuajada brotó una blanquísima y hermosísima azucena: por cuyo soberano acontecimiento comenzaron a apellidar a la santa con el nombre de Azucena de Quito.

Reflexión: ¡Qué contraste forma la vida de esta santísima doncella con la que llevan las doncellas mundanas de nuestros días, ataviados con todas las invenciones de la moda y escandalizando con su inmodestia y profanidad! Pero aquella con su retiro, su modestia, su honestidad y mortificación admirable fue una gran de santa, y está gozando de inefable gloria en el cielo; y ¿qué será de esas jóvenes tan vanas, distraídas, orgullosas y sensuales, tan enemigas de la verdadera piedad, y tan amigas de los placeres del mundo?

Oración: ¡Oh Dios! que hasta en medio de los lazos del mundo quisiste que la bienaventurada María Ana floreciese como lirio entre las espinas, por su virginal castidad y asidua penitencia; concédenos por sus méritos e intercesión, que nos apartemos de los vicios y sigamos la senda de las virtudes. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


 

domingo, 31 de mayo de 2026

Cristo se despidió de los apóstoles.

 


Lunes de la I semana después de Pentecostés.

Cristo se despidió de los apóstoles.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la I semana después de Pentecostés.

Del Evangelio de san Mateo, en que Cristo se despidió de los apóstoles.

Junto Cristo a los suyos antes de partir al cielo, y comunicóles la potestad que había recibido de su Eterno Padre en los cielos y en la tierra, y mandóles que fuesen a predicar por todo el mundo lo que les había enseñado, y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ofreciéndoles su asistencia hasta el fin de los siglos.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo, que le ha sido dado todo el poder, así en los cielos como en la tierra, para hacer y deshacer, y juzgar al mundo, y traerle a su servicio: gózate de tener Padre y Señor tan poderoso, y cobra grande confianza de alcanzar lo que pidieres, teniendo tanta mano en el cielo y en la tierra, quien te ama y desea tu bien intensamente; pondera la potestad y grandeza a que el Padre sublimó a Cristo, por la humildad tan profunda con que se sujetó a los hombres en la tierra; y saca de aquí propósitos de humillarte, y sufrir afrentas y desprecios de los hombres, esperando el galardón de Dios.

 

PUNTO II. Considera cómo Cristo no limitó la potestad que recibió a sí solo, ni se desdeñó como los hombres de tener consortes en ella, sino que de su bella gracia la comunicó a sus discípulos para bien de todo el mundo; dale muchas gracias por esta merced y por la parte que a ti te cabe, recibiendo de manos de sus ministros la gracia y el perdón de los pecados, y no seas escaso en comunicar los dones de Dios, guardándolos con avaricia para ti solo, sino aprende de su liberalidad a usarla con todos; mira cómo la de Cristo se es tendió a todo el universo, y a los presentes y futuros en todos los siglos; y no se limite la tuya a ningunos, sino extiéndela a todos a imitación del Salvador.

 

PUNTO III. Pondera aquellas palabras de Cristo: bautizadlos y enseñadlos a guardar todo lo que os mandé a vosotros; porque lo primero es necesaria la fe que se recibe en el bautismo, y lo segundo que se acompañe con obras, guardando los mandamientos de Dios: saca de aquí grande estima de la fe de Dios, sin la cual ninguno puede salvarse, y toma las palabras del Salvador como dichas a ti, y procura enseñar a todos el camino del cielo, sin perdonar diligencia ni trabajo por encaminarlos a él.

 

PUNTO IV. Pondera aquellas últimas palabras del Redentor: y yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo. Considera cuán grande merced es esta y el amor de donde nace; mira a tu Maestro siempre a tu lado, ayudándote y confortándote; dale mil gracias por este favor, y anímate con su presencia a emprender cualquiera empresa en su servicio, confiando en su gracia que te la dará para salir con victoria de todas las que emprendieres por su amor.

 

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DÍA 1. JESUS EN SU NACIMIENTO.

 


DÍA PRIMERO.

(Primer año.)

JESUS EN SU NACIMIENTO.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA PRIMERO.

(Primer año.)

JESUS EN SU NACIMIENTO.

 

El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. (San Juan, I.)

Primer preludio. Jesús en el portal de Belén.

Segundo. Pedir la gracia que deseo, que es la unión íntima con Jesucristo por conformidad de afectos.

El primer punto será considerar que la excelencia de las obras y de los pensamientos de Jesucristo proviene de su unión con el Verbo divino. El segundo, que nuestra grandeza y mérito están en nuestra unión con Jesucristo.

