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martes, 22 de octubre de 2024

CONVERSACIÓN DEL ALMA CON LA VIRGEN, SU MADRE, ANTE SU GRUTA DE LOURDES

 


CONVERSACIÓN DEL ALMA

CON LA VIRGEN, SU MADRE,

ANTE SU GRUTA DE LOURDES

No siempre es fácil hablar de las cosas de nuestro interior, y más cuando la persona no está físicamente delante de nosotros para poderla ver. Algo similar nos pasa en la oración, pero superado este obstáculo, tomando conciencia de la presencia de Dios, el alma se eleva, y desde lo más íntimo es capaz de “tratar de amistad” con Dios, “estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama." La oración a la Virgen también tiene el mismo camino. Por eso, para ayudarte en este tiempo de oración, puedes servirte de esta conversación donde la Virgen toma la iniciativa como si pudieras oírla con tus oídos y  así responderle desde el corazón del hijo que sabe que su Madre le ama y le escucha.

 

El corazón de una madre se alegra y regocija cuando ve a sus hijos reunidos en torno a sí. En esta humilde gruta, yo, la Virgen María, la Madre de Dios, la Inmaculada, apareciéndome en varias ocasiones a la joven Bernardita, he querido poner mi santuario para que mis hijos vengan hasta aquí en procesión, como muestra de amor y veneración, para desde este humilde trono regalar gracias y dones a todos los que lo pida con humildad.

 

1.-“Es de bien nacidos ser agradecidos.” En mi cántico del Magníficat comienzo proclamando la grandeza de Dios que ha hecho maravillas por mí. Te invito a que repitas mis palabras y adores, alabes y des gracias a Dios Padre por haber dado al mundo a Jesucristo, nuestro Salvador, nacido de mis benditas entrañas y con él la salvación de todos los hombres.

Con ello, adora, alaba y da gracias a Dios, por el don de la vida, el don de la fe, por tu familia, por todos los bienes y gracias, que el Señor te ha concedido, espirituales y materiales… ¡Cuántos bienes nos da el Señor!

Te invito a darle gracias por el Sacramento del Altar que lo hace presenten en medio de nosotros, por su Iglesia, por sus sacerdotes y consagrados… Te invito a dar gracias por haberme escogida como Madre suya, preservándome del pecado original, conservando intacta mi Virginidad, glorificándome en cuerpo y alma a los cielos y constituyéndome en Madre de todos los hombres, Corredentora y Medianera de la todas las gracias.  

Repite conmigo:

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen.

 

2.-Sé que en tu corazón anidan preocupaciones, inquietudes, esperanzas… fracasos y sufrimientos… que te afectan a ti, o a los que amas… ¡cuántos te han pedido que reces por ellos ante esta Gruta! Aquí estoy para escucharte, como buena Madre, quiero atender a tus plegarias… No te canses de pedir, hazlo con humildad, con sencillez, movida de la caridad, con confianza… Purifica tu intención si no es recta al pedir…

Ves que en este santuario quiero ser particularmente la Madre de los enfermos y de los que sufren. Sí, estos son mis preferidos. Quiero ser para ellos, salud, consuelo y fortaleza…  para ti y para los tuyos también… dime los nombres de aquellos que conoces y quieres pedir, cuéntame su historia, si eres tú mismo, dime lo que te pasa… No tengas vergüenza ni miedo a llorar. Haré todo lo que pueda por ayudarte, pero como dije a Santa Bernardita en este lugar: No te prometo hacerte feliz en la tierra, si no en el cielo. Allí ya no habrá luto, ni llanto, ni dolor. Reza con confianza la Salve:

 

Dios te salve Reina, Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

3.- He venido a Lourdes a pedir oraciones por los pecadores. Si la enfermedad del cuerpo nos anuncia la muerte, de la que no estamos libres, por nuestra condición de criaturas, hay una muerte peor y es la que provoca la enfermedad del pecado. Muchos hoy que se creen vivos, son sepulcros blanqueados donde no anida más que la podredumbre del pecado… Tantas personas cercanas o quizás tú mismo, sientes el dominio de la pasiones que te impiden vivir en gracia... Luchas y recaes una y otra vez… con mi intercesión puedo ayudarte, puedo ayudarlos… Dime lo que te pasa, ese pecado o pecados que destruyen la vida divina en tu alma… Confía en mi intercesión y como en Caná de Galilea, mi Hijo realizará el milagro… Confiesa tus pecados, dímelos a mí, y yo te ayudaré a que tengas fuerza para ir a confesar ante un sacerdote y recibir el perdón de Dios.

Pero no te olvides de pedir por esos que viven alejados de Dios, que no se acuerdan de rezar, que viven como si Dios no existiese… Dime sus nombres… Mi Hijo quiere salvarlos, yo quiero que se salven y tenga fe, tú también lo deseas.

