martes, 17 de febrero de 2026

La doctrina del Evangelio sobre la vanidad y ceremonia de la ceniza

 


Miércoles de Ceniza

La doctrina del Evangelio sobre la vanidad

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de Ceniza

La doctrina del Evangelio sobre la vanidad

y la ceremonia de la Ceniza

Mt 6, 16-21

El Evangelio contiene la doctrina de Cristo, en que nos manda huir la hipocresía y la vana estimación de los hombres, y atesorar no en la tierra sino en el cielo riquezas espirituales y eternas.

PUNTO PRIMERO. Considera cuán vanos son y cuán engañosos los juicios de los hombres, y qué poco caso se debe hacer de su estimación, y no pierdas obras de tanto valor por sacarlas a vista de sus ojos, como son las de virtud y penitencia, con las cuales puedes ganar la vida eterna; advierte que por una parte te mira Dios y sus ángeles y toda aquella corte celestial, y por otra los hombres mortales; estos no ven más que lo exterior de las obras que se representan a sus ojos, y aquellos lo exterior y lo interior de tu corazón. El juicio de los hombres es errado y vario, porque unos vituperan lo que otros alaban; pero el de Dios y sus ángeles acertado y verdadero, apreciando cada cosa con su propio valor. Si buscas la estimación de los hombres, buscas una vanísima vanidad, y un viento que pasa y se desvanece en un punto; y si pretendes en tus obras agradar a Dios, haciéndolas todas con aquel afecto y atención, como si le vieras delante de ti, alcanzarás la honra sólida y verdadera. Considera, pues, a cuál de estos senados quieres agradar, y la diferencia que hay del uno al otro así en el número como en la calidad, y resuélvete firmísimamente a huir la vanagloria del mundo, escondiendo tus obras de los ojos de los hombres, y manifestándolas solamente a los de Dios.

PUNTO II. Considera la razón que da Cristo para huir de la hipocresía y vanagloria, porque los que la buscan en las obras buenas que hacen, pierden el mérito de ellas y el premio que habían de recibir de Dios. Pondera qué premio es este, su calidad, su valor y su duración, que compite con la eternidad, y el precio porque le das, que es una estimación o alabanza vana de los hombres, que es un poco de aire y una como sombra sin ser ni sustancia, y no te quieras tan mal, que trueques joya tan preciosa por cosa tan vil y vana y de ningún valor.

PUNTO III. Considera a lo que te exhorta Cristo; conviene a saber, a que atesores en el cielo riquezas verdaderas e inmortales, y no en la tierra las caducas y perecederas. Coteja despacio el valor de las unas con el de las otras, y luego la verdad de las espirituales y la falsedad de las terrenas, y la duración de las unas y de las otras; y que cuando estas fueran eternas y sólidas como las otras, para ti no lo fueran, pues tan presto te las han de quitar; porque como dice el Eclesiástico: En el fin del hombre le han de desnudar de todo, y no ha de sacar de este mundo más de lo que trajo a él. Refresca la memoria de tantos ricos y poderosos como has conocido en este mundo, y ya están en el otro. Mira qué se hicieron sus tesoros, y cómo no llevaron de todos más que una pobre mortaja, y otros triunfan y campean con sus riquezas, y solo les acompañarán sus obras, y lo mismo será de ti sin réplica ni apelación, y saca en tú favor la consecuencia de todo, y dile a Dios: ¡Oh Señor, y qué grande engaño es servir al mundo y buscar lo perecedero y engañoso, y no vuestra gloria y servicio, que es lo verdadero y eterno! Tenedme de vuestra mano para que no caiga en tal yerro, y dadme vuestra gracia para que desprecie cuanto el mundo ama, y que mi tesoro y corazón esté siempre en el cielo.

PUNTO IV. Considera que el remedio para no caer en este engaño, es el desengaño de tu mortalidad. Acuérdate de que eres ceniza, y que te has de resolver en ceniza dentro de muy poco tiempo, como te amonesta la Iglesia, y contémplalo que te aconseja san Bernardo; conviene a saber, lo que fuiste, lo que eres y lo que serás; porque en tu primera formación fuiste un poco de lodo. al presente eres un muladar podrido y hediondo, cubierto de nieve con la tez exterior de este tu cuerpo, y sin parar un punto caminas al ocaso de tu muerte, a donde serás manjar de gusanos y tierra asquerosísima, y últimamente polvo y ceniza; esto fuiste, esto eres y esto serás, como lo fueron y son todos los que pasaron antes de ti, y ya de ellos no se tiene memoria; ¿pues cómo podrás envanecerte a la luz de esta verdad?¿Qué torres de viento no caerán en el suelo fundadas sobre este, cimiento? ¿Y quién, conociendo esta verdad, buscará tesoros en la tierra? Cava en esta mina riquísima del propio conocimiento, y hallarás un tesoro inestimable de luz de desengaños, de humildad y desprecio del mundo y aprecio del cielo, sed y hambre de los bienes verdaderos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

DE CÓMO CRISTO SE DESPIDIÓ DE SU SANTÍSIMA MADRE, PARA IR A PADECER MUERTE Y PASIÓN.

