Viernes de la octava de Pentecostés.
De los fines para que vino el Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Viernes de la octava de Pentecostés.
De los fines para que vino el Espíritu Santo.
PUNTO PRIMERO. El primer fin que tuvo el Espíritu Santo para venir a los hombres, fue para serles padre en lugar de Cristo, y consolarlos y abrigarlos, ampararlos y defenderlos como a hijos, según la promesa de Cristo tantas veces repetida, en que les ofreció, consolándolos por su partida, que les había de enviar el Divino Espíritu, el cual supliese sus veces y les fuese padre, consuelo y amparo, como él lo había sido viviendo en el mundo, de lo cual has de sacar afectos de mucho gozo de tener tal padre, que no se ausente de ti, sino que esté siempre contigo, y tal defensor y consolador como el Espíritu Santo. Contempla despacio este don, y atiende a lo que le debes y a serle reconocido como a padre en todas tus necesidades, y a que te consuele en todas tus tristezas, y a que te defienda en todas tus contradicciones, y no recurras a las criaturas con ellas, dejando al Criador, porque no te deje a ti si tú le dejas a él.
PUNTO II. El segundo fin a que vino el Espíritu Santo, fue a enseñar a los hombres y ser maestro suyo, conforme a lo que dijo Cristo antes de su partida: cuando venga el Espíritu Santo, que os enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y refrescará la memoria de lo que habéis oído de mí. De donde has de sacar la conformidad que hay entre Cristo y el Espíritu Santo en la doctrina, pues no discrepa entre sí en una sola palabra: pídele esta gracia de no contradecir a los otros, sino convenir en todo lo que digan y enseñaren, que es virtud del Espíritu Santo, y reconoce el Maestro tan soberano que tienes, y asienta plaza en su escuela: hazte su discípulo, consúltale tus dudas, no aprendas de otro , pídele que te enseñe, oye su voz y sigue la luz que te diere, y acertarás en todo.
PUNTO III. Vino también el Espíritu Santo para desterrar los pecados del mundo, como lo profetizó Cristo a su partida diciendo: cuando venga el Espíritu consolador, argüirá al mundo de pecado y le convencerá, y con su luz desterrará las tinieblas. ¡Oh Espíritu Santísimo! alumbra mi corazón y destierra de mi alma todas las tinieblas de los pecados de mi vida pasada, y no me permitas caer otra vez en ellos: por esta causa apareció en forma de paloma sobre Cristo en el Jordán, porque la paloma no tiene hiel, ni el Espíritu Santo la permite de pecado: pondera la pureza que pide en el alma a donde ha de morar, y purifica la tuya de todo género de culpas, para que more en ella.
PUNTO IV. Otro fin del Espíritu Santo fue confirmar en gracia a los apóstoles, para el ministerio que los había escogido; y así dice san Lucas, que se sentó sobre cada uno, porque vino de asiento, y no de paso como sobre otros; esta es una gracia singularísima de Dios, y cuanto es de tu parte debes hacer diligencia para merecerla y alcanzarla; dale gracias al Espíritu Santo por haberla concedido a los apóstoles, y pídele con lágrimas que haga asiento en tu alma, que no pase de paso, sino que la tenga por morada suya; y procura de tu parte agradarle, detenerle y obligarle con pureza de conciencia, con oraciones humildes, con gemidos y santas obras; mira despacio si hay algo en ti que le desagrade, y quítalo con presteza, y adorna tu casa con todo lo que entendieres que puede agradarle.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.