sábado, 3 de octubre de 2026

EL ROSARIO DE HOY EN REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA CON SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS

 


EL ROSARIO DE HOY

EN REPARACIÓN AL

INMACULADO CORAZÓN

DE MARÍA

CON SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS

 

Santo Rosario

Por la señal...

 

Monición inicial: Hoy, primer sábado de mes, ofrecemos este Rosario en reparación al Corazón Inmaculado de María, respondiendo así a su llamada en la ciudad de Pontevedra (España) a sor Lucía, a quien la Virgen se apareció tras las apariciones de Fátima: «Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.»

Ofrecemos el Rosario como acto de reparación:

·                 Por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María.

·                 Por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la virginidad perpetua de Nuestra Señora.

·                 Por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

·                 Por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada.

·                 Por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Santísima Virgen.

PARA RECIBIR LA PROMESA DE LA VIRGEN ES NECESARIO, DURANTE CINCO MESES SEGUIDOS, EL PRIMER SÁBADO CORRESPONDIENTE: 1) REZAR EL ROSARIO Y MEDITAR EN SUS MISTERIOS, Y 2) CONFESAR Y COMULGAR CON ESTA INTENCIÓN.

Meditamos el Rosario de hoy con algunos pensamientos de santa Teresita del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, llegando a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual, demostrando una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia, y voló al cielo a los 25 años de edad, el día 30 de septiembre del año 1897.

 

Acto de contrición. Señor mío Jesucristo... 

 

MISTERIOS GOZOSOS

1.- Anunciación a la Virgen y Encarnación del Hijo de Dios

Fruto del misterio: la humildad.

«El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen, y el nombre de la Virgen era María.» (Lucas 1, 26)

«Aunque hubiera realizado todas las obras de san Pablo, todavía me consideraría “sierva inútil”; pero precisamente eso es lo que constituye mi alegría, porque, al no tener nada, lo recibiré todo del buen Dios.» Santa Teresita.

2.- La Visitación a su prima santa Isabel

Fruto del misterio: el anuncio del Evangelio y el amor al prójimo.

«En aquellos días, María se levantó y se dirigió apresuradamente a la región montañosa. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. E Isabel quedó llena del Espíritu Santo.» (Lucas 1, 39)

«La caridad fraterna lo es todo en la tierra. Amamos al buen Dios en la medida en que la practicamos.» Santa Teresita.

3.- El Nacimiento de Jesús en el portal de Belén

Fruto del misterio: el espíritu de pobreza.

«María lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.» (Lucas 2, 7)

«El amor, he aquí el inefable misterio que te desterró de la morada celestial. Mi Bien Amado, mi divino hermanito, en tu mirada veo todo el porvenir.» Santa Teresita.

4.- La Presentación del niño Jesús en el Templo y Purificación de nuestra Señora

Fruto del misterio: la obediencia y la pureza.

«Lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.» (Lucas 2, 22)

«Mi único amor eres Tú, Señor; Tú quieres mi corazón, Jesús, yo te lo doy. Todos mis deseos te los abandono.» Santa Teresita.

5.- El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo

Fruto del misterio: buscar a Dios en todas las cosas, especialmente en su Iglesia.

«El Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.» (Lucas 2, 43)

«En los asuntos del cielo, dígnate hacerme hábil; muéstrame los secretos ocultos en los Evangelios. ¡Ah! ¡Qué libro de oro,
es mi tesoro más querido! ¡Acuérdate!».
Santa Teresita.

MISTERIOS DOLOROSOS

«Recuerda que tu divino Rostro

entre los tuyos fue siempre desconocido,

pero dejaste para mí tu dulce imagen,

y tú sabes que yo te reconocí bien.»

 

1.- La Agonía de Jesús en el Huerto

Fruto del misterio: el arrepentimiento de nuestros pecados.

«¿Así que no habéis tenido fuerza para velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» (Mateo 26, 41)

«Quiero escuchar tu oración.

Toda alma obtendrá su perdón;

la llenaré de luz

desde el momento en que invoque mi nombre.» Santa Teresita.

2.- La Flagelación

Fruto del misterio: el arrepentimiento de nuestros pecados de gula y sensualidad.

«Y todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.» (Mateo 27, 25-26)

«¿Será necesario que tanto amor permanezca desconocido?» Santa Teresita.

3.- La Coronación de Espinas

Fruto del misterio: el arrepentimiento de nuestros pecados de orgullo.

«Después de despojarlo de sus vestiduras, le echaron encima un manto escarlata. Trenzaron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza, con una caña en su mano derecha; y, doblando la rodilla delante de Él, se burlaban diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”. También le escupían y, tomando la caña, le golpeaban en la cabeza. Después de burlarse de Él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y se lo llevaron para crucificarlo.» (Mateo 27, 28-31)

«Sabré coronarte de rosas cuando los ingratos quieran ceñir tu divina frente.» Santa Teresita.

