Sábado de la XV semana después de Pentecostés
EL AMOR Y PATROCINIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CON SUS HIJOS.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Sábado de la XV semana después de Pentecostés
DEL AMOR Y PATROCINIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CON SUS HIJOS.
PUNTO PRIMERO. Considera en esta amorosa madre a la Santísima Virgen María, que es Madre de todos los hijos de la Iglesia, y los ama cordialísimamente como a hijos suyos, reengendrados por Cristo en el bautismo de su sangre.
Mira el cordial amor que tenía esta viuda a su hijo, y reconoce por él el que la Beatísima Virgen tiene a todos los suyos, y el que te tiene a ti, sin comparación mayor. Considera el amor que le debes y la obligación en que te pone de servirla, y ofrécete a sus pies con mil agradecimientos por esclavo suyo.
PUNTO II. Considera las lágrimas y el sentimiento de esta viuda por la muerte de su hijo, y entiende que es mayor el sentimiento que causa a la Beatísima Virgen la muerte espiritual de cualquiera de sus hijos, cuanto es mayor su amor, y la pérdida del alma que la del cuerpo.
Y aunque no está en estado de dolor, lo ha mostrado algunas veces, apareciéndose con lágrimas y muestras de grande sentimiento, para mover a dolor y lágrimas de contrición a sus devotos, y atraerlos por este medio a penitencia, de que puedo ser testigo.
Considera si has dado ocasión de lágrimas y dolor a la Santísima Virgen con tus pecados, y sécalas ahora, haciendo debida penitencia de ellos y resucitando a la gracia, para que trueques su llanto en gozo y alegría.
Llora también los muchos hijos de la Iglesia y suyos que están muertos en pecado, y pídele con mucho afecto y perseverancia al Señor que los resucite.
PUNTO III. Considera que, si Cristo se movió a misericordia por las lágrimas de esta viuda para resucitar a su hijo, mucho más se moverá a darnos la vida de la gracia por la intercesión y ruegos de la Beatísima Virgen María, a quien ama como a Madre, y no podrá negar nada de lo que le pidiere.
Pídele que ruegue por ti y por todos. Confía en su intercesión y no ceses de suplicarle que te mire como a hijo, aunque tú no lo merezcas, y que te alcance del Señor que te resucite de muerte a vida.
PUNTO IV. Considera el gozo de esta buena viuda en la resurrección de su hijo, a quien, habiéndole Cristo recibido muerto, le volvió vivo.
Reconoce asimismo el gozo y alegría de la Beatísima Virgen en la resurrección de cada uno de sus hijos, cuando vuelven de la muerte del pecado a la vida de la gracia y a la amistad de Jesucristo. Pues si los ángeles, por el amor que nos tienen, hacen tanta fiesta en el cielo por un pecador que se convierte, como testifica el Salvador, mucho mayor la hará la Beatísima Virgen, cuanto es mayor su amor que el de los ángeles y el deseo que tiene de nuestro bien como de hijos suyos.
¡Oh Santísima Virgen! ¡Oh amantísima Madre! ¡Oh Señora piadosísima! Si cayéremos en la muerte del pecado, interceded con vuestro benditísimo Hijo para que nos saque de ella y nos restituya a la vida.
No os pido que lloréis como la madre de este hijo, sino que roguéis al vuestro que nos perdone nuestras culpas y nos dé su santa gracia, con la cual recuperaremos la vida.
Y yo propongo, en la que me quedare, no daros ocasión de sentimiento, sino de gozo y alegría; y os suplico que me tengáis de vuestra mano para que lo cumpla como lo ofrezco, sirviéndoos fidelísimamente todos los días de mi vida.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.