domingo, 6 de septiembre de 2026

LA BREVEDAD DE LA VIDA Y EL PENSAMIENTO DE LA MUERTE

 


Lunes de la XV semana después de Pentecostés

DE LA BREVEDAD DE LA VIDA Y EL PENSAMIENTO DE LA MUERTE

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XV semana después de Pentecostés

DE LA BREVEDAD DE LA VIDA Y EL PENSAMIENTO DE LA MUERTE.

 

PUNTO PRIMERO. Mira cuán breve es la vida, y cuán incierto el tiempo de ella en este mozo difunto, pues cuando empezaba a vivir llegó a su fin, y la vida que recibió de Cristo le duró tan poco, que ha muchos centenares de años que está hecho polvos en una sepultura. Del vientre al túmulo, como dijo Job (1), del seno de su madre al de la madre común, que es la tierra; la vida es un viento que pasa en el aire, breve y momentánea, y la futura, eterna, que dura para siempre. Considera la ceguedad de los que atesoran en esta breve vida olvidados de la eterna, y para alcanzar en esta honras y riquezas se consumen con afanes y continuos cuidados, y no dan un paso para enriquecer en aquella con virtudes y obras de piedad y penitencia. Llora su ceguedad y escarmienta en su cabeza, y no te dejes engañar de la locura de este mundo, sino atesora para el otro riquezas eternas.

(1) Job 30.

 

PUNTO II. Considera lo que dice el Evangelio, que le llevaban a enterrar; porque, como dice san Pedro Crisólogo sobre este Evangelio, a todos nos lleva continuamente y sin parar el tiempo a la sepultura. Leyendo estás esta escritura y estás caminando hacia ella. Nuestras vidas son los ríos que nunca paran y siempre corren a la hoya profunda de la mar, que es su sepultura. Allí te vas acercando cada día de los que vas viviendo; hoy estás más cerca que ayer, y mañana estarás más cerca que hoy. El tiempo que pasó nunca volverá, como ni el agua del río tornará a correr. Saca de aquí un grande fervor para aprovechar el tiempo y ganar la eterna gloria, y no perder las ocasiones que Dios te da de obrar y merecer, ni dilatar tu aprovechamiento a lo porvenir; porque, perdida esta ocasión, podría ser que no tuvieses otra en que pudieses merecer. Y juntamente saca firmes propósitos de hacer penitencia el poco tiempo que te durare la vida, y de ejercitarte en mucha paciencia, pues con tan breves trabajos puedes ganar premios eternos; y, últimamente, saca desengaños de lo poco que todo dura, para despreciar lo temporal y codiciar lo eterno.

 

PUNTO III. Considera lo que dice san Pablo, que la muerte es estipendio y como gajes del pecado (1); y lo que dice a los de Corinto (2), que el pecado es el acicate de la muerte, y espuela que la hace caminar a largos pasos y venir más presto a los pecadores de lo que había de llegar si no se entregaran a sus vicios y fueran del bando de la virtud. ¡Oh cuántos mueren en medio de sus días y en la flor de su edad, como este, por haberse dado a vicios, los cuales vivieran largos años si se dieran a la virtud! Vuelve los ojos a los que has conocido en el discurso de tu vida, y llora su desgracia, como lloraba esta madre la muerte de su hijo, y saca de aquí escarmiento para no abreviar tu vida con los vicios, sino antes huir de ellos, así por la muerte temporal como mucho más por la eterna, que si es amargo el trago de la muerte del cuerpo, mucho más es el del alma. Cuida de esta en primer lugar, y Dios te dará esta y esotra.

(1)          Ad Rom. 6.

(2)          (2) 1 Cor. 15, 56.

 

PUNTO IV. Considera cómo se movió Cristo a piedad de la madre que lloraba a su hijo difunto, y con la benignidad y misericordia con que la dijo que no llorase, consolándola en su amargura y desterrando su tristeza con palabras de vida, dándole a su hijo difunto. ¡Oh dulcísimo Jesús! Bendito seáis por la piedad que usáis con todos los afligidos. Pues a todos consoláis, no me dejéis a mí sin alivio. Hablad una palabra a mi alma, y luego cobrará vida. Saca de aquí compadecerte de los afligidos, y consolar a los tristes, y tener piedad de todos a ejemplo de Cristo; y aprende en quién está el verdadero consuelo, no en las criaturas sino en el Criador; y llama a sus puertas siempre que te hallares desconsolado, y hallarás alivio, consuelo y alegría verdadera para tu espíritu.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.