miércoles, 3 de junio de 2026

San Francisco Carácciolo, fundador. — 4 de junio

 


San Francisco Carácciolo, fundador. — 4 de junio

(+1608)

El fervorísimo sacerdote, san Francisco Carácciolo, nació en el lugar llamado Santa María, de la diócesis de Trivento del reino de Nápoles, y fue hijo de nobilísimos y cristianísimos padres. Desde sus primeros años se mostró tan compasivo de los pobres, que cuando se sentaba a la mesa para comer, dejaba a un lado el plato que más le gustaba y le llevaba a los pobres. Siendo de mayor edad se inclinó a las armas, y aprendió los ejercicios militares propios de los caballeros de su tiempo; mas como se viese acometido de una maligna dolencia que le cubrió de pies a cabeza de una lepra asquerosísima, y redujo toda su hermosura y gentileza a un disforme esqueleto, ofreció a Dios que si le restituía la primera salud, abrazaría el estado religioso. Mientras estaba haciendo esta resolución, se sintió inundado de una avenida tan copiosa de lágrimas, que embargándole la voz, le dejó suspenso: y vuelto en si, como si despertara de un dulce sueño, se halló fuera de todo peligro, y en pocos días se vio bueno y sano. Aprendió las letras humanas y divina, y habiéndose ordenado de sacerdote, celebró su primera misa con asistencia de la nobleza más distinguida de Nápoles; y fue este acto de grande ternura y edificación. Juntándose después con don Agustín Adorno y don Fabricio, fundaron la nueva orden de clérigos, que el sumo pontífice Sixto II quiso se nombrase de Clérigos menores; y habiendo fallecido el padre Agustín Adorno, primer general, fue elegido nuestro Francisco que era confundador: mas a los seis años de su gobierno alcanzó con sus muchos ruegos dejar su oficio. Entonces se dio a una vida tan santa como admirable: por que escogió para su habitación un rincón debajo de la escalera de la casa, estrecho, oscuro y guarnecido de calaveras, que más parecía sepulcro de muertos, que habitación de vivos. Allí estaba recluso, todo el tiempo que le sobraba de los actos de comunidad, absorto en la contemplación de las cosas celestiales. Las noches pasaba en la iglesia velando en oración, donde le vieron varias veces en éxtasis con los brazos en cruz. Finalmente habiendo tenido revelación de su muerte, y sintiéndose abrasado de una grave calentura, preguntó al enfermero que le asistía: «¿En qué día estamos?» y respondió: En martes 3 de junio, antevíspera del Corpus.» Dijo Francisco: «Pues según eso, mañana saldré de este mundo.» Y el día siguiente, recibidos con grande devoción los sacramentos, plácidamente expiró. Comenzó luego su cadáver a despedir una suavísima fragancia, y estuvo en el féretro tres días para satisfacer a la devoción del pueblo, después de los cuales determinaron embalsamarle para transportarle a Nápoles y le hallaron ceñidos con un áspero cilicio.

Reflexión: No es menester vivir como este santo en una celda pobrísima, obscura y llena de calaveras, pero es gran desatino pensar que hemos venido a este mundo para tener nuestro cielo en la tierra, y pasar la vida conforme a la ley de nuestros gustos y antojos. Hemos de morir: y si hemos de morir, no ha de caerse jamás de nuestra memoria el saludable recuerdo de la muerte. ¿Qué provecho ha sacado de todas las riquezas, honras y placeres de su vida, el que la termina con una mala muerte? ¿Y qué daño recibe de todos sus contratiempos, el que la acaba con santa muerte? En eso está todo el gran negocio de la vida mortal del hombre: en morir bien.

Oración: Oh Dios, que ilustraste al bienaventurado Francisco, fundador de nueva orden, con el amor de la oración y de la penitencia, concede a tus siervos, que imitando su ejemplo, perseveren en la oración y domen la rebeldía de su cuerpo para merecer la gloria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 2 de junio de 2026

De la vida que hacían los primeros cristianos y de la elección de san Bernabé al apostolado por el Espíritu Santo.

