domingo, 13 de septiembre de 2026

SÉPTIMO DOLOR. LA SEPULTURA Y LA SOLEDAD DE MARÍA. SEPTENARIO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

 


SÉPTIMO DOLOR

LA SEPULTURA Y LA SOLEDAD DE MARÍA

SEPTENARIO

A LA VIRGEN

DE LOS DOLORES

P.  Francesco María Pecoroni

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

SÉPTIMO DOLOR

LA SEPULTURA Y LA SOLEDAD DE MARÍA

 

«Lo envolvió en la sábana

y lo colocó en una tumba que había sido tallada en la roca» (Marc. 15, 46).

«Le seguía una gran multitud, incluidas muchas mujeres que lloraban desconsoladas

y se lamentaban por Él» (Luc. 23, 27).

 

Considera el dolor que sintió el corazón de la Santísima Virgen cuando llegó el momento de enterrar a su querido y extinto Jesús. Se encamina a la lúgubre procesión desde que vio que lo quitaron de sus brazos.

¡Qué abrazos, qué besos, qué lágrimas no debió ella repetir en ese momento! «Lloraba con lágrimas inconsolables»; lloraba, dice San Buenaventura en Meditationibus Vitae Christi, cap. 82. Lloraba la afligida Madre con lágrimas irremediables, las cuales continuó derramando por todo el camino.

Más tarde, cuando llegó junto al sepulcro, cayó sobre aquella piedra donde Jesús fue sepultado, y hasta hoy en día allí se ven, según escribe San Bernardo, todavía impresas las marcas de sus lágrimas: « Dicen que sus lágrimas permanecen en el sepulcro, testimonio de un dolor profundo e íntimo».

¡Madre afligidísima, desconsoladísima Madre! Si tanto te afligiste y tanto te dolió que te arrancaran de tus brazos a tu querido Hijo Jesús, aunque sabías que estaba muerto, pero su presencia te daba consuelo, ¿cómo habrá quedado tu corazón cuando viste cerrar el sepulcro con una gran piedra, donde fue quitado también de tu vista?

Ah, no existe palabra que pueda describirlo, como tú misma le revelaste a Santa Brígida (lib. Revel., cap. 21): « Qué tristeza sentí en aquel momento, no hay quien pueda expresarlo».

Pero si no existen palabras suficientes que puedan expresarlo, puedo y quiero, sin embargo, con ternura llorarlo.

Por lo tanto, oh Virgen dolorosísima, conmueve mi dolor junto con el tuyo, despierta mis lágrimas y hazme sentir dolor por mis pecados, únicos causantes de tus pesares, para que, cuando este frágil barro de mi cuerpo se acerque al sepulcro, el alma, purificada por tus lágrimas y mi llanto, vuele inmortal para disfrutar contigo la gloria del Santo Paraíso.

 

Cuando mi cuerpo muera en calma,

por favor, concédele a mi alma

del Paraíso alcanzar la palma.

 

GRACIA QUE DEBE PEDIRSE

Virgen Santísima, por aquel amargo Dolor que probaste al verte solitaria, viuda y privada de tu querido y adorado Jesús, encerrado en el Sepulcro, obténme, te lo ruego, el perdón de mis culpas en la vida y concédeme tu asistencia en la muerte, para que ni en esta vida ni en la muerte nunca más me falte la gracia de nuestro querido Jesús.

 

FRUTO A RECOGERSE

EN ESTE SÉPTIMO DOLOR

I. Cuando Jesús fue acompañado por su Santísima Madre al entierro, solo quería ser enterrado en un sepulcro nuevo que no apestara por otros cadáveres. Aprende cuán limpio debe estar tu corazón si deseas recibir dignamente a Jesús Sacramentado y vivo.

II. Con tantos dolores que la Santísima Virgen continuó sufriendo incluso después del entierro de su único Hijo, no tuvo otro consuelo que la esperanza de verlo pronto resucitado. Ahora tú debes actuar de un modo que María tenga un consuelo semejante por ti, y que, al verte verdaderamente resucitado del pecado, sea un verdadero alivio para sus graves dolores.

III. Escribe San Ambrosio que fue tan vehemente y amargo el dolor que sintió la Santísima Virgen al verse a sí misma sin su Hijo, que, para mitigar tal aspereza, Él aceleró su resurrección: « Compadecido del dolor de su madre, Cristo se apresuró a resucitar».

Por lo tanto, si tú quieres demostrar ser hijo de María, debes hacer cuanto puedas por compadecerla y consolarla.

 

***

Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1.    “Yo concederé la paz a sus familias.”

2.    “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”

3.    “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»

4.    “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”

5.    “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”

6.    “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.

7.    “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

***

Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.

 7 Avemarías

Bendita y alabada sea la pasión y muerte

de nuestro Señor Jesucristo,

y los Dolores de su Santísima Madre

al pie de la cruz.

 

ORACIÓN

Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.

 

Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.

 

TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html

 

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.