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jueves, 21 de marzo de 2024

SIETE PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ

 


SIETE PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ

CON BENEDICTO

 

1ª Palabra. “PADRE, PERDÓNALOS”. Benedicto XVI

Texto http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/03/1-palabra-padre-perdonalos-benedicto-xvi.html

Vídeo https://youtu.be/CiA03w3nmjc?si=mIYDlPeejEkIAWld

2ª Palabra. “HOY ESTARÁS CONMIGO”. Benedicto XVI

Texto http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/04/2-palabra-hoy-estaras-conmigo-benedicto.html

Vídeo https://youtu.be/j14fM5kJpDU?si=TZ_XqM1kDacuwR1C

3ª Palabra. “HE AQUÍ A TU HIJO.” Benedicto XVI

Texto http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/04/3-palabra-he-aqui-tu-hijo-benedicto-xvi.html

Vídeo https://youtu.be/7gRsveMwGZU?si=mSdLIXTgv_uICcT6

4ª Palabra. “DIOS MÍO, DIOS MÍO.” Benedicto XVI

Texto http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/04/4-palabra-dios-mio-dios-mio-benedicto.html

Vídeo https://youtu.be/VGBUukXfSp0?si=-UDsSv21EKqlVeTq

5ª Palabra “TENGO SED.” Benedicto XVI,

Texto http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/04/5-palabra-tengo-sed-benedicto-xvi.html

Vídeo https://youtu.be/PBn4rZzrk4I?si=bErcCLKvjUS63HVk

6ª Palabra. “TODO ESTÁ CONSUMADO.” Benedicto XVI

Texto http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/04/6-palabra-todo-esta-consumado-benedicto.html

Vídeo https://youtu.be/ycfrxhDXS6U?si=_H1AF_YXGs52bEq3

7ª Palabra. “PADRE, EN TUS MANOS…” Benedicto XVI

Texto https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/04/7-palabra-padre-en-tus-manos-benedicto.html

Vídeo https://youtu.be/LWSVQsVuRkk?si=DELNkQk_PSWpecnG

 

LAS SIETE PALABRAS. Pláticas

 

PADRE, PERDÓNALES PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Plática

https://youtu.be/Soi8He9Gs0g?si=Es1NF1SGE8mJZkD9

HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO. Plática

https://youtu.be/S3ftTRRk2V8?si=0w9fJlH3UvW7tt4N

MUJER, AHI TIENES A TU HIJO. Plática

https://youtu.be/5euqNXllly0?si=y_sSjJmkPyNRv18j

DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? Plática

https://youtu.be/T8vFiZ2yejY?si=nuABudfggXej3nHD

TODO ESTÁ CUMPLIDO. Plática

https://youtu.be/puxuLa4MmL8?si=xvRbjW4vwhbm9bSE

TENGO SED. Plática

https://youtu.be/VX76r2KVxfY?si=W7dCgQE2qcpGhQPK

PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU. Homilía

https://youtu.be/hwMcwvN5j84?si=SyX3OZpUzkRKxEzh

 

jueves, 6 de abril de 2023

7ª Palabra. “PADRE, EN TUS MANOS…” Benedicto XVI

7ª Palabra. “PADRE, EN TUS MANOS…” Benedicto XVI,

 

MEDITACIÓN

DE LAS SIETE PALABRAS

con textos de Benedicto XVI

 

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, contemplando el misterio de la cruz, adoremos a nuestro Señor Jesucristo Crucificado diciendo con santa Margarita María de Alcoque: 

 

Oración de

Santa Margarita María de Alacoque

 

Humildemente postrada al pie de tu Santa Cruz, te diré con frecuencia, divino Salvador mío, para mover las entrañas de tu misericordia a perdonarme.

Jesús, desconocido y despreciado,

R/. Ten piedad de mí.

Jesús, calumniado y perseguido.

Jesús, abandonado de los hombres y tentado.

