Miércoles de la II semana de Cuaresma
Las sillas primeras que pidieron san Juan y Santiago a Cristo por medio de su madre
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la II semana de Cuaresma
Las sillas primeras que pidieron san Juan y Santiago a Cristo por medio de su madre
Mt 2, 17-28
Subiendo Cristo a Jerusalén con sus discípulos pronosticó su pasión, y a esta sazón llegó la madre de los hijos del Zebedeo, y le pidió las dos primeras sillas de su reino para ellos: Cristo los reprendió y ofreció su cáliz a que ellos se ofrecieron y los demás se indignaron de su petición, con cuya ocasión Cristo les amonestó la humildad, que es el camino para ser primero en su reino.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo cuando Cristo sube a Jerusalén, que significa visión de paz, va tratando de su pasión y muerte, para enseñarnos, que el camino para subir a la celestial Jerusalén y a la vista clara de Dios, es su pasión y padecer por su amor, como él padeció por el nuestro. Considera la importancia de conseguir esta dicha que no es menos que la vida bienaventurada y eterna, y no escuses el padecer, antes abraza la cruz con toda voluntad para que puedas llegar a poseer la gloria del Señor.
PUNTO II. Considera cómo estos dos hijos tomaron consejo con su madre acerca de su pretensión de los honores y dignidades, y lo erraron, porque siempre yerra esta materia quien se rige en ella por la carne y sangre: ponte delante de Dios nuestro Señor y pídele consejo en todas tus cosas y en las que tocan a tu alma, no te aconsejes con los parientes que son parte apasionada, y te harán despeñar en un abismo de dificultades y trabajos, y lo que es más, de llorar en tu condenación.
PUNTO III. Considera la respuesta de Cristo, el cual les dijo: No sabéis lo que pedís, porque todo ambicioso es ignorante y no sabe lo que pide y el laberinto de dificultades en que entra, cuando entra en la pretensión de los honores y dignidades, ni sabe lo que pide; porque no conoce cuán poco es y vale lo que pretende, pues todo es un poco de viento, y él lo pretende como si tuviera algún valor: no te ciegue el oropel que brilla en este mundo de los honores humanos: pide a Dios luz para conocer lo que son, y despreciarlos, dejarlos, y no gastar tu vida y tu paz en pretender los, sino en buscar los eternos y los celestiales, que son los verdaderos y los que nos enseñó Cristo a buscar en este mundo.
PUNTO IV. Considera la indignación que causó en los discípulos de Cristo la pretensión de los dos hermanos, y como los quietó Cristo, enseñándoles que la humildad era el camino para ser el mayor en el cielo y alcanzar las primeras sillas de su reino. Pondera lo primero, cuánto te importa seguir el camino bajo de la humildad para no turbar la paz de los demás con tus pretensiones y singularidades, las cuales inquietan cualquiera congregación por santa que sea; y lo segundo para caminar por la senda baja de la humildad, tomando acá el más bajo lugar, para merecer allá el más alto, y servir a todos como esclavo, para reinar con Cristo después de su santo reino.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.