viernes, 28 de agosto de 2026

DÍA 29. EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO, FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 29

EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO, FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA 29

EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO, FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO

 

Santa María Magdalena de Pazzis, habiendo escuchado en uno de sus maravillosos éxtasis la última conversación secreta de Jesús con su Madre, la refiere en estos términos:

 «Nuestro Dios es grande. Grandes son los secretos que el divino Esposo de nuestras almas comunica a María. ¡Oh María!, la conversación que vuestro Hijo tuvo con Vos antes de su Pasión fue una conversación de perfecta conformidad con la voluntad de Dios, su Padre; la que tuvo después de su Resurrección fue una conversación de alegría; y esta, siendo la última, fue una conversación de gloria.

 ¿Pero cuál podía ser entonces el tema que más os interesaba, oh María? ¿Sería acaso el Verbo, Esposo de las vírgenes, rodeado de las vírgenes? Sí, sin duda; puesto que Vos erais Virgen y amabais la virginidad, vuestro mayor deleite debía consistir en hablar de las vírgenes.»

Considera ahora qué aliento y qué fortaleza debió recibir el Corazón de la Reina de las Vírgenes en una conversación tan honorable para las esposas de Jesucristo. Imagínate acompañando al divino Redentor cuando, después de este coloquio, se dirigía con su Madre y sus discípulos hacia el monte de los Olivos.

Llegados allí, después de despedirse de su Madre y de bendecirlos a todos,

 «se separó de ellos y fue elevado al cielo»,

 a la vista de todos, hasta que, ya muy alto, una nube lo ocultó de sus miradas.

¡Ah!, ¿quién puede comprender plenamente toda la alegría y el éxtasis de María al contemplar aquel glorioso triunfo de su divino Hijo y ver aquel Cuerpo formado en sus entrañas elevarse por encima del más alto de los cielos y resplandecer con un brillo mayor que el del sol?

No se saciaba de contemplarlo y mantenía sin cesar la mirada fija en aquella parte del cielo por donde ascendía aquella águila victoriosa. Pero el Corazón de María siguió a su Hijo más allá de donde alcanzaban sus ojos, hasta el mismo cielo, donde su amado Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre.

La Iglesia nos exhorta todos los días, durante la Santa Misa, a elevar nuestros corazones. «Sursum corda», nos dice; y nosotros respondemos: «Habemus ad Dominum»: «Los tenemos levantados hacia el Señor».

Pero ¿respondemos con verdad?

«Si hemos resucitado con Jesucristo —nos dice el Apóstol—, no debemos buscar las cosas de la tierra, sino las del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre.»

Y la Iglesia añade:

 «Que nuestros corazones estén donde se encuentran los verdaderos gozos.»

¡Oh Jesús mío!, elevad mi corazón; arrebatadlo hacia Vos; atraedlo a Vos mismo y mantenedlo siempre unido a vuestro Corazón y al de vuestra tierna Madre. Que ya no permanezca hundido en el fango de este miserable mundo. Concededme esta gracia, Jesús mío, por el amor con que llevasteis al cielo el Corazón de vuestra divina Madre.

 

ORACIÓN

¡Oh María, Reina de todos los Santos!, la gloria de tu divino Hijo desde el día de su Ascensión me da una idea de tu grandeza y de la excelsa dignidad que posees como su Madre; y este pensamiento me llena de reverencia. Pero, al considerar la caridad que nunca dejas de mostrar hacia los pecadores que te invocan, siento renacer mi confianza; y, acudiendo a ti con profunda humildad, te suplico que me alcances la gracia de reparar con mi fervor los años estériles que tengo que lamentar y de llegar, por una fidelidad constante en imitarte, a la gloria eterna del cielo junto con todos los Santos. Amén.

 

FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria: «Atráeme en pos de Ti, Virgen María.»

 

FRUTO. Mantener el corazón desprendido de la tierra y elevado al cielo.

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.