domingo, 13 de septiembre de 2026

DEL CONVITE DE CRISTO Y LAS CALUMNIAS DE LOS FARISEOS. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 


 

Lunes de la XVI semana después de Pentecostés

DEL CONVITE DE CRISTO Y LAS CALUMNIAS DE LOS FARISEOS.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XVI semana después de Pentecostés

DEL CONVITE DE CRISTO Y LAS CALUMNIAS DE LOS FARISEOS.

 

PUNTO PRIMERO. Considera el riesgo de los convites, pues el mismo Cristo halló en ellos enemigos.

Pondera los que tiene en cualquiera de los convites tu alma: gula, embriaguez, destemplanza, lujuria, murmuración, calumnias, disgustos, contiendas y enfermedades; pues todos estos frutos suelen cogerse en los convites, y no pocos han sido los que han perdido la vida en ellos. (1)

Los del pueblo se sentaron a comer y se levantaron a idolatrar.

Raro o ninguno sale de ellos como entró; y por esto lo mejor es evitarlos y quitar las ocasiones de enfermar en el cuerpo y en el alma.

Saca de este convite propósitos firmes de excusarlos cuanto en ti fuere.

 

PUNTO II. Considera cómo los fariseos le miraban a las manos cuando comía para calumniarle.

Mira cómo te miran a ti, y vive con la cautela que debes, pues en todas partes tienes enemigos.

Pondera que, si Cristo padeció esta guerra, no es mucho que la padezcas tú.

Aprende de su paciencia a vencerla con paciencia y buenas obras, como Cristo, dando el pan de vida a quien le calumniaba y su propia sangre a quien le quería beber la sangre.

 

PUNTO III. Considera la malicia de los fariseos, que, resplandeciendo Cristo en tantas y tan heroicas virtudes, no atendían a ninguna, y todas sus mientes ponían en buscar alguna falta de que poder acusarle.

Mete la mano en tu pecho y considera si te ha tocado el contagio de esta lepra, y si has caído en este pecado tan propio de fariseos: notar las faltas de tus prójimos sin atender a sus virtudes; buscar el estiércol como el escarabajo, y no las flores como las abejas; no tener ojos ni lengua para ver y alabar lo bueno, sino para notar y publicar lo que no es tal.

¡Oh vicio de fariseos, que no perdonó al mismo Señor!

Ruégale que no te permita caer en él, sino que te dé su gracia para que, como discípulo suyo, calles siempre lo malo y prediques a todos lo bueno que tuvieren tus hermanos.

Dadme esta gracia, Señor, que no tenga ojos para ver, ni oídos para oír, ni lengua para hablar, ni entendimiento para pensar sino lo que fuere de loa y alabanza de mis prójimos, y para que mire sus cosas como propias, amándolos de todo mi corazón como a mí mismo.

 

PUNTO IV. Considera las contradicciones que pasó este pobre hidrópico para alcanzar la salud, y cómo Cristo las venció todas.

No te acobarden las que los hombres te pusieren para la salud de tu alma, sino confía en el Señor, que te dará su gracia y te sacará de todas con victoria, como sacó a este enfermo.

Siempre el demonio contradice nuestro bien; pero, si tienes a Cristo por valedor, no podrá nada contra ti.

Pídele su favor contra los enemigos que te hacen la guerra y quieren impedirte la salud de tu alma y el aprovechamiento de tu espíritu.

Pelea como varón, y le tendrás a tu lado; Él te ayudará y te sacará vencedor hasta coronarte de su mano en la eterna gloria.

 

(1) «El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a divertirse (o a idolatrar)». Cf. Éxodo 32, 6.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.