sábado, 20 de junio de 2026

San Luis Gonzaga.- 21 de junio

 


San Luis Gonzaga.- 21 de junio

(+ 1591)

El angelical patrón de la juventud san Luis Gonzaga nació en Castellón, y fue hijo primogénito de don Ferrante Gonzaga, príncipe del imperio y marqués de Castellón, y de doña María Tana Santena de Chieri del Piamonte, dama muy principal y muy favorecida de la reina doña Isabel, mujer del rey don Felipe II. Criáronle sus padres con gran cuidado como heredero suyo y de otros dos tíos suyos, en cuyos estados había de suceder. Siendo de cinco años, y tratando con los soldados de cosas de guerra con más ánimo que discreción, disparó un arcabuz y se quemó la cara, y otro día estuvo en peligro de perder la vida por poner fuego a un tiro pequeño de artillería. Entonces se le pegaron algunas palabras desconcertadas, que oía decir a los soldados sin entender lo que significaban, pero siendo avisado y reprendido por su ayo nunca jamás las dijo, y quedó de esto tan avergonzado, que tuvo éste por el mayor pecado de su vida. Siendo ya de ocho años se crió en la corte del duque de Toscana e hizo voto de perpetua virginidad ante la imagen de la Anunciada, y tuvo un don de castidad tan perfecta, que, como aseguraba el santo cardenal Belarmino, que le confesó generalmente, jamás sintió estímulo en el cuerpo ni imaginación torpe en el alma, a pesar de ser, de su natural, sanguíneo, vivo y amoroso. No dejaba él de ayudarse para conservar aquella preciosa joya, refrenando sus sentidos, y llevando bajos los ojos, sin mirar jamás el rostro a las damas, ni a la emperatriz, ni aun a su propia madre. Ayunaba tres días por semana, traía a raíz de las carnes las espuelas de los caballos y se disciplinaba rigurosamente. Comulgando la fiesta de la Asunción en el colegio de la Compañía de Jesús de Madrid, oyó una voz clara y distinta que le decía se hiciese religioso de la Compañía de Jesús. No se puede creer los medios que tomó su padre para divertirle de su vocación; mas después de muchas y recias batallas, rindió el santo joven el corazón del padre y renunciando sus estados en favor de su hermano Rodolfo, entró en el noviciado de san Andrés de Roma, a la edad de diez y ocho años no cumplidos. Entonces resplandecieron con toda su claridad celestial las virtudes de aquel angelical mancebo. Era tan dado a la oración que parece vivía de ella, y preguntado si padecía en ella distracciones, dijo al superior que todas las que había padecido en el espacio de seis meses no llegarían a tiempo que es menester para rezar un Ave María. De sólo oír hablar de amor divino se le encendía súbitamente el rostro como un fuego, y cuando oraba delante del santísimo Sacramento, parecía un abrasado serafín en carne mortal. Finalmente habiendo asistido a los pobres enfermos de mal contagioso, fue víctima de su ardentísima caridad, y como tuviese revelación del día de su muerte, cantó el Te Deum lauda mus, y besando tiernísimamente el crucifijo, dio su bendita alma al Criador, siendo de edad de veintitrés años.

Reflexión: El sumo pontífice Benedicto XIII, que puso al bienaventurado Luis en el catálogo de los santos, lo declaró también patrón y ejemplar de la juventud estudiosa. Mírense pues en este celestial espejo todos los jóvenes cristianos, y aprendan de él a conservar la inocencia de su alma, y, si la han ya perdido, a compensar con la penitencia la pérdida de joya tan preciosa.

Oración: ¡Oh Dios! repartidor de los dones celestiales, que juntaste en el angelical mancebo Luis una grande inocencia de alma con una maravillosa penitencia: concédenos por su intercesión y por sus merecimientos, que imitemos en la penitencia al que no hemos imitado en la inocencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 19 de junio de 2026

De la amabilidad de Dios por sí y por sus beneficios.

 


Sábado de la III semana después de Pentecostés.

De la amabilidad de Dios por sí y por sus beneficios.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la III semana después de Pentecostés.

