Jueves de la XVI semana después de Pentecostés
DE LA VIRTUD DE LA SAGRADA EUCARISTÍA PARA LANZAR LOS DEMONIOS Y PRESERVAR EL ALMA DE PECADOS
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Jueves de la XVI semana después de Pentecostés
DE LA VIRTUD DE LA SAGRADA EUCARISTÍA PARA LANZAR LOS DEMONIOS Y PRESERVAR EL ALMA DE PECADOS
PUNTO PRIMERO. Considera cómo el padre de este endemoniado le trajo a Cristo para que le lanzase, movido de la experiencia que tenía de la virtud del Salvador en lanzar los demonios.
Reconoce la que tiene la Sagrada Eucaristía para vencerlos y lanzarlos, y librar las almas de su tiranía.
Pondera cómo, no habiéndole podido curar sus discípulos, mandó que se le trajesen a Él. Toma sus palabras como dichas a ti, y trae tu alma al Señor. Llégate con este afecto a recibir su sagrado Cuerpo, diciendo:
«Señor, aquí os traigo mi alma, que desde su infancia es perseguida del demonio; unas veces la ensordece para que no oiga vuestra voz; otras la enmudece para que no os alabe; otras la despedaza y arrastra, llevándola como por fuerza a los vicios; otras la arroja en el agua de la tibieza, y otras en el fuego de las concupiscencias y pecados. Tened misericordia de mí, como la tuvisteis de aquel mozo, y libradme de la tiranía del demonio y del pecado.»
PUNTO II. Considera lo que dice san Marcos: que, en llegando este endemoniado a la presencia de Cristo y careándose con Él, luego el demonio tembló y se arrojó en el suelo, como dándose por vencido.
¡Oh Señor!, engrandecida sea vuestra virtud, pues solo vuestra vista hace temblar al infierno y sujeta a los demonios.
Saca de aquí la fuerza que tendrá este divinísimo Señor recibido en la Sagrada Eucaristía; y si sola su vista vence al demonio, mucho más le vencerán su presencia, su contacto y su compañía, uniéndose íntimamente con Él.
Disponte cuanto fuere posible para recibirle, armándote con este escudo fuerte contra las asechanzas y batalla del común enemigo.
PUNTO III. Considera cómo Cristo preguntó al padre si creía y tenía fe de su divinidad; porque este divinísimo Señor sacramentado es el misterio de la fe, y es necesario avivarla para recibirle dignamente y con Él la gracia que comunica.
Toma tiempo antes de comulgar para meditar lo que encierra este celestial bocado y lo que vas a recibir: quién es el Señor que ha de venir a tu pobre casa; su divinidad, su grandeza, su omnipotencia, su sabiduría y majestad; la veneración con que es adorado y servido de los espíritus soberanos en la corte celestial; las gracias que comunica a los que dignamente le reciben; y cómo es antídoto contra el veneno del pecado, siendo Él mismo quien venció a la muerte y al infierno, y de quien tiemblan los demonios.
Pídele que te disponga como debes para recibirle dignamente, y que avive tu fe y ayude tu incredulidad, como se lo pidió el padre de este mozo; y confía en su bondad, que te dará la salud como se la dio a él.
PUNTO IV. Considera cómo, en lanzando al demonio, quedó este mozo como muerto, sin operación de sentidos ni acción de las que antes tenía; y tomándole Cristo por la mano, le levantó y le volvió como de muerte a vida, y empezó otra diferente de la que había tenido hasta allí.
Todo lo cual te enseña la virtud y efectos de este divino Sacramento en los que dignamente le reciben.
La virtud resplandece en la que ostentó Cristo tomándole de la mano y restituyéndole a la vida; y si solo tocarle le dio entera salud, ¿qué hará recibirle íntimamente en sus entrañas y en lo íntimo del corazón?
Este es el Pan de vida, y la comunica a todos los que le reciben dignamente; y por no recibirle se hallan muchos enfermos y muchos sin vida, como dice el Apóstol.
Saca de aquí un grande afecto a su frecuente recepción, procurando disponerte para recibirle cada día, si te fuere concedido.
Y en cuanto a los efectos, atiende a lo que hizo este mozo después de la presencia de Cristo: libróle de la tiranía del demonio, como está dicho; y en saliendo este, quedó como muerto, sin uso de los sentidos.
Así mortifica este manjar del cielo a los que le reciben, dándoles gracia para morir al mundo y refrenar sus sentidos.
Cristo levantó a este mozo, empezó a vivir nueva vida; así levanta este Señor Sacramentado el espíritu de las aficiones terrenas a las del cielo, y hace mudar de vida a los que dignamente le reciben.
¡Oh dulcísimo Señor! ¡Quién os recibiera siquiera una vez dignamente! Bendito, alabado y glorificado seáis por siempre jamás. Amén.
Suplicoos, Señor, que avivéis mi fe, purifiquéis mi alma y levantéis mi espíritu de todas las aficiones terrenas, encendiéndolo en los deseos del cielo; y pues comunicáis la vida, dádmela nueva, para que empiece desde hoy a serviros con todo mi ser y espíritu.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.