Jueves de la IV semana de Pascua.
De la paz con los prójimos y la fraterna caridad.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la IV semana de Pascua.
De la paz con los prójimos y la fraterna caridad.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo antes de partirse al cielo dijo a sus discípulos que les daba su paz y les dejaba su paz, no como la del mundo, sino sólida y permanente; porque quiso que á fuera de hijos suyos tuviésemos siempre paz, y así dijo por san Juan. En esto conocerán todos que sois discípulos míos, si os amarades unos a otros con amor reciproco: conforme a lo cual dijo san Agustin que la fraterna caridad era la marca y el carácter que señala las ovejas del rebaño de Cristo y las distingue de las de Satanás. Pondera cuánto importa esta virtud, y de cuál rebaño quieres ser, y pídele a Cristo que te marque con ella, y te dé gracia para tener amor, paz, y sólida caridad con tus hermanos.
PUNTO II. Considera los frutos de la paz y los daños de la discordia; porque sin la paz con los prójimos se pierde la de Dios y con ella todos los bienes, el gusto, el consuelo, lo interior y lo exterior, lo temporal y lo eterno, y con ella todo se logra, crece y aumenta, y así por solo el interés se debe buscar la paz y conservarla a cualquier costa con los prójimos. Pondera cuántas veces, y por cuán leves cosas las has perdido tú, y procura recuperarla y conservarla con toda diligencia y cuidado como joya dada de la mano del Señor.
PUNTO III. Considera los medios por donde se alcanza la paz y fraterna caridad, y por los cuales se conserva, que son queriendo para tu prójimo lo que quieres para ti y amándole como a ti mismo y no dándole lo que no quieras que te dieran a ti: llevando los unos las cargas de los otros y sufriéndose unos a otros, como dice san Pablo, y así se cumple la ley de Cristo: tu paz será en mucha paciencia: mira cuánto te sufren los otros á ti, y súfrelos tú a ellos; no rompas el vínculo de la fraterna caridad por los intereses humanos, que más importan los divinos; pon en balanzas los unos y los otros, y pondera cuánto importa sufrir y tener paz, y pide al Señor paciencia y amor, y él te la dará para que tengas paz con todos.
PUNTO IV. Considera la paz que tuvo Cristo con todos los hombres, amando y haciendo hasta sus propios enemigos, y cómo la compró a costa de infinita paciencia. Que en cada uno de tus hermanos está representado el mismo Cristo, pues dice: lo que con cada uno de estos mínimos hicisteis, a mí lo hicisteis. Pondera el respeto y sufrimiento que tuvieras al mismo Señor, y la paciencia con que te portaras y el amor que le mostrarás, y procura mostrar el mismo a tus hermanos y tener paz con ellos, amándolos y sufriéndolos a ejemplo de tu Redentor. Pondera cuánto te sufre a ti y cuánto debes sufrir a tus prójimos por su amor; levanta los ojos al cielo y contempla la paz que todos los bienaventurados tienen entre sí, y pídele a Dios afectuosamente que te dé gracia para tenerla tú con tus hermanos perpetuamente.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.