 


Miércoles de la I semana después de Pentecostés.

De la vida que hacían los primeros cristianos y de la elección de san Bernabé al apostolado por el Espíritu Santo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la I semana después de Pentecostés.

De la vida que hacían los primeros cristianos y de la elección de san Bernabé al apostolado por el Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que después de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, con ser tantos los nuevos cristianos que solo en Jerusalén pasaban los primeros días de ocho mil, vivían en suma paz y concordia, teniendo todos un corazón y como un alma en muchos cuerpos; los bienes eran comunes, y cuanto tenían lo vendían y echaban el precio a los pies de los Apóstoles, y frecuentaban la sagrada comunión todos los días, los cuales gastaban en oración y santas obras. Todo esto escribe san Lucas, porque veas los efectos que hizo en aquellos nuevos cristianos la gracia del Espíritu Santo. Mete la mano en tu pecho y mira si ha hecho en ti estos efectos; y si tienes prendas de que mora en tu alma; y si has correspondido a su gracia con semejantes obras; pídele al Señor para imitar su vida, y córrete, cotejando la tuya con la suya, de la tibieza con que vives, y lo mal que logras las inspiraciones que te da el Espíritu Santo.

 

PUNTO II. Considera que uno de estos fieles era san Bernabé, al cual escogió y señaló el Espíritu Santo con san Pablo, por apóstol del Señor; por que entre todos se esmeraba en la santidad y en el fervor de la predicación, por el cual mereció recibir esta gracia de Dios; pondera cómo no se limita Dios a tiempos, pues después de estar Cristo en el cielo eligió para Apóstoles a estos santos porque su vida y predicación lo mereció; dale gracias por ello y anímate con su ejemplo a servirle con fervor, despreciando el mundo y entregándote todo al servicio de Dios.

 

PUNTO III. Considera cómo anduvo san Bernabé como peregrino por el mundo, alumbrándole con la luz de su doctrina; los trabajos que pasó, las persecuciones que tuvo, las batallas que venció y el fruto que hizo en las almas por medio de su predicación y santa vida, y toma aliento con su ejemplo para seguir sus pisadas, si Dios te llamare a su ministerio, confiando en la virtud divina que te dará la gracia a la medida de tu vocación y del ministerio y oficio en que te pusiere, como la dio a san Bernabé.

 

PUNTO IV. Considera su martirio y cómo firmó con su sangre la doctrina evangélica que predicaba, dando la vida alegremente por Cristo; y luego levanta los ojos al cielo y contempla la corona con que Dios le premió en el reino de la gloria: sus trabajos pasaron y sus tormentos acabaron brevemente, y su gloria dura y durará para siempre: contempla esta verdad con atención, y enciende tu corazón en vivos deseos de servir a Dios y padecer por él, y pídele su favor para cumplirlos y alcanzar la felicidad que alcanzó san Bernabé.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones

La Cruz o Breve de San Antonio

 


La Cruz o Breve de San Antonio

 

La tradición recoge que san Antonio dio una oración a una pobre mujer que buscaba ayuda contra las tentaciones del demonio.

El Papa Sixto V, franciscano, mandó esculpir esa oración -llamada también “bendición de san Antonio”- en la base del obelisco que hizo erigir en la Plaza de san Pedro en Roma. He aquí el original en latín:

 

Ecce Crucem Domini!

Fugite partes adversae!

Vicit Leo de tribu Juda,

Radix David! Alleluia!

 

Que traducido dice:

 

¡He aquí la Cruz del Señor!

¡Huid enemigos de la salvación!

Venció el León de la tribu de Judá,

Descendiente de David. Aleluya.

 

Esta breve oración es un pequeño exorcismo. También nosotros podemos usarla -en latín o es español- para ayudarnos a superar las tentaciones que se nos presentan.

 

100 días de indulgencia, una vez al día.

León XIII, mayo 1892