miércoles, 16 de septiembre de 2026

DÍA 17. CONOCER A DIOS: MEDIO PARA ALCANZAR HUMILDAD. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DÍA 17

CONOCER A DIOS: MEDIO PARA ALCANZAR HUMILDAD

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

DÍA 17

CONOCER A DIOS: MEDIO PARA ALCANZAR HUMILDAD

Quien pretende ser rico de virtudes y que Dios acuda a llenar sus vacíos, debe disponerse para conocer a este gran Dios, pues de este conocimiento resultará en el corazón una profundísima humildad y una plenitud de bienes.

Pero hay gran peligro de estar ciegos y engañados, porque el demonio puede vestir la soberbia con traje de humildad. Muchos se engañan creyendo que los oficios y dignidades son hijos de las buenas diligencias, de la solicitud, del cuidado, de los regalos y sobornos. Estos son hijos de Lía, la que está llena de legañas, mientras que la hermosura de Raquel representa aquella humildad que, aunque estéril para las grandezas del mundo, vale más que todas las riquezas que se puedan imaginar.

El verdadero humilde es pobre de bienes temporales, de majestad, de grandeza y de honra, contentándose únicamente con Dios en este mundo. Es como Benjamín, pequeño y pobre, dispuesto a perder una y mil veces la vida antes que dejar de alcanzar y tener a Dios. Por eso, solo Dios puede dar luz en estas tinieblas para conocer por blanco lo que es blanco, por negro lo que es negro, por humildad lo que es humildad y por presunción lo que es soberbia.

La humildad verdadera no está en lo que se ve y se oye, sino en lo que no se ve y se calla. No basta llevar sayales y pies descalzos ni decir que no se quiere un oficio o que no se vale para un beneficio si el corazón soberbio contradice a la lengua. La verdadera humildad está en el corazón desnudo, pobre, callado y en su pensamiento no merecedor de la tierra que pisa. Las apariencias exteriores son como flores que poco duran, como una pintura que a la primera lluvia y helada se va río abajo.

La soberbia, en cambio, es una gran bestia que no cabe en el corazón del hombre; aunque se quiera esconder, acaba por sacar las orejas o la cabeza por la boca y descubrirse por palabras o meneos disimulados. Puede llevar grilletes y cadenas durante un momento, fingiendo humildad, pero no tardará en salir y mostrarse tal cual es. Por eso, las palabras humildes del soberbio son como anzuelos de sus pretensiones: llegado el momento, el diablo se lleva esas apariencias de humildad y queda la soberbia, que es de su propia cosecha. Así, todo cuanto el soberbio disimula queda sembrado entre espinas, sobre piedras y en el camino, y se malogra porque no hay en su corazón humildad que lo conserve.

 

JACULATORIA: El Señor es bueno y es recto, hace caminar a los humildes con rectitud. (Salmo 25, 8).

 

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.