XIII domingo después de Pentecostés
LA CURACIÓN DE LOS DIEZ LEPROSOS.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
XIII domingo después de Pentecostés
LA CURACIÓN DE LOS DIEZ LEPROSOS.
(Luc. 17.)
En el Evangelio refiere san Lucas un milagro que hizo Cristo nuestro Señor, dando salud a diez leprosos, de los cuales uno solo, y extranjero, le dio gracias por el beneficio recibido.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo andaba Cristo por el mundo, no solamente alumbrándole con la luz de su doctrina, sino sanando a los enfermos y haciendo bien a todos, así en el alma como en el cuerpo. Gózate de tener tal Redentor y tal Maestro, que en todos tiempos y lugares no cesa de hacer bien a los hombres; y ponte a vista de los rayos de este divino Sol de justicia, y pídele que te bañe con ellos y te dé luz en el alma, salud y fuerzas en el cuerpo para servirle.
PUNTO II. Considera cómo, viéndose estos leprosos llagados, buscaron al Médico celestial y pusieron toda diligencia para que los curase; y avergüénzate tú de ver que son los hombres más diligentes en buscar la salud para sus cuerpos que tú en buscar la tuya para tu alma. Vuelve los ojos a ti mismo y reconoce la lepra que padeces y la necesidad que tienes de Médico que te cure; y busca con diligencia al Señor, que es el verdadero Médico de quien nos viene la salud espiritual y corporal, y pídele que te cure de tus dolencias y que te dé su gracia para no tornar a ellas.
PUNTO III. Considera la benignidad con que recibió el Salvador a estos diez leprosos. Pondera la respuesta que les dio, que, aunque no parecía de salud, lo fue, y la alcanzaron por ella. Saca de aquí firmes propósitos de recibir con benignidad a los pobres y curar los leprosos y enfermos con amor, a ejemplo de Cristo. Mira cuántos hay en el pueblo que padecen por no haber quien los cure, y dedícate a curarlos, así los que padecen la lepra en el cuerpo, como los que la padecen en el alma, que es mayor enfermedad.
PUNTO IV. Considera cómo de diez que alcanzaron salud, uno solo vino a dar gracias a Cristo, y los nueve se olvidaron luego del beneficio recibido. Llora la ingratitud de los hombres, pues, estando recibiendo el beneficio, se están olvidando de él; y son sin cuenta más los ingratos que los agradecidos. Llora su perdición y engrandece la piedad de Dios, que nunca cesa de hacer bien a todos, y hace que salga el sol sobre los ingratos como sobre los agradecidos, y llueve igualmente sobre los malos y los buenos, y sustenta a los injustos como a los justos. Propón desde luego no ser tú de los injustos y desagradecidos; pídele a Dios gracia para ser de los pocos e imitar a este uno que vino con gran voz a darle gracias a Cristo por el beneficio recibido.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.