4.- Jesús con la Cruz a cuestas

Fruto del misterio: la paciencia en las pruebas.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que tome su cruz y me siga.» (Mateo 16, 24)

«Sí, Jesús está allí con su cruz. ¿Por qué asustarte de no poder llevar esta cruz sin desfallecer? Jesús, en el camino del Calvario, cayó tres veces, ¿y tú no querrías caer cien veces si fuera necesario para demostrarle tu amor, levantándote con más fuerza que antes de la caída?» Santa Teresita.

5. La Crucifixión

Fruto del misterio: un amor más grande a Dios y a las almas.

«Y al instante uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, colocándola en una caña, se la dio a beber. Pero los otros decían: “Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo”. Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, entregó el espíritu. Y he aquí que el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se hendieron, los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros, después de su resurrección, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y los que con él custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que sucedía, quedaron sobrecogidos de gran temor y dijeron: “Verdaderamente, este era el Hijo de Dios”.» (Mateo 28, 48-64)

«Para salvar nuestras almas dejó a su madre; vio a la Virgen Inmaculada de pie al pie de la cruz, con el corazón traspasado por una espada de dolor.» Santa Teresita.

 

MISTERIOS GLORIOSOS

1.- La Resurrección del Señor

Fruto del misterio: la fe.

«Yo soy el pan de vida: el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí tiene vida eterna. Porque esta es la voluntad de mi Padre, que me ha enviado: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el último día”.» (Juan 6,35)

«Un día mi cuerpo saldrá de su polvo, vendrá a reunirse con mi alma, os verá y os poseerá a Vos mismo, Señor.» Santa Teresita.

2.- La Ascensión a los cielos

Fruto del misterio: la esperanza.

«Y les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado”. Después de haberles hablado así, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.» (Marcos 16,15-18)

«¡Ah! No rehusemos llorar con Él durante un día, puesto que gozaremos de su gloria durante toda una eternidad.» Santa Teresita.

3.- La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en torno a la Virgen María

Fruto del misterio: la caridad.

«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo.» (Hechos 2, 4)

«Amor que me inflamas,

penetra mi alma.

Ven, yo te reclamo.

¡Ven, consúmeme!» Santa Teresita.

4.- La Asunción de la Virgen María

Fruto del misterio: la gracia de una buena muerte.

«Levántate, amada mía, hermosa mía, ven.» (Cantar de los Cantares 2, 10)

«Para mí, la única cosa que me purifica es el fuego del amor divino.» Santa Teresita.

5.- La Coronación de María en el cielo

Fruto del misterio: una mayor devoción a la Virgen María.

«Una gran señal apareció en el cielo: ¡una Mujer! El sol la envuelve, la luna está bajo sus pies y doce estrellas coronan su cabeza.» (Apocalipsis 12, 1)

«¡Amo tanto a la Santísima Virgen!»

«Ahora es el abandono el que me guía; no tengo otra brújula. ¡Oh, Dios mío!, habéis superado mis esperanzas, y yo quiero cantar vuestras misericordias.» Santa Teresita.

 

Si se rezan los misterios luminosos

MISTERIOS LUMINOSOS

1.- Jesús y los niños

Fruto del misterio: la bienaventuranza de la infancia espiritual.

«Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis.»
(Mateo 19, 14)

«Mi alegría es permanecer pequeña. Así, cuando caigo en el camino,
puedo levantarme rápidamente y Jesús me toma de la mano.»
Santa Teresita.

2.- Las bodas de Caná

Fruto del misterio: el impulso de la oración.

«Hubo unas bodas en Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba allí.»
(Lucas 1, 39)

«Cuando pido una gracia a la Santísima Virgen, recibo inmediatamente su ayuda.» Santa Teresita.

3.- El anuncio del Reino de Dios

Fruto del misterio: el celo por la misión.

«Jesús recorría ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino.» (Lucas 8, 1)

«Jesús quiere que tengamos parte con Él en la salvación de las almas. No quiere hacer nada sin nosotros.» Santa Teresita.

4.- La Transfiguración

Fruto del misterio: recibir la sombra de su gloria.

«Se transfiguró delante de ellos... Y he aquí que una nube luminosa los cubrió con su sombra.» (Mateo 17, 2.5)

«Jesús, tu inefable imagen

es el astro que guía mis pasos;

¡ah!, tú lo sabes, tu dulce Rostro

es para mí el cielo aquí abajo.» Santa Teresita.

5. La institución de la Eucaristía

Fruto del misterio: el amor a la Eucaristía.

«Y yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
(Mateo 28, 20)

«¡Oh, Misterio de amor!

Mi Pan de cada día,

¡Jesús, eres Tú!» Santa Teresita.

