viernes, 14 de agosto de 2026

DEL BENEFICIO DE LA VOCACIÓN A LA FE DE CRISTO.

 


Sábado de la XI semana después de Pentecostés.

DEL BENEFICIO DE LA VOCACIÓN A LA FE DE CRISTO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

                      

Sábado de la XI semana después de Pentecostés.

DEL BENEFICIO DE LA VOCACIÓN A LA FE DE CRISTO.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la grandeza de este beneficio, y que es la raíz y el fundamento de los demás y de tu salvación; porque sin la fe, como dice san Pablo, es imposible agradar a Dios, ni hacer obras meritorias de la vida eterna, ni tener parte en el cielo.

Acuérdate del diluvio universal que anegó todo el mundo, excepto ocho personas que se salvaron en el arca de Noé, la cual fue símbolo de la Iglesia y de la fe de Jesucristo, en la cual hay salvación, y fuera de ella perecen en las aguas de la infidelidad los que se quedan en ellas.

Reconoce lo que debes a Dios por este beneficio de traerte a su Iglesia y darte su fe y conocimiento para remedio de tu alma.

 

PUNTO II. Considera la infinidad de almas que Dios dejó en las tinieblas de la infidelidad, y muchas que, si las llamara a su fe, le sirvieran mejor que tú.

Y, conociendo Dios tu ingratitud, te llamó y te trajo a su conocimiento por su infinita bondad, y te encaminó al cielo, dejando caer en el abismo del infierno a infinitas almas que padecen allá.

Reconoce la grandeza de este beneficio y que son sin comparación muchos más los que dejó en la infidelidad que los que trajo a la luz de su fe; como fueron muchos más los que perecieron en el diluvio que los que se salvaron en el arca de Noé.

Piensa y medita qué favor fue este tan grande: ser tú uno de tan pocos y no entrar en el número de tantos.

Mira qué infinidad de pecados hubieras cometido si Dios te hubiera criado en tierras de gentiles, de moros o de herejes, rendidos a sus apetitos y ciegos con sus errores; y dale infinitas gracias por la merced que te hizo, y piensa cómo y en qué se la has de agradecer y servir.

 

PUNTO III. Considera cómo, añadiendo mercedes a mercedes, te crió en el corazón de la Iglesia de padres buenos, píos y católicos, que te enseñasen su santa fe y te educasen en buenas costumbres.

Y también te ha dado buenos maestros que te enseñen, y buenos predicadores que te alumbren con su santa doctrina, y muchos y santos libros que te guíen y den luz para caminar al cielo; y, además de esto, muchas y santas inspiraciones, y, últimamente, su gracia que te fortifique en su santa fe.

Contempla todos estos beneficios, que son singulares en ti, pues carecen de ellos muchos cristianos; y ríndele al Señor las debidas gracias por tanto número de mercedes, y pídele que te haga otra de nuevo, dándote su gracia para agradecerlas como debes.

 

PUNTO IV. Considera los sacramentos que te ha dado en su Iglesia para firmeza de su fe y medicinas de tu alma; y pondera despacio la cuenta que te ha de pedir de todo esto, y cuál la dieras ahora si te citara a juicio.

Piensa uno por uno cómo te has aprovechado de todos estos beneficios, y cuánto más le hubiera servido cualquier infiel si los hubiera recibido de la mano de Dios.

Duélete de tu ingratitud y empieza desde hoy a servir con fervor a quien tantas mercedes te ha hecho, pidiéndole con lágrimas perdón de la ingratitud pasada y proponiendo con firmeza la enmienda en lo porvenir.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.