viernes, 11 de septiembre de 2026

QUINTO DOLOR. LA AGONÍA Y MUERTE DE JESÚS. SEPTENARIO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

 


QUINTO DOLOR

LA AGONÍA Y MUERTE DE JESÚS

 

SEPTENARIO

A LA VIRGEN

DE LOS DOLORES

P.  Francesco María Pecoroni

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

QUINTO DOLOR

LA AGONÍA Y MUERTE DE JESÚS

 

«Y allí le crucificaron.

Estaba de pie junto a la cruz

la madre de Jesús» (Juan 19, 25).

 

Considera cómo, al llegar al Calvario, los verdugos se lanzaron como perros rabiosos contra Jesús. Enfurecidos, se apresuraron a arrancarle las ropas pegadas a la carne hecha jirones y empapadas de sangre, renovando todas las heridas que ya le habían hecho durante la flagelación.

Luego lo sujetaron con ímpetu sobre la Cruz: este por las piernas, aquel por la cabeza; en el peor de los casos, todos tiraban por aquí o por allá para fijarlo en el madero con largos clavos que, para causarle mayor dolor, fueron despuntados. Con la furia de sesenta y ocho fortísimos golpes le atravesaron los pies y las manos.

He aquí la atroz herida de la carne; he aquí el dolor de los nervios extendidos; he aquí el martirio de los huesos, al mismo tiempo dislocados; he aquí el inmenso lago de sangre; he aquí, en fin, enarbolada a vista de todos la Cruz, y sobre ella clavado, desnudo, como perdido y malhecho, al gran Hijo de Dios.

¡Qué inhumano y funesto espectáculo! ¡Oh Dios! ¿Y qué habría sido de mí si hubiera estado allí? ¿No me habría desmayado por la pena y la compasión?

«Yo, por mí mismo, muero por el gran dolor de solo pensarlo», nos dice San Buenaventura: «Desfallezco, muero».

Entonces, ¿qué habrá sido de ti, que estuviste presente, que sentiste todo, que miraste de cerca todo, Madre amantísima, tiernísima Madre María?

¿Quién podrá comprender la amargura de tu excesivo dolor? Si no tengo mente para comprenderlo, por lo menos tengo un corazón en el pecho para compadecerlo y lágrimas en los ojos para sobrellevarlo.

Sí, mi Reina Dolorosa, si por el amor que tuviste a tu Hijo copiaste en ti sus sufrimientos, quiero que, por tu amor, el recuerdo de tu Dolor quede grabado en mi corazón.

Si tú, al pie de la Cruz, viendo fallecer a tu querido Jesús, tanto lloraste que, según nos escribe San Jerónimo, no teniendo más lágrimas empezaron a salir de tus ojos gotas de pura sangre, deseo llorar contigo para aplacar las ofensas que he cometido contra Jesús y para consolar tu corazón atravesado de dolor.

Junto a la Cruz tú estás,

contigo, Madre, quiero estar

para tu luto consolar.

 

GRACIA QUE DEBE PEDIRSE

¡Santísima y afligidísima Virgen! Por aquel excesivo dolor que sufriste cuando viste a tu amantísimo Unigénito morir en la cruz con tanto sufrimiento y deshonra, y sin ninguna comodidad de las que se conceden a algunos delincuentes, te ruego que implores de tu Hijo Crucificado que en su Cruz sean crucificadas todas mis pasiones, y que, confortado por Él y por tu dulce presencia, termine mi vida con una buena y santa muerte.

 

FRUTO A RECOGERSE

EN ESTE QUINTO DOLOR

I. La Madre de Dios permaneció constante hasta el final al pie de la Cruz, porque amaba a Jesús con el amor de una madre, ¡y qué madre! Así tú estarás constante al pie de la Cruz, compadeciéndote de la Santísima Virgen en sus afanes hasta el final de tu vida, si realmente la amas con el amor de un hijo.

II. La Santísima Virgen no estaba feliz de estar sola al pie de la Cruz, pero María Cleofe, María Magdalena y Juan la acompañaron allí. Así, tú serás un verdadero imitador de María si tratas de llevar a otros a la devoción y a la compasión hacia Jesús Crucificado y hacia la Santísima Virgen de los Dolores.

III. Al entregar Jesús a Juan como hijo a su Santísima Madre, también nos entregó a Ella a todos nosotros, miserables pecadores. Por lo tanto, aprende a reconocer y respetar como tu amantísima Madre a la Virgen al pie de la Cruz y, sobre todo, a no multiplicar sus dolores al ofender a su Divino Hijo.

 

***

Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1.    “Yo concederé la paz a sus familias.”

2.    “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”

3.    “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»

4.    “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”

5.    “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”

6.    “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.

7.    “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

***

Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.

 7 Avemarías

Bendita y alabada sea la pasión y muerte

de nuestro Señor Jesucristo,

y los Dolores de su Santísima Madre

al pie de la cruz.

 

ORACIÓN

Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.

 

Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.

 

TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html

 

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.