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lunes, 17 de noviembre de 2025

NOVENA EN HONOR DE LA VIRGEN INMACULADA DE LA MEDALLA MILAGROSA

 


NOVENA

EN HONOR DE LA VIRGEN INMACULADA

DE LA MEDALLA MILAGROSA

Por la señal…

 

ORACIÓN PREPARATORIA

Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a Ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección, y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.

Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.

Leer la reflexión del día correspondiente.

 

ORACIONES FINALES

Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Rezar tres avemarías con la jaculatoria:

OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA,

ROGAD POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A VOS.

Avemaría. (x3)

 

DÍA PRIMERO

En una medianoche iluminada con luz celeste como de Nochebuena -la del 18 de julio de 1830- se apareció por primera vez la Virgen Santísima a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Y le habló a la santa de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos.

¡Cómo nos ama nuestra Madre del Cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tu recuerdo y tu medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en desamparo.

 

DÍA SEGUNDO

En su primera aparición, la Virgen Milagrosa enseñó a Santa Catalina la manera como había de portarse en las penas y tribulaciones que se avecinaban.

"Venid al pie de este altar -le decía la celestial Señora-, aquí se distribuirán las gracias sobre cuantas personas las pidan con confianza y fervor, sobre grandes y pequeños."

Que la Virgen de la santa medalla y Jesús del sagrario sean siempre luz, fortaleza y guía de nuestra vida.

 

DÍA TERCERO

En sus confidencias le dijo la Virgen Milagrosa a Sor Catalina: "Acontecerán no pequeñas calamidades. El peligro será grande. Llegará un momento en que todo se creerá perdido. Entonces yo estaré con vosotros: tened confianza…"

Refugiémonos en esta confianza, fuertemente apoyada en las seguridades que de su presencia y de su protección nos da la Virgen Milagrosa. Y en las horas malas y en los trances difíciles no cesemos de invocarla: "Auxilio de los cristianos, rogad por nosotros".

 

DÍA CUARTO

En la tarde del 27 de noviembre de 1830, baja otra vez del Cielo la Santísima Virgen para manifestarse a Santa Catalina Labouré.

De pie entre resplandores de gloria, tiene en sus manos una pequeña esfera y aparece en actitud extática, como de profunda oración. Después, sin dejar de apretar la esfera contra su pecho, mira a Sor Catalina para decirle: "Esta esfera representa al mundo entero…, y a cada persona en particular".

Como el hijo pequeño en brazos de su madre, así estamos nosotros en el regazo de María, muy junto a su Corazón Inmaculada. ¿Podría encontrarse un sitio más seguro?

 

DÍA QUINTO

De las manos de María Milagrosa, como de una fuente luminosa, brotaban en cascada los rayos de luz. Y la Virgen explicó: "Es el símbolo de las gracias que Yo derramo sobre cuantas personas me las piden", haciéndome comprender -añade Santa Catalina- lo mucho que le agradan las súplicas que se le hacen, y la liberalidad con que las atiende.

La Virgen Milagrosa es la Madre de la divina gracia que quiere confirmar y afianzar nuestra fe en su omnipotente y universal mediación. ¿Por qué, pues, no acudir a Ella en todas nuestras necesidades?

 

DÍA SEXTO

Como marco "¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!".

Y enseguida oyó una voz que recomendaba llevar la medalla y repetir a menudo aquella oración-jaculatoria, y prometía gracias especiales a los que así lo hiciesen.

¿Dejaremos nosotros de hacerlo? Sería imperdonable dejar de utilizar un medio tan fácil de aseguramos en todo momento el favor de la Santísima Virgen.

 

DÍA SÉPTIMO

Nuestra Señora ordenó a Sor Catalina que fuera acuñada una medalla según el modelo que Ella misma le había diseñado.

Después le dijo: "Cuantas personas la lleven, recibirán grandes gracias que serán más abundantes de llevarla al cuello y con confianza".

Esta es la Gran Promesa de la Medalla Milagrosa. Agradezcámosle tanta bondad, y escudemos siempre nuestro pecho con la medalla que es prenda segura de la protección de María.

 

DÍA OCTAVO

Fueron tantos y tan portentosos los milagros obrados por doquier por la nueva medalla (conversiones de pecadores obstinados, curación de enfermos desahuciados, hechos maravillosos de todas clases) que la voz popular empezó a denominarla con el sobrenombre de la medalla de los milagros, la medalla milagrosa; y con este apellido glorioso se ha propagado rápidamente por todo el mundo.

