viernes, 14 de agosto de 2026

DÍA 15. LOS SUFRIMIENTOS DEL CORAZÓN DE MARÍA EN EGIPTO. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 15

LOS SUFRIMIENTOS DEL CORAZÓN

DE MARÍA EN EGIPTO

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA 15

LOS SUFRIMIENTOS DEL CORAZÓN

DE MARÍA EN EGIPTO

 

Considera, alma fiel, los sufrimientos que experimentó el Corazón maternal de María durante su estancia en la tierra de Egipto.

José y María carecían de lo necesario para vivir. Se veían obligados a pagar un alto precio por el alojamiento y el alimento; trabajaban sin descanso desde la mañana hasta la noche y, sin embargo, apenas recibían un modesto salario de parte de los habitantes impíos y avaros de aquella tierra extranjera.

¡Cuánto sufría su corazón al ver que Jesús debía compartir una pobreza tan grande; habitar con ellos en una humilde casa; vestir, como ellos, pobres vestidos; y contentarse con un alimento tan escaso durante todo el tiempo de su permanencia en Egipto, prolongada hasta la muerte de Herodes!

¿Quién podría imaginar o expresar el dolor que sentían por no poder procurar un mayor bienestar a su amado Niño?

¿Y nosotros? ¿Cómo tratamos a Jesús en la persona de los pobres? Lo que hacemos a los pobres, se lo hacemos al mismo Cristo. Él mismo lo ha dicho, y la fe nos manda creerlo.

¡Ay!, quizá tengamos para con ellos el corazón duro de los egipcios y no el corazón de hermanos de Jesús e hijos de María, pues sus necesidades no nos mueven siquiera a socorrerlos con aquello que nos sobra.

¡Oh dulce Jesús!, dadme un corazón lleno de compasión y de misericordia, y haced que, en la persona de vuestros pobres, que son también mis hermanos, nunca os deje padecer hambre ni sed, ni sufrir el frío por falta de vestido.

 

ORACIÓN

Quiero, ¡oh Madre mía!, compartir como buen hijo los sufrimientos de toda clase que padeciste durante tu largo destierro en Egipto; y, como no puedo hacerlo mejor que aliviando, por todos los medios a mi alcance, a los miembros sufrientes de tu divino Hijo, es decir, a los pobres, a los afligidos y a los enfermos, te suplico encarecidamente que me alcances la gracia de crecer cada día en la caridad y en el amor al prójimo, evitando todo lo que pueda perjudicarle y haciendo todo cuanto pueda serle útil, tanto en el orden espiritual como en el temporal. Amén.

 

FLOR. Hacer hoy alguna limosna por amor a Jesús, a José y a María.

 

FRUTO. Ejercitar la caridad con las personas que se encuentran en necesidad.

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.