 

PUNTO PRIMERO.

 

La excelencia de las obras y de los pensamientos de Jesucristo proviene de su unión con el Verbo divino. No hay concierto más armonioso que el que se forma del conjunto de todas nuestras facultades para alabar a Dios. ¡Qué armónico concierto formarían las criaturas todas de este mundo unidas a los coros de los ángeles y celebrando a su Creador! Nada es esto, sin embargo, para el culto de alabanza que merece la Majestad divina, si no se une a este concierto la honra que le tributa el Corazón de Jesús. ¿Y de dónde viene a este corazón tanta valía? De su unión con el divino Verbo. En virtud de ella, la Persona divina dirige y   gobierna la humanidad de Cristo, y es el principio de sus actos; y como los produce por medio de la humanidad, de aquí resulta que los actos de la humanidad son de valor infinito.

El Corazón de Jesús es el Corazón de un Dios, grande, santo, amante, rico por la grandeza, santidad, amor y riqueza de Dios. ¿Puede darse más?

De tan alta unión nacen nobilísimas virtudes, por la sumisión perfecta de este Corazón la voluntad del Verbo divino en todas las cosas: de suerte que no ama ni aborrece sino lo que el Verbo ama o aborrece. En Jesucristo todo lo que es de Dios es del hombre, y todo lo que es del hombre es de Dios. Modelo sublime de la unión del alma con su Creador cuando corresponde a su gracia, entregándose ella del todo a su amado Jesús, y dándose Jesús todo a ella.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Nuestra grandeza y mérito están en nuestra unión con Jesucristo. ¿Quieres saber, alma cristiana, en qué consiste tu verdadero ser y tu vida? No, ciertamente, en cosa de este mundo. ¿Qué vale cuanto el mundo ama y estima? ¿Qué valen las amistades y cuanto se puede aquí lograr y adquirir? ¿Qué gana la nada mezclada con otra nada? Pero si esta nada de nuestro ser se asocia al ser divino de Jesucristo, pasa de repente de lo más abyecto y despreciable que darse puede, a la mayor altura posible; pues un vil gusano llega a la sublime dignidad de hijo de Dios adoptivo, con participación de aquella plenitud de gracia que tiene el Hijo natural, Jesucristo nuestro Señor. Baste recordar lo que dice el mismo Señor en su      Evangelio: que Él es la vid, y nosotros los sarmientos. A la unión de Cristo con la Iglesia y con nosotros aludían las palabras de Adán cuando dijo: “Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos”. De suerte que el Corazón de Jesús puede llamarse el corazón de todos los cristianos, en el sentido que decía San Bernardo: “Yo tengo un mismo corazón con Jesús.” Un corazón con Jesús tenemos desde que empieza el de Jesús a ejercer su influjo sobre el nuestro como el de todo hombre sobre los miembros del mismo hombre. Del corazón sale la sangre y se derrama por todo el cuerpo, dándole la vida. En él se forma, se renueva y se purifica. Lo que físicamente se obra en esta entraña con relación a los miembros del cuerpo humano, eso hace en sentido espiritual y sobrenaturalmente el Corazón divino, vivificando a sus miembros, que son los hijos de la Iglesia. Este es pues, nuestro corazón. Vivamos y amemos en él, por él y con él.

Si miramos al cielo, nos admirará ese sistema planetario con tanta multitud de globos que giran alrededor del Sol, teniéndole a él por principio y fin de su carrera. ¿Y a quién no admirará el plan del Altísimo Dios, que ha puesto como un sol divino al Corazón de su Hijo en medio de la Iglesia para que anime y ordene todo el movimiento sobrenatural de las almas?

Persuadámonos de que todo el orden desaparecería para nosotros, si nos apartáramos de la órbita en que debemos girar, poniéndonos fuera del influjo de nuestro Sol. No abandonemos nuestro puesto. Conformemos con él nuestros pensamientos, deseos e intenciones, y sea Jesús el Rey de nuestro corazón. Muy lejos nos hallamos tal vez de tan grande perfección. Pero ¿cómo llegaremos a   alcanzarla?

Recojamos nuestro espíritu; recojamos el pensamiento, los afectos y los sentidos corporales e internos; consultemos al Corazón de Jesús en las dudas; recibamos respetuosamente las inspiraciones de la gracia, y obedezcamos a sus impulsos. Esta lección nos da hoy aquel amante Corazón que contemplamos unido a la divinidad.

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan, te amaré por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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