DÍA 19
EL CORAZÓN DE MARÍA ES UN TESORO DE ENSEÑANZA PARA LOS FIELES
EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA 19
EL CORAZÓN DE MARÍA ES UN TESORO DE ENSEÑANZA PARA LOS FIELES
Considera cómo el tesoro del Corazón de María fue abierto para la saludable instrucción de los fieles.
Todo cuanto María aprendió durante treinta y tres años en la escuela de su Hijo, incluso en la intimidad de la vida cotidiana, lo comunicó a los Apóstoles, a los Evangelistas y a los primeros discípulos —como refieren los Santos Padres y como se desprende del Evangelio de san Lucas—, para que los misterios del Hijo llegaran hasta nosotros y a toda la Iglesia, y fueran transmitidos a todos los cristianos hasta el fin de los siglos.
Nadie, como ella, podía conocer todo lo que había sucedido secretamente en su seno durante la Encarnación del Verbo por obra del Espíritu Santo; ni lo que ocurrió en el interior de su humilde casa, en Belén y durante toda la vida terrena de Jesucristo. Nadie permaneció tan constantemente junto a Él ni vivió con Él una intimidad tan profunda.
Más que ninguna otra persona —dice san Bernardo—, fue enriquecida por su divino Hijo con dones extraordinarios para penetrar los misterios del cielo y los secretos de la doctrina del divino Redentor.
Por ello, a ella debemos cuanto hay de más hermoso y sublime en las enseñanzas que los Evangelistas y los Apóstoles nos dejaron por escrito o transmitieron de viva voz a la Iglesia.
Así, no solo podemos decir a María: «Muchas hijas reunieron riquezas, pero tú las superaste a todas.» Sino que ella misma puede decirnos con las palabras de la Sabiduría, que la Iglesia aplica a la Santísima Virgen: «En mí están las riquezas; enriqueceré a los que me aman y llenaré sus tesoros.»
¡Desgraciado y verdaderamente pobre quien no ama a María, esa Madre que tanto amó y ama a Dios, su Hijo!
¡Feliz y bienaventurado quien ama a María! Ese será verdaderamente rico.
Su inteligencia recibirá, por medio de comunicaciones celestiales, los conocimientos más sublimes, y su corazón obtendrá las gracias necesarias para hacer buen uso de ellos.
Preguntémonos ahora: ¿Somos felices o desgraciados? ¿Somos ricos o pobres? ¿Somos, en verdad, hijos de María?
¡Oh Madre tiernísima!, desde este momento me postro a vuestros pies y os ofrezco mi corazón, suplicándoos que lo aceptéis. Os lo dedico y os lo consagro, para que desde hoy os ame tanto cuanto poco os ha amado hasta ahora. Derramad sobre él vuestras bendiciones y enriquecedlo con vuestras gracias.
ORACIÓN
¡Oh María, Reina de los Apóstoles y de los Doctores de la Iglesia, tú que a todos ellos superaste por el fervor de tu celo en procurar la gloria de Dios!, haz que, animado por ese mismo celo, lo glorifique con todas las acciones de mi vida y que, aprovechando todas las ocasiones, contribuya también a que los demás lo glorifiquen. Te suplico que me alcances una chispa de ese fuego sagrado que consumía tu corazón por la gloria de tu divino Hijo, e intercede por mí para que pueda vivir y morir como uno de sus verdaderos discípulos. Amén.
FLOR. Repetir con frecuencia durante este día: «Santa María, Trono de la Sabiduría, rogad por mí.»
FRUTO. Cultivar un amor verdaderamente filial hacia María.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN
AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.
¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.
Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.
Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.
Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.
En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.
Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.
ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.
Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores
A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:
- Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
- Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
- la Natividad de la Santísima Virgen María,
- la Asunción de la Santísima Virgen,
- y la fiesta del Santísimo Corazón de María,
con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.
- Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
- Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.