Con el Ángel Gabriel, Santa Isabel, y la Iglesia recita las 3 avemarías, rogando por todos ellos.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

4.-Quiero agradecerte que hayas venido hasta mi Santuario. Soy agradecida para con todos los que me aman. No olvidaré tu visita. Sé los esfuerzos que te ha ocasionado venir y no quedarán sin recompensa.

Mi deseo es que llegues al cielo y junto con los santos, los ángeles y conmigo goces para siempre de Dios, nuestro Señor, en alabanza eterna a la Santísima Trinidad. No te faltará mi ayuda, protección y consuelo en tu caminar. Sé que es duro. Para mí, también lo fue, no te olvides que soy Madre Dolorosa.

Deseo que al venerarme aquí como la Inmaculada Concepción te llenes de deseos de santidad, de imitarme en mis virtudes, de parecerme en todo a mí… Piensa, ¿en qué puedo parecerme más a mi madre la Virgen? ¿Cómo la puedo imitar? ¿Cómo actuaría la Virgen en esta situación que me ha tocado? ¿Qué diría en este momento? ¿Cómo reaccionaría ante este problema?

Mira tu vida, tu día a día… ¡que orgullo tan grande que quien te vea diga: este es verdaderamente hijo de la Virgen María!

No dejes cada día de cantar la belleza con la que Dios me adornó y conságrate a mí diciendo:

 

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea,

pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María,

yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón.

Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

 

5.-Me agrada que mis hijos me canten, los poetas de todos los siglos han escritos letras bellísimas en mi honor. Entre ellas, este himno tan hermoso que recuerda esta certeza: aunque el hijo se olvide de su Madre, su Madre nunca se olvidará de él.

 

Salve, Madre, en la tierra de tus amores

te saludan los cantos que alza el amor.

Reina de nuestras almas, flor de las flores,

muestra aquí de tu gloria los resplandores;

que en el cielo tan sólo te aman mejor.

Reina, aquí todo es tuyo; tu gloria y hermosura

bendicen hoy tus hijos en cántico triunfal.

El sol de nuestro cielo con tu esplendor fulgura,

y aquí, Madre, las almas olvidan su amargura

para entonarte el himno del amor inmortal.

Virgen santa, Virgen pura, vida, esperanza y dulzura,

del alma que en ti confía;

Madre de Dios, Madre mía,

mientras mi vida alentare, todo mi amor para ti;

mas si mi amor te olvidare, Madre mía, Madre mía,

aunque mi amor te olvidare, tú no te olvides de mí.

 

Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros.

 

viernes, 9 de febrero de 2024

DÍA 9. NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

 


NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

 
En el nombre del Padre, y del Hijo
, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS

Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.  
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.

 

 

DÍA NOVENO – 10 DE FEBRERO

MEDITACIÓN:

LOURDES, TRONO

DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 

El mundo había visto las maravillas acaecidas alrededor de la gruta; había sido testigo de los prodigios obrados por la visión; había contemplado los éxtasis de la pastorcilla; había visto brotar la fuente milagrosa; conocía los milagros producidos ya por sus saludables aguas, pero aunque en el corazón de los creyentes no cupiera duda alguna acerca del origen de tanta maravilla, nadie, ni aún la niña sabía a punto fijo quién era la Señora de la Visión.

El día 25 de marzo, Bernardita sintió un irresistible impulso hacia la gruta. Obedece dichosa y se traslada a Massabielle. Extraordinaria concurrencia la espera. La niña se pone en oración con su rosario en la mano y pronto un súbito estremecimiento y alteración de su rostro anuncian que la Virgen aparece. La niña se acuerda entonces que su cura le ha mandado preguntar su nombre a la Visión.

-“Señora, le dijo, ¿queréis tener la bondad de decirme quién sois?

Tres veces la pobre niña le hizo esta pregunta, pues a las dos primeras la Visión le contestaba con inefable sonrisa. A la tercera, elevando sus manos juntas a la altura del pecho, y alzando sus ojos al cielo, y envolviendo a la niña en arrobadora sonrisa contestó: “Soy la Inmaculada Concepción”. Al oír el párroco el relato de la niña lo comprendió todo. Ni él ni el pueblo cristiano se habían engañado, la Visión era Ella, la Virgen, la Madre de Dios. Esta aparición corona la obra de María en la gruta. En ninguna parte del mundo, María se ha aparecido con ese nombre; la gruta de Lourdes será el santuario privilegiado de la Virgen sin mancilla, escogido por Dios mismo para honrar este privilegio de su madre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. 

