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lunes, 31 de agosto de 2026

1. DEBEMOS DAR BUEN EJEMPLO. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DIA 1

DEBEMOS DAR BUEN EJEMPLO

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 1

DEBEMOS DAR BUEN EJEMPLO

Una de las mayores mortificaciones que encuentra el justo en el camino de la perfección es tener que vivir entre los hombres y satisfacer sus juicios y pareceres. Aunque en todas nuestras obras hemos de buscar principalmente a Dios y su mayor honra, también tenemos obligación de ayudar a los hombres y de procurar su edificación, siempre que esto no contradiga la ley de Dios.

Cristo nos manda que nuestra luz resplandezca delante de los hombres, para que, viendo nuestras buenas obras, glorifiquen al Padre celestial. Sin embargo, los juicios de los hombres son limitados y sus gustos muy diferentes. Unos alabarán nuestras obras, otros las criticarán y otros las despreciarán. Así sucedió también con Cristo: unos lo alababan, otros lo vituperaban y otros lo perseguían.

Por eso, el justo no debe inquietarse demasiado por lo que el mundo diga de él. Cada árbol da su fruto según su especie: el naranjo da naranjas agrias y la palma dátiles dulces. No puede cada árbol acomodar su fruto al gusto de todos. Lo importante es que dé el fruto que Dios le ha concedido.

De la misma manera, el justo debe obrar sencilla y fielmente según la gracia que ha recibido. No toda el agua que derraman las nubes aprovecha, ni toda la luz del sol es recibida de la misma manera. Hay hombres que, por sus propios prejuicios y malas disposiciones, convierten en amargo lo que se les ofrece para su bien.

Así lo hizo Cristo muchas veces. Cuando quisieron apedrearlo, pasó por medio de ellos y siguió su camino. El siervo de Dios ha de aprender también a no detenerse ante las piedras que le arrojan las lenguas de los hombres. Debe hacer con prudencia lo que esté de su parte y después confiar en Dios, que sabe defender al justo y hacer callar a los malvados.

Satanás procura servirse precisamente de los juicios y opiniones de los hombres para apartarnos de Dios. Puede hacernos trabajar tanto por conservar nuestro buen nombre y satisfacer a todos, que terminemos sin fuerzas para atender a Dios y a nuestra propia alma.

Por eso hemos de dar al mundo lo que verdaderamente le debemos: nuestro buen ejemplo, nuestras palabras santas y una vida ordenada y caritativa. Pero debemos darlo sin perder por ello el recogimiento y la unión con Dios. Si el prójimo se encuentra en verdadera necesidad espiritual y no hay otro que pueda ayudarle, entonces debemos dejar incluso nuestros ejercicios ordinarios para acudir en su auxilio. Esto no es abandonar a Dios, sino dejar a Dios por Dios.

La verdadera caridad sabe distinguir cuándo debemos recogernos con Dios y cuándo debemos salir de nosotros mismos para ayudar al prójimo.

 

JACULATORIA: “Ad maiorem Dei gloriam.”  “Todo a mayor gloria de Dios.”

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.