DÍA 14
LA SOLICITUD MATERNAL DEL CORAZÓN DE MARÍA DURANTE LA HUIDA A EGIPTO
EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA 14
LA SOLICITUD MATERNAL DEL CORAZÓN DE MARÍA DURANTE LA HUIDA A EGIPTO
Considera la inquietud, la agitación y la ansiedad del Corazón de la divina Madre cuando recibe del cielo la orden inesperada de levantarse en plena noche, tomar en sus brazos al Niño Jesús y huir apresuradamente a Egipto para salvarlo de la furia de quienes buscaban darle muerte.
Agar, al ver que su hijo estaba a punto de morir de sed, solo pensó en apartarse para no tener el dolor de verlo expirar ante sus ojos.
Así obra una madre según la naturaleza: por grande que sea su amor, busca siempre algún alivio para su propio dolor.
Con María sucede todo lo contrario. Ella se olvida completamente de sí misma para ocuparse únicamente de su amado Hijo. Lo estrecha contra sus brazos y contra su pecho; lo cubre y protege lo mejor que puede; avanza apresuradamente, llena de inquietud y con el corazón palpitante, por los caminos menos transitados, sin pensar en el cansancio ni en los sufrimientos, sino únicamente en librar a su querido Niño de los peligros que lo amenazan mediante su constante vigilancia.
Y tú, José, compañero de María, custodio fiel y providente apoyo de la Sagrada Familia, que fuiste testigo de sus cuidados y de sus angustias, y que compartiste con ella aquellos sufrimientos, solo tú puedes comprender plenamente la intensidad de aquellos desvelos.
¡Cuántos, por el contrario, imitan a Herodes buscando a Jesús únicamente para darle muerte! Así obran todos aquellos que buscan voluntariamente las ocasiones de pecado, pues con sus pecados vuelven a dar muerte a Jesús en sus corazones.
¡Oh Jesús mío!, ¡cuántas veces, en lugar de huir cuidadosamente de las ocasiones de pecado para no ofenderos, he ido yo mismo a buscarlas con ligereza!
Os suplico que me perdonéis, por los amorosos cuidados que vuestra divina Madre tuvo entonces para protegeros. Desde hoy procuraré poner toda mi atención en evitar las ocasiones próximas de ofenderos.
ORACIÓN
¡Oh María!, a quien veo siempre y en todas partes tan valerosa y tan llena de fortaleza, te suplico que infundas en mi corazón un valor capaz de hacerme sobrellevar las contrariedades y las aflicciones inseparables de esta vida. Sé para mí, en las tempestades y tormentas de este mundo, mi apoyo, mi sostén y mi esperanza, para que, a ejemplo tuyo, permaneciendo fiel en aceptar las pruebas que la Providencia disponga para mi salvación, esté siempre sometido a la voluntad divina y nunca deje de amar a Dios, aun cuando Él permita que me vea en el sufrimiento o en la adversidad. Amén.
FLOR. Visitar una iglesia dedicada a la Santísima Virgen María.
FRUTO. Tener el mayor cuidado en huir del peligro y de las ocasiones próximas de pecado.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN
AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.
¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.
Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.
Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.
Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.
En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.
Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.
ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.
Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores
A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:
- Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
- Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
- la Natividad de la Santísima Virgen María,
- la Asunción de la Santísima Virgen,
- y la fiesta del Santísimo Corazón de María,
con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.
- Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
- Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.