De la amabilidad de Dios por sí y por sus beneficios.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que si el bien es amable, porque como enseña Aristóteles, la bondad roba y cautiva la voluntad, siendo Dios infinitamente bueno, como se ha dicho, es también infinitamente amable, y solo él puede amar como merece ser amado, y todo nuestro amor le viene corto a su bondad. Considera cuánto lo has andado tú en amarle, y que lejos estás de corresponder con tu voluntad a lo que merece, empleándola en las criaturas y dejando al Criador; y la causa es porque no le miras, ni contemplas, ni conoces como debes, ocupado en esto visible y transitorio. Avergüénzate de haber dejado la suma bondad por la vileza del mundo, y levántalos ojos de la tierra a contemplar la infinita santidad de Dios, y pídele luz para conocerle y fuego de amor divino para amarle.

 

PUNTO II. Considera cómo le aman los ángeles, arcángeles, querubines y serafines, abrasados en su amor como está el hierro penetrado del fuego de la fragua, y cómo le aman también todos los santos en el cielo, que le conocen por clara visión de su esencia y bondad, y el gozo inefable que tienen en amarle, y cuán ajenos están de emplearse en sus criaturas, entregados de toda su alma y todo su corazón en su Criador: pídeles que te enseñen a amarle, y qué te den una centella del fuego en que se abrasan, que encienda y abrase tu corazón en su amor, y le purifique de toda la escoria del amor de las criaturas, y al mismo Señor que te alumbre con la luz de su conocimiento y te haga digno de su divino amor

 

PUNTO III. Considera para encender tu corazón en el amor de Dios, lo primero lo mucho que te ama, y si amor con amor se paga, el que debes a tan inmenso amor; lo segundo que su amor no es de sola voluntad, sino que siempre le muestra en las obras comunicándose a todos: discurre por las criaturas y contempla la bondad y hermosura que les comunica por amor de ti, y luego cómo se comunica a los hombres y en especial a ti mismo, pues fuera de innumerables beneficios que recibes continuamente de su mano en el cuerpo y en el alma, te amé de manera que te dio a su  propio Hijo para tu rescate, el cual te comunica su alma, su cuerpo, su sangre y divinidad en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, y no deja piedra por mover por tu bien y salvación hasta comunicarse a sí mismo en el cielo por clara visión, dándote a poseer su esencia y con ella el sumo bien que encierra todos los bienes, y haciendo a los hombres semejantes a sí mismo ¡Oh divino Señor! ¿qué os daré yo por tantos y tan grandes beneficios? ¿Con qué amor os amaré por tan subido amor? ¿Cómo me daré todo a vos en retorno de tan grandes mercedes? Confieso mi pobreza, lloro mi imposibilidad, pues no puedo alcanzar a amaros ni a serviros como debo; yo os ofrezco el amor que os tienen los ángeles y el que vos mismo os tenéis, que supla las faltas de mi cortedad.

 

PUNTO IV. Considera la fineza con que Dios te ama y hace merced, que no es por su interés o provecho sino por solo el tuyo mirando en todas sus obras a tu bien; de lo cual has de sacar un afecto de finísima caridad, amando y sirviendo a Dios con toda tu alma y con todas tus fuerzas por su gloria y su honra, sin mirar jamás a tu interés; y si fuere necesario, dar la honra y la vida y cuanto tuvieres por su amor, y porque sea honrado y glorificado de todos: póstrate a sus pies y ofrécete a su servicio desinteresadamente, suplicándole muy de corazón que te dé su gracia para amarle y servirle como debes. 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

DÍA 20. VIDA OCULTA DEL CORAZÓN.

 


DÍA VEINTE

VIDA OCULTA DEL CORAZÓN.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA VEINTE

(Año veinte.)

VIDA OCULTA DEL CORAZÓN.

Primer preludio. Ver a Jesús viviendo desconocido de los hombres.

Segundo. Pedir la gracia de vivir conocido de sólo Dios.

Punto primero. Vida oculta en el mundo. Segundo. Vida oculta en el sagrario. —  Tercero Vida oculta en la Iglesia.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Vida oculta en el mundo. “En medio de vosotros está, decía San Juan Bautista a los judíos, y vosotros no lo conocéis." Y el amado Discípulo, al principio de su Evangelio, dice: “Vino a su patria, y los suyos no le recibieron. "

Vivió Jesús en el mundo, y no le conoció el mundo, porque ni Jesús tenía el espíritu del mundo, ni estaba apegado a él, sino que, por el contrario, lo condenó y anatematizó. No es extraño, pues, que fuese despreciado, burlado y perseguido en la tierra. ¿Qué debe sacar de aquí un cristiano?