Jesús, entregado y vendido a vil precio.

Jesús, vituperado, acusado y condenado injustamente.

Jesús, vestido con una túnica de oprobio y de ignominia.

Jesús, abofeteado y burlado.

Jesús, arrastrado con la soga al cuello.

Jesús, azotado hasta la sangre.

Jesús, pospuesto a Barrabas.

Jesús, coronado de espinas y saludado por irrisión.

Jesús, cargado con la Cruz y las maldiciones del pueblo.

Jesús, triste hasta la muerte.

Jesús, pendiente de un infame leño en compañía de dos ladrones.

Jesús, anonadado y confundido delante de los hombres.

Jesús, abrumado de toda clase de dolores.

¡Oh Buen Jesús! que has querido sufrir una infinidad de oprobios y de humillaciones por mi amor, imprime poderosamente su estima en mi corazón, y hazme desear su práctica.

 

Séptima Palabra

“PADRE, EN TUS MANOS

ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lc 23, 46)

Benedicto XVI, 15 de febrero de 2012

 

Detengámonos en las últimas palabras de Jesús moribundo. El evangelista relata: «Era ya casi mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta las tres de la tarde, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Y, dicho esto, expiró» (vv. 44-46). Algunos aspectos de esta narración son diversos con respecto al cuadro que ofrecen san Marcos y san Mateo. Las tres horas de oscuridad no están descritas en san Marcos, mientras que en san Mateo están vinculadas con una serie de acontecimientos apocalípticos diversos, como el terremoto, la apertura de los sepulcros y los muertos que resucitan (cf. Mt 27, 51-53). En san Lucas las horas de oscuridad tienen su causa en el eclipse del sol, pero en aquel momento se produce también el rasgarse del velo del templo. De este modo el relato de san Lucas presenta dos signos, en cierto modo paralelos, en el cielo y en el templo. El cielo pierde su luz, la tierra se hunde, mientras en el templo, lugar de la presencia de Dios, se rasga el velo que protege el santuario. La muerte de Jesús se caracteriza explícitamente como acontecimiento cósmico y litúrgico; en particular, marca el comienzo de un nuevo culto, en un templo no construido por hombres, porque es el Cuerpo mismo de Jesús muerto y resucitado, que reúne a los pueblos y los une en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

 

La oración de Jesús, en este momento de sufrimiento —«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu»— es un fuerte grito de confianza extrema y total en Dios. Esta oración expresa la plena consciencia de no haber sido abandonado. La invocación inicial —«Padre»— hace referencia a su primera declaración cuando era un adolescente de doce años. Entonces permaneció durante tres días en el templo de Jerusalén, cuyo velo ahora se ha rasgado. Y cuando sus padres le manifestaron su preocupación, respondió: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49). Desde el comienzo hasta el final, lo que determina completamente el sentir de Jesús, su palabra, su acción, es la relación única con el Padre. En la cruz él vive plenamente, en el amor, su relación filial con Dios, que anima su oración.

Las palabras pronunciadas por Jesús después de la invocación «Padre» retoman una expresión del Salmo 31: «A tus manos encomiendo mi espíritu» (Sal 31, 6). Estas palabras, sin embargo, no son una simple cita, sino que más bien manifiestan una decisión firme: Jesús se «entrega» al Padre en un acto de total abandono. Estas palabras son una oración de «abandono», llena de confianza en el amor de Dios. La oración de Jesús ante la muerte es dramática como lo es para todo hombre, pero, al mismo tiempo, está impregnada de esa calma profunda que nace de la confianza en el Padre y de la voluntad de entregarse totalmente a él. En Getsemaní, cuando había entrado en el combate final y en la oración más intensa y estaba a punto de ser «entregado en manos de los hombres» (Lc 9, 44), «le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre» (Lc 22, 44). Pero su corazón era plenamente obediente a la voluntad del Padre, y por ello «un ángel del cielo» vino a confortarlo (cf. Lc 22, 42-43). Ahora, en los últimos momentos, Jesús se dirige al Padre diciendo cuáles son realmente las manos a las que él entrega toda su existencia. Antes de partir en viaje hacia Jerusalén, Jesús había insistido con sus discípulos: «Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres» (Lc 9, 44). Ahora que su muerte es inminente, él sella en la oración su última decisión: Jesús se dejó entregar «en manos de los hombres», pero su espíritu lo pone en las manos del Padre; así —como afirma el evangelista san Juan— todo se cumplió, el supremo acto de amor se cumplió hasta el final, al límite y más allá del límite.

