miércoles, 5 de agosto de 2026

NOVENA A MARÍA SANTÍSIMA DEL SAGRARIO PATRONA DE ESTA IMPERIAL CIUDAD DE TOLEDO EN EL PLAUSIBLE MISTERIO DE SU GLORIOSA ASUNCIÓN

 


NOVENA A

MARÍA SANTÍSIMA

DEL SAGRARIO

Patrona de esta Imperial Ciudad de Toledo

en el plausible misterio de su gloriosa Asunción

Cuya sagrada y milagrosa imagen se venera en su magnífica y suntuosa capilla de la Santa Iglesia Catedral Primada de las Españas.

 

INDULGENCIA

El Ilmo. Sr. Obispo de Adra, Auxiliar de Toledo, concede 40 días de indulgencia a los que devotamente hicieren esta novena, y en cada uno de los días que la hagan; y otros 10 días a los que comulgasen durante dicha novena y rezasen un Avemaría delante de tan prodigiosa Imagen, pidiendo a Dios por las necesidades de la Santa Iglesia y del Estado.

 

INTRODUCCIÓN

Siendo el misterio de la Asunción de María Santísima el complemento de todas sus festividades y, como dice San Pedro Damiano, uno de los más célebres días del año, por ser el día en que la Santísima Virgen, digna por su nacimiento del Trono Real, fue elevada por la Santísima Trinidad hasta el trono del mismo Dios y colocada junto a la adorable Trinidad, que arrebata a sí los ojos y la admiración de los ángeles; si San Bernardo no halla reparo en decir que la Asunción de María Santísima es tan inefable como la generación de Jesucristo; que tenemos en el Cielo una Reina que al mismo tiempo es nuestra Madre, una medianera todopoderosa con el Soberano Mediador y una Abogada con el Redentor, a quien ninguna gracia le puede negar; si San Agustín la llama única esperanza de los pecadores, y afirma que toda la esperanza, gracia y salud que tenemos nos viene por la intercesión y el valimiento de María; y, por otra parte, es tan notoria como plausible la profunda veneración y el amor entrañable que esta Imperial Ciudad de Toledo profesa a su amantísima patrona, María Santísima del Sagrario, cuya preciosa y sagrada imagen se venera en su suntuosa capilla de la Santa Iglesia Catedral Primada de las Españas, y cuya principal festividad es el misterio de su gloriosa Asunción, que se celebra anualmente con una solemnísima octava, justo será, y al mismo tiempo de gran provecho para las almas, dedicar a tan prodigiosa imagen esta devota novena.

Sumamente afligida y consternada esta ciudad por el terrible azote de la peste, se invoca por esta novena su poderosa protección para que desaparezca enteramente de esta ciudad y de toda España tan mortífero y espantoso mal, así como toda calamidad.

Para hacer con fruto esta novena es indispensable purificar la conciencia, porque no puede ser grato a la Madre quien se halla infelizmente en desgracia de su Hijo; pero, como Madre de pecadores, no se desdeñará de recibir al que llegue manchado con ánimo de conseguir, por tan eficaz medio, hacer una buena confesión.

En todo tiempo puede hacerse esta novena, pero el más a propósito es empezarla el día 14 de agosto, víspera de la Asunción, para concluirla el día 22, confesando y comulgando en cualquiera de los días de su octava para ganar el jubileo que está concedido por visitar su suntuosa capilla el día de la Asunción o cualquiera otro de su plausible octava.

Se propone cada día una virtud en la que María Santísima resplandeció de manera especial en su glorioso Tránsito, para que cada uno procure ejercitarla durante aquella jornada y, además, todas cuantas obras meritorias pueda realizar en honor y obsequio de esta Señora.

***

ORACIONES PARA COMENZAR Y FINALIZAR
EL REZO DE LA NOVENA

 

Puesta de rodillas la persona que ha de hacer la novena delante de la sagrada y prodigiosa imagen de María Santísima del Sagrario, y, si no pudiere ir a la Catedral, delante de alguna estampa de esta Señora, con la más profunda humildad y reverencia, se persignará y, avivando la fe de que se halla en la presencia de Dios, levantará a su Divina Majestad el corazón diciendo la oración siguiente:


Por la señal de la santa Cruz…

 

ACTO DE CONTRICCIÓN:  Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo creo todos y cada uno de los misterios que a tu Iglesia has revelado; temo, Señor, tu justicia, que he provocado con mis culpas, y conozco que merece mi ingratitud el infierno; pero espero en tu infinita misericordia que me has de perdonar por tu Pasión amarguísima.