En esta palabra tiene el cristiano toda su oración; ella encierra el secreto de todas sus esperanzas. Para honrar el privilegio de la Concepción Inmaculada, y por la virtud de la Inmaculada Concepción, brotan de las fuentes los milagros; y en la gracia de la Inmaculada Concepción hallan los pecadores las dulzuras de la misericordia, pues que la Concepción Inmaculada de María es el principio de esta Misericordia, siendo como lo es el principio de nuestra redención. Dichosos los templos encargados de custodiar este sagrado tesoro. ¡Dichosas las almas que hacen especial profesión de honrar con su devoción a la Santísima Virgen, bajo el nombre de Lourdes, en su Purísima Concepción! Dichosas más aún aquellas que para honrarla mejor privan a su cuerpo de todo placer carnal aún lícito, con el fin de imitar, en cuanto es dado a la pobre debilidad humana, la pureza Inmaculada de María. Estas almas, ángeles con cuerpo mortal, en la tierra recibirán las caricias maternales de María, y en el Cielo su pureza recibirá un aumento de gloria que sólo las almas puras tendrán la dicha de gozar.
   
Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales: La Santa Iglesia, la Patria, los gobernadores eclesiásticos y civiles, la enseñanza católica, la salud de los enfermos, y la conversión de los pecadores.

 

v NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

v SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

v REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Gloria.

 

Oración del día noveno

¿Qué te diremos, ¡oh Virgen de Lourdes!, en recuerdo de ese día en que, mostrándote vestida de luz y de celestial esplendor, has revelado tu nombre y pronunciado estas palabras: Yo soy la Inmaculada Concepción”? ¿Qué decirte sino caer a tus pies y contemplar tu hermosura sin mancha, que ha encantado, desde la eternidad, al Corazón mismo del Dios Todopoderoso?

Viéndote, ¡oh María!, la más hermosa de las criaturas, la Trinidad Santa se ha conmovido en la profundidad inmutable de la eternidad, y de un polo al otro de los cielos infinitos ha resonado un grito de admiración, de respeto y de amor, una exclamación trina y una, la exclamación de Dios. Dios Padre ha dicho: “He ahí mi Hija”. Dios Espíritu Santo ha dicho: “He ahí mi Esposa”. Dios Hijo ha dicho: “He ahí mi Madre”.

También nosotros, ¡oh Inmaculada!, nosotros a quienes Jesús ha elegido por hermanos rescatándonos con el precio de su Sangre, nosotros que hemos sido encomendados a Ti al pie de la Cruz, también nos atrevemos a decirte con filial confianza: “Virgen María, tú eres nuestra Madre. ¡Ven pues a nuestro socorro! ¡Ven, Tú que has sido concebida sin pecado, que has vivido sin pecado y has muerto sin pecado! ¡Ven, Inocencia íntegra, a curar a la pobre raza humana cubierta enteramente de la lepra del mal. ¿Quién nos salvará, ¡oh María!, sino aquella que ha criado al Salvador? ¿Quién tendrá bastante compasión y ternura, sino nuestra Madre? ¿Quién tendrá bastante fuerza y poder sino la Hija de Dios, la Esposa de Dios, la Madre de Dios?”.

Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Amén.

 

PRÁCTICA: En todos los acontecimientos de este día, buenos o malos, acudir a María pidiéndole sobre toda la gracia de imitar en cuanto sea posible, su pureza inmaculada.
   
GOZOS EN HONOR

A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
   
Virgen Santa Inmaculada,
De la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Allá en las verdes riberas
Donde sus aguas de plata
El manso Gave desata
Dando vida, inspiración.
A la sombra de sus bosques
La humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
De verduras tapizadas
Se levantan sus montañas
De cuyas ricas entrañas,
Con admirable primor,
Se desprende una ancha Gruta
Que cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Hacia las faldas del monte
Subió un día Bernardita,
La aldeana de Dios bendita
Por sus gracias y candor,
A formar haces de leña
Que diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Súbitamente a la Gruta
De luz un rayo ilumina,
Y en una aureola divina
Más esplendida que el sol,
La reina del Cielo y tierra
Su planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.

Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Dijo la Virgen, y envuelta
Por los pliegues de una nube
Al Cielo de nuevo sube
Que a su paso se entreabrió:
La aldeana vuelve a la vida,
De placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Al pie de esta misma Gruta,
Diez y ocho veces la aldeana
De la Virgen soberana
La vista recibió,
Otras tantas desafiando
Al malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Sellar quiso sus bondades
La Señora eternamente,
Con una límpida fuente
Que entre las rocas brotó,
Al contacto repentino
De la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
En esas aguas del cielo
El hombre encuentra la vida,
Huye la muerte aterrada,
Calma el triste su dolor,
Y en los triunfos de María
La Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
El lejano peregrino
Va a postrarse ante esa roca
Donde el mundo entero invoca
Tu Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.

Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Virgen Santa Inmaculada
De la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.

En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.

   

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.