 

PETICIÓN: Repetir muchas veces: Padre, A tus manos, encomiendo mi espíritu.

 

FRUTO: Rezar y ofrecer algún sacrificio por el eterno descanso de los difuntos.

 

CONCLUSIÓN: Terminemos nuestra meditación recitando esta breve oración para el momento de expirar utilizada por san Juan de Kety:

 

ORACIÓN AL EXPIRAR.

Oración de San Juan de Kety

 

Causa y fin de todo lo que existe,

Dios eterno y todopoderoso,

que gobiernas y conservas

por tu divina providencia todo lo que has creado,

recíbeme en tu inefable misericordia,

y consiente que por la pasión

y los méritos infinitos de tu Hijo,

yo me reúna contigo por toda la eternidad.

 

Para concluir cada día:

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártelo con tus familiares y amigos.

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

miércoles, 5 de abril de 2023

6ª Palabra. “TODO ESTÁ CONSUMADO.” Benedicto XVI

6ª Palabra. “TODO ESTÁ CONSUMADO.” Benedicto XVI

 

MEDITACIÓN

DE LAS SIETE PALABRAS

con textos de Benedicto XVI

 

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, contemplando el misterio de la cruz, adoremos a nuestro Señor Jesucristo Crucificado diciendo con santa Margarita María de Alcoque: 

 

Oración de

Santa Margarita María de Alacoque

 

Humildemente postrada al pie de tu Santa Cruz, te diré con frecuencia, divino Salvador mío, para mover las entrañas de tu misericordia a perdonarme.

Jesús, desconocido y despreciado,

R/. Ten piedad de mí.

Jesús, calumniado y perseguido.

Jesús, abandonado de los hombres y tentado.

Jesús, entregado y vendido a vil precio.

Jesús, vituperado, acusado y condenado injustamente.

Jesús, vestido con una túnica de oprobio y de ignominia.

Jesús, abofeteado y burlado.

Jesús, arrastrado con la soga al cuello.

Jesús, azotado hasta la sangre.

Jesús, pospuesto a Barrabas.

Jesús, coronado de espinas y saludado por irrisión.

Jesús, cargado con la Cruz y las maldiciones del pueblo.

Jesús, triste hasta la muerte.

Jesús, pendiente de un infame leño en compañía de dos ladrones.

Jesús, anonadado y confundido delante de los hombres.

Jesús, abrumado de toda clase de dolores.

¡Oh Buen Jesús! que has querido sufrir una infinidad de oprobios y de humillaciones por mi amor, imprime poderosamente su estima en mi corazón, y hazme desear su práctica.

 

Sexta Palabra

“TODO ESTÁ CONSUMADO” (Jn 19,30)

Benedicto XVI, 20 de marzo de 2008

 

«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). Ha llegado la «hora» de Jesús, hacia la que se orientaba desde el inicio todo su obrar.

San Juan describe con dos palabras el contenido de esa hora: paso y amor. Esas dos palabras se explican mutuamente: ambas describen juntamente la Pascua de Jesús: cruz y resurrección, crucifixión como elevación, como «paso» a la gloria de Dios, como un «pasar» de este mundo al Padre. No es como si Jesús, después de una breve visita al mundo, ahora simplemente partiera y volviera al Padre. El paso es una transformación. Lleva consigo su carne, su ser hombre. En la cruz, al entregarse a sí mismo, queda como fundido y transformado en un nuevo modo de ser, en el que ahora está siempre con el Padre y al mismo tiempo con los hombres.

