DÍA 16
DOLOR DEL CORAZÓN DE MARÍA
CUANDO PERDIÓ AL NIÑO JESÚS EN JERUSALÉN
EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA 16
DOLOR DEL CORAZÓN DE MARÍA
CUANDO PERDIÓ AL NIÑO JESÚS EN JERUSALÉN
Considera cuán terrible fue el golpe que hirió el Corazón de María en el momento en que advirtió la desaparición de su amado Hijo, a quien había tenido siempre a su lado y de quien no se había separado ni un solo instante desde su nacimiento.
Considera cuán profundo fue el desgarramiento que sufrió su Corazón durante los tres días en que lo buscó inútilmente por todas partes, de día y de noche, sumida en la más grande desolación.
«Su dolor —dice Orígenes— fue inmenso, porque inmenso era su amor. Al verse separada de su Hijo, sufrió mucho más de lo que puede sufrir cualquier mártir al separarse su alma de su cuerpo.»
Tan grande fue este dolor que María no pudo guardarlo encerrado en su corazón ni dejar de manifestarlo cuando finalmente encontró a su Hijo, expresándolo con esta amorosa queja: «Hijo mío, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.»
María no había perdido a su divino Hijo por culpa suya, y, sin embargo, su dolor fue tan intenso.
¿Y nosotros? ¿No hemos perdido alguna vez a Jesús por nuestra propia culpa?
Cuando se comete un pecado mortal, se pierde su gracia, su amistad y uno se separa de Él.
¡Qué separación tan terrible!
¡Oh Jesús mío!, mis pecados me han separado demasiadas veces de Vos. ¡Ah!, que vuestra misericordia me acerque nuevamente a Vos en este día y que quede unido a Vos para no separarme jamás durante toda la eternidad.
ORACIÓN
¡Oh, María! ¡Qué dolorosos sentimientos debieron agitar tu corazón durante los tres días en que el divino Niño estuvo lejos de ti! Sería necesario comprender la ternura y el amor que sentías por ese amado Hijo para poder participar del dolor y de la pena interior que te causó aquella pérdida. Haz, ¡oh Madre mía!, que, al meditar este misterio, me avergüence de haber sido tan poco sensible a una pérdida infinitamente más grave, la que el pecado causa a mi alma: la pérdida de la gracia, de la amistad y del favor de mi Dios. Que las lágrimas que derramo a los pies de tus altares me alcancen el perdón de mis pecados y la gracia divina. Esto es lo que espero de tu protección, ¡oh Madre de misericordia, refugio de los pecadores! Amén.
FLOR. Hacer con frecuencia actos de contrición.
FRUTO. Conservar con el mayor cuidado la gracia divina y, si se ha tenido la desgracia de perderla, hacer todo lo posible por recuperarla, acudiendo al sacramento de la confesión.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN
AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.
¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.
Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.
Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.
Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.
En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.
Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.
ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.
Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores
A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:
- Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
- Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
- la Natividad de la Santísima Virgen María,
- la Asunción de la Santísima Virgen,
- y la fiesta del Santísimo Corazón de María,
con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.
- Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
- Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.