sábado, 10 de octubre de 2026

DÍA 11. ORACIÓN EN LAS TRIBULACIONES. MES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO


 


DÍA 11

ORACIÓN EN LAS TRIBULACIONES

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

 

 DÍA 11

ORACIÓN EN LAS TRIBULACIONES

Apenas había terminado Jesús la última cena con sus discípulos, se levantó de la mesa y salió del Cenáculo, encaminándose al Huerto de los Olivos, donde acostumbraba hacer oración. No quiere Jesús que en momento tan solemne le falte el apoyo de esta sagrada áncora. Con esto nos daba ejemplo, para que le imitásemos acudiendo a la oración cuando nos vemos rodeados de grandes tribulaciones.

Mas, ¿lo practicas tú así, alma mía, cuando te hallas afligida y atribulada? ¿Te acuerdas de acudir a Dios para que te quite la tribulación o te dé paciencia y resignación para llevarla?

Con frecuencia te desesperas o buscas solo consuelos humanos, que en muchas ocasiones solo sirven para hacerte más desgraciada.

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

CURACIÓN DEL HIJO DEL RÉGULO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 




XX domingo después de Pentecostés

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HIJO DEL RÉGULO

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XX domingo después de Pentecostés

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: CURACIÓN DEL HIJO DEL RÉGULO (Joann. 4.)

 

Refiere el evangelista un milagro que hizo Cristo, dando salud al hijo de un régulo, que estaba en el extremo de la vida, a instancia de su padre; con lo cual él y toda su casa recibieron la fe del Salvador.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo, por medio de la enfermedad del hijo, trajo Dios a su fe y conocimiento al padre, al hijo y a toda su familia.

Pondera aquí las trazas de la divina Providencia y los medios que usa para el bien espiritual de las almas, trayéndolas por gravísimas enfermedades y trabajos a su servicio.

Adora y venera sus juicios, y recibe con todo rendimiento los trabajos y enfermedades que te enviare, persuadiéndote de que por ellos te prepara Dios grandes bienes que ahora no conoces; como levantó a José para gobernador de todo Egipto por medio de la persecución de sus hermanos y de los muchos trabajos que pasó.

Humíllate a su voluntad, y toma los trabajos que te enviare como mercedes de su divina mano, con todo rendimiento y humildad.

 

PUNTO II. Considera a este hijo del régulo: mozo, rico, próspero, noble, regalado, amado de sus padres, solazado de sus parientes y servido de sus criados; y, con todo, enfermo en una cama de ardentísimas fiebres, en el extremo de la vida, sin que todo lo dicho ni la asistencia de los médicos le pudiesen dar salud.

Contempla la fragilidad humana y qué poco vale todo cuanto el mundo adora, pues nada le pudo valer; y cómo toda la felicidad de este siglo estriba sobre tan flaco fundamento.

Pídele a Dios luz para conocer su voluntad, despreciar todo lo terreno y no apreciar sino lo celestial y eterno, que nunca se ha de acabar.

 

PUNTO III. Considera cómo, en sabiendo el régulo que Cristo había llegado a la ciudad, fue a pedirle por la salud de su hijo.

Aprende tú a cuidar de los que están a tu cargo y Dios te ha encomendado, procurando su salud espiritual y el bien de sus almas con toda diligencia y cuidado, y pidiendo al Señor por ellos con más fe que este régulo pidió al Salvador por la salud de su hijo.

 

PUNTO IV. Considera la benignidad del Salvador y su grande virtud, con que luego, desde allí, dio salud al hijo enfermo en su casa.

El régulo le pidió que fuese a ella para verle y sanarle; y Cristo hizo más de lo que le pidió, dándole salud sin dilación desde aquel lugar, con sola su palabra.

Exclama con afecto de admiración, engrandeciendo y ensalzando la virtud inmensa del Señor y la fuerza de su palabra, que así como con ella dio ser a las cosas que no le tenían, así también reparó con ella las que se iban a perder.

Póstrate a sus pies y pídele que diga una palabra sobre ti, repare las quiebras de tu vida, sane tus enfermedades y te dé lumbre de fe, como a este régulo, para que le conozcas y le sirvas en adelante como tienes obligación.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

11. DE LA FORTALEZA Y GRANDEZA DE SANTA TERESA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA UNDÉCIMO

DE LA FORTALEZA Y GRANDEZA

DE SANTA TERESA

 

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA UNDÉCIMO

DE LA FORTALEZA Y GRANDEZA

DE SANTA TERESA

El verdadero testimonio de la fortaleza y grandeza de ánimo con que el Señor dotó a Santa Teresa de Jesús, lo tenemos en las obras tan heroicas y admirables que emprendió con su reforma y fundaciones. Fue Teresa el fiel retrato de la mujer fuerte descrita por Salomón, porque unió la grandeza de ánimo y la fortaleza de corazón; fue, en una palabra, lo que generalmente se llama una mujer varonil, pues era de admirar en su sexo tan gran fortaleza como pudiera tener el más atrevido guerrero.

Ella, que tan bien se conocía, nos lo asegura por estas palabras: «Yo no soy nada mujer, pues tengo recio corazón». Al emprender Teresa sus fundaciones, no contaba con apoyo alguno; antes, al contrario, se presentaron desde el primer momento grandes dificultades, que a cualquiera otra mujer la hubieran hecho desistir de su propósito; y, sin embargo, ella, porque sabía era la voluntad de Dios que se hiciese la reforma, poniendo en Él su confianza, las iba allanando y venciendo.

Si no tenía dinero para fundar, no por eso desmayaba; trabajaba y lo encontraba, porque nunca han faltado almas en que se hallan unidas la piedad y la generosidad. Ella decía con San Pablo: «Todas las cosas puedo, en virtud de aquel Señor que me conforta»; y así era verdaderamente, porque todo lo lograba, por muy difícil e imposible que pareciese a los ojos de los demás; con lo cual llegó a adquirir tan gran fama en esto, que comúnmente solían llamarla: «Teresa de Jesús, la Omnipotente».

Tanto en las cosas materiales como en las espirituales fue animosa y fuerte, logrando vencerse a sí misma y a las tentaciones, por lo que pudo ir, en cumplimiento de la divina palabra, en pos de Jesucristo. Resistamos, con gran fortaleza e imitación de nuestra amada Santa, nuestras propias pasiones y las tentaciones con que fuésemos molestados por el enemigo.

 

OBSEQUIO

Recemos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri para que Nuestro Señor, por los méritos de Teresa, nos conceda la gracia de resistir a los enemigos de nuestra alma y nuestras propias y malignas inclinaciones.

 

MÁXIMA

Quiere el Señor y es amigo de almas animosas, como vayan con humildad y ninguna confianza en que ninguna de éstas queda baja en el camino de la virtud. Tened, pues, gran confianza, que Dios ayuda a los fuertes.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella admirable fortaleza y grandeza de ánimo con que fuisteis dotada, suplícoos me alcancéis del Señor este don, para que con él pueda defenderme de mis pasiones y de las tentaciones del Infierno, y así poder ir en pos de Él hasta la bienaventuranza eterna. Amén.

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.