Transforma la cruz, el hecho de darle muerte a él, en un acto de entrega, de amor hasta el extremo. Con la expresión «hasta el extremo» san Juan remite anticipadamente a la última palabra de Jesús en la cruz: todo se ha realizado, «todo está cumplido» (Jn 19, 30). Mediante su amor, la cruz se convierte en metabasis, transformación del ser hombre en el ser partícipe de la gloria de Dios.

 

En esta transformación Cristo nos implica a todos, arrastrándonos dentro de la fuerza transformadora de su amor hasta el punto de que, estando con él, nuestra vida se convierte en «paso», en transformación. Así recibimos la redención, el ser partícipes del amor eterno, una condición a la que tendemos con toda nuestra existencia.

Las palabras de Jesús, si las acogemos con corazón atento, realizan un auténtico lavado, una purificación del alma, del hombre interior. El evangelio del lavatorio de los pies nos invita a dejarnos lavar continuamente por esta agua pura, a dejarnos capacitar para participar en el banquete con Dios y con los hermanos. Pero, después del golpe de la lanza del soldado, del costado de Jesús no sólo salió agua, sino también sangre (cf. Jn 19, 34; 1 Jn 5, 6. 8).

Jesús no sólo habló; no sólo nos dejó palabras. Se entrega a sí mismo. Nos lava con la fuerza sagrada de su sangre, es decir, con su entrega «hasta el extremo», hasta la cruz. Su palabra es algo más que un simple hablar; es carne y sangre «para la vida del mundo» (Jn 6, 51). En los santos sacramentos, el Señor se arrodilla siempre ante nuestros pies y nos purifica. Pidámosle que el baño sagrado de su amor verdaderamente nos penetre y nos purifique cada vez más.

 

PETICIÓN: Gracias, Jesús mío, por haberme amado hasta el extremo de morir por mí en la cruz.

 

FRUTO: Confesar con frecuencia y recomendar la confesión a familiares y amigos.

 

CONCLUSIÓN: Terminemos nuestra meditación con la oración del  Beato Juan de Palafox pidiendo hacer siempre la voluntad de Dios.

 

SEÑOR DE LOS SEÑORES.

Oración del Beato Juan de Palafox

Señor de los señores, dulcísimo Jesús y Dios mío, que padecisteis por mí, si conviene a Vuestra gloria y servicio, y al bien de mi alma, vuestra esclava, que yo padezca por vos, hágase vuestra santísima voluntad. Tenedme, Señor de Vuestra mano, y que yo nunca os ofenda y siempre os sirva, y si vos gustáis de que padezca y que muera, hágase vuestra santísima voluntad.

Vos sabéis, Señor, cuantos enemigos tengo, y las calumnias que se me han impuesto, si vos gustáis que yo muera a sus manos, dame paciencia y amor vuestro y dolor de mis gravísimas culpas; hágase vuestra santa voluntad.

Yo, Señor, encomiendo mi alma, y este obispado y a todos mis amigos y a todos mis enemigos; parad a los unos, templad a los otros, y todos juntos hagamos vuestra santa voluntad. Yo, Dios mío, quisiera haberos servido mejor; mis deseos han sido buenos, mis obras malas, perdonadme por quien vos sois, y por todos mis santos abogados, hágase en mí, Dios mío, vuestra Santa voluntad. Vuestro esclavo soy, Dios; dadme, Señor, vuestro amparo en todos tiempos, aconsejadme y guiadme y hágase vuestra Santísima Voluntad; Dulcísimo Jesús, mi alma, mi corazón os doy para que hagáis en él vuestra santísima voluntad: esclavo de mi dulcísimo Jesús.

 

Para concluir cada día:

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártelo con tus familiares y amigos.

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.