De todo corazón me pesa de haberte ofendido; aborrezco con toda mi alma mis pecados y propongo la enmienda, ayudado de tu gracia.

Yo te amo, Bondad suma. Dadme para amaros una caridad perfecta. Os ofrezco, Señor, cuanto bueno pueda hacer y, para que os sea grato este novenario, ayúdeme tu piedad inmensa y sea en obsequio de vuestra Madre amantísima. Amén.

 

Se lee la consideración propia de cada día. Después de pedir la gracia que se desea alcanzar se añade:  

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Dulcísima Virgen María, en cuya hermosa imagen contemplo algo de lo mucho que en Ti admiran los ángeles y demás habitantes del Cielo, siendo la hermosura de tu santísima alma y de tu purísimo cuerpo milagros tan grandes que obró, para honor suyo y tuyo, la diestra del Altísimo; concédeme, Señora, que, anhelando por ver la infinita perfección de mi Dios, que llena sin causar hastío a los bienaventurados por toda la eternidad, y la tuya, que causa en todos una nueva gloria accidental, aparte mi corazón de cuanto hermoso y deleitable hay en la tierra.

Cuando llegue mi muerte, me he de separar de todo lo caduco; pues desde ahora ponga mi atención solo en lo que es eterno. Y para que lo consiga, asistidme por vuestro dichoso Tránsito en aquella hora, que, con tan poderosa Abogada, espero lograr la perpetua y verdadera felicidad en la gloria. Amén.

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve.

A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Bendito y Alabado sea

el Santísimo Sacramento del Altar,

sea por siempre bendito y alabado.

 

Bendita y alabada sea la gloriosa Asunción

de la Virgen Santísima en cuerpo y alma a los cielos, sea por siempre bendita y alabada.

 

Nuestra Señora, Virgen del Sagrario,

ruega por nosotros. (x3)

 

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

***

 

DÍA PRIMERO

Desnudez de corazón

Después de la Ascensión de Cristo quedó María Santísima por Maestra de la Iglesia, en la que trabajó mucho y por muchos años; pero, como todo se acaba en esta vida, hoy fue llamada al premio eterno en la otra, para enseñarte la desnudez de corazón entre los bienes aparentes del mundo.

A la hora de tu muerte te hallarás con el mérito de tus obras, si fueron buenas, sin que te fatigue el trabajo que tuviste en ejecutarlas; y con el cargo, si fueron malas, convertido en pesar el deleite que te incitó a cometerlas.

Pues considera ahora lo que entonces te ha de suceder y, a imitación de esta Señora, elige la mejor parte y aquello que te puede hacer feliz para siempre.

 

Oración para este día

Prudentísima Maestra de la Iglesia, sedlo mía y dignaos, Señora, enseñarme a elegir lo que pueda ayudarme para el logro de la eterna felicidad.

Dirigidme, Virgen Purísima, para que aprenda de Vos el desprecio de todo lo que el tiempo me ha de quitar y el precio de los bienes verdaderos, cuyo premio son los perpetuos gozos. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

DÍA SEGUNDO

Devoción a los Santos

Conducidos los Apóstoles y discípulos a Jerusalén por ministerio de los ángeles, asistieron al Tránsito de Nuestra Señora y al entierro de su virginal cuerpo, concediéndole su Santísimo Hijo este consuelo que le había pedido su preciosa Madre: entregar su purísimo espíritu en presencia de sus ministros y sacerdotes.

¡Qué dicha sería para ti morir con asistencia tan deseable y presentarse tu alma al tribunal divino con intercesores tan poderosos! Pues, para lograr su patrocinio en aquella hora, debes tenerles especial devoción mientras te dure la vida y venerarlos a imitación de María Santísima, para conseguir que te sean propicios en un negocio que es el único que te importa, porque de aquel momento pende tu dicha o desdicha para siempre.

 

Oración para este día

Piadosísima Virgen, en cuyo feliz Tránsito se hallaron los Apóstoles y discípulos, por disposición del Cielo, para daros, Señora, este religioso consuelo; yo os suplico me alcancéis de la Divina Majestad que, dedicándome en vida a venerar con especial culto a los Santos y escogidos suyos, logre en la muerte su poderoso patrocinio, para que, presentada mi alma en el tremendo juicio con tan eficaces abogados, consiga la dicha de tenerlos en la gloria por compañeros. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

DÍA TERCERO

Castidad

En los tres días que estuvo el virginal cuerpo de María Santísima en el sepulcro, no cesó la música celestial de los ángeles destinados para su custodia, pues, como fue su pureza más que angélica, debían y querían los sagrados espíritus hacerle compañía.