Represéntate, alma cristiana, a Jesús, Hijo de Dios, infinitamente sabio, poderoso y santo que hubiera podido, si quisiera, atraerse las miradas del universo y la admiración del género humano, y prefiere, sin embargo, la oscuridad de una vida oculta. Hijo de Dios, ¿no ambicionas tú la estima de los hombres? ¿No deseas andar en lenguas de todos? ¿No codicias los altos puestos y dignidades? Esto no es estar despegado de la tierra y de sus vanidades. Esto no es estar, como dice el Apóstol, crucificado al mundo.

Contempla el Corazón de Jesús, que se goza en la oscuridad, y gusta la vida oculta, y pone sus delicias en una condición humilde que le esconde a los ojos de los hombres. “Muertos estáis, escribía San Pablo a los primeros fieles, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Col., III.) Pórtate, pues, como muerto e insensible a todo lo de aquí abajo, indiferente a los bienes y males de esta vida, y peregrino en el mundo.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Vida oculta en el sagrario. Y tan oculta, que puede también decirse ahora a los cristianos lo que San Juan decía a los judíos: “En medio de vosotros está y no le conocéis.” Bien pocos son los que, animados de viva fe, saben volver amor por amor al Señor oculto en el Sacramento. Bien pocos saben apreciar la dicha que tienen de poderle visitar siempre que quieren, de poder verle a todas horas, y pedirle lo que necesitan, y gozar de su trato y conversación, y recibir su bendición paternal. Bien pocos gustan de asistir a su divino Sacrificio y mantenerse de su carne, que se nos da en alimento. “Verdaderamente, Señor, sois el Dios escondido”, os diré con Isaías.

Y tú, a quien ha colmado de tantos bienes, ¿sabes al menos conocerle? Tú, a quien ha venido a visitar tantas veces, ¿no podrías visitarle una vez al día? ¿No podrías asistir diariamente al augusto Sacrificio de los altares?

 

PUNTO TERCERO.

 

Vida oculta de Jesús en la Iglesia. Vive Jesús en la Iglesia por su santidad, infalibilidad, poder y bondad, obrando por ella y en ella estupendas maravillas. Mas como el cuerpo ha de seguir la suerte de la cabeza, también la Iglesia ha de participar de las humillaciones de Jesucristo.

Bien sabemos que la luz del Sol divino brilla en las tinieblas del mundo, y que los hombres aman más las tinieblas que la luz. Sabemos que Cristo es despreciado, negado, perseguido y blasfemado en su Iglesia. Sabemos que el Corazón de Cristo es el foco en que se concentran los rayos divinos que alumbran y fecundan a la Iglesia, pero que muy pocos ven su luz y sienten su calor. Sabemos que en Él está el manantial de las gracias, pero que pocos van a beber a esa fuente, que es la raíz de donde brotan las virtudes, pero que la tierra permanece estéril.

Bien podemos decir que Jesús en la Iglesia es el Dios desconocido.

Yo, Señor, por lo que a mí toca, os conoceré, adoraré y amaré, y os seré eternamente agradecido.               

 Ahora consideraré cómo Jesús quiere vivir oculto con los hijos de la Iglesia, y que éstos participen aquí de su estado de humillación, para que luego resplandezcan con Él en la gloria. Aquí han de morir para luego vivir. Aquí han de sufrir desprecios y persecuciones, y han de ser tenidos por la escoria del mundo. Su santa vida, llena de méritos y virtudes, pasará por locura. Sus acciones parecerán ridiculeces. Lo sublime de su doctrina se tendrá por bajeza, y muchas veces morirán, no sólo sin honra, sino tenidos por criminales. Pero Dios los conoce y ama, y como a hijos de predilección los coloca entre los ángeles. ¡Qué maravillas se verán el día del Juicio! ¡Oh vida humilde, tan poco conocida y aun menos practicada! Tú eres la verdadera vida, la vida de Cristo, vida escondida de Dios, depositaría de sus tesoros.

Conozco esta verdad, y haré por no ser de aquellos que sacrifican lo real a lo aparente, el alma de la santidad a una sombra o apariencia de virtud. Viviré con Jesucristo en el retiro, y lejos de buscar la estima de los hombres, desearé ser ignorado de todos.

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

¡Comparte con tus familiares y amigos!