 

viernes, 2 de octubre de 2026

DE LA MISMA PETICIÓN Y LOS DAÑOS QUE CAUSA LA PROPIA VOLUNTAD. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Sábado de la XVIII semana después de Pentecostés

DE LA MISMA PETICIÓN Y LOS DAÑOS QUE CAUSA LA PROPIA VOLUNTAD.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XVIII semana después de Pentecostés

DE LA MISMA PETICIÓN Y LOS DAÑOS QUE CAUSA LA PROPIA VOLUNTAD.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Agustín: que la propia voluntad tiene poblado el infierno y despoblado el cielo; y así dice el santo: «Quita la voluntad propia y no habrá infierno», porque ésta es la que le puebla. Discurre brevemente por todos los que han ido allá, y hallarás que los ha llevado su propia voluntad, que los apartó de la de Dios. Pon los ojos en los ángeles que cayeron, y hallarás que los derribó del cielo al infierno su propia voluntad. Mira cuántos hombres han ido a él, y a todos ha llevado su propia voluntad y no haber seguido la de Dios. Ésta condenó a Judas, y a Ananías y a Safira, y a uno de los siete primeros diáconos de la Iglesia, y a todos cuantos están en el infierno; y, al contrario, la voluntad de Dios ha poblado el cielo, y todos han ido a él por haberla seguido y ejecutado.

Saca, pues, de esta meditación un vivo temor de apartarte de la voluntad divina, y una resolución firme de no seguir la tuya propia en cosa alguna; y pídele al Señor gracia para cumplirlo y alcanzar tu salvación.

 

PUNTO II. Considera que no nos manda Cristo pedir a Dios que haga su voluntad en nosotros; porque, si quisiera usar de toda su potencia, ninguno, como dice san Pablo (1), pudiera resistirle ni oponerse a su voluntad; mas lo que nos pide es que se haga en nosotros, obrando con su divina gracia y ejecutándola en todo lo que quiere, ordena y manda.

Dios te ayuda y pone el un hombro, y quiere que tú te ayudes y pongas el otro, y te des manos a la obra, y hagas su voluntad con su gracia. Adonde has de ponderar los auxilios que te da, las aldabadas al corazón, la luz para que conozcas su voluntad y la gracia para que la ejecutes; y que no podrás decir que no pudiste o no la supiste. «Ésta es su voluntad —dice san Pablo (2)—: vuestra santificación.» Esto es lo que Dios quiere: que seamos santos y justos; y aquel es más justo, que más se ajusta con su santa voluntad.

Entra, pues, en cuenta contigo y mira cómo la cumples; considera las gracias y auxilios que Dios te da para ello, y cómo los frustras por seguir tus antojos, y cuántas veces desprecias su voluntad por seguir la tuya, y cuántas le resistes y haces todo lo contrario de lo que te manda. Tiembla de la cuenta que le has de dar de esto, y del riesgo que corres de condenarte; y pídele perdón, con propósito firme de la enmienda.

 

PUNTO III. Considera que, si tú no haces la voluntad de Dios en lo que te ordena, tampoco Dios hará la tuya en lo que le pidieres; y, al contrario, si tú hicieres su voluntad, Él también hará la tuya y te concederá lo que le rogares, conforme te conviniere para tu bien. Ésta es correspondencia recíproca. Y si hasta ahora no has recibido las mercedes que has pedido de la mano de Dios, mira no sea la causa no haber hecho su santa voluntad en lo que te ha ordenado.

Pon los ojos en los santos, y en especial en la Reina de ellos, que es la Beatísima Virgen María; mira cómo cumplieron la voluntad de Dios en esta vida, y las mercedes que les hizo, siendo liberal con ellos al paso que ellos le sirvieron haciendo su voluntad. Ofrécete a sus pies para hacerla en todo y por todo, como fuere su santa ordenación.

 

PUNTO IV. Considera que Cristo nos manda pedir para todos en común como buenos hermanos. Mira cuán pocos son los que en el mundo hacen la voluntad de Dios, y cuántos la del demonio, siendo así que ésta los lleva a su perdición y aquélla a su salvación.

Acuérdate de lo que cuenta Sofronio en el Prado Espiritual, de un santo anciano que vio un solo demonio en una opulenta ciudad, sentado y ocioso, porque todos los de ella seguían su voluntad, sin resistirle ni darle en qué trabajar. Llora la perdición del mundo y el desprecio de Dios que hay en él, y la innumerable gente que cada día va al infierno, llevados de su propia voluntad; y pide con lágrimas a Dios que se apiade de los hombres, y ponga remedio en tan grande mal, y sea servido de darles predicadores, luz y fuerza para conocer y seguir su santa voluntad, y aborrecer la del demonio, pues los lleva a su condenación. Mira si tú eres de los muchos o de los pocos que siguen la voluntad de Dios, y empieza por ti la petición, rogando al Señor que te dé su gracia para hacer su voluntad en la tierra, como se hace en el cielo.

(1)          Rom. 9.

(2) I. Thes. 4.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.