 


Miércoles de Ceniza.

DE CÓMO CRISTO SE DESPIDIÓ DE SU SANTÍSIMA MADRE, PARA IR A PADECER MUERTE Y PASIÓN.

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Miércoles de Ceniza.

DE CÓMO CRISTO SE DESPIDIÓ DE SU SANTÍSIMA MADRE, PARA IR A PADECER MUERTE Y PASIÓN.

El seráfico doctor san Buenaventura (1) en las meditaciones de la vida de Cristo llegando a su sagrada pasión, la empieza por esta, y así siguiendo sus pisadas, la ponemos la primera, dividiendo en puntos lo que el santo doctor pone seguidamente.

PUNTO PRIMERO. Considera la obediencia que mostró Cristo en esta acción a su eterno Padre dejando madre, parientes y discípulos por ir a ejecutar su mandado, y el respeto que tuvo a su Santísima madre, tomando primero su bendición para ir a padecer y morir por el género humano, en que debes aprender a dejar padres, hermanos, parientes y amigos por obedecer a Dios cuando sucediere ser necesario para ejecutar su mandato, y juntamente el respeto que debes guardar a los padres naturales, no haciendo cosa alguna sin tomar su bendición. Pide a Cristo que te dé gracia para seguir sus pisadas e imitar su ejemplo, para que sepas agradarle en todo, cumpliendo con tu obligación.

PUNTO II. Considera que, como dice san Buenaventura, estando Cristo el miércoles antes de su pasión en Betania, en casa de Santa María Magdalena y Santa Marta con su Santísima madre, se retiró con ella a un retrete, y sentados a solas, le dijo con tan pocas cuanto sentidas palabras, cómo se había llegado ya el tiempo de su muerte y pasión, lo cual pasaría en breve; que tuviese paciencia y le diese su bendición y licencia para ir a padecer y obedecer a su Eterno Padre que así lo había ordenado, y que se consolase porque dentro de pocos días le volvería a visitar resucitado y glorioso. Contempla el cuchillo de dolor que atravesaría el corazón de la madre, oyendo tales palabras a su Santísimo Hijo, y cómo entraría dentro de sí y ofrecería al Eterno Padre con prontísima obediencia aquel gratísimo sacrificio, rindiéndose a su eterna y divina voluntad; enmudecería la lengua y hablarían los ojos con tiernas lágrimas nacidas de su amartelado y dolorido corazón; no las dejes caer en tierra sino recógelas en el tuyo y mira a los dos amantes llorando lágrimas vivas por tu amor, hablándose los corazones y conformándose íntimamente con la voluntad de Dios. Entra en aquel retrete con la consideración y en lo interior de los corazones, y compadécete de su dolor, y aprende a conformarte en tus acaecimientos con la voluntad de Dios, y ofrécete al Hijo benditísimo y a la beatísima Vírgen, y a padecer por él, no solo aquella muerte sino mil que sean menester porque no se aparte de su madre, ni le dé ocasión de tanto dolor.

PUNTO III. Considera lo que dice san Buenaventura, que estando Cristo en este retrete con su santísima madre, entró santa María Magdalena y le rogó que se quedase en su casa a celebrar con sus discípulos aquella Pascua; y que el Salvador le respondió que no podía dejar de subir a Jerusalén a celebrarla, y entonces dijo la santa a nuestra Señora que fuesen todos a acompañarle y a celebrarla en su compañía, y que lo hicieron así como lo dijo. Contempla el amor tan fino de esta sierva del Señor que nunca le permitió apartarse de su compañía; mira el afecto con que le ofreció su casa, y ofrécele tú la tuya y tu corazón y tu alma para morar en ella, y ruégale con toda la instancia posible que no te deje por indigno, sino que mire a su piedad y reciba tu oferta y entre en tu pobre casa, como entró y se hospedó en la de María Magdalena y de su hermana Marta.

PUNTO IV. Considera cómo en esta ocasión declaró a Santa María Magdalena el secreto de su pasión, y cómo se despediría de ella y de su hermana Marta y de las otras santas mujeres que le seguían, y se las encomendaría a su madre, y a ellas también que asistiesen y consolasen a la Virgen a quien dejaría juntamente el cuidado de su iglesia. Pondera el sentimiento y llanto de estas santas mujeres, oyendo tal nueva de la boca del Salvador, y las lágrimas que derramarían, y el desconsuelo que recibirían, y cómo Cristo las consolaría con palabras amorosas y razones ternísimas, ofreciéndoles visitarlas muy brevemente en su gloriosa Resurrección; abrazaríanse con la Vírgen, besaríanla las manos y los pies, y ofreceríanse a morir por su Hijo; y como eran tan santas y enseñadas de Cristo, levantarían al cielo el corazón y le ofrecerían aquel divino sacrificio y con él sus voluntades y deseos, y se conformarían en todo con su divina voluntad, y Cristo se despediría de ellas, dándoles su santa bendición. Medita con ternura este paso y no dejes ir a Cristo sin que te bendiga a tí también.

(1) S. Bonav. med. 72 de vita Christi.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.