lunes, 3 de agosto de 2026

DE LA CONDENACIÓN DEL FARISEO Y LAS CAUSAS DE ELLA.

 


Martes de la X semana después de Pentecostés.

DE LA CONDENACIÓN DEL FARISEO

Y LAS CAUSAS DE ELLA.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la X semana después de Pentecostés.

DE LA CONDENACIÓN DEL FARISEO

Y LAS CAUSAS DE ELLA.

 

PUNTO PRIMERO. Considera, para bien de tu alma, las causas de la condenación de este fariseo, religioso de aquel tiempo; de las cuales la primera fue, como dice Teofilato, la soberbia, no solamente en el corazón, estimándose a sí y desestimando a los otros, como dijimos, sino subiéndose a lo más alto del templo, junto al altar, como muy favorecido de Dios, y estando en pie y no de rodillas, con altivez e hinchazón nacida de la presunción de su alma.

Esta fue la primera raíz de su perdición. Mete la mano en tu pecho y mira si la tienes; arráncala, y pídele a Dios que no te deje caer en esta presunción interior y exterior en que cayó este fariseo.

 

PUNTO II. La segunda causa fue la que dice san Lucas: porque oraba a sí mismo: apud se orabat, no a Dios; porque, como dice san Basilio, citado por santo Tomás, no oraba ni alababa a Dios, sino a sí mismo, haciendo alarde de sus buenas obras, atribuyéndolas a sus fuerzas y no a la gracia del Señor; y esto no solo con el corazón, sino con la voz exterior tan alta, que todos la oían; y, como dice san Juan Crisóstomo, la oyó el publicano que estaba en lo último del templo.

Todo lo cual dio en rostro a la majestad de Dios y fue causa de arrojarle de su presencia y hacerle caer en su desgracia.

Escarmienta en su cabeza y aprende a bendecir a Dios de todo tu corazón, con el alma y con el cuerpo; a encubrir tus buenas obras y no hacer alarde de ellas, reconociéndolas todas por mercedes del Señor.

(1) Basil. apud S. Thom., in Caten.

 

PUNTO III. La tercera causa de su condenación fue porque, dado que hiciese buenas obras, tuvo mala intención de ganar con ellas el aplauso popular y la opinión de santo y justo, y no de servir y glorificar a solo Dios; y la mala intención es un gusano que taladra el corazón de los cedros más altos y desustancia las obras más santas y de más subido valor.

Saca de aquí enderezar tu intención en todas tus obras a Dios, no pretendiendo en ellas más que su mayor gloria y servicio, porque no las pierdas y te pierdas como este desvanecido fariseo.

 

PUNTO IV. La cuarta razón, dice san Agustín, fue porque condenó a todos los hombres del mundo fuera de sí; eso, dice el santo, significan aquellas palabras: non sum sicut cæteri hominum; no soy como todos los demás hombres, sin exceptuar alguno, prefiriéndose a todos los hombres del mundo y, señaladamente, al publicano que oraba juntamente con él.

Y, como dijo san Juan Crisóstomo, murmuró de todos, así presentes como ausentes, motejándolos de adúlteros, ladrones, injustos y pecadores, para que, a vista de sus maldades, campeasen más sus obras; en que declaró el veneno que tenía en su pecho, porque el justo dice mal de sí y bien de todos.

¡Oh alma mía!, no caigas en el despeñadero en que ves caer a los otros; apártate del camino que los lleva a la perdición; saca de sus caídas escarmientos, y di bien de todos y mal de ti misma, juzgando a todos por buenos y a ti sola por mala y pecadora, como lo eres en los ojos de Dios.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.