Como eres tan carnal y sensible, ¡qué lejos estás de las cosas espirituales! Si quieres que los ángeles te acompañen en muerte y en vida, conserva, ayudado de la gracia, la mayor pureza. Imita a los ángeles, procurando la limpieza de alma y cuerpo; porque, si te manchas con la culpa, siendo templo de Dios, debes temer la compañía de los demonios por toda la eternidad.

 

Oración para este día

Purísima Virgen, que, preservada de toda culpa, fuiste maestra y ejemplar de la mayor pureza; por tu Inmaculada Concepción y tu perpetua virginidad, humildemente te pido me alcances la limpieza de alma y cuerpo, para que, mereciendo ser templo de Dios, le alabe con los ángeles en el de la gloria, adonde para siempre logre tan dichosa compañía. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

DÍA CUARTO

HUMILDAD

Como los Apóstoles concurrían al sepulcro con frecuencia, advirtieron que el cántico de los ángeles había cesado a los tres días, infiriendo la resurrección de María, en la que se certificaron más cuando, al abrir el sepulcro para que el apóstol Santo Tomás, que por disposición divina llegó después, adorase el virginal cuerpo, no le hallaron; juzgando todos que al Señor, que agradó tomar carne en sus purísimas entrañas, complació resucitarla antes de la resurrección general, para que la que, siendo Madre, se humilló a esclava, fuese en alma y cuerpo coronada por universal Reina, dándote este documento del premio de los humildes y enseñándote que, para ser grande en el reino de los cielos, es preciso que te hagas pequeño mientras estés en el mundo.

 

Oración para este día

Altísima Emperatriz del cielo y tierra, Augusta Reina de ángeles y hombres, que mereciste la mayor exaltación como dechado de humildad; a tus pies recurro, Señora, para lograr por tu intercesión la verdadera humildad. Tú, siendo Madre de Dios y la mejor de las criaturas, te confesaste esclava; y yo, que al verme pecador debía confundirme de cuanto hay en mí, estoy poseído de soberbia y vanidad. Enseñadme a ser pequeño y humilde, para que merezca subir adonde todos son grandes. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas

DÍA QUINTO

PACIENCIA

Considera el gozo sumo de la Madre al ver a su Hijo glorioso, en premio de lo que padeció al verle crucificado. Ya se pasaron aquellas penas y ahora se siguen las perpetuas glorias. Ni María, siendo la más pura, fue exenta de padecer, para enseñarte el camino del gozo. Sufre las adversidades; ten paciencia en las tribulaciones, que, a medida de tu resignación y sufrimiento, será la corona que se labra a repetidos golpes de un martillo.

 

Oración para este día

Pacientísima Madre y resignada Virgen, que al pie de la Cruz y en el tiempo de la Pasión sufriste en el corazón el mayor martirio, por el que ahora, en recompensa, estás llena del eterno e inexplicable gozo; enseñadme, Señora, a tener paciencia en los trabajos, enfermedades y disgustos que tengo merecidos por mis pecados, para que, satisfaciendo así la pena que debo a la Divina Justicia, por tu intercesión consiga ser tratado en la hora de mi muerte con misericordia. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

DÍA SEXTO

FE VIVA

Considera que, elevada María Santísima al trono de la gloria, goza más que todos los bienaventurados, logrando ver los resplandores de la Divinidad más de cerca que ninguno. Consumada aquella gran fe que elogió en Nuestra Señora Santa Isabel, tiene por premio la visión beatífica con la mayor claridad, para animar tu fe con la grande recompensa de ver a Dios; pero advierte que los demonios creen y tiemblan, sin esperar premio, y tú quedarás también sin él si tu fe no fuere viva. No contradigan tus obras la religión que profesas, y mira que no entran en el Cielo los que a Dios llaman Señor, si no mueren en la observancia de su ley.

Oración para este día

Bienaventurada Virgen, que creíste cuanto el Señor se dignó manifestarte, y en premio de tu fe viva gozas de la vista del Divino Sol, participando más que toda criatura de su inaccesible luz; enseñadme, Señora, a que mi fe no se quede en las palabras, sino que, acompañada de las buenas obras, tenga por premio ver a Dios y vuestra gloriosa hermosura para siempre.

Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

SÉPTIMO DÍA

ESPERANZA

Contempla ya premiada la firmísima esperanza de María con la posesión del Sumo Bien. Ni los trabajos que padeció en la peregrinación a Egipto, ni los desamparos tan indecibles que sufrió en el Calvario y en la sepultura de Cristo pudieron hacer titubear aquel corazón magnánimo, pues, dejándose llevar de la Providencia, permaneció inmutable por la fuerza de su esperanza.

