miércoles, 16 de septiembre de 2026

DE LA VIRTUD DE LA SAGRADA EUCARISTÍA PARA LANZAR LOS DEMONIOS Y PRESERVAR EL ALMA DE PECADOS. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Jueves de la XVI semana después de Pentecostés

DE LA VIRTUD DE LA SAGRADA EUCARISTÍA PARA LANZAR LOS DEMONIOS Y PRESERVAR EL ALMA DE PECADOS

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XVI semana después de Pentecostés

DE LA VIRTUD DE LA SAGRADA EUCARISTÍA PARA LANZAR LOS DEMONIOS Y PRESERVAR EL ALMA DE PECADOS

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo el padre de este endemoniado le trajo a Cristo para que le lanzase, movido de la experiencia que tenía de la virtud del Salvador en lanzar los demonios.

Reconoce la que tiene la Sagrada Eucaristía para vencerlos y lanzarlos, y librar las almas de su tiranía.

Pondera cómo, no habiéndole podido curar sus discípulos, mandó que se le trajesen a Él. Toma sus palabras como dichas a ti, y trae tu alma al Señor. Llégate con este afecto a recibir su sagrado Cuerpo, diciendo:

«Señor, aquí os traigo mi alma, que desde su infancia es perseguida del demonio; unas veces la ensordece para que no oiga vuestra voz; otras la enmudece para que no os alabe; otras la despedaza y arrastra, llevándola como por fuerza a los vicios; otras la arroja en el agua de la tibieza, y otras en el fuego de las concupiscencias y pecados. Tened misericordia de mí, como la tuvisteis de aquel mozo, y libradme de la tiranía del demonio y del pecado.»

 

PUNTO II. Considera lo que dice san Marcos: que, en llegando este endemoniado a la presencia de Cristo y careándose con Él, luego el demonio tembló y se arrojó en el suelo, como dándose por vencido.

¡Oh Señor!, engrandecida sea vuestra virtud, pues solo vuestra vista hace temblar al infierno y sujeta a los demonios.

Saca de aquí la fuerza que tendrá este divinísimo Señor recibido en la Sagrada Eucaristía; y si sola su vista vence al demonio, mucho más le vencerán su presencia, su contacto y su compañía, uniéndose íntimamente con Él.

Disponte cuanto fuere posible para recibirle, armándote con este escudo fuerte contra las asechanzas y batalla del común enemigo.

 

PUNTO III. Considera cómo Cristo preguntó al padre si creía y tenía fe de su divinidad; porque este divinísimo Señor sacramentado es el misterio de la fe, y es necesario avivarla para recibirle dignamente y con Él la gracia que comunica.

Toma tiempo antes de comulgar para meditar lo que encierra este celestial bocado y lo que vas a recibir: quién es el Señor que ha de venir a tu pobre casa; su divinidad, su grandeza, su omnipotencia, su sabiduría y majestad; la veneración con que es adorado y servido de los espíritus soberanos en la corte celestial; las gracias que comunica a los que dignamente le reciben; y cómo es antídoto contra el veneno del pecado, siendo Él mismo quien venció a la muerte y al infierno, y de quien tiemblan los demonios.

Pídele que te disponga como debes para recibirle dignamente, y que avive tu fe y ayude tu incredulidad, como se lo pidió el padre de este mozo; y confía en su bondad, que te dará la salud como se la dio a él.

 

PUNTO IV. Considera cómo, en lanzando al demonio, quedó este mozo como muerto, sin operación de sentidos ni acción de las que antes tenía; y tomándole Cristo por la mano, le levantó y le volvió como de muerte a vida, y empezó otra diferente de la que había tenido hasta allí.

Todo lo cual te enseña la virtud y efectos de este divino Sacramento en los que dignamente le reciben.

La virtud resplandece en la que ostentó Cristo tomándole de la mano y restituyéndole a la vida; y si solo tocarle le dio entera salud, ¿qué hará recibirle íntimamente en sus entrañas y en lo íntimo del corazón?

Este es el Pan de vida, y la comunica a todos los que le reciben dignamente; y por no recibirle se hallan muchos enfermos y muchos sin vida, como dice el Apóstol.

Saca de aquí un grande afecto a su frecuente recepción, procurando disponerte para recibirle cada día, si te fuere concedido.

Y en cuanto a los efectos, atiende a lo que hizo este mozo después de la presencia de Cristo: libróle de la tiranía del demonio, como está dicho; y en saliendo este, quedó como muerto, sin uso de los sentidos.

Así mortifica este manjar del cielo a los que le reciben, dándoles gracia para morir al mundo y refrenar sus sentidos.

Cristo levantó a este mozo, empezó a vivir nueva vida; así levanta este Señor Sacramentado el espíritu de las aficiones terrenas a las del cielo, y hace mudar de vida a los que dignamente le reciben.

¡Oh dulcísimo Señor! ¡Quién os recibiera siquiera una vez dignamente! Bendito, alabado y glorificado seáis por siempre jamás. Amén.

Suplicoos, Señor, que avivéis mi fe, purifiquéis mi alma y levantéis mi espíritu de todas las aficiones terrenas, encendiéndolo en los deseos del cielo; y pues comunicáis la vida, dádmela nueva, para que empiece desde hoy a serviros con todo mi ser y espíritu.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.