Deseosos de contribuir también nosotros a la mayor gloria de Dios y honor de su Madre Santísima, seamos desde este día apóstoles de su milagrosa medalla.

 

DÍA NOVENO

Las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa constituyen indudablemente una de las pruebas más exquisitas de su amor maternal y misericordioso.

Amemos a quien tanto nos amó y nos ama. "Si amo a María -decía San Juan Bérchmans- tengo asegurada mi eterna salvación".

Como su feliz vidente y confidente, Santa Catalina Labouré, pidámosle cada día a Nuestra Señora, la gracia de su amor y de su devoción.

 

lunes, 25 de noviembre de 2024

DÍA 9. NOVENA A LA VIRGEN INMACULADA DE LA MEDALLA MILAGROSA

DÍA NOVENO

NOVENA A LA MEDALLA MILAGROSA

 

Por la señal...

Señor mío Jesucristo… 

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los Cielos y de la tierra, que por amor a los hombres pecadores os dignasteis apareceros a vuestra humilde sierva, Sor Catalina Labouret, con las manos cargadas de gracias celestiales en favor de los que os invocan con fe y devoción; vednos postrados ante vuestra imagen suplicándote humildemente un rayo de luz que ilumine nuestra mente y abrase nuestro corazón en vuestro santo servicio, a fin de que conociendo vuestras misericordias encerradas en vuestra Santa Medalla, logremos participar de vuestros merecimientos y conseguir por ello la salvación de nuestra alma.

    

 Se lee lo propio de cada día.

DÍA NOVENO   

¡Qué dichosos seríamos, Madre dulcísima, si todos pusiésemos en Vos nuestra confianza! Sois Reina del Cielo y de la tierra, y como tal tenéis a vuestra disposición todos sus tesoros para favorecernos con ellos. Con cuánta razón os lamentáis de la indiferencia y descuido de los hombres que pierden tantas gracias porque no acuden a Vos, dispuesta a derramar a manos llenas vuestras bendiciones. A Vos hemos acudido durante nueve días en demanda de vuestra protección. Cumplid lo que nos habéis prometido por medio de Sor Catalina. Llevamos vuestra Medalla, os invocamos con amor..., escuchad pues benigna los ruegos de vuestros hijos, concedednos, sobre todo, que no caigamos en el pecado mortal, y que en la hora de nuestra muerte estrechemos sobre nuestro pecho vuestra Medalla, y muramos en los brazos de vuestra misericordia para vivir eternamente con Vos en el Cielo. Amén.

 

Ejemplo 

Hospital Santa Gertrudis, San Vicente, El Salvador. A mediados de mayo de 1959, llegó al Hospital una graciosa niña de unos once años de edad. Un enorme flemón y una temperatura de 40º la tenían en estado de inconsciencia. El diagnóstico de los médicos no podía ser más alarmante: “Meningitis tuberculosa”; la muerte era inminente. 

Del modo más natural, animada de grandísima fe y confianza, una Hermana puso a la enfermita una Medalla Milagrosa, y juntas con la mamá pidieron a la Santísima Virgen la curación de la niña, cuyo estado no podía ser peor pues gritaba y se agitaba día y noche rechazando toda ayuda. En su delirio llegó hasta arrancarse varias veces la Medalla del cuello y hubo que contentarse con suspenderla de la cabecera de la cama. 

Las mismas enfermas unieron sus ruegos para pedir a la Santísima Virgen la curación de la enfermita. Parecía que el cielo se complacía en probar nuestra fe y nuestra confianza. La enferma no mejoraba. De repente en la primera semana de junio comenzó a mejorar; desapareció la fiebre casi completamente; el 19 de junio en un rato de lucidez, reconoció a su madre, pudo hablar. A los pocos días aquella niña pudo andar. Los médicos quedaron admirados de tal curación. Por nuestra parte bien sabíamos que solo la intervención de la Medalla Milagrosa había obrado el milagro. Emma, tal es el nombre de la niña, quiso que se celebrara una Misa de Acción de Gracias. Asistimos todos para ofrendar a nuestra Madre Celestial nuestro tributo de agradecimiento.


Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa y para más obligarla, rezaremos tres Avemarías.

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Yo os saludo, dulcísima Virgen María, Madre de Dios, y os elijo por mi amantísima Madre. Os suplico que me admitáis por hijo y siervo vuestro, pues yo no quiero tener otra Madre y Señora que a Vos. Os ruego también, ¡oh piadosa y tierna Madre mía!, que me gobernéis y defendáis en todas las acciones de mi vida porque soy un pobre infeliz mendigo, que en todos los instantes necesito de vuestra ayuda y protección. Ea, Virgen Santísima, hacedme participante de todos vuestros bienes y de vuestras virtudes, principalmente de vuestra santa humildad, de vuestra excelsa pureza, de vuestra ardiente caridad; pero sobre todo alcanzadme la gracia que os pido en esta novena. No me digáis, ¡oh Madre benignísima!, que no podéis concedérmela, porque vuestro amantísimo Hijo os ha dado todo poder tanto en el Cielo como en la tierra. También estoy seguro que no me desecharéis, porque Vos sois la Madre común de todos los hijos de Adán, y singularmente lo sois mía. Ya pues, que sois mi Madre y al mismo tiempo sois poderosísima, ¿qué es lo que podrá moveros a negarme vuestra excelencia? Atended, Madre mía, mandad, que en calidad de tal estáis en cierta manera obligada a concederme lo que os pido y acceder a mis ruegos. Sed, pues, bendita y ensalzada en el Cielo y en la tierra; alcanzadme de Dios que haga participante de todos los bienes y de todas las gracias que sean del agrado de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, objeto de todo mi amor ahora y por todos los siglos. Amén.

 

 

  GOZOS EN HONOR A LA SANTÍSIMA VIRGEN VENERADA EN LA MEDALLA MILAGROSA

   

Digamos con melodía

Esta devota canción:

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

La medalla prodigiosa

A vos, purísima Virgen,

Debe el principio y origen

En una visión dichosa.

Todos por eso a porfía

Desean su adquisición.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

Este emblema celestial

Infunde pena, furor,

Desesperación y horror

A la serpiente infernal.

¿Qué extraño, si su malicia

Ve en ella su confusión?

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

Los brillantes resplandores

Que vuestras manos despiden,

Son las gracias que reciben

De Vos los hombres viadores.

¿Quién es el que no confía

Vista tal demostración?

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

¿Quién podrá contar, Señora,

Los prodigios que habéis hecho

Con el que llevara al pecho

La medalla y os implora?

Llevémosla noche y dia

Con tierna veneración.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

  

El rayo, la tempestad,

El contagio inevitable,

De esta medalla admirable

Huyen con velocidad:

La virtud que los desvía

La da vuestra intercesión.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

La tentación mas violenta

Resiste, calma y abate,

El fiel que en todo combate

Este escudo fuerte ostenta,

Su constancia no varía,

Si os ruega de corazón.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

Las olas del mar furioso

Que espantan al que navega,

Pierden la fuerza si ruega

Ante este signo glorioso,

Porque Vos sois norte, guía

Y puerto de salvación.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

    

Los enfermos desahuciados

Buscan con solicitud

En la medalla salud,

Y no quedan defraudados:

Sanos, llenos de alegría

Dicen con dulce emoción.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

Los hombres mas obstinados

En la impiedad y en el vicio

Del eterno precipicio

Con ella han sido librados:

Pues por Vos, dulce María

Lograron su conversión.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

Madre en gracia concebida

Rogad, Señora, por nos

Que recurrimos a Vos

En tan miserable vida:

Muéstrate clemente y pía

Ahora y en toda ocasión.

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

   

Digamos con melodía

Esta devota canción:

Vuestra medalla ¡oh María!

Es prenda de protección.

  

. Ruega por nosotros, ¡oh Santa María!, Reina concebida sin pecado original.

. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

   

ORACIÓN

Oh Señor Jesucristo, que quisiste esclarecer a la Santísima Virgen María, tu Madre, Inmaculada desde su origen, con innumerables milagros: concédenos que cuantos imploramos siempre su patrocinio, consigamos los gozos eternos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

***

Oh María, sin pecado concebida,

Rogad por nosotros que recurrimos a vos.

***

Querido hermano, si te ha gustado esta novena, compártala con tus familiares y amigos.

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.