¿Cómo es la tuya? ¿Va acompañada de congojas, solícita por los bienes temporales que temes te falten, sin los ardientes y debidos deseos por el bien que tiene Dios preparado a los que le sirven? Pues teme con razón que estás lejos de conseguirle; enmienda tu vida para tener sólidos fundamentos de esperarlo, y válete del patrocinio de María para lograr la posesión del bien que ella goza.

 

Oración para este día

Gloriosa Virgen y dichosa Madre, cuya firme esperanza tiene por premio la posesión de la gloria, y que, llena de los mayores gozos, tienes por tuyo al Señor, que fue el blanco de tus deseos y cuidados: ruega por mí a la Divina Majestad para que me libre del naufragio de la desesperación y me aparte del escollo de la temeridad.

Al bien que gozas, Señora, aspiro; y así, por tu intercesión, consiga navegar en el piélago de esta vida con el debido temor y la más firme esperanza, para que tome puerto feliz en la otra. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

DÍA OCTAVO

CARIDAD

Aquella ardiente caridad en que la amantísima Esposa del Divino Espíritu se abrasaba fue la única enfermedad que le quitó la vida. Murió de amor del Cielo la que vivió amando a Dios en la tierra.

Ya depuso los impedimentos de la mortalidad, que sirven de embarazo para la estrecha unión con Dios. Ya goza presente, y como propio, al que es, fue y será objeto dulce de sus eternos cariños.

¡Qué lejos estás de imitar este incendio! Como derramas tu corazón por los sentidos y pones tus afectos en las cosas de la tierra, estás muy tibio en amar a Dios y en apetecer los bienes que hay en el Cielo.

Si, dando a Dios tu corazón entero, le das poco, ¿cómo quieres partirlo entre Dios y el mundo? Desengáñate: ni Dios habitará en tu pecho si le halla ocupado con afectos terrenos, ni tu corazón podrá aquietarse mientras el que es verdadero y único Bien no lo llene.

 

Oración para este día

Madre del casto amor, Reina de los serafines, a quienes excede tu heroica caridad: yo me complazco, Señora, en que goces del Sumo Bien en la más estrecha unión; y, aunque soy el mayor de los pecadores, llego confiado a valerme de tus piedades.

Nadie llega a tus pies sin alcanzar gran dicha; a todos se extiende tu caridad. Caridad os pido, por amor de Dios, Esposa virginal del Espíritu Santo. Rogadle que encienda en caridad mi tibio pecho, para que, abrasándome en tan dichoso incendio en esta vida, pase adonde no se puede apagar, que es en la otra. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.

 

DÍA NOVENO Y ÚLTIMO

DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

Eligió María la mejor parte, como dice el Evangelio, porque, pudiendo mantenerse en el mundo alegrando con su amable presencia a los que eran felices en tratarla, y estar más cerca de nuestras miserias para remediarlas, se conformó con la divina voluntad y, a imitación de su Hijo, aceptó la muerte —de cuya pena estaba exenta, así como lo estuvo de la culpa— para subir al Empíreo, desde donde es universal Protectora de la Iglesia y Madre común de cuantos se acogen a su sagrado patrocinio.

Confórmate tú con cuanto Dios dispusiere y acepta la muerte y todo lo penoso que para tu bien ordenare. Y si te ves combatido de tentaciones o afligido por enfermedades, levanta tus ojos a esta Madre piadosa para que también lo sea tuya.

En toda acción llama a María; en toda tribulación invoca a María; y procura tenerla obligada para la última hora, pues será anuncio de tu felicidad morir con su asistencia y bajo su eficaz protección.

 

Oración para este día

Benignísima Madre y prudentísima Virgen, que, por conformarte en todo con tu Hijo Jesús, quisiste pasar por la muerte a la región de la perpetua vida, en donde tu heroica caridad te constituye universal Protectora de todos los que de corazón se encomiendan a tu piedad: yo, Señora, desde hoy y para siempre quiero ser esclavo vuestro y me acojo a vuestros pies para que no me castigue la Divina Justicia, que con mis culpas tengo tan justamente indignada.

Válgame vuestra protección por asilo, y sed siempre refugio y amparo mío, especialmente en la hora de mi muerte, para que con vuestra asistencia logre la vida eterna y pueda veros para siempre en el Cielo. Amén.

 

Cada uno pedirá con confianza filial a María Santísima el remedio para la necesidad que padece o la gracia que desea, concluyendo con la oración final, la Salve y las alabanzas.