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viernes, 29 de mayo de 2026

De los siete dones del Espíritu Santo.

 


Sábado de la octava de Pentecostés.

De los siete dones del Espíritu Santo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la octava de Pentecostés.

De los siete dones del Espíritu Santo.

 

La materia de la meditación de este día han de ser los siete dones del Espíritu Santo, de los cuales hace mención Isaías en el capítulo once de su profecía, y los contó por este orden: don de sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios, con los cuales nos arma para resistir a las tentaciones de Satanás y no caer en sus lazos. Por lo cual conviene meditar, lo primero la merced que nos hace el Divino Espíritu en infundirnos, como enseña santo Tomás, con las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, sus divinos dones, y fortalecernos con ellos para la guerra continua que traemos con los vicios. San Gregorio en sus Morales declara por menor contra cual vicio nos arma cada uno de estos dones, que serán los puntos de esta meditación. El primero es don de sabiduría, el cual conforme a san Gregorio, se opone y destierra la estulticia y la ignorancia de las cosas de Dios, la cual engendra tedio en el alma, y desengaña de su trato, comunicación y servicio; y el don de sabiduría engendra gusto y sabor de las cosas del cielo, y destierra el tedio que causa la ignorancia y estulticia; atiende si hay ésta en tu corazón, y cuando te acometiere clama al Espíritu Santo, y pídele que te fortalezca con el don de la sabiduría, y que destierre de ti el tedio de servir a Dios. El segundo es don de entendimiento, porque el Espíritu Santo ilustra el de los hombres contra las nieblas y dudas que levanta el demonio para oscurecer las verdades de nuestra fe; y así cuando ocurrieren estas, has de recurrir al Espíritu Santo, para que alumbre tu entendimiento, y te le dé para estar firme en las verdades de la fe, desterrando las tinieblas que levanta el mal espíritu para ofuscarlas. El tercero es donde ciencia: este mira a las cosas inferiores, y nos arma contra los engaños, olvidos e inadvertencias, haciéndonos cautos y advertidos, y no precipitados en las ocasiones que se ofrecen, para no faltar en el servicio de Dios. El cuarto es don de consejo, que nos arma contra la imprudencia, enseñándonos el medio que debemos guardar en las virtudes cardinales para no faltar en ellas, declinando a los extremos. El quinto es de fortaleza, que se opone a la flaqueza y pusilanimidad, dándonos ánimo para no rendirnos al enemigo y fortaleza para pelear hasta vencerle ¿y qué fuera de nosotros, si el Espíritu Santo alzara la mano, y nos dejara en nuestra mendiguez y flaqueza? Piensa esto, y cómo todo cuanto eres debes a su favor y protección, y pídele con humildad que te fortalezca con su gracia, y no te permita caer en la tentación. El sexto es don de piedad, el cual se opone a la dureza de corazón para con nuestros prójimos, y nos inclina a socorrerlos, ayudarlos y consolarlos en sus trabajos, que es don del Espíritu Santo. El séptimo y último es el del temor de Dios, el cual nos refrena y tiene a raya, para que no le ofendamos con osadía, soberbia y presunción. Medita despacio cada uno de estos dones; pondera la importancia de ellos, por lo que los necesitas, y qué será de ti, si te falta cualquiera de ellos; ve examinando tu conciencia, y reparando en el que te falta, o se ha menoscabado en tu alma, y pide al Divino Espíritu que se digne de renovarle en ti y consolarte, fortalecerte y asistirte con los dones de su gracia.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

 

 

jueves, 28 de mayo de 2026

De los fines para que vino el Espíritu Santo.

 


Viernes de la octava de Pentecostés.

De los fines para que vino el Espíritu Santo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la octava de Pentecostés.

De los fines para que vino el Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. El primer fin que tuvo el Espíritu Santo para venir a los hombres, fue para serles padre en lugar de Cristo, y consolarlos y abrigarlos, ampararlos y defenderlos como a hijos, según la promesa de Cristo tantas veces repetida, en que les ofreció, consolándolos por su partida, que les había de enviar el Divino Espíritu, el cual supliese sus veces y les fuese padre, consuelo y amparo, como él lo había sido viviendo en el mundo, de lo cual has de sacar afectos de mucho gozo de tener tal padre, que no se ausente de ti, sino que esté siempre contigo, y tal defensor y consolador como el Espíritu Santo. Contempla despacio este don, y atiende a lo que le debes y a serle reconocido como a padre en todas tus necesidades, y a que te consuele en todas tus tristezas, y a que te defienda en todas tus contradicciones, y no recurras a las criaturas con ellas, dejando al Criador, porque no te deje a ti si tú le dejas a él.

 

PUNTO II. El segundo fin a que vino el Espíritu Santo, fue a enseñar a los hombres y ser maestro suyo, conforme a lo que dijo Cristo antes de su partida: cuando venga el Espíritu Santo, que os enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y refrescará la memoria de lo que habéis oído de mí. De donde has de sacar la conformidad que hay entre Cristo y el Espíritu Santo en la doctrina, pues no discrepa entre sí en una sola palabra: pídele esta gracia de no contradecir a los otros, sino convenir en todo lo que digan y enseñaren, que es virtud del Espíritu Santo, y reconoce el Maestro tan soberano que tienes, y asienta plaza en su escuela: hazte su discípulo, consúltale tus dudas, no aprendas de otro , pídele que te enseñe, oye su voz y sigue la luz que te diere, y acertarás en todo.

 

PUNTO III. Vino también el Espíritu Santo para desterrar los pecados del mundo, como lo profetizó Cristo a su partida diciendo: cuando venga el Espíritu consolador, argüirá al mundo de pecado y le convencerá, y con su luz desterrará las tinieblas. ¡Oh Espíritu Santísimo! alumbra mi corazón y destierra de mi alma todas las tinieblas de los pecados de mi vida pasada, y no me permitas caer otra vez en ellos: por esta causa apareció en forma de paloma sobre Cristo en el Jordán, porque la paloma no tiene hiel, ni el Espíritu Santo la permite de pecado: pondera la pureza que pide en el alma a donde ha de morar, y purifica la tuya de todo género de culpas, para que more en ella.

 

PUNTO IV. Otro fin del Espíritu Santo fue confirmar en gracia a los apóstoles, para el ministerio que los había escogido; y así dice san Lucas, que se sentó sobre cada uno, porque vino de asiento, y no de paso como sobre otros; esta es una gracia singularísima de Dios, y cuanto es de tu parte debes hacer diligencia para merecerla y alcanzarla; dale gracias al Espíritu Santo por haberla concedido a los apóstoles, y pídele con lágrimas que haga asiento en tu alma, que no pase de paso, sino que la tenga por morada suya; y procura de tu parte agradarle, detenerle y obligarle con pureza de conciencia, con oraciones humildes, con gemidos y santas obras; mira despacio si hay algo en ti que le desagrade, y quítalo con presteza, y adorna tu casa con todo lo que entendieres que puede agradarle.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.