jueves, 14 de mayo de 2026

Del triunfo con que entró Cristo en el cielo.

 


Viernes después de la Ascensión.

Del triunfo con que entró Cristo en el cielo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes después de la Ascensión.

Del triunfo con que entró Cristo en el cielo.

 

PUNTO PRIMERO. Considera a toda la corte celestial, que saldría a recibir a Cristo triunfador con libreas de gloria, himnos y cánticos celestiales, cantándole lo que dice san Juan en su Apoсаlipsis que les oyó cantar: digno es el Cordero que fue muerto de recibir la virtud, la divinidad y la gloria. Todos le rendirían sus coronas, echándolas a sus pies, como lo hicieron los ancianos que vio san Juan; y si acá no hay persona que no participe del gozo común en semejantes fiestas, mucho más participarían de él los cortesanos del cielo en este día, todos los cuales celebrarían al Redentor en medio de sus tronos, que recibirían nueva gloria de su gloria, y le darían mil loores y parabienes, por ver restauradas sus sillas y subir los hombres a poblar su corte del cielo. Contempla lo que allí pasaría, y gózate de la gloria de tu Redentor, dándole los parabienes que le da todo el cielo.

 

PUNTO II. Considera cómo Cristo nuestro Señor se arrodillaría delante de su Eterno Padre, y le presentaría aquel ejército de almas que llevaba de los despojos del mundo, y le daría infinitas gracias por las mercedes que le había hecho, y el Eterno Padre le coronó con el laurel de vencedor y le colocó a su diestra, haciéndole juez de vivos y muertos y abogado universal de todo el género humano; y luego llegarían todos los cortesanos del cielo a reconocerle y adorarle por su Rey y Señor. Llega tú con ellos, alégrate de tener tal Príncipe, tal señor y tal abogado cerca del Altísimo, y gózate de ver a tu hermano según la carne en tal valimiento con Dios, y cobra grande confianza de alcanzar lo que pidieres del Señor por medio de su intercesión.

 

PUNTO III. Considera cómo luego empezó a hacer su oficio, y a distribuir las sillas del cielo entre los que llevaba consigo, dando a cada uno el lugar. según sus merecimientos; mira el que daría a san José, colocándole cerca de sí entre los serafines del cielo, y el que daría a san Juan Bautista y a los santos profetas, en especial a Abraham, a Moisés  etc. Pondera el gozo de estos santos, viéndose libres de la cautividad en que estaban, y más cotejando el ínfimo lugar del limbo con el supremo del cielo, y las gracias que darían a Cristo por la merced que recibían de su mano, cómo olvidaron todos los trabajos pasados, y los dieron por bien empleados por gozar de la gloria presente: rumia este panal de miel, y saca grande provecho de devoción y fortaleza, confianza y esfuerzo para padecer aquí muchos trabajos por Dios, para merecer reinar allá eternamente con él.

 

PUNTO IV. Sobre todo carga el peso de la consideración en la gloria que recibió y tiene Cristo, así en el alma como en el cuerpo, y en el trono en que está sentado entre todos los serafines y espíritus angélicos, por el que tuvo en el mundo de su cruz entre los ladrones y malhechores. Coteja el uno con el otro; contempla la diferencia que hay entre los dos, y cómo del de la cruz se pasa al de la gloria, y cuán breve es el primero y cuán eterno el segundo, y cobra aliento para llevar tu cruz con Cristo, para que merezcas reinar después con Cristo. Mira cómo hace luego oficio de abogado por los hombres, suplicando al Eterno Padre que no los deje huérfanos, sino que les envíe al Espíritu Santo consolador, pidiendo al mismo Santo Espíritu que se digne bajar a consolar y fortalecer a los hombres ¡Oh inmensa caridad del Redentor! que no se contenta con dar la sangre y la vida por mí, sino que en su mayor gloria está cuidando de mi remedio y solicitando mi bien; mil gracias os doy, Señor, por tan señalada merced, y os suplico que pues tomáis oficio de mi abogado, me alcancéis perdón de mis pecados, y una centella del fuego del Espíritu Santo que acrisole mi alma, y me haga digno de serviros eternamente. Amen.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.